martes, 11 de diciembre de 2018

STALINGRADO

Hay muchos momentos relevantes durante la II Guerra Mundial, pero hubo tres acontecimientos que fueron decisivos para el devenir futuro de la contienda, por supuesto, uno fue el desembarco de Normandia, pero también lo fueron la batalla de Midway, que marcó un antes y un después en la guerra del Pacífico y, sin duda, la batalla de Stalingrado, sobre todo por las consecuencias que tuvo, algunas de las cuales se dejaron sentir muchos años después y es que el sacrificio que hicieron los soviéticos, fue reconocido por todos y, más allá de la victoria sobre los alemanes, lo que cortó en seco su racha de triunfos, aquella sangría del Ejército Rojo, hizo que los aliados tuvieran que tratar con algo más que respeto a Stalin, de forma que, muchas de las cosas que se le reconocieron a la URSS en el papel que debía jugar política y territorialmente al acabar la guerra, vienen de esa victoria concreta sobre las tropas alemanas.
Desde el punto de vista de la propaganda sirvió, por un lado, para demostrar que la Wehrmacht no era invencible, pero también para prestigiar el papel de Rusia en el concierto internacional.
Con absoluta maestría, Antony Beevor narra los grandes momentos de la batalla, pero también las pequeñas anécdotas que nos acercan al día a día de los combatientes anónimos y de la población civil, que tanto sufrió.
Stalingrado fue una auténtica carnicería, en la que los hombres se vieron enfrentados a las situaciones más extremas que puede soportar un ser humano. Además del enemigo, el polvo del verano y el frío intensísimo del invierno, unidos a la falta de suministros, al hambre y las enfermedades, convirtieron aquello en un escenario de lo más cruel que uno pueda imaginar.
El libro comienza con una aproximación al escenario general en el frente oriental de la Segunda Guerra Mundial, prosigue con un repaso breve a la concepción de la operación Barbarroja y su desarrollo durante la segunda mitad del año 1941 y la primera de 1942, para después sumergir al lector en el terrible entorno del Ostfront, en la decisión enfermiza de tomar Stalingrado en lugar de aislar la ciudad y en los penosos combates que se vivieron en sus calles, con descripción de las operaciones y las vivencias de los soldados que peleaban casa por casa.
El lector se encuentra perfectamente situado en los acontecimientos y la lograda ambientación, nos hace sentir el sufrimiento de quienes allí estuvieron.
También se hace referencia a las tomas de decisiones, tan controvertidas, sobre todo la de los dos jefes de estado, Hitler y Stalin, muchas veces erróneas, lo que supuso incrementar el número de bajas. Su soberbia les hizo tomarse aquello casi como algo personal, sin preocuparles demasiado el número de vidas humanas que pagaron su orgullo.
A pesar de la gran cantidad de datos que nos ofrece, el libro se lee sin dificultad, porque el autor sabe mezclar de cuando en cuando las pequeñas cosas que ha ido sacando de las cartas y notas que escribían los soldados y también de las que recibían de sus casas, lo que nos acerca al lado humano de la tragedia.
Un buen libro, que captará la atención del lector interesado por la historia y que merece la pena leer.



lunes, 10 de diciembre de 2018

JUNO

Juno MacGuff (Ellen Page), de 16 años, es el tipo de chica que toca la guitarra en un grupo y realmente no le importa lo que otros piensen de ella. Descubre que está embarazada de un encuentro sexual con su mejor amigo, Paulie Bleeker (Michael Cera). Juno y Paulie se gustan, pero no se consideran novios comprometidos, y mucho menos están listos para formar una familia con un niño.
Aunque preferiría no estar embarazada, Juno es bastante pragmática con respecto a su situación, mientras Paulie le deja a ella todas las decisiones sobre el bebé. Inicialmente, decide que tendrá un aborto, pero finalmente cambia de opinión y decide tener el bebé y dejarlo en adopción, aunque primero tiene que decirles a su padre, Mac (J.K. Simmons) y a su madrastra, Bren (Allison Janney), que está embarazada. Puestos en esa tesitura hubieran preferido que Juno tomara drogas duras o fuera expulsada ​​de la escuela, pero Mac y Bren también son pragmáticos sobre la situación de Juno. El siguiente paso es encontrar futuros padres para el niño aún por nacer. En la sección de anuncios del Penny Saver, Juno encuentra a Mark (Jason Bateman) y Vanessa Loring (Jennifer Garner), una pareja yuppie que vive en el extrarradio de la ciudad. A Juno le gustan los Loring, y en algunos aspectos ha encontrado a alguien que parece ser un espíritu afín en Mark, con quien comparte su amor por la música grunge y las películas de terror. Vanessa es la que está aparentemente más ansiosa por tener un bebé. Por su propia elección, Juno celebra un contrato de adopción cerrado en lugar de abierto con los Loring, lo que significa que no tendrá contacto con el bebé después de que lo entregue. Durante el segundo y tercer trimestres del embarazo, que ella lleva con cuidado pero con desapego, las relaciones de Juno con su familia, con Paulie y con los Loring van cambiando, sobre todo con Mark Loring, cuya vida aparentemente perfecta, enmascara algunos problemas ocultos.


