Mathilda (Natalie Portman) es una niña de doce años que no se lleva bien con su familia, excepto con su hermano pequeño. Su padre es un narcotraficante que hace negocios con Stan (Gary Oldman), un corrupto agente de la D.E.A. Un día, mientras Mathilda está en un supermercado, Stan mata a su familia. Se refugia entonces en casa de Léon (Jean Reno), un solitario y misterioso vecino que resulta ser un asesino a sueldo, pero, como no le queda otra alternativa, hará un pacto con él: ella se encargará de las tareas domésticas y le enseñará a leer; éste, a cambio, le enseñará a disparar para poder vengarse de quienes mataron a su hermano.
Un film de acción mezclado con melodrama, en el que la relación entre los dos protagonistas tiene mucho de ternura y un toque de cierto escándalo que el guion sortea cortando por lo sano cada vez que la tensión sexual parece que va a cobrar protagonismo.
Porque en realidad la relación entre Léon y Mathilda, es pura y sin atisbo de perversión, la de dos seres que encuentran cariño y comprensión en el otro aún en medio del más perverso de los escenarios.
Dirigido por Luc Besson, no le busquen los defectos al film, no hace falta, porque les van a saltar en pleno rostro, como algunas de sus incongruencias, si se deciden a verla, sencillamente disfruten de la historia y las interpretaciones en la medida en que puedan hacerlo.





















