Una pareja de jóvenes japoneses, una viuda italiana que ha llegado desde su país para hacerse cargo del cadáver de su marido y un inmigrante británico que acaba de ser despedido y que, acompañado por un amigo y el hermano de su novia que acaba de abandonarle, se emborracha y se mete en problemas, convergen en esta especie de ciudad de los sueños que, en la película de Jim Jarmusch, es Memphis.
La entrañable pareja japonesa, él un tanto distante y apático y ella que, por momentos, resulta cautivadora, realizan su particular peregrinación paras visitar Graceland y el mítico Sun Studio.
Luisa (Nicoletta Braschi), que ha llegado a la ciudad desde Roma para llevarse el cadáver de su difunto marido a Italia, está cansada y parece que se deja engañar por cualquier aprovechado pícaro que se le cruza en el camino para que le suelte algo de dinero. Acabará compartiendo habitación con la charlatana Dee-Dee (Elizabeth Bracco), que acaba de abandonar a su novio, Johnny (Joe Strummer), un tipo un tanto inestable que acabará usando el revolver que lleva en el bolsillo y metiendo en problemas a su amigo y al que cree ser su cuñado, hasta que se entera de que en realidad, Johnny y Dee-Dee, no estaban casados.
Todos estos variopintos personajes, acaban convergiendo en el destartalado Arcade Hotel, sin llegar a saber unos de otros.
Como en otras de sus películas, Jarmusch nos acerca a la otra Norteamérica, de hecho, la Menphis que contemplamos es prácticamente una ciudad fantasma, sus edificios modernos e iluminados, los barrios que imaginamos bulliciosos y llenos de vida, apenas los atisbamos allá a lo lejos, al otro lado de las vías del tren, mientras nuestros personajes deambulan por barrios con casas casi desvencijadas, de jardines descuidados, calles sucias, fachadas con desconchones, cines clausurados y carteles y anuncios descoloridos, en la que la propia memoria de Elvis, parece fuera de lugar.
El guionista y realizador estadounidense, parece querer rendir su particular y, por momentos, divertido homenaje a la ciudad que vio nacer a las míticas compañías discográficas que ampararon el nacimiento del rock y el soul, por donde pasaron Carl Perkins, Roy Orbison, Jerry Lee Lewis y tantos otro y, por supuesto, Elvis Presley.
Una curiosa película, entre comedia y homenaje, en la que Jarmusch vuelve a dejar su particular sello a la hora de hacer cine y contar historias de una manera diferente.
























