viernes, 19 de octubre de 2018

LA LEGIÓN INVENCIBLE

Custer murió en Little Big Horn, las manadas de búfalos vienen hacia el norte y alguien está haciendo "gran medicina" entre las tribus indias extrañamente envalentonadas.
El capitán Nathan Brittles (John Wayne) es un oficial de carrera en la caballería de los Estados Unidos que vive los últimos días en activo antes de su retiro forzoso del servicio. A raíz de la masacre de Custer y del Séptimo de Caballería, los indios locales se están agitando y, lo que es peor, lo hacen confiados. Brittles está asignado para acompañar a dos mujeres,  Abby Allshard (Mildred Natwick), la esposa del oficial al mando del fuerte y a su sobrina, la encantadora señorita Olivia Dandridge (Joanne Dru), desde el fuerte hasta la parada de diligencias en Sudrow's Wells, pero los indios están en pie de guerra y ahora hay pocas posibilidades de evacuar a las mujeres de la zona.
Olivia ha llamado la atención de dos de los jóvenes oficiales de la caballería, el teniente Flint Cohill (John Agar) y el segundo teniente Ross Pennell (Harry Carey Jr.). La chica lleva una cinta amarilla en su pelo, señal de que tiene un novio en la caballería, aunque se niega a desvelar quien de los dos apuestos oficiales es el elegido.
El capitán, un hombre que ha entregado al Ejército toda su existencia, incluso sacrificando las vidas de su familia, por su servicio, ahora ve cómo su carrera termina con una nota de fracaso al llegar tarde al puesto de diligencias, cuando ya ha sido atacado y destruído por los indios, impidiendo con ello que las damas puedan hacer el viaje previsto a un lugar más seguro.
Sin embargo, la Compañía C del legendario Séptimo de Caballería, aún se embarcará en una peligrosa misión bajo el firme mando del capitán Nathan Brittles.


La segunda película de la llamada "Trilogía de caballería" de John Ford, que presenta a John Wayne en su mejor momento y cuenta con una increíble fotografía en Technicolor de Monument Valley, ganadora del Oscar. Por cierto, que el director de fotografía Winton C. Hoch, presentó una queja ante el sindicato de cineastas por las horas extras que se vieron obligados a realizar, para poder plasmar las tomas de rayos sobre las tropas. Al final resultó que fueron estas imágenes las que le dieron el premio de la Academia a la mejor fotografía en color.


Wayne ofrece una de las mejores actuaciones de su carrera aquí, en el primer papel serio que Ford le dio. (El mismo Wayne dijo más tarde que Ford nunca lo respetó como actor hasta que vio su actuación en Río Rojo). Al parecer, cuando se completó el rodaje, Ford le entregó a Wayne un pastel con el mensaje: "Ahora eres un actor".


Hemos hablado ya de las secuencias en que los rayos descargan sobre la tropa, bajo un cielo cargado de negras nubes, pero el film está plagado de bellas imágenes, hasta el punto de que, para más de uno, es la película en que Ford saca más y mejor partido del increíble decorado natural que ofrece Monument Valley.


Hay muchas de esas tomas casi de postal, cada una de aquellas en que el corneta del regimiento aparece en primer plano lo es, como lo son las secuencias en que aparece la larga hilera de soldados a caballo deambulando por el desierto o las visitas de Nathan Brittles al cementerio para hablar con su esposa allí enterrada.
El film tiene unas cuantas de esas cosas que son habituales en Ford, desde su troupe de actores y técnicos, hasta secuencias recurrentes como la pelea cómica en la cantina del fuerte, pasando por las cabalgadas del sargento Tyree (Ben Johnson) y qué bien rodaba Ford las galopadas por la pradera o el desierto.


Mi opinión es que para disfrutar de este film y no sentirse defraudado en las expectativas, como le ocurre a más gente de la que pudiera parecer, hay que verla sabiendo con qué ojos mirar. No es un western de acción, al menos no especialmente, ya que esta se reduce a momentos muy concretos y casi anecdóticos. Por encima de otras consideraciones, la película se centra en el personaje protagonista y el momento que vive. Un hombre entregado al ejército, que es toda su vida y del que se despide, sabiendo que va entrar en una etapa de su vida que va a estar vacía, porque el hueco que deja la vida militar, no lo va a llenar con nada, de ahí su melancolía y esa tristeza que esconde bajo la capa de su voz y sus gestos enérgicos.
Y, al tiempo que esto, Ford también nos muestra algo que ha hecho en otros films, la vida cotidiana en el fuerte, esa gran familia en la que, como en todas, hay sus más y sus menos, pero al final, por encima de desavenencias, impera el espíritu de camaradería, interesado, si se quiere, porque cada cual sabe que su vida depende de quienes están con él. La virtud de Ford es que todo esto lo cuenta con sencillez y como si tal cosa, como si fuera fácil hacerlo y, créanme, es muy difícil, al menos hacerlo bien.




4 comentarios:

  1. Western intimista (sí, eso es posible) como solo Ford sabía realizarlo. Lo mejor: cuando no sucede nada en especial, cuando, por ejemplo, solo se recuerda a los muertos. Otra obra maestra.

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  2. Hubiera quedado mejor traducir literalmente el titulo original.

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    1. Supongo que pensaron que lo del lazo amarillo no se entendería aquí y en aquella época, sin redes sociales como las de ahora, hubiera resultado complicado explicárselo a todos los potenciales espectadores.

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