jueves, 20 de septiembre de 2018

FEMME FATALE

La especialista en robos Laure Ash (Rebecca Romijn) participa en un robo de diamantes durante la inauguración del Festival de Cine de Cannes en 2001, en Francia. El plan es que Laure robe una especie de top en forma de serpiente, tasado en 10 millones de dólares y confeccionado a base de valiosos diamantes. La prenda forma parte del vestido que luce una famosa y extravagante supermodelo llamada Veronica (Rie Rasmussen).
Acreditada como fotoperiodista francesa, Laure accede al recinto del festival, se las apaña para atraer a Veronica al baño de señoras, donde comienza a seducirla en una de las cabinas. Los dos cómplices de Laure, "Black Tie" (Eriq Ebouaney) y Racine (Édouard Montrouge) , además del conserje, que está compinchado con ellos, tienen que apoyar a Laure mientras realiza su "trabajo". Black Tie reduce a los guardaespaldas de Verónica y se cuela en el baño de damas y coge los diamantes mientras Laure los va arrancando del atuendo de Verónica y los tira al suelo donde Black Tie los pone en una bolsa y los reemplaza por réplicas de vidrio. Racine, mientras tanto, trata de sabotear el suministro eléctrico para dar tiempo a los otros dos a huír con el botín. Cuando se descubre el engaño, Laure traiciona a su banda y huye con las joyas. Durante la fuga, encuentra a una mujer idéntica a ella, la cual, tras la muerte de su marido y de su hija, se suicida. Laure decide adoptar su identidad para salir de Francia y empezar una nueva vida.


Guión y realización de Brian De Palma que nos ofrece algunos de sus habituales movimientos de cámara nada convencionales y también sus ya clásicos planos secuencia.


A pesar de que la idea argumental no está nada mal, el resultado final adolece de falta de brillantez, creo que podría haber resultado una película interesante, con ese giro argumental del final que cambia todo lo que hemos visto hasta entonces. Pienso que De Palma intenta seguir una linea que le acerque en cierto modo al cine de Hitchcock, pero, desde luego se queda a años luz.
Pobre actuación de Antonio Banderas, no sé si porque está mal dirigido o porque no da más de sí.
La película resulta entretenida por momentos, pero en otros, sobre todo en lo relativo a la historia romántica entre los dos protagonistas, se llega a hacer algo pesada.




miércoles, 19 de septiembre de 2018

CUATRO HOMBRES Y UNA PLEGARIA

Tras una orden de traslado de un regimiento de lanceros, de su puesto en un paso de montaña en la India, se produce una revuelta  de nativos que tiene el trágico saldo de 90 muertos. El responsable de que los lanceros fueran trasladados a otro lugar y dejaran sin custodia el paso por el que penetraron los rebeldes, el Coronel Loring Leigh (C. Aubrey Smith), es licenciado del ejército con deshonor, tras un consejo de guerra que le encuentra culpable de los cargos que se le imputan. Telegrafía a sus cuatro hijos, uno estudiante en Oxford (William Henry), el segundo abogado en Londres (George Sanders), el tercero aviador y playboy (David Niven) y el último adjunto de la embajada británica en Washington (Richard Greene), a quienes convoca para explicarles su versión de lo ocurrido. Pero ocurre que el viejo Coronel es asaltado y asesinado en su propia casa, de manera que cada uno de los hermanos toman la determinación de esclarecer las misteriosas circunstancias del crimen, dos de ellos toman rumbo a la India para seguir a un misterioso coronel (Barry Fitzgerald) y otros dos a Buenos Aires, para entrevistarse con el capitán Douglas Loveland (Reginald Denny), quien supuestamente recibiera la polémica orden. Mientras avanzan en sus investigaciones, empiezan a descubrir la verdad oculta y perturbadora sobre la muerte de su padre, en la que todo apunta a un complot urdido por un traficante de armas.
El guión se basa en una obra original de David Garth, publicada en forma de serial en la revista "Hearst's International-Cosmopolitan" (1936-1937).


