viernes, 14 de junio de 2019

LEBANON

Junio de 1982, primer día de la conocida como Guerra del Líbano, el día en que Israel entra en territorio libanés. Un solitario tanque y un pelotón de infantería, son enviados a reconocer un pueblo hostil que ha sido bombardeado por la fuerza aérea israelí. Lo que parece una misión sencilla se va escapando poco a poco de las manos y acaba convirtiéndose en una trampa mortal, en una pesadilla sobrecogedora.
Shmulik (Yoav Donat), el artillero, Assi (Itay Tiran) el comandante, Hertzel (Oshri Cohen), cargador, y Yigal (Michael Moshonov), el conductor, son la tripulación del tanque, el vehículo que en la operación recibe el nombre clave de "Rinoceronte".
Cuatro chicos muy jóvenes manejando una máquina de matar. Nunca se habían visto envueltos en una situación violenta antes, ahora ya no se trata de disparar contra barriles o contra blancos artificiales como durante la instrucción, ahora se trata de matar personas. No son luchadores impacientes por la batalla, la conquista o el sacrificio personal. Están atrapados en las redes absurdas e injustas de la guerra y aterrorizados por sus propios miedos. Son chicos valientes que pierden su inocencia de la forma más brutal, y que son destruidos mentalmente. Un instinto primario les llevará hasta el límite mientras luchan por sobrevivir a una situación que no pueden controlar por más tiempo, intentando desesperadamente, a su vez, no perder su humanidad entre el caos de la guerra.


El realizador, Samuel Maoz, veterano de guerra de Israel, reconstruye su propia historia en el frente del Líbano, en 1982.


Prácticamente todo el film transcurre en el interior del tanque, aunque de forma constante, nos asomamos fuera a través del visor que nos permite ver a los soldados que avanzan junto al vehículo, a los combatientes enemigos y toda la destrucción y el horror que la guerra está causando entre los civiles.
Hay quien ve un mensaje antibelicista, que yo, como tal, no hallo en ninguna parte del film, al menos de forma explícita. Lo que ocurre es que Maoz nos cuenta la guerra, así, tal cual, sin adornos, sin heroísmos y, al hacerlo de forma realista, vemos lo que ocurre en realidad. La guerra es sucia, cruel y fea, pero además de peligrosa, resulta incómoda, eso de las acciones heroicas queda muy bien, pero no es lo normal.
Allí vemos a los soldaditos del tanque rodeados de mierda (perdón por la expresión), meando en una lata, pisando una densa capa de fuel y viendo como el aceite lubricante se desliza por las paredes interiores del vehículo que se llena de humo cada vez que arranca. Mientras, ellos, están literalmente acojonados, no atinan a obedecer las órdenes, se muestran pusilánimes a la hora de disparar contra blancos dudosos, temiendo matar inocentes... Y es que si la guerra siempre ha sido cruel, la guerra moderna lleva esa crueldad a la sofisticación y en ella combaten, muchas veces, personas que no están preparadas para soportar la crueldad del momento, porque su vida civil nada tenía de dura, al contrario de lo ocurría en tiempos pretéritos.
Se acusa a la película de recurrir de forma reiterada al sentimentalismo fácil, y no es del todo incierto, como tampoco lo es que, a pesar de contar la vida en un tanque, no transmite sensación de agobio, aunque tal vez tampoco lo pretendía.
El caso es que el film, técnicamente está muy bien hecho y que nos ofrece una imagen bastante real de lo que es una guerra en la actualidad, otra cosa es si se considera que el mensaje de fondo es más o menos maniqueo, eso queda a la interpretación de cada espectador.
Un buen film bélico, con una mirada distinta de la guerra.




