jueves, 2 de abril de 2026

BUDA EXPLOTÓ POR VERGÜENZA

 


Baktay (Nikbakht Noruz), una niña afgana de seis años, tras ver al hijo de sus vecinos leer una breve historia, desea fervientemente asistir a la escuela para aprender a leer cosas divertidas. De regreso a casa, ella y otras niñas son acosadas por unos niños que juegan de forma cruel reflejando la sociedad tan violenta que los envuelve, destrozando el cuaderno que con tanto esfuerzo ha logrado comprar.


En 2001, el régimen talibán de Afganistán, en uno de los mayores atentados contra la cultura jamás perpetrados en tiempos modernos, ordenó destruír las estatuas conocidas como los Budas de Bāmiyān, impresionantes estatuas que representaban a Buda, talladas en parte en la roca, a los lados de un acantilado. 
En ese paraje, aún viven numerosas familias afganas en las cuevas que en tiempos sirvieron de hogar a los monjes budistas que habitaron como ermitaños el valle de Bāmiyān. En ese lugar es donde viven los protagonistas de esta historia. 
La película está dirigida por la iraní Hana Makhmalbaf, cuando tenía tan solo 18 años, con poco más que una cámara y actores no profesionales de la zona.


Lo que la realizadora iraní pretende, no es tanto denunciar la barbarie de destruír unas estatuas, como lo que esto y otras acciones similares, algunas de ellas mucho más violentas y despiadadas, influye en la actitud presente y futura de los niños, los adultos de mañana. Juegan, pero a qué juegan, a lo que ven, a la guerra y a someter a las mujeres, de hecho, amenazan con lapidar a las niñas. 
A diferencia de los niños occidentales que contemplan la violencia en la televisión o en el cine, los niños afganos la han aprendido al presenciar las atrocidades sufridas por sus familiares, siendo testigos de cómo sus padres eran asesinados delante de sus propias casas.
La historia está narrada con sencillez, incluso con ingenuidad y la pequeña protagonista interpreta su papel de forma conmovedora.




miércoles, 1 de abril de 2026

CAMPO DE THIAROYE

 


Un grupo expedicionario de fusileros senegaleses que había luchado en el ejército francés durante la II Guerra Mundial, regresa a Dakar. Reunidos en el campamento militar de Thiaroye, esperan el pago de los salarios y la indemnización prometida por la administración colonial francesa. Pronto, los soldados se dan cuenta de que son tratados con desprecio, alojados en condiciones degradantes y, sobre todo, privados de lo que les corresponde, ya que las autoridades intentan pagarles una suma irrisoria en comparación con la que reciben los soldados franceses. A pesar de sus demandas pacíficas y legítimas, el diálogo se deteriora. Las tensiones aumentan entre los fusileros y el ejército colonial. La situación se torna trágica cuando las autoridades francesas deciden reprimir violentamente las protestas. Treinta y cinco tirailleurs senegaleses fueron sacrificados y muchos más heridos cuando el ejército francés reprimió a sangre y fuego una revuelta pacifica.


Basada en hechos reales, el senegalés Ousmane Sembène, considerado el padre del cine africano, narra una de las mayores vergüenzas de los últimos años del periodo colonial francés en África. 
Tomados prisioneros después de la derrota de mayo-junio de 1940, los tirailleurs generalmente fueron encarcelados en Francia en Frontstalags, e inicialmente fueron custodiados por los nazis y más tarde, tras la prolongación del conflicto en el frente oriental, por sus propios oficiales franceses, hecho que muchas veces se vivió como una humillación. 


