lunes, 11 de enero de 2016

LA LOZANA ANDALUZA

Lozana (Maria Rosaria Omaggio), una española oriunda de Andalucía, llega a Roma, una ciudad que se ha convertido, aparte de cabeza de la cristiandad, en un mundo de bullicio y de cierto libertinaje, con casas de citas que abundan en la ciudad y de las que los cardenales y clérigos en general, no son precisamente los clientes menos importantes.
Napolitana (Diana Lorys) y su sobrino Rampin (Enzo Cerusico), se encargan de acoger a Lozana y explotar su belleza para convertirla en la cortesana de más éxito en Roma. El negocio marcha viento en popa, hasta que aparece el noble toledano don Sancho Villafáñez (Carlos Ballesteros), que se enamora de Lozana y pretende que le siga en su viaje de regreso a España.
La película, dirigida por Vicente Escrivá, adapta de manera libre la obra del Vicario del Valle de Cabezuela, padre Francisco Delicado y, como indican los títulos de crédito, toma algunas ideas de textos del bachiller Fernando de Rojas, Salas Barbadillo y el Arcipreste de Talavera.
En realidad el libro de Francisco Delicado, nos habla de la vida de la vida de Lozana, desde su infancia, en la que atendía al nombre de Aldonza, hasta su retiro en 1527, el año en que Roma fue saqueada brutalmente por las tropas del Emperador Carlos V. El guión de la película se centra en esta parte que trascurre en Roma, sin citar nada de la vida de Lozana en España.


Estamos ante una adaptación bastante mediocre y una película que basó el momentáneo éxito que tuvo en mostrar las bellezas corporales de la protagonista, en una época en la que España se estaba liberando de las ataduras de la dictadura y en que gracias a esta y otras películas por el estilo, algunos españoles pudieron ahorrarse el viaje a Perpignan.
Es una coproducción hispano-italiana, cuyas imágenes de exteriores se rodaron en Roma, Toledo, Cáceres y Alcalá de Henares. Quizá lo más destacable sea la música de Antón García Abril, el resto, bastante mediocre.




