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martes, 13 de febrero de 2024

HISTORIA DE MI VIDA (CHARLES CHAPLIN)

 

La sentida y divertida autobiografía de Charlie Chaplin, una de las primeras memorias de celebridades cinematográficas, cuenta la historia de su vida, mostrando todos los encantos, peculiaridades y creencias profundamente arraigadas que lo convirtieron en un personaje entrañable y legendario, el libro, además, muestra su otra cara, su vida familiar, con su esposa Oona, sus hijos y los amigos de los que se rodeó. 
Nacido en una familia de teatro, el padre de Chaplin murió a causa de la bebida, mientras que su madre, incapaz de soportar la pobreza, sufría ataques de locura. De esa infancia de extrema pobreza en los barrios marginales del sur de Londres, Chaplin encontró una salida en su temprano debut en el escenario del music hall, seguido de su golpe de suerte en Estados Unidos que le llevó a alcanzar la fama en Hollywood con la fundación de United Artists junto a Mary Pickford, D.W. Griffith y Douglas Fairbanks, la lucha por mantener control artístico sobre su obra, la serie de matrimonios fallidos y su eventual exilio de Hollywood, con esa especie de migración inversa hacia Europa tras los escándalos personales y las investigaciones durante la llamada era McCarthy por sus convicciones consideradas izquierdistas. 
Son estos unos pasajes especialmente dolorosos para cualquier admirador de la figura de Chaplin y para los amantes del cine en particular. Resulta sangrante la entrevista a que se ve sometido en su propia casa por miembros del Departamento de Inmigración, tres hombres y una mujer, provistos de una máquina estenográfica y de magnetófonos, con preguntas que serían de risa si no fuera por lo que encierran detrás y por lo que tienen de humillantes. Por ejemplo: 

¿Dice usted que no ha sido nunca comunista? 
—Nunca. No he formado parte jamás de una organización política en mi vida. 
—Usted pronunció un discurso en el que dijo "camaradas". ¿Qué quería usted dar a entender con eso? —Exactamente eso. Busqué la palabra en el diccionario. Los comunistas no tienen la exclusiva de esa palabra. 

 El interrogatorio continúa con preguntas por el estilo, cuando, de repente, le preguntan: 

¿Ha cometido usted alguna vez adulterio? 

El interrogatorio, según Chaplin, duró tres horas. 

Al final, el actor, tuvo que salir de EE.UU. casi de tapadillo en septiembre de 1952, con destino a Europa, mientras el Daily News y los periódicos de la cadena de Hearst, continuaban su campaña de desprestigio, ante la estupefacción de los amigos del cómico que le preguntaban cómo se las había arreglado para suscitar la hostilidad de los americanos. A lo que él respondía: Mi estupendo pecado fue, y sigue siendo, mi carácter inconformista. Aunque no soy comunista, me negué a seguir la corriente y a odiarlos. Esto, naturalmente, ha molestado a muchos.

Un viaje inolvidable con el hombre al que George Bernard Shaw calificó como "el único genio surgido de la industria cinematográfica".



martes, 28 de diciembre de 2021

EL ENIGMÁTICO MR. QUIN

 

Confieso que no fue el placer de adentrarme en la lectura de una de las obras de Agatha Christie lo que me llevó a la lectura de este libro, sino una serie de casualidades de esas que, de cuando en cuando, te sorprenden en la vida.
En mi primera visita a la isla de Tenerife, quiso el destino que me hospedase en un hotel de Puerto de la Cruz, primera de las casualidades. La segunda es que aquel hotel, elegido por azar, me llevó, en uno de los paseos por los cercanos alrededores del mismo, a descubrir una placita, uno de cuyos lados acaba en un mirador que asoma sobre el Atlántico. En un rincón del recoleto lugar, descubro un busto y, al acercarme, cuál no será mi sorpresa al descubrir que es de Agatha Christie y en la placa dedicatoria, se indica que estuvo en Puerto de la Cruz en 1927 y que allí se inspiró para su novela "El enigmático mister Quin".
Es cierto, como digo, que aquello me llamó la atención y, cuando volví a la preciosa ciudad canaria un par de años más tarde, elegí el mismo hotel para alojarme y, por supuesto, volví a pasear por la zona colindante y por el lugar donde está el busto de la admirada escritora y fotografiarlo más de cerca. Ahí ya, mi curiosidad me llevó a preguntarme varias cosas, en primer lugar, por qué estaba colocado en una zona tan alejada del centro urbano. Cuando me puse a investigar, descubrí que no era la novela entera la que estaba inspirada en Puerto de la Cruz, sino uno de los varios relatos que contiene, concretamente el titulado "El hombre del mar",  ambientado aparentemente en una isla que no nombra, pero que realmente evoca la zona de La Paz, en el Puerto de la Cruz. La historia se desarrolla en una bella mansión situada en la zona y una enigmática y ficticia señora que la habita. Según se dice, la casa en que se inspira era la residencia de la familia Cólogan y desde tiempos remotos había sido un lugar de acogida para numerosos exploradores europeos como Jean Charles Borda o Alexander von Humboldt. 
Mira por dónde (otra casualidad), antes de saber todo eso, esa casa, situada en la calle Leopoldo Cologán Zulueta, la misma donde está el hotel en me hospedaba, ya me había llamado la atención, aparte de por su belleza, porque los escalones de entrada al jardín, ocupaban parte de la acera, algo inusual pues, como sabemos todos, las aceras están libres y si hay escalones de acceso a las fincas o a las casas, deben estar alineados con las fachadas, así que deduje que aquella construcción debían estar allí antes de que la zona hubiese sido urbanizada y, mira por dónde, así era.
Ahora ya comenzaba a explicarme por qué estaba allí el busto de Agatha Christie, en un lugar que cuando ella estuvo en la ciudad, hospedada en el antiguo hotel Taoro, debía ser un paraje solitario, alejado del tráfago urbano y bastante alejado del centro de Puerto de la Cruz.
Hoy, el barrio de La Paz, que toma el nombre por el que fue conocido de siempre aquel paraje, es una zona poblada, con restaurantes, cafeterías, zonas comerciales, muchas construcciones y ampliamente poblado, pero, al tiempo, muy agradable y apacible.
Agatha Cristie estuvo en Puerto de la Cruz al año siguiente de haber sufrido la infidelidad de su marido, era una manera de buscar sosiego y bálsamo para su dolor. Estuvo en la isla acompañada de su hija Rosalind, de doce años y de su secretaria particular Charlotte Fisher.



En la imagen de arriba, puede verse la llamada Casa Cologán y en la de abajo, el Paseo de Agatha Cristie, que discurre cercano al que, al parecer, era el Paseo de los Cipreses que la autora menciona en la novela, según dicen, la primera calle en el mundo dedicada a la universal escritora, inaugurado en 2007, junto al busto ya mencionado, para conmemorar el 80 aniversario de la estancia de la escritora en la isla. Un paseo escalonado, delicioso, rodeado de arbustos y flores, muy colorido y con la curiosidad de que en cada escalón está el título de cada uno de sus libros.


La novela El enigmático Mr. Quin es una colección de doce relatos protagonizados por el señor Satterthwaite, un sexagenario acomodado que alterna sus estancias en su Inglaterra natal con viajes por diversos lugares del planeta, amante y gran entendido en el arte en general y en las artes plásticas, musicales y escénicas en particular. En todos los relatos aparece la figura de Mr. Quin, alguien que aparece y desaparece como una sombra y cuya presencia hace que el señor Satterthwaite ponga en práctica capacidades deductivas incluso por él desconocidas, lo que le lleva a resolver asuntos cuyo origen, generalmente, se halla en el pasado y que han quedado sin solucionar o lo han hecho en falso, incluso condenando a personas inocentes y es que según la teoría de Mr. Quin, cuanto más tiempo pasa después de un hecho, mejor perspectiva se tiene para llegar a las partes aparentemente ocultas del mismo. 
En el relato El hombre del mar (el decimoprimero de los que componen en libro), se citan paisajes y lugares en los que algunos identifican Puerto de la Cruz: 

Con un profundo suspiro, el señor Satterthwaite se alejó del hotel y se dirigió al desordenado puertecito de la parte baja. El camino bajaba bordeado por espesas buganvillas, un vivo macizo e intenso escarlata. 

