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miércoles, 1 de abril de 2026

CAMPO DE THIAROYE

 


Un grupo expedicionario de fusileros senegaleses que había luchado en el ejército francés durante la II Guerra Mundial, regresa a Dakar. Reunidos en el campamento militar de Thiaroye, esperan el pago de los salarios y la indemnización prometida por la administración colonial francesa. Pronto, los soldados se dan cuenta de que son tratados con desprecio, alojados en condiciones degradantes y, sobre todo, privados de lo que les corresponde, ya que las autoridades intentan pagarles una suma irrisoria en comparación con la que reciben los soldados franceses. A pesar de sus demandas pacíficas y legítimas, el diálogo se deteriora. Las tensiones aumentan entre los fusileros y el ejército colonial. La situación se torna trágica cuando las autoridades francesas deciden reprimir violentamente las protestas. Treinta y cinco tirailleurs senegaleses fueron sacrificados y muchos más heridos cuando el ejército francés reprimió a sangre y fuego una revuelta pacifica.


Basada en hechos reales, el senegalés Ousmane Sembène, considerado el padre del cine africano, narra una de las mayores vergüenzas de los últimos años del periodo colonial francés en África. 
Tomados prisioneros después de la derrota de mayo-junio de 1940, los tirailleurs generalmente fueron encarcelados en Francia en Frontstalags, e inicialmente fueron custodiados por los nazis y más tarde, tras la prolongación del conflicto en el frente oriental, por sus propios oficiales franceses, hecho que muchas veces se vivió como una humillación. 


Tras la liberación del territorio metropolitano, los tirailleurs fueron desmovilizados y hubo que organizar su repatriación a África. Un primer barco saldría de Bretaña con un contingente de tirailleurs africanos a bordo. Sin embargo, más de 300 de ellos se negaron a embarcar hasta que recibieron parte de su salario atrasado. Esta negativa marcó la primera movilización de los tirailleurs contra lo que consideraban una injusticia. Las normas estipulaban que una cuarta parte del salario debía pagarse en el momento del embarque y el resto en Dakar en el momento de la desmovilización. Los tirailleurs que aceptaron embarcar, que los diversos informes estiman entre 1.200 y 1.600, llegaron a Dakar el 21 de noviembre, siendo llevados al campamento militar de Thiaroye, donde se suponía que esperarían su desmovilización antes de regresar a sus hogares en África Occidental. Más de 500 de ellos tenían que subir a un tren a Bamako el 27 de noviembre. Sin embargo, los pagos se retrasaron y se negaron a abandonar su campamento hasta que les pagaran, por temor a que nunca recibirían el dinero una vez que se dispersaran en sus pueblos. Al día siguiente, el comandante general de la División Sénégal-Mauritanie, Marcel Dagnan, el oficial de más alto rango presente ese día en Dakar, fue a Thiaroye. En su informe del 5 de diciembre, indicó que estuvo a punto de ser tomado como rehén por los tirailleurs del campamento. No existe en los archivos ningún documento que sustente esta afirmación y que pueda ser entendida como una justificación de la masacre.


Durante décadas, el Ejército francés justificó la matanza en esta excolonia francesa, alegando que fue en respuesta a un "motín". En 2012, el entonces mandatario francés, François Hollande, se refirió a una "sangrienta represión". Pero, finalmente, el 28 de noviembre de 2024, el presidente Emmanuel Macron reconoció en una carta a las autoridades senegalesas que el horrible suceso ocurrido en Thiaroye en 1944 fue, en efecto, una masacre. 
La película no se distribuyó en Francia, a pesar de que había sido preseleccionada para el Festival de Cine de Cannes y había ganado un premio especial en el Festival de Cine de Venecia. 
El film establece una comparación visual directa con los campos de internamiento nazis, precisamente contra lo que habían ido a luchar los senegaleses a Europa y, claramente, ilustra los vínculos intrínsecos del colonialismo con el racismo y el totalitarismo.




miércoles, 25 de marzo de 2026

EL CUARENTA Y UNO

 


