viernes, 20 de abril de 2018

GRANDES ESPERANZAS

Pip (Toby Irvine, de niño y Jeremy Irvine de joven), vive con su hermana y el marido de esta, un humilde herrero. Sueña con convertirse en caballero, es un niño huérfano que vive una infancia desgraciada. Tras un desagradable encuentro con un preso que ha escapado de las galeras ancladas en la costa, al que ayuda a quitarse unos grilletes, se establece como acompañante de una mujer solitaria y excéntrica, de excelente posición económica y social, que vive junto a una niña extraña y pretenciosa, Estella (Helena Barlow), en una gran mansión. Paralelamente, un desconocido benefactor le ofrece una educación exclusiva en Londres. Años después, Pip se ha convertido en un caballero dispuesto a convertir a Estella en su esposa.
Adaptación de la novela del mismo título de Charles Dickens, una de las más conocidas del escritor inglés, en la que mezcla sus propias experiencias con el realismo británico imperante en la segunda mitad del S.XIX.
Hay otras versiones cinematográficas de la novela, la más reciente, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón en 1998, con Ethan Hawke, Gwyneth Paltrow, Anne Bancroft y Robert De Niro y otra de 1946, que en España se titulo Cadenas rotas, de David Lean, con John Mills, Valerie Hobson, Martita Hunt, Alec Guinness y Jean Simmons.


Quienes no hayan tenido el placer de leer la novela de Dickens, tendrán ocasión de descubrir una obra plagada de personajes interesantes en la que, una vez más, el autor retrata la sociedad de su época con sus miserias y sus alegrías y en la que las clases desfavorecidas tienen un importante papel.
La película transcurre de manera pausada y va desgranado, mediante recuerdos que vuelven al presente, el pasado de alguno de estos personajes y las historias lúgubres y míseras que ocultan, para construír el puzzle final en el que todo se va aclarando.
Deja un final en el que será el espectador quien imagine el futuro de la pareja protagonista que, en cierto modo, rinde homenaje al propio Dickens, pues el final de la novela fue reescrito por este, porque al parecer, al público no le agradaba el que figura en las primeras ediciones.
De cualquier modo, creo que a la película le falta algo de fuerza narrativa, aunque tiene algunos pasajes más logrados que otros.




jueves, 19 de abril de 2018

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS

Emitida con gran éxito en su día por Antena3 Televisión, la serie televisiva está basada en el bestseller homónimo de María Dueñas, y narra, en once capítulos, la vida de Sira Quiroga (Adriana Ugarte), una joven modista que, arrastrada por el amor hacia un hombre, abandona Madrid en los meses previos a la Guerra Civil para instalarse en Tánger. Pero allí las cosas no saldrán como ella tenía previsto, y se verá obligada a tomar las riendas de su vida. Totalmente sola, en un país desconocido, cargando con deudas ajenas, y con un corazón destrozado, el destino la llevará hasta Tetuán, la capital del Protectorado Español en Marruecos, donde luchará con todos los medios a su alcance para salir a flote.
En palabras de la autora de la novela, “Bajo esta trama esquemática se tejen múltiples lecturas transversales que la convierten a un tiempo en una novela de superación personal, una novela colonial, una novela de amor, una novela de conspiraciones históricas y políticas, y una novela de espías. Una novela de ritmo imparable cargada de encuentros y desencuentros, de identidades encubiertas y quiebros inesperados; de ternura, traiciones y ángeles caídos”.
Lo cierto es que la serie de la Corporación Atresmedia, rezuma cierta calidad por encima de la media a la que estamos acostumbrados en las televisiones de España, contando con una cuidada ambientación y unos medios económicos que permitieron grabar exteriores en Tetuán, Tánger o Lisboa, por ejemplo, algunos de los lugares en que transcurre la acción.
Bien interpretada por Adriana Ugarte, que lleva gran parte del peso, como no puede ser menos en un papel protagonista, entre el resto del elenco, hay de todo, interpretaciones buenas, aceptables y poco convincentes.
Es una pena que no logre desprenderse del aire de culebrón de sobremesa que tiene en muchos de sus pasajes, debido a un empeño en alargar escenas, de modo que en muchos momentos, aquello no avanza al ritmo que debería y uno tiene esa sensación que le queda en las telenovelas de que hay mucha paja y de que si hubieran suprimido unas cuantas escenas, aquello habría quedado bastante más dinámico. Cuando la estaba viendo no podía evitar una sonrisa entre la malicia y la decepción, por la pena que me daban la numerosas escenas de plano-contraplano y vuelta a empezar, con los actores estáticos, pensando en lo bien que podría haber quedado si se hubieran esforzado un poco más en lugar de empeñarse en que los episodios duren cada uno más de una hora, cuando no dan para tanto.
Eso por no hablar de las interminables introducciones en cada capítulo para recordarnos lo que ha ocurrido en los anteriores o en los nefastos aperitivos que se nos ofrecen de lo que va a ocurrir en el siguiente, con auténticos spoilers en sus imágenes.
Buen intento, argumento interesante, sobre todo en la primera parte, mientras la acción transcurre en Marruecos y un poco más manido en la segunda mitad, con la historia de los nazis en Portugal y todo eso. En esa segunda mitad baja bastante el interés y la calidad, hasta llegar a dos de las escenas del final, la que se rodó en la Plaza de Oriente y la del Castillo de Chinchón, que son penosas.
La pena es que pudo haber sido bastante mejor de lo que resulta al final en que se llega a hacer un poco pesada.