Dejó atrás los caminos bordeados de palmeras y las dispersas casitas blancas del pueblo. Pasó de largo la playa de negra lava... y subió al fin por la empinada senda que conducía a la cima del acantilado. Al borde mismo había una casa designada con el apropiado nombre de La Paz... Un descuidado pero hermoso jardín y una avenida de cipreses conducían a una especie de plataforma que había junto al borde del acantilado, y desde donde podía contemplarse abajo, muy abajo, el profundo azul del mar.




lunes, 8 de marzo de 2021

MARÍA DE LAS NIEVES DE BRAGANZA

Maria das Neves Isabel Carlota Eulália Adelaide Micaela Gabriela Rafaela Gonzaga de Paula de Assis Inès Sofía Romana de Braganza, infanta de Portugal, fue la mayor de los hijos del exiliado rey Miguel I de Portugal y de su esposa, la princesa Adelaida de Löwenstein-Wertheim-Rosenberg. María fue una infanta de Portugal y miembro de la Casa de Braganza por nacimiento. Hasta el nacimiento de su hermano Miguel, duque de Braganza, María fue titulaba princesa real de Portugal, un título que tenía algo de ficticio, dado que su padre había sido depuesto en 1834.
El 26 de abril de 1871, María de las Nieves, contrajo matrimonio con Alfonso Carlos de Borbón, duque de San Jaime, hermano pequeño del pretendiente carlista al trono de España, Carlos VII y con sólo veinte años, decidió acompañar a su esposo durante la Tercera Guerra Carlista, cuando Alfonso Carlos fue nombrado por su hermano, general en jefe de las fuerzas carlistas en Cataluña.
En el contexto de una rígida sociedad, marcadamente masculina y machista, fue una auténtica proeza de la época que una joven de la alta nobleza europea participara en una campaña militar tan dura. Dura porque el ejército carlista de Cataluña estaba formado a base de varias partidas guerrilleras, todas con su líder. Por lo tanto, la guerra en Cataluña, que se desarrolló sobre todo en el centro de la región, tuvo pocas batallas a campo abierto. Abundaron en cambio, emboscadas, golpes de mano y asaltos a poblaciones.
“Doña Blanca”, como la llamaba la tropa, se desplazaba a caballo con todo el ejército, protegida por la guardia de los zuavos carlistas. Junto a Alfonso Carlos, desarrolló muchas tareas de organización de la intendencia y los correos y despachos de los oficiales carlistas hacia las partidas guerrilleras. También atendía a varios corresponsales de guerra que enviaban diferentes diarios europeos. En sus memorias (“Mis memorias sobre Nuestra campaña en Cataluña y en el Centro (1872-1874)”) María de las Nieves acusa al general carlista Francisco Savalls, por quien sentía una franca animadversión, de hacer fracasar las operaciones en Cataluña en su propio beneficio. El hecho es que Alfonso Carlos dimitió por desavenencias con sus oficiales sobre el tipo de guerra que realizaban. Después de una breve campaña por el centro de la Península Ibérica, la pareja dejó el ejército y residió en varios estados europeos.
Precisamente a su presencia en el Ejército del Centro, se refiere Benito Pérez Galdós en su novela De Cartago a Sagunto, penúltima de las que componen los "Episodios Nacionales". Este es retrato que hace de ella:

Era de corta estatura, flaca, rubia, de ojos azules: su belleza, completamente apócrifa, consistía tan sólo en la marcialidad de su apostura y en su destreza hípica, cualidades de marimacho, no de mujer. En su rostro vi un mirar ceñudo y una rígida contracción de la boca que indicaba la sequedad del corazón confundida con la brutal soberbia.
Llevaba boina roja con borlón de oro, traje negro de montar, altas botas de charol, en la mano un latiguillo que le servía de bastón de mando, y en el cinto un revolver.

Debe tenerse en cuenta al juzgar este retrato las convicciones liberales de D. Benito que tenía a los defensores del legitimismo carlista por retrógrados defensores de valores trasnochados que llevarían a España a un retroceso en las libertades.
Más adelante, en el mismo libro y hablando del cerco y toma posterior de la ciudad de Cuenca, dice lo siguiente:

Permitidme ahora, lectores muy católicos y muy amantes de nuestra patria, que os dé una opinión sincera y humana de la nefasta María de las Nieves, opinión que, sin excluir las execraciones que merece al mostrarse por primera vez en la candente arena de aquel torneo político y militar, contendrá las alabanzas que le corresponden como el modelo más extraordinario de fuerza y energía dentro del tipo femenino.
Al ponerse con su esposo al frente del Ejército Real del Centro, doña Nieves fue el alma de la facción; se impuso a todos los cabezas y cabecillas; erigiose en Generalísima incuestionable; llegó a ser muy pronto la primera estratega, la primera autoridad táctica de sus cuadrillas, a las que disciplinó y gobernó dándoles apariencias de hueste organizada.
Compartía con sus soldados las inclemencias del cielo y las fatigas de las penosas jornadas; compartía también con ellos los piojos, la bazofia, los mendrugos de pan, la dureza de los lechos de piedra en las sierras ásperas, la humedad y desamparo en las desoladas llanuras.
De este modo les llevó a la conquista de Teruel, tan difícil y cruenta que hubo de levantar el asedio y salir en busca de otras arriesgadas aventuras.
Con su infatigable tropa, ella, que no conocía tampoco el cansancio, compartió la rabia de no haber podido ganar a Teruel, y en terrible avalancha cayeron sobre la pobre Cuenca, donde alcanzaron la gloria (que gloria fue para ellos) de plantar por primera vez en la capital de una provincia española el pendón del Carlismo.
Cuando se tuvo en Cuenca conocimiento de la entrevista de doña Blanca con el señor Obispo, antes referida, dijeron algunos: esa mujer es una hiena. Pues yo os digo que será todo lo hiena que se quiera en determinada ocasión; pero me permito enmendar la frase de este modo: esa mujer... es un hombre, el primer hombre del absolutismo, desde los tiempos de don Carlos María Isidro hasta la edad presente.
Chispazos del genio de Atila y del Tamerlán iluminaban el cerebro de aquella hembra temeraria y cruel, negación de su sexo. Desde el momento en que Cuenca cayó en poder de las honradas masas, la doña Nieves les permitió todas las brutalidades, crímenes, atropellos y vandálicas libertades que se han descrito, porque sabía que de este modo se captaba para siempre la voluntad y sumisión de aquellos forajidos. Consintiéndoles la saciedad de sus apetitos, les adiestraba para continuar peleando por ella y allanando los caminos por donde corría desenfrenada la feroz ambición del marimacho más genial que ha tenido España.





martes, 2 de marzo de 2021

PASCUAL DE ANDAGOYA


El descubrimiento y posterior colonización de América, dio lugar a la aparición de una pléyade personajes que movidos por los más diversos motivos, hallaron un hueco en los libros de historia que quizá nunca hubieran tenido en otras circunstacias. Desde el afán de aventuras a la curiosidad, pasando por intereses diversos o el más prosaico motivo de buscarse la vida en un mundo difícil, así surgieron estos personajes, algunos verdaderamente luminosos, otros envueltos en turbias y oscuras circunstancias, pero todos ellos rodeados de un cierto halo que les hace diferentes del resto de los mortales. 
Entre ellos está nuestro personaje de hoy, un joven alavés que se embarcó para América en la enorme armada de Pedrarias Dávila (veintidós embarcaciones y más de dos mil hombres), junto con otros muchos hidalgos. El convoy partió de Sevilla en 1514, arribando primero a la Dominica y, en junio de ese año, a Darién, donde ejercía de alcalde mayor Vasco Núñez de Balboa. Participó en la fundación de la ciudad de Panamá (se fundó el día de Nuestra Señora de Agosto de 1519), de la que fue regidor y con la fortuna que había amasado, en 1522, organizó una expedición por el oeste de la actual Colombia; remontó el río San Juan y llegó a las tierras de Birú (actual Perú). Las informaciones que obtuvo sobre las riquezas del reino de los incas impulsaron la posterior conquista de este territorio por Francisco Pizarro, uno de los hitos en el proceso colonizador que siguió al descubrimiento de América. El propio Andagoya hubiera querido llevar a cabo él mismo tal empresa, pero se hallaba malherido tras un accidente sufrido en la expedición, según él mismo, estuvo tres años sin poder montar a caballo y esto impulsó a Pedrarias  a rogar a Andagoyen que "...diese la jornada a Pizarro y Almagro y al Padre Luque, que eran compañeros, porque tan gran cosa no parase de seguirla, y ellos me pagarían lo que había gastado". Sin embargo, Andagoya renunció a recibir pago alguno. 
Desterrado en 1529 por Pedro de los Ríos, regidor de Darién que además lo desposeyó arbitrariamente de sus bienes, Pascual de Andagoya se estableció en Santo Domingo en 1530; regresó a Panamá en 1534 como teniente del gobernador Francisco de Barrionuevo. En 1538 recibió el título de gobernador y adelantado de la provincia del río San Juan, que comprendía los territorios entre Perú y Darién. Fundó Buenaventura en 1540 y continuó su labor conquistadora en Cali y Popayán. En 1541, tras el nombramiento de Sebastián de Benalcázar como gobernador de una parte de los territorios comprendidos en su jurisdicción, Andagoya fue detenido por el propio Benalcázar, que lo envió preso a España, donde intentó inútilmente que la Corona fijara los límites de su territorio. Perdido el gobierno, regresó a América en 1546 junto a Pedro de La Gasca, y fue herido en la batalla de Xaquijaguana y trasladado a Cuzco, donde murió en 1548. 
Carecía de estudios superiores, aunque tuvo buena pluma, cosa poco frecuente en su época y, además de una carta dirigida al Emperador Carlos V que se conserva en la Biblioteca Nacional, redactó un importante documento cuyo manuscrito original se perdió, pero la copia se encuentra en el Archivo General de Indias y fue publicado por primera vez en 1794 por Fernández de Navarrete, bajo el título de "Relación de los sucesos de Pedrarias Dávila en las provincias de Tierra Firme o Castilla del Oro, y de lo ocurrido en el descubrimiento de la Mar del Sur y costas de Perú y Nicaragua". Aunque parcial, es un documento de primera mano por lo que afecta a multitud de sucesos, entre ellos la conquista de Perú, y da curiosas noticias sobre las costumbres y evangelización de los indios. Entre otras cosas relata las luchas de Atabalica (Atahualpa), contra su hermano Guanacaba; el apresamiento y muerte posterior de Atabalica y los graves enfrentamientos entre Pizarro y Diego de Almagro, que acabaron con la muerte de este. El relato abarca un largo periodo de tiempo, desde 1514 hasta 1537 y resulta muy interesante aunque es desigual en sus proporciones.



