viernes, 22 de marzo de 2019

THREE TIMES (TIEMPOS DE AMOR, JUVENTUD Y LIBERTAD)

Tres épocas (1966, 1911, 2005) y tres historias, interpretadas por la misma pareja de actores, Shu Qi y Chang Chen. Un cuento sentimental que evoca la triple reencarnación de un amor infinito.
1966, Kaohsiung - El tiempo del amor: Chen conoce a May, una chica que trabaja en los billares donde él suele ir. Juegan una partida y el joven  que, tras fracasar por dos veces en su examen para ingresar en la universidad, está haciendo el servicio militar, le dice que le escribirá. De permiso, Chen vuelve para verla, aunque ella ya no trabaja allí y él la buscará de pueblo en pueblo por las salas de billares, mientras suenan de fondo "Smoke Gets In Your Eyes" ("El humo ciega tus ojos") o "Rain And Tears" ("Lluvia y lágrimas"), dos preciosas e icónicas canciones de esas que a muchos les traen recuerdos inolvidables..
1911, Dadaocheng - El tiempo de la libertad: En una época en la que Taiwan estaba a punto de ser anexionada a Japón, una cortesana ve como su amor ayuda a pagar la libertad de otra compañera embarazada de otro hombre, despertando la admiración de los demás por este gesto. A la vez vive obsesionado con la situación política. La chica vive una tragedia, pues a ella no le compra su libertad y se llena de lágrimas mientras lee una carta de su amado y comprende que nunca volverá.
2005, Taipei - El tiempo de la juventud: Jing, una cantante, es epiléptica y está perdiendo la visión del ojo derecho. Vive con su madre y su abuela y tiene una relación amorosa con otra mujer Micky (Pei-Hsuan Lee). Zhen es fotógrafo, trabaja en una tienda de fotografía digital y vive con su novia, Blue. Jing y Zhen tienen una relación amorosa a escondidas de sus parejas.


Como alguien dijo: Tres épocas o tres maneras de aburrirse mortalmente.
Y es que la película es, sobre todo, un ejercicio de estética. Película que hay que ver para gozar de las imágenes, de la esplendorosa fotografía y de la presencia de una formidable pareja protagonista. Parca en diálogos, casi todo es silencio, miradas, gestos y un lento discurrir del tiempo.
La segunda de las historias, está rodada a modo de homenaje al cine mudo, con intertítulos y es en ella donde la fotografía alcanza momentos sublimes, al tiempo que la historia, para quien vaya buscando otra cosa, se vuelve lenta y aburrida.


Al parece, en el origen del film estaba la idea de que tres realizadores diferentes, contaran cada cual una historia de amor. Pero al final fue Hou Hsiao-Hsien quien se encargó de dar su visión de tres distintas maneras.
Es una película que apenas cuenta nada, la vida transcurre con sencillez y apenas hay movimientos de cámara. Largas secuencias en las que vemos, por ejemplo en la primera historia, las bolas de billar deslizarse por el tapete, mientras los personajes se mueven alrededor, entrando y saliendo del plano.
Un film para gente paciente, que esté dispuesta a gozar de la estética y olvidarse de la acción narrativa.




jueves, 21 de marzo de 2019

PETRA

Petra (Bárbara Lennie), una joven pintora, inteligente, sería, nostálgica, que trata de armar el puzzle que otros rompieron para ella usando la pintura como vehículo de comunicación, se acomoda en la casa de Jaume (Joan Botey), un artista plástico de éxito, viejo, muy poderoso y despiadado.
¿El motivo? Petra cree que Jaume puede ser su padre, a ella nunca le dijeron quién era, se lo ocultaron toda su vida y, tras la muerte de su madre, inició una búsqueda que la ha llevado hasta él.
Petra también entra en contacto con Lucas (Alex Brendemühl), hijo de Jaume, y con Marisa (Marisa Paredes), esposa de Jaume y madre de Lucas. A partir de ese momento, la historia de estos personajes se va entretejiendo en una espiral de maldad, secretos familiares y violencia que los lleva a todos al límite.
Petra se ve inmersa en esta familia de la clase alta catalana, en la que las consecuencias que se derivan de la actitud del padre de familia serán nefastas para los que le rodean, incluida ella misma.
Una historia de familia fracturada que va desde la humillación y el sadismo en el sexo que se deriva de las relaciones de poder y de las jerarquías que produce el dinero, al misterio que suponen el perdón y la culpa, pasando, claro, por la sangre que causan las pasiones humanas.
El destino dará un giro a su lógica cruel abriendo un camino para la esperanza y la redención.


