jueves, 2 de enero de 2014

LORD JIM

Jim es un joven que sueña con alguna aventura heroica en sus viajes por mar, sin embargo, la primera vez que se ve envuelto en una situación difícil, cuando viajando a bordo del Patma, un barco que transporta peregrinos que van a la Meca, la nave zozobra, su reacción no es precisamente de lo más heroico, aunque resulte comprensible. Las consecuencias son nefastas y marcarán de por vida a Jim, que se ve perseguido por la fama negativa del suceso. Como quiera que la licencia para ejercer de oficial le ha sido retirada, se dedica a labores comerciales relacionadas con el tráfico marítimo, pero siempre acaba huyendo de los trabajos que consigue, hasta que a través de un conocido, que es el narrador del relato, un tal Marlow (personaje recurrente de Conrad), consigue un trabajo como encargado de una lejana factoria en Patusán, donde los nativos se encuentran enfrentados entre sí, Jim consigue vencer a los opositores al viejo cacique Doramin, lo que le traerá el reconocimiento y que su figura sea tratada casi con reverencia por los indígenas. Sin embargo, un acontecimiento inesperado, vendrá a romper la paz y la estabilidad que parecía haber alcanzado la existencia de Jim.
Bajo la aparicencia de una novela de aventuras, Conrad nos ofrece un relato de estructura original, difícil por momentos, en el que hay mucho más que un simple relato de aventuras, y por medio de su prosa densa pero fluída, el autor parece insinuar más que decir. A través de la historia de Jim, Conrad reflexiona sobre la misma naturaleza humana, de la que tiene una opinión bastante pesimista. En la resolución del drama, Jim encontrará por fin su redención, pero carente de triunfo y de gloria.
La sensación que produce es que Conrad, si no se desentiende, al menos no da demasiada importancia a la trama en sí misma y lo que le preocupa es lo que ofrecen los personajes y su entorno, con cortes y traslaciones temporales a lo largo del relato que hacen que a uno le pueda dar la sensación, en algunos pasajes, de haber perdido el hilo, hasta que más adelante nos damos cuenta de que no son sino recursos del original planteamiento del escritor.
Con su expresiva prosa y algunas descripciones muy conseguidas, Conrad nos acaba trasmitiendo el mensaje, si no de la ausencia de una verdad objetiva, al menos sí de la dificultad que supone encontrar dicha verdad.
 
 
 

miércoles, 1 de enero de 2014

1492. LA CONQUISTA DEL PARAÍSO

Cristóbal Colón (Gérard Depardieu), un marino genovés llegado a Castilla tras no haber encontrado eco en Portugal su proyecto de abrir una nueva ruta hacia las indias, pretende que la corona de sus católicas majestades sufrague los gastos de la empresa. Gracias a la intermediación del padre Marchena (Fernando Rey), un franciscano del convento de La Rábida, logra superar el escollo que produce su desconocido pasado y consigue que finalmente la reina Isabel (Sigourney Weaver) haga suyo el proyecto, en el que colaboran de manera decisiva el armador Martín Alonso Pinzón (Tchéky Karyo) y el banquero valenciano Luis de Santángel (Frank Langella).
El 3 agosto de 1492, las tres naves de que consta la expedición, parten del puerto de Palos hacia un destino incierto, pues Colón confiesa al padre Marchena que ha mentido en sus cálculos y que piensa que el viaje durará más de lo que ha dado a entender. Tras una travesía en la que la tripulación, ante la tardanza en avistar tierra, amenaza con amotinarse, el 12 de octubre del ese mismo año, llegan a unas costas desconocidas que Colón bautiza como San Salvador, donde entablan encuentro con la población nativa. Es el comienzo de la colonización de un nuevo mundo.

