viernes, 18 de octubre de 2019

EL ESPINAZO DEL DIABLO

En 1939, después de tres años de sangrienta Guerra Civil, las tropas del general Franco están en condiciones de derrotar de manera definitiva al ejército republicano.
Carlos (Fernando Tielve), un niño hijo de un combatiente republicano muerto, es dejado por su tutor en un orfanato que parece situado en medio de la nada. La institución está regida por una directora con carácter fuerte pero considerada, llamada Carmen (Marisa Paredes) y por un hombre de carácter amable, el doctor Casares (Federico Luppi), ambos simpatizan con las ideas del bando derrotado.
A pesar de sentirse amparado por estas personas y de su victoria gradual sobre el típico acosador del colegio, Carlos nunca llega a sentirse cómodo en su nuevo entorno. Además tuvo un desagradable encuentro con Jacinto (Eduardo Noriega), un cuidador del orfanato que reacciona de manera violenta cuando alguien se acerca a los alrededores de un almacén en el que hay un profundo pozo. Más inexplicable resulta la presencia del fantasma de uno de los antiguos ocupantes del orfanato llamado Santi (Junio Valverde).
Los niños están aterrados, no solo por la presencia del fantasma, sino por el imparable avance de las tropas nacionales y la presencia constante de la bomba sin estallar que está en el centro del patio y más cuando el fantasma no hace sino repetir de manera incesante cada noche, una frase: "Muchos de vosotros moriréis". Sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, las predicciones del fantasma sobre quién morirá, la fuente del peligro en incluso la propia definición de la muerte, pueden ser más ambiguas de lo que pudiera pensarse.


En este film, que el propio Guillermo del Toro califica como hermano de su película El laberinto del Fauno, el realizador mexicano vuelve a sumergirse en su universo particular que ha creado ya una marca reconocible. Un mundo en el que realidad y ficción toman carta de naturaleza y el que seres reales e imaginarios tejen un tapiz del que ambos forman parte.


La época y el acontecimiento en que se ambienta, la Guerra civil española, son circunstanciales para una historia que podría desarrollarse en cualquier otro momento y situación.
Una vez más, la inocencia infantil mezclada con la necesidad de una madurez obligada, juega un importante papel en la narración. En esta ocasión, sin embargo, creo que Del Toro, echa mano de unos cuantos estereotipos y que los diálogos de los muchachos, están bastante mal interpretados, al fin y a la postre, los actores son niños y se nota, aunque tratan de esforzarse. Tampoco me acabó de convencer la relación entre los dos protagonistas infantiles que me pareció forzada.
El principal valor de la película es que, por un lado, nos ofrece un relato sobre la guerra que es diferente y que no se ocupa de establecer divisiones entre buenos y malos dependiendo del bando, aunque deje claro de qué lado está, sino que se centra en la figura del aprovechado de la desgracia ajena, presente en cualquier circunstancia dramática que afecte a los seres humanos, para tejer la trama a su alrededor.
La película presenta unos cuantos signos surrealistas que beben de la mejor tradición del cine español y sus clásicos (lease sobre sobre todo Buñuel), que le dan un toque especial y diferente.
Entretenida, técnicamente de buen nivel, aunque peque de algunos recursos un tanto manidos.




jueves, 17 de octubre de 2019

IT'S SUCH A BEAUTIFUL DAY

Bill es un tío normal como lo somos la mayoría de nosotros. Nada lo distingue del resto del mundo excepto su sombrero de copa. Tiene manías extrañas como cualquier ser humano: no coge frutas de la parte delantera del mostrador porque quedan a la altura de la entrepierna de los demás clientes y se siente usado cuando sus conversaciones con las cajeras acaban en un “Hola, ¿cómo estás?” “Bien, ¿y tú?”. Su aire de inocencia lo hace inofensivo y entrañable desde el primer momento.
Entendemos que a Bill le ocurre algo, aunque en ningún momento sabemos con certeza qué puede ser, tal vez sea algo que afecta a su cerebro o quizá una enfermedad genética degenerativa, pero sí captamos que lo que quiera que sea, le está llevando a una especie de enajenación mental cada vez más notable. La duda de que todo lo contado sea imaginación del protagonista persiste durante el film y por lo tanto, el argumento se sostiene en la nada y pasa a ser una simple herramienta de exploración interna. Además, todas sus habilidades para relacionarse interpersonalmente se deterioran, haciéndolo narrador de detalles y tabúes con mayor facilidad.
Bill vive su día a día automatizado, metido en repeticiones. Un tedioso ciclo blanquinegro recorriendo los mismos bloques de edificios, haciendo las mismas compras, dejando las llaves en el mismo sitio. Su enfermedad no rompe con el ciclo, sino que lo hace más evidente a los ojos del espectador.

