miércoles, 6 de septiembre de 2017

LA GUERRA DE LOS MUNDOS

Ray Ferrier (Tom Cruise), es un descargador de muelle, divorciado y padre nada modélico. Poco después de que su ex mujer, Mary Ann (Miranda Otto), y su nuevo marido se vayan después de dejar a Robbie (Justin Chatwin), su hijo adolescente, y a su pequeña hija Rachel (Dakota Fanning) para una de sus contadas visitas, estalla una tremenda e inesperada tormenta eléctrica.
Unos momentos después, en un cruce cerca de la casa, Ray es testigo de un acontecimiento que cambiará su vida y la de los suyos para siempre. Una enorme máquina de tres patas emerge del suelo y antes de que nadie pueda hacer algo, arrasa todo lo que está a su alcance.
Un día como otro cualquiera acaba de convertirse en la fecha más extraordinaria de su vida: el primer ataque alienígena contra la Tierra. Ray corre a por sus hijos para alejarlos del enemigo y se lanza a un viaje que les llevará por un país devastado, atrapados entre la marea humana de refugiados huyendo de un ejército extraterrestre de Trípodes.
Pero por mucho que corran, no hay ningún sitio donde refugiarse, tan sólo la voluntad indomable de Ray para proteger a sus seres amados.


Basada en el clásico de la ciencia ficción del mismo título, del escritor H.G. Wells, es una adaptación que se ajusta con bastante fidelidad al texto de la novela.


Disparidad de criterios entre los espectadores y bastante unanimidad entre los críticos al enjuiciar esta película de Steven Spielberg, desde quien la alaba en general por mantener la tensión durante casi todo el metraje y la calidad técnica del producto, hasta quien considera que estamos ante una de las peores obras del realizador de Cincinnati.
Creo que técnicamente el producto es irreprochable, Spielberg ha alcanzado la maestría y eso es difícilmente discutible, en cuanto a la historia en sí, es cierto que hay partes que pueden resultar menos acertadas, cuanto poco discutibles, como todo el preámbulo en que perfila la figura del protagonista o ese final con regusto edulcorado, tan de Spielberg por otra parte.
Pero eso entra en la opinión de cada espectador, en los gustos particulares de cada uno y ahí es difícil poner de acuerdo al personal.
Pienso que, en general, es un film conseguido, es cierto que no será una de las películas más recordadas del realizador, pero resulta entretenida y encadena bastante bien todos los momentos que mantienen la atención del espectador dando bastante dinamismo a la película.




martes, 5 de septiembre de 2017

EL AVISO

En una gasolinera abierta las 24 horas ocurre una noche un atraco. David, que en esos momentos estaba presente por encargo de su amigo Aarón, resulta gravemente herido y entra en coma. Este último, sintiéndose culpable de la previsible muerte de su amigo, se dedica a investigar el suceso y descubre que, antes de este atraco, hubo en el mismo sitio otros tres, con un muerto en cada uno de ellos. Creyendo que todo esto no es cosa de azar, se encierra en casa para concretar un regla que pueda regir todo lo que está pasando. Sus averiguaciones le llevan a suponer que un niño, Leo, que desde el primer capítulo sufre las bromas y el acoso de sus compañeros, puede ser la víctima del crimen que está seguro se volverá a repetir.
El pueblo es un trasunto de la localidad madrileña de Villanueva de la Cañada, de hecho los lugares que van apareciendo en el libro, cambiados de nombre, se puede seguir con relativa facilidad por quien conozca el lugar.
El aviso, la primera novela del escritor y guionista de televisión, el español Paul Pen, ha tenido una buena acogida por parte de crítica y público. Sin embargo a mi me quedan muchas dudas, me ha parecido una historia original, construida con trabajo y bien documentada, pero no me acaba de convencer, muchas de las cosas están demasiado forzadas.
Metáforas rebuscadas, a veces sin venir a cuento y otras definitivamente fuera de lugar o mal construídas; personajes no del todo creíbles, sobre todo esa madre histérica que hace ir caminando junto al coche que conduce a su hijo, porque sus compañeros le han puesto perdido o que pretende obligarle a que socialice con sus compañeros de clase, sin tener en cuenta las reservas del niño. En fin una serie de incongruencias que hacen que la novela pierda vigor y, por momentos, resulte pesada.



