sábado, 9 de marzo de 2019

LAS HORAS DEL VERANO

Hélène Berthier (Edith Scob) ha dedicado su vida a preservar en su casa de Valmondois la colección de obras de arte del siglo XIX que perteneciera a su tío, el artista Paul Berthier.
Hélène era la albacea de esta excepcional obra y al fallecer repentinamente, el conflicto estalla entre sus tres hijos.
Sin embargo, no tendrán más remedio que limar asperezas y llegar a un acuerdo.
Adrienne (Juliette Binoche) vive en Nueva York convertida en toda una diseñadora de éxito, Frédéric (Charles Berling) es economista y profesor universitario en París, y Jérémie (Jérémie Renier), es un dinámico hombre de negocios asentado en China.
Debido a la distancia entre sus lugares de residencia, los hermanos no se ven muy a menudo y revisar sus pertenencias y ver su antigua casa de verano, les traen recuerdos que afectan a cada uno de una manera diferente.
Las decisiones que han de tomar en relación a las obras de arte, no solo por su valor económico, si no también por el sentimental, así como una mirada a la familia ahora reunida, conforman el eje de la película.
No estamos ante una familia disfuncional, los hermanos se llevan bien, pero todos son mayores, cada uno tiene su familia y tienen trabajos exigentes, así que esta postrer reunión familiar, viene a representar para ellos el fin de la niñez y de los recuerdos compartidos.


Olivier Assayas, realizador y guionista del film, ofrece una particular reflexión sobre el paso del tiempo y las relaciones familiares, en este film en que también puede verse una parábola sobre la sociedad europea del siglo actual, una sociedad como hastiada de sí misma y con una juventud que recoge los frutos de las oportunidades perdidas por sus padres y abuelos durante el pasado siglo XX.


Un ejercicio visual, bien concebido y realizado, en el que el arte, el coleccionismo y los museos, son metáfora de unas cuantas situaciones por las que atraviesa el mundo actual y las clases medias y alta, en teoría llamadas a tomar el liderazgo, pero que no se han mostrado demasiado comprometidas o, al menos, no se ve que hayan tenido todo el éxito deseable en su teórica misión.
Una película en la que no ocurren grandes cosas, como en la vida real, por otra parte, y en la que, junto a las muy cuidadas imágenes, los diálogos cobran especial importancia, pero que al lado de esta apariencia de sencillez, encierra un profundo mensaje, si bien es cierto que dudo logre llegar a todo espectador.




viernes, 8 de marzo de 2019

EL ORIGEN DEL FÚTBOL FEMENINO EN ESPAÑA

El 31 de mayo de 1914 (en otras fuentes he encontrado el 9 de junio del mismo año), se disputó el primer partido de fútbol femenino en España entre dos combinados que pertenecían al mismo club.
Este club era el Spanish Girl's Club de Barcelona. Uno de los combinados se llamaba El Giralda y el otro El Montserrat, el partido era a beneficio de los enfermos de tuberculosis y fue arbitrado por Paco Bru, uno de los principales valedores del club, además de árbitro y exjugador de fútbol, era el seleccionador español del mítico combinado que se llevó la plata en el la Olimpiada de Amberes de 1920 y llegó a jugar en los dos clubs más importantes de Barcelona: El Español y el Barcelona.
Por desgracia, sobre todo tras la Guerra Civil, aquellos primeros pasos, quedaron en pura anécdota y el fútbol femenino desapareció en España hasta que en los años 70 y 80, comenzaron a aparecer los primeros clubs.
Esta es la crónica que el periódico barcelonés El Mundo Deportivo, hizo de aquel primer partido y solamente con el lenguaje que emplea, plagado de comentarios misóginos, podemos hacernos una idea de la valentía de aquellas chicas para enfrentarse con el panorama de una sociedad intransigente con su afición por el deporte:

Anteayer, en el campo del “Español”, jugóse el primer partido de fútbol entre representantes del sexo débil, que en dicho día se parangonaron con el fuerte. Este partido, cuyos beneficios se destinaban a favor de la Federación Femenina contra la Tuberculosis, era, por su naturaleza, esperado con cierta espectación, siendo presenciado por un público regular y por el capitán general de la región, que acudió con su bella hija Carmen. Las jugadoras estuvieron a la altura que les correspondía, notándose en el comienzo del encuentro bastante azoramiento, que fue desapareciendo hacia el final, en el que, el bando «Giralda», que lucía jersey rojo, consiguió apuntarse dos goals por uno que en la primera mitad, entró el «Montserrat», que lo ostentaba blanco. Esta primera actuación de la mujer en el viril fútbol, no nos satisfizo, no sólo por su poco aspecto sportivo, sino que también porque a las descendientes de la madre Eva, les obliga a adoptar tan poco adecuadas como inestéticas posiciones, que eliminan la gracia femenil. 
Unos días después se repitió el partido y la publicación comentó: El jueves último, en el campo del “Español” y ante escasa concurrencia, celebraron el segundo partido de balompié los equipos femeninos “Giralda y Montserrat”, empatando a un goal. Por segunda vez las niñas futbolistas no convencieron a las personas amantes de lo bello, en todos sus aspectos.



jueves, 7 de marzo de 2019

TULLY

Marlo (Charlize Theron), madre de dos hijos, está embarazada de un tercer bebé no planificado.
Su hijo Jonah (Asher Miles Fallica) tiene un trastorno del desarrollo que los médicos no han sabido diagnosticar y, como terapia, Marlo usa el Protocolo de Wilbarger, lo que implica, entre otras cosas cepillar su piel periódicamente, en un intento de reducir su sensibilidad.
Cuando Marlo y su esposo, Drew (Ron Livingston), visitan la casa del rico hermano de ella, Craig (Mark Duplass) a la que han sido invitados a cenar, él ofrece como regalo de bienvenida al nuevo bebé, correr con los gastos de una niñera de noche que ayude a Marlo ahora que el trabajo se le va a acumular, oferta que Marlo rechaza de plano.
En las fechas previstas, Marlo da a luz a una niña a la que pone por nombre Mia, y rápidamente se siente abrumada y agotada. Por si fuera poco, Laurie (Gameela Wright), la directora del colegio al que acude Jonah, con buena intención, sugiere que el niño sea cambiado de escuela, aunque Marlo lo toma mal, se enfada y se empeña en que la directora tiene manía al niño y cree que es un retrasado. Mientras, en casa, empieza con su rutina diaria de extracción de leche materna, cambio de pañales y cuidado del bebé cada vez que llora.Con todos estos acontecimientos, Marlo se descompone, se siente agotada y abrumada y recupera la información que tenía para contactar con la niñera nocturna.


Magníficamente interpretada por Charlize Theron, bien secundada por Mackenzie Davis, que interpreta a Tully, la niñera que ayuda a la reciente mamá.
La película incluye breves cortes de muchas canciones conocidas de los últimos años y logra sumergirnos, por medio de un conseguido y arriesgado montaje en el mundo agobiante en el que se ve inmersa Marlo, superada por los acontecimientos domésticos.
El guión es de Diablo Cody (seudónimo de Brook Busey-Hunt), ganadora de un Oscar al Mejor Guión Original (2007) por Juno.