 

Recopila los tres cortometrajes de Don Hertzfeldt que forman la llamada "trilogía de Bill": Everything Will be OK (2006), I Am So Proud of You (2008) e It's Such a Beautiful Day (2011). La película fue estrenada en otoño de 2012 en numerosos festivales y salas de cine norteamericanas, recibiendo críticas favorables en medios especializados.


Historia sencilla en la que un personaje dibujado con cuatro trazos, nos habla de cosas que nos resultan cercanas, reflexionando sobre lo que ha sido y es su vida, sus miedos, sus anhelos incumplidos, pero sin dramas y con un toque de humor negro.
Resulta muy llamativa la utilización de recursos visuales, fotografías, imágenes en color, en ocasiones distorsionadas, luces y sonidos. Con una banda sonora bien elegida a base de música clásica y alguna aportación del propio Hertzfeldt, que también pone la voz en off, fundamental para el desarrollo de la historia en la que está casi constantemente presente.
La película que, a más de uno le resultará aburrida o cuando menos poco atractiva, es sobre todo una experiencia, una manera diferente y original de hacer cine. Apenas una hora en la que presenciamos una mezcla de arte y sensibilidad que nos habla de lo cotidiano. Algo sencillo, pero muy difícil de llevar a efecto de la manera brillante en que lo hace el realizador norteamericano.




miércoles, 16 de octubre de 2019

JACKIE BROWN

Jackie Brown (Pam Grier) es una azafata de vuelo que necesita dinero y hace de correo para Ordell Robbie (Samuel L. Jackson), un mafioso que se dedica principalmente a traficar con armas y que está siendo buscado por la policía. Un día es sorprendida en la aduana cuando intenta pasar desde México, diez mil dólares en dinero negro procedente del contrabando de armas, y un paquete de cocaína, siendo acusada de tráfico de drogas y evasión de capital. Sólo podrá evitar su ingreso en prisión, si acepta una propuesta del agente federal Ray Nicolette (Michael Keaton) y del policía de Los Ángeles Mark Dargus (Michael Bowen) para que les ayude a arrestar al hombre para el que trabaja y cuyo nombre ellos ni siquiera conocen .
Al enterarse de esto, Ordell presiona a Jackie para que a su vez engañe y entretenga a la policía el tiempo suficiente para poder pasar de contrabando el resto del dinero de su "plan de jubilación". Desesperada y atrapada entre dos fuegos, sin mucho que ganar y, en ambas situaciones, condenada a la pobreza para el resto de sus días, ya que, a sus cuarenta y cuatro años, se siente demasiado mayor para comenzar de nuevo, una Jackie que se ve sin salida para su futuro, diseña un plan secreto y arriesgado para traicionar a Ordell y a la policía, salvarse y asegurar su futuro. Para ejecutar este plan, Jackie debe contar con la ayuda de Max Cherry (Robert Forster), el mismo agente de fianzas que Ordell contrató para sacar a Jackie de la cárcel.


El guión adapta la novela Rum Punch, de Elmore Leonard y está ambientada en las cercanías de Los Ángeles en 1995.


Con lo que me gustaron algunas de las películas de este realizador (y reitero lo de algunas), es mucho decir, dentro de lo intrascendente que mi opinión resulta, decir que esta es la película de Tarantino a la que tengo más aprecio. ¿El motivo?, pues tampoco lo tengo muy claro, sé que me gusta, quizá por ese sabor al cine clásico, sobre todo de los 70. No es casual que el director eligiera a Pam Grier como protagonista femenina, Tarantino, fanático del género conocido como Blaxploitation (cine con actores negros como protagonistas), tuvo a la auténtica musa de este tipo películas en mente cuando adaptó la novela de Leonard, demostrando, como ya lo había hecho con Travolta en Pulp fiction, ser un maestro a la hora de rescatar actores que parecían en declive. Acompañada de una buena banda sonora, la película nos muestra diálogos interesantes, una excelente factura técnica, buen reparto y una historia que ocupa el interés del espectador en todo momento.
De esas películas que apetece volver a ver de vez en cuando.




