Longfellow Deeds (Gary Cooper) es un ingenuo joven de pueblo que se traslada a Nueva York para hacerse cargo de una herencia de veinte millones de dólares. Allí se enamora de la encantadora Louise 'Babe' Bennett (Jean Arthur), sin saber que es la periodista que lo ridiculiza en sus artículos.
El argumento principal de la película surgirá cuando Mr. Deeds decide invertir su fortuna en un plan de empleo que favorezca a miles de familias afectadas por la Gran Depresión. Se verá acusado de loco por el bufete de abogados que busca administrar sus bienes y es llevado a juicio. Y todo por querer actuar según sus nobles principios y no comportarse como, según ellos, debiera hacer un millonario: malgastando su dinero en viajes, diversión y mujeres.
Aunque asistimos a la típica historia de amor con malentendidos y simulaciones de por medio, Frank Capra nos ofrece en esta mezcla de sátira, comedia y romance, su particular visión de la prensa como una bandada de carroñeros que se pirra por entregar carnaza a sus lectores. Por supuesto el bufete de abogados que supuestamente se encarga de administrar los bienes de Deeds, tampoco sale bien parado, ni siquiera los intelectuales y artistas que pululan alrededor del nuevo rico, o el psiquiatra que actúa de experto en el juicio, se libran de los dardos de Capra.
¿Que la película destila almíbar y que el personaje resulta tan ingenuo en su afán de redimir el mundo que es difícil creerse la historia? Pues es más que probable, pero es el cine de Capra que sabe transmitir esa ingenuidad y esa fe en la humanidad y si seguimos sin creernos sus argumentos, al menos, por unos momentos, nos hace sentir que todavía quedan Quijotes en el mundo.
En definitiva, la importancia que nuestra sociedad da al dinero; la capacidad de la prensa para manipular a la opinión pública o la sempiterna crisis económica que afecta a los de siempre. Un film de hace casi cien años, pero no me negarán que los asuntos que aborda siguen siendo de plena actualidad, cosa distinta es que en la actualidad, estos temas serían tratados de otra manera bien distinta.