 
La película, desde mi punto de vista, tiene dos vertientes que se contraponen, en lo que a resultados se refiere. Por un lado como film histórico, es bastante endeble, por ser suave, es cierto que Ridley Scott pretende centrarse sobre todo en la figura del almirante, en su persona, en el hombre, con sus grandezas, pero también con sus desdichas y miserias, pero en buena parte se inventa al personaje, confunde (o mezcla, vete a saber) el segundo y el tercer viaje de Colón; se inventa también al personaje de Mújica (Michael Wincott), que aunque existió, no era ese tipo vestido de gótico, con espuelas de vaquero texano y malo, malísimo que nos presenta, como tampoco Colón era el defensor de los taínos, los indios que enfrentados a los caribe poblaban el territorio al que arribó D. Cristóbal.
Y qué decir de la que monta alrededor de la ciudad de La Isabela, antes del tifón que todo lo arrasa, nos la presenta como el primer resort spa de lujo en el Caribe, con una catedral y todo, grandiosa y digna de la época de esplendor de la arquitectura colonial, con una campana que con lo que pesa, no sé cómo no hundió la torre de la iglesia. En fin, todo muy retórico.

 
Otra cosa es el aspecto púramente cinematográfico, en el que Scott demuestra su arte, con algunas secuencias de gran nivel artístico y estéticamente deliciosas, una fotografía que juega con las luces de manera soberbia, presentando muchas estampas que son, por sí mismas, auténticas obras de arte.
Los actores, bien en general, dentro de los cauces, a veces ridículos, que les marca el guión, aunque haya escenas, como en la que Colón se dedica a destrozar lo que encuentra a su paso en el scriptorium de los monjes, que son un poco sonrojantes. Sigourney Weaver, pues presenciando las cosas desde las alturas, las suyas, que no vamos a descubrir ahora.

 
Después está la música de Vangelis, lo mejor de la película, sin duda, otro portento que se marca el maestro griego y que se ha convertido en un clásico de la música de cine, maravillosa.
Película hecha en el año del V Centenario, en la que además de que la historia real ha sido acomodada sin ninguna cortapisa, deberían haberle metido la tijera para aligerar el metraje, pues se hace un poquito pesada.

 
 
 

martes, 31 de diciembre de 2013

EMPRENDEDORES

Creo que la palabra emprendedor, presente en cada rincón de nuestras vidas en los últimos tiempos, es uno de esos términos devaluados de los que se ha hecho un uso no siempre adecuado, pretendiendo definir lo que no es.
Emprendedor debe ser otra cosa que aquello que siempre ha existido y que antes, en román paladino, llamábamos "ponerse por su cuenta", y más recientemente, "ser autónomo".
El caso es que desde todos los ámbitos, tanto públicos como privados, se nos ha llenado la cabeza de ese término: Emprendedor. Como si fuera la panacea para salir de la situación de estancamiento, cuando no de retroceso claro en la que está inmersa nuestra economía. Pero, al parecer, no es oro todo lo que reluce, para algunos, esta es la política de los pobres y otros argumentan si no es sospechoso que tantos consultores, asesores y demás, aconsejen emprender y arriesgar en determinados nichos de mercado (así los llaman), pero ellos no lo hacen, es como la vidente que te aconseja comprar un número de lotería, pero ella no lo lleva.
Se acusa a los jóvenes españoles de que la aspiración de muchos de ellos es ser funcionarios. Bueno, dicho así..., pero es que lo que desean, en realidad, es tener un trabajo y por ende, un futuro, medianamente estable en épocas de absoluta precariedad. Eso creo que es bastante lógico. Claro que si lo piensa un joven, parece que eso va contra el espíritu de rebeldía típico de la juventud y "es malo", pero si las eléctricas van a la subasta de la energía y acuerdan subir un 11% la tarifa de la luz, argumentando que el mercado teme la inestabilidad, eso "es bueno" (el argumento, digo). En qué quedamos, ¿por qué es lógico que los mercados demanden estabilidad y confianza, pero no lo es que los jóvenes (y los que no lo somos) también aspiremos a ello?
Para acabar de descolocarnos, una reciente estadística (creo que de abril de 2013), publicada por el Instituto de Estudios Económicos, revela que España está por debajo de la media europea en el porcentaje de autoempleo. En la U.E. el porcentaje es del 15,6%, mientras que España se queda en un 13,1%. Pero lo curioso de la estadística es comprobar qué paises están muy por encima de la media, por ejemplo: Grecia y Rumania, que se sitúan por encima del 34% o Bulgaria, que registra un 27,3%. Y quién está por debajo de esa media, atentos: Alemania (11%) y Francia (9%); y ya, muy por debajo, nada menos que Dinamarca (6,1%) y Suecia (5,3%).
Curioso que los países más ricos son los que menos tasa de autoempleados tienen. ¿Será que tienen empresarios que sí crean riqueza?
 
