viernes, 18 de octubre de 2019

EL ESPINAZO DEL DIABLO

En 1939, después de tres años de sangrienta Guerra Civil, las tropas del general Franco están en condiciones de derrotar de manera definitiva al ejército republicano.
Carlos (Fernando Tielve), un niño hijo de un combatiente republicano muerto, es dejado por su tutor en un orfanato que parece situado en medio de la nada. La institución está regida por una directora con carácter fuerte pero considerada, llamada Carmen (Marisa Paredes) y por un hombre de carácter amable, el doctor Casares (Federico Luppi), ambos simpatizan con las ideas del bando derrotado.
A pesar de sentirse amparado por estas personas y de su victoria gradual sobre el típico acosador del colegio, Carlos nunca llega a sentirse cómodo en su nuevo entorno. Además tuvo un desagradable encuentro con Jacinto (Eduardo Noriega), un cuidador del orfanato que reacciona de manera violenta cuando alguien se acerca a los alrededores de un almacén en el que hay un profundo pozo. Más inexplicable resulta la presencia del fantasma de uno de los antiguos ocupantes del orfanato llamado Santi (Junio Valverde).
Los niños están aterrados, no solo por la presencia del fantasma, sino por el imparable avance de las tropas nacionales y la presencia constante de la bomba sin estallar que está en el centro del patio y más cuando el fantasma no hace sino repetir de manera incesante cada noche, una frase: "Muchos de vosotros moriréis". Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, las predicciones del fantasma sobre quién morirá, la fuente del peligro en incluso la propia definición de la muerte, pueden ser más ambiguas de lo que pudiera pensarse.


En este film, que el propio Guillermo del Toro califica como hermano de su película El laberinto del Fauno, el realizador mexicano vuelve a sumergirse en su universo particular que ha creado ya una marca reconocible. Un mundo en el que realidad y ficción toman carta de naturaleza y el que seres reales e imaginarios tejen un tapiz del que ambos forman parte.


La época y el acontecimiento en que se ambienta, la Guerra civil española, son circunstanciales para una historia que podría desarrollarse en cualquier otro momento y situación.
Una vez más, la inocencia infantil mezclada con la necesidad de una madurez obligada, juega un importante papel en la narración. En esta ocasión, sin embargo, creo que Del Toro, echa mano de unos cuantos estereotipos y que los diálogos de los muchachos, están bastante mal interpretados, al fin y a la postre, los actores son niños y se nota, aunque tratan de esforzarse. Tampoco me acabó de convencer la relación entre los dos protagonistas infantiles que me pareció forzada.
El principal valor de la película es que, por un lado, nos ofrece un relato sobre la guerra que es diferente y que no se ocupa de establecer divisiones entre buenos y malos dependiendo del bando, aunque deje claro de qué lado está, sino que se centra en la figura del aprovechado de la desgracia ajena, presente en cualquier circunstancia dramática que afecte a los seres humanos, para tejer la trama a su alrededor.
La película presenta unos cuantos signos surrealistas que beben de la mejor tradición del cine español y sus clásicos (lease sobre sobre todo Buñuel), que le dan un toque especial y diferente.
Entretenida, técnicamente de buen nivel, aunque peque de algunos recursos un tanto manidos.




jueves, 17 de octubre de 2019

IT'S SUCH A BEAUTIFUL DAY

Bill es un tío normal como lo somos la mayoría de nosotros. Nada lo distingue del resto del mundo excepto su sombrero de copa. Tiene manías extrañas como cualquier ser humano: no coge frutas de la parte delantera del mostrador porque quedan a la altura de la entrepierna de los demás clientes y se siente usado cuando sus conversaciones con las cajeras acaban en un “Hola, ¿cómo estás?” “Bien, ¿y tú?”. Su aire de inocencia lo hace inofensivo y entrañable desde el primer momento.
Entendemos que a Bill le ocurre algo, aunque en ningún momento sabemos con certeza qué puede ser, tal vez sea algo que afecta a su cerebro o quizá una enfermedad genética degenerativa, pero sí captamos que lo que quiera que sea, le está llevando a una especie de enajenación mental cada vez más notable. La duda de que todo lo contado sea imaginación del protagonista persiste durante el film y por lo tanto, el argumento se sostiene en la nada y pasa a ser una simple herramienta de exploración interna. Además, todas sus habilidades para relacionarse interpersonalmente se deterioran, haciéndolo narrador de detalles y tabúes con mayor facilidad.
Bill vive su día a día automatizado, metido en repeticiones. Un tedioso ciclo blanquinegro recorriendo los mismos bloques de edificios, haciendo las mismas compras, dejando las llaves en el mismo sitio. Su enfermedad no rompe con el ciclo, sino que lo hace más evidente a los ojos del espectador.

 

Recopila los tres cortometrajes de Don Hertzfeldt que forman la llamada "trilogía de Bill": Everything Will be OK (2006), I Am So Proud of You (2008) e It's Such a Beautiful Day (2011). La película fue estrenada en otoño de 2012 en numerosos festivales y salas de cine norteamericanas, recibiendo críticas favorables en medios especializados.


