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viernes, 10 de mayo de 2024

GOLPE DE SUERTE

 


Fanny (Lou de Laâge) y Jean (Melvil Poupaud) parecen el matrimonio ideal: ambos son profesionales de éxito, viven en un precioso apartamento en un exclusivo barrio de París y parecen tan enamorados como cuando empezaron. Un día camino del trabajo, ella se cruza con Alain (Niels Schneider), un antiguo compañero del instituto al que no ve desde entonces. Alain vive cerca del trabajo de Fanny y quedan para comer en varias ocasiones. Él le confiesa que siempre estuvo enamorado de ella y comienzan una aventura. Fanny no se siente a gusto engañando a su marido que siempre ha sido bueno con ella y está decidida a dejarle. Pero Jean ha notado algo raro en su mujer y contrata un detective privado para que la siga.


Thriller romántico en clave de comedia negra con los temas recurrentes de Woody Allen. Para algunos, entre sus mejores trabajos de los últimos años.
En un ambiente de alta sociedad, esos yuppies de los noventa que ya se han asentado como triunfadores, el film carece de la mordacidad hacia este sector social que hemos visto en algunos trabajos pasados de Allen y parece como si sencillamente se dedicara a observar sus vidas acomodadas en los ambientes sibaritas.


Recuerda algo a Match Point (2005) aunque en un tono más ligero y enfocada como una comedia negra con un sorprendente giro final que a más de uno le sacará una sonrisa y que nos trae a la memoria, como ya han señalado algunos críticos, alguna de los tesis ya expuestas por Dostoyevski en su Crimen y castigo, en este caso referidas a la suerte, en la que Jean no cree, pero que acaba jugando un papel determinante. 
Una deliciosa intriga criminal que avanza a buen ritmo, con una elegante fotografía del maestro Vittorio Storaro, que consigue recrear el otoño parisino y refrenar el habitual ritmo frenético de Allen y una llamativa banda sonora donde predomina el jazz de los años 60. Todos los actores son franceses que nunca antes habían trabajado con Allen y a los que el director sabe sacar el mejor partido.
Quizá los diálogos no alcanzan la brillantez de otros films del neoyorkino, pero la película resulta muy entretenida.




jueves, 18 de marzo de 2021

RIFKIN'S FESTIVAL

 


Sue (Gina Gershon) y Mort Rifkin (Wallace Shawn), son un matrimonio estadounidense que acude al Festival de Cine de San Sebastián. La pareja queda prendada de la ciudad, así como de la belleza y encanto de España y la fantasía del mundo del cine. 
Sue es la jefa de prensa encargada de llevar el estreno de la nueva película de Philippe (Louis Garrel). El matrimonio de ambos se verá en peligro, cuando Mort se va dando cuenta de que Sue siente algo especial por Philippe, y el sentimiento es mutuo. Por otro lado Mort conocerá a la cardióloga Jo Rojas (Elena Anaya) y se quedará totalmente ensimismado, junto a ella volverá a sentir cosas que hace mucho había olvidado.


Trámite cumplido, eso parece la última película de Woody Allen. Supongo que a los cinéfilos les gustará reconocer esos sueños del protagonista que rememoran películas icónicas de realizadores admirados por el neoyorkino (Ciudadano Kane, Ocho y medio, Jules et Jim, El ángel exterminador, Al final de la escapada, Persona o El séptimo sello), pero hasta eso, de lo más celebrado por los críticos, no deja de ser algo que, como he leído en alguna reseña, ya hace José Mota en su especial de fin de año, quizá con menos estilo, pero puede que más divertido. 
Allen nos acerca algunos de sus temas recurrentes, haciendo énfasis, en esta ocasión, sobre lo lejano que se siente a este mundo del glamour festivalero y haciendo ver que no le agradan demasiado algunos de los realizadores actuales que entran en la ruleta de las promociones y se preocupan más de las ruedas de prensa y el marketing, que de la película que tienen entre manos. Ni siquiera los chistes están a la altura de anteriores trabajos, apenas hacen gracia. Rescato uno, quizá el único con algo de ingenio (no es textual): Confía en que su nueva película contribuya a la reconciliación entre israelíes y palestinos, le dice su esposa al protagonista, a lo que este responde: Me alegra saber que se ha pasado a la ciencia ficción
Y, por si fuera poco, está la escena en que aparece Sergi López que, a partir de ahora, tendrá el dudoso honor de haber protagonizado la peor escena que yo recuerdo de toda la filmografía del maestro de Brooklyn.