miércoles, 18 de abril de 2018

LOS JUEGOS DEL HAMBRE

Cada año, en las ruinas de lo que en su día fue Norteamérica, el Capitolio de la nación de Panem obliga a cada uno de sus doce distritos a enviar un chico y una chica adolescente a competir en los Juegos del Hambre, un retorcido castigo por un levantamiento que tuvo lugar en el pasado y una táctica de intimidación gubernamental continuada, son un acontecimiento retransmitido por televisión en todo el país en el que los "Tributos" (así llaman a cada uno de los participantes) deben luchar entre sí hasta que sólo quede un superviviente.
Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence), de dieciséis años de edad, se presenta como voluntaria en lugar de su hermana para participar en los juegos, y se ve obligada a confiar en su aguzado instinto, así como en los consejos de un antiguo vencedor borracho, Haymitch Abernathy (Woody Harrelson), cuando termina enfrentada a otros Tributos que han sido objeto de un entrenamiento intensivo y que se han estado preparando para estos Juegos durante toda su vida. Si quiere volver a su casa en el Distrito 12, Katniss deberá tomar decisiones imposibles en la arena en las que tendrá que contraponer la supervivencia a la humanidad, y la vida al amor.
A muchos, el personaje de Katniss les produce una especie de fascinación, una emoción visceral al verla encontrar su fuerza, voluntad y corazón bajo la presión más extrema que un adolescente pueda imaginar. Algo de esto debió ocurrirles a los ejecutivos de producción de Lionsgate Entertainment, que instantáneamente se dieron cuenta de que la novela, merecía ser llevada a la gran pantalla. Bueno, esto y un intento casi desesperado de sacar adelante la nada boyante economía de la productora.


Adaptación de la primera novela de la trilogía homónima de la estadounidense Suzanne Collins.
Pienso que el argumento que proporciona el libro está bastante desaprovechado, quizá porque el guión es flojo, pero también por las carencias en la realización a la que se acusa, entre otras cosas, de mover la cámara excesivamente.
Lo cierto es que la historia, visualmente, carece fuerza, la tensión que se debe vivir en una situación como la planteada, no se transmite al espectador que, por momentos, tiene la sensación de que en vez de una pelea a muerte, está presenciado una acampada de fin de semana de un grupo de adolescentes. Algo parecido ocurre con la historia romántica, los intérpretes apenas transmiten sentimientos.
La película es entretenida por la mucha acción que tiene, pero todo resulta demasiado previsible. Ya sabemos que buena parte del público potencial de una narración de este tipo, está formado por adolescentes, pero se nota demasiado que se han conformado con dirigirse a ese segmento y lo han hecho de la manera más convencional y poco imaginativa, de manera que el resultado final es una adaptación bastante deficiente.




