viernes, 9 de octubre de 2026

LÉON MORIN, SACERDOTE

 


Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En una pequeña ciudad francesa vive Barny (Emmanuelle Riva), una joven viuda que trabaja corrigiendo pruebas en una academia por correspondencia (no hagan caso de lo que dicen muchas reseñas de que trabaja en Correos). Ella y su hija sufren los rigores de la guerra y para evitar la deportación de la niña, hija de padre judío, la envía al campo. A pesar de considerarse atea, para proteger a la niña decide bautizarla y elige al sacerdote Léon Morin (Jean-Paul Belmondo) para tratar con él temas relacionados con la religión y el catolicismo, y Léon le presta libros. Barny se convierte al catolicismo y se acerca más a Léon, sintiendo un deseo no correspondido por él.


Basada en la novela Léon Morin, prêtre (Premio Goncourt 1952), de la escritora belga en lengua francesa Béatrix Beck, secretaria de André Gide, que fue quien la animó a plasmar sobre el papel sus experiencias, entre otras, la pérdida de su esposo, un judío apátrida, víctima del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
La propia autora de la novela criticó el hecho de que Melville hubiera hecho una obra comercial, entretenida y para todos los públicos, sin profundizar en los sentimientos del personaje principal, que en la novela muestra con más intensidad su amor por el sacerdote. Por su parte, Melville comentó que, al dirigir esta película, se propuso demostrar que no era un director de filmes para ser disfrutados por un círculo de entendidos y cinéfilos, y que podía atraer a un público más amplio.


Aunque no fue un éxito rotundo (A pesar de su triunfo en el XXII Festival de Venecia), la película destaca por sus interpretaciones, su montaje e ingeniosos encuadres, y su evocadora representación de la ocupación francesa. La guerra se ve como algo tangencial, pero vemos a alemanes e italianos que ocupan la localidad o a los norteamericanos que acaban liberándola (por cierto, no quedan muy bien parados), además de hacer referencia a temas como el de las tondues y otros que tienen que ver con el colaboracionismo, tratados de pasada pero que significan los primeros pasos para que fueran abordados más abiertamente por el cine francés posterior.
El sacerdote es plenamente consciente del poder que ejerce sobre la mujer y Jean-Pierre Melville logra transmitir la cercanía física entre el cura y ella, creando una atmósfera cargada de insinuaciones que es también una lucha moral entre los deseos físicos y las convicciones religiosas. 
La película pone el énfasis en la soledad de las mujeres durante el conflicto, tocando asuntos tan delicados como la homosexualidad femenina o la masturbación. Buena parte de la narración transcurre con escenas subjetivas que cuentan la historia bajo el punto de vista de Barny.
Las conversaciones entre los dos protagonistas resultan de un elevado intimismo, abordando temas como la existencia de Dios o el propio sentido de la vida, y las relaciones entre ambos, en las que el sacerdote mantiene siempre su fidelidad a sus votos, son tratadas con elegancia y madurez, sin soslayar momentos explícitos en cuanto a la atracción que Barny siente por él.
La banda sonora, ecléctica e ingeniosa es obra del pianista de jazz Martial Solal, aunque no tiene nada que ver con este género musical.




jueves, 8 de octubre de 2026

BOB EL JUGADOR

 


Bob (Roger Duchesne), un antiguo ladrón de bancos y jugador compulsivo, está prácticamente en la ruina, por lo que planea un atraco en el casino de Deauville. Como en muchas películas de este género, reúne a un equipo de viejos amigos y nuevos conocidos para llevar a cabo el plan, y está decidido a lograrlo a pesar de tener todo en su contra y de las advertencias de un amigo, comisario de la policía. 


Considerada precursora de la llamada Nueva Ola francesa, la película de Jean-Pierre Melville, trata de fusionar la crudeza del cine de gánsteres estadounidense con la sofisticación francesa. Una especie de comedia costumbrista ambientada en el submundo criminal, retratando con cierto afecto el parisino barrio de Pigalle antes de que se convirtiera en atractivo turístico masificado, cuando aún mafiosos, policías y clientes se cruzaban en sus calles de las que muestra escenas de la vida cotidiana.