A modo de tragedia griega, Jaime Rosales nos acerca una reflexión sobre la tiranía de los poderosos, en cualquier ámbito de la vida, personas que han tenido éxito en algún campo, sea de las finanzas, los negocios, el arte u otro cualquiera y se creen investidos de un derecho a mirar desde arriba las vidas de los demás; una reflexión que también lo es sobre la maldad, sobre la falta de caridad o comprensión con quienes nos rodean.
El destino que, según el argumento de la película, parece gobernar nuestras vidas, se encarga de tensar los hilos de la tela de araña en que están atrapados los personajes y cortarlos cuando cree oportuno.


Decía un conocido mío que para hacer mucho dinero (salvo loterías, herencias y alguna otra casualidad), hay que haber matado.
Hay personas que con su trabajo o sabiendo desenvolverse en los negocios, con un poco de suerte, logran un estatus de desahogo que les permite vivir bien, incluso muy bien, pero cuando digo hacer mucho dinero, no me refiero a estos, sino a los que pueden derrocharlo sin que lo note apenas su bolsillo. Y lo que mi amigo quería decir, no es que vayan con un puñal matando gente, sino que en un momento determinado, su alma endurecida, soporta perfectamente que otro robe para poder pagar una deuda, que cometa una estafa que le lleve a la cárcel porque no puede llevar comida a casa o que se suicide porque se ha quedado en la calle al no poder pagar la hipoteca. Esa gente (banqueros, especuladores, etc.), viven con la conciencia tranquila, ellos no han matado y así lo sienten, pero han arruinado la vida de más de uno, por más que no se sientan responsables.
Este es Jaume, uno de los villanos más detestables que se han visto en la pantalla, magníficamente interpretado por Joan Botey. Una frase de la película define su forma de ser y pensar: Detesto la autocompasión.
Son esos tipos que, en algún momento de su vida, se han visto poco menos que desahuciados y han sabido sobreponerse, el típico que cuenta que ha estado trabajando desde que era niño y ha llegado a la cima. Entre ellos, los hay, y muchos, que se apiadan de los sufrimientos de los demás y, sin pretender salvar a la humanidad, echan una mano cuando pueden, pero hay otros que, amparados en que ellos salieron de la acequia, no tienen compasión de nadie que esté en situación difícil y, no solo no le ayudan, que tampoco tienen por qué, sino que, si pueden, lo hunden más en el barro, lo desprecian y humillan.
Esto, el ansia de dinero y poder, el odio que producen estas situaciones y las miserias, tragedias y venganzas que originan; el sentimiento de culpa ante la desgracia sobrevenida y lo difícil y necesario que es saber perdonar, es lo que retrata el film.
Es cierto que a veces cae un poco en el folletín, pero en general, está bien construída la narración y consigue transmitir el mensaje, con un final que se aleja de la amargura de la trama para romper una lanza en favor del perdón que permita vivir en paz.




martes, 19 de marzo de 2019

MUNICH

En septiembre de 1972, haciéndose pasar por atletas, un grupo de palestinos logra introducirse en las instalaciones de la villa olímpica donde se alojan los deportistas que participan en los Juegos Olímpicos de Munich.
Pertenecientes al grupo terrorista "Septiembre Negro", los asaltantes toman como rehenes a varios atletas y entrenadores israelíes, exigiendo como rescate, la liberación de prisioneros árabes que consideran ilegalmente presos en cárceles de Israel.
El gobierno israelí se niega a ceder a las pretensiones de los terroristas que terminan por asesinar a once de los rehenes.
Más allá de la respuesta oficial ante la masacre, el gobierno de Golda Meir decide formar un equipo encubierto, cuya misión será tomar venganza, matando a a aquellos palestinos a quienes consideran responsables de la matanza.
Este equipo no tendrá vínculos oficiales, ni con el gobierno, ni con el Mossad, aunque sí un enlace con el mismo, Ephraim (Geoffrey Rush). El líder será un empleado del servicio secreto, Avner (Eric Bana), a quien han convencido para que abandone a su esposa embarazada, olvide su identidad y desaparezca de la faz de la tierra para cazar y matar a los once hombres acusados por los servicios secretos israelíes de haber planeado la matanza de Munich.
A pesar de su juventud y de su falta de experiencia, Avner no tarda en hacerse con las riendas de un equipo de cuatro miembros (además de él) tan diferentes como hábiles: Steve (Daniel Craig), un surafricano temerario y duro; Hans (Hanns Zischler), un judío alemán experto en falsificar documentos; Robert (Mathieu Kassovitz), un fabricante belga de juguetes reconvertido a fabricante de explosivos; y Carl (Ciaran Hinds), un hombre silencioso y metódico.
Desde Ginebra, Frankfurt, Roma, París, Chipre, Londres hasta Beirut, Avner y su equipo viajan de incógnito, buscando a cada uno de los objetivos incluidos en una lista secreta, asesinándolos uno a uno mediante complicados complots. Obligados a trabajar fuera de la ley, siempre de un lado a otro, sin hogar ni familia, la única conexión con otros seres humanos son los demás miembros del equipo. Pero incluso esta relación se resquebraja cuando empiezan a discutir por preguntas que se hacen cada vez más presentes.
Atrapados entre el deseo de justicia y las crecientes dudas, la misión empieza a corroer las almas de Avner y de su equipo.