Tras la liberación del territorio metropolitano, los tirailleurs fueron desmovilizados y hubo que organizar su repatriación a África. Un primer barco saldría de Bretaña con un contingente de tirailleurs africanos a bordo. Sin embargo, más de 300 de ellos se negaron a embarcar hasta que recibieron parte de su salario atrasado. Esta negativa marcó la primera movilización de los tirailleurs contra lo que consideraban una injusticia. Las normas estipulaban que una cuarta parte del salario debía pagarse en el momento del embarque y el resto en Dakar en el momento de la desmovilización. Los tirailleurs que aceptaron embarcar, que los diversos informes estiman entre 1.200 y 1.600, llegaron a Dakar el 21 de noviembre, siendo llevados al campamento militar de Thiaroye, donde se suponía que esperarían su desmovilización antes de regresar a sus hogares en África Occidental. Más de 500 de ellos tenían que subir a un tren a Bamako el 27 de noviembre. Sin embargo, los pagos se retrasaron y se negaron a abandonar su campamento hasta que les pagaran, por temor a que nunca recibirían el dinero una vez que se dispersaran en sus pueblos. Al día siguiente, el comandante general de la División Sénégal-Mauritanie, Marcel Dagnan, el oficial de más alto rango presente ese día en Dakar, fue a Thiaroye. En su informe del 5 de diciembre, indicó que estuvo a punto de ser tomado como rehén por los tirailleurs del campamento. No existe en los archivos ningún documento que sustente esta afirmación y que pueda ser entendida como una justificación de la masacre.


Durante décadas, el Ejército francés justificó la matanza en esta excolonia francesa, alegando que fue en respuesta a un "motín". En 2012, el entonces mandatario francés, François Hollande, se refirió a una "sangrienta represión". Pero, finalmente, el 28 de noviembre de 2024, el presidente Emmanuel Macron reconoció en una carta a las autoridades senegalesas que el horrible suceso ocurrido en Thiaroye en 1944 fue, en efecto, una masacre. 
La película no se distribuyó en Francia, a pesar de que había sido preseleccionada para el Festival de Cine de Cannes y había ganado un premio especial en el Festival de Cine de Venecia. 
El film establece una comparación visual directa con los campos de internamiento nazis, precisamente contra lo que habían ido a luchar los senegaleses a Europa y, claramente, ilustra los vínculos intrínsecos del colonialismo con el racismo y el totalitarismo.




martes, 31 de marzo de 2026

CÍCULOS CERRADOS

 

Como cada mes de julio, la famosa regata del archipiélago de Estocolmo está a punto de comenzar. Hay especial expectación ante quién será el ganador en esta edición. El nuevo yate de lujo del rico abogado y miembro del Real Club de Vela, Oscar Julander, es el que cuenta con las mayores probabilidades. De repente, esta embarcación amaina la marcha, después de que su capitán caiga abatido por un disparo ante la estupefacta mirada de la multitud. El detective Thomas Andreasson se alía de nuevo con Nora Linde, abogada local y amiga, para investigar el suceso.
Viveca Sten entrelaza los problemas matrimoniales de Nora, con la intriga del misterioso asesinato. 
Nora es una mujer ambiciosa en su profesión y muy trabajadora, habiendo sacrificado su propio éxito profesional en bien de su familia. Poco a poco se va distanciando de su consentido marido que no vive para otra cosa que el dinero y el reconocimiento social, pero se opone al deseo de Nora de cambiar de empleo, así que ésta se sumerge en el misterio que su amigo policía se trae entre manos, cuando le pide ayuda. 
Además de la detallada narración de la complicada investigación policial, la autora expone los secretos y mentiras de la clase alta, en una novela con demasiados altibajos, aunque resulta interesante, tampoco es que la trama nos depare demasiadas sorpresas.



lunes, 30 de marzo de 2026

OSAMA

 


Bajo el opresivo régimen talibán, la madre de una muchacha de 12 años, médico de profesión, pierde su empleo en un hospital y las dos mujeres, así como la abuela, se convierten en auténticas prisioneras en su propia casa, ya que no pueden abandonarla sin un «acompañante legal» y tienen prohibido trabajar fuera para ganarse la vida. La madre y la abuela urden un plan: le cortarán el pelo a la chica y cambiarán su indumentaria, para que parezca un muchacho. Asustada ante la posibilidad de que se descubra su secreto, la joven –que ha adoptado el nombre de Osama (Marina Golbahari)– empieza a trabajar para un tendero del vecindario, que fue amigo de su padre. Pero pronto tiene que empezar a acudir a la escuela islámica, y allí será más difícil ocultar su verdadera identidad.


