martes, 8 de diciembre de 2015

CONCERTO GROSSO

Es una novela de historia-ficción que engloba tres narraciones situadas en diferentes épocas, pero con un mismo argumento e idénticos personajes protagonistas.
El lector vivirá la Roma de Vespasiano, los Estados Unidos del siglo XXI y el París de la Ilustración, en que los personajes -Marcos, Melania, Adolfo y Celia-, convivirán con Domiciano, Marcial, Plinio el Viejo, con Voltaire, con Franklin, con el conde de Cagliostro y con el imaginado presidente americano Samuel Donovan, tal cual podrían convivir con nosotros en el momento actual. De hecho, la parte del futuro, se sitúa en el 2016, lo que para nosotros sería el presente. Por cierto, no acierta demasiado en sus previsiones de cómo es la vida cotidiana en la actualidad.
El motivo que se repite en las tres historias, es un descubrimiento que permite a quien lo posee, adueñarse prácticamente del mundo. Para los romanos es el motor de vapor, para los ilustrados la electricidad y para los seres del futuro, el control de la mente. En las tres ocasiones, el autor reflexiona sobre los peligros de que la humanidad sea dominada por un visionario con delirios totalitarios, al que pone un nombre que deja pocas dudas de por dónde van los tiros: Adolfo.
Con un estilo sencillo, que a mí se me antoja algo pedestre en ocasiones, al incidir sobre el mismo asunto una y otra vez, aunque lo haga con variaciones e introduciendo un coro de personajes que son nuevos sólo en el nombre, va perdiendo el atractivo que proporciona la incertidumbre a medida que transcurren las historias.. Los personajes clásicos empleados, permiten al autor exhibirse al lector en lo que a conocimientos históricos se refiere, aunque no siempre lo hace de manera acertada.
Uno de los aspectos más interesantes del planteamiento, es la reflexión que efectúa alrededor de la utilización por parte del iluminado totalitario, de personas que actúan de buena fe y que, desconociendo, o siendo incapaces de preveer para qué quiere tener en sus manos aquellos conocimientos, se los van proporcionando, poniendo en sus manos los resortes que le permitirán manejar a las masas.
La novela fue galardona con el prestigioso Premio Nadal en 1980 y la portada es horrenda.



lunes, 7 de diciembre de 2015

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO

Randall Patrick McMurphy (Jack Nicholson), cumple condena por varias agresiones y violación de menores en un campo de trabajo, en el que muestra una actitud rebelde y se muestra remiso a realizar tarea alguna, para lo cual ha aparentado una conducta irregular que los rectores del campo creen que es fingida, por ello deciden llevarlo a una institución psiquiátrica con el fin de que evalúen su estado mental y dictaminen si padece alguna alteración o simplemente se hace pasar por loco.
McMurphy piensa que su estancia en el sanatorio le va a librar de realizar trabajos y utiliza a los hombres del grupo en que lo han colocado para conseguir sus objetivos de diversión y de lograr lo que quiere sin sujetarse a las normas.
Sin embargo choca con la manera de pensar y actuar de la enfermera Mildred Ratched (Louise Fletcher), una mujer manipuladora y autoritaria que trata de anular la voluntad de los hombres a su cuidado a base de quebrantar su espíritu.
McMurphy comienza a enfrentarse con ella, tratando de molestarla y de ayudar a sus compañeros para que hablen con su propia voz y no se sometan a la tiranía de la enfermera.


Basada en la novela del mismo título de Ken Kesey, Kirk Douglas había adquirido los derechos para trasladarla al cine unos cuantos años antes del rodaje. De hecho hay una versión teatral que llegó a protagonizar el propio Kirk Douglas que también pensaba protagonizar el film. Sin embargo, ninguna productora quería hacerse cargo del proyecto. En vista de ello, cedió los derechos a su hijo, Michael Douglas, que es el productor del film, que se rodó con un presupuesto modesto dentro de lo que cabe.
La novela fue fruto de las propias experiencias del autor, ya que unos años antes de escribirla, se ofreció voluntario para unos experimentos con drogas psicodélicas que un hospital estaba ensayando con fines terapéuticos.


