Mientras la ciudadanía vive preocupada por una crisis de la que no acabamos de salir nunca; por los miedos que nos provocan las exigencias de Bruselas o la esquilmada hucha de las pensiones, nuestros partidos políticos, en una muestra más de lo que les importamos, andan a lo suyo, enredando, buscando su particular protagonismo y demostrando su incapacidad para ceder un ápice en pro de evitarnos otro esperpento electoral.
Mientras, asistimos entre incrédulos y molestos a las pantomimas que nuestra democracia (bueno, no sólo la nuestra) ha creado, dotándose de una parafernalia que recuerda a los ritos religiosos y que pretende hacer ver al ciudadano que aquello es algo sagrado, cuando en realidad son un rosario de actos inútiles, por más que a sus oficiantes y principales invitados (los ciudadanos somos meros espectadores y paganos, en el sentido de que lo pagamos nosotros) les encanten todas estas idioteces (perdonéseme este ataque de sinceridad).
Entre ellos cobra matices de inutilidad sublime la ronda de consultas del Rey, que se nos hace creer que tiene gran importancia, cuando sabemos (salvo los ingenuos, que los hay) que no vale sino para aparentar que el monarca se gana el sueldo. ¿No podemos ahorrarnos esta pantomima? Pues parece que no, porque además da mucho juego a los llamados medios informativos que se encargan de dar bombo al asunto: Que si el Rey tiene la importante misión de asesorar, estimular y sugerir, que si va a insistir "con rotundidad" en que serían insoportables para el pueblo unos terceros comicios... Pamplinas, pero si todo esto no vale para nada, de verdad. El Rey está ahí para lo que está, es decir, para que le digan unos y otros lo que piensan hacer según sus propios intereses, independientemente de lo que él piense y, además, que Dios le libre de pronunciarse al respecto, porque se juega el puesto.
En tanto, como digo, ellos a lo suyo, a prestarse diputados para que estos o aquellos, que no cumplen los requisitos, puedan tener grupo parlamentario (ya saben, hablamos de dinero), o a echar la culpa al otro, mientras vuelven la cara ante la mierda de su propia pocilga.
¿Se ríen de nosotros?
No, ¡por Dios!, no seas mal pensado, si ellos nunca se ríen de nadie, que son muy serios.



