Un destacamento del Ejército Rojo, liderado por el comisario Yevsyukov (Nikolay Kryuchkov), se retira desde el mar Caspio hasta las arenas del Karakorum, entre ellos la mejor tiradora del destacamento, Maryutka (Izolda Izvitskaya). En el trayecto se cruzan con  una caravana en la que viaja el teniente del Ejército Blanco Govorukha-Otrok (Oleg Strizhenov), portador de un mensaje oral para el estado mayor de sus tropas, al que toman como prisionero. Los supervivientes de la travesía del desierto llegan a la costa del mar de Aral, donde María, Govorukha-Otrok y dos soldados embarcan para intentar cruzarlo, mientras el resto de sus compañeros seguirán el viaje por tierra bordeando el mar. Los dos soldados del Ejército Rojo mueren durante una tormenta, y María y el teniente quedan solos en una isla.


El guion adapta una novela del escritor y dramaturgo ruso Boris Lavrenyov, que ya había sido llevada a la pantalla en versión muda en 1927.


Grigori Chukhrai lleva a la pantalla esta singular historia en la que el amor y los ideales políticos se enfrentan en esta especie de drama romántico que vive la pareja protagonista. En tanto viven inmersos en el conflicto bélico que asola al país, son enemigos, pero cuando, como nuevos robinsones, quedan aislados, las diferencias ideológicas quedan aparcadas y se abandonan a la intensa pasión de dos jóvenes que descubren el lado humano del otro. 
El film hace gala de una fotografía que tiene algo de pictórica, con muchos primeros planos de los rostros de los soldados soviéticos que remarcan el sufrimiento de la dura travesía del desierto y en la que también se reflejan algunas circunstancias que acompañan a la narración principal, como el menosprecio con que tratan a los kazajos ambos ejércitos, mostrándose superiores a ellos.
Un film que alterna los momentos emocionantes con otros conmovedores, la crudeza de algunas secuencias, con otras que tienen algo de poéticas.
 



lunes, 23 de marzo de 2026

LA BALADA DEL SOLDADO

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven soldado Alyosha (Vladimir Ivashov), de apenas 19 años, va a ser propuesto para recibir una medalla como recompensa por un acto heroico en el frente. En lugar de esta distinción, pide unos días de permiso para visitar a su madre y reparar el techo de su casa. En el tren rumbo al este, conoce a Shura (Zhanna Prokhorenko), una joven que se dirige a casa de su tía. Durante esos pocos días de viaje, vivirán su breve historia de amor.


Tras la muerte de Stalin, la URSS vivió una especie de apertura (entre comillas) que no duró mucho, pues aquello se fue matizando para no dejar demasiado suelto al personal. Este breve periodo se notó en algunas obras artísticas, cine incluído, que aprovecharon la situación para poder expresarse en un lenguaje hasta entonces impensable. 
Esta no es una clásica película bélica que exalte al héroe y en el que la valentía quede patente, tampoco lo es en el plano visual, no hay grandes despliegues bélicos. Lo que aquí vemos es un héroe que está muerto de miedo, según propia confesión y que ante la cercanía irremediable de la muerte, ya con todo perdido, se enfrenta él solo a los tanques enemigos inutilizando un par de ellos, incluso la secuencia de todo esto resulta bastante cutrecilla, porque este no es el asunto que preocupa a Grigori Chukhrai. El asunto central arranca a partir de aquí, lo visto hasta entonces es mera excusa para que el soldado emprenda su viaje en el que veremos toda la tragedia de la guerra sobre la población civil y la historia romántica entre Alyosha y Shura, su aproximación, su progresivo enamoramiento, una amor en el que ni siquiera tienen tiempo para darse un beso, porque antes de que fragüe, han de separarse y todo queda en el imaginario de lo que pudo ser y no fue. 
Pero hay mucho más, porque en el camino surgen historias paralelas mediante las que el realizador nos va describiendo situaciones hasta entonces nunca reflejadas en el cine soviético: La prostitución, la corrupción, la ayuda americana o la desesperanza de la gente ante las penurias, entre otras cosas. Todo ello con algún que otro sutil toque de humor e ironía, además de una fotografía fascinante, escenas perfectamente planificadas, un ritmo de lo más adecuado y un lenguaje cinematográfico que no excluye el componente poético en muchas de las imágenes que se nos muestran. Da la impresión de que absolutamente todo en la película está pensado para destacar, por encima de otras consideraciones, un canto a los seres anónimos, exaltando sus virtudes, pero señalando sus defectos, hasta el hecho de que en ningún momento se nos hable de un soldado soviético y sí de un soldado ruso, parece querer dejar de lado las ideologías para centrarse en las personas.