Desde su senectud, parece que ya asumida, Woody Allen muestra su desencanto con el cine actual y evoca con nostalgia a algunos de los grandes maestros, sobre todo del cine europeo, como si entregara su testamento en el que descubrimos que está de vuelta de todo. 
Si así es, ¿por qué no hace como su alter ego en la película que rompe la página que escribe porque no le satisface y lo que quiere es escribir una gran novela o si no, mejor nada? ¿Por qué no rompe el celuloide virtual de este film para no tener que ofrecernos una película mediocre en lugar de una película digna? Muy sencillo, porque aunque a Woody ya no le guste lo que se hace ahora, ni siquiera lo que hace él mismo, ama tanto al cine, que no puede vivir sin él. 
Bueno, al menos, San Sebatián podrá presumir de tener, como Barcelona con aquella mediocre Vicky Cristina Barcelona, de tener un álbum de preciosas postales turísticas filmadas por uno de los grandes maestros del cine contemporáneo.




jueves, 9 de enero de 2020

DÍA DE LLUVIA EN NUEVA YORK

Gatsby (Timothée Chalamet) y Ashleigh (Elle Fanning), son novios y estudian en la misma universidad, cuyo periódico encarga a Ashleigh -criada en Arizona-, una entrevista en Manhattan al director de cine Roland Pollard (Liev Schreiber).
Gatsby, un tipo de alma clásica que ama el Nueva York vintage, quiere aprovechar la ocasión para mostrarle sus lugares favoritos en la ciudad que ella apenas conoce, y organiza un abarrotado itinerario de lugares típicos como el Bar Bemelman del Café Carlyle o el Museo de Arte Moderno y algún restaurante para buenos gourmets.
El bien organizado plan de Gatsby se ve pronto desbaratado cuando Pollard invita a Ashleigh a ver una proyección de su próximo film aún inconcluso. Ashleigh se ve pronto arrastrada a una serie de vertiginosos encuentros que le llevan de Pollard al guionista Ted Davidoff (Jude Law), pasando por la estrella de cine Francisco Vega (Diego Luna).
Abandonado a su suerte en la ciudad, Gatsby acaba por ocupar el día con Chan (Selena Gómez), la perspicaz hermana menor de su exnovia. También aparece en una fiesta organizada por sus adinerados padres.
A lo largo de ese irreal día lluvioso en Nueva York, Ashleigh descubre que acaso no sea quien creía ser, y Gatsby toma consciencia de que, aunque sólo se vive una vez, puede que baste si encuentras a la persona adecuada.


La película se vio muy afectada por declaraciones y contradeclaraciones de Woody Allen sobre el movimiento Me Too. El caso del productor Harvey Weinstein (al que por cierto, se juzga en estos días), trajo a primera plana otras denuncias por abusos sexuales, entre ellas las que hubo de afrontar el propio Allen. El caso es que la distribuidora Amazon, se desentendió del film y lo dejó "archivado", Allen interpuso uno demanda contra los estudios y ello le permitió recuperar los derechos de distribución en algunos lugares, entre ellos, paises europeos, donde el cine del neoyorkino parece que interesa más que en su propio país donde todavía no ha sido estrenada.


Woody Allen recupera en este film la chispa que le faltaba en alguna de sus últimas películas y esa especie de triángulo Allen-Nueva York-comedia, parece que vuelve a reportanos buenos frutos.
El autor regresa a escenarios conocidos, los de su querido Manhattan, un entorno real y a la vez ficticio. Real porque los lugares son reconocibles, realmente existen y podemos verlos si aparecemos por allí, pero al tiempo es un nueva York idealizado, el que Woody Allen querría que existiera, con viejos pianobares, las calles pobladas de taxis, templos culturales y la bruma de la lluvia envolviéndolo todo.
Los puntos fuertes del film son los diálogos ingeniosos, chispeantes, divertidos e inteligentes, en la línea del mejor Allen, la magnífica fotografía de Vittorio Storaro y las buenas interpretaciones, con Timothée Chalamet y Elle Fanning rayando a gran altura y muy bien dirigidos.
Lo que el realizador norteamericano nos trae en este film ya lo hemos visto otras veces (religión, conflictos existenciales, controversias en la pareja,personajes de alto nivel cultural algo pijillos...), lo que lleva a parte de la crítica a acusarle de una cierta burocratización en sus películas: "Siempre lo mismo", dicen. Y, en cierto modo, es así, pero es que lo que puede parecer prescindible, por lo repetitivo del argumento, en los films de Allen, alcanza un nivel que otros jamás han logrado y posiblemente, nunca alcanzarán.
Tal vez, lo que más le pese, es ese afán de hacer una película por año, lo que a mí me lleva a pensar que le quita tiempo, ganas y fuerza para redondear sus nuevos productos, pues casi siempre, antes de acabar uno, ya está embarcado en el siguiente, eso hace que en algunos tramos la película y el guión en particular, parezcan, no poco trabajados, sino que podrían haber dado algo más de si.
En cuanto al final, que a algunos les decepciona un poco, pienso que quizá, acosado por las turbulencias de su entorno, ha decidido que le apetecía un final feliz, una especie de ventana abierta hacia un futuro esperanzador.




jueves, 26 de abril de 2018

WONDER WHEEL

La película cuenta la historia de cuatro personajes cuyas vidas se entrelazan en el ajetreo de la animación del parque de atracciones de Coney Island en los años 50: Ginny (Kate Winslet), una antigua actriz emocionalmente inestable que ahora trabaja como camarera en un restaurante de pescado y marisco; Humpty (Jim Belushi), el áspero marido de Ginny, operador del tiovivo; Mickey (Justin Timberlake), un joven y guapo socorrista que sueña con llegar a ser dramaturgo; y Carolina (Juno Temple), la hija de Humpty que regresa a casa huyendo de unos gangsters.
Tras la conmoción emocional que supuso el divorcio de su anterior marido, Ginny encuentra consuelo casándose con  Humpty, otro alma rota, una persona destrozada tras la muerte de su esposa y la pérdida de su hija Carolina, que ha huido para casarse con un matón del barrio. Humpty tiene problemas con la bebida y consigue a duras penas mantener su empleo, pero sí que le proporciona a Ginny, y a su problemático hijo Richie (Jack Gore), una hogar, aunque sea un pequeño piso inmerso en el ruido de la animación de la famosa noria del parque Coney Island. Aunque Ginny encuentra cierta estabilidad con Humpty, se siente desconsolada por tener que abandonar su sueño de trabajar como actriz y tener que hacerlo de camarera, por su matrimonio con un hombre más interesado en la pesca que en cosas más valiosas, y por su incapacidad para ayudar a Richie, que tiene sus propios problemas emocionales.