martes, 26 de enero de 2021

DIEGO GARCÍA DE PAREDES

Nacido en Trujillo en torno al año 1468, poco se sabe de la infancia y juventud de este personaje que sirvió en sus campañas a Gonzalo Fernández de Córdoba "El Gran Capitán.
Fue miembro de la escolta del Papa Alejandro VI, que le contrató personalmente, adquiriendo rápidamente en Italia, fama de gran espadachín y pasando al servicio del Duque de Urbino, una de las familias rivales del pontífice, después de haber dado muerte en duelo a un capitán deudo de los Borgia. Su tiempo como soldado de fortuna quedó quedó a un lado cuando el «Gran Capitán» reclamó hombres para recuperar Cefalonia, una ciudad griega que había sido arrebatada por los turcos a la República de Venecia. Allí comenzó su leyenda como gigante de fuerzas bíblicas, pues realizó hazañas sin cuento, consiguiendo resistir a una muerte cierta a manos de los turcos gracias a su fuerza hercúlea. 
Regresó de nuevo al servicio del Papá, esta vez César Borgia, el hijo de Alejandro VI, que decidió olvidar pasadas ofensas, nombrándole coronel del el ejército que participó en las tomas de Rímini, Fosara y Faenza. Poco duró antes de atender a la llamada del «Gran Capitán» para luchar en Nápoles, donde Fernández de Córdoba se valió de su bien ganada fama, para combatir a los franceses que le temían y, aunque hay dificultades para separar realidad de ficción en cuanto a las hazañas bélicas protagonizadas por él, parece confirmada su participación en las batallas de Ceriñola y de Garellano. Como agradecimiento a sus servicios, Gonzalo Fernández de Córdoba nombró a Diego García de Paredes marqués de Colonnetta (Italia). Sin embargo, cuando el «Gran Capitán» cayó en desgracia, la defensa que hizo García de Paredes de su antiguo general le costó la pérdida del marquesado de Colonnetta y forzó su exilio voluntario de la corte. Cuenta el propio García de Paredes lo siguiente: "De allí fue a España el Gran Capitán, que iba a dar cuenta y alcanzó al rey en cien mil ducados. Estando un día en la sala del rey muchos caballeros del rey, entre ellos hubo dos que dijeron que el Gran Capitán no daría buena cuenta de si. Yo respondí alto, que lo oyó el rey, que cualquiera que dijese que el Gran Capitán no era el mejor criado suyo y de mejores obras, que se tomase un guante que yo puse en una mesa." 
Durante años, el soldado extremeño se dedicó a la piratería en el Mediterráneo, teniendo como presas favoritas a los barcos berberiscos y franceses. En 1509, Diego García de Paredes recuperó el favor real y se unió a la campaña española para conquistar el norte de África. Durante estos años Paredes participó en el asedio de Orán, fue maestre de campo de la infantería española que el emperador de Alemania usó para atacar a la República de Venecia, y sirvió como coronel de la Liga Santa al servicio del Papa Julio II en la batalla de Rávena, entre un sinfín de gestas militares. Con la irrupción de Carlos V en España, gran admirador de su leyenda, el extremeño acompañó al emperador por Europa, quien le nombró Caballero de la Espuela Dorada, sirviendo a este en Alemania, Flandes, Austria y en todos los conflictos acontecidos en España, desde la Guerra de los Comuneros a la conquista de Navarra. El capitán Diego García de Paredes, llamado el "Sansón de Extremadura", a pesar de su falta de letras, escribió una Breve suma de su vida y hechos, admirable por la naturalidad con que describe sus portentosas hazañas y un estilo que, por lo descuidado, se revela espontáneo y auténtico. En esta obra, narra los hechos ocurridos desde 1507 hasta poco antes de su muerte, acaecida en 1530, y según una nota que aparece al final de la Breve suma, se debió a un accidente muy singular: "Falleció Diego García de Paredes en Bolonia, de achaque de que unos caballeros mancebos derrocaban con el pie derecho una paja de la pared, poniendo de corrida en ella el pie izquierdo; él quiso probar también, y cayó y murió de achaque de la caída." 
Lo que no habían conseguido quince batallas campales y diecisiete asedios, lo alcanzó un juego infantil: matar al gigante.



martes, 24 de noviembre de 2020

EL CARÁCTER DE JOHN FORD

El hombre que dirigió casi 150 películas, muchas de ellas obras maestras, por lo que es considerado por muchos el mejor director de cine de la historia y que abarcó con ellas todo tipo de temas, comedias, dramas, de guerra, históricas, sociales, y por supuesto, westerns con personajes inolvidables, pasó a la Historia por todo ello, pero también por su peculiar carácter. Vamos a referir aquí una anécdota que nos acerca algo a la singular forma de ser de este tipo que una vez, dijo aquello de: “Me llamo John Ford y hago películas del oeste.”
Un día, durante el periodo de la Depresión, un viejo y decrépito sureño, que había trabajado como actor en la época de Ford en la Universal, se acercó al director en los aledaños de su despacho. Aquel hombre era digno de lástima. Su mujer necesitaba desesperadamente someterse a una operación, pero el hospital no la admitía sin un depósito de 200 dólares y el matrimonio no tenía un centavo. A medida que el anciano, presa de los nervios, desgranaba su historia, la abarrotada sala en que se desarrollaba la escena, fue quedando en silencio. Ford, que lo observaba con ojos de terror, iba retrocediendo. Entonces, de repente, se abalanzó sobre el actor y le dio un golpe que lo envió a la otra punta de la estancia y le hizo caer al suelo. "¿Cómo te atreves a presentarte aquí de esa manera?", gritó. "¿Quién crees que eres para hablarme de esta forma?", y, acto seguido, se dirigió a grandes zancadas hacia su oficina.
La sala hervía de indignación; el anciano se arrastraba, tembloroso, detrás de sus pies. El actor Frank Baker, que había asistido a esta desagradable escena, abandonó la estancia hecho una furia. Sin embargo, afuera, se ocultó detrás de un arbusto cuando vio a Fred Totman, el mager de Ford, salir por la puerta, darle al actor un cheque de 1.000 dólares e indicarle al chófer de Ford que lo llevara a su casa. Allí aguardaba una ambulancia. Se trajo a un especialista de San Francisco para llevar a cabo la operación. Algún tiempo después, Ford compró una casa para la pareja y les pasó una pensión durante el resto de su vida.
"He tratado de comprender a Jack (John Ford hacía comenzado su carrera artística con el nombre de Jack Ford y así le seguían llamando algunos de los más cercanos) desde el día en que nació, pero nunca he podido", exclamó su hermano Francis Ford cuando oyó la anécdota de Baker. "La clave está en que, si aquel actor hubiera seguido hablando, la gente se hubiera dado cuenta de que Jack es un blandengue. No hubiera soportado escuchar toda la historia sin venirse abajo. Ha creado toda esa leyenda sobre su dureza para ocultar su ternura."



