martes, 17 de diciembre de 2013

WERTHER

La novela está compuesta por las cartas que le envía el joven Werther a su amigo Wilhelm en las que le cuenta cómo se va enamorando de una señorita llamada Charlotte.
Pero Charlotte está comprometida con un tal Albert, un buen hombre. Eso desespera a nuestro protagonista al punto que decide suicidarse, y lo hace. Tal es la trama de la novela. Parece simple, lo es. Pero hay algo más, algo profundo, hipnótico, macabro e incitador en esa historia.
Fue uno de los primeros fenómenos literarios de la historia. Aparte de convertir a Werther en una auténtica celebridad, provocó algo parecido a una enfermedad mortal entre los jóvenes. Tras leer “Los sufrimientos del joven Werther” (el otro título por el que también es conocida la novela), en el siglo XIX la gente se deprimía, sobre todo los adolescentes comenzaban a sentir hastío, aburrimiento, depresión; a pensar en la inutilidad que representa estar vivos, a considerar el suicidio y a consumarlo. Se calcula que dos mil jóvenes se quitaron la vida como consecuencia más o menos directa de la lectura de la novela.
Goethe lamentaba en su vejez seguir siendo famoso por ese libro de su juventud, y que la gente no valorase tanto otras obras fundamentales de su madurez como la primera parte del Fausto.
El hecho es que el fantasma del joven Werther le persiguió siempre como si se tratara de un hermano al que asesinó en la adolescencia.





lunes, 16 de diciembre de 2013

ARDE MISSISSIPPI

James Earl Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner, tres activistas pro-derechos civiles (dos blancos y uno de color), celebraron un acto propagandístico en la Iglesia Metodista Mount Zion en Longdale, en el que instaron a los miembros de la congregación, todos ellos negros, a que se registraran para votar. Fueron detenidos por las autoridades locales, alegando exceso de velocidad y retenidos en la cárcel para ser posteriormente puestos en libertad, ese fue el tiempo que necesitaba el grupo White Knights (una rama de Ku Klux Klan), para poner en marcha la conspiración que acabó con la vida de los tres activistas. El 21 de junio de 1964, desaparecieron y las autoridades federales, comienzan a investigar para hallar su paradero. Los agentes del F.B.I. Alan Ward (Willem Dafoe) y Rupert Anderson (Gene Hackman), encargados del caso, llegan al Condado de Neshoba (Mississippi), para comenzar las investigaciones. Puestos en contacto con la oficina del sheriff, comienzan a sospechar que las autoridades locales tienen algo que ver con el asunto, bien por omisión o, incluso, porque alguno de los agentes haya participado en la presumible muerte de los tres jóvenes.


La señora Pell (Frances McDormand), casada con un agente de la policía local, contraria al trato que está sufriendo la población negra, será la principal fuente de información con la que contarán los agentes, ella les pondrá sobre la pista del lugar donde están enterrados los cadáveres. Su colaboración dará con sus huesos en el hospital después de sufrir una brutal paliza de su marido, hecho que cambiará el método de trabajo de los investigadores que se vuelve más agresivo.


Todavía tenemos reciente el entierro de Nelson Mandela, su legado ha sido reconocido universalmente y su desaparición ha supuesto la revisión de lo que fue la política de aparheid del régimen sudafricano que a todos nos parece reprobable, injusta, retrógrada e incomprensible. Pero no mucho antes de que en Sudáfrica acabara este régimen nefasto, en algunos lugares del sur de los Estados Unidos, la población negra vivía en condiciones muy parecidas a la época de la Confederación, privada de sus derechos civiles y amenazada con represalias por el capricho de la raza dominante.


La película está basada en hechos reales, en 1964, la investigación llevada a cabo por la Oficina federal de investigación, desató una ola de incendios de iglesias, amenazas y ataques contra la población negra. Los integristas blancos, estaban en contra de cualquier avance de los afroamericanos en sus derechos civiles, sobre todo de las leyes escolares de integración que supusieron altercados graves en la propia universidad de Mississippi.