El guión, de Brook Busey-Hunt, más conocida por su seudónimo de «Diablo Cody», obtuvo el Oscar al mejor guion original de 2007, el único de los cuatro a que estaba nominada la película.


Me causa entre gracia y estupor leer algunos de los razonamientos que sugiere la película a los espectadores, sobre todo a los que están en contra de ella: Que si no refleja la realidad, que si este tipo de padres no existe, que si la película no profundiza en los problemas que plantea un embarazo a esta edad... Muchas cosas de este tipo.
Yo creo que la película es una comedia amable, que renuncia a tratar de manera dramática un problema, para hacerlo de un modo divertido e inteligente, quitando hierro al asunto y dejando de lado muchas de las consecuencias negativas que este tipo de situaciones tienen. Que quizá a algunos les moleste porque piensan que Diablo Cody, la guionista del film, es una modernilla que aparenta una cosa y ofrece otra, pues sí, es posible, pero eso de que la película no refleja la realidad, es lo que más gracia me hace, porque El mago de Oz, por ejemplo, tampoco la refleja y nadie la pone a escurrir por eso.
Es cierto que el desarrollo del argumento, resulta complaciente, pero no es menos cierto que ofrece algunas lecciones que no está de más dejar de pasar por alto y eso de que no hay padres como los de Juno en la realidad, pues sí, puede ser, lo lógico es que los padres que somos o conocemos, hubieran tachado al chico poco menos que de violador y de aprovecharse de su hija, de hecho, eso es lo que hace Mark, el padre de Juno y, sin embargo, Brenda, mucho más realista, le responde: "Sabes, por supuesto, que no fue idea suya", porque ella intuye que fue Juno quien tomó la iniciativa. Cuán infinitamente más humana y civilizada es su respuesta que el tono tristemente habitual de los padres que están enfurecidos con los novios.
La historia va fluyendo en un guión muy bien construído para conseguir lo que que pretende, que no es otra cosa que dotar de un tono de comedia a situaciones y pensamientos más profundos, como la respuesta de Bren a la actitud de una enfermera durante el examen ecográfico de Juno, y con unos personajes cuyos sentimientos se nos van mostrando justo por debajo de esa aparente trama.


La acción se acompaña de las encantadoras canciones de la cantautora Kimya Dawson y de algunos motivos que refuerzan el aspecto de comedia, como la aparición recurrente del equipo de atletismo de la escuela.
Una película con argumento sencillo, que logra ofrecernos una historia que se sale de los habituales cánones de este tipo de películas para adolescentes, divertida e ingeniosa, con más intención de la que aparenta y con una Ellen Page, definitivamente deliciosa.




viernes, 7 de diciembre de 2018

(500) DÍAS JUNTOS

Esta es una historia de chico conoce a chica. El chico, Tom Hamsem (Joseph Gordon-Levitt), de Margate, Nueva Jersey, creció pensando que nunca sería feliz hasta encontrar el amor de su vida. Esta creencia le venía por su afición desde edad temprana a la música triste del pop británico y a una mala interpretación de la película El graduado.
La chica, Summer Field (Zooey Deschanel) de una pequeña ciudad de Michigan, no compartía esa creencia. Desde la ruptura del matrimonio de sus padres, solo amaba dos cosas: La primera era su largo pelo negro, la segunda, lo fácil que era cortárselo y no sentir nada.
Tom conoce a Summer el 8 de enero. Casi de inmediato se da cuenta de que es la chica que ha estado buscando.
La mecha se enciende desde el primer día, cuando Tom, un arquitecto en ciernes convertido en un eficaz escritor de tarjetas de felicitación, se encuentra con Summer, la bella y refrescante nueva secretaria de su jefe. Aunque aparentemente está fuera de su alcance, Tom pronto descubre que tienen un montón de cosas en común.
A través de las pruebas y tribulaciones de la relación de Tom y Summer, Tom siempre pudo contar con el consejo de sus dos mejores amigos, McKenzie (Geoffrey Arend) y Paul (Matthew Gray Gubler). Sin embargo, es la hermana adolescente de Tom, Rachel (Chloë Grace Moretz), quien es su voz de la razón. Aunque es Tom, en última instancia, quien tiene que tomar la decisión de escuchar o no esa voz.