La historia que nos acera el afgano Siddiq Barmak —Globo de Oro en 2004 por este film—  es triste, muy triste, precisamente porque es real, porque estas cosas están ocurriendo y, paradójicamente, fue posible rodarla después de que la intervención estadounidense hiciera perder poder a los talibán y se pudieran volver a rodar películas con cierta libertad. Pero, mira por donde, los que parecía que se habían ido, regresaron, con mayor virulencia si cabe y vete a saber cuántas mujeres en Afganistán están sufriendo ahora las consecuencias.


A pesar de algunas opiniones de la crítica sobre aspectos relativos a su valor artístico nada favorables, a mí me parece que realmente tiene algunas secuencias realmente conseguidas, en cualquier caso y opiniones encontradas aparte, la considero una película esencial que invita a la reflexión y que ofrece una perspectiva invaluable sobre la vida bajo un régimen fundamentalista.


viernes, 27 de marzo de 2026

MOOLAADÉ (PROTECCIÓN)

 


En una aldea de Burkina Faso, seis niñas de entre cuatro y nueve años, van a ser sometidas a la ablación genital. Todas ellas saben que la operación es una tortura horrible y a veces letal, y todos los adultos saben que algunas mujeres mutiladas solo pueden dar a luz por cesárea. Dos de las niñas se han arrojado a un pozo para escapar del tormento, las otras cuatro acuden a Collé (Fatoumata Coulibaly) para que las proteja. Esta mujer, que en su infancia sufrió la ablación genital, siete años atrás se negó a que su hija fuera sometida a esa práctica porque le parece una barbarie. A partir de ese momento, se enfrentan dos valores: el respeto al derecho de asilo (el moolaadé o protección) y la tradición de la ablación (la salindé). La moolaadé está indicada por una cuerda de colores y nadie se atrevería a acercarse para rescatar a las niñas. La moolaadé solo puede ser revocada por la propia Collé. El hermano mayor de su marido lo persuade para que la azote en público hasta que la revoque. Grupos de mujeres le gritan, unas para que la revoque, otras para que se mantenga firme, pero ninguna interviene.


Con un enfoque narrativo muy simple, al menos desde la perspectiva occidental, heredero de una tradición que se basa más en lo oral que en la escritura, para transmitir su mensaje, su guionista y realizador, el senegalés Ousmane Sembène, trata de hacerlo de la forma más sencilla posible, sin conversaciones triviales. Su puesta en escena también es sumamente concisa. Cada escena contiene lo necesario, lo que hace que cualquier objeto que vemos, puede tener tanto significado como las mismas palabras.


El film no solo aborda la mutilación genital femenina, sino también la violencia sexual, la violencia doméstica y el papel que desempeñan la religión y la tradición en el control de los pensamientos de las personas, especialmente de las mujeres, y cómo se utiliza para privarlas de su sexualidad mediante la mutilación y los matrimonios concertados. 
Con cada escena cuidadosamente planificada y unos diálogos que a veces parecen algo ingenuos por su sencillez. Un cine poético, vital, de gran colorido, muy crítico y valiente en los planos político y social, con momentos de humor contenido, pero rebosante de vida y profundidad.




jueves, 26 de marzo de 2026

VETE Y VIVE

 