El F.B.I. se refirió al caso de los tres activistas como Mississippi Burning (Mississippi en llamas). El hallazgo de los cuerpos provocó la consternación del Presidente Lyndon B. Johnson, el cual ordenó a John Edgar Hoover, investigar el caso a pesar de la antipatía que sentía Hoover por los grupos proderechos civiles, algo que se pone de manifiesto en el film. Durante los rastreos, en los que participaron 150 agentes federales y hasta reservistas de la marina, fueron encontrados otros siete cadáveres de afroamericanos, los cuales llevaban desaparecidos desde hacia años sin que nadie los hubiera reclamado.
El asesinato de los tres activistas conmocionó al país a nivel nacional y fue el detonante para que se promulgaran la Ley por los Derechos Civiles de 1964 y los Derechos al Voto de 1965.


Con una magnífica fotografía de Peter Biziou, que le valió el Oscar, el único que ganó de las siete nominaciones que tenía, el film se acompaña de una banda sonora escueta compuesta básicamente de espirituales negros, eso sí, magníficamente interpretados y muy bien integrados en el film.


Alan Parker traslada con mano maestra a la pantalla un guión que desarrolla una dura historia, como sólo la vida misma es capaz de ofrecernos. La tensión, el miedo, el odio... todo ello queda patente en un film que intenta ofrecernos una mirada fría sobre los hechos, algo que por momentos resulta difícil, pues casi es imposible no tomar partido ante situaciones como la que se nos plantea. Queda muy bien plasmado el miedo de los negros a presentar denuncias ante las autoridades, sabedores como son de la implicación de todos los poderes que miran para otro lado ante las situaciones de injusticia racial y, al tiempo, los reparos de muchos blancos contra los afroamericanos, convencidos de que la política segregacionista es la mejor solución.


Magníficas actuaciones de todos los integrantes del reparto, con los dos personajes principales protagonizando un duelo interpretativo en las alturas, muy bien secundados por la entrañable Frances McDormand, que vive una historia de amor paralela al guión principal en la que le da réplica el personaje de Gene Hackman, un amor platónico lleno de sugerencias e insinuaciones que me ha parecido un contrapunto muy hermoso al tema principal.




sábado, 14 de diciembre de 2013

LAS AFINIDADES ELECTIVAS

Charlotte está casada en segundas nupcias con Eduard, su amor de juventud. El matrimonio es feliz arreglando la amplia extensión de terreno que poseen y disfrutando de poder estar por fin juntos, tras sus respectivos matrimonios de conveniencia de los que han enviudado.
Eduard, hombre infantil y caprichoso, se empeña en invitar a su amigo, el capitán Otto, que está desocupado en ese momento, para que les ayude, con sus amplios conocimientos, en las obras que están haciendo  y, al tiempo, hacerle menos pesarosa la espera hasta que encuentre algún trabajo acorde con sus capacidades.
Charlotte, mucho más reflexiva que su esposo, le hace ver los peligros de introducir una persona ajena en la convivencia diaria de la pareja, por más amiga que esta sea, pero Eduard insiste y el capitán queda alojado en el castillo en el que viven Charlotte y Eduard.
Por su parte, Charlotte, como compensación a sus cesiones, se trae a su sobrina e hija adoptiva Ottilie a casa. La chica está un internado junto a la hija natural de Charlotte, pero lo está pasando mal por su caracter frágil.
Eduard se enamora apasionadamente de Ottilie y desea el divorcio amistoso. Por su parte, el capitán y Charlotte también se sienten atraídos el uno por el otro, pero ellos saben sacrificarse y no se dejan llevar por las circunstancias de cada momento, sino que piensan más en el futuro y en sus deberes para con los demás.
Goethe plantea algunos de los problemas morales de la época, los conflictos matrimoniales y las pasiones que determinan nuestros actos, basándose en las leyes químicas que, según él, afectan a las personas como si estas fueran elementos.
Novela romántica, con muchos elementos simbólicos, en la que el devenir de los acontecimientos acaba en tragedia de manera inexorable, como si nada pudieran hacer los protagonistas por evitar el destino escrito. El drama entre el deber y el deseo está servido y los personajes se debaten entre la pasión y la renuncia, la melancolía por no poseer al amado plenamente da a la obra un carácter trágico y angustioso al mismo tiempo.
 