Historia sencilla en la que un personaje dibujado con cuatro trazos, nos habla de cosas que nos resultan cercanas, reflexionando sobre lo que ha sido y es su vida, sus miedos, sus anhelos incumplidos, pero sin dramas y con un toque de humor negro.
Resulta muy llamativa la utilización de recursos visuales, fotografías, imágenes en color, en ocasiones distorsionadas, luces y sonidos. Con una banda sonora bien elegida a base de música clásica y alguna aportación del propio Hertzfeldt, que también pone la voz en off, fundamental para el desarrollo de la historia en la que está casi constantemente presente.
La película que, a más de uno le resultará aburrida o cuando menos poco atractiva, es sobre todo una experiencia, una manera diferente y original de hacer cine. Apenas una hora en la que presenciamos una mezcla de arte y sensibilidad que nos habla de lo cotidiano. Algo sencillo, pero muy difícil de llevar a efecto de la manera brillante en que lo hace el realizador norteamericano.




miércoles, 16 de octubre de 2019

JACKIE BROWN

Jackie Brown (Pam Grier) es una azafata de vuelo que necesita dinero y hace de correo para Ordell Robbie (Samuel L. Jackson), un mafioso que se dedica principalmente a traficar con armas y que está siendo buscado por la policía. Un día es sorprendida en la aduana cuando intenta pasar desde México, diez mil dólares en dinero negro procedente del contrabando de armas, y un paquete de cocaína, siendo acusada de tráfico de drogas y evasión de capital. Sólo podrá evitar su ingreso en prisión, si acepta una propuesta del agente federal Ray Nicolette (Michael Keaton) y del policía de Los Ángeles Mark Dargus (Michael Bowen) para que les ayude a arrestar al hombre para el que trabaja y cuyo nombre ellos ni siquiera conocen .
Al enterarse de esto, Ordell presiona a Jackie para que a su vez engañe y entretenga a la policía el tiempo suficiente para poder pasar de contrabando el resto del dinero de su "plan de jubilación". Desesperada y atrapada entre dos fuegos, sin mucho que ganar y, en ambas situaciones, condenada a la pobreza para el resto de sus días, ya que, a sus cuarenta y cuatro años, se siente demasiado mayor para comenzar de nuevo, una Jackie que se ve sin salida para su futuro, diseña un plan secreto y arriesgado para traicionar a Ordell y a la policía, salvarse y asegurar su futuro. Para ejecutar este plan, Jackie debe contar con la ayuda de Max Cherry (Robert Forster), el mismo agente de fianzas que Ordell contrató para sacar a Jackie de la cárcel.


El guión adapta la novela Rum Punch, de Elmore Leonard y está ambientada en las cercanías de Los Ángeles en 1995.


Con lo que me gustaron algunas de las películas de este realizador (y reitero lo de algunas), es mucho decir, dentro de lo intrascendente que mi opinión resulta, decir que esta es la película de Tarantino a la que tengo más aprecio. ¿El motivo?, pues tampoco lo tengo muy claro, sé que me gusta, quizá por ese sabor al cine clásico, sobre todo de los 70. No es casual que el director eligiera a Pam Grier como protagonista femenina, Tarantino, fanático del género conocido como Blaxploitation (cine con actores negros como protagonistas), tuvo a la auténtica musa de este tipo películas en mente cuando adaptó la novela de Leonard, demostrando, como ya lo había hecho con Travolta en Pulp fiction, ser un maestro a la hora de rescatar actores que parecían en declive. Acompañada de una buena banda sonora, la película nos muestra diálogos interesantes, una excelente factura técnica, buen reparto y una historia que ocupa el interés del espectador en todo momento.
De esas películas que apetece volver a ver de vez en cuando.




martes, 15 de octubre de 2019

LLIBRE DELS FETS

El Llibre dels feyts, como se titula en catalán antiguo (Libro de los hechos), conocido también como "Crónica de Jaime I", está dividido en cuatro partes, en la primera, de 1208 a 1228, se explica la infancia y primera juventud del rey, su educación por los Templarios y su boda con Leonor de Castilla. El segundo, de 1229 a 1240, narra la conquista de Mallorca. El tercero, de 1240 a 1265, los conflictos con los moros rebeldes de Valencia y, por fin, el cuarto, de 1265 a 1276, la conquista de Murcia y la enfermedad y muerte de Jaime I.
Sin duda escrito por hombres doctos a quienes les dictaría, pues es más que probable que el rey, aunque cultivado, no supiera escribir, al menos con soltura, pero se advierte su personal participación, escribe en primera persona y ofrece detalles muy íntimos y privados que atestiguan su intervención en la redacción del libro.
Quizá la parte más entretenida y emotiva es la dedicada a narrar la conquista del reino sarraceno de Mallorca, emprendida por Jaime I cuando sólo contaba 21 años y su espíritu estaba lleno de afanes caballerescos y deseos de gloria. El 5 de septiembre de 1229, la escuadra zarpó de Salou y el primero de enero del año siguiente, el joven rey se apodera de la ciudad de Mallorca, o sea, de Palma.
La narración fue redactada por el rey bastante tiempo después, tal vez hacia el año 1244, pero tan vivos quedaron grabados en su mente los acontecimientos de aquellos cuatro meses, que recuerda fragmentos de conversaciones sostenidas con sus barones y soldados, detalles insignificantes de la campaña y numerosos pormenores de ésta. Precisamente por el hecho de haber dirigido la acción militar y haber participado constantemente en ella, el relato real parece en ocasiones confuso y visto demasiado de cerca. Aumentan su verismo algunas expresiones familiares, ciertas notas irónicas, que contrastan con la enorme seriedad de la empresa y algunos descuidos del autor que, a veces, olvida emplear el plural mayestático "Nos" y se le escapa algún "yo". Al lado del rey destacan en el relato grandes figuras de la empresa, como los hermanos Guillem y Ramón de Montcada, muertos heroicamente al principio de la acción, el obispo de Barcelona (Berenguer de Palou), y su tío, don Nuño, conde de, Rosellón, junto a otros más.



