Un pueblo pintoresco y plácido donde se vive como en ningún otro sitio, un asesinato inexplicable al inicio de la temporada estival, un secreto celosamente guardado y un comisario huraño, adicto al café y aficionado a los pingüinos y a la buena mesa que, por fin, tiene un caso.
Después de haber pasado toda su vida en París, el comisario Dupin se vio trasladado forzosamente a Concarneau, en la Bretaña francesa, por sus métodos poco ortodoxos y su carácter irascible. Allí lleva dos años y siete meses y ha conseguido ganarse el respeto de sus subordinados.
La novela comienza un siete de julio en el que la placidez se verá interrumpida al haber sido apuñalado Pierre Louis Pennec, de 91 años, que es el dueño del hotel Central, en el cercano pueblo de Pont-Aven, famoso por haber alojado al pintor Paul Gauguin.
Dupin se encontrará con la presión de las autoridades locales, el silencio de los lugareños, los secretos que oculta la familia y las revelaciones que se van sucediendo y que no hacen sino complicar más el caso.
El alemán de origen bretón, Jean-Luc Bannalec (seudónimo de Jörg Borg), autor, editor, crítico literario, traductor y autor del libro, primera de las novelas que conforman la serie del comisario Dupin, además de la propia trama policiaca, nos ofrece amplias descripciones de la Bretaña francesa, sus paisajes, gentes, clima, gastronomía e idiosincrasia que dan forma a una interesante novela en la que también se habla del mundo del arte, de los galeristas, museos, expertos y aficionados en general, que ofrecen una curiosa panoplia de personajes, algunos nada inofensivos y bastante interesados.
Dupin, acabará resolviendo el caso, como el lector supone desde el principio, pero para ello habrá de enfrentarse a ocultaciones y medias verdades que dificultarán mucho la investigación. El novelista aprovecha para lanzar sus dardos a las componendas políticas de sus superiores que le obligarán a acudir a subterfugios, como filtrar datos a la prensa para que investigue a alguno de los protagonistas que, por sus influencias, intentará irse de rositas, aún habiendo tenido parte importante en la trama, pero que resulta difícil de probar a efectos penales, aún cuando moralmente sea, al menos, tan culpable como los autores materiales de los hechos.





