Con su poética imaginería visual, la película de Grigori Chukhrai, es una reflexión poco convencional sobre los efectos de la guerra, estando considerada como un hito en el cine ruso.




viernes, 20 de marzo de 2026

LA ASCENSIÓN

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, dos partisanos soviéticos van a una aldea bielorrusa en busca de comida. Tras un prolongado tiroteo en la nieve, en el que uno de los alemanes muere, los dos hombres escapan, pero Sotnikov (Boris Plotnikov) recibe un disparo en la pierna. Rybak (Vladimir Gostyukhin) debe llevarlo al refugio más cercano, la casa de Demchikha (Lyudmila Polyakova), madre de tres niños pequeños. Sin embargo, son descubiertos y capturados.


El guion adapta la novela Sotnikov, del escritor bielorruso Vasili Bykov, publicada en 1970 y posteriormente reeditada con el título de Liquidación. 
Dirigida por la malograda realizadora soviética nacida en Ucrania Larisa Shepitko, fue galardonada con el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 1977.


Tras mostrarnos las penurias de la población en general y los partisanos en particular, escasos de comida, con armamento precario y sin apenas municiones, moviéndose por interminables superficies nevadas, sometidos a los elementos naturales y a la persecución constante del enemigo, la película nos traslada a la peripecia particular de los dos soldados apresados por los alemanes, al igual que los tres civiles que les acompañan: Una niña, un anciano y la joven madre en cuya casa se refugiaron.
Cuando los protagonistas se enfrentan a la tortura, cada uno debe elegir entre la lealtad y la confesión, callar o delatar, en una prueba espiritual que eleva el drama terrenal de la película al plano de la alegoría religiosa con tintes místicos, temas muy arraigados en la iconografía cercana al cristianismo, inaceptables en películas bélicas soviéticas en las cuales el patriotismo y el heroísmo debían prevalecer, cuando Shepitko lo que pretendía era, sencillamente, llevar a la pantalla las cuestiones morales y éticas que consideraba universales y esenciales del ser humano. De hecho hay una escena que no podía ser más metafórica, parece una recreación de la ascensión al Gólgota. 
Por fortuna, la realizadora contó con valedores para sacar adelante esta película que narra los horrores de la guerra desde una perspectiva diferente, áspera, dura y muy emotiva.




miércoles, 1 de octubre de 2025

EL GRAN DESFILE

 


Jim (John Gilbert) es un niño rico que nunca ha trabajado. Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, Jim, presionado por su novia, se alista junto a otros dos jóvenes, Bull (Tom O'Brien) y Slim (Karl Dane). Cuando llegan a Francia se dan cuenta de que la guerra no es lo que esperaban.


Dirigida por King Vidor, fue la película más taquillera de la Metro, hasta Lo que el viento se llevó.
La historia tiene dos vertientes, si se quiere bastante diferentes entre sí, por un lado la historia romántica que transcurre en la retaguardia, cuando el protagonista se enamora de una joven francesa, y la parte puramente bélica. Ambas están bastante bien hilvanadas y esa es una de las razones por las que el film obtuvo tanto éxito en su momento.