lunes, 14 de octubre de 2019

THE GAME

El multimillonario Nicholas Van Orton (Michael Douglas) tiene todo lo que un hombre puede desear. Pero Conrad (Sean Penn), su díscolo hermano, aún es capaz de encontrar un regalo de cumpleaños que pueda sorprenderle: su ingreso en un club de ocio capaz de diseñar a su medida aventuras y pasatiempos exclusivos. Le regala una tarjeta de invitación de CRS; una compañía que, según afirma el hermano de Nicholas, te hace la vida divertida.
Nicholas descubre que esta compañía está abriendo una sucursal en una planta del edificio en que él trabaja, por lo que acude para que le informen en qué consiste exactamente el regalo recibido de su hermano. Le explican que lo que ofrece la compañía es la participación voluntaria en un juego diseñado especial y exclusivamente para él, para que se divierta. Nicholas accede y le someten a una serie de exámenes psicológicos y físicos de rutina, con el objeto de medir sus reacciones. Poco después de abandonar su lugar de trabajo, comienza a verse envuelto, uno tras otro, en incidentes y sucesos extraños, con la sospecha permanente de que alguien trata de capturarlo y de que absolutamente todo (salvo algunas cosas), sin importar las circunstancias, parece especialmente preparado para que pueda escapar. Mientras el juego avanza cruzando, de un lado a otro, la línea de lo real y lo irreal, cada vez peligra más la vida de los participantes y van quedando claras las verdaderas intenciones del juego.


Tachada por muchos de tramposa, lo cierto es que el guión está muy trabajado, lo que ocurre es que no acaba de saber transmitir al espectador la verosimilitud de sus giros. Hay cosas que nos parecen increíbles, sencillamente porque no acaba de hacernos observar que estamos viendo algo que en realidad es de otro modo, es decir, el espectador cree ver algo que realmente es un truco.
El éxito de este tipo de películas, que juegan un poco con el enredo, con la falsa realidad, es lograr que las piezas encajen al final y arrastrar al espectador con un ritmo trepidante. Lo segundo está bastante conseguido, lo primero no tanto, pero no porque esté mal construída, sino por eso que apuntamos de que no acaba de saber transmitirlo y encima, en lo que sí se toma una licencia absolutamente increíble es en la escena final que, muchas veces, es lo que más queda en la retina.


A pesar de todo ello, creo que es muy entretenida de ver, con constantes giros de guión que hacen que se mantenga el pulso del film. Michael Douglas, haciendo ese papel que hace casi siempre de ricachón medio cabreado con el mundo y vanidoso, consigue una actuación convincente y las imágenes y la ambientación, son de gran calidad.
Y para los que piensen que es todo un absoluto desvarío, señalar que los ricos se divierten con cosas muy raras, a veces mucho más de lo que cuenta esta película.




viernes, 11 de octubre de 2019

FUNNY GAMES

Anna (Susanne Lothar), su esposo Georg (Ulrich Mühe) y su hijo de diez años Georgie (Stefan Clapczynski) van a pasar las vacaciones a su bonita y lujosa casa a orillas de un lago. Sus vecinos Fred (Christoph Bantzer) y Eva (Monika Zallinger) han llegado antes que ellos. Las dos parejas quedan para jugar al golf al día siguiente. Mientras padre e hijo echan al agua y aparejan el velero, Anna se queda en casa preparando la cena. Inesperadamente, Peter (Frank Giering), un joven educado que dice estar alojado en casa de los vecinos, se presenta para pedir que le presten algunos huevos porque a Eva no le queda ninguno. Anna se pregunta cómo ha podido entrar en la casa. El joven le explica que Fred le ha enseñado un agujero que hay en la cerca.
Tras romper los huevos repetidamente, Anne empieza a sospechar que algo va mal. Más tarde, a pesar de los buenos modales de Fred y su compañero Paul (Arno Frisch), George pide a ambos que abandonen su casa reiteradamente sin éxito, y estos acaban golpeando a George con un palo de golf rompiéndole la pierna sin perder la sonrisa y los buenos modos.
Explican a la familia que todo se trata de un juego y comienzan una serie de actividades perturbadoras y violentas iniciadas por Paul y Peter, en las que Anna, Georg y Georgie, son participantes involuntarios.
La familia permanece secuestrada en su propia casa, maniatados y sin posibilidad de comunicarse con el exterior, tratando de ganar una apuesta en la que son obligados a participar y en la que está en juego su propia vida.


Al parecer, el realizador, Michael Haneke, ha expresado que nunca albergó la intención de hacer con esta una película de terror, sino que su idea era hacer un film con una reflexión moralista sobre la influencia de la violencia de los medios en la sociedad.
Es cierto que algunas de las constantes del realizador austriaco son una cierta obsesión por la violencia y un todo didáctico más o menos presente, pero sea como fuere y pretendiera lo que pretendiese, lo cierto es que el resultado es una de las películas más perturbadoras y con una violencia más desconcertante, sutil y gratuíta que se han hecho.
Desde que aparecen los dos jóvenes sádicos en pantalla, la película se vuelve incómoda de ver, pero ya te tiene atrapado. Haneke utiliza recursos como la interacción de los personajes con el espectador, o el hacer ver que todo es una ficción y está controlado para hacer partícipe a quien la está viendo. Largos planos fijos, utilización recurrente de los silencios, degradación y humillación de la familia secuestrada, juegos perversos... Todo ello compone una historia retorcida pero posible, lo que vuelve al film más aterrador, porque los personajes resultan creíbles.