Comedia dramática que reflexiona sobre la maternidad, la familia, el paso del tiempo y el papel de la mujer en la sociedad occidental actual.
Marlo es un prototipo de mujer preparada, con trabajo y familia estable. Las mujeres, hablando en términos generales y con todas las excepciones que se le quieran poner, han conseguido un cierto estatus de libertad e igualdad dentro de la sociedad de clase media en los países de occidente, sin embargo, cuando llega el momento de ser madres, es como si descubrieran que aquello no deja de ser una ilusión, el vínculo con el nuevo ser acarrea satisfacciones, pero también unos cuantos problemas, su vida cambia radicalmente. Una metáfora de lo que ocurre se encierra en una de las reflexiones de Tully: Fabricar un nuevo ser, implica que, cuando nazca, sus células seguirán moviéndose dentro de tu cuerpo un montón de tiempo. El bebé crecerá y tendrá su propia vida, pero sus células seguirán dentro de ti por un largo periodo.
La película también plantea el tema de la insatisfacción, tan de nuestras sociedades avanzadas. Es importante fijarse en lo que Marlo ve la televisión cuando está sola, un reality sobre gigolós. Sueña con lo que fue y ya no es, una chica que, como dice ella, montó a todos los caballos y su sueño es tener una vida de aventura, con un tipo al lado que sea apuesto, atento y que la satisfaga en la cama. A cambio de esto, ¿qué tiene?, un tipo normal, incluso algo soso, que atiende a sus obligaciones familiares, ayuda a los niños con sus deberes, cocina con ella, es buena persona, la quiere y juega a la Play-Station en la cama.
La vida de película, de teleserie, no existe en la realidad y Tully trata de hacer ver a Marlo que tiene lo que mucha gente desea, esa rutina plácida por un lado, llena de problemas cotidianos, por otro, pero que cuando la vida nos viene torcida y nos arrea un buen sopapo, echamos de menos y tomamos conciencia de lo que teníamos y se nos ha ido.
El guión contiene buenos diálogos y nos depara una sorpresa, cuando al final de la película casamos las piezas y descubrimos que lo que nos han contado es un cuento (en el buen sentido de la palabra), la historia de lo que Marlo querría que fuera y no es, pero que la lleva a apreciar lo que tiene, aunque ello suponga renunciar al sueño del que despierta.




miércoles, 6 de marzo de 2019

BOYHOOD (MOMENTOS DE UNA VIDA)

Acompañamos durante doce años, algunos de los acontecimientos por los que pasa una familia de Texas: el padre Mason (Ethan Hawke), la madre Olivia (Patricia Arquette), la hija mayor Samantha (Lorelei Linklater) y el hijo pequeño, Mason Jr. (Ellar Coltrane), a los que vemos, desde los primeros años como escolar del pequeño Mason, cuando tiene seis años, hasta que llega a la mayoría de edad y comienza sus estudios universitarios. Esta fase de su historia comienza en 2002 cuando Olivia y Mason, quienes tomaron la decisión de casarse porque ella estaba embarazada, ahora están divorciadas. Un matrimonio que estaba predestinado a no durar demasiado debido, principalmente a estas circunstancias. Olivia tiene la custodia de los dos niños, y cuando el padre está cerca, Mason tiene derechos de visita durante el fin de semana, lo cual no ha ocurrido en el último año, debido a que durante este tiempo ha estado "lejos en algún lugar de Alaska", supuestamente tratando de encontrarse a sí mismo. Olivia aspira a conseguir una vida mejor para ella y los niños de una manera que también satisfaga sus propias necesidades emocionales. Los dos padres también intentan seguir adelante con su vida sentimental y de pareja en la seguridad de que nunca se va a producir una reconciliación entre ellos, en contra de las necesidades de sus hijos. El crecimiento de MJ se ve afectado por estas circunstancias y como él también se acaba convenciendo de que sus padres no volverán a estar juntos, debe aprender a vivir con esa realidad y concentrarse en vivir su propia vida y tratar de lograr sus sueños.


La película se rodó durante 45 días, de mayo de 2002 a agosto de 2013, que, en términos generales, abarca más de 4.000 días.
El método detrás de la producción de Richard Linklater fue esencialmente hacer varios cortometrajes de 10 a 15 minutos a lo largo de 12 años, cada uno representando un año en la vida del niño, y luego editarlos juntos como un largometraje.