En cuanto a película de guerra, es bastante atípica para la época, no es que sea declaradamente antibelicista, aunque tenga algunos pasajes en que critica explícitamente el sinsentido de la guerra, pero tampoco es, ni mucho menos, un film propagandístico ni que se dedique a exaltar el espíritu guerrero. Vidor opta por el camino intermedio que da como resultado una visión bastante realista de lo que puede ser verse inmerso en un conflicto armado para un soldado cualquiera. En primer lugar, destacando la desaparición de las fronteras sociales, una vez enfundado en el uniforme, nada distingue al noble del plebeyo, desaparecen los privilegios de clase y comienza la dura realidad. Lejos de la épica del combate, en esa primera parte del film, vemos la dura vida del soldado en la que transcurre la mayor parte del tiempo que pasará en el ejército: Dormir en establos que previamente hay que sanear, comer donde y como se puede, lavar la ropa en un río o en cualquier lugar donde pueda encontrarse agua, igual sucede con el aseo personal. Sacrificio, trabajo duro y repetitivo y poco brillo en el día a día. 
La parte bélica está muy bien concebida, los combates transcurren en parte por la noche, si bien se mira, con el juego de luces y sombra y el magnífico empleo de los efectos especiales, podemos presenciar bombardeos aéreos, por ejemplo, sin necesidad de ver aviones, basta con el estallido y el resplandor de las bombas. La tensión y el peligro están muy bien conseguidos igual que ocurre con las espléndidas escenas del final, una vez que Jim ha regresado, tremendamente evocadoras que sugieren al espectador la dureza del retorno a casa con las secuelas del conflicto en el cuerpo y la memoria de la tragedia vivida y las vidas perdidas en la cabeza. La vida y la forma de verla de Jim, ya no será la misma nunca más. 
Esto lo hemos visto en unas cuantas películas posteriores, la desmitificación de la guerra, donde no hay héroes, sino supervivientes en el mejor de los casos, films que posiblemente superen a este, pero King Vidor fue el primero que lo hizo y en tantas películas bélicas que se han sucedido y que el aficionado guarda en su memoria por lo bien que está plasmada esa otra cara de la guerra, está la huella que dejó este film.




lunes, 29 de septiembre de 2025

ALAS

 


Dos jóvenes del mismo pueblo pero de diferentes clases sociales terminan como pilotos de combate en la Primera Guerra Mundial. Jack Preston (Charles "Buddy" Rogers) es un entusiasta mecánico de automóviles que repara y modifica coches. David Armstrong (Richard Arlen) proviene de una familia adinerada. Ambos están enamorados de la misma mujer, Sylvia Lewis (Jobyna Ralston). Su corazón pertenece a David, pero no se lo dice a Jack. Mientras tanto, la vecina de Jack, Mary Preston (Clara Bow), está profundamente enamorada de él, pero él solo la ve como una amiga. La Primera Guerra Mundial interrumpe los enredos románticos cuando Jack y David se alistan en el Servicio Aéreo del Ejército de los EE. UU. Inicialmente son enemigos acérrimos, debido a que ambos compiten por el afecto de Sylvia. Sin embargo, con el tiempo se convierten en muy buenos amigos. Ambos son destinados al mismo escuadrón de combate en Francia, donde ser piloto de combate significa que cada día podría ser fácilmente el último.


La película tiene un lugar propio en la historia del cine, al ser la primera película que ganó el Oscar a la Mejor Película (entonces llamada Mejor Producción) en el año de creación de los premios y la única película muda en conseguirlo. Además supuso el debut cinematográfico de Gary Cooper, con una aparición de apenas dos minutos. El film cuenta con miles de figurantes, casi todos pertenecientes al ejército y, por primera vez, se filma a actores en vuelo con cámaras fijadas en los aviones. 
Fue también la primera película en que participó la legendaria diseñadora de vestuario Edith Head.