 
 

viernes, 13 de diciembre de 2013

EL IMPERIO DEL SOL

Jim Graham (Christian Bale) es un niño inglés que vive con sus padres en Shanghai aislado de la realidad del resto de la ciudad, en su elegante barrio, con construcciones a imitación de cualquier zona residencial de clase alta de Inglaterra. Jim es un niño mimado, caprichoso y desconsiderado con el personal de servicio de la mansión.
Ajenos a todo el conflicto que se está viviendo en Europa y a los evidentes síntomas de tensión en la propia China, cuando el ejército japonés toma las calles de la populosa ciudad, se produce una desbandada en la que todo los extranjeros quieren salir de cualquier de manera. En la riada humana que llena las calles, Jim se ve aislado de sus padres y, tras diversas peripecias, acaba en el campo de concentración de Soo Chow, situado junto a un aerodromo militar.
De la vida privilegiada y el ambiente elitista, el niño pasa a un ambiente de miseria y dolor que le obligará a madurar precipitadamente. Sin embargo, su pasión por los aviones sigue viva y le ayudará a abstraerse de la triste realidad en la que se desarrolla su vida.


El guionista Tom Stoppard, adapta la emotiva novela autobiográfica de J.G. Ballard, sintetizándola muy bien y sin traicionar el mensaje de la narración.
Buen trabajo fotográfico y una banda sonora de John Williams muy bonita que incluye algunos pasajes de inspiración oriental y el emotivo momento de la ceremonia de despedida a los kamikazes, cuando Jim canta la canción gaélica Suo Gon.


La película narra, desde la óptica subjetiva de un niño, el sufrimiento de la población civil durante un conflicto bélico, en este caso la II Gran Guerra y concretamente la invasión de China por los japoneses.
El protagonista se ve atrapado en la vorágine de descontrol y pánico que envuelve estas situaciones hasta ir a parar al campo de concentración.
Spielberg retrata muy bien la "nueva vida" del joven, el paso de un entorno en el que su vida está solucionada y es tratado como un pequeño príncipe, a la dureza cotidiana de su "nueva casa", donde se ve obligado a madurar a marchar forzadas.
Vamos viendo, narrado con eficaz lenguaje visual, la evolución del crío, desde el reparo, incluso la repulsión por las situaciones que se le presentan, hasta aprender a convivir, casi con naturalidad, con la miseria, el dolor, la injusticia y la muerte.
El realizador adopta con la cámara, por encima del afán de realismo, que no traiciona, un lenguaje casi lírico que se pone de manifiesto, sobre todo, en la fascinación del niño por los aviones y un extraño fervor por los pilotos japoneses, con algunas escenas realmente poéticas, como la mencionada de la ceremonia de despedida a los kamikaces, o el saludo militar a los pilotos, que estos le devuelven, cuando descubre maravillado que el campo de concetración está junto a un aerodromo.


No toma partido, sino que trata de contar el sufrimiento de los débiles, de los desprotegidos y si alguien sale malparado es el personaje de Basie (John Malkovich), uno de esos espabilados supervivientes que sacan partido hasta del dolor ajeno, al que Jim admira como el padre del que se ha visto separado y hasta el final del film, su mente infantil no logra desvelar cómo es en realidad esta persona.


Magníficas interpretaciones tanto de Malkovich como de Bale, que ya deja ver el gran actor que llegará a ser.
Rodada con sobriedad, ni siquiera en la escena final del reencuentro, que se prestaba a ello, Spielberg se deja llevar por el efectismo, Jim no habla, no llora, y cuando abraza a su madre, lo hace sin efusividad.
Magnífica la manera de cerrar el círculo narrativo en imágenes, la peli se abre con unos ataúdes flotando en el agua, y acaba con la maleta de madera de Jim, flotando en el Yang Tsé, el reflejo de una infancia aniquilada.
Por cierto, las escenas de exteriores del campo de concentración están rodadas en Trebujena (Cádiz). Mientras se estaban buscando localizaciones en Kenia e Israel, no se sabe cómo, un vídeo sobre aceites rodado por el productor cinematográfico Antonio Pérez en las marismas de Trebujena fue visto por el genio de Cincinnati. Spielberg buscaba un atardecer maravilloso, quería algo especial y en la finca "Alvantus", sobre las marismas a orillas del Guadalquivir, el realizador norteamericano encontró el atardecer que le cautivó.