El propio Ford decía sobre esta película: "Sencillamente no me gustaba el argumento ni nada, de modo que era un trabajo que hacer. Les tomé un poco el pelo."
Lo que ocurre es que hay algunos momentos en los que se le va la mano absolutamente. Por ejemplo, pretende hacer una escena en tono de comedia cuando acribillan a los revolucionarios en la escalera y le sale algo bastante deleznable, al menos moralmente; igual que cuando trata el asunto de la venta de armas como un simple negocio, de hecho el argumento que utiliza el empresario norteamericano es que la gente no escarmienta y quieren matarse entre sí y que si él no les vende las armas, otro lo hará, por lo cual prefiere que el dinero acabe en sus bolsillos. Supongo que algo así deben pensar los narcotraficantes para autojustificarse. Aunque es cierto que, en este caso, lo compensa algo con la crítica que hace a eso tan americano de llevarse las guerras lejos de su suelo.
Sin embargo sí que le sale una buena escena de humor negro con el fusilamiento del General Torres (J. Edward Bromberg), en un estilo que me ha recordado algunas escenas del posterior cine de Woody Allen.
Interesante el papel de Loretta Young, con un personaje atolondrado, una joven hija de papá, pero que demuestra ser una mujer independiente y que llegado el caso, sabe tomar decisiones propias aunque pongan en peligro su comodidad material.
Por lo demás, a pesar del argumento de fondo y de los muertos, incluído el padre de los protagonistas, parece como si estos, se tomaran a broma todo el film, quizá Ford les contagió ese espíritu de tomadura de pelo.
Hay una escena, aquella en la que el General Torres visita el almacén donde los rebeldes preparan sus armas, cuyos diálogos están, en buena parte, en castellano en la versión original.
Al margen de otras consideraciones, llama la atención la calidad del elenco de actores que intervienen.




martes, 18 de septiembre de 2018

LA PROPIEDAD

Leopoldo Kanitz es el magnate de los cereales en Austria. Su esposa, aquejada de una grave enfermedad que, seguramente le costará la vida, está ingresada en el hospital más moderno de Europa, situado en un pueblecito al oeste de Viena, allí ha acudido Kanitz en busca del último recurso que le queda para salvar a su esposa, aunque sabe que apenas hay esperanzas.
El matrimonio ha sido acompañado por el médico de cabecera de la familia que, en tanto se produce la larga intervención a que va a ser sometida la enferma, conduce a Kanitz a una posada cercana y durante la comida que comparten, escucha una historia que comienza en un olvidado pueblo de la frontera húngaro-eslovaca. La historia de un pobre niño judío llamado Caleb que un día llegará a ser el hombre que tiene ante él.
Bien redactado, con un lenguaje sencillo pero muy cuidado, este relato breve, del escritor venezolano Alí Jesús Reyes Hernández, es un cuento sobre el amor y sobre la redención.
El hombre que de niño se ofrecía a cuidar los caballos a las puertas de los negocios o a llevar las cestas de las vendedoras al mercado a cambio de un puñado de patatas, que empacaba y hacía mandados a los comerciantes, aprendió, por fuerza a sobrevivir desde la pobreza familiar y gracias a su natural inteligencia, aprendió a leer y escribir, a hacer operaciones matemáticas y, más adelante, a rellenar los formularios de impuestos de los comerciantes, hasta convertirse en una máquina oportunista que sabe como hacerse indispensable, que supo sacar partido de la información que manejaba y de su habilidad para el regateo y la compraventa.
Pero la vida dura que había llevado de niño, también le convirtió en un ser duro, nada compasivo con quien pudiera caer en las redes de sus negocios.
La aparición en su vida de una mujer ingenua, carente de malicia, lo contrario a aquello en lo que Kanitz se había transformado, obra una verdadera catarsis en el protagonista.
A modo de relato moral, muy ameno, el autor nos acerca una historia en la que, cual Saulo camino de Damasco, una luz cegadora, se convierte en el faro que alumbra un camino de redención.
El relato se puede descargar aquí.



lunes, 17 de septiembre de 2018

HURACÁN SOBRE LA ISLA

Manikoora es una isla de los mares del Sur azotada desde siempre por los tifones, aunque hace años que no ha sufrido ninguno. Es una colonia francesa cuyo gobernador ejerce el poder al margen de las tradiciones y costumbres de los nativos y obsesionado por hacer cumplir la Ley sin atenerse a consideraciones personales, aunque, claro, es la ley de los colonizadores.
El alegre Terangi (Jon Hall) es un líder entre los nativos y el contramaestre de la Katopua, la gran nave del capitán Nagle (Jerome Cowan). Terangi se casa con Marama (Dorothy Lamour) y a continuación emprende viaje a Tahití a bordo del barco.
Mientras está en un bar junto a otros nativos, Terangi se ofende por la actitud de un francés racista y alcohólico y le golpea la cara, rompiéndole la mandíbula. A pesar del testimonio del capitán Nagle, Terangi es sentenciado a seis meses de trabajos forzados debido a que la víctima tenía conexiones políticas con gente poderosa. El capitán Nagle le pide al Gobernador Eugene DeLaage (Raymond Massey) que use su influencia para ayudar a Terangi, pero el gobernador se niega. Terangi intenta escapar sin éxito de la prisión, y cada intento aumenta su sentencia, hasta sumar una condena de 16 años de cárcel. Cuando lleva cumplidos ocho de ellos, por fin consigue escapar y su libertad se celebra en Manukura. El padre Paul (C. Aubrey Smith) encuentra su canoa y trae a Terangi a la isla, después de que este hay realizado una travesía de casi mil kilómetros en su huída. Pero un devastador huracán también está a punto de llegar amenazando a sus habitantes.


