miércoles, 11 de diciembre de 2019

NIGTHCRAWLER

Lou Bloom (Jake Gyllenhaal) es un ladronzuelo que realiza pequeños hurtos para ir sobreviviendo. Précisamente al regresar de una de esas aventuras nocturnas en la que ha llevado a una chatarrería el material robado (un rollo de valla metálica, hilo de cobre y un par de tapas de alcantarilla), se topa con la escena de un espeluznante accidente automovilístico y los testigos expertos en el llamado "Nightcrawler" (podríamos traducirlo como el merodeo nocturno), entre ellos, Joe Loder (Bill Paxton), que está rodando imágenes de vídeo para un noticiero local. Convencido de que este es un trabajo en el que podría sobresalir, Lou roba una bicicleta en la playa y la cambia en una tienda, por un escáner para rastrear las frecuencias de la policía y una cámara de vídeo barata, y sale a la calle.
En poco tiempo, Lou contrata a un asistente llamado Rick (Riz Ahmed) para que le ayude a recorrer las calles de la ciudad y comienza a vender imágenes a la productora de televisión local Nina Romina (Rene Russo), una de los compradores habituales de Joe.
Lou se revela como un aprendiz rápido, con especial ojo para captar los detalles y sin escrúpulos a la hora de manipular el escenario del suceso para obtener una imagen que cuente una historia. Sin embargo, cuando Lou se adelanta a la policía al llegar al lugar en que ha ocurrido un allanamiento con resultado mortal en un vecindario próspero, sus impactantes imágenes captan la atención de dos detectives de homicidios que sospechan que está ocultando alguna evidencia que podría ser crucial para su investigación. Pero ese mismo vídeo puede ser justo lo que Lou necesita para alcanzar el que podría ser su gran momento.


Basada parcialmente en la carrera de Arthur "Weegee" Fellig, el primer reportero gráfico conocido por llegar rápidamente a las escenas del crimen sintonizando las transmisiones de radio de la policía.
Weegee, cuyo apodo procede de una interpretación fonética de la palabra ouija, era un ucraniano emigrado, junto con su familia, a Nueva York cuando apenas tenía diez años. Se hizo famoso por llegar a la escena de los sucesos (crímenes, incendios u otra emergencia de cualquier tipo), solo minutos después de que las autoridades hubieran recibido notificación del mismo, en ocasiones incluso antes de que llegara la policía.
En 1938, Fellig era el único reportero gráfico de Nueva York que poseía un permiso para llevar consigo una radio portátil de onda corta con la frecuencia de la policía. Tenía instalado un cuarto oscuro en el maletero de su coche para acelerar el proceso de entrega de sus fotografías a los periódicos.
La mayoría de sus fotografías más famosas fueron tomadas con un equipo fotográfico muy básico y con las técnicas de la época. Weegee no recibió formación fotográfica alguna sino que fue siempre un fotógrafo autodidacta.


Muchas reseñas sobre la película hablan de su crítica hacia los métodos de algunos medios de comunicación y su afán por aumentar su share televisivo, ofreciendo carnaza y sangre. Yo creo que la crítica del film va encaminada más bien hacia una especie de círculo vicioso en el que nadie es inocente: Los medios ofrecen vísceras y escándalos, los espectadores que ven esos programas aumentan cuanta más carroña se les ofrece y hay personas encargadas de hacerse con las imágenes y darles vueltas y más vueltas y cada uno de esos tres ingredientes se retroalimenta sin cesar. Como digo, nadie estamos libres, cargamos las tintas contra paparazzis y reporteros, contra los productores, pero nosotros somos el público que, no solo les sigue el juego, sino que demanda más basura.
La película no responde al estereotipo hollywoodense, más bien parece que el presupuesto fue limitado y está hecha con pocos actores y sin grandes despliegues, lo que no evita que haya un par de escenas de persecuciones muy bien rodadas y se nos ofrezca una mirada distinta sobre la ciudad de Los Ángeles fuera de los ambientes que habitualmente se muestran, bastante bien fotografiados, por cierto.
Jake Gyllenhaal, que aparece prácticamente en todas u cada una de las secuencias del film, hace un estupendo trabajo protagonista, metiéndose de lleno en el personaje, con una mirada que, como dice su ayudante, da miedo. Un tipo que no es nadie, pero cuando encuentra el filón de los reportajes aspira a llegar a la cumbre cueste lo que cueste. Un tipo amoral, sin sentimientos y para quien los demás son un medio para lograr su objetivo.
Una mirada crítica sobre la prensa que vive de las miserias humanas y el dolor que provocan, hurgando en la herida sin compasión bajo la disculpa de estar informando, pero también con la complicidad que cada cual les ofrecemos como consumidores del morbo que llena sus programas.




