Fernando Robles (Federico Luppi) ya ha cumplido los sesenta y es profesor de literatura en la universidad. Lleva toda la vida casado con Liliana Rovira (Mercedes Sampietro), española, hija de catalanes, ama de casa que colabora trabajando en barrios marginales de Buenos Aires. Su vida puede decirse que es feliz, sin embargo, esta tranquilidad se verá alterada por la jubilación anticipada que recibe Fernando debido a la crisis en el país. Tienen un hijo, Pedro (Carlos Santamaría), casado y con dos hijos, que tiene un buen trabajo como informático, en Madrid, tras haber renunciado a su vocación literaria. Allí vive en una urbanización de clase media acomodada. La relación con el hijo tiene aspectos traumáticos, ya que su vida simboliza todo aquello que Fernando y Liliana repudiaron siempre. Apoyados por su amigo Carlos Solla (Arturo Puig), un abogado de cierto prestigio, Fernando y Liliana toman la decisión de trasladarse a vivir a una chacra en la provincia de Córdoba (Argentina), vendiendo su apartamento, poniendo así fin a sus problemas económicos, con una pensión que no les llega para vivir e iniciando una nueva vida. En el viaje al campo se hacen ilusiones de continuar siendo felices viviendo con más austeridad, pero la experiencia resultará más amarga de lo previsto.
El guion, del propio realizador, Adolfo Aristarain y de Kathy Saavedra, adapta la novela El renacimiento de su primo Lorenzo F. Aristarain. Tanto el guion, como la actriz Mercedes Sampietro, fueron galardonados con el Goya en 2003. Ésta última, también recibió la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián.
La historia de un amor indestructible y romántico que desafía y supera las tentaciones externas y la pérdida de entusiasmo propia del paso de los años.
Con ese tono discursivo que es cierto tienen algunas películas de Aristarain, en la que expone su manera de pensar y su compromiso con sus ideas, estamos ante un film sobre la misma vida, contada en un tono lleno de lucidez y cargada de valores sociales y de compromiso con las cualidades morales que defiende el personaje protagonista.
En el film se habla mucho, pero los diálogos son tan brillantes que no es que haya que disculpar este asunto, por el contrario, lo que hay que hacer es disfrutarlos. Y además, una historia muy tierna y emotiva.


























