miércoles, 11 de diciembre de 2019

NIGTHCRAWLER

Lou Bloom (Jake Gyllenhaal) es un ladronzuelo que realiza pequeños hurtos para ir sobreviviendo. Précisamente al regresar de una de esas aventuras nocturnas en la que ha llevado a una chatarrería el material robado (un rollo de valla metálica, hilo de cobre y un par de tapas de alcantarilla), se topa con la escena de un espeluznante accidente automovilístico y los testigos expertos en el llamado "Nightcrawler" (podríamos traducirlo como el merodeo nocturno), entre ellos, Joe Loder (Bill Paxton), que está rodando imágenes de vídeo para un noticiero local. Convencido de que este es un trabajo en el que podría sobresalir, Lou roba una bicicleta en la playa y la cambia en una tienda, por un escáner para rastrear las frecuencias de la policía y una cámara de vídeo barata, y sale a la calle.
En poco tiempo, Lou contrata a un asistente llamado Rick (Riz Ahmed) para que le ayude a recorrer las calles de la ciudad y comienza a vender imágenes a la productora de televisión local Nina Romina (Rene Russo), una de los compradores habituales de Joe.
Lou se revela como un aprendiz rápido, con especial ojo para captar los detalles y sin escrúpulos a la hora de manipular el escenario del suceso para obtener una imagen que cuente una historia. Sin embargo, cuando Lou se adelanta a la policía al llegar al lugar en que ha ocurrido un allanamiento con resultado mortal en un vecindario próspero, sus impactantes imágenes captan la atención de dos detectives de homicidios que sospechan que está ocultando alguna evidencia que podría ser crucial para su investigación. Pero ese mismo vídeo puede ser justo lo que Lou necesita para alcanzar el que podría ser su gran momento.


Basada parcialmente en la carrera de Arthur "Weegee" Fellig, el primer reportero gráfico conocido por llegar rápidamente a las escenas del crimen sintonizando las transmisiones de radio de la policía.
Weegee, cuyo apodo procede de una interpretación fonética de la palabra ouija, era un ucraniano emigrado, junto con su familia, a Nueva York cuando apenas tenía diez años. Se hizo famoso por llegar a la escena de los sucesos (crímenes, incendios u otra emergencia de cualquier tipo), solo minutos después de que las autoridades hubieran recibido notificación del mismo, en ocasiones incluso antes de que llegara la policía.
En 1938, Fellig era el único reportero gráfico de Nueva York que poseía un permiso para llevar consigo una radio portátil de onda corta con la frecuencia de la policía. Tenía instalado un cuarto oscuro en el maletero de su coche para acelerar el proceso de entrega de sus fotografías a los periódicos.
La mayoría de sus fotografías más famosas fueron tomadas con un equipo fotográfico muy básico y con las técnicas de la época. Weegee no recibió formación fotográfica alguna sino que fue siempre un fotógrafo autodidacta.


Muchas reseñas sobre la película hablan de su crítica hacia los métodos de algunos medios de comunicación y su afán por aumentar su share televisivo, ofreciendo carnaza y sangre. Yo creo que la crítica del film va encaminada más bien hacia una especie de círculo vicioso en el que nadie es inocente: Los medios ofrecen vísceras y escándalos, los espectadores que ven esos programas aumentan cuanta más carroña se les ofrece y hay personas encargadas de hacerse con las imágenes y darles vueltas y más vueltas y cada uno de esos tres ingredientes se retroalimenta sin cesar. Como digo, nadie estamos libres, cargamos las tintas contra paparazzis y reporteros, contra los productores, pero nosotros somos el público que, no solo les sigue el juego, sino que demanda más basura.
La película no responde al estereotipo hollywoodense, más bien parece que el presupuesto fue limitado y está hecha con pocos actores y sin grandes despliegues, lo que no evita que haya un par de escenas de persecuciones muy bien rodadas y se nos ofrezca una mirada distinta sobre la ciudad de Los Ángeles fuera de los ambientes que habitualmente se muestran, bastante bien fotografiados, por cierto.
Jake Gyllenhaal, que aparece prácticamente en todas u cada una de las secuencias del film, hace un estupendo trabajo protagonista, metiéndose de lleno en el personaje, con una mirada que, como dice su ayudante, da miedo. Un tipo que no es nadie, pero cuando encuentra el filón de los reportajes aspira a llegar a la cumbre cueste lo que cueste. Un tipo amoral, sin sentimientos y para quien los demás son un medio para lograr su objetivo.
Una mirada crítica sobre la prensa que vive de las miserias humanas y el dolor que provocan, hurgando en la herida sin compasión bajo la disculpa de estar informando, pero también con la complicidad que cada cual les ofrecemos como consumidores del morbo que llena sus programas.




martes, 10 de diciembre de 2019

NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN

Después de luchar en la batalla de Bailén, Gabriel regresa a Madrid y se aloja en la casa de don Santiago Fernández (El Gran Capitán) y su mujer doña Gregoria Conejo, donde había estado convaleciendo tras los terribles acontecimientos del 2 de mayo de 1808.
La joven Inés, de la que está completamente enamorado, se encuentra junto a su madre, la condesa Amaranta, si bien a la joven le ocultan el parentesco por riesgo de causar un escándalo en la Corte, de modo que se hace pasar por su prima. Inés no consigue adaptarse a su nueva vida en la Corte y además todos en su familia le hacen creer que Gabriel ha muerto, pues quieren que se olvide de él para siempre por considerarlo hombre de baja estirpe.
Por otra parte, Gabriel se relaciona en este episodio con varios personajes de la sociedad madrileña, desde el condesito don Diego de Rumblar, a quien sigue a todas partes tratando de alejarlo del mal camino por el que lo arrastra don Luis de Santorcaz, hasta los frailes del Convento de la Merced, en cuyo convento, alojado por el caritativo padre Salmón, se esconderá de la persecución injusta a que se ve sometido por la envidia y ánimos de revancha de Santorcaz, que ha pasado a forma parte de la policía al servicio de las tropas de ocupación. Terminará en el Palacio del Pardo, en un momento en el que allí se encuentran el mismísimo Emperador y su hermano José Bonaparte.
Aunque el fondo bélico está presente en la novela, pues el país está en guerra, levantado contra la invasión napoleónica, aparte de breves referencias a la defensa fracasada de Madrid, no es este el asunto que ocupa más espacio en el libro. Queda claro el reflejo de la sociedad madrileña del momento, atenazada por el miedo por la presencia de las tropas francesas y por la desconfianza entre unos y otros, pues los partidarios de los franceses, los llamados afrancesados, eran tenidos por enemigos, espías y delatores.
Resultan interesantes las escenas en que aparecen los religiosos, pues nos dan una idea de la indignación que produjeron entre las órdenes conventuales, las medidas dictadas por Napoleón, que preveían la reducción de sus integrantes y la expropiación de algunos de sus bienes en beneficio del Estado o de la sociedad civil.



