En 1977, el portero de un humilde equipo de la Primera B argentina, Claudio Tamburrini (Rodrigo de la Serna), es secuestrado ilegalmente en su casa, arrestado por las fuerzas gubernamentales y enviado con los ojos vendados a la Mansión Seré, un centro de detención clandestino. Su conocido Tano (Martín Urruty), que había sido torturado durante mucho tiempo, había acusado falsamente a Claudio de ser revolucionario. Durante meses, Claudio permanece desnudo y esposado junto con los presos El Gallego (Lautaro Delgado), El Vasco (Matías Marmorato) y Guillermo Fernández (Nazareno Casero), y sometido a todo tipo de humillaciones y torturas, hasta la noche en que deciden escapar de su encarcelamiento en la antigua mansión.
La película de Israel Adrián Caetano, muestra parte del modus operandi de los llamados Grupos de Tareas (GT), apodados vulgarmente patotas o la pesada, grupos de las Fuerzas Armadas, de Seguridad y Policiales del Estado y grupos paramilitares que se dedicaban al secuestro, tortura, violación, asesinato y desaparición de opositores políticos, guerrilleros, intelectuales, dirigentes gremiales, docentes, estudiantes y sus familiares y amigos, además de la gestión de centros clandestinos de detención, en el marco del terrorismo de Estado durante la dictadura cívico-militar argentina, entre 1976 y 1983.
El film recrea un hecho real, pues el 24 de marzo de 1978, en coincidencia con el segundo aniversario del golpe militar, el futbolista Claudio Tamburrini, Daniel Rusomano, Guillermo Fernández y Carlos García Muñoz, lograron evadirse descolgándose desnudos y esposados desde una ventana del primer piso. Aquello supuso el principio del fin de este centro clandestino de detención, la tristemente célebre Mansión Seré que, tras la fuga fue incendiada y dinamitada y los prisioneros enviados a varias unidades penales.
La película cumple su cometido de denuncia mostrando los horrores que se vivieron en estos centros de detención, en que los prisioneros eran humillados y torturados sin contemplaciones y aunque la narración no ahorra la crudeza del relato, no se muestra explícita con las situaciones macabras. Quizá donde cobra más altura es en los momentos finales, consiguiendo crear suspense, tensión y emoción, cuando narra la fuga de los detenidos.
