La película mezcla sabiamente dos atmósferas aparentemente contradictorias, por un lado resulta divertida y cómica por las situaciones de rebeldía que propicia Mcmurphy y, por otro, es amoral y cruel, ya que nos sumerge en la atmósfera desoladora y a veces inhumana de un manicomio y presenta sin tapujos la frialdad con que actúa la enfermera Ratched.
La narración contiene una crítica hacia los regímenes dictatoriales utilizando el psiquiátrico como escenario principal. La enfermera controla la vida de todos los pacientes hasta el punto que los internos están tan acostumbrados a las órdenes de la misma que no se plantean si eso es lo que quieren o no, si el sistema es injusto y podría cambiarse. Simplemente se encuentran aferrados a su situación y no tienen ni futuro, ni salida.
Poco a poco McMurphy logrará influenciar a la mayor parte de los pacientes y conseguirá que se enfrenten de forma puntual a la enfermera y la institución. Es decir, que aprendan a pensar y a decidir por ellos mismos.


El film es uno de los tres que ha conseguido a lo largo de la historia de los Oscars, lo que en Hollywood llaman el "Grand Sland": Mejor película, mejor director, mejor guión, mejor actor y mejor actriz.
Magníficamente dirigida por el checo Milos Forman y con una sugerente partitura de Jack Nitzsche. Encabezados por un Nicholson que da el gran salto en su carrera de gran actor y una sensacional Louise Fletcher que consigue hace odioso su personaje, todo el reparto realiza un espléndido trabajo, sirviendo de coro excepcional a los dos protagonistas, y cada uno de ellos tiene momentos de gran brillantez.
El desgarrador final, contiene un mensaje de esperanza, aunque McMurphy es doblegado por el sistema, su mensaje queda flotando en el ambiente y sus compañeros no le olvidan, para que finalmente el jefe indio (maravilloso Will Sampson), consiga superar sus miedos y enfrentarse a la realidad por sí mismo.