martes, 10 de diciembre de 2019

NAPOLEÓN EN CHAMARTÍN

Después de luchar en la batalla de Bailén, Gabriel regresa a Madrid y se aloja en la casa de don Santiago Fernández (El Gran Capitán) y su mujer doña Gregoria Conejo, donde había estado convaleciendo tras los terribles acontecimientos del 2 de mayo de 1808.
La joven Inés, de la que está completamente enamorado, se encuentra junto a su madre, la condesa Amaranta, si bien a la joven le ocultan el parentesco por riesgo de causar un escándalo en la Corte, de modo que se hace pasar por su prima. Inés no consigue adaptarse a su nueva vida en la Corte y además todos en su familia le hacen creer que Gabriel ha muerto, pues quieren que se olvide de él para siempre por considerarlo hombre de baja estirpe.
Por otra parte, Gabriel se relaciona en este episodio con varios personajes de la sociedad madrileña, desde el condesito don Diego de Rumblar, a quien sigue a todas partes tratando de alejarlo del mal camino por el que lo arrastra don Luis de Santorcaz, hasta los frailes del Convento de la Merced, en cuyo convento, alojado por el caritativo padre Salmón, se esconderá de la persecución injusta a que se ve sometido por la envidia y ánimos de revancha de Santorcaz, que ha pasado a forma parte de la policía al servicio de las tropas de ocupación. Terminará en el Palacio del Pardo, en un momento en el que allí se encuentran el mismísimo Emperador y su hermano José Bonaparte.
Aunque el fondo bélico está presente en la novela, pues el país está en guerra, levantado contra la invasión napoleónica, aparte de breves referencias a la defensa fracasada de Madrid, no es este el asunto que ocupa más espacio en el libro. Queda claro el reflejo de la sociedad madrileña del momento, atenazada por el miedo por la presencia de las tropas francesas y por la desconfianza entre unos y otros, pues los partidarios de los franceses, los llamados afrancesados, eran tenidos por enemigos, espías y delatores.
Resultan interesantes las escenas en que aparecen los religiosos, pues nos dan una idea de la indignación que produjeron entre las órdenes conventuales, las medidas dictadas por Napoleón, que preveían la reducción de sus integrantes y la expropiación de algunos de sus bienes en beneficio del Estado o de la sociedad civil.



lunes, 9 de diciembre de 2019

NEW WORLD

Tras la muerte del  jefe de Goldmoon,  el principal sindicato del crimen, una especie de consorcio mafioso que aglutina a las principales familias y sus negocios, sus dos lugartenientes quedan al frente de la organización criminal.
La policía ve en la situación un momento propicio, más que para desmantelarla, para tenerla controlada y que se dedique exclusivamente a lo suyo, sin incordiar demasiado, para lo cual utilizarán a Lee Ja-sung (Lee Jung-jae), un agente encubierto que lleva ocho años infiltrado en la organización a las órdenes directas del jefe de policía Kang (Min-sik Choi).
Con un bebé en camino, y viviendo con el miedo mortal de ser descubierto como un topo, Ja-sung está dividido entre su deber y honor como policía, y la lealtad a los miembros de la familia a que sirve, ferozmente leales, que serían capaces de seguirle al mismísimo infierno.
Al utilizar la información privilegiada proveniente de Ja-sung, la policía pretende hacer crecer la enemistad latente entre los dos nuevos cabecillas, pero al mismo tiempo, de manera paralela, hace aumentar la sospecha de que un traidor está metido en la organización. El despiadado Jung Chung (Jung-min Hwang), estrecha más el cerco al contratar hackers, para rastrear la base de datos de la policía.
A medida que la Operación Nuevo Mundo toma altura, se convierte en una especie de juego macabro entre los dos pretendientes a la jefatura mafiosa y la policía, con las apuestas subiendo cada vez más y un baño de sangre que parece garantizado entre las facciones enfrentadas, Ja-sung toma una decisión final impactante que nadie podría haber predicho.


