sábado, 19 de noviembre de 2011

OTROS JUECES

¿Cuántas veces hemos puesto verdes a los jueces? Yo el primero y, supongo, que lo seguiré haciendo, porque la verdad es que algunas veces, más que pena o vergüenza (que también), lo que dan es miedo, porque supones que un día puedes verte ante ellos y te hechas a temblar.
Pero de vez en cuando, la justicia es justa (no, no es una tontería, por desgracia) y hay gente como la magistrada Ángela Murillo o el juez del que hablo hoy, Santiago Pinsach, que te reconcilian con la idea que tenemos de lo que debería ser la Justicia.
No voy a hacer más comentarios, sólo a reproducir la noticia que la prensa de hace dos días publicaba, no tiene desperdicio, sobre todo las consideraciones del juez a quien agradezco, en la parte que me toca, que se haya erigido en portavoz de lo que muchos pensamos:

IBIZA,AGENCIAS/EFE
El juez del juzgado número 4 de Ibiza, Santiago Pinsach, ha absuelto a un profesor del instituto Marc Ferrer de Formentera, de una falta de lesiones y malos tratos contra un alumno del centro. El magistrado recrimina duramente a la madre del menor por haber denunciado al profesor y pide además disculpas al educador «por no haber detenido el proceso a tiempo de evitar que le rozara la presente ignominia».
El pasado 16 de septiembre, poco antes del fin de las clases, el profesor se percató, mientras cerraba las ventanas, de que dos alumnos se estaban peleando. Uno de ellos, de 14 años, estaba encima del otro y se agredían mutuamente. El profesor se acercó y separó al que estaba encima, «sujetándole desde atrás, por la zona del pecho o costillas, para evitar que continuara la agresión, todo ello sin causar lesión alguna». En cambio, detalla el fallo, el menor lanzó varias patadas a las piernas del docente, que impartía Educación para la Ciudadanía.
La sentencia señala que la madre del menor, «en lugar de agradecer al denunciado su intervención y solicitarle las disculpas que merecía por el incalificable comportamiento de su hijo, interpuso la presente y no menos incalificable denuncia». La sentencia añade que el adolescente había sido expulsado tres veces de centros e instantes después de protagonizar el suceso «además de agredir al denunciado, estuvo autolesionándose y propinando patadas a las vallas y papeleras frente a otros profesores». Incluso la reacción del menor hacia su profesor nada más separarle fue la de amenazarle con denunciarle ante la Guardia Civil, ante la mirada atónita del resto de sus compañeros.
El juez indica que, «en realidad, sobran los comentarios y solo procedería preguntar a la denunciante: ¿qué ha denunciado? o ¿cómo ha podido denunciar esto sin rubor? o ya en general, invitar a la reflexión sobre la impúdica desfachatez» a la que puede llegar la sociedad. Y plantea hasta dónde puede llegar «un cuerpo social subvertido o desvalorizado, imbuido de patrones políticos y culturales erráticos, según los cuales no hay responsabilidad sino solo exigencia». Critica que «la sobreprotección enfermiza de los menores destroza sus posibilidades de maduración personal» y califica la denuncia de injusta y descorazonadora.


viernes, 18 de noviembre de 2011

CUERPO Y ALMA

Cuerpo y Alma cuenta la historia de Charlie Davies (John Garfield) un joven de clase humilde que aspira a llegar muy lejos en la carrera de boxeador. Su padre regenta una tienducha de barrio y al morir víctima de una explosión, les deja en la miseria a él y a su madre, que se opone a que boxee, porque desea que tenga estudios, pero ante la falta de recursos, Charlie decide ponerse a entrenar. Tiene talento pero se ve envuelto en una serie de combates, alguno de ellos amañado sin su conocimiento, de los que su promotor trata de sacar de él el mayor beneficio económico sin importarle las consecuencias, físicas y morales, que pueda sufrir Charlie que, por otro lado, tampoco demuestra demasiadas luces y se muestra obnubilado por el lujo del que se ve rodeado gracias a su éxito pugilístico.
A pesar de que su amigo Shorty (Joseph Pevney) le previene sobre lo que le espera de aceptar las propuestas del promotor, Charlie se va enredando cada vez más en ese mundo de aduladores y dinero fácil, hasta que llega el momento decisivo en el que deberá decidir si está dispuesto a venderse o mantener su integridad como persona.

No era la primera ocasión en la que el cine se interesaba por el mundo del boxeo, pero esta peli marca la senda que seguiran otros grandes títulos del subgénero, siendo el más llamativo Toro salvaje de Scorsese, que llega a fusilar planos enteros.

Todo lo que rodeaba al pugilismo profesional en aquellos años, se adecúa bastante bien a las premisas del cine negro: Gansterismo por un lado y complicadas situaciones sociales por otro.

La peli es muy buena técnicamente, es descollante todo el potentísmo flashback en el que nos cuenta la vida de Charlie, que acaba con una maravillosa elipsis que enlaza con las imágenes del principio, magníficamente planificadas y de gran belleza estética.
No menos logradas están las imágenes de la pelea final, muy bien realizadas para la época en la que están rodadas, algo que algunos que las llegan a tachar de penosas, olvidan, cuando son, por el contrario, todo un muestrario de búsqueda de nuevas técnicas (contrapicados, planos subjetivos, otros rodados cámara en mano...)