Haneke parece querernos involucrar de una manera que parece una acusación, no tanto de culpabilidad sino como queriendo decirnos: No te creas inocente del todo. Porque si él es la mente calenturienta capaz de concebir una historia de este tipo, nosotros somos los colaboradores necesarios, pues no nos hemos escapado de la sala de proyecciones o apagado el reproductor, sino que seguimos allí observando y esperando a ver qué pasa.
Hay otras reflexiones en el film, como el porqué de la actitud de estos dos descerebrados, aparentemente jóvenes de cierto nivel intelectual, que llevados del aburrimiento son capaces de trasladar a extremos de puro sadismo la violencia injustificada e indiscrimidada, simplemente porque sí, porque les apetece, algo que en la vida real hemos visto en los medios alguna vez cuando se nos habla de agresiones graves, incluso mortales, de tipos de esta calaña a indigentes o a personas normales elegidas aleatoriamente, porque les divierte. Unos tipos amorales y muy peligrosos, totalmente normales cuando no brillantes en su vida diaria, pero aquejados de una disfunción grave en su personalidad, pues de otro modo es imposible entender su grado de perversión y menosprecio a las vidas del prójimo.
Yo pienso que, a pesar de los esfuerzos del director, siempre la vemos con algo de lejanía, no acaba de implicarnos en la historia, quizá por un cierto tono de superioridad que nos hace tomar distancia. Un film que para muchos será desagradable y, como mínimo, desasosegante, a pesar (y esto es de agradecer) de que toda la violencia se produce fuera de plano y solo contemplamos sus devastadoras consecuencias.




jueves, 10 de octubre de 2019

TRILOGÍA DE BIILL DOUGLAS (MY CHILDHOOD, MY AIN FOLK, MY WAY HOME)

Tres películas estrenadas, las dos primeras, en 1972 y 1973, respectivamente y la tercera en 1978, pues Bill Douglas esperó a que su protagonista tuviera la edad suficiente para aparentar que estaba en el momento de alistarse en el Ejército Británico, con el que sirvió en Egipto. En ellas asistimos al crecimiento, en distintas etapas de su vida de un niño, Jamie (Stephen Archibald), cuya infancia transcurre en una deprimida población minera de la Escocia de postguerra. Jamie pasará de la infancia a la adolescencia y a su primera juventud en un ambiente hostil en el que deberá aprender a valerse por sí mismo a pesar de las adversidades de un entorno difícil, a veces brutal y otras en las que directamente está prácticamente abandonado.
Su padre no le reconoce, su madre está internada en un sanatorio mental, la abuela materna, con la que viven él y su hermano, fallece cuando apenas es un niño que tiene conciencia de la realidad y su abuela paterna le desprecia porque considera que su madre arruinó la vida de su hijo (el padre de Jamie).
El pequeño parece que anda mendigando amor y comprensión a falta de un hogar que se lo de. Lo encuentra de manera esporádica, primero en un prisionero alemán que trabaja en los campos escoceses y que le enseña alemán mientras Jamie le enseña ingés; en su abuelo paterno, ya viejo y que, como él dice, no tiene fuerzas para defenderle y, más adelante, mientras está en Egipto como soldado, en un compañero del ejército que le abrirá una ventana de esperanza hacia el futuro.


Bill Douglas refleja en estas películas su propia vida, es una especie de autorretrato en el que nos acerca a sus propias experiencias vitales, con una infancia y adolescencia marcada por la pobreza material y las privaciones emocionales.
Al tiempo, en las películas vamos viendo la evolución del propio cineasta que empieza el relato haciéndonos ver a través de las imágenes que, a pesar de relatar sus propias vivencias, aquello es una interpretación de la realidad en la que la ficción tiene su cabida, como ocurre en las novelas autobiográficas.
Sobre todo en la segunda y tercera entrega, esto se observa muy bien, pues en la segunda comienza con escenas de una película sobre la perrita Lassie (por cierto imágenes en color dentro del blanco y negro en que están rodados los tres films) y en la tercera, comienza con unos niños que están llevando a cabo una interpretación teatral. Magistral utilización de lo que se conoce como metalenguaje, con lo que el director se reafirma en esa idea que exponíamos: Esta es mi vida, pero os la estoy contando de manera ficticia.


Las películas tienen un cierto tono poético y están repletas de metáforas que el espectador debe interpretar, para ello requiere de nuestra constante atención que pretende lograr a base de imágenes fijas y primeros planes de rostros y detalles.
Con escasos diálogos y predominio del lenguaje visual, la historia tiene ciertos tintes dickensianos (el hecho de que el libro que lee Jamie sea David Copperfield, no es gratuíto). El primero de los films tuvo buena acogida en festivales y en los circuitos especializados, lo que dio paso al rodaje de los dos siguientes.
Estamos hablando de otro tipo de cine, en el mejor sentido del término, cine intelectual, alejado de los gustos del gran público y sin nada que ver apenas con el llamado cine comercial, lo que no obsta para que sean películas de gran calidad técnica y que se ven con gusto si se saben mirar con los ojos adecuados.
Películas sobre la vida misma, vista con ojos de artista que sabe extraer belleza de los entornos y circunstancias más duros y menos propicios para hacerlo, con imágenes y planos cargados de hermosura, encanto y poesía visual.