Seguramente no es su mejor película, pero es una buena película, con una historia que no es original, pero que tiene cierto atractivo, por lo bien narrada que está y porque logra que el espectador se halle inmerso, sin apenas darse cuenta, en un mundo de gente corriente, con problemas que no tienen gran cosa de extraordinario, pero que hace parecer como si aquello fuera una gran historia.
Y es que si algo tiene Mr. Allen, es maestría a la hora de dejar fluir una historia que puede antojársenos intrascendente, pero que merced a algunos pasajes brillantes en los diálogos da la sensación de ser más de lo que es.


Magnífica fotografía de Vittorio Storaro y una selección musical brillante, como tantas veces en las películas de Woody Allen, que demuestran el buen gusto a la hora de seleccionar temas musicales, la mayoría de ellos, entre clásicos de la música ligera de la década de los cincuenta.


Hay quien ha querido ver en el film una especie de autoreivindicación del realizador neoyorkino frente a las criticas de promiscuo y cuasi pederasta, cuando todo aquello de su separación de Mia Farrow y sus relaciones con su hija adoptiva y actual esposa de Woody, Soon-Yi, 35 años menor que él. Aquí nos presenta a un pretendido intelectual, el salvavidas de la playa (supuestamente el alter ego del realizador), que mantiene relaciones con la madre y con la hija y a aquella la pinta como una neurótica, mientras él, que es el narrador de la historia, no solamente sale de rositas en cuanto a culpabilidad en el trágico desenlace del film, sino que se permite dar lecciones de moral a su antigua amante: "¿Vas a ser capaz de vivir con ese peso en tu conciencia el resto de tu vida?"
Desde luego, si se le quieren sacar parecidos con la vida de Woody, haberlos los hay y los más malvados, lo que ven es un torpe intento de autojustificarse, con esta historia en que la noria es toda una metáfora de la vida, .
Como metáfora (mientras vamos montados en la noria, podemos soñar lo que queramos, incluso tenemos la impresión de vivir en otra dimensión, pero aquello es un espejismo y en cuanto apoyamos los píes en el suelo, de nuevo nos vemos en el mismo lugar en que estábamos antes de subirnos), Woody visita lugares ya explorados en anteriores películas suyas, incluso explícitamente nos habla del destino, el "fatum" griego y su inexorable intervención en nuestras vidas.
Como pretendido blanqueo de sus pecados, el de Brooklyn es burdo en su presunta excusa disfrazada de intelectualidad, desde luego el boceto que nos ofrece de Kate Winslet y su personaje de Ginny, como ser mezquino y desequilibrado, no puede ser más patético.
Veremos a ver cómo influye en su devenir el terremoto #MeToo, que llegó tarde por cuestión de meses al rodaje de esta película, pero que le va a salpicar de lleno en la que acaba de rodar A Rainy Day in New York. De momento, Timothée Chalamet, que forma parte del elenco de la película, anunció en Instagram que donará todo el salario de su trabajo en esta película a organizaciones benéficas: El Centro LGBT en Nueva York, Time's Up y RAINN, una organización contra la violencia sexual, mientras Rebecca Hall y Selena Gomez, que también actúan en el film, harán donaciones a Time's Up, tras las críticas por trabajar con Woody Allen.
En fin, si hay que enjuiciar, cada cual que saque sus propias lecturas.




viernes, 4 de noviembre de 2016

CAFÉ SOCIETY

Hollywood, años 30. Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) es un joven con ganas de comerse el mundo. Su deseo, por encima de todo, es dedicarse a la interpretación. Por eso, se traslada de Nueva York a Los Ángeles con la idea de hacerse un hueco en el mundo del cine. Allí aprovecha los contactos de su tío Phil Stern (Steve Carell), un feroz y todopoderoso magnate de la industria cinematográfica, que sin embargo es querido y respetado por todos quienes le tratan profesionalmente. Será entonces cuando conozca a Vonnie (Kristen Stewart), la guapa secretaria de su pariente, quien mira con escepticismo el fulgor de las estrellas.
Sin poder evitarlo, Bobby se enamorará perdidamente de Vonnie, aunque lo que no sabe es que ella es también la amante secreta de su tío.
Los tres protagonizarán un triángulo amoroso de incierto resultado, con flechazos y rupturas, verdades a medias y desengaños, todo ello aderezado por el romántico contexto del Hollywood de los años 30, los locales de jazz, y también por la presencia de algunos gánsters.
Después de decirle que no podrán llevar adelante lo suyo, Phil recapacita y se separa de su esposa para proponerle matrimonia a Vonnie, mientras Bobby, desilusionado con lo que ha encontrado en Los Ángeles, decide regresar a Nueva York.