lunes, 9 de diciembre de 2019

NEW WORLD

Tras la muerte del  jefe de Goldmoon,  el principal sindicato del crimen, una especie de consorcio mafioso que aglutina a las principales familias y sus negocios, sus dos lugartenientes quedan al frente de la organización criminal.
La policía ve en la situación un momento propicio, más que para desmantelarla, para tenerla controlada y que se dedique exclusivamente a lo suyo, sin incordiar demasiado, para lo cual utilizarán a Lee Ja-sung (Lee Jung-jae), un agente encubierto que lleva ocho años infiltrado en la organización a las órdenes directas del jefe de policía Kang (Min-sik Choi).
Con un bebé en camino, y viviendo con el miedo mortal de ser descubierto como un topo, Ja-sung está dividido entre su deber y honor como policía, y la lealtad a los miembros de la familia a que sirve, ferozmente leales, que serían capaces de seguirle al mismísimo infierno.
Al utilizar la información privilegiada proveniente de Ja-sung, la policía pretende hacer crecer la enemistad latente entre los dos nuevos cabecillas, pero al mismo tiempo, de manera paralela, hace aumentar la sospecha de que un traidor está metido en la organización. El despiadado Jung Chung (Jung-min Hwang), estrecha más el cerco al contratar hackers, para rastrear la base de datos de la policía.
A medida que la Operación Nuevo Mundo toma altura, se convierte en una especie de juego macabro entre los dos pretendientes a la jefatura mafiosa y la policía, con las apuestas subiendo cada vez más y un baño de sangre que parece garantizado entre las facciones enfrentadas, Ja-sung toma una decisión final impactante que nadie podría haber predicho.


Tras un arranque prometedor y dinámico, la película se toma una pausa en la parte central, como si quisiera dar tiempo al espectador para digerir lo que ha estado viendo y preparándole para una parte final  frenética, en la que se va cerrando el círculo y en la que ya no hay sosiego, con los acontecimientos sucediéndose a toda velocidad.
Buena fotografía y banda sonora, para unas interpretaciones a la altura y una magnífica ambientación en un film que recuerda a alguno de los clásicos, inevitablemente a El Padrino, con algunas situaciones muy similares, entre ellas, la parte final, en la que, cual ocurre en la saga de Coppola tras el atentado contra Corleone y la venganza que toma su familia, las escenas de ajuste de cuentas y la narración de los acontecimientos en tiempo real, transcurren en paralelo, intercalándose unas y otras.


Violencia casi real, inimaginable en el cine de Hollywood, pero rodada con arte y una estética que hace de las escenas realmente duras y sanguinarias pequeñas joyas, sobre todo para los amantes del género. A resaltar la escena del ascensor, toda una orgía de exceso y brutalidad, de las que son recordadas, rodada en el angosto espacio de la cabina del elevador.
Sin embargo, la película es algo más que violencia pura y dura y ofrece una reflexión sobre el despiadado mundo de las organizaciones mafiosas, acompañado de un estudio profundo de los personajes que en él se mueven y en el de los policías empeñados en perseguirlas, no siempre con métodos y fines ajustados a la moralidad, todo lo contrario y en este film queda claro el sufrimiento del infiltrado y el desamparo en que se siente ante la obsesión de sus jefes por conseguir los objetivos que se han marcado y que reciben con un encogimiento de hombros la noticia de las torturas y muerte de quienes son descubiertos.
Un film cuya violencia emana del realismo con que se trata este mundo al margen de la ley, despiadado con quienes por el transitan y que esconde toda la inmundicia humana bajo la apariencia de comodidades y oropeles.




viernes, 6 de diciembre de 2019

PRISIONEROS

En una ciudad del noreste de Pensilvania, Keller (Hugh Jackman) y Grace Dover (Maria Bello) y Franklin (Terrence Howard) y Nancy Birch (Viola Davis), dos matrimonios y sus respectivos hijos, cada uno tiene una pareja, son grandes amigos. Mientras las dos familias celebran el Día de Acción de Gracias juntas, las dos niñas pequeñas, Anna Dover (Erin Gerasimovich) y Joy Birch (Kyla-Drew), desaparecen. Según algunos hechos ocurridos con anterioridad durante el mismo día, las dos familias creen que las niñas fueron secuestradas por quienes viven en una autocaravana que estacionó en su vecindario. Su certeza toma fuerza después de conocer al habitante de la caravana, Alex Jones (Paul Dano), un joven mentalmente débil que es apoyado en todos los aspectos por su tía sobreprotectora, Holly Jones (Melissa Leo).
Sin embargo, el detective Loki (Jake Gyllenhaal), el investigador principal que la policía ha designado para el caso, está bastante seguro de que Alex no secuestró a las niñas, sino que ha sido utilizado por algún delincuente sexual o alguno de los pedófilos conocidos en el área. Además, Loki no tiene evidencia para detener a Alex, lo que le pone en desacuerdo especialmente con Keller, quien está seguro de que Alex fue quien secuestró a las chicas. Mientras Loki continúa su investigación con Keller acusándolo de no hacer su trabajo, siguiendo lo que considera son pistas inútiles, Keller decide que tiene que tomar el asunto en sus propias manos y presionar a Alex para que confiese donde están las chicas, utilizando para ello cualquier medio que pueda resultar eficaz según su particular punto de vista.


