En un barrio miserable e insalubre de las afueras de una ciudad japonesa en la época feudal, hay un albergue regentado por Robukei (Ganjirô Nakamura) y su mujer, en el que se puede encontrar alojamiento por poco dinero. Allí conviven gentes de bajo estrato social: un antiguo policía, un viejo artesano, un actor fracasado, un ladrón, una prostituta: todos ellos conforman el paisaje cotidiano de la miseria.
Akira Kurosawa, trabajando de nuevo con su actor más conocido, Toshirō Mifune, adapta fielmente la obra clásica de Maxim Gorky, que ya había sido llevada al cine en 1936 por Jean Renoir en un film protagonizado por Jean Gabin.
Con diálogos constantes, el maestro nipón despoja de todo rastro revolucionario que impregna la obra de Gorky para centrarse en los personajes, reunidos en esta especie de antesala de un infierno del que no hay redención posible. Por diversas circunstancias, todos han llegado al lugar más bajo de la escala social, sumidos en el egoísmo a que lleva la lucha por la propia supervivencia, sin embargo, de cuando en cuando, se ven notas de solidaridad.
Sin un atisbo de esperanza, es una película sombría que siempre mantiene el enfoque original en el conflicto entre la ilusión y la realidad.
























