jueves, 10 de noviembre de 2016

EL TEMOR DE UN HOMBRE SABIO

Segunda entrega de la Crónica del asesino de reyes, aparecida cuatro años después de la publicación de la primera, El nombre del viento.
Aunque la novela no las señala como partes diferenciadas, podemos ver tres partes distintas en la misma, una primera que transcurre en la Universidad, una segunda, en la que Kvothe abandona los estudios para irse a Vintas, esta segunda consta a su vez de dos historias, una en la que el protagonista entra al servicio del Maer Alveron, gobernante de aquellas tierras, salvándole de una muerte segura por el envenenamiento a que está siendo sometido por su propio médico, y una segunda en que el Maer le envía junto a un grupo de mercenarios para acabar con los salteadores del camino real y que llevarán a Kvote, cuando regresa a Vintas, hasta las tierras de Ademre. En la tercera parte del libro, Kvothe está de regreso en la Universidad, viviendo momentos aparentemente apacibles, gracias a que sus problemas económicos se han solucionado. Todo hace indicar, según palabras del protagonista que es la calma que precede a la tempestad.
Por momentos, parece que la novela avanza lentamente, más si tenemos en cuenta que son más de mil páginas de texto y que pocas dudas se nos aclaran con respecto a la primera entrega, sin embargo Patrick Rothfuss, se las apaña bien a la hora de captar la atención del lector y mezclar algunas partes que serían perfectamente prescindibles, con momentos de tensión e intriga que hacen que el interés remonte el vuelo.
El caso es que quedan un montón de incógnitas por resolver para la que se ha anunciado como tercera y última entrega de la saga y que no acaba de aparecer en el mercado, de forma que o va a ser muy larga, o con todo lo que ha quedado en el aire, la acción se promete trepidante. Espero que entre autor y editores, no acudan al recurso de alargar la historia o dividir la última novela en dos entregas, porque, al paso que va la burra, se me antoja que quizá no llegara a tiempo de leer la última.
El personaje central, queda definitivamente perfilado como una persona en la que el autor aúna con cierta maestría poderes excepcionales adquiridos a través de sus estudios en la Universidad y de sus dotes naturales, pero también alguien que tiene problemas bastante prosaicos, como las dificultades económicas o su desventaja con respecto a los poderosos, en parte agravados por su procedencia familiar.
Interesante me ha parecido la introducción en la historia del mundo Fata y la estancia de Kvothe en Ademre, donde es iniciado en los misterios del Lethani.
La novela acaba con un momento un tanto desconcertante, aunque adivinemos por dónde van los tiros, cuando Bast, el ayudante de Kvothe, parlamenta en plena noche, con los soldados del rey que han robado y golpeado a Kvothe en su taberna.
Si al final del primer libro, pensaba que con leer este segundo iba a dar por concluida mi relación literaria con Patrick Rothfuss, ahora he de confesar que paso a formar parte de aquellos que esperan con una mezcla de curiosidad e interés, la publicación de Las puertas de piedra y es que, en algunos tramos, esta segunda parte, me ha parecido más acabada y mejor que la primera. Esperemos que, ya que tarda, en la tercera siga el proceso ascendente.



miércoles, 9 de noviembre de 2016

¡VIVEN!

La película nos cuenta la tragedia a la que se enfrentaron un grupo de jóvenes cuyo avión se estrelló en la cordillera de los Andes en octubre de 1972. El equipo de rugby del colegio Stella Maris de Montevideo (Uruguay), los Old Christians Club, volaban desde su lugar de origen hacia la ciudad de Santiago, en Chile, donde iban a disputar un partido. Junto a ellos viajaban el equipo técnico del club, familiares y amigos. Aunque debido al mal tiempo, debieron hacer escala en Argentina, se les permitió continuar el viaje, lo que marcó el destino de las más de cuarenta personas que se subieron a ese avión. Cuando sobrevolaban la cordillera de los Andes, el avión se estrelló, partiéndose por la mitad. En un principio, sólo veintinueve pasajeros sobrevivieron a la colisión. Aquí comienza una historia de superación física y psicológica, donde la comida pronto comienza a escasear, lo que les lleva a enfrentarse a uno de los mayores dilemas a los que cualquier ser humano puede enfrentarse: morir de inanición o ver en los cuerpos de los fallecidos en el accidente el único medio de supervivencia.
La trama se desarrolla siguiendo un hilo temporal lineal, desde el momento en el que los chicos emprenden el viaje hacia Chile y tienen el accidente, hasta que dos de ellos consiguen atravesar los Andes y llegar a un pueblo andino donde consiguen contactar con un arriero, y así conseguir que se rescate a sus compañeros.