sábado, 9 de enero de 2016

LA SAGA DE LOS RÍUS

En noviembre de 1977, TVE emitió un programa de presentación de la que iba a ser una ambiciosa serie de trece capítulos (el DVD que se puede encontrar ahora es una refundición que los ha reducido a 10 sin perder prácticamente nada de la versión original) titulada "La saga de los Ríus", basada en tres novelas del escritor catalán Ignacio Agustí, que formaban parte de una pentalogía, "La ceniza fue árbol", que tardó en completar treinta años.
Los guiones, de Juan Felipe Vila San Juan, toman como base las tres primeras novelas del ciclo: "Mariona Rebull", "El viudo Ríus" y "Desiderio", abarcando un periodo que va desde 1880 a 1916. En ellas se narran los inicios de la empresa textil Joaquín Ríus; los amores de su hijo, también llamado Joaquín (Fernando Guillén), con Mariona Rebull (Maribel Martín); la muerte de esta en un atentado que tuvo lugar en el barcelonés Teatro del Liceo; la lucha de Joaquín por mantener a flote la empresa familiar con la difícil situación creada por la pérdida de las colonias, los levantamientos sociales en la Barcelona de principios del siglo XX y algunos apuntes sobre la vida del heredero de la empresa, el joven Desiderio Ríus (Emilio Gutiérrez Caba), sus devaneos amorosos y el matrimonio final con otra miembro de la sociedad acomodada barcelonesa, la joven Crista Fernández Torra (Victoria Vera).
La serie podemos dividirla en tres partes que se corresponden, a grandes rasgos, con las tres novelas en que se basa. La primera, es una historia romántica, los amores de Joaquín y Mariona y el final trágico de esta en el atentado anarquista del Liceo. La segunda, la lucha de Joaquín Ríus por mantener y aumentar la capacidad de la empresa textil y los enfrentamientos sociales que se vivieron con los primeros movimientos obreros en los albores del siglo XX. Por último, entra en escena el joven Desiderio, hijo de Joaquín y Mariona, un chico que se ha encontrado todo hecho y que no está demasiado preocupado por la empresa familiar, prefiriendo dedicar su tiempo al juego, las pasiones amorosas y la equitación, aunque al final entrará por el aro y se casará con una joven de su misma clase social.
Ignacio Agustí, el autor de las novelas, un hombre que había sido militante de la Lliga Regionalista de Cambó, hubo de huir de Barcelona con el estallido de la Guerra Civil, ante la certeza de que su vida corría peligro, como la de tantos otros regionalistas no separatistas que estaban señalados por los partidos del Frente Popular, con Esquerra a la cabeza. A través de Portugal, entró en la llamada Zona Nacional, instalándose en Burgos, junto a otros intelectuales que formaron el llamado grupo catalán. Se afilió a Falange en 1937, aunque nunca le fue mucho la parafernalia de sus camaradas, con los que tuvo algún enfrentamiento, sobre todo durante la II Guerra Mundial, ya que Agustí era abiertamente pro-británico.
Partidario de una Cataluña muy catalana y muy española, había escrito siempre en catalán, pero las obras a que nos referimos, fueron escritas en castellano y, principalmente "Mariona Rebull", fue todo un éxito de ventas, el personaje se hizo archifamoso en la España del momento, hasta el punto de que mucha gente llegó a tener la certeza de que había existido realmente y que había muerto a consecuencia de la bomba que el anarquista Santiago Salvador Franch hizo estallar el 7 de noviembre de 1893, en la apertura de la temporada de invierno del Gran Teatro del Liceo de Barcelona.
La serie, que contaba con actores muy conocidos de la escena española (algunos lo serían con el tiempo) como Fernando Guillén, Maribel Martín, José María Caffarel, Emilio Gutiérrez Caba, Victoria Vera, Mari Carmen Prendes, Ramiro Oliveros, Ágata Lys, Rafael Anglada, Montserrat Carulla, Teresa Gimpera, Enric Arredondo, Alejandro Ulloa o Montserrat García Sagués, había comenzado a gestarse en 1973, pero como pasa con estos proyectos en más de una ocasión, fue pasando de un cajón a otro de los directivos de TVE, hasta que en el verano de 1975, comenzó el rodaje, que duraría casi un año, en el que se invirtieron unos 5 millones de pesetas por episodio, con decorados de plató en los estudios Miramar de Barcelona, los antiguos telares de las sederías Balcells de Manresa, la fábrica Godoy-Trías de L'Hospitalet y exteriores localizados en las provincias de Madrid, Barcelona, Sevilla y Granada.
Magníficamente ambientada, con un inusitado despliegue de coches de caballos y automóviles de época y un espléndido vestuario, la música fue encargada a Augusto Algueró, no es nada del otro mundo, salvo el leivmotiv que incluye aires de sardana.
Los títulos de crédito se presentaban sobre unas estupendas acuarelas de Sergio Bigas, que reproducen estampas de lugares emblemáticos y situaciones cotidianas de la Barcelona de la época.
La serie fue dirigida por un clásico de televisión, Pedro Amalio López, y supone un trabajo de gran calidad que retrata, con realismo y un toque viscontiano, un periodo emblemático de la historia reciente de Cataluña desde el punto de vista de la sociedad burguesa acomodada.



viernes, 8 de enero de 2016

PASCUAL DUARTE

Pascual Duarte (José Luis Gómez), vive en un pueblo de Extremadura en la casa familiar, junto a su padre, Esteban Duarte (Héctor Alterio), su madre y su hermana Rosario (Diana Pérez de Guzmán). El padre, un hombre dado a la bebida, maltrata a su esposa y a su hijo, mientras Pacual, que acude a la escuela donde el cura del pueblo le enseña a leer junto a otros niños, escapa siempre que tiene ocasión para vagar por los campos de los alrededores en compañía de otros arrapiezos.
Rosario se marcha a la ciudad junto a Paco López "El Estirao" (Joaquín Hinojosa), una especie de proxeneta al que Pascual odia y con el que tiene algún enfrentamiento que acabará en tragedia como tantas otras cosas en la vida del protagonista, que le llevarán más de una vez a cumplir penas de cárcel.
Siempre regresa al pueblo y a casa, con su madre, con la que mantiene una relación tirante, como de violencia contenida, manteniendo una actitud reservada, silenciosa y enigmática.
Pascual se casa con Lola (Maribel Ferrero), tras haberla dejado embarazada, se van a Trujillo de luna de miel y allí viven unos días de relativa felicidad, que aprovechan para visitar a Rosario.
Al regreso, Lola pierde al niño que espera y Pascual, resentido con la mula a la que culpa de la tragedia de su esposa, mata a navajazos al animal.


