viernes, 27 de marzo de 2026

MOOLAADÉ (PROTECCIÓN)

 


En una aldea de Burkina Faso, seis niñas de entre cuatro y nueve años, van a ser sometidas a la ablación genital. Todas ellas saben que la operación es una tortura horrible y a veces letal, y todos los adultos saben que algunas mujeres mutiladas solo pueden dar a luz por cesárea. Dos de las niñas se han arrojado a un pozo para escapar del tormento, las otras cuatro acuden a Collé (Fatoumata Coulibaly) para que las proteja. Esta mujer, que en su infancia sufrió la ablación genital, siete años atrás se negó a que su hija fuera sometida a esa práctica porque le parece una barbarie. A partir de ese momento, se enfrentan dos valores: el respeto al derecho de asilo (el moolaadé o protección) y la tradición de la ablación (la salindé). La moolaadé está indicada por una cuerda de colores y nadie se atrevería a acercarse para rescatar a las niñas. La moolaadé solo puede ser revocada por la propia Collé. El hermano mayor de su marido lo persuade para que la azote en público hasta que la revoque. Grupos de mujeres le gritan, unas para que la revoque, otras para que se mantenga firme, pero ninguna interviene.


Con un enfoque narrativo muy simple, al menos desde la perspectiva occidental, heredero de una tradición que se basa más en lo oral que en la escritura, para transmitir su mensaje, su guionista y realizador, el senegalés Ousmane Sembène, trata de hacerlo de la forma más sencilla posible, sin conversaciones triviales. Su puesta en escena también es sumamente concisa. Cada escena contiene lo necesario, lo que hace que cualquier objeto que vemos, puede tener tanto significado como las mismas palabras.


El film no solo aborda la mutilación genital femenina, sino también la violencia sexual, la violencia doméstica y el papel que desempeñan la religión y la tradición en el control de los pensamientos de las personas, especialmente de las mujeres, y cómo se utiliza para privarlas de su sexualidad mediante la mutilación y los matrimonios concertados. 
Con cada escena cuidadosamente planificada y unos diálogos que a veces parecen algo ingenuos por su sencillez. Un cine poético, vital, de gran colorido, muy crítico y valiente en los planos político y social, con momentos de humor contenido, pero rebosante de vida y profundidad.




jueves, 26 de marzo de 2026

VETE Y VIVE

 


Gracias a una iniciativa del Estado de Israel y de los Estados Unidos, desde el 20 de noviembre de 1984, hasta el 4 de enero de 1985 se lleva a cabo la «Operación Moisés» para trasladar a miles de judíos etíopes (los Falashas) a Israel huyendo del régimen pro-soviético de Mengistu Haile Mariam, que les prohibía salir del país, en una operación diseñada por el Mossad, pasando previamente a su traslado en avión, por los campos de refugiados sudaneses en los que se apiñan desplazados de 26 países. Una mujer etíope cristiana, convence a su hijo de nueve años para que se declare judío a fin de que pueda huir de la miseria. Cuando el niño llega a Israel, dada su condición de huérfano, lo adopta una familia judía francesa que vive en Tel-Aviv. Pasa la infancia atemorizado ante la posibilidad de que se descubra su doble secreto, su doble mentira: no es ni judío ni huérfano, sólo es negro. Con el tiempo, irá descubriendo el amor, la idiosincrasia judía y la cultura occidental. Pero también el racismo y la guerra en los territorios ocupados, sin olvidar nunca a su verdadera madre y su verdadera naturaleza: un etíope salvado de la muerte.


Partiendo de unos hechos reales de la historia reciente del continente africano, Radu Mihaileanu sitúa inmediatamente su película en el ámbito del testimonio y la memoria, pero también en la búsqueda de la identidad a través de la historia de este niño cristiano al que su madre confía a una mujer falasha, cuyo hijo acaba de morir, para que le salve la vida, pero esta mujer, también muere y, en teoría, el joven se convierte en huérfano. 
La narración recorre tres etapas en la vida del protagonista: la infancia, la adolescencia y la juventud.