miércoles, 9 de octubre de 2019

HEAT

El ex convicto Neil McCauley (Robert De Niro), un astuto criminal marcado por su pasado en la cárcel, dirige una banda de ladrones profesionales que se dedican a cometer robos a gran escala. Su filosofía consiste en vivir sin ataduras ni vínculos que puedan constituir un obstáculo si las cosas se complican. Neil y su banda operan en el área de Los Ángeles y efectúan atracos millonarios principalmente a bancos, cámaras acorazadas y vehículos blindados que transportan dinero y valores. McCauley planea un último golpe millonario para retirarse de la vida criminal.
Tras un error en su último atraco, en el que mueren los tripulantes de un furgón blindado, Neil y su banda están en el objetivo del teniente Vincent Hanna (Al Pacino) de la división de Robos y Homicidios de la Policía de Los Ángeles, que ha sido encargado del caso. Hanna, ex marine, es un policía experimentado, tan obsesionado por su trabajo que incluso llega a poner en peligro su vida sentimental y que con anterioridad ha desmantelado peligrosas bandas del crimen organizado en ciudades como Nueva York y Chicago. Pero McCauley y su banda nunca dejan pistas tras de sí, e incluso parecen esfumarse tras cometer sus golpes. Hanna pone a trabajar a su red de informadores, que le ponen tras la pista de McCauley, detallándole la vida de cada uno de los miembros del equipo, incluidas sus mujeres, sus amantes, sus traiciones y sus venganzas.
Ahora Hanna se interpone en el camino de Neil y su último atraco. Hanna y Neil se encuentran en los lados opuestos de la ley, descubren que el uno desafía al otro, y que ambos representan el mayor peligro al que se hayan enfrentado jamás.


Promocionada en su momento como el desafío interpretativo entre dos de las máximas figuras del cine de Hollywood, sin embargo, apenas comparten tres secuencias en pantalla, si bien es cierto que dos de ellas, la final y el encuentro en la cafetería, resultado esta de la inmediatamente anterior, son emblemáticas del film.
De toda la película, lo más llamativo visualmente y por su planificación, es el tiroteo en las calles de Los Ángeles, para muchos la escena más conseguida de este tipo de acciones en un film, perfectamente planificada, muy difícil y arriesgada y muy bien filmada.


Quizá haya a quien se le hagan largas las casi tres horas de proyección, pero creo que Michael Mann, guionista y realizador del film, emplea muy bien este tiempo de más para dar chance al resto del elenco, poblado de actores de carácter de gran nivel y muy conocidos para el espectador aficionado al cine que reconocerá caras de grandes secundarios del cine reciente.
Es evidente que la presencia de Pacino y De Niro, casi justifica por si misma el interés de la película que, sin embargo, es algo más que ellos dos, con una historia que resulta atractiva y una gran calidad técnica.




martes, 8 de octubre de 2019

LA ÚNICA HISTORIA

El libro se cuenta en tres partes, cada una con una voz diferente. Comienza con la narración en primera persona de Paul, de 19 años, que conoce y se enamora de Susan, de 48 años, en un club de tenis. Paul vive en "The Village", un enclave de corredores de bolsa a "quince millas al sur de Londres". Susan está casada con el cómico y horrible Gordon, que eructa, bebe y mastica cebollas. Ella y Paul comienzan una aventura, que se presenta al lector desde dos perspectivas: tanto la experiencia ardiente e ingenua del joven de 19 años, como las amargas reflexiones del hombre mayor que mira hacia atrás medio siglo después.
La narración está llena de pequeños comentarios relacionados con el proceso de contar historias: "Además de esto, hay cosas que no puedo molestarme en decirte", dice Paul en un momento. El tiempo transcurre más deprisa al final de esta parte, mientras Paul y Susan se preparan para salir de los suburbios para establecerse juntos en Londres. El lector percibe que algo golpea con fuerza la relación, quizá debido a la propia frescura de la entrega. "Estuvimos juntos, bajo el mismo techo, es decir, durante 10 años o más... Cuando ella murió, hace unos años, reconocí que la parte más vital de mi vida finalmente había llegado a su fin".
En la segunda parte de la novela, la voz narrativa va pasando de primera a segunda persona, de modo que lo que fue una historia se convierte en una especie de acusación. Paul, apenas adulto, observa cómo Susan, ya bien entrada en la cincuentena, sucumbe al alcoholismo y la paranoia. El deslizamiento hacia abajo de Susan se traza con dolorosos detalles, donde el desprendimiento inútil y casi espeluznante de la narración sirve para acentuar el horror de Paul ante la degradación de ella.
Al final, la narración pasa a la tercera persona y transcurre después de que Paul haya terminado con Susan. Vive solo, reflexionando sobre el significado del amor, buscando historias que ayuden a dar sentido a lo que sucedió en su relación, para llegar a una conclusión que se va perdiendo en el silencio.
La novela es el recuerdo cariñoso de una relación diferente, vista con recelo, incluso repudiada por el entorno en que viven. Barnes nos ofrece retazos de otros tipos de amor, quizá menos románticos, más comunes, pero también más generosos, como por ejemplo la amabilidad que su amigo Eric ha tenido siempre con Paul, sin reprocharle jamás sus actos de cobardía para con él, o la paciencia de Marta, una de las dos hijas de Susan, que se hará cargo de su madre enferma cuando Paul rompe con ella, sin reprocharle jamás que se la haya entregado después de vivir su historia de amor.
Es más que una novela de amor, una novela que habla sobre el amor, quizá algo filosófica por momentos, con una prosa que no por reflexiva se torna menos brillante.