Interesante banda sonora, con temas de The Smiths, Regina Spektor, Pixies y otros muchos, y unos secundarios que están francamente bien (especialmente una Chloë Grace Moretz, que es la chica con la que realmente querríamos salir si tuviera edad para ello, en lugar de con la protagonista) , el film es una especie de contracomedia romántica en que observamos cierto intercambio de papeles, con una chica que, en algunos momentos se nos puede hacer antipática porque parece que utiliza a su joven enamorado y que no desea ningún tipo de compromiso sentimental a medio plazo y un galán que es el que ansía una relación estable y formar una familia.


Al comienzo, se nos hace una advertencia desde la voz en off que reaparece a lo largo del film: Esta es una historia de chico conoce chica, pero más vale que sepáis de entrada que no es una historia de amor.
No hagáis ni caso, es una historia de amor, claro que lo es, lo que ocurre es que tiene un enfoque peculiar y ese es parte de su atractivo. El final ambiguo, deja abierto el camino para que cada cual saque la conclusión que quiera: Que siempre hay segundas oportunidades o que el amor es una mierda... a gusto del consumidor.




jueves, 6 de diciembre de 2018

SUBMARINE

Oliver Tate (Craig Roberts) es un chico de Swansea de 15 años que está convencido de que es un genio incomparable que es muy querido por sus compañeros de clase, cuando en realidad es pretencioso y está alienado socialmente. Tiene algunas ideas de una fantasía peculiar, como imaginar las repercusiones que tendría su muerte entre sus compañeros y vecinos. Enamorado de una compañera de clase llamada Jordana Bevan (Yasmin Paige). Mientras juguetean junto junto a otros dos compañeros por un parque, accidentalmente Oliver hace que otra chica caiga en un charco y se le estropee todo lo que lleva en su cartera escolar. Curiosamente este incidente hace que Jordana lo invite a reunirse en secreto después de la escuela y le dice que traiga una cámara Polaroid y un cuaderno de notas. Ella toma fotos de los dos besándose, pero resulta ser un plan para poner celoso a su ex novio. El plan es contraproducente, los dos son intimidados públicamente, y Oliver es golpeado por negarse a llamar a Jordana puta. Caminando a casa después de su terrible experiencia, ella toma su mano y se besan, y Oliver da por hecho que Jordana es su novia.
En su casa, Oliver está preocupado por la relación y la vida sexual de sus padres, temiendo que su matrimonio se desmorone. Su padre atraviesa periodos de depresión, mientras su madre parece coquetear con una especie de gurú que se ha mudado a una casa vecina y resulta ser el primer novio que tuvo.
El guión se basa en una novela de Joe Dunthorne.
La película cuenta con una notable banda sonora para la que Alex Turner, vocalista de la banda británica "Arctic Monkeys", proporcionó canciones originales.


El film está ambientado en 1986. Es una película peculiar, estructurada, como si estuviera siguiendo la novela al pie de la letra, en un prólogo, dos capítulos y un epílogo, aunque ciertamente este planteamiento no añade nada a un film que no deja de ser una historia de amor de jóvenes adolescentes y sus dificultades para la transición a la vida adulta, que nos parece algo ya visto, aunque aquí añade los problemas de los padres del protagonista.
Richard Ayoade, el realizador, atribuye un color a cada uno de los personajes principales (Oliver es azul, Jordana es roja, la madre es amarilla, el padre es marrón y el gurú es negro; a medida que Oliver llega a conocer a Jordana, más y más rojo se cuela en su paleta).
Comedia cuyo especial sentido del humor no llega a cualquier público, es fácil que para muchos llegue incluso a hacerse aburrida. Sin embargo son muy destacables los aspectos técnicos y artísticos, con brillantes movimientos de cámara, encuadres arriesgados y secuencias llamativas cargadas de simbolismo.