Mas allá de las situaciones criminales o del suspense y la investigación alrededor de la desaparición de las dos niñas, el canadiense Denis Villeneuve, plantea algunos dilemas morales que, en un momento determinado y a distintos niveles, nos podrían afectar a cualquiera de nosotros.
El más importante el de si es lícito tomar propias iniciativas para resolver asuntos que nos atañen al margen de los cauces establecidos cuando consideramos que esos cauces son inoperativos. ¿Hasta qué punto está legitimado alguien para adoptar medidas que afectan a las personas, para resolver sus propios asuntos?
Keller, un tipo que se nos muestra violento bajo su aparente capa de serenidad, está decidido a encontrar a su hija cueste lo que cueste y aunque haya que pasar por encima de la Ley. No duda en secuestrar a quien está seguro sabe dónde están las niñas, aunque la policía no tenga motivos legales para su arresto y le somete a las más aberrantes torturas a pesar de que es un deficiente mental.
Todo en la convicción absoluta de que la policía no hace bien su trabajo y de que será él quien se las tenga que arreglar para rescatar a su pequeña, aún a costa de dejar a un lado todas la normas legales y morales.


Película de historia absorvente, bien planificada, con un estupendo guión que va dejando cabos sueltos que se atarán al final con cierta lógica y con un diseño conseguido de ambientes oscuros y perturbadores a pesar de ser escenarios relativamente cotidianos.
Un buen entretenimiento y un mensaje que deja preguntas sobre lo moralmente lícito y hasta que punto lo es.




jueves, 5 de diciembre de 2019

CUARENTA PISTOLAS

Jessica Drummond (Barbara Stanwyck) es una despótica terrateniente que gobierna con mano firme sus posesiones en el condado de Cochise, en Arizona.
Gusta de cabalgar su caballo blanco al frente de cuarenta hombres armados y todos a lomos de caballos negros o pardos, en dirección a Tombstone, con el único objeto de recordar a los ciudadanos quien gobierna en este lugar sin ley.
Hasta que un buen día aparece por sus tierras Griff Bonnell (Barry Sullivan), un antiguo pistolero al que ha contratado el gobierno federal para ir pacificando los lugares por los que pasa. Con él viajan sus dos hermanos Wes (Gene Barry) y Chico (Robert Dix). Bonnell tiene fama de ser experto en limpiar lugares en los que hasta entonces imperaba la ley del más fuerte.
Aunque esta nueva situación conmociona un tanto a Jessica, ella y Bonnell se respetan mutuamente, incluso su relación se torna en algo que va más allá de la simple amistad.
La ley y el orden parecen haber llegado a Tombstone sin disparar un solo tiro. Pero todo esto salta por los aires cuando el bravucón e inconsciente hermano de Jessica, Brockie (John Ericson), de mal genio y gatillo fácil, mata a Wes Bonnell. Más tarde, Brockie llega a utilizar a su propia hermana como escudo humano para protegerse a sí mismo durante un tiroteo, lo que lleva a Jessica a replantearse su modo de pensar y su actitud sobre muchas cosas, particularmente en lo que concierne a su hermano.


Versión revisada de la película de John Ford "My Darling Clementine", titulada en España Pasión de los fuertes en la que se reemplaza a los hermanos Earp por los hermanos Bonnell, y al viejo Clanton y sus hijos por Jessica Drummond y sus cuarenta pistoleros que incluyen al hermano de gatillo fácil.


A pesar de contarnos una historia archiconocida dentro del género, estamos ante un western un tanto atípico, en el que contemplamos a un malo sin escrúpulo alguno, despiadado y un tanto imbécil, un protagonista masculino con un pasado traumático y la protagonista, una Barbara Stanwyck ya en decadencia, pero que sigue llenando la pantalla con su presencia, una mujer fuerte en un mundo de hombres.
El guión, del propio realizador, Samuel Fuller, no es de lo mejor de este film que también incluye un par de canciones originales que son muy bonitas, pero parecen metidas con calzador en medio de la narración.
Junto a algunos planos sensacionales magníficamente planificados y una llamativa fotografía en blanco y negro y CinemaScope, nos encontramos con una historia que transcurre con demasiados altibajos como para resultar del todo atractiva para el espectador que realmente tiene que dejar de lado y ser benévolo con unos cuantos detalles para encontrar únicamente entretenimiento y quedarse con el virtuosismo de Sam Fuller y unos cuantos diálogos duros, mezclados con doble sentido.
Por cierto, para los que se quejan del final demasiado almibarado y que parece toda una concesión a la complacencia, señalar que Fuller tenía previsto otro bastante menos suave, pero al parecer, Twentieth Century-Fox le obligó a cambiarlo por el que se ve en la película.




miércoles, 4 de diciembre de 2019

ROMPENIEVES (SNOWPIERCER)

