martes, 24 de marzo de 2026

ROSEANNA

 

Una tarde de julio, mientras se procede a labores de draga y limpieza del fondo, aparece el cuerpo de una joven en el lago Vattern, en Suecia. Tres meses después, todo lo que sabe el inspector de policía Martin Beck es que el nombre de la chica es Roseanna, que vino de Lincoln, Nebraska, y que pudo ser estrangulada por cualquiera de las ochenta y cinco personas que viajaban con ella en una excursión en barco. 
La novela está escrita en un tono deliberadamente realista, con detalladas descripciones y en la que sentimos, desde las primeras líneas, que investigadores y el resto de personajes secundarios, incluída la víctima, son personas bastante normales, con vidas anónimas alejadas de algunos de los estereotipos del género policiaco. El tiempo transcurre también con naturalidad, con largos periodos en los que nada sucede y Martin Beck y sus colegas ven en esto un mal tan frustrante como necesario, pues el investigador de homicidios impaciente carece de armas. Seis meses les lleva resolver el crimen, pero sentimos que podrían haber sido también varios años, pero nunca se habrían dado por vencidos, pues su virtud fundamental es la paciencia. No hay nada heroico en ellos, simplemente hacen su trabajo y en el ínterin se sienten indispuestos, cansados, frustrados o han de lidiar con sus pequeños asuntos domésticos. 
La historia está llena de vida, mantiene la tensión y su desarrollo narrativo está hábilmente planteado y, aunque lo que cuenta sigue pareciéndonos actual, no deja de resultar llamativo y tener su encanto, observar cómo ha cambiado el mundo, cómo hemos cambiado todos en los años transcurridos desde aquel 1965 en que se publicó, a la actualidad: Se fumaba sin parar, no había teléfonos móviles, por lo que se usaban los teléfonos públicos, los ordenadores eran prácticamente desconocidos, ni siquiera había llegado el fax y las comunicaciones en cuanto a pruebas o documentos, se hacían por el correo tradicional y aunque a la Europa más desarrollada y pujante económicamente, llegaban obreros para trabajar en las grandes industrias, no habían comenzado las continuas avalanchas de refugiados que llegan ahora. 
Los autores, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, fueron pareja desde 1962 hasta 1975, año en que, con sólo 48 años, murió Per y escribieron las diez novelas protagonizadas por el inspector de la Brigada Criminal Central Martin Beck. Con la muerte de Per la serie se interrumpió. 
Se les considera los precursores de lo que años más tarde sería la exitosa eclosión de la novela negra escandinava, con autores tan populares y de tanto éxito editorial como Henning Mankell, Stieg Larsson, Jö Nesbo, Asa Larsson y tantos más. 
Más allá de la trama y la resolución del asesinato, resulta una novela fascinante. 
Como curiosidad, en la novela se cita a la División Azul española, sin que tenga mayor interés en la narración, ni en el desarrollo de la novela. Se habla de ella como una tropa de élite, algo que no se ajusta a la realidad, ya que en su gran mayoría eran jóvenes voluntarios falangistas empujados por las autoridades del régimen a luchar contra el comunismo y algunos no tan voluntarios que se alistaron para blanquear un pasado izquierdista de ellos o de sus familias.



lunes, 23 de marzo de 2026

LA BALADA DEL SOLDADO

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven soldado Alyosha (Vladimir Ivashov), de apenas 19 años, va a ser propuesto para recibir una medalla como recompensa por un acto heroico en el frente. En lugar de esta distinción, pide unos días de permiso para visitar a su madre y reparar el techo de su casa. En el tren rumbo al este, conoce a Shura (Zhanna Prokhorenko), una joven que se dirige a casa de su tía. Durante esos pocos días de viaje, vivirán su breve historia de amor.