Primera película de Allen tras el fallecimiento (a los 100 años) de su coproductor habitual desde La última noche de Boris Grushenko, Jack Rollins.
De gran perfección técnica, la película, como es habitual en el neoyorkino, cuenta con una cuidada y evocadora banda sonora con conocidas partituras jazzisticas y está fotografiada de manera magistral por Vittorio Storaro que opta por darle a la cinta mucho colorido en tonos cálidos, desde la impresionante secuencia inicial, ya nos tiene ganados en ese aspecto. Allen hace gala de su habilidad para hallar localizaciones y nos da unos cuantos planos de su querida Nueva York como en la escena sobre el puente de Central Park con los rascacielos al fondo, de esos que seguro veremos reproducidos en más de una ocasión.


Bastante bien interpretada, una vez más Woody nos demuestra su gran talento para la dirección de actores, sacando lo mejor de ellos en sus interpretaciones, con una encantadora Kristen Stewart, Jesse Eisenberg que nos acerca a esa especie de alter ego del propio Allen y una convincente actuación de Steve Carell.
Una vez más, el realizador echa mano de sus habituales recursos, pero aunque muchos digan que otra vez nos trae lo mismo, a mi no deja de sorprenderme la naturalidad con que todo fluye en este film, de forma que parece sencillo lo que es tremendamente difícil. ¿Que los diálogos sobre lo divino y humano, los gags sobre los judíos o las relaciones sociales son los de siempre?, puede, pero yo sigo encontrando frescura en ellos, me divierto con sus ocurrencias y continúa consiguiendo que una sonrisa se dibuje en mis labios cada vez que su ingenio como guionista se hace patente.


Woody Allen nos trae con este film, un cuento sobre el amor, pero real como la vida misma, en el que la princesa y el príncipe no acaban juntos y no comen perdices al final, y es que, como los personajes se dicen entre sí, "los sueños son sueños", pero el pragmatismo se impone en nuestras vidas en demasiadas ocasiones, el miedo al futuro, a la incertidumbre, nos empujan a optar por lo seguro, ella se va con el pez gordo que ha pescado y él no tiene inconveniente en trabajar en el club de su hermano para solucionar su futuro, a pesar de conocer los turbios negocios en los que se sustenta su vida.
Los sueños son sueños, pero muchas veces, aunque no tengamos la osadía de apostar por ellos, son los que sostienen nuestra vida con el recuerdo de esos instantes en los que fuimos felices.
Una estupenda comedia romántica, con un toque que la hace diferente y en la que Woody nos demuestra, una vez más, que se puede desenvolver en cualquier terreno y hacernos soñar en hora y media.




lunes, 18 de abril de 2016

IRRATIONAL MAN

Un nuevo profesor de filosofía llega al pequeño campus de un pueblo cercano a Newport, Rhode Island. Su nombre, Abe Lucas (Joaquin Phoenix) y le precede su dudosa reputación. Abe se dice que es un mujeriego y alcohólico. Pero lo que la gente no sabe es que él es un idealista desilusionado. Desde que ha tomado conciencia de su incapacidad para cambiar el mundo, vive en un estado de profundo nihilismo y arrogante desesperación.
Todas estas cosas afectan también a otros aspectos de su vida y en el terreno sexual se ha convertido en un auténtico desastre, algo que se pone de manifiesto en sus relaciones con una de las profesoras del centro.
Lucas no puede evitar sentirse atraído por una de sus estudiantes, bonita y brillante, Jill Pollard (Emma Stone). Comienza una relación con ella, que sigue siendo platónica, incluso cuando Jill le pide algo más. La situación se mantiene sin cambios durante un tiempo hasta que, un día, en un restaurante, Abe y Jill sorprenden una conversación que cambiará el curso de su vida de manera espectacular. Abe siente dentro de sí una llamada para hacer algo efectivo en vez de seguir elucubrando y haciendo planteamientos en el plano puramente filosófico, se dice que si quieres que algo cambie, no puedes esperar a que lo haga has de hacerlo cambiar tú mismo.


No es la primera vez que el maestro de Brooklyn reflexiona sobre el delito y más concretamente sobre el asesinato, aunque en esta ocasión, aunque haya un crimen de por medio, el argumento gira en torno a la moralidad más que a la diferencia entre el bien y el mal. La empatía que el espectador puede sentir (y de hecho siente) con el asesino por considerar que su acción ha sido en pro de la justicia, se rompe cuando una tercera persona, ajena a todo esto, puede cargar con el muerto (perdón por el chiste fácil).
Muy bien fotografiada y con una selección musical que es una verdadera delicia, el guión parece que sólo se interesa por ese planteamiento sobre lo moral y lo inmoral y es como si el resto le importase un pimiento y al espectador (bueno, a mí), le queda la sensación de que está poco trabajado y que podía haberse conseguido un producto mucho más brillante.
Buen trabajo de Joaquin Phoenix que impone su arrolladora presencia y destacable el magnetismo de Emma Stone.
Como hemos dicho tantas veces, lo que tratándose de otro hubiera sido considerado como un trabajo de cierto nivel, al menos interesante, tratándose de Mr. Allen, la sensación que nos queda es la de una obra menor dentro de su filmografía, aunque entre las últimas que ha hecho, no sea de las que más desmerecen.
Lo mejor de todo, el magnífico final.