Adaptación de la novela "La familia de Pascual Duarte", de Camilo José Cela, tenida por una de las mejores obras del autor y de la literatura española contemporánea. El guión, firmado por Ricardo Franco, Emilio Martínez Lázaro y Elías Querejeta, opta por despojar del protagonismo que en el mismo tiene la familia del personaje principal, para centrarse en éste. De hecho, personajes como el hermano de Pascual, ni siquiera aparecen en el film, la influencia negativa de la madre no es explicada, y se trata de pasada sus estancias en la cárcel, mientras otras situaciones claves en la novela de Cela, quedan en manos de que el espectador sepa interpretarlas o deducirlas tras algunas somera referencias.


El resultado es un film que se aparta de la literalidad del relato primigenio, construyendo una historia propia, aunque no siempre consigue transmitir lo que pretende. Ricardo Franco, su realizador, nos ofrece unas cuantas escenas planificadas como fotogramas estáticos, de cierta belleza plástica pero que al repetirse una y otra vez, en nada ayudan a la fluidez del relato que, por contra se vuelve lento, incluso pesado, por momentos.
El origen del particular carácter del protagonista, pienso que queda mal explicado y las metáforas y símbolos con que lo intenta explicar, creo que son difíciles de entender.


El resultado es un film plagado de silencios en el que las imágenes toman protagonismo, contraponiendo los amplios y luminosos paisajes extremeños con la opresión de la cárcel y de la oscura casa familiar. Hay una imagen recurrente que resume este lenguaje de imágenes: Pascual saliendo al exterior de la casa, plantando una silla en el suelo y sentándose en ella de espaldas a la fachada, parece que allí alcanza sus momentos de paz.
El Festival de Cannes premió a José Luis Gómez como mejor actor.




jueves, 7 de enero de 2016

AVARICIA (JUAN ESLAVA GALÁN)