Tras la muerte de Stalin, la URSS vivió una especie de apertura (entre comillas) que no duró mucho, pues aquello se fue matizando para no dejar demasiado suelto al personal. Este breve periodo se notó en algunas obras artísticas, cine incluído, que aprovecharon la situación para poder expresarse en un lenguaje hasta entonces impensable. 
Esta no es una clásica película bélica que exalte al héroe y en el que la valentía quede patente, tampoco lo es en el plano visual, no hay grandes despliegues bélicos. Lo que aquí vemos es un héroe que está muerto de miedo, según propia confesión y que ante la cercanía irremediable de la muerte, ya con todo perdido, se enfrenta él solo a los tanques enemigos inutilizando un par de ellos, incluso la secuencia de todo esto resulta bastante cutrecilla, porque este no es el asunto que preocupa a Grigori Chukhrai. El asunto central arranca a partir de aquí, lo visto hasta entonces es mera excusa para que el soldado emprenda su viaje en el que veremos toda la tragedia de la guerra sobre la población civil y la historia romántica entre Alyosha y Shura, su aproximación, su progresivo enamoramiento, una amor en el que ni siquiera tienen tiempo para darse un beso, porque antes de que fragüe, han de separarse y todo queda en el imaginario de lo que pudo ser y no fue. 
Pero hay mucho más, porque en el camino surgen historias paralelas mediante las que el realizador nos va describiendo situaciones hasta entonces nunca reflejadas en el cine soviético: La prostitución, la corrupción, la ayuda americana o la desesperanza de la gente ante las penurias, entre otras cosas. Todo ello con algún que otro sutil toque de humor e ironía, además de una fotografía fascinante, escenas perfectamente planificadas, un ritmo de lo más adecuado y un lenguaje cinematográfico que no excluye el componente poético en muchas de las imágenes que se nos muestran. Da la impresión de que absolutamente todo en la película está pensado para destacar, por encima de otras consideraciones, un canto a los seres anónimos, exaltando sus virtudes, pero señalando sus defectos, hasta el hecho de que en ningún momento se nos hable de un soldado soviético y sí de un soldado ruso, parece querer dejar de lado las ideologías para centrarse en las personas.


Con su poética imaginería visual, la película de Grigori Chukhrai, es una reflexión poco convencional sobre los efectos de la guerra, estando considerada como un hito en el cine ruso.




viernes, 20 de marzo de 2026

LA ASCENSIÓN

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, dos partisanos soviéticos van a una aldea bielorrusa en busca de comida. Tras un prolongado tiroteo en la nieve, en el que uno de los alemanes muere, los dos hombres escapan, pero Sotnikov (Boris Plotnikov) recibe un disparo en la pierna. Rybak (Vladimir Gostyukhin) debe llevarlo al refugio más cercano, la casa de Demchikha (Lyudmila Polyakova), madre de tres niños pequeños. Sin embargo, son descubiertos y capturados.


El guion adapta la novela Sotnikov, del escritor bielorruso Vasili Bykov, publicada en 1970 y posteriormente reeditada con el título de Liquidación
Dirigida por la malograda realizadora soviética nacida en Ucrania Larisa Shepitko, fue galardonada con el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 1977.


Tras mostrarnos las penurias de la población en general y los partisanos en particular, escasos de comida, con armamento precario y sin apenas municiones, moviéndose por interminables superficies nevadas, sometidos a los elementos naturales y a la persecución constante del enemigo, la película nos traslada a la peripecia particular de los dos soldados apresados por los alemanes, al igual que los tres civiles que les acompañan: Una niña, un anciano y la joven madre en cuya casa se refugiaron.
Cuando los protagonistas se enfrentan a la tortura, cada uno debe elegir entre la lealtad y la confesión, callar o delatar, en una prueba espiritual que eleva el drama terrenal de la película al plano de la alegoría religiosa con tintes místicos, temas muy arraigados en la iconografía cercana al cristianismo, inaceptables en películas bélicas soviéticas en las cuales el patriotismo y el heroísmo debían prevalecer, cuando Shepitko lo que pretendía era, sencillamente, llevar a la pantalla las cuestiones morales y éticas que consideraba universales y esenciales del ser humano. De hecho hay una escena que no podía ser más metafórica, parece una recreación de la ascensión al Gólgota. 
Por fortuna, la realizadora contó con valedores para sacar adelante esta película que narra los horrores de la guerra desde una perspectiva diferente, áspera, dura y muy emotiva.




jueves, 19 de marzo de 2026

LA CARTA QUE NUNCA FUE ENVIADA

 


Tres geólogos y un experto explorador soviéticos son enviados a Siberia en busca de diamantes. Tienen la suerte de encontrar una mina y situarla en el mapa que ha de ser llevado a Moscú, pero el día de la partida, un terrible incendio forestal les mantiene atrapados en el bosque.


