Zack (Tom Waits), Jack (John Lurie) y Roberto (Roberto Benigni) comparten celda en una prisión de Louisiana. Zack es un DJ; Jack, un proxeneta de poca monta y Roberto, un turista italiano cuyo dominio limitado del idioma inglés es a la vez entretenido y exasperante. Más útil para ellos es el hecho de que Roberto conoce una ruta de escape.
Tanto Zack como Jack han sido detenidos por delitos que no cometieron, les han tendido una trampa. Bob, por su parte, está acusado de homicidio involuntario. La película deja de lado los estereotipos de los films carcelarios, incluída toda la preparación y ejecución de la escapatoria, para centrarse en los personajes y en las acciones recíprocas ente ellos, primero en la cárcel y después en su huída a través de los pantanos de Nueva Orleans.
Jim Jarmusch nos presenta un retrato de solitarios y marginados en el panorama estadounidense, en esta especie de mezcla entre pesadilla y cuento, con interpretaciones brillantes y una fotografía en blanco y negro impecable a cargo del aclamado Robby Müller (Paris, Texas; Bailar en la oscuridad).




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