jueves, 12 de diciembre de 2013

EL PROBLEMA DE SPINOZA

Irvin D. Yalom, doctor en medicina, psicólogo, profesor de psiquiatría en la prestigiosa universidad de Stanford y escritor de éxito, acariciaba desde hace años el deseo de escribir una novela sobre el filósofo holandés de origen sefardí-portugués, Baruch Spinoza.
El problema más grave que se le planteaba es que Spinoza había llevado una vida casi contemplativa y había sido extremadamente reservado, casi invisible. No contaba, pues, con el material que suele servir para construir este tipo de narraciones, no había dramas familiares, ni relaciones amorosas, anécdotas curiosas, reuniones sociales…
Sin embargo, durante su estancia en Holanda hace pocos años, para dar clases, visitó la casa museo de Spinoza en Rijnsburg, y se enteró de que en 1941, soldados del Einsatzesitab Reichsleiter Rosenberg, un comando dirigido por Alfred Rosenberg, el principal ideólogo antisemita nazi, saquearon la biblioteca de Spinoza, incautándose de todos los volúmenes allí depositados. Aquello, como confiesa el autor de la novela, fue una epifanía, la inspiración que estaba buscando para construir su novela sobre el filósofo judío.
¿Qué interés tenía Rosenberg en la figura y la obra de Spinoza? Este alemán de origen báltico, que ingresó en el Partido de los Trabajadores Alemanes poco después de que lo hiciera Hitler, que proporcionó a los nazis con sus ideas y sus escritos, la justificación para aniquilar a los judíos.
La novela alterna capítulos sobre Spinoza, con los dedicados a Rosenberg y a lo largo de ellos, nos aproxima a la controvertida personalidad del ideólogo nazi, uno de los sentenciados a muerte en el proceso de Nuremberg y a lo que pudo ser el devenir vital de Spinoza, el judío contra el que la comunidad de Amsterdam dictó un hérem (el equivalente de la excomunión), tremendamente duro: “Ordenamos que nadie se acerque a Baruch Spinoza, ni de palabra ni por escrito ni le haga ningún favor ni esté con él bajo el mismo techo ni a menos de cuatro codos de él, ni lea ningún tratado compuesto o escrito por él”. No había en el hérem mención alguna a arrepentimiento o rehabilitación, aquel hérem era para siempre y obligaba a todos los judíos, incluida la propia familia del expulsado, que lo cumplió.
Spinoza, llamado a ser uno de los miembros destacados de la comunidad sefardí de Amsterdam, se convirtió en un personaje molesto para los rabinos, su mayor pecado era que hacía preguntas, que ponía en tela de juicio, a través de la razón, el contenido de la Torá. Él prefirió seguir fiel a su idea de libertad de pensamiento a cambio de verse expulsado de su comunidad, pero sus libros también estaban en el Índice, pues sus ideas eran igualmente molestas para los jerarcas de las diversas confesiones cristianas, así que sobrevivió puliendo cristales para lentes y siguió dedicándose a lo que más le interesaba: Desarrollar su pensamiento, leer y escribir. Un personaje valiente, que consideraba la Biblia como una especie de cuento, lleno de contradicciones, y lo hacía sólo dos generaciones después de que Giordano Bruno fuera quemado por herejía y cuando sólo una generación antes había tenido lugar en el Vaticano el juicio a Galileo. El hombre que vivió en la Holanda de Rembrandt o de Johannes Vermeer, admirado por Goethe o Einstein.
El autor dice que deseaba escribir una novela de ideas y en ella despliega los recursos del análisis psicológico y de la intriga para hablar de la fe, del miedo y de la conquista de la libertad individual. Rosenberg y su peripecia alrededor del filósofo neerlandés, son una excusa, un recurso para darle cierto aire de misterio a la novela, cuyo principal valor es, sin duda ninguna, la relevante figura de Spinoza. Yalom novela muy bien lo que pudo haber sido su vida, consiguiendo un relato fluido y atractivo.

