jueves, 22 de agosto de 2019

LA DIOSA (SHEN NU)

Una joven viuda con un hijo a su cargo, que durante el día dedica su tiempo a atender con amor y devoción las necesidades del muchacho, por la noche vende su cuerpo en las calles de Shangai, esperando a que los clientes compren sus servicios, para procurarse el sustento propio y el de su pequeño.
Una noche en que la policía está llevando a cabo una redada, la muchacha trata de escabullirse entre el tumulto de personas que corren huyendo de los agentes de la ley. Uno de los policías se fija en ella y la persigue hasta que queda acorralada en un lugar de salida imposible. Entonces toma una decisión que poco imagina las graves repercusiones que va a tener en su vida: Empuja una puerta y entra en la casa de un tipo que malvive en aquella descuidada y sucia habitación, es un jugador que se hace llamar El Jefe, que la esconde y le dice al policía que allí no entró nadie. Pero cuando el agente ha marchado, le exige a la muchacha, en pago a su ayuda, que se quede allí esa noche.
Al día siguiente se presentará en su casa con dos de sus secuaces y le comunica que a partir de ese momento, ella trabajará para él. La chica huye e intenta ganarse la vida con una profesión honesta, sin embargo, El Jefe la busca y la encuentra, obligándola a volver a la prostitución bajo amenazas y coacciones, pues en principio, la hace creer que ha vendido al niño por 200 dólares, aunque en realidad lo tiene uno de sus compinches. Se lo devuelve a la mujer, pero esta ya sabe lo que le espera si no sigue las instrucciones de su nuevo proxeneta.
Cuando el niño crece, su madre lo envía al colegio, donde, al igual que le ocurre en el barrio, los niños de su edad le rehuyen debido a la profesión de su madre y, no solo eso, los otros padres, piden que sea expulsado del colegio por considerarlo una mala influencia para sus hijos. El director del colegio intenta convencer al resto del claustro para que no tomen tan drástica medida, pero no consigue convencerlos y el crío será expulsado.
La vida de la madre, ya dura de por sí, entra en una espiral descendente atrapada entre las garras de su despiadado "protector" que se queda con la mayor parte del dinero que ella consigue y el desprecio de la sociedad que la rodea.


La vida de una mujer, atrapada por la vida y la sociedad que la proscribe y le niega el derecho a darle una educación a su hijo para que pueda salir de este pozo negro, haciéndole así culpable, en su inocencia, de los posibles pecados de su madre.
Toda una crítica a la hipocresía social de la China de aquel momento, un país, por una parte sumido en la pobreza, algo que posibilitó, entre otras razones, que el comunismo campase a sus anchas, que contrasta con el lujo y la modernidad de algunos barrios de Shanghai, ya en aquel entonces poblados de neones y anuncios que invitaban al consumo.
La pantalla se llena con la presencia de la protagonista del film, Lingyu Ruan, una belleza oriental de rostro hermoso y apacible, que interpreta a la perfección a la desgraciada mujer. Murió joven, cuando estaba a punto de cumplir 25 años, víctima ella misma de maledicencia social y de los posibles malos tratos de su pareja del momento, que la empujaron al suicidio.
Ruan, que ya era una estrella en aquel momento y quién sabe dónde podría haber llegado, hace una interpretación magistral lejos de las actuaciones melodramáticas, tan típicas del cine mudo y sus estados de ánimo son representados con absoluta naturalidad y realismo.


Estamos ante una película fuera de época, algo trasnochada, pues se trata de un film mudo estrenado en 1934, cuando ya después de 1927, el cine silente había ido perdiendo terreno y en la década de 1930, el cine sonoro era un fenómeno global.
Sin embargo, en otros aspectos, la película resulta muy moderna para el momento, con encuadres originales y una historia que se presenta sin reiteraciones, yendo directamente al grano de lo que se nos quiere contar.
En cualquier caso, es un film muy interesante, que se ve con agrado y además de ser una historia atractiva, resulta muy instructivo para quien quiera seguir el rastro de la evolución del cine.