lunes, 4 de septiembre de 2017

EL JARDINERO FIEL

En un remoto lugar al norte de Kenya, aparece brutalmente asesinada Tessa Quayle (Rachel Weisz), activista de los derechos humanos y casada con un diplomático británico. Un médico local que la acompañaba ha huido y todo parece apuntar hacia un crimen pasional, ya que se sospecha que este hombre era amante de la fallecida. Algunos miembros del Alto Comisionado Británico están convencidos de que el viudo de Tessa, el apacible y poco ambicioso Justin Quayle (Ralph Fiennes) dejará el asunto en sus manos, pero están muy equivocados. El equilibrio emocional del diplomático ha basculado al perder a la mujer a la que tanto amaba. Eran dos seres opuestos que se atraían mutuamente y disfrutaban de un feliz matrimonio. Los recuerdos de esa unión empujan a Justin a tomar una decisión por primera vez en su vida personal y profesional. Perseguido por los remordimientos y herido por los rumores de las supuestas infidelidades de su esposa, Justin se sorprende a sí mismo lanzándose a una peligrosa odisea y decidido a limpiar el buen nombre de su mujer y concluír lo que ella comenzó. Para conseguirlo, debe aprender a marchas forzadas cómo funciona la industria farmacéutica, ya que Tessa estaba a punto de descubrir un escándalo, y viajará por dos continentes en busca de la verdad. No tardará en darse cuenta de la existencia de una conspiración, que se ha cobrado la vida de inocentes y pondrá la suya en peligro.


El guión se basa en una novela del conocido escritor John Le Carré.


Estupendas actuaciones, un guión sólido y una historia interesante y bien contada son las bases sobre las que se asienta el film que obtuvo parabienes de crítica y público. Una parte de la historia está contada por medio de flashbacks, ya que la protagonista femenina muere a poco de comenzar el film. Un ejercicio difícil en el que se trata de eludir contar demasiado para que se mantenga el suspense por lo que ocurrió de verdad, pero al tiempo desvelar lo suficiente para que la narración pueda ir avanzado.
Esta es la historia de un amor entre dos personas bien distintas, ella una activista proderechos humanos inquieta y sin pelos en la lengua, de esas que puede sacar de sus casillas a propios y extraños, a unos porque parece incansable y eso acaba agotando a quienes están a su lado y a los otros porque son incómodas las personas que te cantan las verdades y encima razonan sus críticas con argumentos demoledores. Él, un hombre tranquilo, sin aparentes ambiciones y con una única pasión que cuadra con su manera de ser sosegada y casi anodina: las plantas.
¿Por qué dos personas así se atraen y son aparentemente felices? Seguramente es eso de que los polos opuestos se atraen, él profesa una cierta admiración por una persona tan vehemente y apasionada por sus ideas y principios; ella encuentra seguridad, estabilidad y reposo en su modo de ser apacible. Justin descubrirá la verdadera dimensión del amor de su esposa, precisamente cuando ella ya no está, a través de la huella que ha dejado y de los descubrimientos que va haciendo que le revelan a esa mujer valiente y comprometida que ya intuía.
Magnífica mezcla de relato romántico original y fuera de los estereotipos del género y thriller político que podría haberse centrado en la denuncia del narcotráfico, del petróleo, de la venta de armas, o de cualquiera de los mercados en los que occidente explota al mundo en desarrollo. Lo hace con una crítica demoledora a la industria farmacéutica, pendiente de los dividendos y a cuyos accionistas, la salud del prójimo les importa un bledo si no obtienen beneficios. Su disculpa de siempre para justificar el precio de los medicamentos es la inversión en I+D, algo que aquí se pone en tela de juicio, porque nunca hablan de las imponentes campañas promocionales, los sobornos y de esos inmensos beneficios, de los que no interesa hablar.


Y junto a ello, el retrato de una tierra maltratada, con una esperanza de vida que no llega a la mitad de la de los países desarrollados, sumida en la pobreza y la desesperanza a merced de gobernantes corruptos y multinacionales crueles. La crítica se extiende, por supuesto, a los países occidentales, en este caso Gran Bretaña, sobre todo, pero podría ser cualquier otro, y a sus llamadas diplomacias que, en la actualidad son, sobre todo, agencias en busca de contratos ventajosos y de mantener sus áreas de influencia económica por medios no siempre transparentes.
Con todo lo que se quiera tacharla de comercial, el aldabonazo a las conciencias queda ahí.
Estupenda película, bien narrada y que le queda a uno ese poso de que todos y cada uno somos culpables de lo que ocurre en el tercer mundo, en la medida en que nos subimos al carro de nuestro mundo lleno de comodidades. Como dijo el director del film, Fernando Meirelles refiriéndose a Kenia, país en el que transcurre la acción y en el que se rodó gran parte del film: Cuando un británico dice que un país es pobre, eso es una cosa, pero cuando un brasileño como yo lo dice, bueno, eso es otra cosa ... ¿Y qué de su futuro ?, cuando pienso que uno de cada seis kenianos es VIH positivo y no sólo el VIH, la hepatitis, la tuberculosis y todo tipo de enfermedades en todo África ... es aterrador, es difícil tener esperanza para el futuro y, sin embargo, debemos hacerlo.