sábado, 5 de diciembre de 2015

LA FONTANA DE ORO

La primera novela escrita por Galdós y la primera del autor que recuerdo haber leído y que me acercó a un mundo y a una forma de escribir que desde entonces me fascina.
En febrero de 1974, TVE comenzó a emitir la serie "Los libros", que se extendería durante tres etapas diferentes, hasta diciembre de 1977. El episodio piloto fue precisamente "La fontana de Oro", la obra considerada por muchos críticos como el principio de la novela moderna en nuestro país, después de la etapa romántica, con la que aún conviviría un tiempo.
Jesús Fernández Santos fue su director y el hombre que había presentado el proyecto a los responsables de TVE, dirigida entonces por Adolfo Suárez. En realidad la idea no era nueva, Fernández Santos, realizador habitual de la época en televisión, la había copiado de la francesa "Les cent livres des hommes".
Recordemos que eran tiempos de cambio en España, los episodios que compondrían las tres temporadas, comenzaron a rodarse cuando aún vivía Carrero Blanco y acabaron en el inicio de la Transición. Fernández Santos se había propuesto tres objetivos aparentemente inocuos y asumibles por tirios y troyanos: divulgar, informar y entretener.
El episodio a que nos referimos, está estructurado en tres planos: Una parte didáctica, a cargo de Alonso Zamora Vicente (académico de la RAE); una voz en off que narra los hechos reales de la época y el entorno; y una dramatización de algunos pasajes de la novela entresacados por el realizador y coguionista, que él considera significativos.
La elección de La Fontana de Oro como episodio piloto, estaba llena de sentido, además de producirse en un contexto en el que desde hacía algunos años el cine había vuelto sus ojos hacia Galdós. Se escogía el siglo XIX, igual que en las telenovelas de la época, pero en uno de sus períodos más conflictivos, el de los momentos iniciales del trienio liberal. Al tono académico de la presentación e intervenciones de Zamora Vicente explicando las coordenadas literarias de la novela, y a la tesis de la voz en off, reflejo de la posición institucional sobre el libro, que apuntaba a "La libertad y el orden como normas de la vida, la necesidad de acabar con las revueltas dando paso a un tiempo laborioso y fecundo para España", sucedían unas imágenes en donde se veía a gente discutiendo libremente que, aun dentro de sus excesos, tal y como aparecen señalados por el Galdós de 1870 siempre temeroso de los mismos, hablaban de libertad frente a unos conspiradores realistas que pretendían volver al pasado.
Es verdad que la voz en off, de forma muy cauta, se preocupa por insistir en la idea del orden frente a las algaradas y desórdenes de los liberales más exaltados, pero la elección de esos momentos significativos del texto decimonónico por parte del director-guionista y la dramatización de los mismos, le permiten ejercer un contrapeso frente a las otras voces del discurso.
La Fontana de Oro planteaba algunas de las constantes que se iban a reiterar en otros muchos capítulos de la serie. En primer lugar, la recreación muy libre de los textos literarios de partida, mostrando con ello el triunfo de las normas propias del sistema de llegada (la televisión) sobre la adecuación del producto final a las normas literarias de origen. Dicha recreación se basaba en la elección de ciertos momentos de la obra que, mediante un efecto acumulativo o de amplificación, podían darle al producto televisivo un sesgo más apropiado para el tratamiento de la realidad del presente. En segundo lugar, la defensa de ciertas propuestas que, ya fuese por su sentido ideológico o por su choque con la moral vigente, iban en contra de los criterios dominantes del poder político y los de la televisión. Por último, una técnica que, gracias al hibridismo de elementos muy diferentes (presentador, voz en off, imágenes documentales, fotos fijas, dramatización, música...), ponía de relieve las contradicciones entre esos componentes, permitiendo una lectura no cerrada ni unívoca del texto literario, sino abierta a otras interpretaciones más allá de la institucional.
Los interpretes principales del episodio son Teresa Rabal, Miguel Ángel, Manolo Zarzo, José Canalejas y Pilar Bardem, entre otros.
Este trabajo televisivo, no exento de calidad, pretende (y yo creo que consigue), acercarnos a la obra y excitar la curiosidad del espectador, para adentrarse en el libro, del que solamente da unas pinceladas, trazando unos rasgos generales de sus personajes, del ambiente que les rodea y de ese Madrid que es, como en tantas otras novelas del autor canario, el personaje central del libro.



viernes, 4 de diciembre de 2015

TORMENTO

D. Francisco de Bringas y Caballero (Rafael Alonso) es un modesto funcionario que vive en compañía de su esposa, Dª. Rosalía Pipaón de la Barca (Concha Velasco) y sus tres hijos en su casa de Madrid, donde procuran aparentar más de lo que son, pues como asalariado, D. Francisco lleva a casa lo que puede, que no es mucho, mientras su esposa vive en un mundo de fantasías de opulencia y por pertenecer a una familia de criados del Palacio Real –camareras, alabarderos, caballerizos, pajes, etc.-, la reina la tiene en gran consideración y le obsequia con regalos que le permiten fanfarronear.
En la casa de los Bringas, vive también una criada, Prudencia (María Isbert) y durante el día, Amparo (Ana Belén), una pariente lejana que ayuda a Prudencia en el servicio doméstico lavando, planchando y sirviendo la mesa. Trabaja en casa de los Bringas desde la muerte de su padre, a cambio de un poco de comida y alguna limosna. Ella y su hermana Refugio (Mª Luisa San José) son huérfanas desde muy jovencitas de Sánchez Emperador -conserje de un centro de enseñanza- y pobres. Refugio pronto se libera de la custodia de los parientes, porque no quiere someterse a los caprichos e insolencias de la casa, pero Amparo es muy abnegada y aguanta sin chistar todas las impertinencias a que se ve sometida, sobre todo las de Dª. Rosalía, que, además, pretende meterla monja con la finalidad de dar una salida airosa a su negro porvenir. Cuando llega de América un pariente rico y dadivoso, D. Agustín Caballero (Francisco Rabal) -de mediana edad, espíritu libre y poco acostumbrado a la vida social- se produce una pequeña revolución en casa de los Bringas. Rosalía desea a toda costa, emparentar con tan buen partido..., pero él señor se va a fijar en Amparo que, sin embargo, guarda un oscuro secreto de su pasado reciente.