La avaricia, la codicia, la corrupción que a ellas va ineludiblemente unida, son “debilidades” humanas que han alcanzado en este país unas cotas difícilmente superables. Desde el truhan de toda la vida que se sirve del trabajo ajeno para pasar por este valle de lágrimas sin dar un palo al agua, pero manteniendo un status que le permite vivir sin privaciones de ninguna clase, pero en un nivel que podríamos considerar modesto, hasta las más altas magistraturas del estado, comenzando por la propia monarquía o los gobernantes de turno, y por descontando los llamados poderes fácticos (Iglesia, banca, sindicatos…) que mientras predican la pobreza, la austeridad, el ahorro, la solidaridad, etc., etc., como medio de ganarse un lugar de privilegio en la otra vida o de dar ejemplo en esta, van a lo suyo y practican aquello de haz lo que te digo y no lo que yo hago.
De esto, haciendo honor al título, va el segundo libro dedicado a los pecados capitales de los españoles que edita Destino y que como el anterior, firma Juan Eslava Galán. Si en aquel la frontera final del texto era la llegada de la democracia a España, en este, prácticamente medio libro, nos habla de estos últimos cuarenta años, sin duda, era muy difícil que el autor se sustrajera a terreno tan abonado y tan espléndido en historias de corruptelas como es el que nos ha tocado vivir en los últimos tiempos.
Pero se engaña quien piense (ingenuos los hay que así lo creen), que el final del siglo anterior y principios del presente, se llevan la palma en estos asuntos del vil metal y su ilícita acumulación en manos de avaros y desaprensivos, de sobra sabemos que su recorrido en la Historia, es tan viejo como la propia humanidad, que ahora se conozcan más, no quiere decir que no existieran.
Tras referirse a la larga historia de avaricia de la Iglesia y su acumulación de bienes en las llamadas “manos muertas”, el punto de partida que toma Eslava para comenzar su somero repaso a algunos de los más conocidos (otros no tanto, es cierto) casos de avariciosos/corruptos, es el de la reina María Cristina de Borbón, la viuda del ínclito Fernando VII, devorada por una insaciable sed de oro, en palabras de Leopoldo O’Donnell, que hace también referencia a la oficina de influencias que la reina madre estableció en su residencia, el palacio de las Rejas (frente al actual Senado, a dos pasos del Palacio Real). Como se ve, estos de ahora, han tenido inmejorables maestros y la cosa viene de lejos, las corruptelas tienen mucho rodaje en la antigua Iberia.
Capítulos muy jugosos, desde los dedicados a los negreros y dueños de plantaciones con mano de obra esclava (¡sí, españoles!), que en muchas ocasiones fueron ennoblecidos gracias a los dineros y la influencia que manejaban (de ahí vienen algunos de los apellidos ilustres de la actualidad, tras el oportuno lifting), pasando por los casos más conocidos que cobraron fama en la época de la II República (el más famoso, sin duda, el Straperlo, que fue la tumba del lerrouxismo), hasta quienes se forraron con las distintas guerras (Cuba, África, Guerras Europeas, Guerra Civil), mientras los de siempre, caían como moscas o perdían lo que tenían en beneficio de la patria, sin saber que para algunos la única patria es la del billete verde.
De los turbios manejos y los negocios poco edificantes que durante el franquismo fueron tapados convenientemente, a pesar de lo cual, por deslices, o por la magnificencia del asunto, en ocasiones trascendieron a la opinión pública, aunque oportunamente maquillados y una vez puestos a salvo los nombres de los intocables, léase familiares, generales salvapatrias, acólitos del régimen y los variados especímenes que tan bien retrató Berlanga en su “Escopeta nacional”.
Eso sí, como dijo otro ínclito, “Por España, todo por España”
De aquello, digo, pasamos a nuestra época democrática, en la que tan sagrado y esperanzador nombre, ha sido reiteradamente mancillado por unos y otros, de manera directa o, como gusta decirse ahora, transversal. Por más que nos resultan desgraciadamente conocidos, el autor hace un repaso, que ocupa la mitad final del libro, a los escándalos dinerarios de la democracia española, con algunas anécdotas que, no por sabidas, dejan de sorprender al lector medio que, en ocasiones desconoce detalles y que, en pocas ocasiones contará con una pluma tan adecuada como la de Eslava para la ironía, que suaviza, con sus acertados toques de humor, el coraje y la vergüenza de leer el relato, no por esperpéntico menos doloroso, de los mangoneos del poder y de algunos que medran a su sombra.
Aquí hay cera para todos, para los que se presentaron con cien años de honradez, pero decidieron que ni un minuto más, hasta para los herederos de las élites franquistas arrimados al apellido “popular”, pasando por los inmaculados nacionalistas e incluso para ciertos personajes que se nos presentan, no como representantes de la clase trabajadora, sino como si ellos mismo fueran los parias de la tierra.
Bueno, para todos, no, faltan algunos, como reconoce el propio autor medio en serio, medio en broma, ni el petróleo, ni las armas, ni la droga, ni las farmacéuticas, ni el narcotráfico (las mafias, en general), tienen vela en este entierro, una omisión totalmente voluntaria, fruto de la prudencia (legítima cobardía), porque no está interesado en dar pretextos a ningún falto de escrúpulos para que decida que hasta aquí llegó su paso por este valle de lágrimas.
"Tonto el último", como en los juegos de cuando éramos tiernos infantes, así parece que se han dicho unos a otros esta panda de espabilados que se forran con la ingenuidad, la falta de malicia o la simple resignación del prójimo, y cuyo recato moral va en proporción inversa a los ceros de su cuenta corriente.