jueves, 13 de junio de 2019

PINK STRING AND SEALING WAX

Brighton, 1890. Un joven, hijo de un médico puritano, intenta escapar del represivo ambiente familiar y, sobre todo, de las restricciones que le impone su riguroso padre. Busca refugio en una taberna, donde se siente inmediatamente atraído por la sordidez de los bebedores y por los encantos de la tabernera.
La película tiene lugar en la Inglaterra victoriana y gira alrededor de los Sutton, una familia de clase media dominada por el patriarcal y pedante Edward Sutton (Mervyn Johns).
Somos testigos de la actitud áspera y conservadora de Edward hacia sus hijos, Peggy (Sally Ann Howes), Victoria (Jean Ireland) y David (Gordon Jackson). Edward acusa a David de escribir poemas y cartas románticas; obliga a Victoria a dar lecciones de canto a los hijos de sus clientes, en lugar de perseguir su sueño de convertirse en cantante profesional y priva a Peggy de dinero para alimentar a sus conejillos de indias que él emplea en sus experimentos científicos ante el horror de sus hijos.
Pearl Bond (Googie Withers), es la promiscua esposa del propietario de un pub de la que se enamora el único hijo de la familia Sutton, David  y Pearl decide aprovechar la información que sobre ciertos productos farmacéuticos y químicos le ha proporcionado el joven un día en que la lleva a la farmacia para curarle un corte en una mano. Aprovechando un descuido del muchacho roba unos polvos de uno de los frascos con los que pretende librarse de su marido envenenándole.


El guión se basa en una obra teatral en tres actos, escrita por Roland Pertwee.
Esta base teatral se nota en ciertas fases de la película, no solamente en las que transcurren en interiores, ya que algunas veces adopta algunas técnicas típicamente teatrales en la narración y en las transiciones.
Esto produce un efecto contradictorio en el espectador, por un lado, es probable que pudiera haber sido mejor adaptada al medio cinematográfico, pero, por otra parte, te hace sentir nostalgia por estas películas clásicas que empleaban este tipo de narración muy raramente utilizado en el cine moderno.
El título hace referencia a la forma de empaquetar algunos de los preparados y productos farmacéuticos en aquella época, envueltos en una especie de papel de estraza y atados con una cuerda similar a la que se utiliza actualmente en las pastelerías, cuyo nudo final se sellaba con lacre: Cuerda rosa y cera de sellar.


La película retrata las diferencias de clases, con los Sutton, una familia de clase media acomodada, por un lado y los Bond, un matrimonio de clase baja, por otro. Diferencia que se refleja no solo en el aspecto económico, sino, sobre todo, en su educación, los diferentes conceptos morales y, en general, sus respectivas actitudes ante la vida. También nos habla del conflicto entre generaciones, con los hijos de la familia Sutton que no entienden las actitudes de su padre con respecto a ellos que consideran anticuadas y restrictivas. Por último hay una cuestión de moralidad, alrededor de los manejos de Pearl y del intento de chantaje que hace con Edward Sutton, que invita a la reflexión. Lo mismo que el partido que toma hacia la conducta estricta de Edward para con sus hijos que, aunque no perfecta. considera más adecuada que la que tienen los Bond. El contraste entre las historias hace que la película no pierda el ritmo y mantenga el interés del espectador.
El film, más apoyado en los diálogos que en las imágenes y bastante bien interpretado, tiene algunos destellos de humor en sus diálogos.
La película, estrenada en 1945, supuso el debut como director de cine de Robert Hamer.




miércoles, 12 de junio de 2019

LAZOS DE GUERRA

Un grupo de arqueólogos coreanos encuentra un esqueleto y lo identifican como Lee Jin-seok (Won Bin). Pero Lee Jin-seok sigue vivo y ahora es un hombre mayor. Es su hermano Jin-tae (Jang Dong-gun) quien desapareció en la Guerra de Corea.
Viajamos a Seúl desde el presente hasta 1950, ciudad en la que Jin-tae Lee y su hermano estudiante de 18 años, Jin-seok Lee, forman una familia pobre pero feliz, con su madre, la prometida de Jin-tae, Young-shin Kim (Lee Eun-ju), y sus jóvenes hermanas. Jin-tae y su madre trabajan duramente y se sacrifican para enviar a Jin-seok a la universidad.
Cuando Corea del Norte invade el Sur, la familia escapa con idea de refugiarse en casa de un pariente, pero antes de emprender el largo viaje, Jin-seok se ve obligado a unirse al ejército para luchar en el frente, y Jin-tae, cuando trata de que dejen regresar a su hermano, también es reclutado forzosamente. El comandante le promete a Jin-tae que si puede ganar el premio más alto para un soldado surcoreano que es el cordón de Taeguk de la Orden del Mérito Militar, liberará a su hermano, y Jin-tae se convierte en el soldado más valiente de la compañía. Durante la batalla de Pyongyang, Jin-tae captura a un importante capitán norcoreano y finalmente recibe la medalla
Pero a medida que avanza la guerra, comienza a envenenar la mente de Jin-tae. Jin-seok ya no le reconoce y abomina de él, es entonces cuando regresa para ver a su madre enferma y se encuentra con el desorden y la venganza contra todo sospechoso de comunismo que reina en la retaguardia.