miércoles, 21 de agosto de 2019

EL MENSAJERO DEL MIEDO

El sargento Raymond Shaw (Laurence Harvey) es solo uno de los setenta y siete militares estadounidenses que regresaron de la Guerra de Corea y recibieron la Medalla de Honor del Congreso. La madre ambiciosa y controladora de Raymond, Eleanor Iselinm (Angela Lansbury), quiere capitalizar el nombre de Raymond en la oferta de reelección de su esposo y padrastro de Raymond, el senador republicano Johnny Iselin (James Gregory), que no se siente bien con Raymond y que desprecia a ambos. A pesar de que Johnny es visto en gran parte como un bufón, ha obtenido un mínimo de éxito político en buena medida debido a su retórica anticomunista. La Medalla de Honor fue el resultado de que Raymond salvó a nueve miembros de su batallón del ejército, incluido su comandante, el mayor Bennett Marco (Frank Sinatra), que fue quien le propuso para la distinción, a pesar de que su opinión sobre Shaw no es nada buena, pero es como si una fuerza interior le obligara a hablar bien de él en público.
Ben Marco ocupa ahora un puesto en Washington y tiene una pesadilla recurrente en la que aparecen los nueve hombres y dos más que nunca regresaron. Lo que Ben desconoce es que al menos uno de los otros ocho sobrevivientes, con quienes no ha mantenido contacto después de regresar a los Estados Unidos, tiene una versión similar de la misma pesadilla. Ben finalmente decide que la persona que mejor puede ayudarlo a descubrir la fuente de la pesadilla es el propio Raymond. Después de presenciar un comportamiento inusual en Raymond, Ben Marco sabe que algo no está bien y descubre una conspiración sin precedentes contra los Estados Unidos.


El guión se basa en la novela The Manchurian candidate (título que se respeta en la versión original), de Richard Condon, un nombre que quizá les diga poco o nada, pero voy a contarles alguna cosilla de su biografía para que vean que no es precisamente un don nadie. Una de sus novelas, The oldest confession, sobre el robo de obras de arte, le fue inspirada en Madrid, donde conoció a los grandes maestros de la pintura mientras localizaba para su estudio exteriores en El Escorial para rodar la película Orgullo y pasión. La novela de Condon fue un éxito, pero cuando se llevó a la pantalla (en España se llamó Último chantaje) fue un fracaso, a pesar de estar protagonizada por Rex Harrison y Rita Hayworth.
Pero quizá, lo que sí les pueda sonar más es una de sus novelas más conocidas, El honor de los Prizzi, convertida en película por John Huston y protagonizada por Jack Nicholson, Kathleen Tumer y Anjelica Huston.
El cambio más importante que se introduce en la adaptación de la novela para el cine, es que desaparece la explícita relación incestuosa entre el sargento Shaw y su madre, que aquí queda ligeramente sugerida.


La teoría de la conspiración encuentra acomodo en esta trama bastante increíble, aunque hay que decir que, a veces, la realidad nos sorprende y lo que parecía que no podía ser sino fruto de una mente calenturienta, toma visos de realidad.
De cualquier modo, a lo largo del film presenciamos algunas cosas que, como mínimo, resultan poco creíbles, como que a una persona de quien se tienen fundadas sospechas de que trabaja para el enemigo merced al lavado de cerebro que ha sufrido, se le deje poco menos que campar a sus anchas.
La película cuenta con el aliciente de la actuación de Sinatra y con un montaje que tenía su complicación y que está bastante conseguido, ya que mezcla escenas en tiempo presente y recuerdos de la estancia del grupo en Corea, sobre todo aquellas en que les vemos en lo que ellos creen es una reunión de rancias señoras amantes de la horticultura, cuando en realidad están rodeados de agentes y militares rusos, chinos y coreanos. Todas estas imágenes se van intercalando, pero el espectador siempre sabe lo que está ocurriendo.
Ángela Lansbury, la actriz que alcanzó la fama con la interpretación, años más tarde, del personaje protagonista de la serie televisiva "Se ha escrito un crimen", estuvo nominada al Oscar como mejor secundaria.




martes, 20 de agosto de 2019

GRANDES PRINCIPIOS DE NOVELA (CONVERSACIONES EN LA CATEDRAL)

Es la tercera novela del autor peruano Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de literatura 2010, reconocida como una de sus grandes obras y publicada en 1969.

