La arqueóloga Louise Cantor se encuentra en Grecia cuando el periodo de excavaciones está a punto de finalizar, por lo que viaja a Estocolmo para sorprender a su hijo Henrik. Lo encuentra muerto en su apartamento. La policía afirma que se quitó la vida ingiriendo una gran cantidad de somníferos, pero Louise tiene dudas. Estas dudas la impulsan a buscar la verdad, pero la muerte de su hijo también abre puertas insalvables. Louise pronto se da cuenta de que ella también está en peligro.
El libro de Henning Mankell, es una mezcla de suspense, psicología y mucha crítica social, nos habla del SIDA, de las contradicciones de África, los abusos de los blancos y establece una teoría conspirativa sobre cómo trabajan las compañías farmacéuticas en sus investigaciones.
En su búsqueda de la verdad sobre la muerte de su hijo, la protagonista emprende un periplo que la lleva a viajar por medio mundo (Sidney, Barcelona, Madrid, Maputo, Compenhague, Estocolmo...), con lo que la novela se llega a hacer un tanto pesada con tantas idas y venidas, además abusa de las coincidencias y de los giros interesados (cuando le parece, Louise desconoce muchas cosas sobre la vida de su hijo y, otras veces, parece que es una persona muy intuitiva que descubre cosas por impulsos) que carecen de una mínima lógica; también hay muchas respuestas crípticas a las pregunta que hace a personas que encuentra en sus viajes (amigos o conocidos de su difunto hijo), el porqué disfrazan sus respuestas con una especie de acertijos, también se vuelve monótono y la novela, a base de estas cosas, va perdiendo interés, hasta llegar a un final que es una especie de punto y seguido, ya que Louise nos dice que tratará de descubrir lo que se esconde tras los misterios y tragedias de la investigación farmacológica, para hacérselo saber al mundo, pero no cuenta nada más y uno puede quedar con la impresión de un remate fallido o de que el autor se cansó de la historia. O quizá sea todo más sencillo y lo que pretendió con esta especie de final abierto es forzar la reflexión del lector.





