Basada en un relato de Valery Osipov, que participa en el guion de este film dirigido por Mikhail Kalatozov que vuelve a deleitarnos con sus virtuosismo, el empleo de grandes angulares que suplen la ausencia de scope, largos travellings planificados al milímetro y escenas que muestran todo el rigor de la naturaleza que parece defenderse de aquellos que quieren arrancarle lo que conserva en sus entrañas.


La película tiene dos partes, en la primera se nos muestra el duro trabajo de los geólogos, repetitivo, frustrante en ocasiones, incluso aburrido, pero en el que ponen todo su empeño, desarrollando las ingratas tareas de excavar catas y lavar la tierra extraída en busca de indicios del mineral que buscan.
La segunda parte se inicia con el incendio y aquello se convierte en un film de supervivencia, con algunas escenas de suspense y gran intensidad en las que el entorno cobra vida, pasando de ser un lugar de belleza salvaje a un enemigo implacable. Pocas veces la naturaleza ha sido rodada con tal realismo, con un gran trabajo de cámara que nos hace partícipes de lo desesperado de la situación y de lo inhóspito que se ha tornado el entorno.
Algunos en la antigua Unión Soviética tacharon al film de primar la forma sobre la historia, puede que algo de razón tuvieran, pero realmente su calidad visual es realmente llamativa.




miércoles, 18 de marzo de 2026

CUANDO PASAN LAS CIGÜEÑAS

 


Verónica (Tatiana Samoilova) y Boris (Alexei Batalov) forman una pareja felizmente enamorada hasta que la inesperada invasión alemana de 1941 los separa. Caminando junto al río, observan el vuelo de las grullas ajenas a cuanto les rodea. Boris se alista voluntario para unirse al Ejército Rojo, mientras Veronika espera pacientemente, enviando cartas, aunque ha perdido el contacto con él. Cuando un devastador ataque aéreo destruye su casa, el padre de Boris la acoge, pero allí habrá de defenderse de las cada vez más insistentes insinuaciones del primo de Boris, que ha logrado evadir su incorporación al frente.


Viktor Rozov adapta su propia obra de teatro "Eternamente vivos". El título original de la película podría traducirse como "Las grullas vuelan". 
Dirigida por el virtuoso realizador Mijaíl Kalátozov, el film fue premiado con la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1958.


Tras el fallecimiento de Stalin en 1953 y el aparente abandono del culto a la personalidad, algo fue cambiando en la antigua Unión Soviética, entre otras cosas la posibilidad de enfrentar temas cotidianos o históricos desde otra perspectiva. De hecho, la película causó sensación entre el público soviético que presenciaba una obra alejada de las acostumbradas películas de propaganda. En ésta, aparte de reflejar el dolor y los traumas que la guerra causó en la población, se contemplaban asuntos hasta ese momento innombrables como esquivar el servicio de armas, la especulación o el mercado negro.
Un drama magníficamente elaborado, con interpretaciones de gran intensidad, que resulta muy emotivo y en el que el realizador soviético nos ofrece algunos planos y secuencias realmente muy llamativos.




martes, 17 de marzo de 2026

LA BESTIA

 