viernes, 1 de septiembre de 2017

EL AÑO QUE TRAFIQUÉ CON MUJERES

Inspirada en el libro con el mismo título de Antonio Salas, cuenta como Antonio (Nancho Novo), periodista conocido por sus reportajes de actualidad y de denuncia social, movido por aspiraciones profesionales se infiltra en los ámbitos de la prostitución de lujo en los que menudean famosillas y personajes mediáticos. Para conseguirlo cuenta con la ayuda de una presentadora de televisión, Noelia (Raquel Meroño), con la que tuvo una relación sentimental ya hace tiempo, y con Juan (Antonio Dechent), un ex policía amigo suyo que ahora es responsable de una agencia de seguridad. El amigo, que cree que Salas se está traicionando con este reportaje, le lleva a un club de alterne para que vea de cerca otra cara de la prostitución mucho más denunciable; un mundo en el que mujeres que han sido reclutadas con engaños en su país de origen, son prostituidas, y explotadas, y que sufren todo tipo de vejaciones y malos tratos. Las reflexiones de su amigo hacen dudar a Antonio y decide compaginar el reportaje que ya está haciendo con una aproximación a este mundo de mafias, extorsiones y chantajes. Pero poco a poco, la conciencia de lo que está descubriendo y la atracción que siente hacia una de las prostitutas, Susy (Jennifer Rope), le hacen entregarse cada vez con más firmeza a este submundo, sin ser muy consciente que se está metiendo en la boca del lobo y que su vida y la de todos los que le ayudan corren auténtico peligro de muerte.


Ya en Diario de Skin, la anterior película basada en un libro de Antonio Salas, había quedado apuntado el asunto de la trata de blancas, que retoma esta nueva entrega producida por Antena 3 TV y destinada a su exhibición por televisión y DVD.
La historia comienza centrada en el ambiente de la llamada prostitución de alto standing que ejercen algunas famosillas, actrices, presentadoras y azafatas de TV y otras mujeres cercanas a este mundo y del que son víctimas/clientes personajes del mundo de la farándula, toreros, futbolistas y nuevos ricos, sobre todo, a los que en ocasiones graban y posteriormente extorsionan o simplemente sirven para medro profesional de las implicadas.
De ahí va derivando a la prostitución que podríamos llamar clásica, ejercida en locales de alterne por mujeres casi siempre extranjeras, hispanas, de los países del este Europa y del África Subsahariana primordialmente, traídas a España mediante engaño, con promesas de trabajo a cambio de fuertes sumas de dinero que ellas no tienen y que irán pagando con su trabajo que las sume en la esclavitud.
El film es bastante flojo, pero nos da una idea de las ramificaciones que tiene este submundo en el que las mafias dominan un tinglado que mueve mucho dinero y en el que están implicadas personas de todo tipo al servicio de personajes sin escrúpulos para quienes la vida o la muerte no tiene más valor que el dinero.
Es cierto que se queda a medio camino en muchas cosas, que el relato no profundiza demasiado y que técnica y artísticamente deja bastante que desear, pero como denuncia de los manejos a los que se ven sometidas las chicas que caen en las redes de estas mafias, no deja de tener un alto valor testimonial.





jueves, 31 de agosto de 2017

LA CONVERSACIÓN

Harry Caul (Gene Hackman) es un devoto católico y gran amante de la música de jazz que toca con su saxofón mientras escucha sus discos de jazz. Profesionalmente, Harry es un experto en vigilancia electrónica y desde San Francisco, donde tiene su sede, opera su propia empresa de vigilancia. Reconocido dentro de la profesión como el mejor, él y su gente diseñan y construyen sus propios equipos de vigilancia. Harry es una persona extremadamente celosa de su privacidad y muy solitario en su vida personal y profesional, lo que molesta especialmente a Stan (John Cazale), su socio de negocios, que a menudo se siente excluido de lo que está sucediendo con su trabajo. Esta privacidad, que incluye no permitir que nadie entre en su apartamento y llamar siempre a sus clientes desde teléfonos públicos, en parte, tiene como objetivo controlar lo que sucede a su alrededor. El trabajo más reciente de Harry y Stan (bastante complicado por otra parte) es registrar la conversación privada de una joven pareja en medio del gentío ruidoso que puebla Union Square. El acuerdo con su cliente, que se da a conocer únicamente como "el director", es proporcionar la grabación de audio de la conversación.
Sin embargo, cuando Harry da por finalizado su trabajo, advierte que algo extraño se oculta tras la banalidad del caso, ya que su cliente se niega a identificarse, utilizando siempre intermediarios.


