sábado, 13 de febrero de 2021

CORPUS CHRISTI

 


Daniel (Bartosz Bielenia), de 20 años de edad, experimenta una transformación espiritual mientras permanece recluído en un centro de detención juvenil. Su genuína pasión por la palabra de Dios, hace que el sacerdote del centro lo elija para ayudarle en el oficio religioso. Daniel quiere ser sacerdote, pero esto es imposible debido a sus antecedentes penales. Ante el peligro que la llegada de un nuevo interno puede suponer para Daniel, el capellán se asegura de que lo envíen a trabajar a un taller de carpintería en una pequeña localidad, a su llegada se hace pasar por sacerdote y se hace cargo accidentalmente de la parroquia local. La llegada del joven y carismático predicador es una oportunidad para que la comunidad local comience el proceso de sanación tras una tragedia ocurrida en esa pequeña población.


El cura, que ni siquiera es cura, se ve libre de las ataduras que supone estar sujeto a la jerarquía eclesiástica y a esa especie de diplomacia que se ven obligados a mantener con la autoridad civil y pone patas arriba todo el status quo del pueblo. Todo esto en un país como Polonia, donde la Iglesia católica es todo un referente, no olvidemos que el movimiento iniciado en los astilleros de Gdansk, auspiciado por un sindicato de fuertes raíces católicas, fue el comienzo del fin de la URSS. 
Daniel llega a un pueblo herido, en el que un trágico suceso ha supuesto que afloren los odios y no se para en barras para solventar aquel desencuentro aún a costa de saltarse todas las convenciones escritas y no escritas.


En realidad la película va sobre la culpa y la redención, una historia que nos han contado mil veces, pero el hecho diferencial es cómo Jan Komasa y su guionista, Mateusz Pacewicz, nos lo cuentan. Narración que pone sobre la mesa lo que es la religión en sí, una mezcla de odio y amor, de pasión y compasión y con un algo de hipocresía. Un film para pensar que no deja indiferente al espectador, sobre rabia y perdón, que queda claro lo difícil que resulta poner la otra mejilla en determinadas circunstancias.




6 comentarios:

  1. Que tal Trecce!
    Me interesa, queda anotada. Por cierto, nuestra nuera estuvo en dos ocasiones por motivos de trabajo/estudio en Polonia, fueron varios meses, según nos contaba le daba la sensación de que el pais se había quedado anclado en los 70. Al leer lo del sindicato me estaba acordando de Lech Walesa, ya ha llovido...
    Saludos!

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  2. Pues tratar el tema de la iglesia católica en Polonia no debe ser moco de pavo.

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