martes, 15 de octubre de 2019

LLIBRE DELS FETS

El Llibre dels feyts, como se titula en catalán antiguo (Libro de los hechos), conocido también como "Crónica de Jaime I", está dividido en cuatro partes, en la primera, de 1208 a 1228, se explica la infancia y primera juventud del rey, su educación por los Templarios y su boda con Leonor de Castilla. El segundo, de 1229 a 1240, narra la conquista de Mallorca. El tercero, de 1240 a 1265, los conflictos con los moros rebeldes de Valencia y, por fin, el cuarto, de 1265 a 1276, la conquista de Murcia y la enfermedad y muerte de Jaime I.
Sin duda escrito por hombres doctos a quienes les dictaría, pues es más que probable que el rey, aunque cultivado, no supiera escribir, al menos con soltura, pero se advierte su personal participación, escribe en primera persona y ofrece detalles muy íntimos y privados que atestiguan su intervención en la redacción del libro.
Quizá la parte más entretenida y emotiva es la dedicada a narrar la conquista del reino sarraceno de Mallorca, emprendida por Jaime I cuando sólo contaba 21 años y su espíritu estaba lleno de afanes caballerescos y deseos de gloria. El 5 de septiembre de 1229, la escuadra zarpó de Salou y el primero de enero del año siguiente, el joven rey se apodera de la ciudad de Mallorca, o sea, de Palma.
La narración fue redactada por el rey bastante tiempo después, tal vez hacia el año 1244, pero tan vivos quedaron grabados en su mente los acontecimientos de aquellos cuatro meses, que recuerda fragmentos de conversaciones sostenidas con sus barones y soldados, detalles insignificantes de la campaña y numerosos pormenores de ésta. Precisamente por el hecho de haber dirigido la acción militar y haber participado constantemente en ella, el relato real parece en ocasiones confuso y visto demasiado de cerca. Aumentan su verismo algunas expresiones familiares, ciertas notas irónicas, que contrastan con la enorme seriedad de la empresa y algunos descuidos del autor que, a veces, olvida emplear el plural mayestático "Nos" y se le escapa algún "yo". Al lado del rey destacan en el relato grandes figuras de la empresa, como los hermanos Guillem y Ramón de Montcada, muertos heroicamente al principio de la acción, el obispo de Barcelona (Berenguer de Palou), y su tío, don Nuño, conde de, Rosellón, junto a otros más.



lunes, 14 de octubre de 2019

THE GAME

El multimillonario Nicholas Van Orton (Michael Douglas) tiene todo lo que un hombre puede desear. Pero Conrad (Sean Penn), su díscolo hermano, aún es capaz de encontrar un regalo de cumpleaños que pueda sorprenderle: su ingreso en un club de ocio capaz de diseñar a su medida aventuras y pasatiempos exclusivos. Le regala una tarjeta de invitación de CRS; una compañía que, según afirma el hermano de Nicholas, te hace la vida divertida.
Nicholas descubre que esta compañía está abriendo una sucursal en una planta del edificio en que él trabaja, por lo que acude para que le informen en qué consiste exactamente el regalo recibido de su hermano. Le explican que lo que ofrece la compañía es la participación voluntaria en un juego diseñado especial y exclusivamente para él, para que se divierta. Nicholas accede y le someten a una serie de exámenes psicológicos y físicos de rutina, con el objeto de medir sus reacciones. Poco después de abandonar su lugar de trabajo, comienza a verse envuelto, uno tras otro, en incidentes y sucesos extraños, con la sospecha permanente de que alguien trata de capturarlo y de que absolutamente todo (salvo algunas cosas), sin importar las circunstancias, parece especialmente preparado para que pueda escapar. Mientras el juego avanza cruzando, de un lado a otro, la línea de lo real y lo irreal, cada vez peligra más la vida de los participantes y van quedando claras las verdaderas intenciones del juego.


Tachada por muchos de tramposa, lo cierto es que el guión está muy trabajado, lo que ocurre es que no acaba de saber transmitir al espectador la verosimilitud de sus giros. Hay cosas que nos parecen increíbles, sencillamente porque no acaba de hacernos observar que estamos viendo algo que en realidad es de otro modo, es decir, el espectador cree ver algo que realmente es un truco.
El éxito de este tipo de películas, que juegan un poco con el enredo, con la falsa realidad, es lograr que las piezas encajen al final y arrastrar al espectador con un ritmo trepidante. Lo segundo está bastante conseguido, lo primero no tanto, pero no porque esté mal construída, sino por eso que apuntamos de que no acaba de saber transmitirlo y encima, en lo que sí se toma una licencia absolutamente increíble es en la escena final que, muchas veces, es lo que más queda en la retina.