Guión firmado por Pedro Olea, José Frade, Ricardo López Aranda y Ángel María de Lera, basado en la novela del mismo título de Benito Pérez Galdós, que éste sitúa durante el reinado de Isabel II, poco antes de la revolución conocida como "La Gloriosa" y ambientada en Madrid, principalmente en la Costanilla de los Ángeles, donde tienen los Bringas el domicilio familiar.
La película sigue de manera bastante fidedigna el texto de Galdós.


Con una excelente fotografía de Fernando Arribas y partitura musical de Carmelo Bernaola, la película está bastante bien ambientada. Las interpretaciones correctas, no vamos a descubrir ahora a Paco Rabal (estupendo, como de costumbre), ni a un actor como Javier Escrivá que consigue trasmitir el atormentado existir de su personaje; Ana Belén, para mi gusto un poco limitada de recursos, aunque es cierto que su personaje es el de una persona bastante pasiva, sumisa y desorientada, descrita por algún otro personaje como "mosquita muerta". Pero sin duda, la gran interpretación es la de Concha Velasco, consiguiendo una mala, malísima Rosalía de Bringas, ser envidioso, manipulador, egoísta, interesado y falto de escrúpulos morales. Los pensamientos que nos transmite su voz en off y la escena final (cambiada respecto a la novela), de la despedida en la estación, son de lo mejor de la película.


Con un leve toque humorístico, que ya está en el libro de Galdós, Pedro Olea ha trasladado a la pantalla con acierto una de las mejores novelas del autor canario, en la que bajo la capa de una historia romántica, una especie de drama en el que el destino y la mala suerte están presentes, hay una crítica social acerada y un gran retrato de personajes.