El film oscila constantemente entre una novela épica y un documental histórico. De una sobriedad formal y un control impecable, la película transmite la poderosa convicción de su director. Su principal fortaleza reside en su capacidad para conseguir que empaticemos con los personajes, claramente favorecida por las decisiones narrativas. Explora las múltiples posibilidades que ofrece su tema, impregnado de un mensaje de vida, humanidad, esperanza y amor. Y refuerza su mensaje con un vibrante homenaje a la figura materna, representada a través de los cuatro personajes femeninos principales: la madre africana, la madre falasha, la madre adoptiva y la amada Sarah, futura madre del fruto de su amor.




miércoles, 25 de marzo de 2026

EL CUARENTA Y UNO

 


Un destacamento del Ejército Rojo, liderado por el comisario Yevsyukov (Nikolay Kryuchkov), se retira desde el mar Caspio hasta las arenas del Karakorum, entre ellos la mejor tiradora del destacamento, Maryutka (Izolda Izvitskaya). En el trayecto se cruzan con  una caravana en la que viaja el teniente del Ejército Blanco Govorukha-Otrok (Oleg Strizhenov), portador de un mensaje oral para el estado mayor de sus tropas, al que toman como prisionero. Los supervivientes de la travesía del desierto llegan a la costa del mar de Aral, donde María, Govorukha-Otrok y dos soldados embarcan para intentar cruzarlo, mientras el resto de sus compañeros seguirán el viaje por tierra bordeando el mar. Los dos soldados del Ejército Rojo mueren durante una tormenta, y María y el teniente quedan solos en una isla.


El guion adapta una novela del escritor y dramaturgo ruso Boris Lavrenyov, que ya había sido llevada a la pantalla en versión muda en 1927.


Grigori Chukhrai lleva a la pantalla esta singular historia en la que el amor y los ideales políticos se enfrentan en esta especie de drama romántico que vive la pareja protagonista. En tanto viven inmersos en el conflicto bélico que asola al país, son enemigos, pero cuando, como nuevos robinsones, quedan aislados, las diferencias ideológicas quedan aparcadas y se abandonan a la intensa pasión de dos jóvenes que descubren el lado humano del otro. 
El film hace gala de una fotografía que tiene algo de pictórica, con muchos primeros planos de los rostros de los soldados soviéticos que remarcan el sufrimiento de la dura travesía del desierto y en la que también se reflejan algunas circunstancias que acompañan a la narración principal, como el menosprecio con que tratan a los kazajos ambos ejércitos, mostrándose superiores a ellos.
Un film que alterna los momentos emocionantes con otros conmovedores, la crudeza de algunas secuencias, con otras que tienen algo de poéticas.
 



martes, 24 de marzo de 2026

ROSEANNA

 