Impresionantes escenas aéreas y secuencias de combates en el aire, además de tomas que inspirarían secuencias similares en el futuro, como el novedoso plano general aéreo sobre las mesas en el club nocturno, pasando entre los clientes como si la cámara flotara entre ellos, en esta historia en que se mezclan la épica, la amistad y el melodrama romántico sabiamente dirigida por William A. Wellman que, además tenía experiencia al haber sido piloto de combate en la I Guerra Mundial, dentro del Grupo Aéreo Lafayette de la Legión Extranjera y se basó en parte en sus propias experiencias.




miércoles, 30 de julio de 2025

LOS DESESPERADOS

 


En Hungría, a mediados del siglo XIX, el movimiento nacional liderado por Kossuth ha sido aplastado y se ha restablecido la hegemonía austriaca, pero los partisanos prosiguen sus acciones violentas. Para erradicar a la guerrilla, el ejército acorrala a los sospechosos y los encarcela en un fuerte aislado. Las autoridades desconocen la identidad de los líderes, quienes se supone que se encuentran entre los prisioneros. Sin embargo, saben lo suficiente sobre algunos de los sospechosos como para aplicar pérfidas formas de coerción con eficacia.


Jinetes a caballo cruzando la pantalla, tropas en orden cerrado, un desmesurado número de prisioneros movidos de un lado a otro como si fueran bestias, una cárcel en medio de la nada con sus inmaculadas paredes encaladas de un blanco refulgente y, como fondo, la inmensa llanura magiar. ¿Dónde escapar aunque se pueda si cualquiera de los carceleros puede verte a kilómetros de distancia en la planicie? Miklós Jancsó sigue utilizando algunas de las constantes de su cine: los planos secuencia, la amplitud de campo, las masas desplazándose y esa precisión en el movimiento de cámara perfectamente estudiado y planificado.


Es una película algo críptica y la repetición de las situaciones, puede llegar a resultar tediosa para algunos espectadores, pero no deja de ser un recurso para mostrar lo que pretende el realizador húngaro: la crueldad del hombre, la desesperanza de los oprimidos. 
La lectura en clave política es ineludible, Jancsó se vale de acontecimientos ocurridos en su país bajo el reinado de Francisco José I, que primero sometió a los húngaros anexionándolos a Austria y después formalizó lo que se conoció como la monarquía dual, como una metáfora de los acontecimientos de 1956, aquel llamado socialismo con rostro humano que tanto asustó al poder soviético y que acabó con detenciones, torturas, sangre y los tanques soviéticos en la calles de Budapest. La crítica a la policía y al ejército como brazo armado y represor del poder, avasallando y torturando a los campesinos, está presente en toda la película.




lunes, 28 de julio de 2025

LOS ROJOS Y LOS BLANCOS

 


Frontera rusa cerca del Volga durante la Primera Guerra Mundial. Los Blancos zaristas se enfrentan a los Rojos bolcheviques, que son apoyados por voluntarios húngaros. En la inmensa planicie se produce la caza del hombre, la ejecución de prisioneros, incluso de heridos, los caballos en desbandada...


La película fue es una coproducción húngaro-soviética que pretendía celebrar el quincuagésimo aniversario de la Revolución de Octubre rusa de 1917. Los preparativos comenzaron en 1966 y para la parte soviética, incluso cuando se estaba escribiendo el guion, era cada vez más evidente que no obtendrían la película heroica y laudatoria que la política cultural oficial esperaba. El entonces director de MAFILM (el estudio cinematográfico más grande e importante de Hungría), István Nemeskürty, defendió al director y su visión artística. La parte húngara también insistió en que se asignaran puestos clave en el equipo a húngaros. El estilo único de Miklós Jancsó requería un método de trabajo especial, algo nuevo para los participantes rusos. La parte húngara también estipuló que el material filmado se revelaría en Hungría y que la película se montaría allí. Las escenas exteriores se filmaron en los alrededores de Kostromá, en la actual Rusia europea, a orillas del río Volga. Finalmente, se realizaron dos versiones durante la posproducción. La versión soviética, mucho más corta, eliminó las escenas más violentas y con desnudos.