Basado en un libro publicado en 1983, en el que Piers Paul Read narra los hechos que sucedieron en aquel entonces. La película se centra en el accidente y la lucha por la supervivencia de los jóvenes, ya que en el libro se nos habla también de quienes les estaban esperando, su angustia y sus intentos para que la búsqueda no se suspendiera, esa parte queda obviada en el film.
El film nos habla de los enfrentamientos y dilemas a que se vieron sometidos los supervivientes, que sólo contaban con unas botellas de vino, un poco de chocolate, unas pocas galletas y... la carne de sus compañeros fallecidos. Pero también se relata la naturaleza religiosa de los chicos, cómo se autoconvencieron de que comer la carne de los cadáveres era una especie de eucaristía y cómo los vivos, se juramentaron para ofrecer sus cuerpos si fallecían. Habla también de la experiencia metafísica que vivieron algunos de ellos, desamparados, sin esperanza, en medio de una vasta extensión de nieve helada y roca, y de que muchos se sintieron más cerca de Dios. Este es el mismo tipo de euforia que los escaladores de montaña sienten después de sus escaladas desgarradoras, y puede ser absolutamente cierto.
El problema es que ninguna película realmente puede abarcar la enormidad de la experiencia, ¿cómo sería realmente acurrucarse en un avión destrozado durante 10 semanas en clima helado, comiendo carne humana? 
¿Podemos saber exactamente cómo fue aquella peripecia?


La aventura ha sido filmada por Frank Marshall ( "Arachnophobia"), un veterano asociado de Steven Spielberg. La fotografía de la ubicación es impresionante, acorde con el paisaje, la reconstrucción del accidente aéreo, aterradora y utiliza efectos especiales convincentes. Hay momentos del film en el que casi nos sentimos partícipes de la horrible prueba que pasaron aquellos jóvenes, pero en otros, sentimos que los auténticos supervivientes de los Andes no se reconocerían. Y es que la enormidad de la experiencia que narra, hace que en un film sea muy difícil revivir todo aquello.
¿Cómo sería realmente acurrucarse en un avión destrozado durante 10 semanas en clima helado, sin ropa adecuada, comiendo carne humana? Aunque le queda a uno la sensación de que no podemos saber exactamente cómo fue aquella peripecia, el film, sobre todo en algunas escenas, nos ayuda a acercarnos a ella y supone toda una experiencia desgarradora.