Esta reseña fue publicada, en su día, en HISLIBRIS






miércoles, 11 de diciembre de 2013

GRITA LIBERTAD

La doctora Mamphela Ramphele (Josette Simon) que trabaja en un hospital para negros en Sudáfrica, se muestra decepcionada cuando lee en el Daily Dispatch un artículo del editor del periódico, Donald Woods (Kevin Kline), en el que acusa de fomentar el odio hacia los blancos al líder del Movimiento de Conciencia Negro, Steve Biko (Denzel Washington).
La médico tiene a Woods por un liberal que está en contra de la política de apartheid del gobierno, de hecho, ella ha acabado la carrera gracias a una de las becas del periódico para estudiantes negros, por eso se siente dolida e invita a Woods a que tenga una entrevista con Biko antes de seguir vertiendo opiniones sobre él sin conocerle.
Woods acepta, Biko le recibe en el centro comunitario en el que colabora y uno de cuyos objetivos es que los negros aprendan a estar orgullosos de su propia cultura.
A partir de ese momento, la semilla de la amistad quedará sembrada entre los dos hombres.


El guión de la película se basa en un par de libros escritos por Donald Woods sobre el tema.
A pesar de las apariencias, el asunto central del film no es la figura de Biko, por más que lógicamente juegue un papel muy importante, la historia que se nos narra es la del periodista, algo que a más de uno le puede resultar un tanto decepcionante.


En realidad la persona de Biko está rediseñada, solamente quienes conozcan la biografía de este hombre podrán apreciar la cantidad de sugerencias que se dejan caer en la película sobre aspectos de su vida sentimental, por ejemplo.


No son las únicas sugerencias que muestra Richard Attenborough en su film, está salpicado de ellas: La playa, casi desierta, en la que sólo hay bañistas blancos; el policía de color que va a dar el relevo a sus compañeros blancos cuando vigilan la casa de Woods y se tiende en la hierba, al lado de la parada del autobús que está reservada para los blancos...; muchos detalles que el espectador poco avispado puede perderse, pero que son una gozada para quien los va captando, puro lenguaje visual.


En estos días en los que la despedida a Mandela copa las portadas de los noticieros de todo el mundo, no está mal recordar que hubo muchas otras personas, hombres y mujeres, que quedaron en el camino de la larga lucha por la libertad y la igualdad. La memoria de muchos de ellos ha ido diluyéndose, Steve Biko fue uno de ellos y Donald Woods un periodista que quedó tan impresionado por la labor de su amigo y la mentira con la que el régimen de Pretoria trató de tapar su muerte, que sacrificó su cómoda existencia y la de su familia para que el legado de Biko no quedara en el olvido.
Película de correcta factura, con buenas actuaciones y el valor de documento de una época no tan lejana que conviene tener presente, aunque sólo sea como homenaje a todos los que empeñaron su existencia por acabar con la vergüenza del apartheid.




martes, 10 de diciembre de 2013

PARADORES

Al parecer, una de las soluciones que baraja el gobierno para librarse del déficit de los Paradores de Turismo (se prevé que en 2014 cerrarán el ejercicio con pérdidas de 8 millones de euros), es franquiciar algunos de ellos.
Los paradores nacieron para ofrecer un servicio hotelero de calidad allí donde la iniciativa privada no llegaba, aunque ahora algunas voces se plantean si con la que está cayendo es de recibo tener una cadena de hoteles de lujo subvencionada para disfrute de los que pueden pagarlo.
Por otro lado, están los puestos de trabajo que mantiene, de hecho la parte del león del presupuesto viene de los gastos de personal, y tampoco es cuestión de dar la espalda por las buenas a la gente que vive de ello.
Aunque se mantienen las inversiones (al menos parte de ellas) para mejora y mantenimiento,  aquellos cuyas obras de construcción iban a comenzar en un plazo de dos años, a saber los de Corias (Asturias), Ibiza, Morella (Castellón), Muxía (Coruña) y Veruela (Zaragoza), han quedado aplazados hasta que la situación económica mejore.
Lo mismo ocurre con los proyectos, que aun no había sido adjudicados, para construir paradores en Alcalá la Real (Jaén), Badajoz, Béjar (Salamanca), Estella (Navarra), Lérida, Molina de Aragón (Guadalajara) y Villablino (León).
De todos modos, la gran pregunta sobre la idea de la franquicia es ¿Cuántos estarán dispuestos a gestionar un castillo o un monasterio?