Otto (Brendan Gleeson) y Anna Quangel (Emma Thompson) son una pareja común que vive en un bloque de apartamentos en Berlín. Cuando su único hijo muere luchando en el frente francés, su pérdida los impulsa a un extraordinario acto de resistencia. Comienzan a dejar postales anónimas por toda la ciudad atacando a Hitler y su régimen. Si los atrapan, les espera la ejecución. Pronto su campaña llama la atención del inspector de la Gestapo, Escherich (Daniel Brühl), y comienza un juego mortal del gato y el ratón. Pero este juego solo sirve para fortalecer el sentido del propósito de Otto y Anna, y poco a poco sus vidas monótonas y su matrimonio se transforman al unirse en su silenciosa pero profunda rebelión.
El guion adapta la novela "Jeder stirbt für sich allein" ("Todos mueren solos"), editada en castellano como "Solo en Berlín", fue publicada publicada por primera vez en 1947, poco después de la muerte de su autor, el alemán Hans Fallada, una ficción histórica basada en una historia real, en la que se describe una ciudad atenazada por el miedo.
Dirigida por el escritor, actor y director suizo Vincent Perez, la historia ya había sido llevada al cine en 1975 por el cineasta alemán Alfred Vohrer.
Durante la Segunda Guerra Mundial, una pareja alemana (Otto y Elise Hampel), escribieron y distribuyeron por los portales, cerca de 300 postales, denunciando a Hitler y oponiéndose a la guerra. Ya resulta original y bienvenido que, por una vez, una película sobre la resistencia contra el régimen nazi no esté ambientada en Francia, Polonia o cualquier otro país ocupado, sino en la propia Alemania, en una demostración de que sí hubo, en mayor o menor medida, oposición al régimen y desmontando el mito, que aún hoy esgrimen algunos, de que no eran conscientes de la magnitud de lo que estaba ocurriendo.
La principal reflexión de la película es si sirven para algo estos modestos métodos de rebeldía, la conclusión debe sacarla cada espectador, pero claro que tienen consecuencias, sobre todo para quienes los llevan a cabo poniendo su vida en juego.
A lo largo de la película, llena de suspense, sentimos la futilidad de la rebelión personal de Otto y Anna contra el poder tiránico de Hitler. ¿De qué sirve su pequeña arma de postales contra las decenas de policías y agentes de las SS armados y con autoridad para arrestar y presentar cargos que los llevarán a la ejecución? Durante el film hay un diálogo entre el matrimonio, en que Otto le comenta a su esposa que le gustaría saber qué ocurre con las postales, cómo reacciona la gente al recibirlas y ella le responde que seguramente habrá quien tenga miedo, otros las vuelvan a dejar donde estaban, otros las entreguen a la policía, pero todos ellos las leerán y Otto replica: Es como con una máquina. Un poco de arena en los engranajes no la detendrá. Pero si alguien echa más arena, y luego más, el motor empieza a fallar. La cadena de montaje se detiene. Me imagino a mucha gente echando arena en los engranajes. Anna le dice que es un romántico y Otto replica: Soy mecánico.
