El guión se basa en la novela "El Huracán", de Charles Nordhoff y James Norman Hall.
Salvo algunas tomas rodadas en Samoa que sirvieron como fondo para algunos planos, absolutamente todo, por increíble que parezca a quien vea el film y aunque no se note, fue construído para la ocasión en los exteriores de los estudios de Samuel Goldwyn (el poblado, la iglesia, las palmeras, la playa, los edificios...), incluída la laguna, un estanque de 180 metros de diámetro.
Todo quedaría destruído al final por un maremoto recreado mediante la apertura de tanques de 2.000 litros de agua, dispuestos sobre torres de 20 metros, controlados por Ford mediante dispositivos eléctricos.


Es una película de encargo de la que Ford no estaba especialmente satisfecho, entre otras razones porque no se le permitió viajar a los Mares del Sur, donde quería rodar exteriores y, supongo, de paso darse un garbeo con su barco, el Araner, que sí aparece en alguna imagen del film.
El argumento principal del film es la colisión entre culturas, la imposición de las normas por los blancos que chocan, en este caso, con la ingenuidad y la manera de vivir alegre y despreocupada de los indígenas a los que se somete sin miramientos. De hecho, el suceso que desencadena el drama del protagonista es la actitud chulesca y prepotente de un francés cualquiera que entra en la taberna y ordena a los marineros nativos que se pongan en pie, sin mediar más razones, a lo que Terangi reacciona como lo hubiera hecho cualquiera ante una falta de respeto semejante. Al blanco nadie le pide responsabilidades por haber desafiado a un grupo de personas que estaba a lo suyo y ni siquiera se habían percatado de su presencia, pero al pobre Terangi, le llevan a la cárcel, con una condena de seis meses que suponen lo mismo que para un pajarillo al que se le mete en una jaula.
El caso es que el film nos ofrece algunas de las imágenes típicas del realizador, un trabajo serio en el que destacan, por lo llamativo, las secuencias impresionantes del huracán. En su momento, fue todo un éxito de taquilla.
Una anécdota: Ford se iba de vacaciones antes del rodaje del film y había sugerido al estudio algunos nombres, entre ellos el de Charlie, vecino suyo puerta con puerta, natural de Tahití y estupendo nadador. Una mañana, Ford y Charlie coincidieron cuando sacaban el automóvil del garaje. "¿A dónde vas?", le preguntó Ford. "A la United Artist". "Yo también ¿Qué vas a hacer allí?". "Voy a salir en una película". "¿Cómo se llama?". "Huracán sobre la isla".
Y es que mientras Ford estaba fuera, el estudio le había hecho unas cuantas pruebas a Charlie, les habían gustado y le había cambiado el nombre por el de Jon Hall.





viernes, 14 de septiembre de 2018

LA MASCOTA DEL REGIMIENTO

Joyce Williams (June Lang) y su hija Priscilla (Shirley Temple) viajan hasta la India para instalarse en una base militar británica en el norte del territorio, junto al abuelo paterno de la pequeña, el Coronel Williams (C. Aubrey Smith).
A su llegada, son testigos de la captura de Khoda Khan (Cesar Romero), líder de una facción rebelde de nativos. Priscilla juega a ser un soldado y hasta le dan un uniforme y el simpático sargento MacDuff (Victor McLaglen) le permite participar en los ejercicios de instrucción, algo a lo que su hosco abuelo se opone e insiste en que permanezca separada de las tropas, aunque finalmente la niña acaba por encadilarle, al fin y al cabo como hace con todo el mundo que la conoce, incluyendo a Khoda Khan, a quien se gana al devolverle esta un talismán que perdió en el forcejeo con los soldados en el momento de su arresto.
Cuando el atractivo teniente Brandes (Michael Whalen) abandona su puesto para acompañar a Joyce a un baile, Khan escapa y Brandes es arrestado. A medida que aumentan las hostilidades con los rebeldes, Priscila y el sirviente Mohammet Dihn (Willie Fung) -en realidad un espía indio- se dirigen hacia la fortaleza de Khoda Khan.
Además de haberse ganado el cariño de todos cuantos la rodean, la pequeña acabará jugando un importante papel para resolver la rebelión que se avecina.