martes, 13 de octubre de 2020

PRIMEROS SOLDADOS ALIADOS EN PISAR ALEMANIA (SEGUNDA GUERRA MUNDIAL)

El lunes 11 de septiembre de 1944, poco después de la 18:00 horas, un jeep americano en el que iba una patrulla de cinco hombres de la Tropa B del 85º Escuadrón de Reconocimiento, se dirigía hacia el norte por la carretera que salía de Vianden bordeando el río, al nordeste de Luxemburgo. El jeep fue dando tumbos hasta que se detuvo junto a las ruinas de un puente sobre el pequeño río Our, que había sido volado unos días antes. El sargento de Estado Mayor Warner William Holzinger, natural de Reedsburg (Wisconsin), que sabía hablar alemán, bajó con dificultad hasta la orilla del río, seguido de un fusilero y un intérprete francés contratado por el escuadrón en París. Las órdenes de la 5ª División acorazada que había recibido Holzinger, le instaban a actuar con cautela, pero añadían: "Si los sondeos indican una gran debilidad en algún sector de la línea fronteriza, puede penetrar en territorio enemigo". El sargento detectó gran debilidad y con el agua cristalina del Our llegándole al remate de las botas, sus dos compañeros y él avanzaron veinte metro para convertirse en los primeros soldados aliados que entraban en Alemania.
Unos cuatrocientos metros más allá, tras subir un repecho, llegaron hasta un conglomerado de casas, donde un campesino les informó que la retaguardia alemana se había ido un día antes. Llevándose como guía a aquel hombre, los soldados americanos caminaron poco más de un kilómetro, hasta la cresta de un monte que ofrecía una panorámica sobre el curso del río. Escrutando las colinas con sus prismáticos de campaña, Holzinger contó veinte posiciones fortificadas de hormigón escondidas entre los claros del bosque y la arboleda. Todas parecían vacías. Como estaba a punto de caer la noche, volvió a cruzar el río a toda prisa y regresó a comunicar por radio que sus hombres habían localizado la Línea Sigfrido.
Algunos mandos del ejército invasor se frotaban las manos. En Navidades estaremos en Berlín, pensaban.
Tres meses más tarde, ningún ejército aliado, había penetrado más de 35 kilómetros en territorio alemán.




domingo, 8 de marzo de 2020

CONCHITA CINTRÓN

Hoy quiero rescatar la memoria de una mujer que lo fue todo en un ámbito reservado a los hombres. Injusta y doblemente ignorada, primero en su época, porque descollaba en un ámbito dominado por la presencia masculina y después, porque su afición, de la que hizo profesión, está ahora mal vista en muchos ámbitos y es difícil, sino imposible que la encuentren ustedes en una de esas publicaciones que ahora abundan (afortunadamente) en las que se habla de mujeres pioneras, muchas veces olvidadas o menospreciadas en su época y que marcaron un hito en distintos campos del devenir de la humanidad. Estoy hablando de Conchita Cintrón, la Diosa rubia del toreo. Como dijo de ella Vicente Zabala, Virreina del Redondel, Amazona de los Incas, el amor de la andanada de Gerardo Diego. Conchita, que se sentía torero antes que rejoneadora, señora de los toros, convivió con las máximas figuras y matadores de distintas épocas, desde Juan Belmonte a Antonio Bienvenida, desde Pepe Luis a Álvaro Domecq, en unos años en los que a las mujeres no se les permitía echar pie a tierra en España. Pero ella encontraba siempre el resquicio de la ley en festivales, porque cuando verdaderamente se sentía torera era con muleta y capote en las manos. Nació en Chile, vivió en Perú, se apasionó y creció como artista en México, sintió España y murió en Portugal.
Hija de un puertorriqueño de nacionalidad norteamericana, Francisco Cintrón, fue el segundo puertorriqueño en graduarse en West Point. Destinado a Panamá, allí conoció a Loyola Verril, con quien se casó. Conchita nació en Antofagasta, Chile, el 9 de agosto de 1922, aunque a los tres años, se trasladó, con su familia a Lima, pues a la capital peruana fue enviado su padre, ya apartado de la vida militar, por la empresa norteamericana para la que trabajaba. Allí conoció Conchita, en la Escuela de Equitación, al que sería su maestro, el rejoneador portugués Ruy da Cámara. En Lima también recibió sus primeras clases de toreo a pie impartidas por el torero vasco Diego Mazquiarán "Fortuna", exiliado tras la Guerra Civil española.
Desde su debut en la plaza del Acho, con solo 14 años, una larga carrera de éxitos la llevaría a las mejores plazas de América: México, Quito, Bogotá, Medellín, Caracas y, por fin, Lisboa, antesala de lo que siempre había sido su ilusión: torear a pie en España, una quimera, pues aquí, el reglamento impedía a las mujeres torear a pie. Debutó a caballo en la Feria de Sevilla de 1945. El éxito, como siempre, le acompañó. El 13 de mayo de 1945 rejoneó y triunfó con un novillo de Garcigrande en Las Ventas. En total alcanzó las 38 tardes. Pero el permiso para hacerlo a pie no llegó. Tan sólo lo logró en festivales y en el campo.
El más conocido cronista taurino de la época, Gregorio Corrochano, que seguramente la vería torear a pie, afirmó que haciéndolo, era incluso mejor que a caballo. Conchita creía que el toreo era cosa de dos y ella, la mejor amazona del toreo, creía que el caballo era un intermediario que se interponía entre los dos protagonistas del verdadero arte del torear. En España, al parecer, consiguió torear alguna vez a pie, casi a escondidas y porque alguien hacía la vista gorda arriesgándose a las represalias pertinentes, fue en un festival benéfico en Vista Alegre y en sendas corridas en Ceuta y Melilla, según dicen, tras obtener permiso del General Varela.
Se retiró en 1950, y contrajo matrimonio el 5 de noviembre de 1951 en Lisboa con Francisco do Castelo Branco, un aristócrata portugués, con quien tuvo cinco hijos.
Al finalizar su carrera, Cintrón había participado en más de 400 corridas en las principales plazas de España, Portugal, Perú, México, Ecuador, Colombia, Venezuela, Francia y norte de África.
Afincada en Portugal, Cintrón se convirtió en agregada civil en la Embajada de Perú en Lisboa y compatibilizó esta actividad con el periodismo y con su afición en la pintura, arte en el que alcanzó cierta relevancia, llegando a exponer sus cuadros en Madrid en 2006. En los años setenta fue corresponsal de varios periódicos.
Falleció en Lisboa el 17 de febrero de 2009.




martes, 26 de noviembre de 2019

KAY SUMMERSBY, LA CHÓFER DE EISENHOWER

La británica Kathleen Helen Mary Summersby, conocida por todos como Kay, una atractiva divorciada que había sido modelo y fotógrafa de revistas femeninas de moda, se alistó en el Cuerpo Motorizado Británico de Transporte cuando Inglaterra declaró la guerra a los nazis alemanes tras la invasión de Polonia y participó como conductora de ambulancias durante el Blitz alemán (el bombardeo sostenido del Reino Unido por la Alemania nazi entre el 7 de septiembre de 1940 y el 16 de mayo de 1941), llegando a alcanzar el grado de sargento.
Cuando el general David Dwight Eisenhower, “Ike”, Comandante Supremo de las Fuerzas Aliadas en Europa, llegó a Argelia para hacerse cargo de la campaña africana, Kay le fue asignada como conductora de su imponente cadillac blindado, asumiendo además las funciones de secretaria personal del general, al que acompañó durante el resto del conflicto armado.
Al termino de cada jornada de agotador trabajo, Kay le llevaba a su residencia, le abría la puerta y colocaba el maletín en el sofá. Luego le saludaba marcialmente y le deseaba buenas noches.
Algunas veces Ike la invitaba para que le acompañara a tomar un trago de Chivas Regal, la bebida preferida del Comandante en Jefe y se sentaban a conversar. Con el tiempo, Ike e "Irish", como Eisenhower llamaba a Kay en privado, se convirtieron en buenos amigos y luego se enamoraron. Kay acompañó a Ike a todos los lugares adonde iba: África, Italia, Francia, Alemania y finalmente Estados Unidos y comenzó a ser conocida en EE.UU., pues aparecía, casi siempre en segundo plano, en muchas de las fotos que se publicaban del general, cuando los diarios daban noticias de la marcha de la guerra, acabada la cual, Ike regresó a su país, a donde, como queda señalado, le acompañó Kay, para la cual no tuvo dificultades en conseguir un visado que la llevaría, con el tiempo, a conseguir la nacionalidad estadounidense.