 
 

lunes, 30 de diciembre de 2013

BUGSY

Benjamin "Bugsy" Siegel (Warren Beatty) es uno de los capos de la mafa neoyorkina, junto con sus socios Charlie "Lucky" Luciano (Bill Graham) y Meyer Lansky (Ben Kingsley). Siegel es enviado a Los Ángeles para negociar un acuerdo con otro mafioso, Jack Dragna (Richard C. Sarafian) que no está interesado en la oferta de Siegel y mucho menos en que sus socios entren en el negocio y aunque, al final, ante una bravuconada de Siegel, parecen ceder, la puerta queda abierta para deshacerse del neoyorkino.
Su acompañante en Los Ángeles es un viejo amigo, el actor George Raft (Joe Mantegna), que le pasea por Hollywood y Beverly Hills, y le lleva al estudio donde está grabando una película, allí conoce a una aspirante a actriz, Virginia Hill (Annette Bening), se encapricha de ella y vivirán un romance de los de alto voltaje, con graves disputas incluídas, debido al pasado de ella que ha tenido multitud de amantes, pero siempre acaban retomando la tórrida relación. Virginia insiste en que para seguir con ella, Bugsy debe divorciarse de su actual esposa Esta (Wendy Phillips), algo que acabará sucediendo.
Durante una visita para controlar un pequeño negocio, Bugsy tiene una especie de revelación en pleno desierto, pretende construír un gran casino allí, en mitad de la nada, quiere que todo sea legal, ya que en Nevada el juego lo es y está seguro de que aquello puede reportar grandes beneficios. A partir de ese instante se convierte en su obsesión y, aunque se han reído de él, cuenta con el beneplácito de otros jefes mafiosos, si bien todo se complica, cuando el millón de dólares que les ha pedido se dispara hasta convertirse en seis.


El 22 de diciembre de 1946 se celebró un importante encuentro mafioso en el Hotel Nacional de la Habana. A esa cumbre asistieron las más altas personalidades del crimen organizado. Lucky Luciano, Frank Costello, Tommy Lucchese, Joe Profaci, Vito Genovese, Joe Bonanno, Albert Anastasia, Willie Moretti, Joe Adonis, Tony Accardo, Santo Trafficante, Carlos Marcello, Longy Zwillman o Meyer Lansky fueron algunos de ellos. Se habían reunido para tratar tres cuestiones de máxima relevancia: el nombramiento de Charles Lucky Luciano como Capo di tutti Capi, la delicada situación en la que se había colocado Benjamín Bugsy Siegel y la devolución del dinero que su amante, Virginia Hill, le había robado al Sindicato.