martes, 8 de noviembre de 2016

CELIA

Adaptada a la televisión por la escritora Carmen Martín Gaite y dirigida por José Luis Borau, la serie fue estrenada en el año 1993 en la 1 de TVE y estaba basada en los relatos de Elena Fortún (seudónimo de Encarnación Aragoneses de Urquijo), que comenzaron a publicarse en 1928 en la revista Blanco y Negro, y en los años 50 editados por Aguilar en forma de libros. Por problemas económicos, solamente se rodaron seis capítulos de los 14 previstos, de hecho, al final del sexto, aparece el rótulo de "continuará".
He leído por ahí opiniones de todo tipo sobre la serie, aunque es cierto que la mayoría la recuerda con cariño, pero algunos disparatan a la hora de emitir juicios, respetables, claro, pero disparatados, por no decir otra cosa.
Me refiero a quienes ven a Celia como una niña repipi (que en cierto modo lo es) y se quedan tan frescos sin que sus mentes sean capaces de ver a la niña en la época en que se escribieron los relatos. Estamos hablando de la España de los años 30, en la que el solo hecho de que una mujer escribiera relatos de éxito, en los que la protagonista era una niña es, como mínimo, suficiente para que estos opinadores burriciegos se lo hicieran mirar por no haber profundizado más sobre el personaje y su entorno.
Elena Fortún trajo una pequeña heroína de carne y hueso a la vida de muchas niñas españolas que iban a crecer en una sociedad bastante machista, que les proponía otra manera distinta de vivir su feminidad, lejos de las mariquitas recortables y de los juegos de niña buena, sumisa y obediente. Celia también jugaba a esas cosas, porque jugar a las cocinitas es muy sano, pero exploraba otros caminos hasta entonces vedados a las chicas y exclusivos de los pillastres masculinos.
Celia es un personaje encantador que pone en cuestión el mundo de los adultos, que trae ideas bastante chocantes, cuando no directamente revolucionarias para una niña bien de la época, como la de soñar un mundo mejor en el que los bienes estén repartidos y lleguen a todos; Celia pone en cuestión algunos asuntos que eran tan intocables, que ni siquiera estaba bien visto hablar de ellos, como los relacionados con la Iglesia y las instituciones religiosas: incluso echa su cuarto a espadas al respecto de la defensa de los animales, algo que en aquella época, la inmensa mayoría de la gente, ni se planteaba.
Celia fue una forma de que su autora insuflara algo más que un soplo de aire fresco entre la infancia, en general, y las niñas en particular, de aquella España todavía muy atrasada y consiguió llegar a mucha gente, toda una generación de niñas, eso sí, en general de cierto nivel económico o con padres en cuyas casas se respiraba un cierto aire de aprecio por la cultura, creció con los cuentos de Celia y algunas de aquellas jovencitas, los guardaron toda su vida como oro en paño. Y otro tanto ocurrió con la reedición de los relatos que comenzó en 1944 y que volvieron a tener el mismo o más éxito que la edición de la anterior década, salvando sin problemas aparentes la rígida censura instaurada con los nuevos tiempos, seguramente porque las aventuras de Celia van teñidas de un humor completamente blanco y sus travesuras están absolutamente carentes de cualquier atisbo de maldad, incluso esa crítica hacia la religión y la Iglesia, está hecha en un tono amable y carente de mala intención, sin ánimo de levantar ampollas.
Veamos a Celia como lo que era, una niña que tenía sueños e inquietudes, traviesa donde las hubiera, inconformista como la que más y con una manera de ver las cosas que no encajaba en el mundo de los adultos, porque ese era un mundo que ella quería cambiar y luchaba por hacerlo, sin renunciar a sus modales de niña bien, acompañada de una serie de personajes absolutamente entrañables (su pequeño hermano Cuchifritín, el morito Maimón, su amiga y vecina Solita, doña Benita,..)
En eso (y en muchas otras cosas que quedan fuera de este breve comentario), Elena Fortún formó parte de la punta de lanza que quería cambiar ese mundo dominado por los varones y conseguir una sociedad más igualitaria en la que las capacidades de la persona fueran lo primordial por encima del sexo.
La serie recoge con fidelidad los pocos relatos que pudo trasladar a la pantalla y contaba con un elenco de altura dentro del panorama español ( Ana Duato, Tito Valverde, Aurora Redondo, María Isbert, Silvia Munt, Ángel de Andrés, Pedro Díez del Corral, Carmelo Gómez o María Luisa Ponte entre otros), pero sin duda, el gran acierto, fue el debut de Cristina Cruz, entrañable, repipi, adorable y con un puntillo de repelente niña bien, totalmente creíble, porque en Cristina encontraron a la Celia que muchos imaginaban. Una pena que no se llevase a término el proyecto inicial.

lunes, 7 de noviembre de 2016

SULLY

El jueves, 15 de enero de 2009, el vuelo 1549 de US Airways, chocó contra una bandada de gansos y sus motores fueron perdiendo potencia, sin que ninguno de los dos fuera capaz de producir suficiente empuje para mantener el vuelo. Como quiera que el avión había ido perdiendo altura, en vez de regresar al aeropuerto, el comandante del vuelo, Chesley 'Sully' Sullenberger (Tom Hanks), decide posar el avión sobre las aguas de río Hudson, con el resultado de que la totalidad de los pasajeros y personal de a bordo, resultaron ilesos.
Lo cierto es que Sullenberger es recibido como un héroe por haber salvado la vida de los 155 pasajeros con su arriesgada maniobra, sin embargo, la investigación abierta a continuación, plantea algunas dudas sobre la conveniencia o no de su decisión y si no hubiera sido menos arriesgado poner proa al aeropuerto de LaGuardia, ya que aunque el piloto mantenía que no sabría si podría llegar, los simuladores, cuyos datos manejan los investigadores, aseguran que podría haberlo hecho.
El caso es que Sullenberger se ve perseguido y acosado y las compañías aseguradoras pretenden responsabilizarle de todo lo ocurrido.



