Los jóvenes taiwaneses se sienten deslumbrados por los Estados Unidos y organizan bandas para afirmar su identidad perdida como emigrantes que son desde el continente hasta la isla.
Se centra principalmente en la vida de S'ir (Chang Chen), un estudiante de secundaria cuyo padre, funcionario público, se encontraba entre los millones de chinos continentales que huyeron a Taipéi tras los levantamientos civiles de 1949. En las escenas iniciales, vemos que S'ir está al borde de la expulsión académica; como muchos de los personajes de la película, anhela un mayor sentido de pertenencia y, como resultado, se une a una pandilla juvenil, para gran perjuicio de su vida en casa y en la escuela. Con el tiempo, se enamora de Ming (Lisa Yang), una chica coqueta con sus propios problemas familiares.
Ambientada en 1960 y basada en un incidente real —el asesinato de una adolescente a manos de un compañero de clase, cometido en Taipéi el 15 de junio de 1961—, que marcó profundamente la juventud de su realizador, Edward Yang.
La versión sin editar —la que yo he visto—, dura prácticamente cuatro horas, aunque por motivos comerciales Yang la recortó para su exhibición hasta los 188 minutos.
Esta película de 1991, rebosa ese espíritu de rebeldía confusa y ferviente que también se encuentra en películas de Hollywood de los años 50 y principios de los 60, como Al este del Edén o Rebelde sin causa y, como aquellas, tiene momentos de tierna intimidad, junto a otros bastante duros, que narran la caída gradual e inexorable de un joven adolescente desde la inocencia hasta la delincuencia juvenil, todo ello enmarcado en un contexto de juventud agitada; profundo desarraigo de los inmigrantes desde el continente, que han perdido sus referencias culturales; los problemas de la dictadura militar; rock and roll y agitación política. En definitiva, el conflicto casi eterno entre lo tradicional y lo moderno.
Sí tengo que hacer constar un apunte muy personal, a pesar de que esta película está muy bien valorada en cualquier ranking que se consulte, a mí me ha resultado demasiado larga para lo que nos cuenta.
