El conflicto entre las dos Coreas, que tuvo lugar en los años cincuenta y que, normalmente conocemos a través de la visión del cine de Hollywood, es retratado aquí por Kang Je-gyu de forma diferente a los estereotipos que la cinematografía estadounidense nos ha mostrado. De hecho, apenas se hace una breve mención a la llegada del ejército estadounidense a la península y prácticamente ninguna a las tropas de la ONU que tuvieron una intervención muy importante en esta guerra.
Aunque la relación, que se torna conflictiva, entre los dos hermanos es el eje de la película, todo transcurre de manera paralela a la acción bélica, con el trasfondo político que la originó y sus horribles consecuencias sobre la población civil.
Se retrata también el panorama de venganza y purgas que se vivió en la retaguardia, con fusilamientos masivos fundados en simples sospechas y queda patente el absurdo en que muchos hombres se vieron metidos sin tener demasiada idea de porqué estaban combatiendo en determinado bando. Hay una frase que resume este sinsentido, cuando un oficial superior le dice a Jin-seok que su hermano se ha pasado de bando y combate con los comunistas, y él responde: mi hermano no sabe lo que es comunismo, ni lo que es democracia.


Hacia el final de la película, cuando el ejército del norte parece derrotado, se nos habla también de la decisiva intervención china en el conflicto que sería lo que, a la postre, daría lugar a que Corea siga siendo un país dividido, al ayudar con su intervención a recuperar el terreno perdido por el régimen de Pyongyang, de manera que la frontera quedó prácticamente donde estaba antes del ataque del Corea del Norte, en el famoso Paralelo 38.
La historia, en algunos pasajes, resulta un tanto increíble, en parte porque en occidente no sabemos de la fuerza que tienen los lazos familiares en los países orientales y además hay que tener en cuenta que aquello sucedió hace setenta años, con las tradiciones mucho más presentes en la vida diaria.
Lo mejor del film son las secuencias de enfrentamiento armado, rodadas con gran realismo y que son reconocidas como de las mejores rodadas nunca en el cine bélico.
En la primera parte de la película se nos acerca a la situación de la familia Lee que, aunque no demasiado holgada económicamente, les permite vivir de su trabajo y pensar en enviar al hermano menor a la universidad. Su armoniosa vida, queda patente en la escena del arroyo, en la que toda la familia se baña y disfruta del frescor del agua en la cálida noche de Seúl, mientra se hacen bromas y ríen felices. A partir de ahí, el caos llega a la familia, como a tantas otras en sus circunstancias.
Una película que gracias a todas estas escenas, tanto las familiares como las bélicas y a un ritmo narrativo bastante bien llevado, aunque en algún momento se resienta un poco, se hace muy entretenida a pesar de sus dos horas y media de duración.




martes, 11 de junio de 2019

VIDA DEL EMPERADOR CARLOMAGNO (VITA KAROLI MAGNI IMPERATORIS)

