
Manuela (Judy Garland), es una chica romántica y soñadora que anhela vivir una existencia aventurera con su héroe, el legendario pirata Macoco.
Vive en un país caribeño con sus tíos, que la adoptaron al fallecer sus padres.
Su tía Inés (Gladys Cooper) tiene para ella planes que se alejan mucho de los sueños de Manuela, quiere casarla con el orondo alcalde de su localidad, el adinerado Don Pedro (Walter Slezak).
Durante una visita de Manuela a la localidad de Puerto Sebastián, un cómico español llamado Serafín (Gene Kelly), logra hipnotizarla en el espectáculo que representa y descubre que Manuela no quiere a Don Pedro y que está enamorada de Macoco. Serafín, que está enamorado de ella, intentará impedir el matrimonio conquistando a la chica.
A pesar del título, sólo hay que echar un vistazo a los créditos para darse cuenta de que no se trata de una película de piratas. los nombres de Vicente Minnelli, Judy Garland, Gene Kelly o Cole Porter, no nos permiten albergar duda alguna, evidentemente es un musical.
Un film que, a pesar de estar considerado como una obra menor de este genial director, a mí me parece que no desmerece en absoluto y no sólo eso, sino que en muchos pasajes de la misma encontramos todo el saber hacer y el arte del mejor Minnelli.
Fue la última colaboración de Garland con su marido Minnelli, de quien terminaría divorciándose en 1951.
Judy está por debajo de su partenaire (al parecer estaba enferma cuando se rodó) que redondea una actuación magnífica. Números musicales de gran nivel, algunos incluso adelantados a su tiempo, con coreográfias del propio Kelly y de Robert Alton y de los que el guión no abusa, no resultando pesados en ningún momento. Hay un par de ellos que sobresalen, uno al final, "Be a clown" (que Kelly baila con los Nicholas Brothers) y otro al principio de la peli, "Niña", que a mí me gustó muchísimo, sólo por verlo, merece la pena el visionado del film, con un Gene Kelly desbordando facultades y arte.
Las canciones (incluídas las dos de las coreografías mencionadas y que llevan el mismo título) son de Cole Porter, toda una garantía de éxito.
Si a ello unimos la presencia de magníficos secundarios, como Walter Slezak o Gladys Cooper; el maravilloso tratamiento del color gracias al buen hacer de Harry Stradling; podemos hablar de una película de gran calidad artística, que resulta entretenida, que se ve con placer y que levanta el ánimo del que la ve.

Hacer realidad una fantasía, eso es lo que pretende Minnelli con esta obra, no tiene otras pretensiones y desde luego que lo logra. Toda una declaración de amor al musical de Broadway, con exuberantes decorados y maravilloso vestuario que nos transporta a un mundo de ensueño y fantasía. Un canto a la imaginación y, por encima de todo, un show, un gran show.