Johnny Barrett (Peter Breck), un ambicioso periodista, está decidido a ganar un premio Pulitzer resolviendo un asesinato cometido en un manicomio y del que solo han sido testigos tres internos, de los que la policía no ha podido extraer información. Con la complicidad de un psiquiatra y la reacia ayuda de su novia, consigue que lo declaren loco y lo envíen al manicomio. Allí, poco a poco, localiza y entrevista a los testigos, pero las cosas son más extrañas de lo que parece.
Samuel Fuller traza una clara crítica a algunos de los temas candentes de la América de los sesenta: La segregación racial, la escalada nuclear, los conflictos entre los bloques (la llamada Guerra Fría) o la guerra en general.
Un retrato certero del delicado equilibrio entre la cordura y la demencia, con una descripción nada complaciente sobre algunos métodos empleados en establecimientos psiquiátricos, que anteponen a la seguridad de ciertos tratamientos, la posibilidad que estos ofrecen de tranquilizar al paciente, además de una clara crítica a los límites del éxito profesional en general y a los del periodismo de investigación y sensacionalista en particular.
