Una tarde de julio, mientras se procede a labores de draga y limpieza del fondo, aparece el cuerpo de una joven en el lago Vattern, en Suecia. Tres meses después, todo lo que sabe el inspector de policía Martin Beck es que el nombre de la chica es Roseanna, que vino de Lincoln, Nebraska, y que pudo ser estrangulada por cualquiera de las ochenta y cinco personas que viajaban con ella en una excursión en barco. 
La novela está escrita en un tono deliberadamente realista, con detalladas descripciones y en la que sentimos, desde las primeras líneas, que investigadores y el resto de personajes secundarios, incluída la víctima, son personas bastante normales, con vidas anónimas alejadas de algunos de los estereotipos del género policiaco. El tiempo transcurre también con naturalidad, con largos periodos en los que nada sucede y Martin Beck y sus colegas ven en esto un mal tan frustrante como necesario, pues el investigador de homicidios impaciente carece de armas. Seis meses les lleva resolver el crimen, pero sentimos que podrían haber sido también varios años, pero nunca se habrían dado por vencidos, pues su virtud fundamental es la paciencia. No hay nada heroico en ellos, simplemente hacen su trabajo y en el ínterin se sienten indispuestos, cansados, frustrados o han de lidiar con sus pequeños asuntos domésticos. 
La historia está llena de vida, mantiene la tensión y su desarrollo narrativo está hábilmente planteado y, aunque lo que cuenta sigue pareciéndonos actual, no deja de resultar llamativo y tener su encanto, observar cómo ha cambiado el mundo, cómo hemos cambiado todos en los años transcurridos desde aquel 1965 en que se publicó, a la actualidad: Se fumaba sin parar, no había teléfonos móviles, por lo que se usaban los teléfonos públicos, los ordenadores eran prácticamente desconocidos, ni siquiera había llegado el fax y las comunicaciones en cuanto a pruebas o documentos, se hacían por el correo tradicional y aunque a la Europa más desarrollada y pujante económicamente, llegaban obreros para trabajar en las grandes industrias, no habían comenzado las continuas avalanchas de refugiados que llegan ahora. 
Los autores, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, fueron pareja desde 1962 hasta 1975, año en que, con sólo 48 años, murió Per y escribieron las diez novelas protagonizadas por el inspector de la Brigada Criminal Central Martin Beck. Con la muerte de Per la serie se interrumpió. 
Se les considera los precursores de lo que años más tarde sería la exitosa eclosión de la novela negra escandinava, con autores tan populares y de tanto éxito editorial como Henning Mankell, Stieg Larsson, Jö Nesbo, Asa Larsson y tantos más. 
Más allá de la trama y la resolución del asesinato, resulta una novela fascinante. 
Como curiosidad, en la novela se cita a la División Azul española, sin que tenga mayor interés en la narración, ni en el desarrollo de la novela. Se habla de ella como una tropa de élite, algo que no se ajusta a la realidad, ya que en su gran mayoría eran jóvenes voluntarios falangistas empujados por las autoridades del régimen a luchar contra el comunismo y algunos no tan voluntarios que se alistaron para blanquear un pasado izquierdista de ellos o de sus familias.



lunes, 23 de marzo de 2026

LA BALADA DEL SOLDADO

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, el joven soldado Alyosha (Vladimir Ivashov), de apenas 19 años, va a ser propuesto para recibir una medalla como recompensa por un acto heroico en el frente. En lugar de esta distinción, pide unos días de permiso para visitar a su madre y reparar el techo de su casa. En el tren rumbo al este, conoce a Shura (Zhanna Prokhorenko), una joven que se dirige a casa de su tía. Durante esos pocos días de viaje, vivirán su breve historia de amor.


Tras la muerte de Stalin, la URSS vivió una especie de apertura (entre comillas) que no duró mucho, pues aquello se fue matizando para no dejar demasiado suelto al personal. Este breve periodo se notó en algunas obras artísticas, cine incluído, que aprovecharon la situación para poder expresarse en un lenguaje hasta entonces impensable. 
Esta no es una clásica película bélica que exalte al héroe y en el que la valentía quede patente, tampoco lo es en el plano visual, no hay grandes despliegues bélicos. Lo que aquí vemos es un héroe que está muerto de miedo, según propia confesión y que ante la cercanía irremediable de la muerte, ya con todo perdido, se enfrenta él solo a los tanques enemigos inutilizando un par de ellos, incluso la secuencia de todo esto resulta bastante cutrecilla, porque este no es el asunto que preocupa a Grigori Chukhrai. El asunto central arranca a partir de aquí, lo visto hasta entonces es mera excusa para que el soldado emprenda su viaje en el que veremos toda la tragedia de la guerra sobre la población civil y la historia romántica entre Alyosha y Shura, su aproximación, su progresivo enamoramiento, una amor en el que ni siquiera tienen tiempo para darse un beso, porque antes de que fragüe, han de separarse y todo queda en el imaginario de lo que pudo ser y no fue. 
Pero hay mucho más, porque en el camino surgen historias paralelas mediante las que el realizador nos va describiendo situaciones hasta entonces nunca reflejadas en el cine soviético: La prostitución, la corrupción, la ayuda americana o la desesperanza de la gente ante las penurias, entre otras cosas. Todo ello con algún que otro sutil toque de humor e ironía, además de una fotografía fascinante, escenas perfectamente planificadas, un ritmo de lo más adecuado y un lenguaje cinematográfico que no excluye el componente poético en muchas de las imágenes que se nos muestran. Da la impresión de que absolutamente todo en la película está pensado para destacar, por encima de otras consideraciones, un canto a los seres anónimos, exaltando sus virtudes, pero señalando sus defectos, hasta el hecho de que en ningún momento se nos hable de un soldado soviético y sí de un soldado ruso, parece querer dejar de lado las ideologías para centrarse en las personas.