Esta reseña se publicó en HISLIBRIS





miércoles, 6 de enero de 2016

MARATHON MAN

Thomas Babington Levy (Dustin Hoffman), un joven que está realizando su tesis doctoral sobre la tiranía en los EE.UU., entrena diariamente en Central Park, preparándose para correr marathón, como sus ídolos Abebe Bikila y Paavo Nurmi, ambos campeones olímpicos.
El hermano de Babe, Doc (Roy Scheider), trabaja en un departamento del gobierno conocido como la División, que se encarga de casos extralegales que quedan fuera del ámbito de la CIA o del FBI, aunque Babe cree que se dedica al negocio petrolífero.
Un accidente en las calles de Nueva York, vendrá a cambiar la vida de Babe, sin que éste sepa por qué le está ocurriendo aquello a él. En el accidente de tráfico, mueren dos ancianos que conducían temerariamente por las calles del barrio judio en plena celebración del Yon Kippur, estrellándose ambos vehículos contra un camión de fuel. Uno de ellos es hermano del Dr. Christian Szell (Laurence Olivier), un antiguo nazi, cuyas prácticas sádicas con los prisioneros judíos tuvieron lugar en el campo de Auswitch, donde era conocido como "El ángel blanco", por el color de su pelo. El hermano de Szell, le enviaba periódicamente a su refugio en Paraguay, diamantes que tenía escondidos en una caja de seguridad de un banco de Nueva York, pero al fallecer, se interrumpen los envíos y Szell se ve obligado a viajar a Nueva York, pues es el único que poseé otra llave para abrir la mencionada caja.


Basado en un best seller del escritor William Goldman que, a su vez, firma el guión del film, aunque los productores encargaron a Robert Towne que reescribiera el final, algo que, lógicamente, no gustó a Goldman que, por otra parte, consideraba que esos cambios empeoraban el conjunto de la película.
De lo mejor del film, la fotografía de Conrad Hall y ver en pantalla a Laurence Olivier que tuvo que hacer no pocos esfuerzos para sacar adelante su papel, pues estaba en tratamiento contra el cáncer. Su actuación le valió la nominación al Oscar como mejor secundario.


Intenso thriller de John Schlesinger, en el que maneja muy bien el ambiente opresivo que consigue a partir del secuestro del protagonista, aunque quizá la primera parte de la película es algo lenta.
En general, se observan la cantidad de manipulaciones (en el buen sentido, claro), que hace el guionista y autor del libro, para llevarnos a donde quiere, con un montón de situaciones que no quedan explicadas y que parece que se saca de la chistera según conviene.
Ponga un nazi en la trama y obtendrá éxito y así fue con el libro superventas de Goldman. La película es entretenimiento por encima de todo (que no es poco), pero no intenten entender todo lo que ocurre.
Como curiosidad, entre un montón de periódicos del día que relatan el accidente en el que pierde la vida el hermano de Szell, se puede ver la portada del diario madrileño "Ya".




sábado, 2 de enero de 2016

EL ÚLTIMO SOLDURIO

Ambientado durante las Guerras Cántabras, el enfrentamiento entre los romanos y las tribus cántabras y astures que tuvo lugar entre los años 29 y 19 a.C., el libro se basa en un personaje que nada entre la realidad y la leyenda, Corocotta, un jefe cántabro (aquí empiezan las dudas, pues para algunos era lusitano, como Viriato), hijo de Corcontas y de una sacerdotisa llamada Nocica, que llega a pelear en las Galias a las órdenes de César encuadrado en las tropas auxiliares y que más tarde formará parte de la guardia personal de propio Julio César hasta poco antes de la muerte de éste.
Después de una larga "excursión" del personaje que, aparte de lo ya mencionado sobre la Galia o Roma, viajará a Gades (Cádiz), a Numidia y en su regreso a su tierra natal, atravesará Sierra Morena y algunos de los territorios diversos de la Hispania romana del momento. Linto (nombre del guerrero apodado Corocotta), regresa a su tierra natal, a punto de ser invadida por tierra y mar por el nuevo emperador Augusto, deseoso de concluír la definitiva romanización de la Península.
Podemos considerarlo como una novela histórica, ya que el personaje existió y tanto él, como muchos de los hechos que se narran están citados en las fuentes latinas. El libro da muchos detalles de cómo podía ser la vida de aquellas tribus prerromanas, de sus creencias y relaciones entre ellas y con los conquistadores romanos.
Aunque su lenguaje es sencillo y se acomoda a una fácil lectura, creo que siendo un argumento atractivo, no acaba de resultar medianamente convincente. No por los hechos de armas que relata, o por el talante de Corocotta y los suyos, sino porque se pierde en devaneos geográficos que pueden ser tachados de turísticos, y otro tanto ocurre con algunos de los acontecimientos de los que hace partícipe al protagonista. Pienso que debería haberse centrado más en la figura del héroe cántabro, pero claro, eso quizá no hubiera dado para las casi 600 páginas del libro, algo que parece obligado para que las editoriales tengan en cuenta las obras de autores noveles, en las que parece tener más importancia el peso que el contenido.
Está muy bien que descubramos pasajes de nuestra historia poco conocidos, hay para mucho y la pena es que no se haya escrito más sobre ellos. Javier Lorenzo hace un esfuerzo encomiable de documentación y de narrativa, pero pienso que se le ha ido de las manos por querer abarcar más de la cuenta y por querer presentar al personaje en escenarios variopintos y en situaciones que no lo son menos.
Sabor agridulce al final de la lectura que, por momentos, decae un tanto, mientras en otros parece remontar el vuelo.
Una de las principales virtudes de la novela, es que no presenta a los cántabros como los buenos y a los romanos como los malos, en ambos bandos hay de todo y la conquista se presenta como algo inevitable.
Para quien quiera ver la novela en clave identitaria mal entendida, decir que el propio Javier Lorenzo, nos aclara cualquier duda al expresar su pensamiento sobre los nacionalismos y, concretamente sobre un pretendido nacionalismo cántabro: "El nacionalismo cántabro es como el hijo tonto de Sabino Arana", apunta el autor madrileño.
Creo que la lectura resultará más atractiva para quienes no conocen demasiado la historia de Roma, pues descubrirán muchas cosas nuevas para ellos, a quienes tenemos conocimiento de ellas, aunque sean someros como es mi caso, algunas cosas nos chirrían un tanto por parecer que están metidas de cualquier manera en la novela.
En cualquier caso, ya digo que el esfuerzo me parece digno de aplauso.