El guión se basa en un relato de Rudyard Kipling, en el que el protagonista es un niño, Percival Williams, pero se cambió a una niña, Priscilla Williams, para que Shirley Temple interpretara el papel.
El director John Ford odiaba trabajar con actores infantiles, pero dirigió esta película debido a su gran presupuesto, y porque su amigo Victor McLaglen estaba en ella. Inicialmente, Ford se mostró frío ante Shirley Temple, pero le conquistó con el empeño que ponía y su excelente interpretación, sobre todo en la escena de la muerte de MacDuff. Ford luego trabajó con Temple en Fort Apache (1948), nuevamente con Victor McLaglen, y más tarde se convirtió en padrino de su hija mayor.


Resulta claro el componente mitológico de la película y como quien no quiere la cosa, Ford también nos ofrece un estudio detallado de la vida militar en la India británica, sin embargo lo que acaba definiendo el film es la mirada infantil del mundo que nos ofrece a través de los ojos de la protagonista.
Vienen a mi memoria los relatos de aquellos que, de niños, acudían a las tareas familiares y recuerdan con añoranza todo aquello, es muy típico, por ejemplo, de las gentes cuyos antepasados se dedicaron a las labores del campo, antes de que la mecanización se impusiera, relatar con nostalgia la trilla, la vendimia, la recogida de fruta, el cuidado de los animales... Tareas todas ellas penosas, que tenían esclavizados a quienes de ello comían y que los niños vivían como un juego, entre otras razones, porque las abandonaban cuando se cansaban o se aburrían.
Algo así le ocurre a Priscila, que contempla con emoción la instrucción de los soldados, sus tareas, las paradas, el izado de la bandera, los caballos galopando y escucha con alegría el toque de la trompeta o el sonido de la gaita. Todo es un juego y con su ingenuidad acaba seduciendo a quienes ven aquello como un penoso deber, casi como una esclavitud, para acabar contagiándoles de su visión ingenua e insuflando nuevos ánimos que harán su trabajo más llevadero.
Seguro que Wee Willie Winkie es una película típica de aquellas sesiones matinales de cine familiar, pero también es un film muy bien hecho, con sus tres personajes principales (Temple, McLaglen Aubrey Smith) magníficamente interpretados, divertida y, sobre todo, muy entrañable.
Seré ñoño, pero es una de esas películas que no me importa volver a ver de vez en cuando y siempre me río y la disfruto.




jueves, 13 de septiembre de 2018

THE FALL: EL SUEÑO DE ALEXANDRIA

A principios del siglo XX, en el ala pediátrica de un hospital de Los Ángeles, la locuaz Alexandria (Catinca Untaru) se está recuperando de un brazo roto. Alexandria, una niña de cinco años, trabaja con su familia de inmigrantes en la cosecha de naranjas y acaba de perder a su padre. En el mismo hospital se encuentra Roy Walker (Lee Pace), un especialista en secuencias de acción, que trabaja en la industria de Hollywood y se está recuperando de una desafortunada caída. Roy también tiene el corazón roto por la pérdida de su novia que se ha ido con el actor principal de la película que rodaba.
Roy hace una promesa a la niña: Le contará una historia maravillosa. Así comienza a contar una historia fantástica sobre seis héroes y su enemigo común, el odioso gobernador Odious. Black Bandit (Emil Hostina) que perdió a su hermano Blue Bandit que fue asesinado por los hombres de Odious; el experto en explosivos Luigi (Robin Smith) que fue expulsado de su ciudad por Odious; el indio que perdió a su hermosa esposa que fue secuestrada por Odious; el antiguo esclavo Otta Benga (Marcus Wesley) que perdió a su hermano gemelo en los campos de Odious; Charles Darwin (Leo Bill) a quien Odius envía el cadáver de una mariposa de la especie Americana Exotica, lo que provoca la ira del naturalista; y un místico que odia a Odious por haber destruido la fauna y la flora de sus tierras. Todos ellos unen sus fuerzas para vencer al malvado Odious. Mientras Alexandria imagina la historia, en la que proyecta las imágenes de sus conocidos sobre los personajes, el desconsolado Roy usa su inocencia para pedirle a la niña que, a cambio de la historia que le está relatando, robe morfina y medicinas del dispensario, con las que pretende suicidarse.


Inspirada en una película búlgara de 1981, titulada Yo ho ho.
Fue filmada e 28 países durante cuatro años, aunque de algunos de ellos apenas aparece algún fotograma, por ejemplo, se muestra un rápido flash de la Torre Eiffel, del Coliseum romano o de un molino manchego, entre otras cosas.