Esta película está basada en el libro de George Jonas "Venganza" (1984). Pretende contar la verdadera historia de la venganza contra los terroristas de Septiembre Negro utilizando la información proporcionada por un supuesto agente del Mossad llamado Yuval Aviv como fuente principal de Jonas. Los servicios de inteligencia israelíes siempre lo han negado, diciendo que Aviv es un fraude. Aviv argumenta que lo negarían de todos modos.
El libro y la película difieren en cuanto a que Spielberg es mucho más comedido en sus planteamientos haciéndonos ver que los miembros del grupo israelí tienen reticencias morales sobre lo que están haciendo y se cuestionan los fines de su misión. El autor del libro, sin embargo, lo tiene muy claro y establece una clara diferencia entre terrorismo y contraterrorismo, sosteniendo que Aviv jamás se cuestionó la legitimidad del encargo que había recibido que considera una acción justa y proporcionada.
La película hace ver que esas dudas morales del grupo son las que originan el fin de la misión, mientras que la realidad, al parecer, fue el incidente de Lillehammer, que no se menciona en la película, cuando en esta localidad noruega, el grupo encontró a uno de los terroristas. El objetivo estaba saliendo de un autobús con una mujer embarazada, y lo mataron. Pero más tarde se reveló que habían disparado al hombre equivocado. Ni siquiera era palestino, sino un camarero marroquí, y la mujer embarazada era su esposa.


Así pues, frente al libro de Jonas, la película de Spielberg construye un relato que cobra cierta equidistancia ante la actitud de ambos bandos, presentándonos un problema que se nos antoja irresoluble y que si alguna vez se llega a algún acuerdo entre las partes, será ante el convencimiento de que pueden seguir matando por los siglos de los siglos, pero nunca van a renunciar a sus postulados y poner fin a esa sangría sin fin.
"Septiembre Negro" abrió la caja de los truenos y el gobierno israelí, con sus acciones de represalia la alimentó, entrando en una espiral de violencia y venganza de proporciones bíblicas.


Quizá por esto, el film no gustó a ninguno de los dos bandos y siempre se comentó que el lobby judío había influido en los premios a los que optaba la película, por ejemplo en los Oscar, de los que no pasó de la etapa de nominaciones, cuando optaba a cinco, entre ellos Mejor Película, Director y Guión Adaptado y también al de Mejor Banda Sonora, merced al esplendido trabajo de John Williams.
Del otro lado, los palestinos la pusieron en su lista negra, pues en ese bando tienen muy claro que ellos son los oprimidos y todo lo que suene a ser comprensivo con Israel, o a establecer equidistancias entre ambos, se contempla como un ejercicio de complacencia con el opresor.
Aparte de poner en cuestión que la política de ojo por ojo sirva para otra cosa que engendrar más odio, la película deja una visión desasogante de la realidad y de las estrategias políticas ocultas, con servicios secretos de medio mundo jugando a dos bandas, empezando por la propia CIA, suministrando informaciones y facilitando armas y medios a facciones enfrentadas, con tal de que les dejen al margen y no cometan atentados en su país.
Eso por no hablar de la frialdad con que contemplan algunos de esos llamados daños colaterales, aunque la película también pone de relieve cómo los miembros del comando, tratan de evitar que personas inocentes sufran daños, pero cuando lo hacen, por errores, fallos de cálculo o por cualquier otro motivo, lo ven como algo que tenía que suceder.
Un film muy interesante que además puede verse desde distintos ángulos y que gustará tanto o más a quienes no estén interesados en el conflicto o no lo conozcan suficiente, pues además de ser un film de los llamados políticos, tiene la fuerza de un buen thriller y la suficiente carga de suspense como para mantener atento al espectador durante todo su desarrollo a pesar de su larga duración.




