Maria (Hanna Schygulla) se casa con Hermann Braun (Klaus Löwitsch), que vuelve al frente al día siguiente de la boda. Al finalizar la guerra, Maria lo da por muerto y comienza a trabajar en un bar para los soldados norteamericanos, donde conoce a un sargento de color del que se convierte en amante. Cierto día, Hermann aparece inesperadamente cuando la pareja está en el dormitorio y se desata una lucha entre ellos. Maria mata al soldado de un botellazo en la cabeza, pero Hermann se declara culpable ante el tribunal y es encarcelado.
Una historia que explica el devenir de un pueblo tras una guerra en la que ha sido derrotado y humillado. Y es que María es la representación de la propia Alemania, un país asolado tras el armisticio, con muchos de sus hombres jóvenes muertos y en el que las mujeres han de tomar protagonismo para reemprender la vida, sin apenas medios y rodeadas de ruinas y miserias. El llamado "milagro alemán", toma la forma de esta mujer que renuncia a lo que haga falta, incluso a su propia dignidad, en pro de salir del pozo en que se ve sumida, con la necesidad de ganar dinero para ella y su familia en unos momentos en los que no hay lugar para los sentimientos.
Con la presencia de Hanna Schygulla en una poderosa interpretación, encarnando a esta mujer fuerte y valiente que hace frente a la adversidad utilizando cuantas armas tiene a su alcance. Toda una metáfora con la que Rainer Werner Fassbinder nos ofrece su visión de su país en los duros años de posguerra y el posterior resurgir hacia la recuperación económica hasta convertirse, de nuevo, en locomotora de la economía europea.




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