Es 2031, diecisiete años después de que las autoridades de setenta y nueve países decidieran colectivamente combatir el calentamiento global liberando en la atmósfera un refrigerante llamado CW-7. Las cosas no salieron como estaba previsto y el resultado fue catastrófico para la Tierra que quedó literalmente congelada, con el resultado de que desapareció cualquier tipo de vida, con excepción de una serie de privilegiados que ahora viajan en una especie de nueva Arca de Noé, un tren revolucionario construido antes de 2014 por un aficionado al ferrocarril llamado Wilford (Ed Harris). El tren que en ese tiempo fue considerado inútil y un signo de autocomplacencia, se ve obligado a moverse constantemente para generar energía destinada a la vida en su interior. Circunnavega el mundo por una sola vía continua, viaje que dura un año. El tren todavía está controlado en todos sus aspectos por Wilford, quien ha creado tres clases separadas alojadas en diferentes partes del tren: los privilegiados "uno por ciento", que están en los primeros vagones del tren, los trabajadores en los que se apoya, ocupan la parte media del tren, y las "personas de la cola", las masas que viven en la parte trasera del tren como ganado en un vagón sin ventanas, siendo alimentados únicamente con barritas de proteínas, cuyos ingredientes desconocen. El rostro de Wilford para quienes están en la cola es la ministra Mason (Tilda Swinton), ya que Wilford nunca se aventura a ese extremo del tren. Algunas de las políticas que Wilford ha implementado consisten en sacar a algunos de los niños del final de la cola con un propósito desconocido y a los que las personas en el extremo de la cola nunca volverán a ver. Además, se supone que está cometiendo un genocidio ocasional indiscriminado con los pasajeros de la cola, la mayoría de los cuales lo ven como un método de control de la población, al tiempo que demuestra su poder dictatorial en un esfuerzo por tener a la masa sometida y comportándose de manera complaciente.


Basada en la novela gráfica francesa de los años 80 "Le Transperceneige", con textos de Jacques Loeb y dibujos de Jean-Marc Rochette.
El coreano Bong Joon-ho se encontró uno de estos cómics en una tienda especializada y desde entonces se sintió fascinado por la idea de trasladar la historia a la pantalla grande, un proyecto que tardaría ocho años en ver la luz.


En el apartado que podríamos llamar técnico tiene un excelente nivel, con buena fotografía, buenos efectos y un magnífico diseño, más si tenemos en cuenta la dificultad de rodar en espacios cerrados, en un escenario lineal, con mucha profundidad y poca anchura, lo que requiere una técnica depurada de filmación.
Distinta es la historia en sí, que parte de un planteamiento con temas atractivos, por una parte asuntos que están en primera línea de interés en la actualidad, como el cambio climático y sus consecuencias y el problema de la superpoblación y por otra parte, un asunto perenne en la historia de la humanidad, cual es el de las clases sociales y los enfrentamientos a que da lugar.
El tema del cambio climático, se apunta al principio y, aunque está presente en todo el film, casi se deja de lado, sin profundizar en él. En cuanto a lo demás, el film es una alegoría de nuestro mundo, con la pirámide humana y las divisiones entre ricos y pobres, privilegiados y parias, retratada a lo largo del recorrido que el protagonista va haciendo por los vagones del tren, desde la cola a la cabeza. Aunque tiene pasajes logrados, en general va perdiendo fuelle y por momentos resulta poco creíble. Sí, ya sé que es una película de ciencia ficción, pero hay demasiadas licencias, cuando no auténticas incongruencias, personajes que se retoman o desaparecen casi de modo caprichoso y algunos asuntos que se explican de cualquier manera para salir del paso, como si no se hubieran tomado el trabajo necesario para pulir el guión.
Al final, el film queda en puro entretenimiento, lo que no es poco, pero pierde altura en el plano que podríamos calificar de más serio. Película que en cuanto a la acción no está nada mal, pero en lo demás, creo que deja qué desear.




martes, 3 de diciembre de 2019

KILROY ESTUVO AQUÍ (KILROY WAS HERE)

En mayo de 1943, las tropas aliadas conquistaban Túnez y Bizerta, los últimos reductos importantes que el Eje mantenía en el Norte de África, tras casi un años de duros combates, en los que ambos ejércitos habían luchado en los mismos lugares donde dos mil años atrás Roma y Cartago lo habían hecho.
Cuando las tropas norteamericanas, inglesas y de la Francia Libre penetraron en ambas ciudades, se encontraban en lugares inesperados una especie de graffiti con la leyenda "Kilroy estuvo aquí". ¿Qién era aquel personaje que parecía mofarse de su tardanza en llegar a un lugar donde él ya había estado?
Más allá del horizonte de Túnez les esperaba otro continente y la frase en cuestión y el misterio de Kilroy, les acompañaría hasta que los últimos reductos de la Alemania nazi fueron ocupados y siempre, Kilroy había estado allí.
Entre los soldados norteamericanos se hizo popular la broma de hacer dichas pintadas dondequiera que fueron desembarcados o alegar que ya estaba allí cuando llegaron. Pronto se convirtió en una forma de comunicación entre los soldados estadounidenses para establecer una zona segura durante el combate que indicaba a las tropas que en esa zona había tropas americanas o se trataba de una zona relativamente asegurada. Pero lo cierto es que nadie sabía con certeza cómo había empezado todo aquello.
En 1946, una vez concluída la II Guerra Mundial, la Transit Company of America realizó un concurso que ofrecía como premio un auténtico tranvía a la persona que probase ser el “verdadero” Kilroy. Casi cuarenta hombres se presentaron, contando sus respectivas historias. Una de esas personas era Jim Kilroy, un antiguo concejal de la ciudad de Boston y supervisor de astillero, su historia era bastante simple y, quizá por ello, resultó la más convincente. Jim relataba que el Astillero de Fore River en Quincy le había encargado que revisara los remaches de las planchas de acero de los barcos. Cuando acababa con una, le hacía una señal con tiza para diferenciarla de las que no había comprobado. Sin embargo, se dio cuenta de que a veces le devolvían planchas ya revisadas, probablemente porque la marca de tiza se borraba. Esto era un inconveniente, además de un mal negocio para Kilroy que cobraba en función del número de planchas que era capaz de revisar y con estas devoluciones, revisaba la misma plancha dos veces y cobraba sólo por una. Cansado de ello cambió el sistema de marcar las planchas de acero. Así que comenzó a escribir con pintura en los mamparos la frase “Kilroy was here“, para demostrar que él había estado allí y había inspeccionado el remachado en la nave de nueva construcción. Miles de soldados estadounidenses fueron transportados a las costas africanas en barcos de la marina, en algunos de los cuales, podían ver la famosa frase, que para ellos era todo un misterio, pero que se hizo popular.
James Kilroy ganó el concurso de la Transit Company of America, su relato fue apoyado por el testimonio de algunos trabajadores del astillero y él instaló el vagón que había ganado en el patio delantero de su casa como regalo de Navidad para sus nueve hijos.