El tono general es desenfadado, incluso humorístico en algunos momentos a pesar del ambiente turbio en que se mueven los personajes. La película se ve favorecida por una impresionante fotografía en blanco y negro de Henri Decaë.




miércoles, 7 de octubre de 2026

HERMANOS Y HERMANAS DE LA FAMILIA TODA

 


Tras la muerte del patriarca, los Toda, una familia de clase alta, al tiempo que lamentan la muerte del padre, se enteran de que éste les ha dejado como parte de la herencia, una deuda considerable.


La película, de 1941, es uno de los pocos dramas familiares de clase alta del maestro japonés Yasujiro Ozu. La ambientación doméstica y su composición contribuyen a que sea una de sus obras visualmente más deslumbrantes, con unas cuantas escenas memorables. Recuerdo ahora aquella en que la madre es reprendida duramente por su nuera por haber sido permisiva con su nieto. La abuela asume sumisa la reprimenda, pero mientras tanto, a su lado, su hija Setsuko (Mieko Takamine) contempla en silencio, con el rostro vuelto, cómo su madre es poco menos que ultrajada, en una escena que te parte el alma. 


Se dice de algunos directores que siempre hacen la misma película, seguramente a ningún otro realizador le venga tan bien el comentario como a Yasujiro Ozu, el aficionado en general y a su cinematografía en particular, enseguida reconoce sus películas, sus planos fijos, la cámara a media altura, las sugerentes transiciones, la sencillez de su discurso narrativo, los dramas familiares adobados de un fino sentido del humor rehuyendo en general el melodrama... Sí, Ozu siempre cuenta la misma historia, pero cada vez lo hace de una manera diferente y siempre deslumbrante, emotiva y con un sutil mensaje moral, de manera que casi cualquiera de sus films es de por sí una obra maestra.




martes, 6 de octubre de 2026

LA LÍNEA DE SOMBRA

 


El detective Jonah Gabriel (Chiwetel Ejiofor), un inspector de policía, se incorpora al trabajo después de una operación fallida para extraerle una bala de la cabeza. En su primer día se ve envuelto en una investigación para descubrir quién es el responsable del asesinato de un conocido capo de la droga. Sin embargo, Gabriel no es el único que va tras esa persona, ya que Joseph Bede (Christopher Eccleston), un antiguo socio del traficante fallecido, también busca respuestas. A medida que los dos se adentran más en el misterio, sus mundos se encaminan hacia una inevitable colisión.
Plagada de subtramas en las que los personajes secundarios dejan de serlo para tomar protagonismo por momentos, incluso durante un episodio entero o más. Todos ellos cobran importancia, bien en un momento determinado, bien en diversas fases de la narración, incluso, para algunos, el considerado como protagonista de la historia puede no serlo tanto y sí alguno de los otros, aunque tenga menos presencia en pantalla.
Los giros, simulaciones y tretas del guion para despistar al espectador, también son muy numerosos, en algunos tramos te llegan a confundir por completo, incluso a envolver de tal manera que puedes pensar que has perdido el hilo entre tanto personaje e historias paralelas, para darte cuenta más adelante que no es así, de repente se deshace el embrollo y las cosas se aclaran y vas teniendo claro quién es quién y que ha hecho cada cual.
Además de lo interesante de la historia, su realizador y guionista, el británico Hugo Blick, nos ofrece algunas secuencias realmente conseguidas, planos detalle artísticos y delicados y unos diálogos realmente logrados. 
Una gran serie en la que la línea entre buenos y malos se difumina hasta quedar borrosa, incluso desaparecer por completo.




lunes, 5 de octubre de 2026

EL HIJO ÚNICO

 


Una madre viuda lo da todo desinteresadamente (los ingresos de su trabajo en la fábrica de seda, vende su casa y sus tierras, etc.) para que su hijo pueda educarse y encontrar un empleo digno. Una vez establecido en un modesto puesto de profesor nocturno en Tokio, la madre lo visita y lo encuentra casado y con un bebé pequeño... su nieto. Sus obligaciones familiares y la precaria situación económica de su lugar de residencia han frustrado cualquier ambición.