Desde la puerta de La Crónica Santiago mira la avenida Tacna, sin amor: automóviles, edificios desiguales y descoloridos, esqueletos de avisos luminosos flotando en la neblina, el mediodía gris. ¿En qué momento se había jodido el Perú?...

Es precisamente esa pregunta atemporal, la que se hace Santiago Zabala (Zabalita), la que para mí, hace grande este arranque de la novela de Vargas Llosa. Una pregunta que, cambiando el país, seguro que se hacen muchos ciudadanos del mundo sobre el suyo. Una pregunta que da pie a todo un tratado filosófico, empezando por el hecho de que si se jodió, eso implica que el país está jodido y que en algún tiempo no lo estuvo, algo que tampoco está tan claro.
En fin, en el mismo Perú ha dado lugar a controversias a través del tiempo y a que cada cual de su explicación, desde el patrioterismo populista que señala el momento en el que “los miserables españoles nos conquistaron” (esto es un clásico en ciertos sectores), hasta la respuesta que el propio Vargas Llosa dio a la famosa pregunta, declarando que no hubo un momento exacto, sino varios momentos, todos ellos vinculados al autoritarismo y corrupción histórica.
Cada cual que opine lo que guste, lo que está claro es que estamos ante un inicio genial ya de por sí, pero si queda alguna duda, todas estas discusiones vienen a ratificarlo porque le dotan de entidad propia aparte de la novela en sí misma.



lunes, 19 de agosto de 2019

EL CABO DEL TERROR

Sam Bowden (Gregory Peck), es un respetable abogado que ejerce su oficio en una pequeña ciudad. Su vida tranquila se verá altera cuando llega a la misma Max Cady (Robert Mitchum), un ex-convicto que ha pasado ocho años en prisión y que culpa a Bowden de que lo enviara a la penitenciaría.
Cady comienza a acechar a Bowden, a su esposa y a su hija adolescente, por lo que el abogado se pone en contacto con el jefe de policía, Dutton (Martin Balsam), explicándole su situación y pidiéndole ayuda, ya que su familia puede estar en riesgo. Dutton envía a sus agentes para que detengan a Cady por vagancia. Max coopera, es evidente que conoce las leyes y hace valer sus derechos, por lo que acaba siendo puesto en libertad.
Al día siguiente, Sam encuentra a su perro envenenado. Sospecha de Max, pero no puede probar nada, mientras su esposa Peggy (Polly Bergen) y su hija Nancy (Lori Martin) están angustiadas. Sam les cuenta lo que sabe de Max y les pone en antecedentes del peligro que pueden correr.
Max ha contratado a un abogado, Dave Grafton (Jack Kruschen), que acusa a la policía de estar acosando a su cliente y el Jefe Dutton le dice a Sam que nada puede hacer contra Max hasta que este no cometa algún delito, sugiriéndole que contrate al detective privado Charles Sievers (Telly Savalas), que comienza a seguir a Max y llama a la policía para que le detengan por conducta lasciva, pero cuando la policía llega, este se ha ido, y la mujer con la que estaba, que ha sido golpeada, se niega a colaborar con ellos y a presentar denuncia, por miedo a la venganza de Cady.
La vida de la familia Bowden se convertirá en un auténtico calvario.


El guión se basa en la novela The Executioners, de John D. MacDonald, en la que Cady, es un soldado sometido a consejo de guerra por la brutal violación de una niña de 14 años, que resulta condenado por el testimonio del teniente Bowden. Los censores intervinieron prohibiendo el uso de la palabra violación y manifestando que presentar a Cady como un soldado suponía una representación negativa del personal militar estadounidense.
Hay un remake de 1991, titulado El cabo del miedo, protagonizado por Robert de Niro y Nick Nolte. En esa película, tienen pequeños papeles tanto Peck como Mitchum, así como Martin Balsam, tres de los intérpretes de este film del que hoy hablamos.
Además, en el remake, también se emplea la misma partitura, obra del gran Bernard Herrmann.