lunes, 18 de marzo de 2019

UNA MUJER EN ÁFRICA (WHITE MATERIAL)

En un conflictivo país del corazón de África, del que no sabemos el nombre, vive María (Isabelle Huppert), una terrateniente en cuyas tierras se cultiva sobre todo café. Es una mujer de carácter fuerte y altivo, acostumbrada a ejercer un férreo control en sus propiedades. Por eso, cuando está a punto de estallar en el país una guerra civil, no duda en defender la plantación que heredó de su familia y su cosecha, con uñas y dientes.
Además de sufrir el conflicto postcolonial, Maria debe hacer frente a los problemas derivados de su condición de mujer. El centro de los temas de propiedad de la tierra en el África subsahariana, proviene del cambio experimentado al pasar del concepto de posesión comunal, al de tenencia individual de la tierra bajo la entrada en vigor de leyes de liberalización de imposición occidental.
Claire Denis, coguionista y directora del film, teje habilmente lo que estos cambios en la propiedad de la tierra significan para las mujeres, tanto blancas como negras. A través de este modelo, la posición social de las mujeres en los estados del África subsahariana ha experimentado cambios en los procesos de despojo de tierras, siendo el matrimonio y los parientes fundamentales para la copropiedad de las tierras. Las mujeres en países de todo el continente han sufrido de tal liberalización económica y desarrollo ligados a los discursos masculinos de apropiación de tierras. Estas disparidades sexuales se resaltan desde el punto de vista de María, a través de tomas cerradas y cinematografía claustrofóbica.
La recuperación de tierras por parte del grupo rebelde considera que la "blancura" de María ya no le otorga ningún tipo de privilegio.


Claire Denis pasó su infancia en algunas colonias francesas de África (Burkina Faso, Somalia, Senegal y Camerún), en las que su padre trabajó como funcionario del gobierno galo y en esta película regresa a esos territorios para traernos una reflexión sobre el mundo postcolonial africano, con una mujer que se niega a ver la realidad del peligro que la rodea y se obstina, no tanto en conservar la propiedad de las tierras de la familia, como en salvar una cosecha cafetera que nos queda claro desde el principio que no es posible que salga adelante por la situación del entorno, con facciones enfrentadas a tiro limpio. En esta peculiar familia, el único que desea regresar a Francia es el marido de María. Tanto ella, como su hijo y su suegro, parecen querer quedarse allí, cada cual con distintas actitudes. Ella, con esa especie de ofuscación por salvar la cosecha de café; el hijo, con una actitud primero indolente y después sumido en una especie de arranque irracional que le lleva a confraternizar con los rebeldes y el suegro, totalmente desentendido de la realidad, con una actitud absolutamente pasiva. Los tres, cada cual a su manera, se sienten africanos, pero se niegan a ver que allí no les quieren, bien por el color de su piel, o por considerarles una herencia de la colonización, o por ambas cosas a un tiempo.


De cualquier modo, la narración nunca acaba de ser clara, ni sabemos la ideología o los motivos (más allá de la típica corrupción que parece aquejar a los gobernantes) ni del gobierno, ni de los rebeldes; ni se nos aclara qué persigue el personaje interpretado por Isaach de Bankolé, un tipo apodado El Boxeador, del que apenas sabemos nada sobre su pasado, pero que aparece de forma recurrente en el film, como una especie de fantasma.
Uno acaba con la sensación de no saber muy bien qué es exactamente lo que nos quiere contar Denis y qué clase de cuentas quedó pendientes su memoria africana.