Tres años antes, Benjamín Bugsy Siegel había tenido una idea realmente asombrosa, construir un hotel-casino en un desértico y poco frecuentado cruce de carreteras en el estado de Nevada. Para llevar a cabo su magno proyecto, Siegel acudió a su amigo Meyer Lansky, quien intercedió por él ante Lucky Luciano, que cumplía condena en la prisión de Great Medows. En aquel encuentro se aprobó la construcción del Hotel Flamingo, con un presupuesto inicial de un millón de dólares. La apuesta del Sindicato era importante y arriesgada, pero el negocio que se abría ante sus ojos parecía seguro.
Sin embargo, en diciembre de 1946, la situación de Bugsy Siegel era muy delicada. Las obras del Flamingo aún no habían finalizado y el presupuesto del futuro templo del juego había ascendido a seis millones de dólares. Bugsy comenzó a recibir presiones. 
Meyer Lansky descubrió que la amante y consejera de Siegel, Virginia Hill, quien hacía las funciones de decoradora y vicepresidenta del hotel, había estado desviando importantes sumas del dinero destinado al Flamingo a una cuenta secreta en un banco de Suiza, a la vez que se compraba una importante propiedad en Lucerna, cerca de Zúrich. Lo que no había conseguido descubrir Lansky es si  Bugsy tenía conocimiento de la estafa, o si, por el contrario, también él era una víctima de la ambición de su amante.
No obstante, Bugsy Siegel aún tendría una última oportunidad. Aunque su cabeza pendía de un hilo, la Comisión decidió esperar a ver qué ocurría con el Flamingo. La propuesta vino por parte de Tony Accardo, el Padrino de la familia de Chicago. Cabía la posibilidad de que Siegel sólo fuera un estúpido enamorado que se había dejado engañar por su amante. Si la apertura del Hotel-Casino ideado por Bugsy era un éxito sin precedentes como todo parecía indicar, su promotor tendría la oportunidad de devolver con intereses los fondos perdidos. Merecía la pena esperar a ver cómo se desarrollaban los acontecimientos.
Presionado por el Sindicato, Siegel decidió inaugurar su Hotel por todo lo alto el 26 de diciembre de ese mismo año, pero tampoco en esta ocasión tuvo suerte. Las circunstancias jugaron en su contra. Para ello había contratado los servicios de un numeroso elenco de estrellas que amenizaran la velada de los asistentes, entre los que se encontraban el actor George Raft, el músico Xavier Cugat y el showman George Ressel, que haría las veces de maestro de ceremonias. Sin embargo, una fuerte lluvia asoló aquella noche Las Vegas y ninguna de las estrellas se presentó al acto. Sólo veinte personas cruzaron las puertas del mayor templo del lujo de todo el estado de Nevada.
Tras este fracaso, Meyer Lansky le expuso en crudo la realidad a su amigo. Si no se aclaraba rápidamente la cuestión del dinero perdido, su situación se vería muy comprometida ante la Comisión. Consciente del peligro en que se hallaba, Bugsy le pidió a Lansky un poco más de tiempo, al menos unos meses para obtener beneficios. Como estos no llegaron, Lucky Luciano y Tony Accardo decidieron concederle el “contrato” definitivo a Benjamín Siegel. El trabajo le fue encargado a Carmine Galante, quien llegaría con el tiempo a ser jefe de la familia Bonanno.
La noche del 20 de junio de 1947, Benny Siegel se encontraba sentado en un cómodo sofá de la mansión que su amante poseía en North Linden Driven en Beverly Hills, Los Ángeles. En aquel instante estaba hojeando un ejemplar del Times mientras se tomaba un whisky. Sería lo último que hiciera en vida. Una bala disparada por un rifle de calibre 30/30 impactó en su ojo izquierdo provocándole la muerte inmediata. Poco después, cuatro balas más se alojaron en su cuerpo. Moría así quien había sido un miembro histórico de Cosa Nostra que sería recordado, sobre todo, por haber creado, de la nada, la que sería la ciudad de juego por excelencia: Las Vegas.



Esa es la historia que cuenta la película, es cierto que se toma algunas libertades, pero en general, es bastante fiel a lo que fue la realidad, con muchos detalles que están tomados de la propia biografía de Bugsy, como las numerosas amistades que hizo en Hollywood, donde pidió y llegó a conseguir lo que se conoce en el argot como una prueba de pantalla.
En general la peli resulta entretenida por el asunto que trata y por lo trepidante del relato, si bien esto mismo, en ocasiones juega en su contra, pues los diálogos de Beatty, sobre todo en sus disputas con su amante, siguen con ese ritmo acelerado que es como si te quitara el oxígeno.
Algunos buenos papeles secundarios que son todo un alivio cuando la atención recae en ellos, algo que, desgraciadamente, no ocurre con frecuencia.