lunes, 7 de octubre de 2019

TESIS

Ambientada en el Madrid de los años 90, Ángela (Ana Torrent), estudiante de imagen en la universidad, prepara una tesis doctoral y escoge como tema la violencia audiovisual. Ángela encuentra muerto en la sala de cine de la facultad a Figueroa (Miguel Picazo), el profesor encargado de ayudarla con la tesis mientras visionaba una de las películas de la videoteca del centro como material para el trabajo de su alumna. Ella asustada, pero a la vez interesada, decide llevarse la cinta y descubre las películas violentas del subgénero conocido como snuff-movies que se esconden en un lugar medio oculto del archivo y que coinciden precisamente con el tema de su tesis. En la película que se ha llevado, como descubrirá más tarde, aparece torturada y asesinada Vanessa (Olga Margallo), una estudiante de la facultad que desapareció sin dejar rastro.
Ángela comienza a investigar el vídeo con Chema (Fele Martínez), un fanático compañero de clase al que conoce pidiéndole películas violentas y pornográficas para su tesis, también la ayudará a buscar al dueño de la cámara con que se rodó la película, un tal Bosco Herranz (Eduardo Noriega), un extraño chico, que resulta ser amigo íntimo de la joven asesinada en la snuff movie. Las pistas les llevan a la facultad, son conscientes de que alguien allí es el que lleva a cabo ese tipo de películas. De repente se verán involucrados en un nuevo mundo audiovisual, desconocido para ellos, donde la desconfianza y las dudas pueden hacerles dudar de ellos mismos.


Aún recuerdo el impacto que tuvo este film y la irrupción en el panorama cinematográfico español de un director entonces absolutamente desconocido, el hispano-chileno Alejandro Amenábar. En el se vio el heredero natural de los grandes nombres del cine nacional y, aunque el paso del tiempo ha ido consolidando su prestigio y su trabajo (su película "Mar adentro", ganó el Oscar en 2005), no se ha visto libre de críticas, algo normal, por otra lado.


El film, de innegable calidad y en el que Amenábar también es coautor de música y guión, se sostiene sobre una trama de intriga que, a su vez, realiza un ejercicio de profunda reflexión y cierta denuncia no sólo al cine snuff, sino a las película morbosas, a la llamada televisión-basura y, también y no necesariamente en último lugar, al espectador consumidor de este tipo de productos. Desde la escena de presentación ("hay un cadáver en la vía, por favor, no miren"), en la que muchos de los pasajeros hacen caso omiso de la advertencia que se escucha por los altavoces y se acercan a ver el cadáver mutilado, hasta la escena que cierra el film, en la que los pacientes del hospital están atentos y sin parpadear a las imágenes violentas y desagradables que va a servir la televisión, hay unas cuantas referencias a la parte que el espectador tiene (tenemos) en el auge de la violencia audiovisual.
Es cierto que el guión tiene varios defectos y que algunos afectan a la credibilidad de lo que vemos (la crítica en general los achaca a la inexperiencia), pero no lo es menos que a lo largo de la narración el espectador se ve involucrado en la historia y que nos hace llegar la crítica que subyace en la misma.
Una película muy interesante y más viniendo de un realizador nobel al que se le nota que ha visto mucho cine y que ha filtrado dentro de sí para darles forma propia, algunas de las historias que ha presenciado en la pantalla.




viernes, 4 de octubre de 2019

DÍAS EXTRAÑOS


Ambientada en los últimos días de diciembre de 1999, en medio de unos caóticos festejos por el fin del milenio y de un trasfondo de altercados civiles y opresión de las fuerzas del orden, que están enfrentadas con los afroamericanos, el inoportuno asesinato de «Jeriko One», un rapero que predicaba la rebelión civil, amenaza con llevar las calles al colapso.
Todo el mundo parece haber sucumbido a los febriles festejos del fin del milenio y los que no lo hacen andan enganchados a una tecnología ilegal (SQUID) que permite experimentar como propios los recuerdos y sensaciones grabados por otros. Lenny Nero (Ralph Fiennes), un antiguo policía, expulsado de la brigada antivicio y reconvertido en traficante de estos discos de experiencias, es un fracasado incapaz de superar la relación que mantuvo con su antigua novia Faith Justin (Juliette Lewis), una antigua prostituta que ahora es cantante, aferrándose a sus propias grabaciones pasadas para huir de la realidad. Sin embargo, Lenny se verá arrastrado de vuelta a esta cuando comienza a recibir una serie de discos grabados por un retorcido asesino que podría andar detrás de su ex novia.
Ayudado por una amiga que trabaja de chófer de limusinas, Lornette 'Mace' Mason (Angela Bassett), enamorada de Lenny que no la corresponde, y su mejor amigo, un detective llamado Max Peltier (Tom Sizemore), intentarán dar con el asesino. Mientras tanto, la ciudad explota ante la tremenda represión a la que se ve sometida por la policía.


Una película poco convencional ambientada en un mundo distópico pero cercano, en el que los adelantos tecnológicos, o están superados (es de 1995), o no nos causaría demasiada sorpresa que cualquier día estuvieran disponibles.
El ejército y la policía tienen tomadas las calles debido a un ambiente de enfrentamiento civil que, en apariencia, en nada contribuyen a normalizar, sino a crear una situación de opresión.
Los créditos finales están acompañados de música de Peter Gabriel y Deep Forest.
El guión es, nada menos, que de James Cameron y de Jay Cocks. Cameron, que también produce la película, estaba casado en aquel entonces con la realizadora del film Kathryn Bigelow.


