Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En una pequeña ciudad francesa vive Barny (Emmanuelle Riva), una joven viuda que trabaja corrigiendo pruebas en una academia por correspondencia (no hagan caso de lo que dicen muchas reseñas de que trabaja en Correos). Ella y su hija sufren los rigores de la guerra y para evitar la deportación de la niña, hija de padre judío, la envía al campo. A pesar de considerarse atea, para proteger a la niña decide bautizarla y elige al sacerdote Léon Morin (Jean-Paul Belmondo) para tratar con él temas relacionados con la religión y el catolicismo, y Léon le presta libros. Barny se convierte al catolicismo y se acerca más a Léon, sintiendo un deseo no correspondido por él.
Basada en la novela Léon Morin, prêtre (Premio Goncourt 1952), de la escritora belga en lengua francesa Béatrix Beck, secretaria de André Gide, que fue quien la animó a plasmar sobre el papel sus experiencias, entre otras, la pérdida de su esposo, un judío apátrida, víctima del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial.
La propia autora de la novela criticó el hecho de que Melville hubiera hecho una obra comercial,
entretenida y para todos los públicos, sin profundizar en los sentimientos del personaje
principal, que en la novela muestra con más intensidad su amor por el sacerdote. Por su parte, Melville comentó que, al dirigir esta película, se propuso demostrar que no era un director
de filmes para ser disfrutados por un círculo de entendidos y cinéfilos, y que podía atraer
a un público más amplio.
Aunque no fue un éxito rotundo (A pesar de su triunfo en el XXII Festival de Venecia), la película destaca por sus interpretaciones, su montaje e ingeniosos encuadres, y su evocadora representación de la ocupación francesa. La guerra se ve como algo tangencial, pero vemos a alemanes e italianos que ocupan la localidad o a los norteamericanos que acaban liberándola (por cierto, no quedan muy bien parados), además de hacer referencia a temas como el de las tondues y otros que tienen que ver con el colaboracionismo, tratados de pasada pero que significan los primeros pasos para que fueran abordados más abiertamente por el cine francés posterior.
El sacerdote es plenamente consciente del poder que ejerce sobre la mujer y Jean-Pierre Melville logra transmitir la cercanía física entre el cura y ella, creando una atmósfera cargada de insinuaciones que es también una lucha moral entre los deseos físicos y las convicciones religiosas.
La película pone el énfasis en la soledad de las mujeres durante el conflicto, tocando asuntos tan delicados como la homosexualidad femenina o la masturbación. Buena parte de la narración transcurre con escenas subjetivas que cuentan la historia bajo el punto de vista de Barny.
Las conversaciones entre los dos protagonistas resultan de un elevado intimismo, abordando temas como la existencia de Dios o el propio sentido de la vida, y las relaciones entre ambos, en las que el sacerdote mantiene siempre su fidelidad a sus votos, son tratadas con elegancia y madurez, sin soslayar momentos explícitos en cuanto a la atracción que Barny siente por él.
La banda sonora, ecléctica e ingeniosa es obra del pianista de jazz Martial Solal, aunque no tiene nada que ver con este género musical.

























