Filip (Jerzy Stuhr) compra una cámara de cine de ocho milímetros cuando nace su primera hija. Como es la primera cámara de la ciudad, el director de la fábrica en que trabaja le encarga un reportaje sobre las celebraciones del 25 aniversario de la empresa. Sus horizontes se amplían cuando lo envían a festivales de cine regionales con sus primeras obras, pero su enfoque cinematográfico también lo lleva a conflictos domésticos y a dilemas filosóficos.
Tragicómica meditación de Krzysztof Kieslowski sobre el cine, considerada como el punto de inflexión del realizador polaco en la transición hacia la ficción desde el documental que prácticamente, hasta ese momento, es lo único que había hecho en cine.
Felizmente casado y con una situación económica estable, Filip Mosz compra la cámara para capturar los momentos en que se cumple el sueño de su vida y filmar los primeros años de la vida de su hija, pero queda fascinado por el medio, que pasa a convertirse en su pasión.
La película refleja la compleja relación de Kieslowski con la "realidad" y sus posibles representaciones. A través de la necesidad, a veces algo cómica, de Filip de capturar "la vida tal como es", Kieslowski denuncia el mito de la objetividad que hay detrás del llamado Cinéma Vérité.
La película tiene otras vertientes, la crítica a la censura, incluso al propio régimen socialista; a los festivales o a cierta concepción intelectual de este arte.
Más que implicar que no existe una interacción con la realidad, que pueda dejarla intacta, Kieslowski sugiere que el acto de ver es en sí mismo un momento de creación.




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