Aunque por ese afán que tenemos de buscar un acomodo a cualquier cosa que se nos ofrece, de colgarle una etiqueta, a esta película se la encuadra en el género de ciencia ficción, lo cierto es que podría suceder en cualquier tiempo y los asuntos relativos a ese género, quedan desdibujados y se van perdiendo en el conjunto de la trama que se convierte más en una especie de thriller que hace mucho hincapié en el retrato y evolución de los personajes para dejar de lado otros aspectos.
También adolece de una duración que a mí me ha resultado excesiva (casi dos horas y media), con escenas que aportan poco al desarrollo de la historia.
La película fue un absoluto fracaso comercial a pesar de las correctas interpretaciones, yo creo que el discurrir de la misma, sobre todo en su primera mitad resulta algo confuso y contribuye a que el espectador pierda interés por seguir su curso. Resultan interesantes los intentos de su realizadora, por explorar algunos nuevos caminos visuales y narrativos, no siempre con acierto, aunque técnica y artísticamente está ejecutada de manera casi impecable.




jueves, 3 de octubre de 2019

BARBARROJA

El joven doctor Noboru Yasuoto (Yûzô Kayama) regresa a su pueblo después de estudiar en la escuela holandesa de Nagasaki, pero, en cuanto llega, sufre una gran desilusión: el arrogante médico, en lugar de ser nombrado médico del Shogun, como él esperaba, es enviado para sus prácticas de postgrado, a una clínica que cuenta con muy pocos recursos y está dirigida por el Dr. Kyojô Niide apodado "Barbarroja" (Toshirô Mifune), que tiene una reputación de maestro tirano, pero en realidad, como veremos durante el desarrollo de la historia, demuestra ser más bien un médico compasivo preocupado por sus semejantes. Inicialmente, Yasumoto, furioso creyendo que tiene poco que aprender de Barbarroja, piensa que el Dr. Niide sólo está interesado en sus apuntes sobre medicina.
Mientras Yasumoto intenta aceptar la situación en la que se encuentra, nos enteramos de la historia de algunos de los pacientes de la clínica. Uno de ellos es Rokusuke (Kamatari Fujiwara), un hombre moribundo preocupado por un secreto del pasado que sólo se revela cuando su hija finalmente aparece. Otra es la historia de Sahachi (Tsutomu Yamazaki), un hombre muy querido de la ciudad conocido por su generosidad hacia sus vecinos, que tiene una conexión trágica con una mujer cuyo cadáver es descubierto después de un deslizamiento de tierra. El Dr. Niide rescata de un prostíbulo (después de luchar contra una banda de matones locales para hacerlo) a una niña de doce años enferma, Otoyo (Terumi Niki), y se la asigna a Yasumoto como su primer paciente.


La película se basa en una colección de relatos cortos de Shūgorō Yamamoto titulada, Akahige shinryotan. La historia de Otoyo, está inspirada en la novela Humillados y ofendidos de Fyodor Dostoevsky.
Está ambientada en el siglo XIX en Koishikawa, un barrio de Edo (el nombre antiguo de la ciudad de Tokio).


Cuando uno ve películas como esta, se explica por qué su realizador y coguionista, en este caso Akira Kurosawa, es tenido por un genio y por un maestro de manera casi unánime. Y es que aunque no entiendas nada de cine, aunque no sepas apreciar el valor del montaje, de la melodía que acompaña algunas secuencias, de la magnífica fotografía y de las espléndidas actuaciones, eres consciente de que has estado viendo una gran película.
El realizador japonés nos acerca a algunos de los asuntos que han sido preocupación constante en su filmografía y lo hace de una manera algo más optimista que en otras ocasiones, pues aquí hay una inmensa ventana abierta al optimismo a través del ejemplo de algunos de los personajes. Como le dice Yasuoto a la desgraciada niña: "También hay personas buenas, aunque tú no hayas conocido a ninguna".
El film es un retrato de la medicina humanista, esa que está en peligro de extinción, si no se ha perdido ya del todo. Ahora los médicos (no todos, claro), ya no acompañan, no velan, no hay tiempo para dialogar, no escuchan al paciente; en la mayoría de los casos, leen los resultados de las pruebas y recetan. Y ya no digamos nada de preocuparse por las circunstancias y el entorno en que vive el enfermo, no hablo de solucionarle la vida, no es su tarea, sino sencillamente de conocer qué hay detrás de aquella persona que entra en el consultorio o a la que van a visitar a su casa. Los sistemas sanitarios de occidente no permiten esas "alegrías".
Y alrededor de esto, de la actitud de servicio de Niide, de su desazón y desconfianza hacia los políticos ("¿cuándo han hecho los políticos algo por los pobres? Nunca.", dice Niide en una de sus reflexiones en voz alta), Kurosawa echa mano (una vez más) del recurso de contar historias paralelas para que la historia central resulte más amena. La diferencia con otros films es que todas y cada una de ellas que, efectivamente, serían prescindible, encajan perfectamente en el relato general y son, por separado, auténticas maravillas y hasta se agradece que un realizador se tome su tiempo para contar las cosas con calma y profundidad.
Claro que se podría haber hecho una película de menos duración, claro que se podrían haber suprimido los relatos de algunos de los personajes, pero la película no habría sido la misma, la poesía visual que es este film, sencillamente, desaparecería sin la sensacional manera de contarnos la historia de Sahachi, por ejemplo. Y la altura moral del personaje del Dr. Niide o la conversión o redención de Yasuoto, no alcanzaría las cotas que alcanza, no sería tan impresionante, sin la dramática y bellísima historia de Otoyo.
Magistral narración y absoluto dominio de la técnica para acercarnos un mensaje de alto contenido moral sin que nos suene a lección vana y hueca, sino a la manera cargada de belleza con que un genio, un humanista, nos hace partícipes, de forma sincera y convencida, de su manera de pensar.