martes, 17 de abril de 2018

SPQR. UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA

Mary Beard, catedrática de Clásicas en el Newham College de Cambridge, miembro de prestigiosas instituciones académicas y Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales 2016, nos acerca con esta obra sus conocimientos sobre el mundo de la Roma antigua adquiridos a lo largo de cincuenta años dedicados al estudio e investigación sobre esos romanos del primer milenio.
¿Por qué una pequeña aldea del centro de Italia, fundada según sus propias tradiciones en el 753 a.C., se expandió de un modo tan espectacular? Esa es quizá la pregunta que planea sobre todo el texto del libro y a la que la autora trata de dar una respuesta coherente. Roma es algo más que el morbo que suscitan algunos de los actos de sus mandatarios, la admiración por sus éxitos militares o por sus brillantes obras públicas, al cabo de dos mil años sigue siendo la base de nuestra cultura y nuestra política, de cómo vemos el mundo y nuestro lugar en él. Las academias militares siguen estudiando las campañas de César, en los foros, Cicerón sigue siendo un ejemplo de elocuencia y no hay plan de estudios de derecho que se precie que no reserve una asignatura para el estudio en exclusiva del derecho romano.
Es un libro serio en su planteamiento y hecho con rigurosidad académica, pero se lee como una novela, pero no una novela aburrida, en palabras de Luis Alberto de Cuenca, Mary Beard no escribre como Faulkner o Proust, escritores tan aburridos y pesados de leer, sino que hay que pensar en novelistas chispeantes como Stevenson, para dar una idea del placer que proporciona la lectura de esta obra.
El trabajo de Beard ha sido arduo y resulta de lo más interesante, pues se dedica a una época de la que disponemos de poca información de primera mano, pues si de los últimos años de la República y primeros de gobiernos unipersonales, hay abundantes testimonios, la cosa se complica cuando buceamos en los tiempos más remotos (el libro se detiene en el año 212 d.C., cuando el emperador Caracalla adoptó la medida de convertir en ciudadanos romanos de pleno derecho a todos los habitantes libres del Imperio).
De cualquier modo, SPQR no es una obra de simple admiración y la autora se dedica a desmontar algunos de los mitos que han llegado hasta nosotros, tratando de hacernos ver, a través de los datos recabados, que los romanos no tenían un grandioso plan para conquistar el mundo, pero tampoco se dedicaron a aplastar brutalmente a pueblos pacíficos que se ocupaban de sus propios asuntos. Ni héroes, ni demonios.
Seguramente, como explica la propia autora, no debe exagerarse el hecho de que tengamos que aprender directamente de los romanos, ni siquiera de los antiguos griegos, la cultura occidental tiene una herencia muy variada, pero de lo que no cabe duda es de que muchos de nuestros supuestos actuales, sobre el poder, la ciudadanía, la responsabilidad, la violencia política o el lujo y la belleza, se han configurado y puesto a prueba en diálogo con los romanos y sus textos.
Un libro sobre un mundo fascinante que tan de cerca nos toca, recomendable por igual a los aficionados a la historia, tanto como a quienes, víctimas de este sistema educativo, quieran escapar de su discutible plan de conocimientos y ahondar de forma rigurosa, ingeniosa y amena en esta historia de romanos.



