viernes, 20 de julio de 2018

UNE VIE (EL JARDÍN DE JEANNETTE)

La acción se desarrolla en Normandía en 1819. Jeanne Le Perthuis des Vauds (Judith Chemla), hija del barón Simone-Jacques Le Perthuis (Jean-Pierre Darroussin) y su mujer Adelaide (Yolande Moreau), es una mujer joven llena de sueños infantiles e inocencia que cuando regresa a su casa tras acabar sus estudios escolares en un convento, se casa con un vizconde local, Julien de Lamare (Swann Arlaud), que no tarda en mostrarse como un hombre miserable e infiel, de hecho, descubre que ha estado engañándola desde antes de la boda con Rosalie (Nina Meurisse), sirvienta en casa de sus padres, que tiene la misma edad que ella y fue criada por la misma nodriza, a la que Julien ha dejado embarazada, siendo despedida. Poco a poco, las ilusiones de Jeanne se desvanecen. Tras su matrimonio, Jeanne sólo irá de desgracia en desgracia, primero por culpa de su marido y luego a causa de su hijo. Julien, tras su infidelidad con Rosalie, obtiene el perdón de su esposa, pero pronto vuelve a serle infiel con una vecina, muriendo a manos del marido de su amante, dejando a la joven aristócrata sola con su hijo, Paul (Finnegan Oldfield), que tiene problemas de salud. A los 15 años, el chico se va de casa para estudiar y se enamora de una prostituta, acumula una deuda de cientos de francos y huye a Londres, donde lleva una vida disoluta y no para de enviar peticiones de dinero a su madre.
Con 42 años, sus padres muertos y sin dinero, Jeanne recibe la ayuda de la leal Rosalie, que ha regresado junto a su antigua amiga.


Basada en la novela homónima de Guy de Maupassant (su primera novela), publicada en 1883, que Tolstói consideraba como la mejor obra narrativa francesa desde Los miserables, de Victor Hugo y que ya había sido llevada a la pantalla en 1958 por Alexandre Astruc, con Maria Schell en el papel protagonista.


El guión sigue a grandes rasgos el texto original, con la única licencia importante de ir entremezclando flashbacks que nos van contando situaciones del pasado y otras escenas en las que sobre imágenes del momento, se superpone la voz en off que narra acontecimientos de otro momento.
El realizador experimenta con el film, desde el formato, hasta esa forma de narrar que hemos expuesto y, aunque no siempre le sale del todo bien, consigue una película bastante interesante en el plano estético, quizá un poco larga. Al final Stéphane Brizé logra una película interesante partiendo de algo que, calidad literaria al margen, no deja de ser un folletín decimonónico.




No hay comentarios:

Publicar un comentario