Planos generales, escenas multitudinarias, paisaje infinito, jinetes al galope, los habituales planos-secuencia de Jancsó, están presentes en esta particular parábola antibelicista de desarrollo que puede resultar confuso, deliberadamente buscado por el realizador magiar, pues al fin y al cabo, la guerra lo es y dependiendo de la situación, la línea del frente se vuelve aún más peligrosa precisamente por la confusión. Los personajes aparecen y desaparecen sin que tengamos la posibilidad de familiarizarnos con ellos y los violentos de ahora pasan a ser los violentados en la secuencia siguiente, de manera que lo que vemos es lo que se pretende que veamos, que todos son parecidos y que en ambos bandos hay gente que mantiene unas mínimas reglas y otros que se dejan llevar por una crueldad insensata.
Una manera diferente de hablarnos de la violencia humana dejando de lado efectismos y centrándose en lo absurdo de los comportamientos que una y otra vez repetimos a lo largo de la historia.




viernes, 25 de abril de 2025

EUROPA

 


Tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Leo Kessler (Jean-Marc Barr), un joven americano de origen alemán, se traslada a Alemania, donde su tío le ha conseguido un empleo como revisor de coche cama en la compañía de ferrocarriles Zentropa, en la que él mismo trabaja. Su trabajo le permitirá viajar, fascinado, por un país destruido por la guerra; pero también tendrá que enfrentarse poco a poco a los horrores de la barbarie nazi. Tratará de mantenerse neutral en un país dividido, pero, tras enamorarse de la hija del magnate ferroviario, descubre que no puede permanecer al margen y debe tomar decisiones difíciles.


Hay quien dice que en este film, Lars von Trier supedita la historia a la grandiosidad de las imágenes y, en su intento de crear una nueva forma de cine, la historia queda como un elemento secundario. Una historia en la que el protagonista se ve arrastrado lentamente a la vergüenza y la culpa de toda una nación.


El film es la manera en que el maestro danés nos acerca a la inmediata postguerra y, a través de numerosos metáforas nos va narrando, de manera que llega a resultar hipnótica, nada menos que la realidad, al menos la realidad que él se representa. El mismo tren es la primera de las metáforas, unos vagones que van sin rumbo claro, a los que a veces se cambia el cartel con el destino en el último momento; o la prohibición absoluta de abrir las cortinas, para no ver lo que sucede, algo que, como se nos ha repetido tantas veces, hicieron los propios alemanes que prefirieron ignorar la realidad de lo que estaba ocurriendo o acababa de ocurrir; o la hipócrita actuación de las potencias de ocupación que blanquearon la colaboración con los nazis de grandes magnates con la excusa de que su participación era imprescindible para la reconstrucción de un país devastado. 
¿Pretenciosa?, seguramente, pero para quien sepa desentrañar su mensaje, muy ilustrativa.




jueves, 10 de abril de 2025

LA VERGÜENZA

 


Huyendo de la guerra civil que asola su país, Jan (Max von Sydow) y Eva Rosenberg (Liv Ullmann), dos músicos, se van a vivir a una isla, completamente apartados del mundo. Llevan una vida sencilla y apacible, cuidando gallinas y conejos y cultivando su invernadero, lo que les da para autoabastecerse y vender una parte para obtener ingresos adicionales. Hasta que un día llegan unos soldados y todo cambia radicalmente. La pareja es arrestada bajo la acusación de colaborar con las fuerzas rebeldes. Aunque son puestos en libertad cuando se demuestra que la acusación se sustenta en un montaje, nada volverá a ser igual.


La situación de la pareja protagonista que, en principio, parece idílica en la granja donde habitan, acabará siendo afectada por la guerra y se verán envueltos en su propio conflicto y es que por mucho que quieras mantenerte neutral, incluso lejano, cuando la acción armada llega a tus puertas, ya puedes esconderte como quieras que la propia guerra te va a devorar y, seguramente, a cambiar, no solo tu vida, sino también como persona.


Con un escueto reparto, el film consigue imbuirnos de toda la tragedia, la fealdad, la injusticia y el miedo que provoca la guerra, sin necesidad de mostrar combates o un gran despliegue de efectos (aunque los hay también). Las guerras destapan a los héroes, pero también dejan al descubierto lo peor de la naturaleza humana y eso lo retrata el film a la perfección.
La película fue tanto el análisis de Ingmar Bergman del violento legado de la Segunda Guerra Mundial como su mordaz respuesta a la escalada del conflicto en Vietnam.




viernes, 22 de noviembre de 2024

LEPA SELA LEPO GORE

 