Más que la vida del muchacho, es el retrato de una familia tipo americana, una madre que tiene un ojo pésimo para elegir a sus parejas, un padre inmaduro y unos muchachos que van pasando por estos tragos como buenamente pueden, gracias sobre todo a que la madre, a pesar de sus desastrosa vida sentimental, es una persona luchadora que consigue realizar sus sueños profesionales y que quiere a sus hijos y lo mejor para ellos a pesar de todos los tropiezos que sufre.
La idea del film no está nada mal, pero en el fondo tampoco cuenta tanto como para las casi tres horas que dura. Vemos ir creciendo al niño y a su hermana y eso habrá a quien le parezca un gran hallazgo, pero seguramente otros opinarán que se podría haber hecho igual con diferentes actores.
De otra parte, el interés que puede tener asistir al día a día de esta familia y sus pequeños y grandes conflictos, pierde algo de interés visto desde aquí debido a las diferencias culturales y a que el retrato es demasiado estereotipado, a mi juicio. Es cierto que tiene sus momentos y algunas magníficas secuencias, pero junto a ellas hay otras cuantas que tampoco es digan demasiado.


Tras un par de años de reivindicaciones igualitarias en las ceremonias de los Oscar, quiero traer aquí a colación el discurso que hizo Patricia Arquette al recibir el suyo como mejor actriz de reparto por esta película, en el que llamó la atención sobre la llamada brecha salarial, reclamando una mayor igualdad en los sueldos entre actores y actrices. Esto le supuso perder algunos contratos, pero la actriz dice que no se arrepiente de haber hecho lo que hizo.
Una actitud pionera, aunque bien reciente, ya que fue en 2015, pero fue antes de que todas estas cosas del me too alcanzaran eco en las redes sociales, pues aunque el arranque de este movimiento venía de 2006, no fue hasta 2017 cuando tuvo repercusión en Hollywood, algo en lo que influyó, sin duda, la actitud de Arquette y otras como ella.
Volviendo a hablar de la película, decir que no está mal, que está bien hecha, que las actuaciones de los dos padres están muy conseguidas y que además, en ella se puede ver la evolución del propio realizador en su trabajo, pero que me ha parecido demasiado larga para ofrecer tan solo pinceladas de calidad.




martes, 5 de marzo de 2019

LOS RIFLES DE SHARPE

Al parecer, por encargo de los autores de la serie de televisión sobre el personaje de Sharpe, Bernard Cornwell escribió esta precuela de las aventuras del famoso fusilero británico, con el fin de situarlo en España durante la Guerra de la Independencia.
De esta manera, Sharpe regresa a 1809, durante sus primeros días como oficial en la España ocupada por los franceses.
Ante la retirada del ejército británico hacia el puerto de La Coruña, para embarcar de regreso a Inglaterra, en aquella triste jornada en que el General Sir John Moore, perdió la vida tras enfrentarse a las tropas napoleónicas y permitir así que el grueso de su ejército lograra embarcar, el teniente Sharpe y sus hombres del 95 de Rifles, quedan aislados y él se ve de buenas a primeras al frente de la tropa, al haber perdido la vida el capitán del destacamento.
Los enemigos de Sharpe parecen interminables, por un lado los franceses que les persiguen y son mucho más numerosos y, por otro, sus propios soldados, que no confían en él y se amotinan. Hasta que Sharpe encuentra un aliado inesperado en don Blas Vivar, un aristócrata español, oficial del ejército, que se hace cargo de los restos del regimiento de Rifles y pone orden en el asunto.
Sharpe y su tropa se dirigían hacia el sur, esperanzados de unirse a la guarnición de Lisboa, pero Vivar tiene una misión que encomendarles. Es guardián de un misterioso cofre sellado, un objeto que los franceses codician lo suficiente como para haber enviado en su persecución a un extravagante coronel al frente de su destacamento de dragones. Vivar utilizada a los Rifles británicos para proteger su propio tesoro. Los planes se complican cuando los soldados británicos han de convertirse en protectores de un matrimonio de misioneros metodistas y de su joven y encantadora sobrina.
La sangre, los enfrentamientos armados y las tácticas audaces, abundan cuando Cornwell nos hace acompañar a Sharpe y sus hombres hasta Santiago de Compostela, donde se enfrentarán a muerte con las tropas de Napoleón.



