sábado, 16 de enero de 2010

¿QUIÉN LLEVA LA CARGA?

Dos ermitaños que tenían juramento de castidad, por lo que no podían acercarse a ninguna mujer, cruzaban el desierto cuando de repente encuentran un río inmenso en su camino; ambos se disponen a cruzarlo cuando una bella joven se les aproxima y les pide ayuda para cruzar el río, ya que sus piernas no aguantarían la fuerza de la corriente.
De los dos ermitaños el más joven se niega en rotundo dado que su voto de castidad le obliga a evitar las tentaciones, sin embargo el más mayor toma firmemente a la joven mujer en sus brazos y cruza el río con ella, su compañero, perplejo cruza el río tras él.
Al cruzar el río el ermitaño mayor suelta a la joven en la orilla y le desea buen viaje, mientras que el menor queda en silencio.

Tras dos horas caminando el menor, que hasta entonces nada había hablado dice con cierto rencor:

- Cogiste en tu brazos a esa mujer y la llevaste por el rio…

A lo que el mayor le responde:

- ¡Ah! ¿Tu aún la llevas?




viernes, 15 de enero de 2010

EJECUCIÓN INMINENTE

Clint haciendo su papel, ese que parece hecho para él y con el que le identificamos, como a Woody Allen con el paranoico que vive por y para su psicoanalista. Y es que vuelve a hacer ese personaje tipo inspector de policía, aunque aquí disfrazado de periodista investigador, eso sí, menos cabezota y perdonavidas que en otras ocasiones, más suavizado y mucho más humano.

La película es un alegato contra la pena de muerte, por supuesto, pero también lo es contra el racismo y contra las imperfecciones del sistema judicial norteamericano, bien que estas, al menos en los casos como el que aquí se refleja, vienen derivadas precisamente del racismo. La mayoría de los condenados a muerte en EE.UU., son negros y no es porque sean o no culpables en mayor o menor medida que los blancos, sino que el sistema no es tan "cuidadoso" a la hora de las pruebas con unos y otros.

Aunque, en general, la película mantiene un buen ritmo, es como si este fuera en descenso a medida que avanza. No es menos cierto que al final remonta, magníficas las escenas de la cámara donde se suministra la inyección letal al reo, con esa mano sobre el cristal de la esposa deshecha de dolor y que acaba en fundido que enlaza con las secuencias que ponen la guinda a la peli. Todo el final es muy bueno, sobra quizá la parte del frenético recorrido en coche del protagonista, al menos la duración de ese viaje por las calles de la ciudad.


Las interpretaciones me han parecido muy buenas, me quedo con la de James Woods, el jefazo del periódico que hace un papelazo, aunque no sea demasiado largo. Precísamente algunas de las escenas que tienen él y Clint Eastwood, son de las más graciosas del film, humor del que, por otra parte, no anda escaso, dosificándolo con sabia maestría en una película que cuenta una historia tan trágica. Un contrapunto que queda perfecto.

Una buena película, la historia de este periodista "con olfato". Una peli para ver "con tostadas" y que anotamos en la columna del haber de Mr. Eastwood.


jueves, 14 de enero de 2010

BESO


















Cierra los ojos y sólo siente.

No te distraigas con rasgos, gestos o facciones bellas o menos agraciadas.

El mejor beso es el que no se ve.