Al parecer, Ike tuvo la intención de divorciarse de su esposa, Mamie Geneva Doud, y casarse con Kay, pero su ambición política pudo más y, al final, Ike y Kay acabaron cada cual por su lado.
Tras un primer libro, escrito en 1948, titulado "Ike was my Boss" (Ike fue mi jefe), en el que para nada mencionaba relaciones sentimentales entre ambos, con la colaboración de la periodista Bárbara Wyden, escribe un segundo libro bajo el título de "Past Forgetting: My Love Affair with Dwight Eisenhower", para el que tomó como referencia los diarios que había llevado entre 1944 y 1945, en los que había anotaciones del propio Eisenhower y que vería la luz en 1976, un año después de la muerte de Kay. El libro resulta interesante, pues además de las relaciones entre los dos protagonistas, habla de los otros comandantes aliados, algunos de los cuales, como es sabido, también tenían sus líos de faldas.
Los libros de Kay Summersby, sirvieron de base al guión de una miniserie televisiva estadounidense de 1979, en la que Robert Duvall interpreta al famoso general y una bellísima Lee Remick, da vida a Kay.




martes, 1 de octubre de 2019

CRUZ NOVILLO

Seguramente los versados en arte contemporáneo español conozcan el nombre de Cruz Novillo, pero para muchos, como me ocurría a mí hasta no hace mucho, hablar de José María Cruz Novillo, era citar a alguien desconocido.
He tenido la suerte de estar pasando unos día en Cuenca y además de disfrutar del encanto de la capital manchega y sus alrededores, me cupo la fortuna de visitar la exposición con que la ciudad rinde homenaje a uno de sus hijos más ilustres, ya que Cruz Novillo nació en Cuenca en 1936.
Estamos hablando de uno de los grandes del diseño español y aunque mucha gente no sepa quien es este artista y jamás haya oído hablar de él, sus diseños nos acompañan en nuestra vida diaria y, muchos de ellos, en cuanto los vemos, sabemos reconocerlos inmediatamente y reconocemos en ellos a las corporaciones y empresas que representan.
Yo tuve las primeras noticias de este hombre por su faceta de diseñador de carteles de películas, algunas muy conocidas, como El Sur, El espíritu de la colmena, Pascual Duarte, La escopeta nacional, Barrio, Los lunes al sol, Historias del Kronen, El año de las luces, Mamá cumple cien años y muchas más.
Aunque algunos de estos carteles son muy conocidos, sin duda son sus diseños de imágenes corporativas lo más reconocible para el gran público. Entre los cientos que llevan su firma, todas ellas muy conocidas, por citar alguna señalar el logotipo de Correos, el del Cuerpo Nacional de Policía, el escudo y la bandera de la Comunidad de Madrid, el logo del PSOE, el del diario El Mundo,  el de RENFE, el de Repsol, los del Tesoro Público y, como digo, cientos de ellos.





La exposición se puede visitar en la Casa Zabala, de Cuenca y, aunque en los folletos figura que permanece abierta desde el 29 de mayo al 29 de septiembre de 2019, si alguien tiene la oportunidad de acercarse, cosa que recomiendo, aún está a tiempo, ya que el Ayuntamiento de Cuenca ha decido prorrogarla, al menos, hasta del 4 de noviembre.
Merece la pena.




martes, 11 de junio de 2019

VIDA DEL EMPERADOR CARLOMAGNO (VITA KAROLI MAGNI IMPERATORIS)

Eginardo (770-840) fue un alto funcionario de la corte de Carlomagno. De origen germánico, se educa en la abadía de Fulda, desde donde pronto pasa a la denominada escuela palatina de Aquisgrán (que acabará dirigiendo). Muy joven entró en la corte de Carlomagno, el cual le encomendó algún asunto de importancia. Tuvo ocasión, pues, de conocer íntimamente y de tratar con asiduidad al famoso emperador, cuya fisonomía desfigurarán, engrandeciéndola y casi convirtiéndola en un mito, las tradiciones posteriores. Su Vita Karoli Magni Imperatoris, escrita originalmente en latín, es un documento que, si bien en algunos trechos no ofrece una garantía segura, tiene el gran valor de constituír la biografía de una persona perfectamente conocida por el biógrafo, en la que son constantes las reminiscencias de la biografías de los emperadores romanos escritas por Suetonio.
La obra está compuesta, además de por el prólogo, por una introducción y cinco libros. En la introducción, Einhard presenta su trabajo y sus objetivos. En el libro I habla de la caída de la dinastía merovingia y de los primeros carolingios, anteriores a Carlomagno. El libro II trata de las campañas militares y los problemas políticos de Carlomagno. El libro III describe la vida del emperador y de su familia. El libro IV se centra en los últimos años de su reinado y el libro V recoge una transcripción del testamento de Carlomagno y un elogio de Luis el Piadoso.
Hacia 828, cuando comienzan los graves enfrentamientos entre los nietos de Carlomagno que darán lugar a la división del Imperio (e indirectamente al nacimiento de lo que con el tiempo serán Francia y Alemania), Eginardo se retira a la vida privada y es entonces cuando escribe el libro sobre Carlomagno, en el que, además de los acontecimientos históricos más importantes de su reinado, se nos proporciona información muy precisa acerca de sus hábitos personales y sus gustos, sobre los que el autor tenía información directa.
A lo largo del libro, da otros detalles sobre su comportamiento, gustos, educación, aficiones, estudios, incluso su forma de vestir. Reproduzco aquí unos párrafos en los que Eginardo traza el retrato del Emperador:
De ancha y robusta complexión, era de estatura elevada, sin nada que le fuese, por otra parte, excesivo, pues media siete pies de alto, la cabeza, redondeada por su parte superior, grandes ojos vivos, la nariz un poco más larga que el término medio de los demás, hermosos cabellos blancos, fisonomía alegre y abierta. Daba también, exteriormente, sentado o de pie, una fuerte impresión de autoridad y dignidad, con lo que apenas se notaba que su cuello era grueso y su vientre un poco demasiado abultado, tan armoniosas eran las proporciones de su cuerpo. Sus gestos eran seguros y en conjunto, viriles. La voz era clara, sin concordar, no obstante, enteramente, con su aspecto físico. Dotado de buena salud, solo estuvo enfermo los cuatro últimos años de su vida, en que fue sorprendido por frecuentes accesos de fiebre y acabó incluso por cojear. Pero seguía todavía en sus trece, en vez de escuchar el consejo de sus médicos, a los que había aborrecido porque le aconsejaban renunciase a las carnes asadas, que le gustaban, sustituyéndolas por carnes hervidas.



martes, 28 de mayo de 2019

GUERNICA

Si alguien supo inmortalizar en imágenes el horror del conflicto que supuso la Guerra Civil Española, fue Pablo Picasso con su obra titulada Guernica, una alegoría moral contra la guerra en la que logró un genial equilibrio entre la forma y la expresión. El crítico australiano Robert Huges definió el cuadro como "la última gran pintura de la historia", ya que tras la Segunda Guerra Mundial la función del "artista de guerra" quedaría obsoleta merced a la fotografía bélica, algo que ya había comenzado durante la propia Guerra Española con las fotos de Robert Capa, el personaje ficticio inventado por Endre Ernő Friedmann y su compañera Gerda Taro, para firmar sus fotos.
Cuando en 1940 los alemanes ocuparon París, Picasso estaba en la ciudad y, al revisar los invasores su apartamento, un oficial se fijó en una fotografía del Guernica y le preguntó:
—¿Ha hecho usted esto?
—No -repuso el pintor-. Eso lo hicieron ustedes.



martes, 30 de abril de 2019

HISTORIA (AMMIANO MARCELINO)

