Londres 1950, Vera Drake (Imelda Staunton) es una mujer sencilla de una familia humilde pero feliz. Trabaja limpiando casas de clase alta; su amado esposo es mecánico y trabaja en el taller de reparaciones de su hermano; su hijo es sastre; y su hija prueba y empaqueta lámparas eléctricas. Vera es una mujer servicial y de buen corazón, que ayuda a su madre enferma, a un vecino discapacitado y a quien la necesite. También ayuda a mujeres que no desean tener hijos, provocando abortos sin remuneración alguna, una actividad considerada delictiva. Cuando una de las jóvenes a las que atiende sufre una infección y ha de ser hospitalizada, el centro sanitario denuncia el caso. La policía investiga el suceso, y el mundo, y el entorno familiar de Vera, se desmorona con esta tragedia.
La protagonista sabe de sobra que lo que hace con las mujeres, eso que ella llama "ayudarlas", está penado por las leyes, pero en su conciencia no está haciendo nada malo, sencillamente acude en socorro de quienes, a su particular juicio, la necesitan por haber cometido un desliz, ser demasiado jóvenes para ser madres o no poder mantener más hijos de los que ya tiene.
A tal tiempo, vemos en la película como las personas que pueden pagarlo, acceden al aborto legal en un hospital porque lo hacen bajo prescripción médica, con un informe siquiátrico que avala posibles consecuencias negativas para la madre, todo ello, como digo, a base de dinero.
Mike Leigh no trata de hacer una defensa del aborto sin más, aunque yo creo que su posición queda más o menos clara. Tampoco esconde los peligros sin cuento de los abortos clandestinos, con un instrumental precario, sin las más mínimas medidas de profilaxis y con absoluta carencias de los necesarios conocimientos; así como el submundo que se mueve alrededor de estas prácticas: Aunque Vera actúa de manera altruísta, sin haber recibido jamás remuneración alguna, la amiga de su infancia que le envía a algunas de las mujeres que requieren sus servicios, un personaje sin escrúpulos que trafica con alimentos y productos de primera necesidad en el mercado negro, cobra cierta cantidad a las mujeres con la consigna de que no le digan nada a Vera.
Al final, el relato es, sobre todo, una crítica a la hipocresía social alrededor de un asunto que no es nada sencillo de valorar, porque, dependiendo de las creencias de cada cual, tendrá una diferente consideración, sobre todo en el aspecto moral. Creo que, en todo caso, se muestra a favor de la legalización del aborto, más que en base a otro tipo de consideraciones, en la seguridad de que muchas mujeres van a seguir buscando una salida a su situación acudiendo a lo que haga falta, con el peligro que esto supone para sus vidas cuando lo hacen fueran del circuito sanitario legal. En cualquier caso, como digo, un asunto complicado en el que las razones de unos y otros son difíciles, cuando no imposibles de conciliar.




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