Gracias a una iniciativa del Estado de Israel y de los Estados Unidos, desde el 20 de noviembre de 1984, hasta el 4 de enero de 1985 se lleva a cabo la «Operación Moisés» para trasladar a miles de judíos etíopes (los Falashas) a Israel huyendo del régimen pro-soviético de Mengistu Haile Mariam, que les prohibía salir del país, en una operación diseñada por el Mossad, pasando previamente a su traslado en avión, por los campos de refugiados sudaneses en los que se apiñan desplazados de 26 países. Una mujer etíope cristiana, convence a su hijo de nueve años para que se declare judío a fin de que pueda huir de la miseria. Cuando el niño llega a Israel, dada su condición de huérfano, lo adopta una familia judía francesa que vive en Tel-Aviv. Pasa la infancia atemorizado ante la posibilidad de que se descubra su doble secreto, su doble mentira: no es ni judío ni huérfano, sólo es negro. Con el tiempo, irá descubriendo el amor, la idiosincrasia judía y la cultura occidental. Pero también el racismo y la guerra en los territorios ocupados, sin olvidar nunca a su verdadera madre y su verdadera naturaleza: un etíope salvado de la muerte.


Partiendo de unos hechos reales de la historia reciente del continente africano, Radu Mihaileanu sitúa inmediatamente su película en el ámbito del testimonio y la memoria, pero también en la búsqueda de la identidad a través de la historia de este niño cristiano al que su madre confía a una mujer falasha, cuyo hijo acaba de morir, para que le salve la vida, pero esta mujer, también muere y, en teoría, el joven se convierte en huérfano. 
La narración recorre tres etapas en la vida del protagonista: la infancia, la adolescencia y la juventud.


El film oscila constantemente entre una novela épica y un documental histórico. De una sobriedad formal y un control impecable, la película transmite la poderosa convicción de su director. Su principal fortaleza reside en su capacidad para conseguir que empaticemos con los personajes, claramente favorecida por las decisiones narrativas. Explora las múltiples posibilidades que ofrece su tema, impregnado de un mensaje de vida, humanidad, esperanza y amor. Y refuerza su mensaje con un vibrante homenaje a la figura materna, representada a través de los cuatro personajes femeninos principales: la madre africana, la madre falasha, la madre adoptiva y la amada Sarah, futura madre del fruto de su amor.




miércoles, 25 de marzo de 2026

EL CUARENTA Y UNO

 


Un destacamento del Ejército Rojo, liderado por el comisario Yevsyukov (Nikolay Kryuchkov), se retira desde el mar Caspio hasta las arenas del Karakorum, entre ellos la mejor tiradora del destacamento, Maryutka (Izolda Izvitskaya). En el trayecto se cruzan con  una caravana en la que viaja el teniente del Ejército Blanco Govorukha-Otrok (Oleg Strizhenov), portador de un mensaje oral para el estado mayor de sus tropas, al que toman como prisionero. Los supervivientes de la travesía del desierto llegan a la costa del mar de Aral, donde María, Govorukha-Otrok y dos soldados embarcan para intentar cruzarlo, mientras el resto de sus compañeros seguirán el viaje por tierra bordeando el mar. Los dos soldados del Ejército Rojo mueren durante una tormenta, y María y el teniente quedan solos en una isla.


El guion adapta una novela del escritor y dramaturgo ruso Boris Lavrenyov, que ya había sido llevada a la pantalla en versión muda en 1927.


Grigori Chukhrai lleva a la pantalla esta singular historia en la que el amor y los ideales políticos se enfrentan en esta especie de drama romántico que vive la pareja protagonista. En tanto viven inmersos en el conflicto bélico que asola al país, son enemigos, pero cuando, como nuevos robinsones, quedan aislados, las diferencias ideológicas quedan aparcadas y se abandonan a la intensa pasión de dos jóvenes que descubren el lado humano del otro. 
El film hace gala de una fotografía que tiene algo de pictórica, con muchos primeros planos de los rostros de los soldados soviéticos que remarcan el sufrimiento de la dura travesía del desierto y en la que también se reflejan algunas circunstancias que acompañan a la narración principal, como el menosprecio con que tratan a los kazajos ambos ejércitos, mostrándose superiores a ellos.
Un film que alterna los momentos emocionantes con otros conmovedores, la crudeza de algunas secuencias, con otras que tienen algo de poéticas.