lunes, 2 de diciembre de 2019

SKYFALL

La lealtad de James Bond (Daniel Craig), el mejor agente de los servicios secretos británicos, por su superiora M (Judi Dench) se verá puesta a prueba cuando episodios del pasado de ella vuelven para atormentarla. Al mismo tiempo, el MI6 sufre un ataque, y 007 tendrá que localizar y destruir el grave peligro que representa el villano Silva (Javier Bardem). Para conseguirlo contará con la ayuda de la agente Eve (Naomie Harris).
Tras el fracaso de la última y fatídica misión de Bond y revelarse la identidad de varios agentes secretos en distintos puntos del planeta, la sede del MI6 es atacada, obligando a M a trasladar su agencia. Debido a estos sucesos, su autoridad y posición se verán amenazados por Mallory (Ralph Fiennes), el nuevo Presidente del Comité de Inteligencia y Seguridad.
Ahora, el MI6 se enfrenta a amenazas tanto externas como internas por lo que M decide acudir al único aliado en quien puede confiar: Bond. El agente 007 desaparece en las sombras con una única aliada: la agente de campo Eve. Juntos le seguirán la pista al misterioso Silva, cuyas letales y ocultas motivaciones están aún por desvelarse.
Entre otros lugares, Bond viaja a una isla abandonada en la costa de Macao, donde es apresado por la tripulación del barco en que navega y entregado al cerebro de todos esos ataques que sufre el servicio secreto británico, Silva, un ex agente del MI6 que, tras trabajar bajo las órdenes de M y ser traicionado al ser entregado a los chinos, se dedica al ciberterrorismo, y ha orquestado el atentado contra el MI6.


Nueva entrega de la franquicia más longeva de la historia del cine, alrededor del mítico personaje creado por Ian Fleming.


Después de tantas películas sobre el más popular agente secreto de ficción, la pregunta que uno se hace es ¿pero queda algo por contar de James Bond?, o quizá, más concretamente, si pueden aún sorprendernos con sus historias, después de conocer la bebida que le gusta y cómo ha de estar preparada, su afición a las mujeres hermosas, su capacidad para salir airoso de las situaciones más desesperadas y del uso de todos esos gadges que le entregan antes de la misión y que sirven para salvarle la vida en el último momento.
Pues bien, yo creo que, mediante un guión muy bien trabajado y un par de giros que aún consiguen sorprendernos, antes de un final que también lo hace en cierto sentido, salen airosos de la prueba.
El personaje de Bond ha evolucionado y en este film se nos muestra bastante más sombrío, sin apenas esos toques de humor negro tan característicos que, en esta ocasión, nos llegan más bien de la mano del villano, bien interpretado por nuestro Javier Bardem, un personaje que también resulta peculiar y diferente al de otras entregas. Las chicas despampanantes, apenas aparecen y cuando lo hacen, son más comparsa que nunca, tomando el relevo la nada glamourosa M que tiene más minutos y protagonismo que en el resto de películas juntas, hasta convertirse casi en coprotagonista.
Todo eso, las reflexiones que se hacen sobre los personajes y un cierto tono casi filosófico, harán, por contra, que muchos fans de la serie Bond, puede que se sientan algo defraudados, pues al fin y al cabo, el personaje, al menos el de las películas, fue concebido como mero entretenimiento, una válvula de escape, en cuyas aventuras vemos muchas licencias (y no precisamente para matar) narrativas, que normalmente perdonamos en pro de la aventura y el cine de evasión puro y duro.
Un Bond, algo diferente, sin renunciar a las clásicas persecuciones y peleas espectaculares, en una película que mezcla lo nuevo con la viejo, las nuevas tecnologías puestas al servicio de la aventura y la intriga y los métodos clásicos que emplea 007 en la parte final de la película para salir indemne, aunque con cierto regusto amargo, de los peligros sufridos y es que como se dice en el film, a veces lo antiguo es lo mejor.




viernes, 29 de noviembre de 2019

EL TOPO

Años 70, en plena guerra fría. El fracaso de una misión especial no autorizada en Hungría, con el agente británico Jim Prideaux (Mark Strong), descubierto y presumiblemente asesinado, provoca un cambio en la cúpula de los servicios secretos británicos. Uno de los defenestrados es el agente George Smiley (Gary Oldman). Sin embargo, cuando ya se había hecho a la idea de retirarse, le encargan una nueva misión: se sospecha que hay un “topo” infiltrado en la cúpula del Servicio y sólo alguien de fuera puede averiguar quién es.
El subsecretario Oliver Lacon (Simon McBurney), a cargo del Servicio Secreto Británico, recibe información de Ricki Tarr (Tom Hardy), un agente de campo británico de bajo nivel encubierto, de que ha habido un agente doble desconocido, colocado por la Unión Soviética, en los rangos más altos dentro de "Circus".
La razón por la cual Lacon está tomando en serio el aviso de Tarr, a pesar de que Tarr es considera un pícaro y se sospecha que ahora está trabajando para el otro lado, es que Control (John Hurt), quien murió de una grave enfermedad, previamente dio un aviso similar a Lacon cuando Control estaba al cargo, algo que, en ese momento, nunca fue investigado. Smiley recluta al jefe de Tarr, Peter Guillam (Benedict Cumberbatch), y otro agente retirado llamado Mendel (Roger Lloyd Pack) para trabajar en el caso con él. Lo que Smiley y su equipo pueden descubrir es lo que Control sospechaba que el topo era uno de los cinco hombres en su círculo íntimo: Alleline (Toby Jones), Bill Haydon (Colin Firth), Roy Bland (Ciarán Hinds), Toby Esterhase (David Dencik) y el propio Smiley, los cinco que tenían el nombre clave de Tinker, Tailor, Soldier, Poorman y Beggarman, respectivamente.
Con la ayuda de otros agentes jubilados, Smiley irá recabando información y encajando las piezas necesarias para descubrir al traidor.