Eginardo (770-840) fue un alto funcionario de la corte de Carlomagno. De origen germánico, se educa en la abadía de Fulda, desde donde pronto pasa a la denominada escuela palatina de Aquisgrán (que acabará dirigiendo). Muy joven entró en la corte de Carlomagno, el cual le encomendó algún asunto de importancia. Tuvo ocasión, pues, de conocer íntimamente y de tratar con asiduidad al famoso emperador, cuya fisonomía desfigurarán, engrandeciéndola y casi convirtiéndola en un mito, las tradiciones posteriores. Su Vita Karoli Magni Imperatoris, escrita originalmente en latín, es un documento que, si bien en algunos trechos no ofrece una garantía segura, tiene el gran valor de constituír la biografía de una persona perfectamente conocida por el biógrafo, en la que son constantes las reminiscencias de la biografías de los emperadores romanos escritas por Suetonio.
La obra está compuesta, además de por el prólogo, por una introducción y cinco libros. En la introducción, Einhard presenta su trabajo y sus objetivos. En el libro I habla de la caída de la dinastía merovingia y de los primeros carolingios, anteriores a Carlomagno. El libro II trata de las campañas militares y los problemas políticos de Carlomagno. El libro III describe la vida del emperador y de su familia. El libro IV se centra en los últimos años de su reinado y el libro V recoge una transcripción del testamento de Carlomagno y un elogio de Luis el Piadoso.
Hacia 828, cuando comienzan los graves enfrentamientos entre los nietos de Carlomagno que darán lugar a la división del Imperio (e indirectamente al nacimiento de lo que con el tiempo serán Francia y Alemania), Eginardo se retira a la vida privada y es entonces cuando escribe el libro sobre Carlomagno, en el que, además de los acontecimientos históricos más importantes de su reinado, se nos proporciona información muy precisa acerca de sus hábitos personales y sus gustos, sobre los que el autor tenía información directa.
A lo largo del libro, da otros detalles sobre su comportamiento, gustos, educación, aficiones, estudios, incluso su forma de vestir. Reproduzco aquí unos párrafos en los que Eginardo traza el retrato del Emperador:
De ancha y robusta complexión, era de estatura elevada, sin nada que le fuese, por otra parte, excesivo, pues media siete pies de alto, la cabeza, redondeada por su parte superior, grandes ojos vivos, la nariz un poco más larga que el término medio de los demás, hermosos cabellos blancos, fisonomía alegre y abierta. Daba también, exteriormente, sentado o de pie, una fuerte impresión de autoridad y dignidad, con lo que apenas se notaba que su cuello era grueso y su vientre un poco demasiado abultado, tan armoniosas eran las proporciones de su cuerpo. Sus gestos eran seguros y en conjunto, viriles. La voz era clara, sin concordar, no obstante, enteramente, con su aspecto físico. Dotado de buena salud, solo estuvo enfermo los cuatro últimos años de su vida, en que fue sorprendido por frecuentes accesos de fiebre y acabó incluso por cojear. Pero seguía todavía en sus trece, en vez de escuchar el consejo de sus médicos, a los que había aborrecido porque le aconsejaban renunciase a las carnes asadas, que le gustaban, sustituyéndolas por carnes hervidas.



lunes, 10 de junio de 2019

LA INFANCIA DE IVÁN

En la Unión Soviética, durante la Segunda Guerra Mundial, Ivan Bondarev (Nikolay Burlyaev), un niño de fuertes convicciones que ha quedado huérfano, realiza trabajos de espionaje a favor del Ejército Rojo. Debido a su pequeño tamaño, es capaz de pasar por sitios que a un adulto le resultarían infranqueables y, además su condición de niño, hace que nadie sospeche.
A pesar de la aparente dureza de carácter, a menudo recuerda los momentos felices pasados al lado de su madre que, junto a su hermana, murió en la guerra, sueños que, por otra parte, siempre terminan de forma violenta.
Tras obtener y transmitir información del avance de una tropa alemana, su oficial superior, Gryaznov (Nikolay Grinko), quiere enviarlo a la escuela militar, porque piensa que el frente no es lugar para un niño, pero Iván le jura que si lo hace, escapará y se unirá a los partisanos. Tras un intento de darse a la fuga, Iván es finalmente autorizado a seguir con su trabajo.
La estancia de Iván en el frente, no es la única que está en cuestión, también la de Masha (Valentina Malyavina), una teniente de los servicios médicos, que algunos creen que no es lo suficientemente fuerte mental y físicamente para soportar los horrores de la guerra, mientras otros la anhelan románticamente.
Los superiores y camaradas de Iván, muchos de los cuales le ven como a un hijo, reflexionan sobre qué va ser de sus vidas si logran sobrevivir a la guerra.


El guión se basa en el cuento "Ivan" de Vladimir Bogomolov, que figura como coguionista en los créditos. Andrei Tarkovsky escribió en su libro "Sculpting in Time" (Esculpir el tiempo o Esculpir en el tiempo), en el que hace un recorrido por sus películas, que no encontraba el libro demasiado bueno, pero las historias que no están bien escritas le resultan más fáciles de adaptar al cine.