viernes, 1 de enero de 2016

SASSY PANTS

Bethany Pruitt (Ashley Rickards) vive en casa de su madre, junto a su hermano menor.
La mamá, resulta ser una persona controladora que obliga a sus hijos, incluso a estudiar en casa mediante cursos online para evitar que sean contaminados por el peligroso mundo exterior.
Bethany ha concluído el equivalente a los estudios medios de aquí y su madre, tras prepararle una especie de fiesta de graduación casera, desea que continúe en la universidad, pero Bethany sueña con dedicarse al mundo del diseño de moda.
En un arranque de ira, en parte por haber descubierto que Bethany había escapado para ir a una fiesta de adolescentes, su madre destruye el cuaderno en el que su hija va pegando recortes de revistas con prendas de ropa y zapatos; Bethany se siente humillada y se marcha de casa para ir a vivir con su padre que se dedica a la venta de coches, es gay y vive con su pareja, un chico mucho más joven que él, casi de la edad de su hija.
Bethany encuentra trabajo en una tienda de ropa, aunque una de sus compañeras se las arregla para que acaben despidiéndola con la falsa acusación de que se queda con dinero.
Su madre va a buscarla para que regrese a casa, necesita ayuda porque la abuela, grávemente enferma, ha ido a vivir con ellos.
Bethany sigue peleando para conseguir su sueño de ingresar en una escuela de diseño de San Francisco.


Coley Shon, realizador y guionista del film, desarrolla una historia basada en un anterior corto suyo, titulado "Boutonniere", premiado en el Sundance de 2009.
El film es una historia emotiva sobre la vida de estos dos adolescentes, centrado sobre todo en la chica.
La madre se casó con un gay, porque, como dice ella, se subió al primer caballo que pasaba para huír de su hogar que le resultaba opresivo, pero ha acabado convirtiendo el suyo en algo idéntico para sus hijos.


Aunque no sean gente de primera línea, sí que, aún siendo una película financiada por productoras independientes, cuenta con actores conocidos; el novio del padre está interpretado por Haley Joel Osment, aquel muchacho que arropado hasta la nariz declaraba asustado a Bruce Willis el famoso "en ocasiones, veo muertos"; o la abuela, la genial Jenny O'Hara, a quien algunos recordarán de Mystic River; junto a ellos Anna Gunn, Dietrich Bader o Martin Spanjers.
Una historia con tintes de comedia dramática, no carente de interés, divertida y que llega a emocionar. Una buena alternativa para ver una película que se sale de lo que nos ofrecen los circuitos comerciales habituales.