Mario (Federico Luppi) y Ana (Cecilia Roth), voluntariamente exiliados de Buenos Aires, viven en un remoto valle argentino con su hijo Ernesto (Gaston Batyi), de 12 años. Mario dirige una escuela y una cooperativa de lana; Ana, una médico, dirige una clínica con Nelda (Leonor Benedetto), una monja progresista. A esta familia idealista llega Hans (José Sacristán), un geólogo español de vuelta de muchas cosas, que inspecciona la tierra para el cacique local, para ver si se puede construir una represa para generar energía hidroeléctrica, lo que obligaría a los campesinos a dejar la tierra y trasladarse a la ciudad.
Mediante un largo flashback que ocupa toda la película, un Ernesto ya adulto, que regresa por un día al valle, rememora su infancia y las circunstancias que han determinado su vida hasta entonces.
La película fue premiada con Concha de Oro del Festival de San Sebastián en 1992 y, en el mismo año, con el Goya a la mejor película extranjera de habla hispana.
Con guion y realización de Adolfo Aristarain, el poder, la corrupción, las clases sociales, la cultura, la amistad o el amor toman presencia en la película que va más allá de los posicionamientos políticos, para convertirse en una entrañable historia llena de emociones y sueños rotos, en la que el amor por la tierra que nos sustenta se nos contagia a través de unos personajes llenos de magnetismo y muy bien interpretados que, de vez en cuando, nos regalan diálogos cargados de intención y poesía.




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