Tras un arranque prometedor y dinámico, la película se toma una pausa en la parte central, como si quisiera dar tiempo al espectador para digerir lo que ha estado viendo y preparándole para una parte final  frenética, en la que se va cerrando el círculo y en la que ya no hay sosiego, con los acontecimientos sucediéndose a toda velocidad.
Buena fotografía y banda sonora, para unas interpretaciones a la altura y una magnífica ambientación en un film que recuerda a alguno de los clásicos, inevitablemente a El Padrino, con algunas situaciones muy similares, entre ellas, la parte final, en la que, cual ocurre en la saga de Coppola tras el atentado contra Corleone y la venganza que toma su familia, las escenas de ajuste de cuentas y la narración de los acontecimientos en tiempo real, transcurren en paralelo, intercalándose unas y otras.


Violencia casi real, inimaginable en el cine de Hollywood, pero rodada con arte y una estética que hace de las escenas realmente duras y sanguinarias pequeñas joyas, sobre todo para los amantes del género. A resaltar la escena del ascensor, toda una orgía de exceso y brutalidad, de las que son recordadas, rodada en el angosto espacio de la cabina del elevador.
Sin embargo, la película es algo más que violencia pura y dura y ofrece una reflexión sobre el despiadado mundo de las organizaciones mafiosas, acompañado de un estudio profundo de los personajes que en él se mueven y en el de los policías empeñados en perseguirlas, no siempre con métodos y fines ajustados a la moralidad, todo lo contrario y en este film queda claro el sufrimiento del infiltrado y el desamparo en que se siente ante la obsesión de sus jefes por conseguir los objetivos que se han marcado y que reciben con un encogimiento de hombros la noticia de las torturas y muerte de quienes son descubiertos.
Un film cuya violencia emana del realismo con que se trata este mundo al margen de la ley, despiadado con quienes por el transitan y que esconde toda la inmundicia humana bajo la apariencia de comodidades y oropeles.




viernes, 6 de diciembre de 2019

PRISIONEROS

En una ciudad del noreste de Pensilvania, Keller (Hugh Jackman) y Grace Dover (Maria Bello) y Franklin (Terrence Howard) y Nancy Birch (Viola Davis), dos matrimonios y sus respectivos hijos, cada uno tiene una pareja, son grandes amigos. Mientras las dos familias celebran el Día de Acción de Gracias juntas, las dos niñas pequeñas, Anna Dover (Erin Gerasimovich) y Joy Birch (Kyla-Drew), desaparecen. Según algunos hechos ocurridos con anterioridad durante el mismo día, las dos familias creen que las niñas fueron secuestradas por quienes viven en una autocaravana que estacionó en su vecindario. Su certeza toma fuerza después de conocer al habitante de la caravana, Alex Jones (Paul Dano), un joven mentalmente débil que es apoyado en todos los aspectos por su tía sobreprotectora, Holly Jones (Melissa Leo).
Sin embargo, el detective Loki (Jake Gyllenhaal), el investigador principal que la policía ha designado para el caso, está bastante seguro de que Alex no secuestró a las niñas, sino que ha sido utilizado por algún delincuente sexual o alguno de los pedófilos conocidos en el área. Además, Loki no tiene evidencia para detener a Alex, lo que le pone en desacuerdo especialmente con Keller, quien está seguro de que Alex fue quien secuestró a las chicas. Mientras Loki continúa su investigación con Keller acusándolo de no hacer su trabajo, siguiendo lo que considera son pistas inútiles, Keller decide que tiene que tomar el asunto en sus propias manos y presionar a Alex para que confiese donde están las chicas, utilizando para ello cualquier medio que pueda resultar eficaz según su particular punto de vista.