El título original de esta película (Tinker, Tailor, Soldier, Spy) y de la novela de John Le Carré en que se basa, está tomado de una rima infantil inglesa que dice "Tinker, Tailor, Soldier, Sailor, Rich Man, Poor Man, Beggar Man, Thief".
La canción francesa que se escucha en las escenas finales es "La Mer", interpretada por Julio Iglesias.


No encontrará lo que busca en esta película quien pretenda hallar cine de acción o con altas dosis de intriga. Un film en el que la pausa, siempre sin perder el ritmo, cobra importancia, al igual que los silencios, muy bien representados sobre todo en George Smiley del que la película ha sabido captar bastante bien la esencia del personaje por antonomasia creado por Le Carré.
En el lado opuesto de las películas que nos venden a personajes glamourosos o que se desenvuelven de maravilla en medio del peligro, esta nos acerca a lo que seguramente es un retrato más real del mundo del espionaje y es que la vida del espía, como alguien señaló, debe ser bastante aburrida. Aquí no hay veloces persecuciones, ni acción trepidante, apenas un par de disparos que yo recuerde, y el ambiente en que se mueven los personajes es gélido y de una atmósfera carente de brillantez.
A pesar de que la trama, por momentos, resulta enrevesada, la capacidad narrativa del realizador sueco Tomas Alfredson, la hace comprensible siempre que el espectador preste un poco de atención.
Buenas interpretaciones para un film que resulta interesante, aunque quizá esa frialdad de la que hablábamos haga que no acabe de enganchar del todo con el espectador.




jueves, 28 de noviembre de 2019

LA CONDICIÓN HUMANA III (LA PLEGARIA DEL SOLDADO)

Tras ser derrotados por los rusos, Kaji (Tatsuya Nakadai) y los pocos hombres de su unidad que han sobrevivido emprenden una larga marcha en un intento desesperado por llegar a territorio amigo. A lo largo de su andadura a través de las líneas enemigas en territorio de Manchuria, otros supervivientes japoneses se unen al grupo de Kaji, viéndose obligados a luchar contra las milicias chinas y los soviéticos. Cuando llegan a una aldea japonesa con mujeres y un anciano, un grupo de soldados llega al lugar y Kaji y sus hombres se rinden al soviet para obtener de ese modo que respeten a las mujeres.. Desde allí, todos ellos serán enviados a un campo de prisioneros.
El protagonista, que tanto luchó en la primera entrega de esta trilogía por ofrecer un trato justo y humanitario a los trabajadores y a los prisioneros chinos que trabajaban en las minas de Manchuria, se ve ahora en la posición completamente opuesta a aquella, ahora él es el prisionero y habrá de enfrentarse a situaciones realmente desgarradoras para él y sus compañeros.
Kaji, ahora obligado a trabajar para los rusos, descubrirá que a estos parecen no moverles precisamente los ideales comunistas de igualdad y fraternidad entre los hombres, unos ideales en los que había depositado cierta esperanza de ser tratado con humanidad y comprensión, sino que se comportan de aquella manera que a él tanta repulsión le originó en su momento, no encontrando diferencia alguna entre este comportamiento y el que tuviera el Ejército Imperial con sus prisioneros.
Solamente la esperanza de reencontrarse con su amada Michiko (Michiyo Aratama), sostendrá su esperanza en circunstancias tan adversas.


Acabada de ver la portentosa trilogía de Masaki Kobayashi, no me cabe duda de que estamos ante una gran obra en conjunto y magníficas películas que, en último caso, podrían verse por separado, aunque el personaje de Kaji nos resulta tan atractivo que difícilmente, quien vea una, podrá sustraerse al visionado de las otras dos.


Si en el primero de los films (No hay amor más grande), nos quedan claros los ideales de su protagonista y en el segundo (El camino a la eternidad), se pone de manifiesto un contundente alegato antibelicista, este tercero resulta más reflexivo, ahonda más en planteamientos que podríamos calificar incluso de filosóficos, pero ello, sin renunciar a la acción, con buenas escenas de cine bélico, en las que contemplamos el extenuante camino de Kaji y sus compañeros en busca de salir con vida del peligro que les acecha constantemente tras el desmoronamiento del Ejército Imperial. Asistimos también a la definitiva evolución del personaje, de un tipo ingenuo cargado de sueños, a un soldado entrenado que no duda en matar al enemigo aunque ello le suponga tremendas contradicciones morales y en imponer la disciplina sobre sus inferiores a veces con métodos que nada tienen que ver con aquellas ideas de dignidad humana que le movían.
A pesar de todo, se sigue sublevando contra la injusticia, contra el abuso de quienes ostentan una situación de poder sobre los demás y contra la arbitrariedad de decisiones crueles.
Kaji es un humanista llevado al extremo, pero al tiempo cercano, la antítesis del superhéroe y, aunque sus objetivos sean los mismos, sus métodos para llegar a esa meta que resulta ilusoria, son completamente normales, como los de cualquiera de nosotros que fuera capaz de llevar sus convicciones hasta más allá de lo esperado.