sábado, 16 de marzo de 2019

SHARPE Y EL ÁGUILA DEL IMPERIO

Ya tenemos a Richard Sharpe de nuevo en tierras españolas, tras atravesar la frontera portuguesa con las tropas de Sir Arthur Wellesley, futuro duque de Wellington. El ejército anglo-español, se dirige hacia Madrid, pero primero, el nuevo regimiento South Essex, al que ha sido asignado el grupo de fusileros que comanda Sharpe, recibe la misión de volar un puente en un lugar llamado Valdelacasa, para que las tropas francesas, que están al otro lado del río, no puedan atravesarlo. Una misión sencilla, si no fuera por la incompetencia de Henry Simmerson, un noble británico que ha sufragado la formación del nuevo regimiento, enemigo político de Wellesley, a quien desea desprestigiar. Cuando llegan al puente, el regimiento español comete la temeridad de cruzar el puente, cuyas cargas de dinamita ya estaban preparadas, para provocar a los franceses que estaban en la orilla contraria y a Sir Henry no se le ocurre otra cosa que ordenar al South Essex que vaya tras los españoles: Si ellos van, nosotros iremos más lejos, argumenta en una acción de orgullo sin sentido, que pone en peligro a todas sus tropas.
Cuando desde las filas españolas, se produce una ridícula descarga de mosquetería a destiempo y fuera del rango de disparo, los franceses reaccionan y atacan. El regimiento español resulta masacrado y las bisoñas tropas inglesas huyen en desbandada, salvo los fusileros de Sharpe y unos pocos veteranos que se dan cuenta de la situación y defienden el puente para que puedan pasar los suyos hacia la orilla segura. Hasta que Simmerson, dejándose llevar por el pánico y la cobardía, ordena prender las mechas. El puente salta por los aires y Sharpe y los suyos quedan en la orilla equivocada. Para mayor vergüenza, el South Essex ha perdido sus banderas, lo que se considera la máxima afrenta para un regimiento. Antes de conseguir vadear el río de vuelta al campamento inglés, Sharpe, contra todo pronóstico y en una acción desesperada, logra recuperar uno de los dos estandartes, pero Simmerson, en lugar de reconocer sus errores y la valentía de Sharpe, le hecha la culpa de lo ocurrido y cuando se encuentran en Plasencia con el general Wellesley, que tiene establecido su estado mayor en el palacio de Mirabel, le denuncia. Sin embargo, Sir Arthur sabe de sobra lo que ha ocurrido y, no solo desoye la diatriba de Simmerson, sino que nombra a Sharpe capitán.
No obstante, el fusilero sabe de sobra que ha sido elegido como cabeza de turco en la guerra política que enfrenta a Sir Henry con Wellesley y que tarde o temprano, merced a los contactos de Simmerson en el parlamento, será castigado y enviado a las colonias. Para evitarlo, solo ve una salida: Acometer una acción heroica y arrebatar a los franceses una de las águilas que hacen de estandarte de cada regimiento. Sería el primero que lo lograra y ante eso, en Londres, nadie osaría poner en cuestión a Sharpe.
Al final, las tropas españolas y británicas, se enfrentarán a los invencibles ejércitos de Napoleón en la famosa jornada de Talavera y allí estará Sharpe que, además, tiene una cuenta pendiente con dos tenientes ingleses a cuenta de la bella Josefina Lacosta, una dama portuguesa que sigue al ejército y a la que Sharpe ha prometido proteger.
De nuevo los caracteres perfectamente definidos de los personajes y la acción que Cornwell nos presenta a todo color, logran una novela trepidante, llena de enredos, de injusticias vengadas y de episodios bélicos que cobran especial altura con las detalladas y épicas descripciones tan típicas de Cornwell.



viernes, 15 de marzo de 2019

EL NIÑO (L'ENFANT)

Bruno (Jérémie Renier) tiene veinte años. Sonia (Déborah François), dieciocho. Son pareja y acaban de tener un hijo a quien Sonia llama Jimmy.
Bruno, que jamás la visitó mientras estaba en el hospital, se burla de la idea de tener un trabajo tradicional y prefiere seguir ganándose la vida cometiendo delitos menores junto a su joven compañero Steve (Jérémie Segard), de apenas 14 años. Incluso ha subarrendado el pequeño apartamento de Sonia mientra ella estaba en el hospital, en tanto él duerme en el albergue para personas sin hogar, o envuelto en cartones en lo que llama el refugio, situado a la orilla del río.
Al día siguiente de salir del hospital, Sonia permite a Bruno llevar a Jimmy a dar un paseo mientras ella aguarda en la cola a que le toque su turno para cobrar el subsidio que percibe. En ese tiempo, Bruno toma la decisión unilateral de vender a Jimmy a una agencia de adopción del mercado negro. Al descubrir lo que Bruno ha hecho, Sonia tiene una crisis y pierde el conocimiento. Ante el temor de que Sonia le entregue a la policía cuando recupere la conciencia, Bruno intenta recuperar a Jimmy mientras deja a Sonia en el hospital en su estado inconsciente.
Pero Bruno pronto aprenderá que recuperar la confianza de Sonia no será tan simple como piensa en su infantil y fantasiosa imaginación. Y también aprenderá que recuperar a Jimmy no es tan fácil como devolver el dinero sin más.


