El joven y arrogante Michel (Martin LaSalle), pasa sus días perfeccionando el arte de robar carteras en las calles, vagones del metro y estaciones de tren de París. A medida que Michel se vuelve más audaz y hábil, también crece su temor de que su suerte esté a punto de agotarse. Pero a pesar de los ruegos de su madre enferma y de la encantadora Jeanne (Marika Green) para que regrese al mundo de la gente honrada, su compulsión por robar lo consume.
El protagonista parece que podría enfocar su vida por otros derroteros, pero se toma lo de robar carteras y relojes como un desafío, como si disfrutara con el peligro que supone ser cazado y la satisfacción que le proporciona sentirse más inteligente y hábil que los demás cuando consigue sus objetivos.
No hay discursos morales, es más, en muchos momentos parece como si estuviéramos asistiendo a un documental en el que se nos muestran las habilidades de estos ladrones de guante blanco, sus métodos y los medios que emplean para tratar de sortear el acecho de la policía o las sospechas del propio atracado.
Escasez y precisión en los diálogos y gran economía de medios y naturalidad y tono neutro en las expresiones de los intérpretes, son los métodos que utiliza Robert Bresson para desarrollar este relato sencillo y fascinante, rodado de manera elegante, con una técnica depurada y en el que lo sugerido tiene tanta importancia como lo mostrado.