miércoles, 2 de octubre de 2019

EL FUGITIVO

La vida del doctor Richard Kimble (Harrison Ford), un reputado cirujano con una bella esposa y una lujosa casa en un elegante barrio de Chicago, se desmorona el día en que su mujer es brutalmente asesinada por un misterioso hombre al que le falta un brazo.
Por la grabación telefónica efectuada por el Departamento de Emergencia de la Policía, donde ella menciona su nombre, asumen que Kimble es el culpable. En el juicio Richard Kimble es condenado a la pena capital aún siendo inocente, para ser ejecutada meses más tarde. El autobús en el que es trasladado desde la ciudad de Chicago rumbo a la prisión junto a otros reclusos, sufre un accidente provocado por uno de los convictos y cae por una ladera.
Mientras los ocupantes del autobús tratan de recuperarse después del accidente, se acerca un tren de carga, el cual se dirige velozmente al autobús accidentado. En ese instante uno de los guardias escapa mientras otro queda herido dentro del autobús. Kimble, antes de escapar, logra sacar a este guardia segundos antes de que el tren impacte contra el autobús. El doctor Richard Kimble, aún conmocionado por los hechos, huye del lugar.
A partir de ahí los agentes de la autoridad del Estado de Illinois perseguirán de forma implacable al prófugo, entre ellos se encuentra un persistente y vanidoso alguacil federal, Samuel "Big Dog" Gerard (Tommy Lee Jones), quien en más de una ocasión logra encontrar al prófugo Richard Kimble que de forma astuta consigue escapar y seguir adelante con su propia investigación en la ciudad de Chicago para encontrar al asesino de su esposa, único modo que tiene de probar su inocencia.


Adaptación de una famosa serie televisiva de los años 60 del mismo título, escrita por Quinn Martin y protagonizada por David Janssen.


Este tipo de películas que incluyen persecuciones, como ocurre en otros subgéneros, suele seguir un patrón en el que, para alargar la historia, se van incluyendo pequeños episodios paralelos y subtramas que le dan más empaque y consistencia al relato. Y ahí es donde radica la dificultad, porque en muchas ocasiones, la idea es buena y atractiva, pero el guión se pierde, se va por las ramas o, sencillamente, fracasa a la hora de encajar las piezas.
No es el caso y la virtud principal del film es que consigue hilvanar con solvencia el puzle.
El ritmo es dinámico y constante, sin apenas altibajos, está bien rodada y con una planificación muy cuidada. El protagonista persigue y, a su vez, es perseguido, ahí radica el arma principal con la que juega la historia, porque el cerco se va estrechando y el tiempo apremia, con lo que la tensión dramática está garantizada.
Cine de acción entretenido y de calidad.




martes, 1 de octubre de 2019

CRUZ NOVILLO

Seguramente los versados en arte contemporáneo español conozcan el nombre de Cruz Novillo, pero para muchos, como me ocurría a mí hasta no hace mucho, hablar de José María Cruz Novillo, era citar a alguien desconocido.
He tenido la suerte de estar pasando unos día en Cuenca y además de disfrutar del encanto de la capital manchega y sus alrededores, me cupo la fortuna de visitar la exposición con que la ciudad rinde homenaje a uno de sus hijos más ilustres, ya que Cruz Novillo nació en Cuenca en 1936.
Estamos hablando de uno de los grandes del diseño español y aunque mucha gente no sepa quien es este artista y jamás haya oído hablar de él, sus diseños nos acompañan en nuestra vida diaria y, muchos de ellos, en cuanto los vemos, sabemos reconocerlos inmediatamente y reconocemos en ellos a las corporaciones y empresas que representan.
Yo tuve las primeras noticias de este hombre por su faceta de diseñador de carteles de películas, algunas muy conocidas, como El Sur, El espíritu de la colmena, Pascual Duarte, La escopeta nacional, Barrio, Los lunes al sol, Historias del Kronen, El año de las luces, Mamá cumple cien años y muchas más.
Aunque algunos de estos carteles son muy conocidos, sin duda son sus diseños de imágenes corporativas lo más reconocible para el gran público. Entre los cientos que llevan su firma, todas ellas muy conocidas, por citar alguna señalar el logotipo de Correos, el del Cuerpo Nacional de Policía, el escudo y la bandera de la Comunidad de Madrid, el logo del PSOE, el del diario El Mundo,  el de RENFE, el de Repsol, los del Tesoro Público y, como digo, cientos de ellos.





La exposición se puede visitar en la Casa Zabala, de Cuenca y, aunque en los folletos figura que permanece abierta desde el 29 de mayo al 29 de septiembre de 2019, si alguien tiene la oportunidad de acercarse, cosa que recomiendo, aún está a tiempo, ya que el Ayuntamiento de Cuenca ha decido prorrogarla, al menos, hasta del 4 de noviembre.
Merece la pena.