Mas allá de las situaciones criminales o del suspense y la investigación alrededor de la desaparición de las dos niñas, el canadiense Denis Villeneuve, plantea algunos dilemas morales que, en un momento determinado y a distintos niveles, nos podrían afectar a cualquiera de nosotros.
El más importante el de si es lícito tomar propias iniciativas para resolver asuntos que nos atañen al margen de los cauces establecidos cuando consideramos que esos cauces son inoperativos. ¿Hasta qué punto está legitimado alguien para adoptar medidas que afectan a las personas, para resolver sus propios asuntos?
Keller, un tipo que se nos muestra violento bajo su aparente capa de serenidad, está decidido a encontrar a su hija cueste lo que cueste y aunque haya que pasar por encima de la Ley. No duda en secuestrar a quien está seguro sabe dónde están las niñas, aunque la policía no tenga motivos legales para su arresto y le somete a las más aberrantes torturas a pesar de que es un deficiente mental.
Todo en la convicción absoluta de que la policía no hace bien su trabajo y de que será él quien se las tenga que arreglar para rescatar a su pequeña, aún a costa de dejar a un lado todas la normas legales y morales.


Película de historia absorvente, bien planificada, con un estupendo guión que va dejando cabos sueltos que se atarán al final con cierta lógica y con un diseño conseguido de ambientes oscuros y perturbadores a pesar de ser escenarios relativamente cotidianos.
Un buen entretenimiento y un mensaje que deja preguntas sobre lo moralmente lícito y hasta que punto lo es.




jueves, 5 de diciembre de 2019

CUARENTA PISTOLAS

Jessica Drummond (Barbara Stanwyck) es una despótica terrateniente que gobierna con mano firme sus posesiones en el condado de Cochise, en Arizona.
Gusta de cabalgar su caballo blanco al frente de cuarenta hombres armados y todos a lomos de caballos negros o pardos, en dirección a Tombstone, con el único objeto de recordar a los ciudadanos quien gobierna en este lugar sin ley.
Hasta que un buen día aparece por sus tierras Griff Bonnell (Barry Sullivan), un antiguo pistolero al que ha contratado el gobierno federal para ir pacificando los lugares por los que pasa. Con él viajan sus dos hermanos Wes (Gene Barry) y Chico (Robert Dix). Bonnell tiene fama de ser experto en limpiar lugares en los que hasta entonces imperaba la ley del más fuerte.
Aunque esta nueva situación conmociona un tanto a Jessica, ella y Bonnell se respetan mutuamente, incluso su relación se torna en algo que va más allá de la simple amistad.
La ley y el orden parecen haber llegado a Tombstone sin disparar un solo tiro. Pero todo esto salta por los aires cuando el bravucón e inconsciente hermano de Jessica, Brockie (John Ericson), de mal genio y gatillo fácil, mata a Wes Bonnell. Más tarde, Brockie llega a utilizar a su propia hermana como escudo humano para protegerse a sí mismo durante un tiroteo, lo que lleva a Jessica a replantearse su modo de pensar y su actitud sobre muchas cosas, particularmente en lo que concierne a su hermano.


Versión revisada de la película de John Ford "My Darling Clementine", titulada en España Pasión de los fuertes en la que se reemplaza a los hermanos Earp por los hermanos Bonnell, y al viejo Clanton y sus hijos por Jessica Drummond y sus cuarenta pistoleros que incluyen al hermano de gatillo fácil.