Ammiano Marcelino, nacido en Antioquía hacia el año 330 de nuestra era, fue oficial de Constancio II, hijo de Constantino y de Juliano el Apóstata, y luchó en Oriente y Occidente. En el año 363 se retiró de la vida militar y se propuso continuar la Historia del Imperio Romano partiendo del punto en que la había dejado Tácito y siguiendo su estilo y método de escritura. Gran parte de esta obra se ha perdido, pero afortunadamente se conservan los libros que narran los sucesos contemporáneos en los que el autor tuvo parte activa, lo que les da un gran valor de documento histórico. A pesar de ser griego escribía en latín, con un estilo bastante pulcro y tiende a imitar a Cicerón y a Saluntio y, sobre todo, como queda dicho, a Tácito.
Su narración tiene gran vivacidad y sabe recoger los detalles significativos, demostrando grandes dotes de observador, sabiendo captar la psicología de los personajes.
Detalles que incluyen acciones tácticas, como cuando, junto a una turma de jinetes huía de un enemigo mucho más numeroso que les estaba dando alcance, sin posibilidad alguna de escapatoria, al estar atravesando una gran llanura poblada de hierba rala y, aunque de noche, había luna llena. El asunto se resolvió así: En este apuro se imaginó atar una antorcha encendida en el lomo de un caballo y abandonarlo, después de dirigirlo hacia la izquierda, mientras nosotros nos dirigíamos, por la derecha, a las montañas.
O cuando relata detalles geográficos, etnográficos o de historia natural, como cuando incendiaron un amplio territorio entre el Éufrates y el Tigris para dejar tierra quemada al enemigo y nos dice: En aquel incendio perecieron multitud de fieras, en especial leones, que en aquel país son extraordinariamente feroces.
Amiano escribió su obra con el título de Res gestae, que abarcaba la historia de Roma imperial, desde el ascenso de Nerva (96 d.C.) hasta la muerte de Valente en la batalla de Adrianópolis contra los godos (378 d.C.). dividida en 31 libros, de los que se han perdido los 13 primeros.
La obra de Amiano ha perdurado a través del tiempo, influyendo en autores posteriores en aspectos varios, entre ellos la visión favorable que ofrece del emperador Juliano, sobre cuya figura se han escrito novelas, poemas y dramas (el de Ibsen, titulado Emperador y Galileo) en distintas épocas, hasta llegar a nuestros tiempo con la que quizá sea la obra más conocida, la novela histórica Juliano el Apóstata, del norteamericano Gore Vidal.
De Juliano dice: Por la prudencia se le ha comparado con Tito; por sus triunfales expediciones, con Trajano y por la clemencia, con Antonino. Perseverante tendencia a la perfección ideal, le haría semejante a Marco Aurelio...
...el sello más sensible del alivio que su presencia llevó a las extraordinarias miserias de la Galia es que, a su llegada, el tributo medio era de veinticinco monedas de oro por cabeza, y cuando abandonó el país, no se pagaban más que siete por todo impuesto. Así el pueblo, en alegre entusiasmo, le comparaba con un astro benéfico que se le había aparecido en medio de las nieblas más densas.



martes, 23 de abril de 2019

JOSÉ ANTONIO: REALIDAD Y MITO

El mallorquín Joan Maria Thomàs, profesor de la Universidad Rovira i Virgili, doctor en historia, investigador del ICREA y miembro de la Real Academia de la Historia, pretende acercarnos a la figura de uno de los personajes de la historia contemporánea española, que ha despertado desde siempre la curiosidad de los historiadores profesionales.
Divide su estudio en cinco grandes capítulos: El primero trata de la familia Primo de Rivera, con el dictador en primer plano. Un tiempo que fue germen de lo que será el futuro devenir del fundador de la Falange. En el segundo, vemos emerger la figura de José Antonio con esa dualidad que supone, por un lado, ser hijo del dictador y, por otro, buscar su propio camino, ya que era consciente de que la Dictadura había fracasado por una serie de razones y había que buscar nuevos senderos. En el tercero asistimos a la búsqueda de su ambición política en su camino hasta el poder total a que aspiraba. En el cuarto, explica el ideario fascista de José Antonio y en el último, tras el fusilamiento del protagonista de este trabajo, contemplamos el nacimiento y consolidación del mito creado por el franquismo de forma interesada; el culto más importante después del dedicado a Franco.
El autor quiere hacer un trabajo objetivo, sobre un personaje del que, en sus propias palabras: ni siento animadversión ni siento ninguna empatía. Básicamente se trata de desmontar el mito y reencontrarse con el personaje real, un hombre que no fue tan importante en su momento como se nos ha querido hacer creer y sólo hay que mirar los resultados que obtuvo en la elecciones a que se presentó y en las que solo consiguió su propia acta de diputado cuando se presentó bajo el paraguas de candidaturas conservadoras, con un resultado desastroso cuando Falange Española presentó sus propias candidaturas por separado.
Otra cosa distinta es la repercusión e importancia que tanto su persona, como el partido por él creado tuvieron durante el franquismo, pero ni era el verdadero José Antonio el que construyó el Régimen, ni el partido (FET y de las JONS), era el mismo que diseñó José Antonio, sino un invento del propio Régimen que acomodó a sus intereses.
Está claro que la verdad que nos cuenta el libro es la del propio autor, la que constata, por un lado, es decir, José Antonio fue un líder fascista, pero también la que deduce, porque lo que pudo ser y no fue, debido a su temprana muerte a manos de un pelotón de fusilamiento, son suposiciones, aunque estén fundamentadas.
Un intento, muy bien documentado, por otra parte, de deconstruír el mito, para encontrar a la persona tras la imagen que, durante una parte de su vida y después de su muerte, se creó sobre esa persona. Un trabajo interesante, quizá un tanto académico, lo que es posible que dificulte que lectores de tipo medio o menos interesados en el tema, puedan acercarse a la lectura del mismo como divertimento histórico.
Además, tampoco aporta nada que no se sepa ya, incluso desde hace muchos años, pues deducciones como las que hace el autor, podían hacerse perfectamente a la luz de las Obras Completas de José Antonio, o de algunos de los libros sobre su figura publicados en pleno franquismo a poco espíritu crítico que se tuviera, aunque hubieran pasado por el tamiz de la censura.
Innumerables y largas citas de obras del protagonista y de otros, algunos sin saber muy bien a qué vienen y reiteración de los mismos argumentos una y otra vez, hacen el libro un poco pesado y difícil de digerir para el gran público, incluso a los que estén interesados en el tema, se les puede hacer difícil de acabar por su falta de aportaciones novedosas.



martes, 16 de abril de 2019

EL ÚLTIMO SOLDADO DE LA II GUERRA MUNDIAL (HIROO ONODA)

El 9 de marzo de 1974, el último soldado de la Segunda Guerra Mundial se rendía en la isla filipina de Luban. Se trataba de un oficial de inteligencia del desaparecido Ejército Imperial, el teniente Hiroo Onoda. Durante treinta años, Onoda se había atrincherado en una serie de cuevas en la impenetrable jungla de la isla. Al inicio, formaba parte de un pelotón integrado por cuatro hombres, pero a la postre se quedó solo. Al teniente Onoda se le había ordenado permanecer en su puesto hasta que fuera relevado; ni la rendición ni el suicidio eran opciones aceptables, habían enfatizado sus superiores. El teniente Onoda subsistió en la isla con frutas, pescado y algún cerdo salvaje que lograba capturar, sorprendentemente en un entorno hostil de mosquitos y fiebres tropicales, solo tuvo que guardar cama en una ocasión.
A pesar de los esfuerzos periódicos que se hicieron por parte de familiares y funcionarios japoneses para convencerles de que la guerra había terminado, los miembros del grupo de soldados, pensaban que se trataba de añagazas del enemigo para obligarles a abandonar sus escondrijos. En 1965 Onoda y su único acompañante, Kinschichi Kozuka, sustrajeron una radio de una granja y lograron sintonizar emisiones procedentes de Australia. Con asombro escucharon los acontecimientos que tenían lugar ese año, pero se convencieron de que aquellas emisiones formaban parte de un plan norteamericano para obligar a los soldados japoneses a revelar sus posiciones.
Kozuka falleció como consecuencia de una escaramuza con la policía filipina y Onoda quedó solo. A principios de 1974, un joven aventurero japonés llamado Norio Suzuki logró dar con Onoda. "¿Qué puedo hacer para persuadirle de que abandone la jungla?", le preguntó. "El comandante Taniguchi es mi superior -respondió Onoda-. No me rendiré hasta que no reciba órdenes directas suyas". Suzuki averiguó que Taniguchi seguía con vida, ambos volaron a Luban y se encontraron con Onoda en un lugar prefijado. Taniguchi saludó a Onoda y le entregó formalmente las órdenes del Cuartel General. Onoda recordaría así la escena: "El comandante desplegó la orden y por primera vez me percaté de que no existía trampa alguna. ¡Realmente perdimos la guerra! ¿Cómo pudieron ser tan inútiles?"
Con cincuenta y dos años, Onoda regresó a Japón, donde le convirtieron en héroe nacional, le agasajaron con banquetes, apariciones en televisión, conferencias de prensa y discursos. Él rechazó el dinero que le ofrecía el gobierno por las pagas acumuladas durante todos esos años. Onoda se mostró abatido por lo que había sucedido con su país. Se encontró un mundo futurista de rascacielos, contaminación, aviones a reacción y amenazas nucleares; su querida patria se había occidentalizado y estaba volcada en producir televisores, aparatos electrónicos y automóviles para su nuevo protector y cliente: Estados Unidos, el acérrimo enemigo del país por el que salió un día a combatir hasta el fin muy lejos de su patria. ¿Para eso había resistido tantos años?
Onoda escribió sus memorias que se convirtieron en un éxito de ventas y con parte de la considerable fortuna que amasó, se trasladó a vivir a Brasil, donde adquirió una parcela rural y se convirtió en granjero. En 1984, regresó a Japón, aunque todos los años pasaba tres meses en Brasil. En 1996 volvió a la isla de Luban, donando 10.000 dólares USA para la escuela local.
El 16 de enero de 2014, fallecía en Tokio a la edad de 91 años.