Quizá lo más destacable es cómo construye el paralelismo entre el mundo de los adultos y el de los adolescentes, aparentemente tan diferentes, pero que al final no lo son tanto. El padre de Oliver, un hombre culto, sin embargo tiene los mismos problemas que su hijo para resolver sus asuntos sentimentales. Los padres ya están atrapados en ese mundo y Oliver y su novia aún cuentan con la ventaja de estar comenzando y poder librarse de cometer los mismos errores que sus progenitores. Al final unos y otros, luchan por arreglar sus complicadas relaciones y tratan de ayudarse, aunque a su manera y no siempre de forma efectiva.
Es una película que tiene un aire diferente, aunque, como digo, quizá a más de uno le puede resultar precisamente esclava de esto, como si se pretendiera a toda costa mantener esa diferencia respecto al cine convencional.




miércoles, 5 de diciembre de 2018

LA BATALLA DE MIDWAY

Seis meses después del ataque japonés a Pearl Harbor, la Marina de los Estados Unidos todavía no se ha recuperado por completo de las pérdidas que sufrió.
En abril de 1942, EE. UU. lleva adelante una medida desesperada para presionar a Japón mediante el ataque de bombarderos del Ejército bajo el mando de James Doolittle del USS Hornet para bombardear Tokio y otras ciudades. Si bien el ataque logró causar relativamente pocos daños, provoca una oleada de pánico entre los líderes japoneses, y el comandante de la Flota Combinada, Isoroku Yamamoto (Toshirô Mifune), ve la oportunidad de implementar un ataque planificado en la isla de Midway, cerca del Islas de Hawai, un plan diseñado para poner en evidencia lo que queda de la Flota del Pacífico de EE. UU. y terminarlo antes de que la industria estadounidense (que desde hace mucho tiempo asusta a Yamamoto dado su mayor potencial sobre Japón) pueda comprometerse por completo a reconstruir la supremacía de EE. UU. La operación propuesta encuentra resistencia por parte del almirante Nobutake Kondo (Conrad Yama), quien no cree que el vicealmirante Chuichi Nagumo (James Shigeta) pueda sobrevivir a otro ataque de los portaaviones de la Primera Flota Aérea contra un objetivo seguro para atacar a los bombarderos terrestres.
Mientras los mandos de la Armada Imperial debaten el plan de Yamamoto, el Capitán de la Armada de los Estados Unidos, Matthew Garth (Charlton Heston), consulta a su vez con el capitán de inteligencia de la Marina Joseph Rochefort (Hal Holbrook), quien, desde una húmeda cámara subterránea, decodifica el tráfico de radio japonés con una plantilla de asistentes. Rochefort cree tener algo sobre un área de interés para los japoneses conocida solo como Objetivo AF.


Paralelamente al argumento principal, el film cuenta las dificultades que hallan el hijo del capitán Garth y su novia norteamericana de ascendencia japonesa, para llevar adelante su historia de amor.
A algunos esta historia paralela les parece que aporta poco o nada al film y que está un poco fuera de lugar. Yo creo, sin embargo, que tiene cierto interés, porque apunta la desagradable situación que sufrieron muchos nacionales de Norteamérica, por el simple hecho de tener ascendencia japonesa. Nada que ver con la situación de oriundos de Alemania o Italia y es que el ataque japonés a Pearl Harbor, lo sintieron los norteamericanos como una herida infligida en su corazón. La guerra en Europa se veía en cierto modo como un asunto lejano, pero la guerra del Pacífico fue algo personal.


Midway fue un punto y aparte en la guerra contra Japón. Yamamoto lo tenía todo a favor: La superioridad, la ocasión y la iniciativa, sin embargo, el que los americanos consiguieran adelantar el punto en que se iba a concentrar el ataque y otras circunstancias en las que influyo algo la suerte, hicieron que la batalla se decantara a su favor y cambiara el curso de la guerra. A partir de ese momento, EE.UU. tomó la iniciativa, mientras que si hubieran perdido, la caída de las Islas Hawai hubiera sido una consecuencia inmediata y con ello, toda la costa oeste de EE.UU., hubiera quedado expuesta a los ataques japoneses sin ningún punto intermedio que sirviera de defensa.
La película cuenta con un reparto de grandes figuras, aunque las interpretaciones tampoco es que sean lo mejor del film. Lo son las imágenes de batalla, sobre todo los enfrentamientos aéreos y está muy bien reproducido el combate y su preparación, quien no sepa de qué fue aquello, acabará con una idea bastante aproximada de cómo se desarrollaron los acontecimientos.