A pesar de contarnos una historia archiconocida dentro del género, estamos ante un western un tanto atípico, en el que contemplamos a un malo sin escrúpulo alguno, despiadado y un tanto imbécil, un protagonista masculino con un pasado traumático y la protagonista, una Barbara Stanwyck ya en decadencia, pero que sigue llenando la pantalla con su presencia, una mujer fuerte en un mundo de hombres.
El guión, del propio realizador, Samuel Fuller, no es de lo mejor de este film que también incluye un par de canciones originales que son muy bonitas, pero parecen metidas con calzador en medio de la narración.
Junto a algunos planos sensacionales magníficamente planificados y una llamativa fotografía en blanco y negro y CinemaScope, nos encontramos con una historia que transcurre con demasiados altibajos como para resultar del todo atractiva para el espectador que realmente tiene que dejar de lado y ser benévolo con unos cuantos detalles para encontrar únicamente entretenimiento y quedarse con el virtuosismo de Sam Fuller y unos cuantos diálogos duros, mezclados con doble sentido.
Por cierto, para los que se quejan del final demasiado almibarado y que parece toda una concesión a la complacencia, señalar que Fuller tenía previsto otro bastante menos suave, pero al parecer, Twentieth Century-Fox le obligó a cambiarlo por el que se ve en la película.




miércoles, 4 de diciembre de 2019

ROMPENIEVES (SNOWPIERCER)

Es 2031, diecisiete años después de que las autoridades de setenta y nueve países decidieran colectivamente combatir el calentamiento global liberando en la atmósfera un refrigerante llamado CW-7. Las cosas no salieron como estaba previsto y el resultado fue catastrófico para la Tierra que quedó literalmente congelada, con el resultado de que desapareció cualquier tipo de vida, con excepción de una serie de privilegiados que ahora viajan en una especie de nueva Arca de Noé, un tren revolucionario construido antes de 2014 por un aficionado al ferrocarril llamado Wilford (Ed Harris). El tren que en ese tiempo fue considerado inútil y un signo de autocomplacencia, se ve obligado a moverse constantemente para generar energía destinada a la vida en su interior. Circunnavega el mundo por una sola vía continua, viaje que dura un año. El tren todavía está controlado en todos sus aspectos por Wilford, quien ha creado tres clases separadas alojadas en diferentes partes del tren: los privilegiados "uno por ciento", que están en los primeros vagones del tren, los trabajadores en los que se apoya, ocupan la parte media del tren, y las "personas de la cola", las masas que viven en la parte trasera del tren como ganado en un vagón sin ventanas, siendo alimentados únicamente con barritas de proteínas, cuyos ingredientes desconocen. El rostro de Wilford para quienes están en la cola es la ministra Mason (Tilda Swinton), ya que Wilford nunca se aventura a ese extremo del tren. Algunas de las políticas que Wilford ha implementado consisten en sacar a algunos de los niños del final de la cola con un propósito desconocido y a los que las personas en el extremo de la cola nunca volverán a ver. Además, se supone que está cometiendo un genocidio ocasional indiscriminado con los pasajeros de la cola, la mayoría de los cuales lo ven como un método de control de la población, al tiempo que demuestra su poder dictatorial en un esfuerzo por tener a la masa sometida y comportándose de manera complaciente.


Basada en la novela gráfica francesa de los años 80 "Le Transperceneige", con textos de Jacques Loeb y dibujos de Jean-Marc Rochette.
El coreano Bong Joon-ho se encontró uno de estos cómics en una tienda especializada y desde entonces se sintió fascinado por la idea de trasladar la historia a la pantalla grande, un proyecto que tardaría ocho años en ver la luz.


