El 8 de abril de 1943, en la ciudad de Berlín, fueron entregados al verdugo Otto Hampel y su esposa Elise, previamente condenados a muerte por el Tribunal del Pueblo. Él era ajustador en una fábrica de productos metálicos desde hace casi veinte años. Ella, hija de una familia de campesinos pobres, había trabajado antes de casarse como empleada doméstica en Berlín.
¿Qué había hecho este matrimonio de gente sencilla para ser declarados culpables de traición al estado? Hasta 1940 ambos fueron fieles súbditos del Führer, dispuestos a seguir sus directrices, incluso ostentaros cargos en el Reich. Otto, un modesto puesto en el Frente del Trabajo y Elise, uno algo más importante en la Organización de Mujeres. Declararon en los interrogatorios a que fueron sometidos tras su detención que las abundantes injusticias presenciadas precisamente en el ejercicio de sus cargos, repugnaron a su sentido de justicia. La diferencia que se hacía entre «camaradas del Partido» y «compatriotas», los indignaba.
Sintieron entonces la necesidad de comunicar a los demás lo que ellos sabían, de causar problemas a los gobernantes. Se dedican a escribir postales y depositarlas en el antepecho de una ventana o el peldaño de una escalera en edificios de Berlín con la esperanza de que sean pasadas de mano en mano o, al menos, de que quienes las lean, tomen conciencia de lo que está ocurriendo en realidad.
Sin embargo, más de doscientas veinte de esas postales se acumulan en la sede de la Gestapo, con lo que según cálculos de las que habían podido escribir (cantidad que no recuerdan con precisión), a lo sumo no fueron entregadas a la policía entre cinco y diez postales y, aún estas, seguramente fueron leídas con miedo y premura por quien las encontró y destruidas y arrojadas al retrete.
Con estos datos, extraídos del archivo de la Gestapo, el escritor alemán Hans Fallada (seudónimo de Rudolf Wilhelm Friedrich Ditzen), construye un relato en el que mezcla realidad y ficción, con muchos personajes y situaciones de su propia cosecha, pero que muestra con realismo la vida en la Alemania de Hitler, un pueblo de delatores educados por un seductor político, en el que los denunciantes reciben honores y promoción y en el que un padre no está seguro ante la denuncia de un hijo y no te cuento entre vecinos o compañeros de trabajo, porque se les ha hecho ver que no pueden callar, ni siquiera por consideración hacía el hermano o la hermana y han de denunciar en el acto al que piensa de otra manera.
El autor cree que a pesar de que los personajes son en buena parte (algunos en su totalidad) fruto de su fantasía y aunque algún detalle no responda del todo a hechos reales, en general, la novela refleja la verdad interna de lo narrado.
En la novela pretende, entre otras cosas, dejar constancia de que, en aquellos años oscuros existió alguna forma de resistencia interior en Alemania: Las cárceles estaban llenas y muchas personas perdieron la vida por cuestiones ideológicas o por haber provocado actos de sabotaje. De hecho, al escribir la historia del matrimonio Quangel (como llama en la novela a los Hampel), Fallada nos hace ver que la actuación de un insignificante matrimonio del norte de Berlín que acepta un buen día de 1940 luchar contra la enorme maquinaria del estado nazi, provoca algo grotesco: el elefante se siente amenazado por el ratón y despliega todos los medios de la policía política para atraparlos. La novela nos cuenta esa persecución, la investigación (bastante deficiente y plagada de errores, por cierto) y el calvario posterior de los protagonistas en las cárceles del Reich, las torturas, el esperpento de juicio en nombre del pueblo alemán, pero en cuyas actas se estampaba el sello de alto secreto, para que ese pueblo no se enterase de qué tipo de justicia se impartía en su nombre.
La novela se publicó un año después de la muerte de Fallada y curiosamente, más de sesenta años después, en 2011, se convirtió en el título más importante en Amazon y líder de las obras más vendidas en veinte países.

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