jueves, 3 de diciembre de 2015

FRANCO Y EL III REICH

El libro comienza con el levantamiento militar de julio del 36 en España y se cierra con la Conferencia de Yalta de los días 4 y 11 de febrero del 45, en la que los líderes de las tres potencia vencedores, establecieron el reparto de las áreas de influencia que se vendían manteniendo, más o menos, durante la llamada Guerra Fría.
El autor, Luis Suárez, prestigioso medievalista que desde la muerte del General Franco se ha venido dedicando a estudiar los archivos de la Fundación que lleva el nombre del antiguo Jefe del Estado español, continúa en la línea de trabajos anteriores sobre el tema recogidos en su vasta obra (8 volúmenes), titulada Francisco Franco y su tiempo (1984). En esta ocasión podemos decir que el asunto central de esta nueva entrega es tratar de demostrar que Franco y el Régimen por él acaudillado, no fueron satélites del nazismo hitleriano.
Alrededor de esta premisa, Suárez va desgranando la documentación a que ha tenido acceso, para establecer, primero que Franco se echó en brazos de los países del Eje durante la Guerra Civil, porque las democracias europeas le dieron la espalda, cuando no se situaron claramente enfrente y no le quedó otro remedio y, segundo, que durante la contienda mundial del 39 al 45, trató en todo momento de dejar a España al margen de la misma.
El autor no niega los hechos, hubiera sido demasiado evidente su juego, sino que trata de hacernos comprender que una cosa era lo que Franco deseaba y otra lo que pudo o le fue posible hacer o dejar de hacer, para ello, en ocasiones se refugia en decisiones tomadas (siempre según el autor) sin su conocimiento o cuando eran asumidas por él, porque lo hacía así al no tener alternativa o por mor de evitar males mayores. Esto en cuanto a las actitudes criticables desde nuestro actual punto de vista, que cuando son decisiones que pueden contar en su favor, parece que siempre estaba enterado y daba su beneplácito.
Así por ejemplo, afirma que el bombardero de Guernica fue una decisión de la Legión Cóndor, sin consulta previa, lo mismo que los bombardeos italianos de febrero del 38 (Barcelona, Valencia, Burriana y Benicasim), acción por la que se asegura, presentó una nota de protesta la embajada española en Roma, ya que Franco no quería víctimas civiles y se oponía al bombardeo de ciudades.
Durante la Guerra Mundial, el argumento empleado para su alineación al lado de Alemania es, por un lado, la deuda de Guerra y, por otro, el anticomunismo del Régimen, como si el pacto germano-soviético careciera de importancia y se hace mucho hincapié en los esfuerzos de Franco para mantener a España fuera del conflicto.
La verdad es que la documentación manejada es muy extensa, lo que hace que el libro resulte un tanto pesado, cuando tampoco aporta novedad alguna y sí una serie de contradicciones o manejos en pro de la idea que propone.
Por ejemplo, a la hora de narrar las acciones pro-judías del Régimen, se lamenta el autor de que con el tiempo, se hayan individualizado en personas como Ángel Sanz Briz, como si fueran héroes individuales, que lo fueron (no les quita el mérito de jugarse incluso la vida), y no se globalice en una forma de obrar del Estado, pues argumenta que en un régimen totalitario, hubiera sido muy difícil, cuando no imposible, que se actuara al margen de directrices superiores y sin estar amparado por quienes manejaban los hilos.
Sin embargo, cuando habla de la germanofilia de los medios de comunicación españoles, no utiliza el mismo argumento que, a mi modo de ver, sería lo lógico. ¿Qué pasa, que en un país sin libertad de prensa, con una férrea censura, los periodistas escribían lo que querían? Creo que con este ejemplo queda claro el distinto rasero para tratar según qué cuestiones.
Tampoco se logra demostrar de manera inequívoca si el hecho de que España no entrara en guerra, fue producto de la habilidad de Franco, o de una serie de casualidades (la Providencia, que diría el General) que evitaron que los alemanes entraran por las buenas como habían hecho en Holanda, Bélgica o Dinamarca, por ejemplo. Probablemente haya que estar agradecidos a la desastrosa campaña italiana en Grecia, que obligó a trasladar unas cuantas divisiones hasta los Balcanes. Sea como fuere, el caso es que España, jamás rompió relaciones con Alemania, simplemente se fueron diluyendo hasta que cayó el Reich.
Lo dicho, creo que no hay novedades en lo que se nos cuenta en este extenso trabajo. Más allá de la manera de pensar de cada cual, que puede hacer ver a otros lo que yo no he visto, es decir, el fundamento de las tesis del autor, a mí me ha traído una reflexión a medida que iba avanzando en la lectura e interesándome cada vez menos por los argumentos expuestos y es lamentar, una vez más, lo expuestos que estamos el común de los ciudadanos a los peligros de visionarios y salvapatrias que se sienten llamados a una misión suprema. Porque leyendo entre líneas, si algo queda demostrado en este libro es lo aleatorio de que algunas decisiones tomadas en las altas instancia, tengan unos resultados o los contrarios. Sin ir más lejos, en el 44 o 45, nadie daba un duro por Franco y mira si acertaron. Incluso Hitler, en plena Guerra Civil, le consideraba poco apto para el mando e incapaz de ganar la guerra y, más adelante, seguía pensando que le faltaba capacidad de liderazgo y que sería sustituido por otro. Pues ganó la guerra y, mientras Hitler se suicidó en su búnker de Berlín, Franco murió en la cama de un hospital por achaques propios de la edad. ¡Unos genios!

Esta reseña se publicó en Hislibris.






miércoles, 2 de diciembre de 2015

DIEZ NEGRITOS

A un apartado lugar del desierto iraní relativamente cercano a Ispahan, llegan ocho personas que han sido invitadas por diversos motivos por un hombre al que ninguno conoce.
Llegan a bordo de un helicóptero a un lujoso hotel situado en medio de la nada y atendidos por un matrimonio contratado al efecto.
La primera noche de su estancia en tan extraño lugar, cuando han acabado de cenar sin que su anfitrión, en contra de lo anunciado, comparezca, comienzan a escuchar por los altavoces de ambiente, una grabación en la que se les acusa a cada uno de ellos de haber cometido un crimen que quedó impune en su momento y se les anuncia que no saldrán de aquel lugar con vida, pues todos ellos van a pagar su deuda pendiente.
En ese momento son conscientes de que se hallan totalmente aislados, a 300 kilómetros de la población más cercana, sin automóvil ni avión a su disposición, carentes de teléfono y con la comunicación por radio inutilizada, presumiblemente de forma intencionada.
No tarda en producirse la primera muerte y la semilla de la desconfianza mutua, germina entre los reunidos.