lunes, 16 de abril de 2018

ANNA KARENINA

La acción se sitúa en 1874 en la Rusia Imperial. Anna Karenina (Keira Knightley) esposa de Alexei Karenin (Jude Law), alto funcionario del gobierno viaja desde San Petersburgo a Moscú cuando su hermano, el príncipe Oblonsky (Matthew Macfadyen) pide su mediación para tratar de evitar que su esposa Dolly (Kelly Macdonald) lo abandone tras descubrir sus infidelidades.
Al mismo tiempo llega a Moscú Levin (Domhnall Gleeson), para pedir la mano de Kitty (Alicia Vikander), hermana de Dolly, aunque esta lo rechaza, pues está enamorada del Conde Alexei Vronsky (Aaron Taylor-Johnson), un apuesto soldado que acude a la estación para recoger a su madre. Allí conocerá a la que ha sido su compañera de viaje, Anna Karenina, sintiéndose ambos inmediatamente atraídos.
Tras cumplir con su cometido y conseguir la reconciliación de Dolly con su hermano, Anna accede a acudir a un baile de sociedad sabiendo que al mismo acudirá el conde, con el que accederá a bailar, bailando de hecho con ella la mazurca, baile en el que todos esperaban ver escenificado el compromiso de Vronsky con Kitty.
Anna regresa a San Petersburgo, encontrándose con que Vronsky viaja con ella haciéndose amantes de inmediato entre las críticas de la alta sociedad, llegando a quedarse embarazada de Vronsky.
Aunque Karenin trata de hacer oídos sordos a los crecientes rumores sobre su esposa y el conde, esta se delata cuando acude a ver una carrera de caballos y muestra, ante todos, sus sentimientos cuando Vronsky cae del caballo, confesándole tras ello a su marido que ama al conde y que está embarazada de él.
Karenin, que no desea un escándalo, le propone a su esposa dar su apellido al hijo que espera y que continúe viviendo con él y con su otro hijo, Seriozha (Oskar McNamara) a cambio de renunciar a su amor por Vronsky, negándose a concederle el divorcio.
Levin, por su parte, tras su desengaño amoroso vive en la granja heredada de su padre, dedicándose a trabajar duramente como un bracero más, mientras sigue soñando con Kitty, por lo que, cuando le informan de que tal vez la encuentre más dispuesta a aceptarlo, acude de nuevo a verla, encontrándola esta vez proclive a aceptar el compromiso.
Entretanto, y tras el parto, Anna enferma, estando a punto de morir, por lo que Karenin decide perdonar a Vronsky al comprobar que la ama de verdad y que sufre como él y tras ver que Anna parece arrepentida de su aventura.
Pero cuando Anna se recupera, olvida su arrepentimiento, y, aunque sin divorcio, se marcha con Vronsky y vivirá con él.


Basada en la obra del mismo título de Leon Tolstoi, considerada como uno de los hitos de la literatura universal.
Arriesgada propuesta del británico Joe Wright, pues la historia se desarrolla, en buena parte, en el interior de un teatro. Las transiciones, en vez de los típicos fundidos o los cambios de escena sin solución de continuidad, recurren al cambio de decorado, bien mediante la aparición de nuevos fondos de escenario, o del mobiliario en escena; en otras ocasiones es una puerta que se abre al exterior, o el deambular de la cámara entre bambalinas, en la zona de tramoyas, subiendo o bajando a otros pisos o trasladándose al patio de butacas o a los palcos.
Todo ello sin que resulte molesto ni excesivamente llamativo, una vez aceptado, para el espectador y sin que de la sensación, ni de lejos, de ser teatro filmado.


La obra de Tolstoi, sin embargo, pierde buena parte de su fuerza, no por esta forma de narrarla, sino porque hay partes enteras que desaparecen o quedan desvirtuadas, como la propia historia de Levin, que en la novela va alternando capítulos con la de la Anna, hasta el punto de que el propio personaje apenas aparece en escena y con ello desaparece también todo lo que Tolstoi nos cuenta de la vida en el campo y del malestar creciente de la población rural.
Por otro lado, la historia de Anna, también pierde buena parte del sentido que tiene en la novela, en la que vemos a una protagonista casada con un hombre mayor y de vida monótona, y sus amistades y la gente le rodea, también es gente mayor, como su marido. Aquí eso, no solo no se aprecia, sino que se nos muestra todo lo contrario, y pierde mucha fuerza el desgarro con el que vive la separación de su hijo, uno de los motivos importantes del texto del escritor ruso, con esa dicotomía que ha de enfrentar Anna entre vivir su propia felicidad, que para su desgracia, le llega en condiciones desfavorables y el deseo de mantener a su hijo a su lado, cuando las leyes le niegan tal posibilidad.
A la hora de la verdad, ante la pérdida de parte de la fuerza trágica de este intenso drama romántico, la película queda relegada a un impresionante espectáculo visual en el que todo parece girar en torno a la fastuosa y original puesta en escena. Nada que reprochar a decorados, vestuario, iluminación, etc., pero, por contra, algunas escenas parecen demasiado preocupadas por la composición y el efecto visual y acaba por perder atractivo y, una vez asimilada la propuesta por el espectador y desaparecido el impacto novedoso de la misma, salvo alguna escena determinada, se vuelve reiterativa en los recursos y se llega a perder el interés, al menos por quienes hayan leído la novela y sepan cómo acabará todo.




viernes, 13 de abril de 2018

ON THE ROAD (EN LA CARRETERA)