A pesar de todo ello, creo que es muy entretenida de ver, con constantes giros de guión que hacen que se mantenga el pulso del film. Michael Douglas, haciendo ese papel que hace casi siempre de ricachón medio cabreado con el mundo y vanidoso, consigue una actuación convincente y las imágenes y la ambientación, son de gran calidad.
Y para los que piensen que es todo un absoluto desvarío, señalar que los ricos se divierten con cosas muy raras, a veces mucho más de lo que cuenta esta película.




viernes, 11 de octubre de 2019

FUNNY GAMES

Anna (Susanne Lothar), su esposo Georg (Ulrich Mühe) y su hijo de diez años Georgie (Stefan Clapczynski) van a pasar las vacaciones a su bonita y lujosa casa a orillas de un lago. Sus vecinos Fred (Christoph Bantzer) y Eva (Monika Zallinger) han llegado antes que ellos. Las dos parejas quedan para jugar al golf al día siguiente. Mientras padre e hijo echan al agua y aparejan el velero, Anna se queda en casa preparando la cena. Inesperadamente, Peter (Frank Giering), un joven educado que dice estar alojado en casa de los vecinos, se presenta para pedir que le presten algunos huevos porque a Eva no le queda ninguno. Anna se pregunta cómo ha podido entrar en la casa. El joven le explica que Fred le ha enseñado un agujero que hay en la cerca.
Tras romper los huevos repetidamente, Anne empieza a sospechar que algo va mal. Más tarde, a pesar de los buenos modales de Fred y su compañero Paul (Arno Frisch), George pide a ambos que abandonen su casa reiteradamente sin éxito, y estos acaban golpeando a George con un palo de golf rompiéndole la pierna sin perder la sonrisa y los buenos modos.
Explican a la familia que todo se trata de un juego y comienzan una serie de actividades perturbadoras y violentas iniciadas por Paul y Peter, en las que Anna, Georg y Georgie, son participantes involuntarios.
La familia permanece secuestrada en su propia casa, maniatados y sin posibilidad de comunicarse con el exterior, tratando de ganar una apuesta en la que son obligados a participar y en la que está en juego su propia vida.


Al parecer, el realizador, Michael Haneke, ha expresado que nunca albergó la intención de hacer con esta una película de terror, sino que su idea era hacer un film con una reflexión moralista sobre la influencia de la violencia de los medios en la sociedad.
Es cierto que algunas de las constantes del realizador austriaco son una cierta obsesión por la violencia y un todo didáctico más o menos presente, pero sea como fuere y pretendiera lo que pretendiese, lo cierto es que el resultado es una de las películas más perturbadoras y con una violencia más desconcertante, sutil y gratuíta que se han hecho.
Desde que aparecen los dos jóvenes sádicos en pantalla, la película se vuelve incómoda de ver, pero ya te tiene atrapado. Haneke utiliza recursos como la interacción de los personajes con el espectador, o el hacer ver que todo es una ficción y está controlado para hacer partícipe a quien la está viendo. Largos planos fijos, utilización recurrente de los silencios, degradación y humillación de la familia secuestrada, juegos perversos... Todo ello compone una historia retorcida pero posible, lo que vuelve al film más aterrador, porque los personajes resultan creíbles.


Haneke parece querernos involucrar de una manera que parece una acusación, no tanto de culpabilidad sino como queriendo decirnos: No te creas inocente del todo. Porque si él es la mente calenturienta capaz de concebir una historia de este tipo, nosotros somos los colaboradores necesarios, pues no nos hemos escapado de la sala de proyecciones o apagado el reproductor, sino que seguimos allí observando y esperando a ver qué pasa.
Hay otras reflexiones en el film, como el porqué de la actitud de estos dos descerebrados, aparentemente jóvenes de cierto nivel intelectual, que llevados del aburrimiento son capaces de trasladar a extremos de puro sadismo la violencia injustificada e indiscrimidada, simplemente porque sí, porque les apetece, algo que en la vida real hemos visto en los medios alguna vez cuando se nos habla de agresiones graves, incluso mortales, de tipos de esta calaña a indigentes o a personas normales elegidas aleatoriamente, porque les divierte. Unos tipos amorales y muy peligrosos, totalmente normales cuando no brillantes en su vida diaria, pero aquejados de una disfunción grave en su personalidad, pues de otro modo es imposible entender su grado de perversión y menosprecio a las vidas del prójimo.
Yo pienso que, a pesar de los esfuerzos del director, siempre la vemos con algo de lejanía, no acaba de implicarnos en la historia, quizá por un cierto tono de superioridad que nos hace tomar distancia. Un film que para muchos será desagradable y, como mínimo, desasosegante, a pesar (y esto es de agradecer) de que toda la violencia se produce fuera de plano y solo contemplamos sus devastadoras consecuencias.