Reflexión sobre lo que podríamos llamar justicia preventiva, un debate que no pierde actualidad en nuestros sistemas judiciales garantistas, en los que todo el mundo es inocente hasta que no se demuestre lo contrario. De cuando en cuando saltan a los titulares casos semejantes, en los que estos tipos de los que todo el mundo espera que de un momento a otro vayan a cometer una felonía, por fin, lo hacen y es entonces cuando la sociedad se estremece preguntándose qué estamos haciendo mal y por qué gente de esta calaña no es encerrada o sometida a vigilancia permanente.
J. Lee Thompson, su realizador, sabe mantener bastante bien la tensión, al menos durante gran parte del film. Una película que, por otra parte, casi nadie puede sustraerse a comparar con la versión de Scorsese: Que si esta es mejor que la otra; que la otra es mejor que esta... Yo creo que cada una merece la pena, aunque ésta tiene el sabor añejo del buen cine y de ese magnífico plantel de actores que siempre es un placer ver, con un Robert Mitchum que, como ya sucediera en La noche del cazador, sabe dar muy bien el tipo de este personaje obsesivo, malvado y amoral que dibuja a la perfección, en esta ocasión con ese andar chulesco y desafiante y ese sempiterno puro entre los labios.
La película obtuvo malos resultados en taquilla, hasta el punto de que supuso la desaparición de la productora de Gregory Peck y si algún favor le hizo Scorsese con su nueva versión, es que mucha gente, descubrió que había una película anterior sobre el mismo asunto y encontraron, no sin sorpresa, que estaba tan bien o mejor que la nueva.




viernes, 16 de agosto de 2019

EL FOTÓGRAFO DEL PÁNICO

Mark Lewis (Carl Boehm), trabaja como técnico en un estudio de cine británico. En sus horas libres, abastece a una tienda de porno local con fotos varias y también se dedica a la cinematografía. Es un hombre solitario, hostil y reprimido sexualmente. Mark está obsesionado con los efectos del miedo y cómo se registran en la cara y el comportamiento de los asustados. Esta obsesión data de su infancia, cuando su padre, un científico obsesionado por estudiar las reacciones infantiles ante el miedo, destrozó su psique y lo convirtió en un adulto acomplejado y afectado por una demencia demoníaca.
Ya adulto, Mark se convierte en un asesino compulsivo que mata a mujeres y graba sus rasgos retorcidos y sus jadeos moribundos en la película. Su proyecto en curso es un documental sobre el miedo. Con una cámara de 16 mm en la mano, acompaña a una prostituta a su habitación y la apuñala con una cuchilla oculta en su trípode, mientras fotografía su rostro contorsionado en medio del terror y la muerte. Solo en su habitación, se rodea de imágenes y sonidos de terror: gritos grabados y "películas caseras" en blanco y negro de caras convulsionadas. En su casa, conoce a Helen Stephens (Anna Massey), una joven que vive con su madre ciega en el piso de abajo. Ella visita su apartamento en el que le muestra sus películas en blanco y negro que le fueron tomadas cuando era un niño. Helen se horroriza al ver que su padre lo usó como conejillo de indias en varios experimentos, tomando películas de sus reacciones de miedo.


Muchos han visto en la película, como ocurre con Psicosis, un antecedente del llamado slasher (un subgénero del cine de terror, cuya principal característica es la presencia de un psicópata que asesina brutalmente a adolescentes y jóvenes que se encuentran fuera de la supervisión de algún adulto), tan en boga en los años 70, aunque lo cierto es que hay películas anteriores que ya exploraron este camino.
El título original, Peeping Tom, se toma del personaje de la leyenda de Lady Godiva, Tom el Mirón, que no pudo resistir la tentación de mirar a su señora a través de un agujero, mientras cabalgaba desnuda en un caballo por el pueblo, a pesar de que a todos se les advirtió que se volvieran de espaldas para no verla.
La película sufrió varios cortes antes del lanzamiento y, en consecuencia, muchas escenas dan la sensación de irregulares tras el montaje. Algunos asesinatos se atenuaron, se eliminaron fotogramas de desnudos (incluidas fotos de chicas desnudas en el álbum que ve un cliente en la librería), y se acortaron algunas escenas de las que no hablamos para no revelar aspectos importantes de la película. También se cortó algo de diálogo. Aunque algunos recortes se restauraron en versiones posteriores de vídeo y DVD, gran parte del material editado ahora se considera perdido para siempre.