martes, 20 de noviembre de 2018

LA MUERTE DE SÓCRATES

Una enfermedad impidió a Platón contarse entre los amigos y discípulos de Sócrates que asistieron a los últimos momentos de la vida del maestro en aquel día de año 399 antes de Cristo en que, de acuerdo con la condena que le había sido impuesta, bebió la cicuta.
Ello no impidió que nos ofreciera un impresionante relato sobre aquel trágico suceso, con toda seguridad basado en lo que vieron y escucharon los fieles discípulos que se hallaron presentes.
Entre otras cosas leemos la respuesta de Sócrates al encargado de comunicarle la orden de beber el brebaje, que se disculpaba con él y le rogaba tuviera en cuenta que sólo era un enviado y no quien había dictado la sentencia: "¡Qué hombre tan atento! Toda esta temporada venía a visitarme y me daba conversación a ratos; se mostraba ser de lo mejor. Y ahora, ¡cuán delicadamente llora por mí!"
Ante los ruegos de los discípulos de que esperase más tiempo para beber el veneno, pues otros no tenían ninguna prisa tras recibir el aviso y demoraban el instante fatal: "Es natural que esos que decís hagan tales cosas, pues piensan que con hacerlas consiguen algo; y es natural también que yo no las haga, pues no creo conseguir nada con beber un poco más tarde si no es hacerme digno de risa ante mí mismo con ese apegarme a la vida y andar escatimando lo que ya no es nada. Así que haced lo que mandan, y dejadme de impertinencias."
Al final, ante el llanto de los presentes, dijo: "¿Qué hacéis hombres desconcertantes? Y pensar que he despedido de aquí a las mujeres principalmente para evitar tales excesos. He oído decir que se debe morir con dignidad. Un poco pues de calma y valor."
Como dice el propio Platón: "Tal fue el fin de nuestro amigo, el hombre mejor de los de su tiempo conocido por nosotros, y además el más prudente y el más justo".



martes, 9 de octubre de 2018

LA CONDESA-DUQUESA DE BENAVENTE. UNA VIDA EN UNAS CARTAS

María Josefa Pimentel, XV Condesa-Duquesa de Benavente y Duquesa de Gandía, Condesa de Alba de Liste, Marquesa de Jabalquinto, Princesa de Anglona, Duquesa de Béjar, Duquesa de Arcos, entre otros muchos títulos, había nacido en 1752 y desde los doce años, por fallecimiento de su padre, era titular de los títulos mencionados. Prometida en matrimonio con Pedro Alcántara Téllez Girón, segundo hijo del Duque de Osuna, quiso el destino que unos meses antes de celebrarse los esponsales (tuvieron lugar el 29 de diciembre de 1771), falleciera el primogénito de los Osuna, convirtiéndose don Pedro Alcántara en heredero del ducado de Osuna, produciéndose la indeseada unión (al menos por parte de los Benavente) de dos de las casas que más títulos nobiliarios concentraban en su poder.
A partir de entonces, el condado-ducado de Benavente, pasó a formar parte de la casa de Osuna, por la prevalencia de esta, a pesar de lo cual, doña María Josefa, siempre fue conocida en la época como la condesa-duquesa de Benavente.
Mujer de su tiempo, es ejemplo de dama ilustrada de la época, siempre atenta a las novedades y nuevas tendencias en los ámbitos económicos, científicos y culturales, fue nombrada en 1786 académica de honor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y formó parte de la Junta de Damas, versión femenina de la Sociedad Económica Matritense, de la que fue presidenta en 1787, preocupada sobre todo, por llevar adelante iniciativas que mejoraran la higiene y la prevención de enfermedades a través de medidas innovadoras como la vacunación (tarea nada fácil, por las reticencias que encontraba), la educación y la asistencia social a niñas y mujeres en campos como la escuela, el hospicio o la cárcel.
Este deseo de fomentar la ilustración de los Duques, les lleva a crear en su villa solariega, la Sociedad Económica de Benavente, a fin de promover la agricultura, la industria y la educación. Sin embargo la suspicacia campesina a la innovación y la sorpresa que producen las ideas de los Duques, halló en Benavente una resistencia pasiva que resume en su carta Fray Francisco Vélez Cossío, caballero de la Orden de San Juan y cura de la benaventana parroquia de San Juan del Mercado, escrita desde allí al año de inaugurarse la sociedad: "... el clero no ha tenido estímulo como V.E. conocerá. Los seglares se han enfriado infinito" (Archivo Histórico Nacional. Archivo de Osuna).
La Condesa visita sus estados de Benavente y con esta ocasión, nace en la localidad de Quiruelas de Vidriales, el 15 de septiembre de 1787, Pedro Alcántara Téllez-Girón y Pimentel, segundo varón de la familia.
El libro resulta curioso, por cuanto estamos hablando de una mujer, cuya dilatada vida, le permitió atravesar los reinados de Carlos III, Carlos IV, Fernando VII y el principio del de Isabel II. Su copiosa correspondencia da noticia de la intensa vida social en su casa de la Puerta de la Vega, o en la Alameda de Osuna, donde mandó construír los jardines de El Capricho, destacando la protección brindada a distintos artistas, desde Goya, a literatos como Iriarte (que escribió alguna obra para el teatro instalado en casa de la Condesa), don Ramón de la Cruz o Juan Meléndez Valdés; músicos como Boccherini o Barbieri; bailarines; actores (Pepa Figueras o Isidoro Máiquez, entre otros). De esa correspondencia se infieren datos y vivencias de la vida cortesana y también de las clases populares, no sólo en España, sino en Europa (la familia pasó una larga temporada en París a la espera de la frustrada toma de posesión del Duque como embajador en Viena), en la azarosa época posterior a la Revolución Francesa. Las cartas intercambiadas con los administradores de sus extensas posesiones, también nos acercan noticias de los tiempos tempestuosos de la invasión francesa y posterior Guerra de la Independencia y de la permanente inestabilidad durante el reinado de Fernando VII, con las constantes disputas entre absolutistas y liberales.
No menos interesante resulta la figura de la autora del libro, la Condesa de Yebes. Carmen Muñoz Roca-Tallada (Biarritz, 26.VI.1901 – Madrid, 4.V.1988), escritora, traductora e intelectual, precursora a la hora de abrir nuevos caminos hacia el papel que debía jugar la mujer en los nuevos tiempos. Descendiente de ilustres linajes aragoneses, su sensibilidad hacia la cultura y su espíritu tolerante, la llevaron a colaborar estrechamente con María de Maeztu, directora de la Residencia de Señoritas, como tesorera de la Sociedad de Cursos y Conferencias de la Residencia de Estudiantes, lo que a su vez, le permitió mantener amistad con José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Antonio Marichalar y Ramón Gómez de la Serna. Precisamente su admiración por Ortega le abrió las puertas de las reuniones de la Revista de Occidente, un sancta santorum de la inteligencia masculina sólo accesible a una minoría de mujeres: María Zambrano, Maruja Mallo, Rosa Chacel y algunas damas escogidas como la propia Carmen Muñoz Roca-Tallada.
Entre 1928 y 1929 el matrimonio (había contraído nupcias con Eduardo de Figueroa y Alonso-Martínez, VIII conde de Yebes e hijo del conde de Romanones) visitó Estados Unidos y trabó amistad, entre otros, con Charles Chaplin, que plasmó a la pareja en un documental. Los salones de la casa de los condes de Yebes en Madrid ofrecieron hospitalidad a las figuras de la generación del 27 y a las personalidades que visitaban la capital, desde Jean Cocteau a Igor Stravinski.