miércoles, 27 de noviembre de 2019

KILL LIST

Jay (Neil Maskell) y Gal (Michael Smiley) son ex soldados que se han convertido en sicarios desde que dejaron el ejército. Mientras Gal está relajado, Jay todavía sufre las secuelas psicológicas de una misión fracasada ocurrida en Kiev. A pesar de la insistencia de su esposa Shel (MyAnna Buring), Jay lleva ocho meses sin trabajar y se están quedando sin dinero. Shel organiza una cena a la que invita a Gal y a su última novia, Fiona (Emma Fryer), una gerente de recursos humanos. Durante la velada, Gal revela que tiene un nuevo trabajo para ellos, que Shel le apremia a tomar. Mientras tanto, Fiona va al baño y, con un cuchillo, traza un símbolo en la parte posterior del espejo y toma un pañuelo de papel que Jay había usado para limpiar su sangre después de cortarse durante el afeitado. Jay acepta el trabajo, y los dos se encuentran con el cliente que tiene una lista de tres personas a las que quiere matar. El empleador corta inesperadamente la mano de Jay y la suya, para que el contrato se firme con sangre.
Su primer objetivo, "El sacerdote", parece reconocer a Jay y le da las gracias justo antes de ser asesinado. El segundo nombre en la lista ("El librero"), guarda una colección de vídeos horribles y repugnantes de naturaleza no revelada, aunque suponemos que en ellos hay imágenes con abusos a menores. También da las gracias a Jay, quien, por disgusto con los vídeos, le tortura y le golpea salvajemente con un martillo. Jay insiste en perseguir y matar a los asociados del archivero, y cuando Gal busca en sus archivos, encuentra una carpeta sobre él y Jay, que incluye detalles de su misión en Kiev. Aunque no lo reconocen, el archivo incluye el símbolo que Fiona talló en el espejo de Jay.


Película que va derivando desde la historia de unos hombres que han quedado marcados por su participación en un conflicto bélico y los problemas que esto ocasiona en la vida diaria de uno de ellos, hasta un relato en el que aparece una secta de tipo satánico, con lo que el espectador queda un tanto descolocado, sin saber muy bien de qué va aquello.


En cualquier caso, es un film perturbador, de buena factura técnica pero de narración desconcertante y con algunos pasajes gore muy logrados, dentro de lo que es el género, aunque ya sabemos que este tipo de escenas no son para todos los públicos.
Interesante para quien busque un film que se acerca a las pelis de terror, pero que te deja un tanto perplejo a la hora de entender qué es lo que desea transmitirnos.




martes, 26 de noviembre de 2019

KAY SUMMERSBY, LA CHÓFER DE EISENHOWER

La británica Kathleen Helen Mary Summersby, conocida por todos como Kay, una atractiva divorciada que había sido modelo y fotógrafa de revistas femeninas de moda, se alistó en el Cuerpo Motorizado Británico de Transporte cuando Inglaterra declaró la guerra a los nazis alemanes tras la invasión de Polonia y participó como conductora de ambulancias durante el Blitz alemán (el bombardeo sostenido del Reino Unido por la Alemania nazi entre el 7 de septiembre de 1940 y el 16 de mayo de 1941), llegando a alcanzar el grado de sargento.
Cuando el general David Dwight Eisenhower, “Ike”, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa, llegó a Argelia para hacerse cargo de la campaña africana, Kay le fue asignada como conductora de su imponente cadillac blindado, asumiendo además las funciones de secretaria personal del general, al que acompañó durante el resto del conflicto armado.
Al termino de cada jornada de agotador trabajo, Kay le llevaba a su residencia, le abría la puerta y colocaba el maletín en el sofá. Luego le saludaba marcialmente y le deseaba buenas noches.
Algunas veces Ike la invitaba para que le acompañara a tomar un trago de Chivas Regal, la bebida preferida del Comandante en Jefe y se sentaban a conversar. Con el tiempo, Ike e "Irish", como Eisenhower llamaba a Kay en privado, se convirtieron en buenos amigos y luego se enamoraron. Kay acompañó a Ike a todos los lugares adonde iba: África, Italia, Francia, Alemania y finalmente Estados Unidos y comenzó a ser conocida en EE.UU., pues aparecía, casi siempre en segundo plano, en muchas de las fotos que se publicaban del general, cuando los diarios daban noticias de la marcha de la guerra, acabada la cual, Ike regresó a su país, a donde, como queda señalado, le acompañó Kay, para la cual no tuvo dificultades en conseguir un visado que la llevaría, con el tiempo, a conseguir la nacionalidad estadounidense.


Al parecer, Ike tuvo la intención de divorciarse de su esposa, Mamie Geneva Doud, y casarse con Kay, pero su ambición política pudo más y, al final, Ike y Kay acabaron cada cual por su lado.
Tras un primer libro, escrito en 1948, titulado "Ike was my Boss" (Ike fue mi jefe), en el que para nada mencionaba relaciones sentimentales entre ambos, con la colaboración de la periodista Bárbara Wyden, escribe un segundo libro bajo el título de "Past Forgetting: My Love Affair with Dwight Eisenhower", para el que tomó como referencia los diarios que había llevado entre 1944 y 1945, en los que había anotaciones del propio Eisenhower y que vería la luz en 1976, un año después de la muerte de Kay. El libro resulta interesante, pues además de las relaciones entre los dos protagonistas, habla de los otros comandantes aliados, algunos de los cuales, como es sabido, también tenían sus líos de faldas.
Los libros de Kay Summersby, sirvieron de base al guión de una miniserie televisiva estadounidense de 1979, en la que Robert Duvall interpreta al famoso general y una bellísima Lee Remick, da vida a Kay.




lunes, 25 de noviembre de 2019

ORIGEN (INCEPTION)