En la primera escena conocemos al asesino y, poco más adelante, le muestra a su vecina las películas en las que se ven las mortificaciones a las que era sometido por su padre, origen de sus perturbaciones actuales.
¿Qué tiene pues esta película para que el espectador se vea atrapado por su narración?
Michael Powell, el realizador que se vio condenado al ostracismo por la negativa acogida de crítica y público a este film, nos convierte en espectadores privilegiados, casi en partícipes, de la enfermiza obsesión del protagonista.


Junto al estudio de esa mente enferma, vemos una reflexión sobre lo que el cine tiene de voyeurismo, tanto para el espectador, como para aquellos que hacen el trabajo creativo.
Una actuación correcta y convincente de su protagonista, acompañado de Anna Massey, a la que recuerdo de su participación, como una de las víctimas en Frenesí, de Hitchcock, para un film que, como hemos dicho, en su momento fue rechazado casi de forma unánime y a quien el paso del tiempo ha puesto en el lugar que se merece como una de las cintas de referencia del género.
Una curiosidad, en la versión original, Milly (Pamela Green), la mujer que posa para sus fotografías pornográficas, da la bienvenida a Mark, diciendo: "Mira quien está aquí: ¡Cecil Beaton!". Sir Cecil Beaton (1904-1980) fue un fotógrafo y modista británico, actividades que compaginó con la dirección artística de producciones cinematográficas y teatrales, recompensada con tres premios Óscar y con cuatro premios Tony. Pues bien, en la versión doblada, como quiera que el nombre de Beaton dice poco a los espectadores españoles, su nombre fue cambiado por el más conocido del director cinematográfico Cecil B. de Mille, de manera que Milly dice: "Mira quien está aquí: Cecil B. de Mille".




jueves, 15 de agosto de 2019

IF...

Mick Travis (Malcolm McDowell) es uno de los alumnos que regresan al internado del colegio donde se desarrolla la acción de la película, para iniciar el nuevo curso.
Los novatos, por mor de las rancias tradiciones británicas que aún perduran en muchos de estos establecimientos privados, deben acatar las órdenes de los veteranos del colegio y algunos de ellos son asignados como una especie de sirvientes sin sueldo de los llamados supervisores, para los que tienen que hacer encargos y recados del tipo de servir el te o calentarles la taza del váter.
El director es una persona lejana a los alumnos, mientras el nuevo rector parece ser una persona más tolerante y cercana, pero los supervisores no están de acuerdo con sus métodos y convencen al director para puentearlo y castigar a algunos alumnos que consideran como una mala influencia para el resto.
También se nos muestra que muchos de los profesores, educadores y otros miembros del personal, sufren diversas perversiones.
Un día, después de escabullirse del campus y visitar la cercana ciudad (un acto estrictamente prohibido por las reglas de la casa), Mick roba una moto del concesionario donde se halla expuesta y conoce a una camarera local. Mientras tanto, Wallace (Richard Warwick) tiene un romance adolescente con Bobby Philips (Rupert Webster), un niño menor, a quien lleva a la cama. Se entregan a pruebas algunas veces peligrosas, como ver cuánto tiempo pueden sostener una bolsa de plástico sobre sus caras.
Mick odia todas estas situaciones, los abusos de veteranos y educadores, las ridículas pruebas y juegos en las que se ven obligados a participar, las tradiciones anticuadas... Junto a sus amigos, planea la rebelión contra este sistema.


Basada el cortometraje de Jean Vigo, Cero en conducta (1933), en el que el cineasta francés retrata sus recuerdos infantiles a través de la historia de cuatro jóvenes estudiantes que, sujetos a un estricto régimen escolar, deciden rebelarse contra la institución.
If..., obtuvo la Palma de Oro en la edición de 1969 del Festival de Cannes.