Nada más morir su padre, Sal Paradise (Sam Riley), un neoyorkino aspirante a escritor, conoce a Dean Moriarty (Garrett Hedlund), un ex-convicto de un encanto arrollador y casado con la súper liberada y seductora Marylou (Kristen Stewart). Sal y Dean se hacen amigos al instante. Determinados a no vivir una vida encorsetada, los dos amigos lo dejan todo y comienzan un viaje por carretera junto a Marylou. Sedientos de libertad, los tres jóvenes salen rumbo al sur en busca de nuevos encuentros y de ellos mismos.
La muerte del padre, supone para Sal una fuerte sacudida y además se encuentra desanimado porque considera que su carrera como escritor, está estancada, con lo que se embarca en esta gira buscando la inspiración que le falta y que le haga salir del atolladero en que se encuentra.
Al viajar juntos por el suroeste de Estados Unidos, se esfuerzan por romper con la conformidad y buscar lo desconocido, y sus decisiones cambian el curso de sus vidas. A ello contribuirán no poco los variopintos personajes con que se van encontrando, cada uno dejará algo de sí en los jóvenes viajeros.
La película quiere ser un reflejo de una generación que quiso cambiar el mundo en la que Kerouac (Sam Riley) estuvo acompañado por Allen Ginsberg (Tom Sturridge), Neal Cassady (Garrett Hedlund) o William Burroughs (Viggo Mortensen).


El guión se basa en la novela homónima de Jack Kerouac, que nos sitúa a finales de los años 40 y comienzos de los 50 para relatarnos un periodo de la literatura estadounidense muy particular: la aparición de la Generación Beat, un movimiento que se caracteriza por el rechazo de los valores clásicos estadounidenses, típicos de la burguesía, a los que opone la reivindicación de la libertad sexual, el uso de drogas y sustancias estimulantes y el estudio de la filosofía oriental; una forma de entender la vida que dejó un poso indudable en el movimiento hippie o contracultural. De hecho, el libro fue una obra de culto a partir de los 60.


Cincuenta años tardó en llevarse a la pantalla la novela de Kerouac, cuando muchos la estaban esperando y los intentos por llevar a cabo la tarea fueron incesantes. Cuando se produce algo así, te invita a pensar que algo ocurre y que la adaptación no debe ser sencilla.
Al final el brasileño Walter Salles recibe el encargo de hacer la película. Francis Ford Coppola, enamorado de la novela, cuyos derechos había comprado 40 años atrás, será el productor ejecutivo.
Pero el resultado es bastante decepcionante, nada del acercamiento a las filosofías orientales; la integración racial apenas representada por unas cuantas sesiones de jazz a las que acuden los protagonistas, que parecen un grupo de drogadictos inmaduros, aunque alguna vez tengan ramalazos intelectuales, y así sucesivamente, en una adaptación sin alma y en la que quien no haya leído la novela, no alcanza a explicarse cómo ésta tiene tanta fama si es parecida al peñazo que está presenciando.
El viaje trata de ser representado por bellas imágenes, muy bien fotografiadas, observadas a través de los cristales del automóvil y siempre en movimiento, lo que llega a hartarte un poco.
Una película bastante aburrida y que te deja con la boca abierta, pero no de admiración precisamente.




jueves, 12 de abril de 2018

SE LO LLEVARON: RECUERDOS DE UNA NIÑA DE CAMBOYA

Loung Ung (Sareum Srey Moch) es hija de un alto funcionario del gobierno camboyano, tenía cinco años cuando los Jemeres Rojos tomaron la capital de Camboya en 1975 y se vio obligada a abandonar Phnom Penh, su ciudad natal, con su familia.
Cuando los Jemeres Rojos tomaron la capital camboyana, Loung Ung y su familia fueron conminados, al igual que otros miles de personas a dirigirse hacia el campo. Para no llamar demasiado la atención, trataron de hacerse pasar por campesinos.
Tuvieron que trabajar de doce a catorce horas diarias e intentaron subsistir con escasas raciones de alimentos, pero llegó un momento en que, para sobrevivir, la familia tuvo que separarse.
Ung fue entrenada como una niña soldado en un campo de trabajo para huérfanos, mientras que sus hermanos fueron obligados a realizar trabajos de campo.
La historia se relata a través de sus propios ojos, desde que tenía 5 años, cuando los Jemeres Rojos tomaron el poder, hasta los 9 años. El largometraje muestra el indomable espíritu y devoción de Loung y su familia mientras luchan por mantenerse unidos.
Cuando el régimen de Khmer Rouge asumió el poder de Camboya en 1975, dio comienzo un reinado de cuatro años de terror y genocidio en el que murieron casi dos millones de camboyanos, muchos de ellos en los llamados Campos de la Muerte, lugares en donde miles de personas fueron asesinadas y enterradas en masa en fosas comunes por el régimen. Durante la historia podemos ver a través de la protagonista las causas ridículas por las que se ejecutaban a las personas. Estos lugares fueron convertidos en museos de la memoria años después, a fin de recordar a las personas que murieron en condiciones tan desastrosas.