La película trata con equilibrio a ambos contendientes, asistimos a las tomas de decisión de los japoneses y queda patente el respeto que se tenían unos y otros.
Una película muy interesante, sin duda un magnífico film bélico, muy digno y que merece la pena ver.




martes, 4 de diciembre de 2018

EL CERCO DE NUMANCIA

El dramático y heroico final de Numancia frente a las legiones romanas tuvo un cronista de un valor excepcional, el historiador Polibio, compañero y consejero de Escipión en los días decisivos del cerco y de la destrucción de la ciudad.
Desgraciadamente, el relato que escribió Polibio sobre estos acontecimientos se ha perdido, pero fue copiado por otro historiador, Posidonio, y resumido por un tercero, del siglo II, Apiano.
En Roma estaban bastante hartos de la situación, con una pequeña población enfrentada al todopoderoso Imperio que se veía incapaz de reducirla.
Escipión fue enviado al lugar y para ello se rodeó de un nutrido grupo de amigos y clientes. Lo primero que hizo, fue tratar de poner orden en aquella especie de maremagnum, pues el cerco (o como se quiera llamar a aquella situación), se había enquistado de tal manera, que ya era algo natural y aceptado, habiéndose establecido en la zona una suerte de población precaria compuesta por comerciantes, prostitutas y todo tipo de personajes que proliferan en estas situaciones. Ordenó desalojar a todos aquellos que fueran prescindibles y vender animales y carros, excepto los que quedaron para uso del ejército.
En lugar de presentar batalla, algo a lo que invitaban los numantinos, y de lo que Escipión temía sacar poco provecho en caso de vencer y mucho desprestigio caso de salir derrotado, decidió sitiar la ciudad de manera férrea, elevando un cinturón amurallado con torres cada cierto trecho, de manera que nadie pudiera abandonar el cerco y esperar a que el hambre hiciera su trabajo, lento, silencioso e inexorable, como así fue.
Los sitiados enviaron una comisión encabezada por una de sus caudillos, Avaro, al que acompañaban cinco hombres, para tratar de convencer al romano de que aceptara unas condiciones de rendición benignas para ellos, pero Escipión, advertido por sus espías de la verdadera situación de los numantinos, rechazó todo lo que no fuera una entrega incondicional.
Así refiere Apiano, en base a la crónica de Polibio, la situación: Los numantinos, que hasta entonces habían sido de natural violentos, por su total libertad y la falta de hábito de aceptar órdenes, se encolerizaron mucho más por sus desdichas cuando se les informó de la respuesta de Escipión, y, comportándose de un modo desconocido en ellos, asesinaron a Avaro y a los cinco embajadores que con aquél habían ido por ser mensajeros de malas noticias y haber tratado tal vez su propia seguridad en la entrevista con Escipión. No mucho después, como hacen algunos en momentos críticos de la guerra, comenzaron a lamer pieles cocidas ante la total ausencia de comestibles, de trigo, ganado y yerba. Mas, cuando aquéllas también faltaron, comieron carne humana cocida, comenzando por la de los muertos, que cortaban en pedazos en las cocinas; luego no tuvieron ningún aprecio por la vida de los enfermos y finalmente los más fuertes usaron de su fuerza contra los más débiles. Ninguna depravación se echó en falta en unos hombres cuyas almas se llenaron de cólera a causa de los alimentos ingeridos y cuyos cuerpos en nada se diferenciaban de los de las bestias, a causa del hambre, de sus cabellos y del tiempo. Así se encontraban cuando se entregaron a Escipión, que les dio la orden de llevar sus armas en el día a donde les había señalado, y, al día siguiente, acudir a un lugar distinto. Los numantinos excedieron el plazo del día, al convenir que muchos aún disponían de la libertad y querían darse muerte. Así pues, solicitaron un dia para preparar su muerte. El amor a la libertad y la valentía de la pequeña ciudad bárbara fueron tan grandes. Pues, aunque contaba con 8.000 hombres en tiempo de paz, ¡cuán número de derrotas y de qué importancia sufrieron a manos suyas los romanos, qué tratados establecieron con ellos en igualdad de condiciones ellos, que no habían ofrecido a ningún pueblo antes de ellos pactar en tales condiciones, cuán grande era el último general, que los puso asedio con 60.000 soldados, a pesar de lo cual en numerosas ocasiones los numantinos le invitaron a pelear! Mas Escipión estaba más avezado que ellos en el mando del Ejército y no llegó a las manos con aquellas fieras, sino que los sometió por hambre, un mal contra el que no se puede combatir, y que, además, era el único medio con el que se podía vencer a los numantinos, y el único con el que se les venció.
Me ha impulsado a relatar estos acontecimientos que tuvieron por protagonistas a los numantinos la consideración de su corto número y de su resistencia ante la adversidad, sus muchas acciones bélicas y el largo tiempo que duró su resistencia. En primer lugar aquellos que quisieron se dieron muerte, cada cual por el procedimiento que le plugo, mientras que los restantes partieron al tercer día al lugar ordenado, ofreciendo un espectáculo enteramente difícil de contemplar y extraordinario: sus cuerpos estaban sucios, sus uñas largas, cubiertos de abundante pelo y llenos de inmundicia, y despedían un fortísimo hedor; colgaban de ellos vestidos mugrientos y además malolientes.