Con su poética imaginería visual, la película de Grigori Chukhrai, es una reflexión poco convencional sobre los efectos de la guerra, estando considerada como un hito en el cine ruso.




viernes, 20 de marzo de 2026

LA ASCENSIÓN

 


Durante la Segunda Guerra Mundial, dos partisanos soviéticos van a una aldea bielorrusa en busca de comida. Tras un prolongado tiroteo en la nieve, en el que uno de los alemanes muere, los dos hombres escapan, pero Sotnikov (Boris Plotnikov) recibe un disparo en la pierna. Rybak (Vladimir Gostyukhin) debe llevarlo al refugio más cercano, la casa de Demchikha (Lyudmila Polyakova), madre de tres niños pequeños. Sin embargo, son descubiertos y capturados.


El guion adapta la novela Sotnikov, del escritor bielorruso Vasili Bykov, publicada en 1970 y posteriormente reeditada con el título de Liquidación
Dirigida por la malograda realizadora soviética nacida en Ucrania Larisa Shepitko, fue galardonada con el Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín de 1977.


Tras mostrarnos las penurias de la población en general y los partisanos en particular, escasos de comida, con armamento precario y sin apenas municiones, moviéndose por interminables superficies nevadas, sometidos a los elementos naturales y a la persecución constante del enemigo, la película nos traslada a la peripecia particular de los dos soldados apresados por los alemanes, al igual que los tres civiles que les acompañan: Una niña, un anciano y la joven madre en cuya casa se refugiaron.
Cuando los protagonistas se enfrentan a la tortura, cada uno debe elegir entre la lealtad y la confesión, callar o delatar, en una prueba espiritual que eleva el drama terrenal de la película al plano de la alegoría religiosa con tintes místicos, temas muy arraigados en la iconografía cercana al cristianismo, inaceptables en películas bélicas soviéticas en las cuales el patriotismo y el heroísmo debían prevalecer, cuando Shepitko lo que pretendía era, sencillamente, llevar a la pantalla las cuestiones morales y éticas que consideraba universales y esenciales del ser humano. De hecho hay una escena que no podía ser más metafórica, parece una recreación de la ascensión al Gólgota. 
Por fortuna, la realizadora contó con valedores para sacar adelante esta película que narra los horrores de la guerra desde una perspectiva diferente, áspera, dura y muy emotiva.




jueves, 19 de marzo de 2026

LA CARTA QUE NUNCA FUE ENVIADA

 


Tres geólogos y un experto explorador soviéticos son enviados a Siberia en busca de diamantes. Tienen la suerte de encontrar una mina y situarla en el mapa que ha de ser llevado a Moscú, pero el día de la partida, un terrible incendio forestal les mantiene atrapados en el bosque.


Basada en un relato de Valery Osipov, que participa en el guion de este film dirigido por Mikhail Kalatozov que vuelve a deleitarnos con sus virtuosismo, el empleo de grandes angulares que suplen la ausencia de scope, largos travellings planificados al milímetro y escenas que muestran todo el rigor de la naturaleza que parece defenderse de aquellos que quieren arrancarle lo que conserva en sus entrañas.


La película tiene dos partes, en la primera se nos muestra el duro trabajo de los geólogos, repetitivo, frustrante en ocasiones, incluso aburrido, pero en el que ponen todo su empeño, desarrollando las ingratas tareas de excavar catas y lavar la tierra extraída en busca de indicios del mineral que buscan.
La segunda parte se inicia con el incendio y aquello se convierte en un film de supervivencia, con algunas escenas de suspense y gran intensidad en las que el entorno cobra vida, pasando de ser un lugar de belleza salvaje a un enemigo implacable. Pocas veces la naturaleza ha sido rodada con tal realismo, con un gran trabajo de cámara que nos hace partícipes de lo desesperado de la situación y de lo inhóspito que se ha tornado el entorno.
Algunos en la antigua Unión Soviética tacharon al film de primar la forma sobre la historia, puede que algo de razón tuvieran, pero realmente su calidad visual es realmente llamativa.