lunes, 4 de marzo de 2019

YI YI

Cada miembro de una familia de clase media de Taipei, busca reconciliar las relaciones pasadas y presentes dentro de sus vidas diarias.
NJ Jian (Nien-Jen Wu), su esposa Min-Min (Elaine Jin) y sus dos hijos forman una típica familia de clase media, que comparte su apartamento en Taipei con la anciana madre de Min-Min.
Las cosas empiezan a ir mal para los Jian cuando el hermano de Min-Min, A-Di (Hsi-Sheng Chen) se casa, pues el día de la boda, la abuela tiene un derrame cerebral y entra en coma.
NJ tiene 45 años y trabaja como socio en una empresa informática que el año anterior obtuvo importantes beneficios, pero que pronto podría quebrar si no cambia de estrategia. Su estabilidad emocional empieza a resentirse cuando se encuentra casualmente a un viejo amor y empieza a relacionarse con un japonés que podría salvar a su sociedad de la bancarrota.
La esposa percibe que no tiene nada que decirle a su madre en coma y tras un ataque nervioso toma conciencia de que su vida es una repetición sin sentido y trascendencia y decide irse al campo en busca de la iluminación espiritual a través de una especie de gurú, dejando a los dos hijos virtualmente sin nadie que pueda atender sus necesidades.
Su hija adolescente Ting-Ting (Kelly Lee), introvertida y solitaria, sólo se relaciona con su única amiga y el novio de ésta, que le da unas cartas para que se las entregue a su amiga, y con el cual empieza a sentir las emociones del primer amor. El hijo, Yang-Yang (Jonathan Chang), de 8 años, es lacónico como su padre y busca nuevas experiencias con la ayuda de una cámara, mientras no para de buscarse problemas en la escuela, especialmente con su profesor, que además es padre de su enemiga irreconciliable del colegio.


Última película del realizador taiwanés Edward Yang, autor también del guión, antes de su prematuro fallecimiento.


Hecha con esa pausa que caracteriza al cine oriental, sin embargo la película no resulta tediosa, ni aburrida, a pesar de las casi tres horas que dura. La narración avanza de manera fluída y en ella se nos va mostrando el día a día de esta familia que, a pesar de la distancia y de las diferencias culturales, podría ser la de cualquiera de nosotros. Su mundo está bastante occidentalizado, viven en una gran ciudad y sus trabajos o los estudios de los niños, así como el entorno, desde el domicilio familiar hasta el barrio en que viven, son perfectamente reconocibles.
El film tiene algunos rasgos de humor, protagonizados, sobre todo, por el pequeño, que hace un gran trabajo y sus fotos de las espaldas y cogotes de las personas, encierran toda una simbología sobre esa parte de las personas que ni ellas mismas pueden ver.


Uno a uno, les vamos conociendo y a través de los monólogos que mantienen ante la abuela en coma, van desnudando su alma ante nosotros.
Una película muy sugestiva, en la que sus protagonistas, entre todos los problemas que tienen, deben aprender lo hermosa que es la vida y cómo hay que cuidarla, sea cual sea la situación que nos toque vivir.