lunes, 12 de enero de 2015

MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA

Stanley Crawford (Collin Firth), es un reputado mago de fama mundial, éxito rotundo y trucos deslumbrantes, sin embargo se trata de una persona que en nada cree salvo en aquello que tenga una explicación clara y racional, para él, cualquier cosa que carezca de lógica, es más que probable que sea un artificio, un simple truco.
Su amigo de toda la vida Howard Burkan (Simon McBurney), ha ido a ver su actuación en Berlín y le visita posteriormente en su camerino para felicitarle efusivamente, sobre todo por su último truco y, al tiempo, convencerle para que posponga sus vacaciones en las Galápagos y le acompañe a la Costa Azul, donde una familia conocida suya, los Catledge, están influenciados por una tal Sophie Baker (Emma Stone), una espiritista que ha logrado conseguir que la abuela de la familia y el joven heredero, crean a pies juntillas en sus vaticinios.
Burkan fue llamado por los padres de Brice Catledge (Hamish Linklater) para que desenmascare a la supuesta médium, pero afirma que, no sólo no lo ha conseguido, sino que algunas de las visiones de Sophie, le tienen desconcertado y está llegando a pensar que sus poderes son auténticos, por lo que desea que Stanley, el mejor a la hora de descubrir a los fingidos espiritistas, eche un vistazo al trabajo de Sophie.
Stanley le acompaña para, de paso, visitar a su tía Vanessa (Eileen Atkins), con la que está muy unido. Cuando conoce a Sophie queda cautivado por sus ojos y su franca sonrisa y sorprendido por algunas de las cosas que ella le va diciendo sobre su pasado y el de su tía, que nadie podría conocer, así que acaba reconociendo el error del escepticismo en que vivía y convoca una rueda de prensa para proclamar la veracidad de los poderes de Sophie.
¿Pero esto es realmente así?


Como un cronómetro, Allen comparece en su cita anual, algo que da pábulo a un sin fin de comentarios, por un lado los que certifican su defunción por enésima vez y reclaman su retirada definitiva para no emborronar más su hoja de servicios; por otro aquellos a quienes su cine no gusta y, sencillamente, se regodean de que algunos de estos films no sean gran cosa y, por último, quienes asistimos con expectación a la nueva entrega, anhelando otra buena película o, en su defecto, conformándonos (¡a ver qué remedio!) con algún momento brillante, como los curristas en la Maestranza.
Este no creo que sea un trabajo que figure en las antologías.


Rodeado de un grupo de actores que se desempeñan bastante bien en sus papeles (otra cosa es que el guión no de para más), con la elegancia de fondo y forma de Collin Firth y el encanto de Emma Stone (ya está trabajando con ella en su nueva película) como epicentro de una historia que tiene por marco los felices 20, con una puesta en escena sofisticada y un vestuario que está a la altura del atrezzo (coches de época, mansiones a la orilla del mar, naturaleza exuberante y cuidada, todo estupendo y muy llamativo). De todo ello saca estupendo partido su director de fotografía, Darius Khondji, retratando la luz del mediterráneo y aprovechando el sol para sacar bonitas estampas con el pelo de Stone convertido en hilos de oro.
De lo que Allen quiera contarnos, aparte de lo que se ve, pues podemos sacar unas cuantas lecturas, desde la más simple, aquella de que el amor todo lo puede y que la magia es necesaria para vivir con ilusión una vida que, de otra forma, se convierte en algo vacío y tedioso; hasta otras más profundas que el realizador y guionista va dejando caer a lo largo de la narración, quizá la principal, lo fácil que resulta engañar a la gente que está predispuesta y lo sencillo que resulta hacer resaltar los aciertos sobre los errores, para personas que tienen encanto y dotes de persuasión.
Si quieren Vds., pueden trasladar esto a la vida cotidiana, la cantidad de embaucadores que nos rodean, lo bien que se lo tienen montado y la cantidad de idiotas que aplauden (que aplaudimos) sus engaños, perdonándoles de todo corazón que nos hayan engañado y deseando que lo hagan de nuevo. ¡Y encima, les pagamos!


Una comedia romántica al más clásico estilo del género, con final feliz y todo, con un argumento que tiene un punto de brillantez a la hora de elaborar el elemento sorpresa y poco más, para una película que, repito, para mí no estará entre las recordadas cuando hablemos de Woody Allen.


viernes, 9 de enero de 2015

APRENDIZ DE GIGOLÓ

Murray (Woody Allen) y Fioravante (John Turuturro) son dos amigos con sus vidas en horas bajas.
Murray es dueño de una librería de libros raros que abrió su abuelo y que él heredó de su padre, pero que se ve obligado a cerrar por falta de ventas.
Fioravante trabaja como decorador floral en una floristería, hace bellos ramos, pero el sueldo apenas le da para vivir.
En una visita a su dermatóloga, la Dra. Parker (Sharon Stone), ésta le confiesa a Murray su fantasía de hacer un ménage à trois y le pregunta si conoce a algún hombre dispuesto a participar. Murray le contesta afirmativamente y le expone a su amigo Fioravante la posibilidad de que sea él ese hombre. Murray ya ha negociado con la Doctora la cantidad de mil dólares como pago de los servicios de su amigo, ahora falta obtener su beneplácito y tratar con él el porcentaje de Murray y convencerle para que el negocio siga adelante con otras clientas.
Aunque al principio todo va sobre ruedas, Fioravante comienza a fallar en lo más necesario para su nueva profesión cuando aparece en su vida Avigal (Vanessa Paradis), una joven viuda que estuvo casada con un rabino ortodoxo.