Basada en uno de los más conocidos relatos de Agatha Christie, tras verla, me parece que el cambio menos relevante es la completa alteración del entorno entre la novela original y el guión cinematográfico, hay otras cosas de mucha mayor enjundia entre la gran cantidad de diferencias que apreciamos, no siendo la menor el cambio absoluto en la resolución de la historia.
Se trata de una coproducción franco-italialo-hispano-alemana (casi nada) y cuenta con un buen plantel de representación española, no precisamente en el reparto, donde únicamente encontramos a Teresa Gimpera, con un papel testimonial, pero sí en lo que podríamos llamar apartado técnico y creativo, desde el guión, del que es coautor Enrique Llovet, hasta un numerosísimo grupo de técnicos que encabeza Fernando Arribas, responsable de la fotografía.
Una parte de los exteriores se rodó en España, en Almería y Madrid, siendo perfectamente reconocible el Templo de Debod en el que se rodó una escena completa.
En cuanto a los interiores, el principal set de rodaje es el salón central del hotel, concebido de forma que puedan aparecer varios personajes situados en diferentes planos, algo que a veces utiliza el realizador sin demasiado sentido. Igual que tampoco lo tiene una historia paralela en la que intervienen Teresa Gimpera y Rik Battaglia, que además de no aportar nada queda sin resolver ni clarificar para el espectador que nunca llega a saber qué pintan esos personajes.
El resto del elenco, con pobres actuaciones en las que solo es destacable la interpretación de Charles Aznavour de la canción central de la película.


Una película bastante pobre que cambia algunas cosas del original y no para mejor precisamente. Con algunos nombres muy conocidos en el reparto (aparte de los ya citados, Oliver Reed, Richard Attenborough, Adolfo Celi, Elke Sommer...), cuyas actuaciones están acorde con el tono mediocre del film.





martes, 1 de diciembre de 2015

LAS VÍRGENES DEL PARAÍSO

Jasmine regresa a El Cairo, tras muchos años apartada de su familia de la que fue expulsada por su padre, convertida de víctima en culpable, pues en su ingenuidad, fue a visitar a un antiguo amigo de la familia que se había vuelto contra ellos y este la violó.
Con el paso de los años Jasmine se ha convertido en una médico competente, pero nunca ha podido olvidar la casa de la calle Vírgenes del Paraíso, donde nació y creció.
A través de las peripecias de la familia Rashid, viviremos los acontecimiento más importantes que atravesó Egipto desde 1945 hasta casi el final del siglo pasado, acercándonos a una cultura milenaria en la que conviven Islam y algunos resquicios del pasado faraónico.
Bárbara Wood no renuncia a su estilo de escritora romántica, algo que en principio me causaba reparo a la hora de enfrentarme a esta larga novela, sin embargo, para mi sorpresa, me encuentro con un libro que es mucho más que un simple relato en el que se enlazan amores y desamores, pasando estos a ser una mera anécdota dentro del espléndido fresco que la inglesa naturalizada estadounidense, traza alrededor de una cultura tan singular, con unos magníficos personajes que nos adentran en la forma de vida de la sumisa mujer islámica y la lucha por tratar de salir de situación tan injusta, sin renunciar a sus tradiciones, algo que nos resulta incomprensible de todo punto desde nuestra visión occidental.
La novela retrata las duras condiciones de vida, los periodos de revueltas y cambios sociales, las relaciones entre sexos, pero siempre desde un tremendo respeto, sin que ello signifique condescendencia.
Muy bien ambientada, Wood hace gala de su maestría en las descripciones y su intenso trabajo de documentación, algo que lleva a gala en todas sus novelas.
Un libro muy interesante, entretenido, quizá un poco largo, pero que se lee muy bien, creo que merece la pena leerlo y más en estos tiempos en que soplan vientos de confrontación, para tratar de conocer un poco más de las peculiaridades de uno de los países más representativos de la cultura islámica, en el que los intentos de occidentalización no han acabado de cristalizar jamás.