Un collage con diversos tipos de película y noticiarios, los recuerdos de un poeta moribundo desfilan ante nuestros ojos, sus sueños entremezclándose con escenas de la infancia, la guerra y el matrimonio, todo ello impregnado del poder místico de un trance.
Andrei Tarkovsky mezcla flash-backs, imágenes históricas y poesía original para ilustrar los recuerdos de un moribundo sobre su infancia durante la Segunda Guerra Mundial, su adolescencia y un doloroso divorcio en su familia. La historia entreteje reflexiones sobre la historia y la sociedad rusas.
Sobre la película, Tarkovsky afirma: «Es una película autobiográfica. Lo que sucede son hechos reales que les ocurrieron a personas cercanas a mí. Esto es cierto para todos los episodios de la película. Pero, ¿por qué la gente se queja de que no la entiende? Los hechos son tan simples que cualquiera puede identificarse con ellos y sentir que son similares a sus propias experiencias. Pero aquí nos topamos con algo peculiar del cine: cuanto más alejado está el espectador del contenido de una película, más cerca está de la realidad».
De cualquier modo y también en palabras del realizador: «mi película más abiertamente autobiográfica, audaz y reveladora».
La película es tanto un poema compuesto en imágenes, o una alucinación, como una obra cinematográfica.
Aunque fue en gran medida ignorada por la crítica soviética en su estreno debido a su estructura narrativa, se ha consolidado como una de las obras más reconocidas e influyentes del director, una impresionante declaración personal de un artista que transmite sus pensamientos y sentimientos más íntimos directamente de su interior a la pantalla. Cosa bien distinta es que para mucho resulte muy difícil de entender.
Como curiosidad, en la película se ven imágenes de flamenco, de los niños españoles que fueron enviados a Rusia como refugiados y de toreo. Se cita a Sebastián Palomo Linares, a mi juicio de manera extemporánea y quizá equivocada, pues Palomo fue gran figura del toreo en los años 60 y 70, mientras las imágenes que vemos corresponden a la época de la Guerra Civil o anteriores. Se me ocurre que el hecho de que Palomo Linares estuviera vinculado al cine en cierto modo, ya que protagonizó alguna película como Solos los dos, de Luis Lucia o Nuevo en esta plaza, de Pedro Lazaga, diera lugar a que al realizador ruso le sonara el nombre y por eso lo cita.

