Allen y Turturro comparten peluquería en Nueva York y tienen un cierto grado de amistad. Cuando éste le enseñó a aquel el guión que tenía escrito sobre un hombre que vende servicios sexuales a mujeres, Woody Allen no sólo se comprometió a ayudarle para sacar adelante el proyecto, sino que se pidió para sí mismo interpretar un papel el film.
Y ese fue el génesis de este film que acaba siendo una comedia amable, sin pretensiones y sin demasiada profundidad, mejor dicho, sin ninguna, porque a fuer de ser amable y no comprometerse demasiado, quizá para no ofender a unos u otros, Turturro, guionista, director y protagonista del film, se queda en una especie de "ni chicha ni limoná".


Y es que tras un comienzo prometedor, al poco de comenzar, ya empezamos a ver que aquello se va dispersando, comenzando por no saber muy bien qué papel tiene Woody en aquella familia de afroamericanos con la que convive, aparte de decir chorradas de esas que tanto nos divierten a quienes sentimos debilidad por el genio de Brooklyn, pero que no vienen a cuento de nada.
La película se va descomponiendo en personajes sin atractivo. Ni convence en su candidez el personaje de Vanessa Paradis, ni el sosote del propio Turturro.
Las pretendidas críticas a determinadas instituciones o situaciones, apenas son incisivas.


La sombra de Woody planea sobre el film y el propio realizador confiesa que le dio algunas ideas para el guión, pero no es una película de Woody Allen. La delicada y exquisita banda sonora, convierte a la película en una espléndida colección de canciones que componen un elegante acompañamiento musical y tres o cuatro gags, todos ellos protagonizados por Woody. El resto es una pretensión de amable comedia, pero ni siquiera llega a eso, porque apenas hace sonreír.
Y si a medida que avanza el film, al ver cómo se diluye el argumento, alguno tiene la esperanza de ver aquello que sugiere la presencia de Sharon Stone y Sofía Vergara, pues tampoco.




miércoles, 7 de enero de 2015

BLUE JASMINE

Jasmine (Cate Blanchett), es una mujer que no trabaja. Confortablemente casada con Hal (Alec Baldwin), sus preocupaciones principales (y únicas) son organizar fiestas y vestir ropa de diseño.
De vez en cuando acompaña a su marido cuando éste viaja a Europa o a lugares que a ella le resultan atractivos, pero por lo demás, no se molesta en acompañarle en viajes por otros lugares de EE.UU., o en asistir a eventos que a ella le aburren.
Hal se dedica a negocios inmobiliarios y se rodea de personas que le ayudan a captar capitales y a sortear los impuestos de sus ganancias, pero Jasmine, nunca ha querido ver de dónde sale el dinero que le proporciona el espectacular tren de vida que lleva.
Cuando descubre que su marido la engaña con otras mujeres y quiere separarse de ella para casarse con una jovencita, entra en un estado de histeria que la lleva a tomar venganza, así que hace una llamada que deja en evidencia a Hal y cuando se produce su caída al ser detenido, Jasmine se ve arrastrada y su vida de lujo se disipa hasta quedarse sin nada debido a las deudas y fraudes a los que debe hacer frente por culpa de los manejos turbios de su marido en sus negocios.
Cuando ha tocado fondo y se encuentra totalmente en la ruina, decide ir a vivir a San Francisco con su hermana Ginger (Sally Hawkins), a la que hasta hace poco despreciaba por llevar una forma de vida totalmente opuesta a la de ella. Ginger trabaja de cajera en un supermercado, tiene dos hijos y un novio que a Jasmine le parece un patán.
Aunque Jasmine intenta comenzar una nueva vida, se da cuenta de que las aspiraciones que tiene, quedan muy lejos de la dura realidad, intenta trabajar, pero las cosas no salen como ella esperaba. Cada vez ve más lejos su aspiración de retomar su antigua vida de lujo y dispendio y no es capaz de salir de la espiral histéricodepresiva en la que se ha metido.


Con un guión que pasa de puntillas a la hora de profundizar en algunos de los problemas que acucian a los personajes y que recuerda de lejos la inmortal obra de Tennessee Williams Un tranvia llamado deseo, Woody Allen se sumerge en la crítica social, a su manera, claro está, pero poniendo en evidencia a toda una legión de vividores que han hecho del engaño y la apariencia su modo de vida, sin importarles lo más mínimo las consecuencias que sus decisiones puedan tener en quienes les rodean y sin pensar en que por sus manejos desaprensivos puede haber gentes que acaben perdiendo hasta la dignidad de la que ellos carecen.