Escrita y dirigida por los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, fue galardonada con la Palma de Oro en el festival de Cannes de 2005.
La película nos traslada imágenes realistas que retratan a una pareja de escasa formación, escasos recursos económicos, tendencia a la marginalidad y una mentalidad de absoluta inmadurez.


Sin embargo, a Sonia, el nacimiento de su hijo parece que le ayuda a replantearse su vida y a tomarse en serio sus obligaciones, algo que no ocurre con su pareja que continúa con su despreocupada actitud de adolescente, pensando solo en el día a día y gastando lo que obtiene de sus trapicheos sin pensar en lo que pueda suceder mañana.
El mismo título de la película es un juego de significados, el niño es el bebé, pero también es el padre, un tipo de una inmadurez que resulta extrema. Cuando le dice a Sonia que ha vendido al niño, sorprendido ante la perplejidad de ella, solo se le ocurre decirle, con la más absoluta naturalidad: "No te preocupes, haremos otro".
A lo largo de la película, vemos imágenes que resaltan esta actitud inmadura del joven, como cuando está con el cochecito del bebé y no hace sino meter los pies en el barro, para estamparlos contra la pared y dejar la huella de su zapatilla, como un adolescente cualquiera.
El amor que siente la pareja es sincero, pero también inmaduro. A pesar de todos los pesares, de sus engaños y las faenas que prepara, Bruno no puede vivir sin el refugio de Sonia y ésta, tras habérselo quitado de encima, no puede evitar darle otra oportunidad, en un final que abre una ventana a la esperanza de futuro.




jueves, 14 de marzo de 2019

BAJO EL MISMO TECHO

Adrián (Jordi Sánchez) es un exitoso comercial felizmente casado con Nadia (Silvia Abril), una mujer que trabaja con su amiga Lucía (Malena Alterio) en el primer sex-shop para mujeres que se abrió en España, inaugurado por las dos. Con el objetivo de hacer realidad sus sueños, Adrián compra una casa en un suburbio de Madrid para mudarse allí desde la ciudad y pasar la vida juntos cuidando a su pequeña hija Marina (Clara Chacón). Pero varios años después, las cosas están lejos de haber resultado idílicas: Adrián se ha convertido en un hombre aburrido, excesivamente preocupado por su trabajo como vendedor de autos, ayudado por su amigo y compañero de trabajo Álex (Daniel Guzmán); Nadia se da cuenta de que el sex-shop está bajo amenaza de fracasar debido a sus bajas ventas, y la ahora adolescente Marina se toma un año sabático en sus estudios, para viajar a Malta persiguiendo su sueño de ser jugadora de póquer on line. Con el síndrome del nido vacío, Nadia intenta recuperar la pasión con Adrián y lo cita para una noche especial en su 50 cumpleaños, el mismo día en el que Adrián debe dar un discurso en una reunión con un director general estadounidense, que le ha encargado su jefa Arancha (Cristina Castaño). Incapaz de cumplir con el horario para la cena con su esposa, tras un discurso desastroso por haber tomado un par de sedantes mezclados con champaña para calmar su nerviosismo, Adrián se despierta en su casa al día siguiente para encontrarse frente a una enojada Nadia que le presenta su decisión final: el divorcio.
Desconcertado y creyendo que Nadia tiene un romance con otro hombre, Adrián es mal aconsejado por Álex al mismo tiempo que Nadia lo será, igual de mal, por Lucía.


La película tiene una correcta factura, más o menos bien rodada y con dos estupendos actores a la cabeza de un reparto que, a grandes rasgos, sale airoso en su trabajo.
Sin embargo, a pesar de que la vemos con una sonrisa, no acaba ni de ser una comedia de esas que te dejan satisfecho porque, independientemente de su calidad, te han hecho reír y pasar un rato agradable, ni tampoco ahonda en las reflexiones serias para las que da la historia que relata. Vamos que se queda a medias tintas y acaba no siendo ni una cosa ni otra.


Una lástima, porque la idea no es mala y creo que podría haber dado mucho más juego y haber sacado provecho del un buen cuadro de actores que tiene.
El problema principal es un guión que resulta bastante plano y como sin ideas.
Y para acabar de rematarlo, pienso que sobra la escena final, esa que a veces te reconcilia un poco con la película y que aquí está de más. Si la hubieran suprimido y hubiera quedado como remate el momento en que Adrián alcanza al camión de mudanzas en que va Nadia, para decirle el giro que han dado las cosas en el último momento, hubiera quedado mucho mejor.