miércoles, 13 de enero de 2010

MEDIANOCHE EN EL JARDÍN DEL BIEN Y DEL MAL

Algo que me imagino yo es a Clint Eastwood disfrutando con esta película. Si le gusta el cine, algo que suponemos todos después de la carrera que ha desarrollado, aquí lo debió pasar bastante bien desde antes de comenzar. Me imagino al equipo buscando exteriores en Savannah y a partir de eso, a trabajar, pero también a disfrutar. No sé por qué tengo esta imagen.
Lo cierto es que estamos ante una película de las más extrañas que haya realizado el actor-director-productor. Para mi gusto particular, la historia desarrollada en el guión, no es de lo mejor de la peli, porque mezcla varios géneros, pero sin profundizar en ninguno de ellos. No lo hace mal, no en vano lo que le sobra a "nuestro" director es oficio, lo que ocurre es que si uno se pregunta qué ha visto, no creo que nadie pueda responder con certeza porque es una especie de refrito de película judicial, de retrato de sociedad de pequeña ciudad sureña, de denuncia social sobre la hipocresia, de defensa del mundo gay, de descubrimiento de otro mundo distinto al de Nueva York, todo ello con toques de vudú y espiritismo, pequeñas pinceladas de thriller, que acaban en pequeño batiburrillo que, tal vez fue, en parte, culpa del escaso éxito en taquilla de esta película. Es de esos films de los que los críticos suelen decir: "Sólo el gran Eastwood podía atreverse con algo así". Eso no sé si es bueno, malo, o una forma de decir que no saben muy bien qué decir de la película.


















Mi impresión es que esta mezcla, hace que uno se pierda un poco. Trataré de explicarme. Cuando el film empieza, uno se ve subyugado por el ambiente que nos pinta de Savannah, es como si lograra convencernos de que allí va a ocurrir algo que nos va a sorprender y estás expectante. Sin embargo, cuando los hechos que dan lugar a la parte central de la trama, tienen lugar y empieza la parte judicial, por así decirlo, aquello baja un poco y en algún momento da la impresión de que estuviera mal hilada, de modo que al final, uno tiene la sensación ambivalente de que ha visto una gran película, pero que hay algo que no acaba de estar bien, de hacerla quedar redonda. Y claro, te preguntas cómo es posible que una peli magnífica te pueda dejar insatisfecho. No sé, la sensación es rara.



Cómo explico esto. Pues creo que lo que ocurre es que por una parte acabas de ver un espectáculo visual de primer orden, eso que llamamos fotografía, ya sabéis, todo muy bonito, en ocasiones parece un reportaje turístico, hasta el punto de que te dices: "Jo, yo quiero conocer Savannah" Te queda la imagen de una ciudad encantadora y atractiva, con magníficos parques, unos pantanos con las ramas de los árboles besando el agua, unas casas que parecen un decorado de película, típicas de ciudad sureña en plena Guerra Civil Americana. Y qué decir de alguna de las composiciones, en las que me imagino al director relamiéndose de gusto al gritar "acción", después de haberlas preparado minuciosamente, como la escena del Club de Bridge para señoras casadas. Una pasada.

¿Y la dirección de actores? Me parece muy buena y, repito por enésima vez, yo no entiendo un pimiento de esto, quizá alguien me trate de sacrílego, pero a mí me parece que lo hace de maravilla.
La música, muy cuidada, a base de jazz y blues. La ambientación, que nos lleva a pensar a veces que el presente se ha detenido en el pasado, porque aunque la historia se sitúa a principios de los 80, el vestuario y ese especial glamour del que presumen los sureños, nos hace viajar tres décadas atrás.
Algunas de las pequeñas historias que conforman el "totum", son geniales. El baile de los negros ricos, por ejemplo; o el gran papel de Jack Thompson, como abogado defensor.
Y, sin embargo, algo falta y para mí, repito, es esa falta de profundidad y esa especie de falta de hilazón.
En cualquier caso, una magnífica película, de lo mejorcito de Eastwood, de eso no me cabe duda.

Añadir a lo escrito, que está basada en un hecho real, Jim Williams, fue acusado del asesinato de su asistente y condenado a cadena perpetua, solo que, a diferencia de la película, no hubo un juicio, sino cuatro y en los posteriores, la sentencia fue revocada por la mala ejecución de la obtención de pruebas.
Lady Chablis, que tiene un papel nada desdeñable en la peli, muy alabado por algunos y para otros metido con calzador, se interpreta a sí misma y realmente es (o era) un travesti que tiene espectáculo en Savannha.
La película tiene muchas lecturas, mucho para analizar e interpretar y si dejamos de lado el guión, nos deja un montón de buenas lecciones y sensaciones de lo que es buen cine.
No puedo acabar sin copiar una frase que me hizo gracia y que dice el bueno de John Cusak para describir la sorpresa en la que está sumido ante todo lo que descubre en esta ciudad y en esta sociedad del sur: "Es como ver Lo que el viento se llevó bajo los efectos de la mescalina".