Leeréis por ahí, junto a grandes elogios, críticas demoledoras del film, seguramente el nivel de exigencia que se tiene para con los trabajos del Sr. Allen, es tan alto que más de uno se muestra decepcionado casi con cualquier cosa que haga y de ahí vienen la mayoría de los varapalos que ha recibido el film.
A mí me ha parecido un retrato logrado y bastante bien planteado de las situaciones que han desembocado en la mayor crisis económica que ha vivido occidente desde el crack del 29.
Es cierto que Woody Allen no profundiza en las situaciones, pero sin embargo los retratos que hace de los personajes, bien que trazados con gruesas pinceladas, son incontestables y eso también tiene mucho mérito y, para mí, es muy difícil de lograr.
Me ha llamado la atención lo bien que consigue transmitir ese sentimiento de superioridad y desprecio hacia las clases supuestamente inferiores que mantienen estos tipos, incluso cuando están en lo más bajo de la espiral en la que se meten ellos solitos a costa del prójimo. Esa sensación de ¿por qué me pasa a mi esto con lo guay que soy?
Quizá en este país nuestro de mierda (con perdón) y podredumbre, se puede lograr mayor empatía con el mensaje del inefable Woody, aquí en el que los Bárcenas, Diaz Ferrán, Matas, Urdangarín, etc., han campado por sus respetos y sus pijas cónyuges se han enterado por los periódicos de lo que hacían sus maridos para tenerlas enjoyadas, envueltas en vestiditos caros y vacacionando en los lugares más cool. Esas princesitas de cuento de hadas que de repente se encuentran con que no saben hacer otra cosa que gastar y que siguen sintiendo asco del portero edificio, del policía que está a la puerta de casa o de la filipina que les limpia el polvo, porque son inferiores.


En fin, la cosa daría para mucho y a mí me parece que Allen ha logrado un film interesante que gira alrededor de una majestuosa interpretación de Cate Blanchett que es capaz de pasar del humor al drama sin cambiar de plano, con un simple (no es simple, claro) cambio de rictus en su cara.
No se pierdan tampoco la interpretación de Sally Hawkins, de un nivel extraordinario y que transmite de maravilla la situación de estos pobres parias (nosotros, al fin y al cabo), que hemos de soportar la prepotencia de los sinvergüenzas.
La fotografía está a cargo del español Javier Aguirresarobe, que ya había trabajado con Allen en la infumable Vicky, Cristina, Barcelona. Sin embargo, mira por donde, en aquella, aunque en su conjunto la película es bastante peor de lejos, el vasco pudo lucir más su arte que en esta en la que queda muy desaprovechado por esa especia de galbana que tiene Woody a la hora de trabajar más algunos planos en plan artístico.




miércoles, 27 de marzo de 2013

A ROMA CON AMOR

Cuatro historias distintas, cuyo único nexo es la Ciudad Eterna, conforman el núcleo del film.
Hayley (Alison Pill), es una turista americana que pasa sus vaciones en Roma, allí conoce al joven abogado local Michelangelo (Flavio Parenti), que se dedica a defender a los más necesitados. El padre de Michelangelo, Giancarlo (Fabio Armiliato), regenta una funeraria, pero tiene un especie de don para cantar ópera, cuando los padres de  Hayley, que son la psiquiatra Phyllis (Judy Davis) y Jerry (Woody Allen), un productor musical jubilado, le oyen cantar bajo la ducha, éste último queda convencido de que Giancarlo tiene talento para la ópera y desea montarle un espectáculo. Hay un problema, Giancarlo sólo alcanza la plenitud de su voz en la ducha.
Los recién casados Antonio (Alessandro Tiberi) y Milly (Alessandra Mastronardi), viajan a Roma para reunirse con familiares de Antonio que pertenecen a la alta sociedad. Milly va a la peluquería mientras Antonio espera en la habitación. Milly se pierde en Roma y la prostituta Anna (Penélope Cruz), erróneamente va a la habitación de Antonio. De repente, sus familiares llegan y creen que Anna es la esposa de Antonio. Mientras tanto, la tímida Milly conoce a su actor favorito Luca Salta (Antonio Albanese) y se va a su habitación del hotel "para discutir sobre sus películas".


Leopoldo (Roberto Benigni), un modesto oficinista, salta un día a la primera plana de los noticiarios, sin saber por qué ni por qué no. De vivir una vida oscura y anónima, pasa a sufrir el acoso de la prensa que se interesa por los más nimios detalles de su vida diaria, desde el tipo de ropa interior que usa, hasta la forma en que se afeita.
John (Alec Baldwin) conoce a Jack (Jesse Eisenberg), un estudiante de arquitectura americano, mientras buscaba el estudio que él habitó a su vez, en sus años de estudiante. Jack le reconoce como el prestigioso y consagrado arquitecto que es y le invita al apartamento que comparte con su novia Sally (Greta Gerwig). Sally le dice a Jack que ha invitado a su mejor amiga Mónica (Ellen Page) para que se quede con ellos mientras se recupera de una ruptura difícil. Mónica emite una vibración sexual que hace perder la cabeza a los hombres y John predice que Mónica traerá problemas a la pareja, pero Jack no puede imaginar por qué iba a sentirse atraído por la mejor amiga de su novia.


