domingo, 2 de agosto de 2026

CABALLOS SALVAJES

 


José (Héctor Alterio) es un septuagenario que un día entra en un banco y exige a un empleado que le entregue los 15.344 dólares que, según él, le robaron, con la amenaza de pegarse un tiro allí mismo. El otro le entrega todo el dinero que, sorpresivamente, encuentra en un cajón de la mesa del vicepresidente, un dinero que no figura en la contabilidad del banco. Pedro (Leonardo Sbaraglia), el empleado, sabe que los de seguridad o la policía, disparará al anciano, así que le sirve de escudo humano y huyen en su propio automóvil. Fuera, un reportero de televisión está haciendo una encuesta callejera, testigo presencial de la fuga de los dos individuos, usará la noticia para ascender profesionalmente.


En el camino, la pareja de fugitivos se cruza con Ana (Cecilia Dopazo) que les roba la bolsa, pero al ver el contenido se asusta y se la devuelve, ofreciéndose para despistar a la policía y a unos sicarios pues están buscando a dos y no a tres, involucrándose en un viaje que prevemos no va a resultar demasiado plácido. En tanto, la prensa, al recibir un vídeo de los dos fugitivos los califica como los indomables y envían a Martín (Fernán Mirás), el reportero que fue testigo de la huida, y a su camarógrafo a obtener la primicia mientras García del Campo (Antonio Grimau), institución televisiva, narra y maneja la opinión pública desde su puesto de presentador estrella.


Marcelo Piñeyro aborda en su película la corrupción del sistema y de las instituciones que lo sostienen y de dos tipos que deciden enfrentarse a él. José, el viejo anarquista que lo único que quiere es que el banco le devuelva un dinero que, con artimañas, considera le fue robado 18 años atrás (el destino que quiere dar al dinero, lo conoceremos al final de la película) y Pedro (Peter el yuppie), cuyos sentimientos de nobleza e idealismo, que ya estaban ahí ocultos, salen a la superficie y decide no permitir el suicidio de alguien a quien no conoce, algo que sacudirá su propia vida, teniendo que dejar de lado la comodidad en que vive instalado. 
El film cuestiona también a los medios de comunicación, que en su afán de conseguir noticias, cuanto más llamativas mejor, las trastocan en un espectáculo de masas y no interesa la verdad sino cuánto tiempo se pueda exprimir el asunto y subir los rankings. Mientras los dueños del dinero, que procede del blanqueo, han enviado matones para darles una lección a José y a Pedro, la gente del pueblo los considera héroes y mediante cadenas clandestinas se solidarizan y ayudan al particular trío para que puedan llegar a completar su huida. 
Es cierto que la historia no resulta demasiado verosímil que digamos, pero Piñeyro lo que quiere es poner sobre el celuloide la idea que expone José al principio del film: "Se puede hacer algo para estar completamente vivo antes de estar definitivamente muerto", y los dos jóvenes, se contagian de una vitalidad que nunca antes han sentido, para emprender este viaje que es la pura esencia del idealismo en un mundo perverso y cínico.
La banda sonora incluye varios temas de Andrés Calamaro.




sábado, 1 de agosto de 2026

TIEMPO DE REVANCHA

 


Pedro Bengoa (Federico Luppi) es un ex activista sindical que previa “limpieza” de su pasado consigue trabajo como dinamitero en unas minas de granito en el sur de Argentina, explotadas por la multinacional Tulsaco. En este nuevo destino se reencuentra con un compañero del pasado que le propone simular un accidente y hacerse pasar por mudo para demandar a la empresa y exigir una indemnización. Accidentalmente, en la explosión en que debía simular quedar afectado, Bruno di Toro (Ulises Dumont) muere y será Pedro quien ocupe su lugar en el plan llevando la demanda contra la multinacional hasta las últimas consecuencias.


El propio director y guionista del film, el argentino Adolfo Aristarain, comentó en una entrevista que siempre se había dicho que la película era una alegoría de lo que estaba pasando con la dictadura, pero él mantenía que no, que lo que hacía era seguir a los personajes y meterse en su piel, otra cosa es que funcionase como alegoría. 
Lo cierto es que ya desde la frase que figura en el propio cartel del film ("Un hombre honesto es hoy, algo muy peligroso"), la película supuso un desafío para la censura y muchos aún no se explican cómo dejaron que se estrenara. El caso es que se estrenó y obtuvo muy buenas críticas y muchos premios en los siete festivales internacionales en los que fue exhibida.


Más allá de estas alegorías acerca de los presos políticos y los desaparecidos o de la persecución empresarial y sindical de la época, el film lanza un mensaje, si se quiere más universal, una crítica sobre el capitalismo despiadado y sus métodos. La Tulsaco ha cometido un fraude de esos de aúpa, en la mina no hay cobre, como ellos dijeron, solo granito, pero compraron a algún geólogo que hizo un informe a medida y el cebo del cobre permite a la corporación obtener elevados créditos bancarios, mientras tanto en la cantera mueren obreros porque no se cumplen las medias de seguridad mínimas y a la empresa no le interesará ir a juicio para que no se destapen los chanchullos, así que Bengoa decide tomarse venganza y extorsionarles.
Hasta aquí la historia resulta de lo más interesante, pero Aristarain se guarda un as en la manga y en la última media hora, aquello da un giro de esos que echan al espectador hacia adelante en su asiento. Bengoa, un viejo luchador que ha claudicado, de repente reflexiona, en parte por los reproches de su padre, que poco antes de morir le ha echado en cara que se haya plegado a los intereses empresariales, pero también por la mala conciencia por la muerte de su amigo y porque quiere vengarse de verdad del despiadado consorcio empresarial y toma una decisión que va más allá de toda lógica y pondrá en peligro toda su existencia y la de algunos otros.
Hasta entonces la lucha ha sido entre dos timadores, a partir de ahí, los conceptos morales entran en juego.