Barry Levinson consigue un producto desigual, con escenas realmente logradas, incluso muy buenas, que se alternan con largos periodos en los que aquello decae bastante. Ennio Morricone, que firma la música del film, está igualmente gris y no es que pueda presumir con esto de uno de sus mejores trabajos.
Lo mejor, la magnífica ambientación, el trabajo de Annette Bening y el de alguno de los secundarios, como es el caso de Harvey Keitel (pésimamente maquillado) y Ben Kingsley.

 
 
 

sábado, 28 de diciembre de 2013

EL AGENTE SECRETO

Peculiar novela de Joseph Conrad en la que el autor anglo polaco desarrolla un original ejercicio de estilo.
El libro podría haber sido perfectamente un relato de suspense, de espionaje o una novela negra, pero Conrad lo convierte en una narración sobre lo cotidiano, sobre este grupúsculo de anarquistas de salón que se reunen en la vivienda de uno de ellos, Mr. Verloc, para hablar de las miserias del mundo y de cómo cambiarlo en aquella época en la que los anarquistas pasaban a la acción a bombazo limpio.
Mr. Verloc, uno de los personajes centrales de la historia, regenta un negocio en el que vende artículos raros, revistas prohibidas, publicaciones subidas de tono, cuya clientela entra a hurtadillas en el local que ocupa la parte baja de la vivienda y que, al tiempo, es paso obligado para acceder a ella. La policía sabe de las actividades de Verloc, pero tiene órdenes de no inmiscuirse en los negocios del sujeto que es, también, agente secreto al servicio de un país extanjero.
Su Excelencia el Barón Stott-Wartenheim, era el embajador de ese país en Londres y el hombre que había reclutado a Verloc, pero ha sido sustituído y el primer secretario de la embajada ha mandado llamar a Verloc, a una hora que al agente le parece totalmente inapropiada, las once de la mañana, cuando cualquiera le puede ver entrar en la embajada y dar al traste con su oculta ocupación. Este hombre, Mr. Vladimir, no está en absoluto contento con Verloc, considera que no se gana la asignación que recibe y le pide que haga algo para demostrar su valía, pero algo que se salga de los habituales atentados contra políticos, religiosos o edificios administrativos, a los que la opinión pública ya está penosamente acostumbrada, la demencial propuesta del primer secretario a su agente secreto es volar el Observatoria de Greenwich.
La ridícula voladura se producirá, pero lo que vuela no es el meridiano, sino una persona que queda totalmente hecha pedacitos cerca del Observatorio y que era quien transportaba la bomba.
La novela es una especie de puzzle, a medida que avanza el relato, el lector va encajando las piezas que Conrad ha desordenado hábilmente y cuya lectura no producirá ni una sola sonrisa, pero la forma de presentar los hechos penetra en el lector a través de un recurso muy efectivo: la ironía, de la que está impregnado todo el relato que es, más que otra cosa, una novela de costumbres, eso sí de extrañas costumbres.
 
 
 

viernes, 27 de diciembre de 2013

EL MANTO NEGRO

La acción se desarrolla en 1630, en la colonia francesa de Nueva Francia (hoy territorio de Quebec), donde los jesuítas han sido autorizados por el gobernador para remontar el curso del San Lorenzo y enviar a alguno de sus miembros a reforzar la misión establecida en territorio de los Hurones.
El elegido para tal empresa es el padre Laforgue (Lothaire Bluteau), al que acompañará Daniel (Aden Young) un joven francés que domina el lenguaje de los Algonquinos, los nativos que guiarán al padre en su viaje. Al frente de ellos está Chomina (August Schellenberg), el líder del grupo, cuya bella hija Annuka (Sandrine Holt), se enamora de Daniel.
El viaje se irá complicando, primero por la desconfianza de los propios Algonquinos, que creen que el sacerdote está poseído por el demonio, no entienden algunas de sus actitudes y acaban abandonándolo y más adelante, cuando Chomina regresa en su busca, porque son apresados por los Iroqueses que les torturan cruelmente hasta que logran escapar gracias a la valentía y la inteligencia de Annuka que sacrifica su dignidad para liberar a los supervivientes.