Dos jóvenes, Halil (Nikola Pejakovic), bosnio musulmán, y Milan (Dragan Bjelogrlic), serbio, han crecido juntos cerca de un túnel desierto que une las ciudades yugoslavas de Belgrado y Zagreb. Nunca se atreven a entrar, ya que creen que allí reside un ogro. Doce años después, durante la guerra civil de Bosnia, Milan está atrapado en el túnel con su unidad, y Halil está entre los sitiadores. En el hospital militar de Belgrado, Milan, que se recupera de sus graves heridas, recuerda aquellos años de la infancia, antes de que la guerra de Bosnia rompiera el juramento de amistad eterna entre los dos niños.


Una película etiquetada por algunos como propaganda serbia, que rememora un hecho real ocurrido en tiempos de guerra, cuando siete miembros de la 3.ª compañía del batallón "Drina" recibieron la misión de proteger el puente que se encuentra fuera del túnel de Brodar, cerca de Visegrad (Bosnia-Herzegovina), en septiembre de 1992. El cuarto día de guardia, las fuerzas bosnias los obligaron a entrar en el túnel, donde quedaron atrapados los siguientes nueve días, durante los cuales tres miembros del grupo murieron, tres lograron escapar y uno se quedó para cubrirlos. Los sitiados fueron atacados cada día y se quedaron sin comida, sin agua y sin radio. La ambulancia que intentaba llevarles ayuda, también fue atacada cerca del túnel, y la joven doctora Stojana Jojović y la enfermera Ljubica Kastratović murieron en el acto. 
El periodista serbio Vanja Bulić, entrevistó a uno de los supervivientes en el hospital de Užice, reconstruyendo esos dramáticos días. Con este material, Bulić escribió un artículo publicado en la revista Duga, que sirvió de base para el guion del film.


Película que comenzó a rodarse incluso antes de que acabase la guerra en territorio de Bosnia. La historia está contemplada desde el punto de vista serbio, aunque el realizador Srdjan Dragojevic, no esconde las atrocidades cometidas desde los dos bandos. Bien ambientado, el film consigue transmitir al espectador la angustia de los cercados dentro del túnel, con gotas de humor negro y mediante flashbacks, nos traslada a los años anteriores a la guerra, por un lado, la infancia de los dos amigos, cuando ni de lejos podría imaginarse lo que iba a sobrevenir años después y, por otro, a los días en que el conflicto estalla y todos los rencores larvados durante años, salen a la luz y las comunidades que mantenían una frágil convivencia durante el mandato de Josip Broz Tito, basada en el silencio primordialmente, se desatan con toda la furia, especialmente entre serbios y musulmanes, provocando verdaderas carnicerías y episodios de crueldad y odio notablemente salvajes.




jueves, 21 de noviembre de 2024

EL CÍRCULO PERFECTO

 


Tras años de asedio, Sarajevo se ha convertido en un verdadero infierno, con bombardeos continuos de artillería y francotiradores apostados en muchos edificios semiderruidos. El poeta Şair Hamza (Mustafa Nadereviç), decide que su esposa e hija se vayan de la ciudad junto a otros cientos de personas, en busca de un lugar seguro, aprovechando una de esas llamadas treguas humanitarias que permitirá salir a algunos civiles de la zona asediada. Tras regresar a casa, se encuentra a dos niños que han perdido a sus padres tras un ataque a sangre y fuego en su pequeño pueblo de los alrededores de la capital. Hamza cuidará de ellos, en la medida de sus posibilidades y tratará de que sean evacuados a Alemania, país al que ha sido enviada una tía de los dos hermanos, único familiar que les queda, una tarea que se antoja poco menos que imposible.