No importa cuantas veces Woody Allen interprete a ese señor de Brooklyn hipocondriaco y maniático, siempre clava el papel, "su" papel y, para quienes tienen devoción por este señor que hace películas, sólo el hecho de verle de nuevo y disfrutar de alguno de sus ingeniosos diálogos (con cuentagotas, eso sí), vale por toda la película.


La imaginación de Woody, pese a lo que algunos digan, sigue desbordante, otra cosa es que logre plasmar de manera atractiva lo que desea transmitirnos. Es cierto que, en esta ocasión, no llega a satisfacernos como ocurrió con Medianoche en París, aunque el resultado es una comedia entretenida y que se deja ver.


Ninguna de las historias es nada del otro mundo, si bien todas ellas tienen más trasfondo de lo que puede sugerir a quien se quede en la pura apariencia, aunque para mí gusto particular lo que hace es estirarlas demasiado para lo que dan de si. Por ejemplo, la edificante y ácida crítica al éxito fácil de los personajes irrelevantes, o sea, la historia que protagoniza Benigni, es muy atractiva, pero en cinco minutos ya nos ha hecho llegar el mensaje, el resto es puro relleno.


Por otro lado, está la satisfacción que nos produce a los aficionados ver los filmes del neoyorkino por el simple placer estético. Su cuidadísima fotografía, y sobre todo, en estos momentos en que los efectos especiales y los adelantos digitales que tienen a su disposición los realizadores, dominan el panorama cinematográfico, volver a ver una peli rodada a la antigua usanza, a la manera clásica, es todo un disfrute.


La peli avanza con un ritmo que resulta extraño, pero resulta entretenida y fácil de ver, con un magnífico reparto y esa música italiana tan atractiva. Como film no es demasiado relevante, le sobran algunos minutos, pero es un buen pasatiempo.




viernes, 18 de mayo de 2012

MIDNIGHT IN PARIS

Un escritor norteamericano que trabaja como guionista en Hollywood con cierto éxito (Owen Wilson), viaja junto a su novia (Rachel McAdams) y los padres de ella a París. Como dice ella, su padre ha ido a cerrar una operación de negocios y ellos gorronean, en realidad, están preparando su próxima boda y han ido a París a echar un vistazo para ver si compran algo.
Pero el novio sufre una suerte de obsesión por la cultura de la década de los felices 20 y se dedica a deambular en la noche parisina. Cuando el reloj señala la medianoche, siempre en el mismo lugar, es trasladado a un mundo de fantasía en el que se codea con numerosos personajes de la época en la que la ciudad de las luces era el centro de la cultura universal y que jamás hubiera imaginado llegar a conocer.


Si el periplo europeo de Woody Allen se estaba saldando con más pena que gloria, por fortuna, el genio de Manhattan vuelve a remontar el vuelo y sin que podamos estar hablando de un gran film, sí que es una obra digna de su firma.



Ya en las imágenes que sirven de prólogo uno comienza a reconciliarse con nuestro entrañable realizador, pues aunque aparentemente se trata tan sólo de una colección de postales parisinas, ya notamos, en algo tan simple como es una sucesión de imágenes con la cámara fija, la mano de alguien que se preocupa por el detalle y que pone un toque diferente allí donde es difícil diferenciarse de lo puramente rutinario.


Permítanme que me extienda en algo tan aparentemente nimio, pero es que a estas alturas, o haces un gran film, o si la peli es "simplemente" buena, como es el caso, muchas veces son estos pequeños detalles lo que la diferencian de un film del montón. Y es que, para quien tenga un poco de manejo con la cámara, nada más fácil que ofrecernos imágenes bonitas en una ciudad como París. Sin embargo, además de la maestría en los encuadres, en los tonos, en la luz, nos transmite el alma de la ciudad en este repaso en imágenes de lo que sería un día en París, cuyo recorrido iniciamos al alba y concluímos con las luces artificiales en la Place Vendome o la Tour Eiffel. La lluvia, el sol, la gente, los cafetines con sus terrazas.... y la suave melodia de jazz que acompaña los planos... sublime París.


Opino que el guión es muy sólido, con elementos originales y con muchos toques propios del director que había perdido en sus últimos films. Aquí recupera buena parte de la sorna para criticar a la sociedad americana, en este caso a sus conocimientos culturales, poniendo en solfa el provincianismo, por un lado y la pedantería, por otro.


Buena parte del gancho de los gags, descansa sobre unos sobreentendidos conocimientos culturales del espectador, sin esos conocimientos, algunas de las escenas pierden su impacto, pero también hay que señalar que Allen no se regodea en ellos, cuenta la anécdota, pero sin retorcerse en la compejidad de sus visiones.


Una notable actuación de Owen Wilson, interpretando el papel que en otras épocas hubiera representado el propio realizador sin mayores problemas, rodeado de un elenco de secundarios (algunos de lujo, como Adrien Brody, Kathy Bates, la excelente Marion Cotillard o la anecdótica Carla Bruni) que están muy bien y una magnífica dirección artística, sobre todo en algunas escenas en las que intervienen multitud de personajes.


Además de todo, no se nos olvide que el film es una coproducción española, en la que Roures y su Mediapro, pueden sentirse bien satisfechos de haber apoyado un proyecto exitoso.
Una peli en la que la sonrisa se te dibuja en el rostro con las primeras escenas y no te abandona hasta el final.