martes, 17 de julio de 2018

OLYMPE DE GOUGES

Nacida en el seno de una familia burguesa, fue casada por su padre con un hombre mayor que ella al que no amaba y con el que no fue feliz. Pronto enviudó y quedó al cargo de su único hijo, con el firme propósito de no volver a contraer matrimonio, institución a la que consideraba como la tumba de la confianza y el amor.
Nacida como Marie Gouze, una vez instalada en París, adoptó el nombre de Olympe de Gouges. Escribió una obra de teatro de carácter abolicionista, Zamore et Mirza, ou l’heureux naufrage (Zamore y Mirza, o el feliz naufragio), que hasta unos cuantos años más tarde no se representó, bajo el título de La esclavitud de los negros, ya que los actores de Comédie Française, se negaron a hacerlo, pues dependían económicamente de la Corte de Versalles donde muchas familias nobles se habían enriquecido con la trata de esclavos. Por otro lado, el comercio con las colonias de ultramar representaba entonces el 50% del comercio exterior del país. Olympe fue encarcelada en la Bastilla por medio de una lettre de cachet (un documento mediante el cual, el Rey hacía valer antiguas prerrogativas y privaba de libertad a una persona sin juicio previo), pero fue liberada al poco tiempo gracias a la intervención de sus amigos.
En 1791, apenas dos años después del inicio de la Revolución, publicó La declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, ya que en la Declaración de los derechos del hombre, no se hacía mención alguna a la mujer.
Alejada de jacobinos y montañeses, sus posturas estaban más cerca de los girondinos. Se opuso a la ejecuón de Luis XVI y atacó a Marat (aborto de la naturaleza) y Robespierre (animal anfibio). No solo no se hizo caso de sus reivindicaciones que hoy llamaríamos feministas (se prohibió toda actividad política a las mujeres), sino que la encarcelaron acusada de haber defendido la monarquía.
El 3 de noviembre de 1793, tras haber sido condenada por un tribunal revolucionario, Olympe de Gouges fue guillotinada. Entre sus pensamientos, dejó este para la posteridad:

Si la mujer puede subir al cadalso, también se le debería reconocer el derecho de poder subir a la Tribuna.



martes, 10 de octubre de 2017

ALEXANDER EASTON, EL INGLÉS

En los límites de León y Galicia se gestó la federación de guerrillas León-Galicia, el primer foco de resistencia al franquismo. En diciembre de 1941 se firma el primer reglamento de la Federación de Guerrillas Populares, que en la primavera de 1942 se oficializa con la creación de la Federación de Guerrillas León-Galicia. Sin embargo, está compuesta por gentes de ideas muy plurales —socialistas, cenetistas, comunistas, etc.— con un sentido nacional de lucha.
Luchaban con la esperanza de una intervención aliada en España y estrecharon sus contactos con los servicios diplomáticos, los servicios de espionaje y las redes de evacuación aliadas.
En 1931, se habían instalado en una casona con finca que habían comprado en el pueblo leonés de Carracedo del Monasterio (casa que aún existe), el ingeniero inglés Alexander Easton y su esposa Maude (conocida en la zona como Amor). El británico había llegado a España en 1924, para trabajar en la construcción de la vía férrea Santander-Mediterráneo y en 1929 es ingeniero jefe en las obras del puerto de Melilla.
Había llegado a la provincia leonesa atraído por el oro de las Médulas, abrigando la esperanza de que los romanos hubieran dejado algo olvidado y se dedicó a hacer exhaustivos estudios geológicos de los alrededores. Oro no encontró, pero se enamoró del lugar y de sus gentes, y convirtió sus terrenos en una granja con criterios y técnicas modernas.
En 1941, Easton supo que cinco soldados aliados que habían huido de campos de prisioneros en Francia habían sido detenidos y encarcelados en León cuando trataban de llegar a Portugal. De inmediato, empezó a negociar su liberación con las autoridades, ayudó económicamente a los presos y avisó a la embajada británica en Madrid de lo ocurrido. Fue posiblemente entonces cuando el SOE lo captó como agente. El Special Operations Executive (SOE) era una organización secreta creada por Winston Churchill al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, con sede en Londres y cuya misión era el espionaje, el sabotaje y el reconocimiento, con agentes por toda Europa. Le convirtieron en el agente V.300. Seguramente su fichaje respondió a la batalla por el wolframio, que los nazis extraían de minas españolas y cuyo suministro deseaban cortar los ingleses. En este tiempo, Easton entró en contacto con la guerrilla y para disimular las idas y venidas, los ingleses le nombraron enlace entre la embajada en Madrid y el consulado en Vigo. El Inglés (o el Amigo, como también le conocían en los ambientes guerrilleros) empezó a dar apoyo logístico a los maquis. A menudo los guerrilleros buscaban refugio en su casa, donde siempre había dos habitaciones preparadas para esconder a los huidos y donde también los guerrilleros heridos eran atendidos clandestinamente por dos colaboradores extraordinariamente valientes con los que estaba coordinado, el doctor Genadio y el practicante Ángel Basante, que ejercían su profesión en Cacabelos.
Poco después de terminar la guerra, el SOE es disuelto. No obstante, Easton, que mantendría sus credenciales oficiales hasta 1946, seguiría apoyando a los guerrilleros. Ante las autoridades británicas, lo justificó diciendo que no podía dejar en la estacada a los que eran sus compañeros de armas. Hacía mapas topográficos, seguía ofreciendo refugio a los guerrilleros, regalaba radios para que los perseguidos pudieran oír La Pirenaica (que entonces emitía desde Moscú) y hasta compró una multicopista con la que se imprimieron varios números de El Guerrillero, un periódico de la resistencia armada contra Franco.
Easton fue arrestado y expulsado de España después de que Marcelino de la Parra le hubiera denundiado bajo tortura. Poco después, la policía escoltó a su esposa hasta el puerto de Vigo y la obligó a dejar España. Nunca volvieron.



martes, 8 de agosto de 2017

NORMAN BETHUNE

En febrero de 1937, Málaga cae en poder de las tropas nacionales practicamente sin resistencia. Miles de personas huyen de la ciudad por la carretera de Almería. En pleno éxodo, un médico canadiense, Norman Bethune, que se había desplazado desde Barcelona al enterarse del inicio de la ofensiva, se encuentra con un desolador panorama, pues entre la riada de gente, muchos estaban enfermos o heridos y decidió descargar los aparatos de la furgoneta que hacía las veces de ambulancia para hacer hueco a los niños más graves y llevarlos con prontitud a Almería.
Bethune había llegado a España el 3 de noviembre del 36, como médico del Batallón Mackenzie-Papineau, que estaba integrado por comunistas de Canadá y otros izquierdistas. Este hombre, que había ejercido como médico en Montreal durante los años de la Gran Depresión, auxiliando con frecuencia a los más desfavorecidos, a los que dio atención médica gratuita, presionó, sin éxito, para que el gobierno realizara reformas radicales de atención médica y servicios de salud en Canadá, convirtiéndose en uno de los primeros defensores de la medicina socializada. En 1935, viajó a la Unión Soviética para observar de primera mano su sistema de atención de salud. Durante ese año se hizo comunista y se unió al Partido Comunista de Canadá. No obstante, y debido a su falta de convicción de que el comunismo fuera la solución a los problemas del mundo, declinó la oferta de ser líder del partido.
Bethune había observado que una causa frecuente de muerte en el campo de batalla era el llamado shock circulatorio, que se produce en las primeras etapas de la herida y que puede causar la muerte instantánea de un combatiente cuyas heridas no parecían graves. Así que puso en marcha un sistema nunca antes puesto en práctica: llevar la sangre hasta los frentes de guerra con una unidad móvil de transfusión. Planteó su propuesta a los servicios médicos republicanos, y el propio Bethune decidió asumir la organización y la financiación de la misma. "Siempre tuvimos presente la idea de la movilidad, por ello, todos los aparatos que compramos, refrigeradores, autoclave, incubadoras, etc. podían funcionar con gasolina o queroseno, sin necesidad de corriente eléctrica", concretó el propio Bethune. De esta manera, el cirujano canadiense se sumó a los servicios médicos de las Brigadas Internacionales, y comenzó una labor inédita con la que salvó vidas primero en Madrid, después en Guadalajara, Valencia y Barcelona y, también, durante el mencionado éxodo en la carretera de Málaga a Almería.
Al parecer, tuvo diferencias con el gobierno de la República y con los propios comunistas, por su inhumanidad, por lo que regresó a Canadá, donde se dedicó a recaudar fondos para la causa republicana, enviando el dinero, pero ya no volvió.
En 1938, marchó a China para unirse a los comunistas de Mao en la Segunda Guerra Chino-japonesa. Tras las batallas atendía a los heridos y fue proverbial que atendía a las víctimas de ambos ejércitos sin hacer distingos de ningún tipo. A finales de 1939, se produjo una herida en un dedo mientras llevaba a cabo una operación de urgencia, lo que le provocó una infección en la sangre que se propagó por todo el cuerpo y produjo su muerte, víctima de sepsis.
Prácticamente desconocido en su patria durante su vida (y en España hasta hace poco más de una década), Bethune recibido el reconocimiento internacional cuando Mao Zedong publicó su ensayo titulado "En memoria de Norman Bethune".