viernes, 7 de agosto de 2026

ÚLTIMOS DÍAS DE LA VÍCTIMA

 


Raúl Mendizábal (Federico Luppi) es un asesino a sueldo que trabaja para clientes anónimos. Cuando recibe el encargo de eliminar a Rodolfo Külpe (Arturo Maly), antes debe investigarlo. A medida que lo vigila, la rutina de seguimiento hace que aparezcan cosas que no encajan, entre otras la aparición de una mujer que era la esposa de su anterior víctima.


Adaptación de la novela del mismo título del argentino José Pablo Feinmann, autor también del guion junto al propio realizador Adolfo Aristarain.


Todo en la película funciona de manera ajustada mientras vamos descubriendo las capas que conforman la personalidad de este hombre que se mueve en el anonimato, implacable y frío en su trabajo, humano en su vida diaria y en las relaciones que la componen. 
Brillante la presentación del personaje en las primera secuencias, en que vemos a Mendizábal deambular por un apartamento lujoso, que luego descubrimos no es su hogar. Se sirve un trago y come un canapé que hay en el frigorífico. Pone música y espera. Al poco tiempo llega Carlos Ravenna (Julio De Grazia), el propietario, involucrado en una cooperativa de construcción de viviendas que está en la quiebra. Mendizábal cumple con su trabajo.
A partir de ahí y del siguiente encargo que recibe, se desarrolla una trama en la que el suspense cobra importancia y en la que vemos desfilar a unos personajes que se nos hacen cercanos, igual que los entornos por los que transcurren sus vidas.
Entretenida, bien construida y mejor interpretada.




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