Oso (Julio Chávez) nunca ha superado la separación de su esposa e hija después de haber sido condenado por robo a mano armada y homicidio y enviado a prisión. Ahora, tras siete años de cárcel, está en libertad condicional, para conseguir por fin su parte del dinero y reunirse con su familia o, al menos, reparar el daño causado.
Oso ha perdido el afecto de Natalia (Soledad Villamil), su esposa, que ahora vive con otro hombre, un obrero sin trabajo y adicto al juego. Su pequeña hija Alicia (Agostina Lage), que tenía un año cuando ingresó en prisión, apenas lo recuerda, pero él está dispuesto a recuperarla y a reparar los daños causados tras años de ausencia, pues la familia está en apuros económicos. Decide entonces proteger a su hija sin abandonar el mundo del delito.
La película nos habla de un hombre marginal y justiciero que parece destinado a un final violento y trágico, en el entorno duro de un suburbio de Buenos Aires, con boliches (bares) poblados de gente dudosa, entorno deprimente, gente bebiendo mate a todas horas, calles peligrosas y plagadas de delincuentes, y Oso caminando cual vaquero urbano, presto a apretar el gatillo de su revólver al menor movimiento extraño. La periferia de Buenos Aires como lugar de marginalidad y desesperanza.
El uruguayo Israel Adrián Caetano, sabe imprimir ritmo y sabor a un relato emocionante y que mantiene la atención del espectador. El retrato de la barbarie, fruto de la decadencia y la impunidad, de un submundo en el que, aunque haya leyes, están en manos de personas corruptas y el contexto resulta irrespirable.





