En el apartado que podríamos llamar técnico tiene un excelente nivel, con buena fotografía, buenos efectos y un magnífico diseño, más si tenemos en cuenta la dificultad de rodar en espacios cerrados, en un escenario lineal, con mucha profundidad y poca anchura, lo que requiere una técnica depurada de filmación.
Distinta es la historia en sí, que parte de un planteamiento con temas atractivos, por una parte asuntos que están en primera línea de interés en la actualidad, como el cambio climático y sus consecuencias y el problema de la superpoblación y por otra parte, un asunto perenne en la historia de la humanidad, cual es el de las clases sociales y los enfrentamientos a que da lugar.
El tema del cambio climático, se apunta al principio y, aunque está presente en todo el film, casi se deja de lado, sin profundizar en él. En cuanto a lo demás, el film es una alegoría de nuestro mundo, con la pirámide humana y las divisiones entre ricos y pobres, privilegiados y parias, retratada a lo largo del recorrido que el protagonista va haciendo por los vagones del tren, desde la cola a la cabeza. Aunque tiene pasajes logrados, en general va perdiendo fuelle y por momentos resulta poco creíble. Sí, ya sé que es una película de ciencia ficción, pero hay demasiadas licencias, cuando no auténticas incongruencias, personajes que se retoman o desaparecen casi de modo caprichoso y algunos asuntos que se explican de cualquier manera para salir del paso, como si no se hubieran tomado el trabajo necesario para pulir el guión.
Al final, el film queda en puro entretenimiento, lo que no es poco, pero pierde altura en el plano que podríamos calificar de más serio. Película que en cuanto a la acción no está nada mal, pero en lo demás, creo que deja qué desear.




martes, 3 de diciembre de 2019

KILROY ESTUVO AQUÍ (KILROY WAS HERE)

En mayo de 1943, las tropas aliadas conquistaban Túnez y Bizerta, los últimos reductos importantes que el Eje mantenía en el Norte de África, tras casi un años de duros combates, en los que ambos ejércitos habían luchado en los mismos lugares donde dos mil años atrás Roma y Cartago lo habían hecho.
Cuando las tropas norteamericanas, inglesas y de la Francia Libre penetraron en ambas ciudades, se encontraban en lugares inesperados una especie de graffiti con la leyenda "Kilroy estuvo aquí". ¿Qién era aquel personaje que parecía mofarse de su tardanza en llegar a un lugar donde él ya había estado?
Más allá del horizonte de Túnez les esperaba otro continente y la frase en cuestión y el misterio de Kilroy, les acompañaría hasta que los últimos reductos de la Alemania nazi fueron ocupados y siempre, Kilroy había estado allí.
Entre los soldados norteamericanos se hizo popular la broma de hacer dichas pintadas dondequiera que fueron desembarcados o alegar que ya estaba allí cuando llegaron. Pronto se convirtió en una forma de comunicación entre los soldados estadounidenses para establecer una zona segura durante el combate que indicaba a las tropas que en esa zona había tropas americanas o se trataba de una zona relativamente asegurada. Pero lo cierto es que nadie sabía con certeza cómo había empezado todo aquello.
En 1946, una vez concluída la II Guerra Mundial, la Transit Company of America realizó un concurso que ofrecía como premio un auténtico tranvía a la persona que probase ser el “verdadero” Kilroy. Casi cuarenta hombres se presentaron, contando sus respectivas historias. Una de esas personas era Jim Kilroy, un antiguo concejal de la ciudad de Boston y supervisor de astillero, su historia era bastante simple y, quizá por ello, resultó la más convincente. Jim relataba que el Astillero de Fore River en Quincy le había encargado que revisara los remaches de las planchas de acero de los barcos. Cuando acababa con una, le hacía una señal con tiza para diferenciarla de las que no había comprobado. Sin embargo, se dio cuenta de que a veces le devolvían planchas ya revisadas, probablemente porque la marca de tiza se borraba. Esto era un inconveniente, además de un mal negocio para Kilroy que cobraba en función del número de planchas que era capaz de revisar y con estas devoluciones, revisaba la misma plancha dos veces y cobraba sólo por una. Cansado de ello cambió el sistema de marcar las planchas de acero. Así que comenzó a escribir con pintura en los mamparos la frase “Kilroy was here“, para demostrar que él había estado allí y había inspeccionado el remachado en la nave de nueva construcción. Miles de soldados estadounidenses fueron transportados a las costas africanas en barcos de la marina, en algunos de los cuales, podían ver la famosa frase, que para ellos era todo un misterio, pero que se hizo popular.
James Kilroy ganó el concurso de la Transit Company of America, su relato fue apoyado por el testimonio de algunos trabajadores del astillero y él instaló el vagón que había ganado en el patio delantero de su casa como regalo de Navidad para sus nueve hijos.