Dos niñas aparecen muertas en el trastero de un sótano. Cuatro años después, su asesino escapa de la cárcel y los peores temores se hacen realidad: otra pequeña es asesinada con signos de haber sido violada. La situación escapa a todo control. En un ambiente de histeria colectiva provocado en gran parte por los medios de comunicación, Fredik Steffansson, el padre de la última víctima, decide vengarse tomándose la justicia por su mano. Pero la brutalidad resulta contagiosa y las consecuencias son devastadoras. La caza del asesino desencadena una ola de violencia sin precedentes que obligará a los ciudadanos a enfrentarse a preguntas escalofriantes: ¿Quién debe morir? ¿Qué vida es más valiosa? 
La novela escrita por los suecos Anders Roslund y Börge Hellström, no es policiaca al uso y de hecho, la investigación dirigida por su protagonista, el policía Ewert Grens, aunque es indudable que tiene su peso, no deja de tener un valor relativo, la verdadera trama está en otra parte, en el dilema moral que plantea con la actuación del padre de la última niña asesinada. Cuando confiesa su actuación entra en juego lo que de verdad los autores plantean al lector: ¿Ha sido lícita la actuación del padre o debe ser condenado por haber cometido un asesinato? 
El fiscal tratará de hacer ver que ha incumplido la ley al tomarse la justicia por su mano y que estuvo cuatro días preparando la muerte del pederasta, por lo que estamos ante una actuación premeditada. La abogada defensora, intentará hacer valer un párrafo del Código Penal en el que se indica que no es delito una acción cometida en legítima defensa o en defensa de los demás que utilice una fuerza razonable. Como quiera que el acusado consideró que si se entretenía en dar aviso a los policías que estaban en el lugar daría tiempo al pederasta para escapar (ya se había escapado de la policía anteriormente, incluso con grilletes), decidió actuar para salvar la vida de otras dos niñas de las que le había oído pronunciar su nombre y que asistían al parvulario alrededor del que merodeaba. La opinión pública lo considera un héroe, pero si es declarado inocente, se van a producir linchamientos al estilo del Viejo Oeste Americano, por parte de ciudadanos que se van a aferrar a este antecedente para deshacerse por su cuenta de violadores y pederastas que se encuentren fuera de prisión. 
Al final, en la novela no triunfan los policías sobre los delincuentes o los buenos sobre los malos, porque en este caso, aunque los hay, el planteamiento va por otro camino y está construido a modo de denuncia social, la de que algo en las leyes no acaba de encajar bien cuando una persona que ha salvado a dos niñas de ser torturadas, violadas y asesinadas y a sus respectivas familias del sufrimiento a que se verían sometidas, puede se condenado a verse privado de libertad, es decir, castigado. La novela plantea también otros asuntos, como la vida carcelaria con algunas de sus peculiaridades, o de la prensa, de su carácter investigador y de denuncia y del poder que tiene a la hora de movilizar a la opinión pública (para bien o para mal), no olvidemos que de los dos autores, Roslund es periodista y Hellström era un exdelincuente inmerso en el activismo por la reinserción de expresidiarios. 
Como dicen los autores, esto es una novela, pero no olvidemos que personas como Bernt Lund, el asesino pederasta, con sus sádicas emociones y su incapacidad para relacionarse a nivel emocional con los demás, recorren nuestras calles y pueblan las redes sociales.



lunes, 16 de marzo de 2026

LUZ DE GAS

 


Años después del asesinato de Alice Barlow (Marie Wright) a manos de un ladrón que buscaba sus joyas, los recién casados Paul (Anton Walbrook) y Bella Mallen (Diana Wynyard) se mudan a la misma casa donde se cometió el crimen. La felicidad de la mujer termina cuando empieza a oír ruidos que la aterrorizan. B.G. Rough (Frank Pettingell), dueño de un establo que tiene coches de alquiler y antiguo detective retirado que trabajó en el caso Barlow, sigue en el barrio y empieza a sospechar de Paul, quien, según él, guarda un asombroso parecido con un familiar de la difunta asesinada.


El guion adapta la famosa obra teatral homónima de Patrick Hamilton
El éxito de la obra, tanto sobre las tablas como en el cine, animó a la Metro-Goldwyn-Mayer, a adquirir los derechos del original, con una cláusula que exigía la destrucción de todas las copias de esta película que ahora comentamos, dirigida por el británico Thorold Dickinson.


Sin duda eclipsada por el remake que se hizo cuatro años después, merece la pena ver esta primera adaptación, una película claustrofóbica sobre el miedo doméstico.