La narración tiene dos tramas que transcurren paralelas, una en tiempo presente y la otra, los recuerdos de Iván mientras duerme. En una se nos muestra la realidad en un frente cualquiera, en este caso a orillas del Dnieper. Ivan sueña con su madre, a la que recuerda con amor y con su hermana, a la que ve sonriente y, casi siempre, jugando con ella.
Las transiciones entre un tiempo y otro son de lo más conseguido de la película, recuerdo ahora la maravillosa escena del pozo al que Iván se asoma con su madre para ver reflejada una estrella en su fondo.
El film, que transcurre a ritmo pausado en general, está plagado de planos y secuencias que rozan lo poético y de gran fuerza visual, para el recuerdo el beso con la teniente suspendida en el aire en medio del bosque de sauces, las tensas imágenes del cruce del río cuando tratan de llevar a Iván tras las líneas enemigas, o la escena en que el anciano cierra la puerta de su casa sin muros, de la que solo ha sobrevivido el horno y que muestra esa irrealidad demencial en que caen algunos de los afectados por los conflictos bélicos.
La película apenas narra acciones bélicas, centrándose más en los personajes, combatientes anónimos y en las consecuencias de la guerra sobre quienes la padecen, pero es, sobre todo, el retrato de la inocencia perdida de un muchacho que, bajo la capa de dureza y determinación, esconde al niño que reaparece en los sueños, cuya infancia y todo lo que ella significa, le ha sido arrebatada para siempre.




viernes, 7 de junio de 2019

2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO

En la noche de los tiempos, antes de la aparición del "homo sapiens", una tribu de primates lucha por su supervivencia en un entorno sumamente hostil, la presencia de un enigmático monolito, liso y de color negro, provoca en este grupo el descubrimiento de las armas y las herramientas con las que el hombre dominará el mundo. Una elipsis nos traslada desde la era prehistórica hasta la era espacial.
Millones de años después, otro monolito, enterrado en una luna, despierta el interés de los científicos.
Un transbordador de la Agencia Espacial viaja a la luna para estudiar el hallazgo de este monolito negro de origen extraterrestre, que ha permanecido enterrado desde hace millones de años. Este monolito emite la señal que guía a la nave Discovery rumbo a Júpiter. A bordo de esta nave viajan cinco astronautas, tres de ellos en hibernación. Allí conoceremos a los astronautas Dave Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood), además de al ordenador de a bordo, Hal 9000, dotado de inteligencia artificial, emociones y sentimientos.
En última instancia, Bowman y Poole creen que Hal no está funcionando bien, no saben que el comportamiento de Hal se debe al conocimiento de la información clasificada que tiene sobre los eventos en Clavius, un puesto de avanzada lunar. Sin embargo, el problema entre los astronautas y Hal se convierte en una lucha por la supervivencia. La misión en su totalidad tiene profundas consecuencias para la raza humana.
Pero, lo que los humanos desconocen es que en la memoria de la computadora hay una serie de instrucciones destinadas a cumplir una misión, y Hal no parará hasta llevarla a cabo.


Basada en la novela "Una odisea espacial", de Arthur C. Clarke, coguionista del film junto a su realizador Stanley Kubrick. Esta novela, a su vez, desarrolla el relato corto El centinela del propio Arthur C. Clarke.
La novela fue desarrollada paralelamente a la película y se publicó con posterioridad al estreno de esta.
El film no siempre sigue el argumento de la novela, incluso resulta más enigmático que el libro respecto al motivo del error de Hal.


¿Un film soporífero o una obra maestra? Esta es una de las controversias que se mantienen alrededor de la película 50 años después de su estreno.
Es claro que para mucha gente resulta un producto aburrido por los motivos de casi siempre en este tipo de películas, carencia de diálogos durante muchos minutos, largas secuencias en las que aparentemente nada ocurre y porque deja en manos del espectador la interpretación de lo que está viendo, solo da pistas que ha de saber interpretar quien la ve, porque a la postre es una película más de preguntas que de respuestas.