Aunque la película no tiene nada que ver con los sucesos de Mayo del 68, pues se rodó un año antes, es evidente que sigue los signos de los tiempos convulsos que corrían.
El film da la vuelta al poema de Kipling, toda una evocación del estoicismo victoriano, para llamar a la rebelión contra los valores tradicionales que incluyen unas cuantas tradiciones rancias. El discurso del general, previo a los acontecimientos que cierran la película, es toda una declaración de los principios contra los que se levantan los jóvenes contestatarios encabezados por Travis. El general habla de que los privilegios no son malos, sino que hay que saber usarlos y llama a los jóvenes colegiales a la obediencia y la sumisión.
Las secuencias en blanco y negro que se incrustan a lo largo de la película y que han dado lugar a interpretaciones de todo tipo sobre su significado, al parecer fueron incluídas de manera aleatoria.
Interesante película, por lo que tiene de testimonio de una época, lo que ocurre en el colegio es toda una metáfora sobre la sociedad del momento y los cambios que en ella se están produciendo.




miércoles, 14 de agosto de 2019

EL BESO MORTAL

Una mujer asustada corre en plena noche descalza por una carretera, tratando desesperadamente de detener un automóvil. Tras varios intentos infructuosos en que los autos pasan de largo, la mujer, para asegurarse de que el siguiente coche se detenga y exponiéndose a ser atropellada, se planta en medio de la carretera frente al vehículo que se aproxima.
El investigador privado Mike Hammer (Ralph Meeker) es quien está al volante y, tras casi golpear a la mujer, la invita a que suba. El nombre de la mujer es Christina Bailey (Cloris Leachman). Obviamente está huyendo, pues, además de descalza, no lleva nada más que una gabardina y el olor del miedo para cubrir su desnudez. Al pasar un control de carretera, Hammer se entera de que esta mujer ha escapado de una institución mental, donde, según ella, fue internada a la fuerza, y quienquiera que la persiga finalmente los alcanza. Christina tiene la información que desean, pero muere mientras la interrogan y torturan. Los asesinos fingen un accidente empujando el auto de Hammer fuera de la carretera, pero él sobrevive y se despierta en el hospital dos semanas después. Cuando Mike comienza a investigar la muerte de Christina, la policía le dice que se mantenga al margen, pero el investigador privado de cabeza dura continúa de todos modos. Recurrirá a su cariñosa secretaria Velda (Maxine Cooper) y a Nick (Nick Dennis), mecánico de un garaje, para localizar información útil y encuentra varias direcciones, entre ellas la de la compañera de cuarto de Christina, Gabrielle (Gaby Rodgers).
Poco se puede imaginar que el secreto de Christina puede conducir a la muerte y la destrucción.


El guión adapta una novela de Mickey Spillane, protagonizada por su héroe, el detective Mike Hammer.
La Comisión Kefauver, una unidad federal dedicada a investigar las influencias corruptoras en la década de 1950, destacó este film como la amenaza número uno del año 1955 para la juventud estadounidense. Debido a esto, Robert Aldrich se sintió obligado a escribir a favor de los derechos de libertad de expresión de los cineastas independientes.


Película con todos los ingredientes de la serie B, un presupuesto irrisorio, actores poco conocidos, incluso algunos de ellos debutantes en la gran pantalla y una historia bastante increíble que, sin embargo, logra atrapar al espectador desde el primer momento intrigado por la resolución del asunto y un final influído por los miedos de la sociedad del momento en que la llamada Guerra Fría estaba en todo su apogeo.
Fotografía peculiar que recurre en muchos momentos a mostrarnos solo alguna parte de lo que está sucediendo (vemos pies, sin que se muestre el resto del personaje), cuando no directamente queda fuera de plano, sobre todo en las escenas más violentas, pero de modo que el espectador puede imaginarlas cual si las estuviera presenciando. Es paradigmática la escena de la tortura de Christina, en la que vemos sus piernas convulsionándose, oímos sus aterrados gritos y se nos muestra alguno de los instrumentos de tortura.
El guión deja cabos sueltos y alguna pequeña subtrama apenas resuelta pero seguramente los amantes del género se sentirán subyugados por un film que, en algunos aspectos, abre caminos hacia producciones posteriores.