Dom Cobb (Leonardo DiCaprio) y su compañero Arthur (Joseph Gordon-Levitt) son dos ladrones especializados en la “extracción” de información a través del subconsciente. Es decir, se introducen en los sueños de las personas para obtener sus secretos.
Cobb ya está retirado, pero es obligado a participar en una última misión para que, a cambio, recupere el derecho de volver a ver a sus hijos.
La misión, llamada “inserción”, consiste en implantar el origen de una idea o concepto en la mente de su cliente rival para que la interprete como propia.
Así, Dom Cobb reúne a un grupo de especialistas que viajará por la mente de su presa, Robert Fischer Jr. (Cillian Murphy), para introducir en su subconsciente una idea que hará muy rico a su cliente Saito (Ken Watanabe), el jefe de la segunda mayor compañía de energía a nivel mundial, cuyo propósito es superar al líder que domina este sector económico.
Ariadne (Ellen Page) es la llamada "arquitecta" responsable de crear el escenario del sueño manipulado, para lo que usa mucha creatividad y astucia.
Arthur (Joseph Gordon-Levitt) debe investigar todos los aspectos de la vida de la persona objetivo. Yusef (Dileep Rao) es un químico que crea los sedantes para inducir el sueño a la víctima y a los participantes en la inserción. Eames (Tom Hardy) es como un actor dentro de la misión. Es el responsable de investigar y personificar a conocidos de la victima para conseguir implantarle una idea.
Durante la misión, el equipo tiene que superar barreras de todo tipo y también sus propias luchas internas. Cobb se enfrenta a su pasado debido a la manifestación de su esposa fallecida, Mal (Marion Cotillard), quien lo invita a continuar en el mundo de los sueños para poder seguir juntos.


Controvertida película de Christopher Nolan, guionista y director de la misma.
Quizá porque en determinados momentos, incluso durante la promoción de la misma, se pretendió darle cierto tono que a muchos sonó como pretencioso.


Nolan vuelve a bucear en una de las constantes de su cine: los recuerdos. Para ello nos traslada a un mundo en el que los sueños son visitables, por así decirlo, y no solo sujetos de interpretación. Determinadas personas con unas habilidades y medios específicos, son capaces de introducirse en los sueños de alguien y manipularlos. A partir de ahí, el realizador británico crea un mundo en el que lo onírico se confunde con la realidad hasta el punto de que el espectador, en algunos momentos, puede llegar a dudar de si lo que está viendo está ocurriendo realmente o siendo imaginado o creado por los manipuladores de sueños.
Quizá la principal causa de rechazo viene de que se pretenda dar a la película cierto aire de intelectualidad como opinan algunos de sus críticos, pero realmente, como divertimento, como film de acción, está muy bien, por su cierta dosis de originalidad y porque si la tomamos únicamente como tal, como historia de ficción pura y simple, resulta muy entretenida aunque, seguramente algo más larga de lo que sería deseable.




viernes, 22 de noviembre de 2019

CISNE NEGRO

Thomas Leroy (Vincent Cassel), el director artístico de una compañía de ballet de la ciudad de Nueva York, está montando Swan Lake (El lago de los cisnes) como la próxima producción de la compañía. Muchas de las bailarinas de la compañía aspiran a obtener el papel principal, que anteriormente habría sido, sin género de dudas, para la ex bailarina principal de la compañía, Beth Macintyre (Winona Ryder), antes de su retiro forzoso. Nadie ansía el papel más que Nina Sayers (Natalie Portman), que vive para bailar, tanto que quiere ser exactamente como Beth en todos los aspectos. Nina vive con su dominante y sobreprotectora madre, Erica Sayers (Barbara Hershey), una ex bailarina que ahora vive indirectamente, a través de su hija, todo lo que ella no pudo conseguir como bailarina. Nina es una bailarina técnicamente competente y trabajadora que puede captar fácilmente la esencia del inocente cisne blanco, pero Thomas no cree que tenga la oscura pasión necesaria para representar al cisne negro. Una reacción inesperada de Nina convence a Thomas de que Nina puede tener lo que se necesita y le adjudica el papel, al tiempo que presiona a la chica para que saque al exterior esa pasión que él está convencido lleva dentro. Nina siente que su nuevo lugar en la compañía está amenazado por Lily (Mila Kunis), una bailarina recién llegada a la compañía desde San Francisco. Lily es más floja en todos los aspectos de su arte que Nina, aunque abarca mejor la esencia del cisne negro. Pero como Nina cree que Lily es para ella lo que ella misma fue para Beth, está dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para ser perfecta, tanto en el cisne blanco como en el cisne negro, algo que acabará teniendo graves consecuencias emocionales para ella.


Es la historia de una transformación o, más bien de una evolución. Nina es una niña, a pesar de su edad, en buena parte porque su madre la tiene entre algodones y no la deja madurar. La joven se enfrenta a un grave dilema para el que no está en absoluto preparada y es que el papel que se le ofrece en la representación de la nueva obra, requiere que interprete dos personajes bien diferente, el cisne blanco, para el que está de sobra preparada, representa la dulzura, la candidez, la inocencia y el cisne negro, precisa dejar aflorar el lado oscuro, la maldad, lo perverso que en mayor o menor medida escondemos todos dentro, algo que a Nina le resulta imposible.
Además, su madre, al ver lo que le afecta el papel que está preparando, la agobia y pretende que renuncie, quiere que siga siendo su niña. Mientras, el director de la compañía, la presiona para que deje aflorar su lado oscuro y así poder dar credibilidad a su interpretación del cisne negro. Esta dicotomía, este querer contentar a las dos personas que la presionan en sentidos distintos y el afán de conjugar las dos personalidades que se le piden para interpretar a ambos cisnes, darán lugar a la tragedia de Nina.


Darren Aronofsky, que llevaba muchos años dando vueltas al proyecto, consigue aquí altos grados de perfección técnica y artística y de una historia aparentemente sencilla, el afán de una bailarina por conseguir el papel de su vida, saca una historia compleja de intriga psicológica cargada de tensión y plagada de simbolismo que no siempre es fácil de apreciar. Estos símbolos, que van marcando la transformación de la protagonista y su transición forzada y apresurada desde la infancia a la vida adulta, son los que dan altura a la narración que de no ser por estos, resultaría demasiado simple.
Buenas interpretaciones, imágenes bellas y plásticas y el retrato del duro mundo de la danza, exquisito por fuera, pero que encierra una lucha constante e incluso odios y envidias por dentro, para una película que no todos entenderán, al menos a la primera.