Inspirada en el libro que el propio capitán Sullenberger escribió junto a Jeffrey Zaslow, Highest Duty: My Search for What Really Matters (El deber más alto: mi búsqueda de lo que realmente importa), la película se rodó sobre un guion de Todd Komarnicki. Al lado del actor principal, se encuentra Aaron Eckhart, en el papel de Jeff Skiles, el copiloto que le acompañaba en ese vuelo. Laura Linney y Holt McCallany forman parte del reparto.


Basada en acontecimientos reales, la película narra una historia sencilla, con un momento muy llamativo, el del aterrizaje forzoso del avión sobre el Hudson y el resto, la especie de calvario a que se ve sometido el protagonista, mezclado con sus problemas personales.
Eastwood elude alargar las escenas y los efectos espectaculares y nos ofrece un producto igual de sencillo que la historia narrada, haciendo gala de su veteranía para crear expectación y cierta tensión cuando el film parece que va a decaer por algunas escenas que podrían ser incluso prescindibles.
Un acierto que la duración sea la que es, sin pretender estirar un relato que tampoco es que de para mucho más.
Yo pienso que el film lo sostiene Tom Hanks (seguramente será uno de los nominados al Oscar, al tiempo) con una brillante interpretación y muchos minutos de cámara sobre él, bien apoyado por el no menos reseñable trabajo de Aaron Eckhart.
Una película de esas que te deja elementos para pensar cuando acabas de verla, sobre todo las reflexiones sobre esa cierta injusticia de someter a examen bajo lupa, desde cómodos despachos y laboratorios, actos de personas que tuvieron que tomar decisiones bajo presión, sin contar para nada con el ineludible factor humano. "No hay precedentes", le dicen a Sully en la comisión. "Nunca los hay cuando algo sucede por primera vez", responde él.
"Sully" es la historia de un hombre sencillo que se ve metido en una situación no buscada y que responde con la profesionalidad de quien lleva muchos años haciendo un trabajo que le gusta. "Sólo hice bien mi trabajo", eso es lo que piensa, lo demás, héroe para el público, villano para la compañía y las aseguradoras, es algo que le viene de fuera, que se han inventado los demás y que a él no le interesa.




viernes, 4 de noviembre de 2016

CAFÉ SOCIETY

Hollywood, años 30. Bobby Dorfman (Jesse Eisenberg) es un joven con ganas de comerse el mundo. Su deseo, por encima de todo, es dedicarse a la interpretación. Por eso, se traslada de Nueva York a Los Ángeles con la idea de hacerse un hueco en el mundo del cine. Allí aprovecha los contactos de su tío Phil Stern (Steve Carell), un feroz y todopoderoso magnate de la industria cinematográfica, que sin embargo es querido y respetado por todos quienes le tratan profesionalmente. Será entonces cuando conozca a Vonnie (Kristen Stewart), la guapa secretaria de su pariente, quien mira con escepticismo el fulgor de las estrellas.
Sin poder evitarlo, Bobby se enamorará perdidamente de Vonnie, aunque lo que no sabe es que ella es también la amante secreta de su tío.
Los tres protagonizarán un triángulo amoroso de incierto resultado, con flechazos y rupturas, verdades a medias y desengaños, todo ello aderezado por el romántico contexto del Hollywood de los años 30, los locales de jazz, y también por la presencia de algunos gánsters.
Después de decirle que no podrán llevar adelante lo suyo, Phil recapacita y se separa de su esposa para proponerle matrimonia a Vonnie, mientras Bobby, desilusionado con lo que ha encontrado en Los Ángeles, decide regresar a Nueva York.


Primera película de Allen tras el fallecimiento (a los 100 años) de su coproductor habitual desde La última noche de Boris Grushenko, Jack Rollins.
De gran perfección técnica, la película, como es habitual en el neoyorkino, cuenta con una cuidada y evocadora banda sonora con conocidas partituras jazzisticas y está fotografiada de manera magistral por Vittorio Storaro que opta por darle a la cinta mucho colorido en tonos cálidos, desde la impresionante secuencia inicial, ya nos tiene ganados en ese aspecto. Allen hace gala de su habilidad para hallar localizaciones y nos da unos cuantos planos de su querida Nueva York como en la escena sobre el puente de Central Park con los rascacielos al fondo, de esos que seguro veremos reproducidos en más de una ocasión.