jueves, 10 de octubre de 2019

TRILOGÍA DE BIILL DOUGLAS (MY CHILDHOOD, MY AIN FOLK, MY WAY HOME)

Tres películas estrenadas, las dos primeras, en 1972 y 1973, respectivamente y la tercera en 1978, pues Bill Douglas esperó a que su protagonista tuviera la edad suficiente para aparentar que estaba en el momento de alistarse en el Ejército Británico, con el que sirvió en Egipto. En ellas asistimos al crecimiento, en distintas etapas de su vida de un niño, Jamie (Stephen Archibald), cuya infancia transcurre en una deprimida población minera de la Escocia de postguerra. Jamie pasará de la infancia a la adolescencia y a su primera juventud en un ambiente hostil en el que deberá aprender a valerse por sí mismo a pesar de las adversidades de un entorno difícil, a veces brutal y otras en las que directamente está prácticamente abandonado.
Su padre no le reconoce, su madre está internada en un sanatorio mental, la abuela materna, con la que viven él y su hermano, fallece cuando apenas es un niño que tiene conciencia de la realidad y su abuela paterna le desprecia porque considera que su madre arruinó la vida de su hijo (el padre de Jamie).
El pequeño parece que anda mendigando amor y comprensión a falta de un hogar que se lo de. Lo encuentra de manera esporádica, primero en un prisionero alemán que trabaja en los campos escoceses y que le enseña alemán mientras Jamie le enseña ingés; en su abuelo paterno, ya viejo y que, como él dice, no tiene fuerzas para defenderle y, más adelante, mientras está en Egipto como soldado, en un compañero del ejército que le abrirá una ventana de esperanza hacia el futuro.


Bill Douglas refleja en estas películas su propia vida, es una especie de autorretrato en el que nos acerca a sus propias experiencias vitales, con una infancia y adolescencia marcada por la pobreza material y las privaciones emocionales.
Al tiempo, en las películas vamos viendo la evolución del propio cineasta que empieza el relato haciéndonos ver a través de las imágenes que, a pesar de relatar sus propias vivencias, aquello es una interpretación de la realidad en la que la ficción tiene su cabida, como ocurre en las novelas autobiográficas.
Sobre todo en la segunda y tercera entrega, esto se observa muy bien, pues en la segunda comienza con escenas de una película sobre la perrita Lassie (por cierto imágenes en color dentro del blanco y negro en que están rodados los tres films) y en la tercera, comienza con unos niños que están llevando a cabo una interpretación teatral. Magistral utilización de lo que se conoce como metalenguaje, con lo que el director se reafirma en esa idea que exponíamos: Esta es mi vida, pero os la estoy contando de manera ficticia.


Las películas tienen un cierto tono poético y están repletas de metáforas que el espectador debe interpretar, para ello requiere de nuestra constante atención que pretende lograr a base de imágenes fijas y primeros planes de rostros y detalles.
Con escasos diálogos y predominio del lenguaje visual, la historia tiene ciertos tintes dickensianos (el hecho de que el libro que lee Jamie sea David Copperfield, no es gratuíto). El primero de los films tuvo buena acogida en festivales y en los circuitos especializados, lo que dio paso al rodaje de los dos siguientes.
Estamos hablando de otro tipo de cine, en el mejor sentido del término, cine intelectual, alejado de los gustos del gran público y sin nada que ver apenas con el llamado cine comercial, lo que no obsta para que sean películas de gran calidad técnica y que se ven con gusto si se saben mirar con los ojos adecuados.
Películas sobre la vida misma, vista con ojos de artista que sabe extraer belleza de los entornos y circunstancias más duros y menos propicios para hacerlo, con imágenes y planos cargados de hermosura, encanto y poesía visual.