Poco conocida película del realizador australiano Bruce Beresford, basada en una novela de Brian Moore, que también redacta el guión del film y que se titula igual que la película (Black Robe, en su versión original).
A pesar de que el realizador había estado nominado al Oscar como mejor director, el film no encontraba financiación y costó nada menos que cuatro años hallarla, en buena parte gracias al éxito de "Paseando a miss Daisy", del mismo director.
El film plantea el choque de dos culturas, la europea y la indígena, independientemente de que en este caso sean franceses y nativos del actual Canadá, podría valer para otros lugares del planeta. Unos no entienden a los otros y viceversa. Los franceses desde su arrogancia de occidentales tratando de salvajes a los nativos y aquellos sin poder comprender por qué el afán de estos otros en querer bautizarles, cuando ellos tienen su propia religión, o en enseñarles cosas de las que no obtienen utilidad alguna en la dura vida del noreste americano. La película no idealiza ninguna de ambas culturas, relata cómo pudo ser aquel desencuentro y lo hace con un realismo casi naturalista, el viaje se convierte en una lección de etnografía, vemos la vida dura y sencilla de los nativos, con detalles que normalmente no se muestran en las películas, a veces ni siquiera en los documentales. Todo ello apoyado en una fotografía exquisita que retrata de maravilla los bellísimos paisajes canadienses.


Hay algunas escenas, cuando son apresados por los Iroqueses, que muestran con extremo realismo, las crueldades a que son sometidos los prisioneros, algo que provocó en su momento las acusaciones de racismo por parte de asociaciones de nativos americanos. Sin embargo, Brian Moore había realizado una amplia investigación sobre el tema y, en realidad había rebajado el tono de la violencia documentada, tanto en el libro como en el guión. Es verdad que la peli no cuenta que los Iroqueses llevaron estas actitudes al extremo desde que los Algonquinos ayudaron a los franceses en sus viajes hacia el norte, en busca de territorios de caza que habían sido tradicionalmente Iroqueses. De lo que sí deja constancia la película es de que estas actitudes eran consideradas como medios indispensables de supervivencia por los nativos, pues pensaban que cualquier gesto de benevolencia con el enemigo podía ser interpretado por este como un signo de debilidad. De hecho, en el epílogo del film, se nos dice que los jesuítas lograron atraer al cristianismo a los Hurones, que siguiendo la doctrina de la Iglesia, dejaron de atacar a sus enemigos, quince años después, el pueblo Hurón había sido masacrado por los Iroqueses, la misión fue cerrada y los jesuítas se volvieron a Quebec.
La película es toda una invitación a la reflexión, tiene muchos momentos realmente logrados y en su conjunto, me ha parecido brillante.




jueves, 26 de diciembre de 2013

CUENTOS DE INQUIETUD

Recopilación de cinco magníficos cuentos donde  Conrad pone de manifiesto los miedos y fantasmas de hombres cuyas conciencias han sido vapuleadas con su actuar movido por las propias pasiones. Personajes atormentados con deseos de venganza, desesperados, cuya única salida será, en algunos casos, la muerte suicida por no saber encauzar el infortunio y, siempre, la huída.
El autor, con un riquísimo lenguaje, muy cuidado y preciso, da paso a descripciones poéticas. Muy bien definidos psicológicamente estos personajes se presentan como poseedores de corazones codiciosos, inmisericordes ante el mal ajeno, traidores de sus propias convicciones ante un beneficio material próximo llegando a renegar de Dios y de todo lo espiritual. Acobardados por el miedo desbordan la imaginación hacia lo nefasto, la desesperación y la muerte. Personajes deseosos de descargar la conciencia del mal cometido.
Como anécdota, señalar que uno de los relatos, Los idiotas, fue escrito en circunstancias extrañas, al parecer, durante los momentos de ocio de su luna de miel, detalle ominoso si tenemos en cuenta el volumen del relato.