Bastante bien interpretada, una vez más Woody nos demuestra su gran talento para la dirección de actores, sacando lo mejor de ellos en sus interpretaciones, con una encantadora Kristen Stewart, Jesse Eisenberg que nos acerca a esa especie de alter ego del propio Allen y una convincente actuación de Steve Carell.
Una vez más, el realizador echa mano de sus habituales recursos, pero aunque muchos digan que otra vez nos trae lo mismo, a mi no deja de sorprenderme la naturalidad con que todo fluye en este film, de forma que parece sencillo lo que es tremendamente difícil. ¿Que los diálogos sobre lo divino y humano, los gags sobre los judíos o las relaciones sociales son los de siempre?, puede, pero yo sigo encontrando frescura en ellos, me divierto con sus ocurrencias y continúa consiguiendo que una sonrisa se dibuje en mis labios cada vez que su ingenio como guionista se hace patente.


Woody Allen nos trae con este film, un cuento sobre el amor, pero real como la vida misma, en el que la princesa y el príncipe no acaban juntos y no comen perdices al final, y es que, como los personajes se dicen entre sí, "los sueños son sueños", pero el pragmatismo se impone en nuestras vidas en demasiadas ocasiones, el miedo al futuro, a la incertidumbre, nos empujan a optar por lo seguro, ella se va con el pez gordo que ha pescado y él no tiene inconveniente en trabajar en el club de su hermano para solucionar su futuro, a pesar de conocer los turbios negocios en los que se sustenta su vida.
Los sueños son sueños, pero muchas veces, aunque no tengamos la osadía de apostar por ellos, son los que sostienen nuestra vida con el recuerdo de esos instantes en los que fuimos felices.
Una estupenda comedia romántica, con un toque que la hace diferente y en la que Woody nos demuestra, una vez más, que se puede desenvolver en cualquier terreno y hacernos soñar en hora y media.




jueves, 3 de noviembre de 2016

EL NOMBRE DEL VIENTO

La novela narra la historia de Kvothe, un héroe legendario, aventurero, ladrón, mago, mendigo y músico, al que encontraremos llevando una vida anónima como el posadero Kote, dueño de la posada Roca de Guía, donde vive acompañado por un aprendiz, que es al tiempo el sirviente de la posada, llamado Bast.
Kvothe perdió a toda su familia, un grupo de artistas ambulantes, cuando aún era un niño. Desde entonces vive obsesionado con los Chandrian, unos oscuros personajes, que casi todo el mundo cree legendarios y Kvothe está seguro de que fueron quienes acabaron con sus padres y el resto de la troupe.
A la posada llegará Devan Lochees, apodado El Cronista, que dedica su vida a escribir las biografías de los personajes más ilustres de su tiempo. El Cronista le ha estado buscando para convencerlo de que le relate su vida, ya que lo que se sabe de él está teñido y deformado por leyendas, rumores y todo tipo de peripecias sin verificar. Esto es lo que Kvothe hará, a condición de que será él el quien dicte al Cronista lo que debe escribir, sin que este pueda cambiar, interpretar, añadir o excluir nada, algo que el Cronista acepta dado lo extraordinario de la situación. A lo largo de tres jornadas (El nombre del viento recoge la primera de ellas) Kvothe narrará la verdad sobre su historia.
Quien busque acción trepidante o una serie de aventuras que giran alrededor de guerras y conflictos bélicos, al estilo de Juego de Tronos, no encontrará aquí lo que busca. La novela es una mezcla de relatos fantásticos, magia, un punto de romanticismo, amistad y aventuras, todo ello envuelto en un lenguaje que tiene algo de poético. A mí se me ha antojado, salvando todas las distancias (que son bastantes) una mezcla de los relatos de Geralt de Rivia, del polaco Andrzej Sapkowski y de Harry Potter, el aprendiz de mago creado por la británica J. K. Rowling.
Al igual que Geralt, Kvothe se enfrenta a criaturas que forman parte de un mundo que no siempre es oscuro, aunque sí son fantásticas y al igual que Potter, pasa por un periodo de aprendizaje en un lugar llamado "La Universidad", en el que habrá de lidiar con profesores que están a su favor y otros que tratan por todos los medios de expulsarle de allí y de otro personaje, Ambrose, que guarda similitudes con Draco Malfoy.
La novela, bastante extensa, tiene algunos altibajos en el ritmo narrativo, en ciertos momentos puede hacerse un poco pesada, a mí particularmente se me hizo densa la parte en que detalla el encuentro y persecución del dragón. De cualquier manera estamos ante un buen libro para quien guste del género, cuenta con una continuación, El temor de un hombre sabio y una tercera y, en principio, última parte de la historia que se titulará Las puertas de piedra y que creo que aún no se ha publicado, al menos en España.



