Como tantos jóvenes, Frank y April tienen sus sueños, ilusiones y esperanzas. Él ha vuelto de Europa, donde ha estado en el ejército en los últimos compases de la II Guerra Mundial y ella ha terminado sus estudios de interpretación, tiene la idea de dedicarse al mundo de las tablas.
Tras conocerse, se casan, Frank acepta un trabajo en la empresa en la que, irónicamente, su padre era vendedor. Le permitirá ganar dinero y trabajar poco, aunque no es un empleo que le satisfaga especialmente. Ella debuta con un grupo aficionado en una función que resulta un absoluto fracaso. Mientras tanto se han mudado al extrarradio de Nueva York y han tenido dos hijos.
Richard Yates hace un magnífico trabajo para mostrarnos el deterioro gradual de sus sueños, hasta que deciden dar un cambio radical a su vida en común que va cada vez más a la deriva, ese cambio sería irse a Europa, algo que al final nunca se llegará a materializar.
Alrededor de ellos hay unos cuantos personajes secundarios que completan una fauna de personas a quienes April y Frank Wheeler miran un poco por encima del hombro. En primer lugar, están los Campbell, sus vecinos y amigos, a quienes desprecian por ser burgueses y vivir en los suburbios (al fin y al cabo, igual que los Wheeler). En segundo lugar, está la Sra. Givings, la agente inmobiliaria con su esposo sordo y su hijo, que entra y sale de instituciones mentales y que, a pesar de su esquizofrenia, parece el más cuerdo de todos, al menos el único que dice las verdades sin filtros. Por último, están sus compañeros de trabajo que se aferran a sus vidas con silenciosa desesperación, aceptando, a diferencia de Frank, que no llegarán a ninguna parte.
Aunque escrito y ambientado en los años cincuenta, está considerada como una de las mejores novelas sobre la desilusión de toda una generación en el siglo pasado, escrito con una impecable prosa en la que su autor hace un conseguido retrato sobre el aislamiento y los anhelos frustrados, al ser conscientes de que sus sueños resultarán inalcanzables. Situaciones que tienen cierto paralelismo con los tiempos presentes: La falta de sentimientos producida por la incomunicación y la pérdida, muchas veces inconsciente, de valores que en otros momentos parecían fundamentales.
La novela fue llevada al cine en una película de 2008, dirigida por Sam Mendes, con Leo DiCaprio y Kate Winslet como Frank y April Wheeler.
Me gustaría verla. Soy de novelas costumbristas. Un beso
ResponderEliminarCreo que en este libro Richar Yates aborda algo evidente: sólo conocemos a los que se han hecho ricos y ha subido en el escalafón social, son la punta del iceberg. desconocemos y nunca vemos a los que han intentado hacer realidad sus sueños de escalar a lo más alto. una gran mayoría invisible que, a duras penas, tiene que acabr reconociendo lo que consideraban mediocridad.
ResponderEliminarUn saludo.