martes, 24 de febrero de 2026

POQUITA FE

 


Hay que agradecer a Pepón Montero y Juan Maidagán que se hayan olvidado un poco de las cuestiones meramente políticas, por así decirlo, para retornar a unos temas de larga tradición en la comedia española que tienen mucho que ver con el costumbrismo, realidades que reconocemos como cercanas y de las que saben sacar jugo con guiones ingeniosos llenos de humor, con gags y escenas muy divertidas que apenas dan tregua al espectador, de modo que si te despistas un poco, te puedes perder algo de lo mucho bueno que propone a quien quiera pasar un rato entretenido y con una buena dosis de risas. 
Con unos intérpretes que lo hacen muy bien, secundarios incluídos, a los que coges aprecio independientemente de sus variopintos caracteres, la primera temporada consta de doce breves capítulos, uno correspondiente a cada mes del año, centrados en la vida de los dos protagonistas, gente común y corriente, con vidas nada interesantes, aburridas se diría en lenguaje coloquial, situaciones a las que, dotadas de las correspondientes licencias, quizá alguna pequeña exageración (o no), saben sacar provecho de unos guiones muy conseguidos, apoyándose en historias paralelas que no solo no desmerecen del asunto central, sino que complementan a la perfección el tono casi surrealista de algunas de las historias. Si alguien tenida dudas sobre si la segunda temporada sería capaz de mantener el nivel, yo creo que lo logra, esta vez centrada en un asunto que ya se deja entrever en la primera temporada, cuando el vecino de la pareja protagonista anuncia que un fondo buitre se ha hecho con el edificio y pretende desahuciarles. Berta (Esperanza Pedreño) y José Ramón (Raúl Cimas) vivirán el calvario por el que atraviesan tantos ciudadanos hoy para encontrar una vivienda, sin perder el tono cómico de la serie (en esta ocasión 8 capítulos), con algunos nuevos secundarios que, ya digo, mantiene el nivel de la temporada anterior.




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