miércoles, 2 de noviembre de 2016

REGRESO A HOWARDS END

Durante una excursión a Spira, las hermanas Margaret (Emma Thompson) y Helen Schlegel (Helena Bonham Carter) hacen amistad con los Wilcox. Helen, la menor de las dos, es invitada a pasar unos días en Howards End, la mansión rural de sus nuevos amigos. La joven escribe una carta a su hermana Margaret diciéndole que Paul (Joseph Bennett), el menor de los Wilcox, y ella se han enamorado. Debido a esto, se produce un terrible malentendido entre las Schlegel y los Wilcox que provoca el distanciamiento de las dos familias.
Poco tiempo después, los Wilcox se trasladan a vivir a una casa cercana al hogar de las dos hermanas y las relaciones no sólo se restablecen sino que se hacen aun más sólidas, sobre todo entre Margaret y la señora Wilcox (Vanessa Redgrave). Cuando ésta muere, deja Howards End a su amiga, pero la nula validez legal del documento facilita que tanto Henry J. Wilcox (Anthony Hopkins) el viudo, como sus hijos, ignoren la última petición de la recién fallecida.
Mientras tanto, Helen ocupa su tiempo en tratar de ayudar a un joven oficinista con problemas laborales y matrimoniales, que se ha quedado en paro por seguir sus equivocados consejos.


Como decía un crítico de cine, denle una novela de cualquier calidad a Ismail Merchant, James Ivory y Ruth Prawer Jhabvala (productor, realizador y guionista respectivamente de este film) y sacarán, como mínimo, un buen producto.
Y no puedo estar más de acuerdo, te podrá gustar más menos, se le podrá acusar de esteticista, pero al final, acabas reconociendo que aquello está muy bien hecho.


Maravillosamente ambientada, con una fotografía que raya el preciosismo y con localizaciones y decorados cuidados al detalle, el film cuenta con buenas interpretaciones, entre las que yo destaco la de la siempre talentosa Vanessa Redgrave (a pesar de su corto papel) y la consagración de Emma Thompson, con un personaje verborreico y encantador.
El vestuario, como casi todo en la película es espectacular, y estuvo a cargo del tándem John Bright y Jenny Beavan, que quizá no les suenen mucho, hasta que mencionemos otros trabajos suyos: Las bostonianasUna habitación con vistas o Sentido y sensibilidad, por citar alguna. Y Jenny Beavan por separado, con el vestuario a su cargo en filmes como el Sherlock Holmes de Guy RitchieEl discurso del rey y recientemente, Mad Max: furia en la carretera.


El film, además de esa estética preciosista, tiene detrás una historia de abusos de las clases dominantes sobre lo que ellos llaman "los pobres" a los que tratan con menosprecio, sin importarles las consecuencias que las decisiones que tomen, puedan tener sobre ellos. Vamos, real como la vida misma.
También refleja esos dos mundo que se dan entre la élite, muchas veces enfrentados, por un lado el de lo que podríamos llamar gente cultivada, sensible con la cultura y con los problemas sociales que les rodean y por otro, los amasadores de dinero, cuyo objetivo primordial es tener cada vez más poder, sin tener en cuenta los cadáveres que dejan en el camino de su éxito.
También podemos apreciar un retrato, tratado de manera fugaz, sobre la situación de la mujer en la sociedad y los primeros intentos serios de emancipación.
Una película muy interesante, con un fondo más profundo del que muchos quieren ver, quizá deslumbrados por su espléndida estética.