Bajo la apariencia de un cuento que es pura fantasía, la película es, sobre todo, un espectáculo visual de primer orden. Tarsem Singh es un reputado realizador de videoclips, algunos de mucho éxito y pone todos sus conocimientos y experiencia de ese mundo en la planificación y realización de muchas de las escenas de la película que son composiciones de gran impacto estético y visual, algunas de ellas verdaderas obras de arte por sí mismas. Solo por su belleza, por su factura estética, ya merece la pena ver la película.
El cuento, las aventuras de los seis personajes, no es gran cosa como historia, pero los encuentros entre la niña y Roy, son deliciosos y es que Catinca Untaru nos embelesa con una actuación que tiene algo de mágico y mucho de espontáneo.
El film también rinde homenaje al cine como espectáculo visual, a eso vienen las maravillosas imágenes del principio y las del final, cuando están viendo una película muda en el hospital y cuando se suceden cortes de diversas películas de la época anterior al sonoro y se ve en los rostros de los niños y mayores que las contemplan, toda la magia que en ellos despierta el entonces incipiente arte.
Hay gente a la que no le ha gustado, a mí me ha encantado el film y me parece que entre las imágenes, una auténtica orgía, no sólo de color, sino de luz y texturas y la entrañable interpretación de la protagonista, es una película que merece la pena no perderse.
Hay algo en la película que quizá a algunos se les escape: El mono de Darwin "Wallace" es una referencia al naturalista Alfred Russel Wallace, quien desarrolló, al margen de los trabajos de Darwin, su propia teoría de la selección natural. Darwin y Wallace presentaron la teoría juntos, pero debido a la publicación de "Sobre el origen de las especies", usualmente se atribuye a Darwin el mérito exclusivo de la teoría. La escena en Butterfly Island cuando Darwin encierra a Wallace en el saco y dice "nosotros ... tengo una idea" puede tomarse como una alusión a este asunto, pues se adjudica el mérito exclusivo de ideas que no eran completamente suyas.




miércoles, 12 de septiembre de 2018

MARÍA ESTUARDO

Inglaterra, siglo XVI. Después de enviudar, María Estuardo (Katharine Hepburn) abandona Francia y regresa a Escocia, dispuesta a ocupar el trono del que es heredera. Pero los conflictos se acumulan: la nobleza le es hostil, empezando por su hermanastro James Stuart, conde de Moray (Ian Keith), y, además, su apego al catolicismo choca con la fe que predica John Knox (Moroni Olsen), fundador de la Iglesia presbiteriana de Escocia, lo que acabará enfrentándola con él y despertando el recelo de los protestantes. Por otro lado, su prima Isabel Tudor (Florence Eldridge), hija ilegítima de Enrique VIII, fruto de sus amores con Ana Bolena, teme que reclame sus derechos a la corona inglesa. Su único aliado es el conde Bothwell (Fredric March), comandante de las tropas escocesas, hombre enérgico aunque no muy querido por el resto de la nobleza, de quien se enamora, aunque por razones de estado tendrá que casarse con el decadente Lord Danley (Douglas Walton), que acaba muriendo asesinado, algo que aprovechan los enemigos de María, encabezados por Knox, para hacerla responsable de la muerte de su esposo.
Tras una revuelta de la nobleza, la reina es apresada y recluída, para, al final caer en manos de los ingleses. María declina la oferta de su prima Isabel que está dispuesta a perdonarla siempre que renuncie a sus derechos a la corona de Inglaterra. María sabe que el trono, debido a la falta de descendencia de Isabel, acabará siendo para su hijo y por ello, está dispuesta a ofrendar su propia vida a cambio de que un día su descendiente porte la corona del reino.


El guión se basa en una obra de teatro de Maxwell Anderson, escrita en verso blanco, estrenada en Nueva York el 27 de noviembre de 1933, que tuvo 248 representaciones.


Película bastante decepcionante que se coloca entre las menos relevantes de Ford. Aunque muchos críticos hablan de la confrontación que se hace entre la mujer que vivió en plenitud su condición de tal, frente a Isabel, la llamada Reina Virgen, que sacrificó sentimientos por ejercer el poder, yo creo que en el fondo tratan de encontrarle valores que no tiene la película que se pierde en su estructura teatral, con un montón de diálogos bastante insustanciales y que si no fuera por la presencia de Katharine Hepburn, estaría más olvidada de lo que ya lo está.
Ford se recrea en unos cuantos primeros planos del encantador rostro de la actriz y nos ofrece alguna escena que sobresale de las demás, como la impresionante subida al cadalso de María.
Por lo demás, una película bastante normalita.