El proyecto de este film estaba en la mente de Coppola desde la década anterior (el film es de 1974), pero no encontraba financiación, hasta que el inusitado éxito de El Padrino, le permitió embarcarse de lleno en el mismo. Algo que, no obstante no impidió que acabasen un tanto justos de dinero. Entre eso y que Coppola estaba ya metido de lleno en la 2ª parte de la adaptación de la novela de Mario Puzo, hubieron de echar mano de ingenio para poder llevar a término la película.
Entre los recursos a los que acudieron está el repetir tomas anteriores en las que se ven las imágenes del principio y se escucha la grabación que efectuaron. Otras veces, solo se ve a Hackman escuchando las voces en su cabeza.


Lejos de quedar mal, merced a un espléndido trabajo de montaje obra de Walter Murch, esas voces recurrentes, ese escuchar casi machaconamente fragmentos de lo que la pareja espiada dice, va involucrando al espectador en la duda que siente el protagonista y metiéndonos de lleno en una especie de claustrofobia agobiante.
La voz dulce de Ann (Cindy Williams), sobre todo cuando repara en el mendigo que dormita en el banco de la plaza y se apiada de él, al principio nos hace empatizar con ella, pero las sucesivas repeticiones de su reflexión, nos llevan a pensar si tras el personaje de voz aniñada no habrá algo que se nos oculta.
El espectador se va dejando llevar cada vez más por el sonido y las imágenes pasan a ser un acompañamiento, justo al contrario de lo que ocurre habitualmente en las películas.
El film contiene una reflexión profunda, que al principio no se nos hace evidente, sobre la moralidad de ciertos trabajos y no me refiero a las profesiones en sí, sino a determinados trabajos puntuales dentro de esa profesión. Hay gente que ejerce trabajos absolutamente honorables que un determinado momento, se ve impelida a hacer cosas cuando menos dudosas por órdenes superiores, problemas familiares o económicos, por miedo a perder su trabajo, por querer brillar y tal vez lograr un ascenso u obtener prestigio profesional, o simplemente porque no es consciente de lo que aquello conlleva, hasta que pone nombre y apellidos, rostro y voz a quien queda atrapado por su acción. Habrá quien ni siquiera sienta el más mínimo resquemor, otros que pensarán que ellos no tienen la culpa, sino quienes les han encargado u obligado a hacerlo y otros, por fin, a quienes su conciencia les hará reflexionar y, cuando menos, desasosegarlos y hacerles perder el sueño.


Brillante interpretación de Gene Hackman en un film que cuenta con la presencia de John Cazale (El inolvidable Fredo de El Padrino) y un, entonces, casi desconocido Harrison Ford.
Entre el éxito fulgurante de la 1ª y 2ª parte del El Padrino, Coppola se saca de la manga esta pequeña joya con la que compitió contra sí mismo en los Oscar y con la que se llevó la Palma de Oro en Cannes. Ahí es nada.




miércoles, 30 de agosto de 2017

DIARIO DE UN SKIN

Antonio Salas (Tristán Ulloa), es un periodista que, tras perder a su compañero de trabajo Víctor (Frank Spano) a manos de un grupo de neonazis, decide hacerse pasar por uno de ellos para encontrar a los culpables y llevarlos ante la justicia.
Además de un compañero y amigo, Víctor era también el hermano de su novia Mónica (Juana Acosta), lo que provoca que la implicación de Antonio en su búsqueda sea mayor en todo momento. Primero intenta introducirse en el universo de los cabezas rapadas a través de chats de internet, lo que no le resulta nada fácil a pesar de su habilidad para escribir. Pero para enfrentarse cara a cara con los verdugos de Víctor, Antonio se verá obligado a moldear su aspecto y su forma de expresarse de una manera más radical. Horrorizada, Mónica es testigo de los intentos de su novio por convertirse en un monstruo que pasaría desapercibido entre los asesinos que acabaron con su hermano.
Antonio deberá debatirse entre el odio y el asco que le producen sus nuevos compañeros de viaje y la misión que se ha autoimpuesto para tratar de desenmascarar a estas tribus urbanas y lo que se esconde detrás de ellas, que es el verdadero peligro, ya que sus integrantes, muchas veces están manipulados, aprovechándose de los problemas emocionales que padecen muchos de ellos.