lunes, 11 de enero de 2010

domingo, 10 de enero de 2010

EL SÍMBOLO PERDIDO

Uno no va al cine a ver una peli de Billy Wilder (o Willy Wilder), esperando ver lo mismo que en otra de Ingmar Bergman.
Me hace "gracia" que aún haya gente que se rasgue las vestiduras ante las novelas de este ex-profesor de inglés. Dan Brown, es un escritor de novelas comerciales y que nadie se engañe cuando tenga entre sus manos uno de sus libros.
Dicho lo cual, añado que su última novela (por ahora, pues ya está recopilando información para la siguiente), aporta pocas cosas nuevas. Ha dado con una clave que le está reportando éxito y continúa fiel a ella. Se trata, como saben quienes hayan leído sus obras anteriores, de sacar a relucir leyendas y cosas verídicas del pasado e irlas encajando.
En El símbolo perdido, lo más llamativo son las cosas que escribe alrededor de la Masonería, sus costumbres y rituales y el recorrido que nos hace por algunos monumentos de Washington. Por lo demás nada nuevo para quienes ya le conocemos. Trata de dar el ritmo oportuno a la novela a base de capítulos cortos, que mantengan la atención del lector y en los que va alternando las situaciones paralelas que convergerán al final.
Una vez tanscurridas las primeras páginas, hay un momento en el que el libro se pone interesante, al menos logra picar un tanto la curiosidad, pero eso va decayendo y, sobre todo hacia la mitad de la novela, se pierde esa sensación de manera irremisible.
A partir de entonces, uno ya sabe lo que va a pasar y quién es cada cual. La impresión es que el autor se ha propuesto ir alargando la novela como sea, con un montón de disquisiciones que están de más y que lo único que logran es que se haga un poquito pesada y que uno esté deseando que se acabe y encima, sabiendo que ya nada nuevo nos espera.
En definitiva, Brown se ha documentado bien, algo habitual y que es de agradecer, pero mantiene la misma estructura que le ha dado el éxito que innegablemente tiene y encima, en este caso, el planteamiento es poco creíble, porque si las relaciones de confianza que se establecen entre los "buenos" a mitad de la novela, se hubieran establecido al principio, todo hubiera sido mucho más sencillo en la resolución del caso, vamos que es como si para que una historia resultara más larga, o para darle algún aliciente, hiciera subir al protagonista a una montaña y bajarla otra vez, sin que uno le vea justificación. En ese aspecto es muy artificial, pero no deja de ser un buen entretenimiento para la tumbona de la playa o para desconectar de otros problemas.
Y lo que añado siempre, aunque a veces no lo diga, mi mayor respeto por toda este gente que escribe y publica, a uno le pueden gustar o no las obras que escriben, pero detrás de ellas hay muchas horas de trabajo y una manera de escribir que les permite estar ahí, mientras otros nos tenemos que conformar con quedarnos aquí y eso vale para Dan Brown o para cualquier otro.


viernes, 8 de enero de 2010

PODER ABSOLUTO

No estamos, ni mucho menos ante uno de los mejores trabajos de Eastwood, a pesar de lo cual, él sabe tirar de maestría y profesionalidad para ir sacando adelante esta película que tiene una buena historia, lo suficiente para conseguir que el espectador se quede pegado a la butaca, aún oliéndose lo que va a ocurrir, pero eso está bien adornado con un par de buenos giros dentro del guión, que hacen que tenga su aquel, que diría un castizo.
Buenas interpretaciones, como no podía ser de otro modo, dado el elenco de actores elegidos, de esos que prácticamente te aseguran que en ese aspecto no vas a tener problemas. Para mí, el que mejor lo hace es Gene Hackman, pero vamos, que los demás cumplen bastante bien.
Como digo, entretenida y con un ritmo que se logra, en parte, gracias a la sucesión de escenas no muy largas, que hacen que no nos llegue a aburrir, ni siquiera en los momentos en los que baja algo, que los tiene, para que vamos a negarlo, pero han sabido ajustarse al manual del buen thriller, para no correr riesgos y así poder salir del paso dignamente. Lo logran, pero sin un brillo especial.