Como ocurre en otras ocasiones en que la película fundamenta gran parte de su atractivo en la espectacularidad visual y técnica, hay que situarse en la época. Ya digo que han pasado la friolera de 50 años desde su estreno y, a pesar de ello, el film, al menos en mi opinión, sigue sorprendiendo visualmente, sobre todo en la pantalla grande, porque es cierto que visto en una pantalla de televisión doméstica, pierde buena parte de su encanto y casi toda la espectacularidad.
La película es una reflexión sobre la evolución, sobre la inteligencia humana y también sobre la inteligencia artificial, una maravillosa parábola sobre el devenir de la humanidad y de la ciencia, cargada de simbolismo y cuyos parámetros se van cumpliendo con el paso de los años.
Con una reconocible banda sonora a base de piezas de música clásica, la película de Kubrick, marcó un antes y un después en el género de la ciencia ficción y para muchos, incluso reconocidos cineastas, es la película definitiva del género.




jueves, 6 de junio de 2019

LA IMAGEN PERDIDA (L’IMAGE MANQUANTE)

“Durante muchos años he buscado una imagen perdida: una fotografía tomada entre 1975 y 1979 por los Jemeres Rojos cuando gobernaban en Camboya. Por supuesto que una imagen por sí sola no puede ser la prueba de un genocidio, pero nos hace pensar, nos fuerza a meditar, a registrar la Historia. La he buscado en vano en archivos, en viejos papeles, en las aldeas de Camboya. Hoy lo sé: esta imagen debe estar perdida. Así que la he creado. Lo que les ofrezco no es la búsqueda de una imagen única si no la imagen de una búsqueda; la búsqueda que permite el cine. Algunas imágenes están perdidas para siempre y son reemplazadas por otras. En este proceso hay vida, lucha, dificultad y belleza, la tristeza de los rostros perdidos, la comprensión de lo que pasó: algunas veces nobleza e incluso coraje, pero nunca olvido”

Así explica lo que ha intentado con este film, el realizador del mismo, Rithy Panh, el camboyano que con 16 años, llegó a Francia procedente de un campo de refugiados de Tailandia.
La película es la tercera parte de la trilogía del realizador sobre el genocidio camboyano y en ella adapta algunos pasajes autobiográficos de su libro La Eliminación.
“Busco mi infancia como una imagen perdida. O, más bien es ella quien me reclama. ¿Es porque tengo 50 años?”. Con estas últimas palabras del realizador comienza el magnífico documental.


La tranquila adolescencia de Rithy Panh, hijo de un profesor de Phnom Penh, se rompió el 17 de abril de 1975, cuando la guerrilla comunista de los Jemeres Rojos entró en la capital camboyana. Siguiendo las órdenes de Pol Pot, ideólogo de extrema izquierda seguidor de Mao y alzado al poder con el apoyo de un campesinado muy pobre, aquellos soldados fanáticos consiguieron en pocas horas vaciar las ciudades del país y enviar por la fuerza a sus habitantes a trabajar en los campos y los arrozales. En cuatro años, los Jemeres Rojos hicieron desaparecer una generación entera.
Para contar la historia de esta época, Panh buscó imágenes de este periodo atroz, pero no encontró nada, porque esas imágenes que a Panh le abrasan la memoria, las de los crímenes masivos que presenció, hoy son imposibles de encontrar, el régimen de Pol Pot se encargó de no dejar rastro. Entonces creó imágenes ausentes usando figuras de arcilla y dioramas. Con una belleza inusual, la narración retrata una pesadilla histórica, el trauma y la memoria de una sociedad.


El realizador pudo haber recurrido a las clásicas entrevistas con los supervivientes de la tragedia, sin embargo se decidió por esta original presentación que es cierto que en ocasiones puede resultar algo monótona, pero que logra transmitir toda la crudeza de aquella tragedia que despojó a quienes la padecieron de todo rastro de dignidad.
De paso, Rithy Panh trata de espantar sus fantasmas o, al menos, reconciliarse con ellos. Una tragedia que quedó grabada a fuego en su interior y que le hace sentirse culpable de haber sobrevivido y de no haber podido ayudar al resto de su familia y a otros a quienes vio padecer y morir. Esa es la verdadera tragedia que les ha quedado a quienes salvaron la vida.


En un mundo, como el nuestro, saturado de imágenes, a veces faltan las más importantes; porque no se filmaron en su día o porque se destruyeron después.
En un mundo donde las innovaciones en materia de transportes restan importancia a la distancia geográfica, el genocidio de Camboya ocurrió hace apenas cuarenta años a solo unas horas de vuelo de la puerta de nuestras casas; y, sin embargo, de todo aquello solo conocemos la breve noticia de los libros de historia y un puñado de escalofriantes imágenes posteriores de montañas de calaveras respetuosamente mostradas a los turistas.