viernes, 1 de marzo de 2019

LA MUERTE DEL SEÑOR LAZARESCU

Dante Remus Lazarescu (Ion Fiscuteanu) es una persona solitaria a punto de cumplir 63 años, jubilado y viudo que vive en unas condiciones bastante precarias, en un apartamento sucio y desordenado, únicamente acompañado por tres gatos. Sólo tiene a una hija que vive en Canadá, con la que se comunica esporádicamente por teléfono, y una hermana a la que transfiere mensualmente su pensión. Su vida social se reduce al contacto casual con sus vecinos, que no lo ven con muy buenos ojos debido a su alcoholismo y el olor que desprenden sus mascotas. Una noche, después de dos días de jaqueca y vómitos decide pedir ayuda a sus vecinos y al servicio de ambulancias. La suerte no acompaña a nuestro protagonista, se siente indispuesto justo la noche del sábado en la que un accidente de tráfico ha repartido gran cantidad de heridos en todos los hospitales de la ciudad y ninguno quiere internarlo. A la escasez de camas y quirófanos se une la desidia de su personal ante el drama del Sr. Lazarescu y la desgracia colectiva. La enfermera de emergencias que lo atiende, acompañará al anciano en un descenso a los infiernos de la burocracia sanitaria rumana.
El deprimido anciano es víctima de una ciudad asolada por el desconcierto y la apatía; un lugar que no es un paraíso, pero que tampoco parece idóneo para morir dignamente. La proximidad de los acontecimientos, con situaciones que le pueden pasar a cualquiera, provocan que nos sintamos muy identificados con el protagonista en su via crucis particular.


La película tiene como dos partes, una primera en la que Lazarescu está en su domicilio y llama al servicio de emergencias, siendo atendido, mientras llega, por sus vecinos de rellano que, a pesar del desagrado que les produce su olor a alcohol y el que producen los orines de los gatos en el piso, le tratan amablemente, se preocupan, le acompañan y hasta le llevan comida.
En este segmento del film, algunas cosas del carácter del protagonistas, nos lo pueden hacer incluso antipático, pero todo cambia cuando la enfermera de emergencias decide llevárselo al hospital. El peregrinaje y las situaciones que se van presentando, nos hacen sentir empatía con el pobre enfermo, sencillamente porque empezamos a imaginar que esa historia que nos están contando, es verosímil que nos pueda ocurrir a cualquiera de nosotros.


Hay quien ve en el film una crítica al caos de la sanidad rumana posterior al abandono del socialismo por el país. Yo no acabo de ver tal, se ven unos hospitales dotados de medios y con los problemas que puede haber en otros lugares del mundo, más teniendo en cuenta que sitúa la acción en un fin de semana en el que ha habido un accidente en que se ha visto involucrado un autobús de pasajeros con varios muertos y decenas de heridos.
Junto a la indolencia respecto al sufrimiento por parte de algunos miembros del personal médico, y muy especialmente, la falta de sensibilidad con la que éstos hablan de la condición de bebedor del paciente, Cristi Puiu nos muestra también la profesionalidad de algunos otros, incluso, en algún caso, más allá de lo exigible. Es admirable, por ejemplo, la paciencia de la enfermera de urgencias que tiene que aguantar incluso el menosprecio de algunos doctores en los diversos hospitales que recorre. No obstante, es cierto que no es nada condescendiente con la dejadez y el pasotismo a que se ve sometido la víctima del sistema sanitario, que no queda demasiado bien parado.


El film queda lejos de artificios, desmontando ese mundo hospitalario que vemos en algunas teleseries, para traernos la cruda realidad de profesionales muy dignos que conviven con colegas prepotentes que descargan su frustración o su afán de superioridad sobre el paciente, sin ser capaces del más mínimo atisbo de compasión hacia el sufrimiento.
Queda reflejado también el trato que sufren algunas enfermeras por parte de sus colegas médicos, sobre todo de los especialistas, pagados de sí mismos y considerándose por encima del bien y del mal.
La película es tan realista que, en muchas ocasiones, nos da la sensación de que no estamos viendo actores, sino un documental.
Magnífico el trabajo de todo el equipo, los actores, con Ion Fiscuteanu a la cabeza, hacen una interpretación soberbia y muy creíble.
Una película muy atractiva que, en cierto modo, te hace sentir la impotencia de quien se puede ver sometido a una situación semejante, aunque es verdad que a veces aflora un cierto sentido del humor.
Carente de efectismos, el film es real como la vida misma y eso, la realidad, es muy difícil de llevar a la pantalla consiguiendo que el resultado sea un producto ameno.