El filme es la adaptación de las memorias escritas por Loung Ung, una superviviente al régimen jemer que en 2000 publicó su diario para exponer al mundo lo que había ocurrido en su país, aportando detalles de su experiencia como niña soldado en el genocidio camboyano. Sensaciones que Angelina Jolie ha tratado de plasmar desde el best-seller de la conocida activista por los derechos humanos, combinando escenas sensibles con momentos que parecen sacados de un drama bélico.
A pesar de que la película narra lo que la protagonista, al igual que miles de camboyanos, sufrió en sus carnes, no vayan a pensar que estamos ante un intento de tocar la fibra sensible del espectador, todo lo contrario, creo que se queda corta, aquellos años fueron un verdadero infierno en que murió el 25% de la población camboyana debido a la desnutrición, los trabajos forzados o los asesinatos en masa.
La película, dentro de la desgracia que retrata, tiene algo de poético en las largas escenas de silencio, en que la niña (entrañable y cautivadora la interpretación de Sareum Srey Moch) se entrega a sus reflexiones o trata de asimilar lo que está viendo. La cámara de Jolie se recrea en su rostro que nos transmite una mezcla de serenidad, belleza y fragilidad, que sin embargo logra imponerse estoicamente y sobrevivir ante las duras condiciones en que se desarrolla su día a día, un retrato de esa especie de estoicismo sobrehumano que los occidentales vemos en las gentes de oriente y que tanto nos admira.
Una de las críticas que se hacen del guión es que nada habla de los antecedentes de todo este desastre, los Jemeres Rojos no surgieron por generación espontánea, sino en buena medida, por culpa de la desastrosa política bélica de Richard Nixon, que sometió al país camboyano a un sinnúmero de bombardeos de los que los expertos llaman "de alfombra", que arrasaron el país y provocaron miles de víctimas civiles. Ni Inglaterra, ni Alemania, ni Japón, sufrieron semejante agresión durante la Segunda Guerra Mundial, bomba atómica incluída. Todo ello con la excusa de que en Camboya (país nominalmente neutral), tenían sus bases las guerrillas del vietcong y era necesario cortar sus líneas de suministro. Dicho esto, hay que recordar que el film es la adaptación de un libro y que en él, la autora del mismo habla de su experiencia, la de una niña que no había cumplido diez años y, como es lógico ella nada sabía de todas estas cuestiones políticas, sencillamente cuenta lo que vivió en primera persona.


La película está bien rodada, con una buena dirección de actores y con algunos planos aéreos muy llamativos, en los que se ve deambular a los personajes a vista de pájaro, en medio de la exuberante naturaleza de la selva o entre los campos de arroz, componiendo imágenes realmente bellas. Otras, igualmente bien rodadas, son impactantes por el drama que retratan, recuerdo ahora una en la que se ve parte del entrenamiento de los niños soldado, en que están horas y horas, con su fusil sobre los hombros, metidos en un río, con el agua hasta la cintura, bajo una lluvia monzónica y sin perder la formación.


Una crónica real, de uno de los episodios más vergonzosos de la historia reciente de la humanidad que quizá, para aquellos a quienes pille de nuevas, sería interesante documentar con esos antecedentes que hemos mencionado, para entender como un grupo de comunistas maoístas, formados en algunas de las más prestigiosas universidades europeas, al frente de una tropa de analfabetos (dicho en el mejor sentido del término y sin ánimo peyorativo), la mayoría de ellos adolescentes, lograron hacerse con el poder y someter al país a un régimen que les devolvió a la edad de piedra, quedando abolida la moneda, la religión y la familia. Todo pertenecía al Estado. Se fomentaba la delación y el asesinato entre familiares como muestra de obediencia, hasta conformar el experimento de ingeniería social más extremo de la Historia.