Primera película sonora de Yasujiro Ozu y posiblemente la más melodramática de sus obras, en la que ya encontramos los rasgos distintivos del estilo del maestro nipón: Narrativa sencilla, sutiles momentos dramáticos y esos planos estáticos que hacen del entorno un elemento importante, al tiempo que nos invitan a conocer los sentimientos de los personajes.


La película trata de transmitir la idea de que un gran hombre no lo es por su posición económica, sino por su comportamiento noble y desinteresado. En un clímax casi agridulce, nos encontramos con una madre esperanzada pero aparentemente abatida en esta hermosa historia que aborda muchos de los temas esenciales de Ozu.




viernes, 2 de octubre de 2026

HISTORIA DE UN VECINDARIO (MEMORIAS DE UN INQUILINO)

 


En el Japón de la postguerra, un hombre encuentra en la calle a un niño perdido y lo lleva a su casa, pero su compañero de habitación se niega en redondo, ya que no le gustan los niños. El problema es que nadie quiere acogerlo, ni siquiera por una noche. Finalmente, lo deja al cuidado de su vecina, la viuda Tane (Chōko Iida), que tampoco quiere involucrarse y trata al niño con desdén. Al día siguiente, la mujer lleva al niño a su pueblo y averigua que el padre se ha marchado de la ciudad y lo ha abandonando. A medida que transcurren los días nada cambia en la relación entre el pequeño y la viuda, hasta que ésta vislumbra que puede que nunca vuelva a ver al niño y la situación da un completo giro.


La primera película rodada por Yasujirō Ozu tras su regreso de la guerra en la que sirvió como soldado. Tras la capitulación, estuvo recluido durante medio año en un campo de prisioneros de guerra británico cerca de Singapur. 
Con un tratamiento sutil y hábil de la historia, Ozu trata de atenuar el sentimentalismo de la narración en la que un niño perdido, poco a poco ablanda la actitud de una mujer de corazón duro, al tiempo que en algunos de sus planos muestra la profunda huella que la guerra ha dejado en su país.


La película resulta conmovedora, con ese estilo poético, con tintes de comedia y siempre agridulce tan propio del gran maestro japonés. 
El reconocido historiador y teórico del cine, el norteamericano David Bordwell, comentó al hablar de esta película poco conocida que, aunque Ozu hubiera hecho solo está película en toda su vida, tendría que ser reconocido como uno de los grandes directores de todos los tiempos. 
Un film engañosamente simple en su argumento hasta que uno se da cuenta de su singularidad, con un explícito mensaje final, moralizante si se quiere, contra el egoísmo humano y en pro de la solidaridad entre personas.




jueves, 1 de octubre de 2026

HABÍA UN PADRE

 


En una ciudad provinciana, un profesor viudo lleva una vida modesta en compañía de su único hijo. Cuando en un viaje escolar, un alumno se ahoga en un lago, él asume la responsabilidad del accidente y dimite. Decide entonces abandonar la ciudad y trasladarse a su pueblo natal. Durante el viaje, padre e hijo discuten sobre el futuro y entre ellos se establece una relación al mismo tiempo cercana y distante. Un día el padre le anuncia que tiene la intención de mandarlo a estudiar a un internado. Años más tarde, el padre trabaja en Tokio y el hijo es maestro, pasarán unos días juntos que para el hijo serán los más felices de su vida.


Con una narrativa muy simple, la película gira alrededor de uno de los temas recurrentes en el cine de Yasujirō Ozu: La comunicación, a veces complicada, en este caso entre un padre y un hijo.


El film cuenta con una cierta abundancia de tomas estáticas, prácticamente verdaderas postales, con escenas muy expresivas que muestran matices de amor y respeto, no solo del hijo al padre, sino de los alumnos hacia los maestros. De discurrir tranquilo y sutil, todas las características del cine de Ozu, están ya presentes en este film de 1942.