Leía yo comentarios sobre este film de 1997, escritos a finales del pasado siglo y principios de este, por espectadores que habían presenciado la película y en algunos de ellos, se hablaba de que bien pronto habíamos olvidado que en Europa acabábamos de vivir una cruenta guerra. Algo que, sin duda, a los europeos nos llenó de estupor después de tantos años sin conflictos armados a nuestras puertas, las guerras nos parecían cosa de otras partes alejadas de nuestro planeta. De manera subliminal, se dejaba entrever en dichos comentarios, que menos mal que todo aquello había pasado y que se esperaba otro largo periodo de paz en el viejo continente. Una amarga sonrisa asomó en mi rostro: Hace bien poco, el sátrapa ruso se encargó de recordarnos, que paz, lo que es paz, tampoco la habrá para nosotros, los privilegiados del mundo que creíamos haber alejado de nuestro entorno la palabra guerra.


Sarajevo se convierte en el escenario de este film de Ademir Kenovic, un escenario real, ya que se rueda en sus calles aún devastadas, cuando todavía no ha llegado el momento de la reconstrucción, así que ningún entorno podría haber reflejado mejor lo que el autor bosnio quiere trasladarnos, que no es otra cosa que el horror de la guerra. 
Lo hace a través de las penurias diarias de los inocentes: civiles, ancianos, mujeres y niños que sobreviven malamente con las balas silbando sobre sus cabezas y las bombas destruyendo sus hogares o a ellos mismos, buscando agua y comida cada día y sin posibilidad de escapar, pues las vías de evacuación están cortadas. Los dos hermanos, el mayor de ellos sordomudo, el maduro poeta y un perro que ha sido herido y dejado inútil de sus patas traseras por un francotirador, son los personajes principales de la historia. 
Pero Kenovic no se regodea en el drama, el poeta y los huérfanos, tienen sus momentos de aventura y diversión (esta palabra seguramente no es la más adecuada) dentro del drama y queda también patente la solidaridad entre los desamparados, la ayuda que se prestan y cómo tratan de superar la dureza de los acontecimientos a base de animarse unos a otros y de tratar de seguir con vida sea como sea. 
Una película muy triste, como lo es la guerra misma, con un final realmente desgarrador.




miércoles, 20 de noviembre de 2024

EN TIERRA DE NADIE

 


Guerra de Bosnia, 1993. Dos soldados de bandos distintos, un bosnio y un serbio, se encuentran atrapados entre las líneas enemigas, en tierra de nadie. Un sargento de los cascos azules de las Naciones Unidas se dispone a ayudarlos contraviniendo las órdenes de sus superiores, pues hay un tercer soldado herido, tendido en el suelo, que tiene debajo una mina antipersona que estallará al menor movimiento. Los medios de comunicación no tardan en convertir el asunto en un show mediático de carácter internacional. Mientras la tensión bélica crece y la prensa espera pacientemente nuevas noticias, los dos soldados intentarán por todos los medios salir con vida de tal situación.


Galardonada con el Oscar a la Mejor Película en habla no inglesa en 2001, con el argumento de que equiparaba a agredido y agresor, la película no fue del todo bien recibida, ni comprendida en el territorio de la antigua Yugoslavia, aún con la guerra recién acabada y todas las heridas abiertas. Sin embargo, hay que poner en valor que ya en aquel lejano 2001, además de representar la inutilidad e ironía de la guerra, es una llamada abierta a la reconciliación. 
Danis Tanovic, realizador y guionista del film, plantea la guerra como un círculo vicioso del que resulta imposible salir convida. Un asunto en el que los culpables no son solamente los contendientes, sino también quienes teniendo los medios para imponer un poco de cordura, vuelven el rostro hacia otra parte, como esperando a que las soluciones lleguen solas o a que se maten todos unos a otros y cuando no quede nadie, se acabó el problema; o los medios de comunicación, que tampoco salen bien parados de la crítica que la película plantea hacia sus métodos de buscar, más que la noticia, el sensacionalismo.


Los personajes son meros títeres en manos de las ideologías, la política y los postulados, a veces irracionales, de los nacionalismos. A pesar de lo terrible del argumento y aunque parezca un contrasentido, Tanovic consigue que, en algunos momentos nos parezca estar contemplando una comedia, eso sí, con tono de esperpento, sin perder de vista la seriedad del asunto que trata, ironizando y burlándose abiertamente de la guerra al mismo tiempo que la condena por absurda y cruel.