Se estrenó en televisión tres años después del final de su rodaje y dos después de su lanzamiento en DVD. Que yo sepa, nunca llegó a las salas comerciales.
El guión se basa en el libro del mismo título de Antonio Salas, pseudónimo detrás del cual se esconde un conocido periodista de investigación.


El principal valor de la película es el testimonio que desmonta los argumentos de algunos sobre lo que significan estos grupos. No son chavales descerebrados que se dedican a destrozar lo que encuentran a su paso, esos, en todo caso, son la punta del iceberg, lo que se ve desde fuera, pero detrás de ellos hay todo un entramado que maneja dinero, contactos y, sobre todo, una ideología basada en el odio a lo diferente y alimentada por gente de sólida formación que nada tiene que ver con los que en las calles montan el numerito y pegan palos. En esta ocasión son grupos de extrema derecha, en otras fueron quienes protagonizaban la kale borroka en las calles del País Vasco, y ahora los grupos islamistas que siembran el terror o los más novedosos radicales que actúan contra el turismo.
En el film observamos la capacidad de penetración en páginas en Internet, locales, publicaciones y grupos musicales. Explica el proceso de reclutamiento y concienciación a través de los atractivos que representan para tantos jóvenes la estética personal, la canalización de las actitudes rebeldes más elementales a través del odio y los mensajes simples, la música, los elementos contraculturales como el exotismo pagano, esotérico y ocultista... y, sobre todo, la consolidación del sentido de pertenencia a una tribu urbana que les protege e intimida a los demás, generando autoestima y un sentido primario de superioridad.
La película en sí, rodada en algunos momentos como si de un documental o de un reportaje televisivo se tratara, tampoco es nada del otro mundo, pero repito que el valor testimonial y de conocimiento y comprensión de cómo son y cómo actúan estos grupos, la hace tremendamente interesante.




martes, 29 de agosto de 2017

LA LIBRERÍA DE LOS FINALES FELICES

Sara Lindqvist, una sueca de 28 años y Amy Harrys, de 65, que reside en un pueblecito de Iowa llamado Broken Wheel, se han estado carteando durante dos años. Este intercambio epistolar venía acompañado de libros que se intercambiaban, pues la pasión por la lectura era el nexo que unía a las dos mujeres, pero además, se han ido contando cosas de sus vidas y sus formas de pensar y de ser, sobre todo en el caso de Amy, que le ha puesto al día de las cosas que ocurren en su pueblo, una localidad venida a menos tras las sucesivas crisis petrolíferas, de modo que Sara, sin haberlos visto nunca, prácticamente conoce a todos los habitantes de Broken Whell.Amy la invita a pasar una temporada en su casa y como Sara no tiene nada mejor que hacer, al haber cerrado la librería en la que trabaja, consigue un visado para pasar unos meses en EE.UU., con la mala suerte de que cuando llega a Ioawa, Amy acaba de fallecer. Sin embargo descubre, no sin sorpresa, que los habitantes de Broken Whell, saben de su llegada, la alojan en la casa de Amy y procuran hacer su vida agradable, porque ese hubiera sido el deseo de la difunta.
La novela nos narra una historia de relaciones peculiares entre los habitantes de esta pequeña localidad, agonizante por la despoblación y su visitante europea, una chica que no tiene habilidades especiales y que sin embargo, impelida por la gratitud hacia quienes la han acogido con una mezcla de recelo y ternura, decide devolverles algo montando una librería con los muchos libros que Amy tenía en su casa para uso y disfrute de sus convecinos, de modo que parece que la comunidad de Broken Whell, por un lado y la propia Sara, por otro, se despiertan mutuamente del letargo en el que transcurren sus vidas, que toman nuevos bríos. En ambos casos, unos y otra, son conscientes de esa especie de simbiosis que les ha dado nuevas energías.
El libro tiene algo de historia romántica y mucho de homenaje a los libros, es uno de esos textos que tanto nos llama la atención a quienes amamos la lectura porque encontramos en él a personas que obtienen ese mismo placer. En la novela se citan unos cuantos autores y títulos, mezclando clásicos con libros actuales, desde Jane Austen o las hermanas Brontë, hasta los más modernos como Stieg Larsson, el autor de la saga Millenium o Helen Fielding y su clásico de la literatura chick lit, El diario de Bridget Jones.
Una historia sencilla, de tono amable, que se lee bien y que tiene algunos momentos divertidos. Sin grandes sorpresas en su desarrollo, es un relato que destila amor por todos sus costados, lo que a algunos les puede resultar un tanto pasteloso, aunque esas continuas referencias literarias, quizá sean lo mejor del libro, al menos para quienes estamos un poco chiflados por los libros.