La victoria lograda mediante un cerco por hambre, al menos antiguamente, era considerada como poco honrosa y generales hubo en la historia que se negaron a someter al enemigo a tal ardid,  prefiriendo retirarse antes de conseguir doblegarle por ese medio que, en cierto modo, a pesar de la derrota, dotaba a los vencidos de cierto aura de heroicidad, al preferir en muchas ocasiones la muerte, antes que la capitulación.



lunes, 3 de diciembre de 2018

SIETE MUJERES

La acción se desarrolla en 1935, en el lado chino de la frontera entre China y Mongolia, en una misión laica cristiana, cuya sede central se encuentra en Boston (Massachussets), donde varias mujeres y un hombre, están encargadas de ayudar a la población nativa y de enseñar a los niños en la escuela que mantienen abierta. La región se halla sumida en las disputas entre los señores de la guerra
Están esperando al nuevo médico, aunque, no sin cierta sorpresa, reciben, en lugar del hombre que esperaban, a una mujer, la doctora Cartwright (Anne Bancroft) que causa cierto revuelo por su particular manera de ser, su vestimenta, su pelo corto y sus costumbres modernas, que chocan con el del resto de las mujeres, dirigidas por la señorita Agatha Andrews (Margaret Leighton).
Se declara una epidemia que dura tres semanas y además son atacadas por unos bandidos locales comandados por un tal Tunga Khan (Mike Mazurki), que las encierra en el almacén de la misión con la pretensión de pedir un rescate. La señorita Andrews sigue convencida de por su nacionalidad y por estar realizando un trabajo consagrado a Dios, los bandidos no derramarán su sangre.
Sin embargo, Cartwright manifiesta a las otras su propósito de escapar, para lo que no duda en pagar el rescate que pide Tunga Khan que no es otro que acostarse con ella. A cambio, la doctora confía en conseguir la libertad de sus compañeras de cautiverio.


El guión se basa en el relato breve Chinese Finale (Final Chino, 1936), de Norah Lofton.


A pesar de que parece un film totalmente distinto a lo que Ford nos tiene acostumbrados, en el fondo su estructura no es muy diferente a algunas otras de sus películas, incluso alguna de las más conocidas, con personajes llevados al límite, en situaciones en las que aflora lo peor y lo mejor de cada cual. Lo que ocurre es que en esta ocasión las protagonistas totales y absolutas son mujeres, con una Anne Bancroft que consigue una excelsa interpretación, bien secundada por el resto del elenco, algo que no sorprende en Ford, como de costumbre, un magnífico director de actores.
A muchos sorprende que el fascista, racista, machista y todos los adjetivos negativos que quieran ponerle, se descuelgue, en la que sería su última película, con una obra adelantada a su tiempo en la que pone en solfa algunos de los valores tradicionales de la sociedad más conservadora de su país ¿Cómo iba a tener éxito en las taquillas una película en la que se pone en duda la misma presencia de Dios?
Con unos personajes magistralmente definidos, Ford enfrenta al bien contra el mal, al conservador con el liberal, a la civilización con el salvajismo y, sobre todo, al hombre frente a la mujer. Aquí el tipo duro es ella, esa maravillosa doctora cuya manera de comportarse y de actuar es como una bofetada a las conciencias dormidas. Enfrentada, por un lado, a las costumbres pacatas e hipócritas de la directora de la misión y, por otra, a la más pura representación del salvajismo masculino, con su proceder, con su sacrificio y determinación, se irá ganando el respeto y la admiración del resto de sus compañeras y de alguno de los varones más sensibles.
Ford no esperaba que este fuera su último film, pudo haber sido cualquier otro, pero al final fue este, una película hoy casi olvidada, pero que está entre lo mejor que nos pudo legar el maestro.