Robert Rossen, su director, se encontró con el guión ya elaborado por Abraham Polonsky, aunque pudo colaborar en alguno de los diálogos.
Los principales papeles están interpretados, de manera solvente por John Garfield y Lilli Palmer y el director, pone al servicio del film su conocimiento perfecto del mundo en el que se desarrolla.

Rossen había nacido en un barrio y en un ambiente iguales a los que se presentan en el film, pero no sólo eso, sino que para ir tirando, en su juventud se dedicó al boxeo y a jugar al billar, así que sabía de sobra en qué ambiente se movía, quizá ello influyera en la buena ambientación que tiene la peli.

Detrás del film está la productora Enterprise Productions, una firma mítica que rodó apenas una docena de películas y que fue el germen de lo que podría haber sido una productora independiente en el difícil mundo norteamericano copado por los grandes de la industria. Por desgracia, el Comité de Actividades Antiamericanas, la puso en su punto de mira desde el comienzo y, de hecho, muchos de los nombres que figuran en los créditos de este film, acabaron en la lista negra o, como en el caso del propio Rossen, teniendo que colaborar para salvar su carrera.

Una película que se sale del marco de las doce cuerdas para retratar la podredumbre de un mundo en el que las personas importan tanto como el dinero que producen, con un trasfondo de denuncia social con un discurso sobre la lucha de las clases más desfavorecidas por imponerse a aquellos que les manejan.




jueves, 17 de noviembre de 2011

NATY

Natalia Esparza (Naty, con y griega, en el trabajo), relaciones públicas en una pequeña agencia de comunicación, acababa de llegar de un increible viaje por la Costa Azul, junto a su fabuloso y rico marido.
No sabía qué pensar cuando, en su primer día de regreso al trabajo, entró por la puerta su nuevo cliente, Francisco Castilla (Don Paco, en su empresa y Pacote para los amigos), un cuerpo enorme, de palurdo con dinero, de los que uno sólo se imagina con pantalones de pana y camisa de cuadros o, en su defecto, con mono de trabajo. Venía acompañado de su socia, de la que Naty no había oído hablar hasta ahora. Este nuevo cliente, con cuyo fee se iba a pagar esa operación que tanto necesitaba para reformar su perfil derecho que parecía tener un par de años más que el izquierdo.
Naty había preparado su rutinario juego: Desabrocharse tres botones del escote (tres, ni uno más, ni uno menos); entrevista en la mesa de cristal transparente de la sala de reuniones, que para eso era transparente, para dejar ver la falda excesivamente corta con la que agasajaba a los clientes en sus primeras citas. Ella que en el instituto había presumido de feminista, había pasado de sentirse Simone de Beauvoir a ser una mezcla de Ana Obregon y Lady Gaga, pero, chica, en este mundo de tiburones, casi todos hombres, que consideran que la mujer vale menos, es imprescindible jugar tus cartas. Así se se justificaba, más ante ella misma que ante sus amigas.
Asi que allí estaba Naty, desabrochada y minifaldera y, ante ella, Pacote y una mujer de treinta y tantos años, alta, contundente, sin escote y con una falda decente.
-Francisco, ¡qué alegría!, dijo Naty.
-Encantado, esta es mi socia, Paloma Rubio. Tratarás con ella a partir de ahora.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

RETORNO AL PASADO

Jeff Bailey (Robert Mitchum), es un detective privado retirado que en la actualidad regenta una gasolinera en un pueblecito. Un viejo conocido de su pasado se presenta en la pequeña localidad donde reside, le trae un recado de un hombre para el que había trabajado, un tipo que se gana la vida con negocios ilícitos llamado Whit Sterling (Kirk Douglas).
Este mafioso le había encargado tiempo atrás que encontrara a su novia, Catie Moffett (Jane Greer), que se había fugado con una importante suma de dinero, tras dispararle cuatro balazos. Consiguió localizarla en Acapulco, pero se enamoró de ella. Ahora la encuentra de nuevo en brazos de Sterling y empieza a sospechar que lo que éste pretende es vengarse de él por haberlo traicionado.
A pesar de esta sospecha inicial que le hará estar alerta en adelante, Bailey va descubriendo poco a poco, que no todo es tan claro como pudiera parecer y que la red de mentiras que se han ido tejiendo a su alrededor va a hacer poco menos que imposible que escape a su destino, ligado más fuertemente de lo que creía a su turbio pasado.

La película toma como base una novela, Eleven mi horca, de Daniel Mainwarning, otra víctima más de la caza de brujas y que se vio obligado a ocultar su identidad bajo el seudónimo de Geoffrey Homes. Él es, junto a algún otro colaborador, el autor del guión.
Magnífica fotografía de Nicholas Musuraca que sabe recrear la adecuada atmósfera que pide la historia.

La historia es compleja, porque está montada a base de que vayamos descubriendo a través de las vueltas y revueltas del guión, cuáles son los verdaderos motivos de los protagonistas, qué es lo que esconde cada uno de sus actos.
El director consigue mantener la tensión a base de no dar todas las explicaciones de esas actuaciones, lo que crea incertidumbre en el espectador porque hay cosas que no tenemos controladas. Sin embargo todo está perfecta y sabiamente planificado, para que al final del film, cada pieza vaya encajando en su lugar y vayamos encontrando la solución de todo el entramado.

La peli está llena de simbolismos, comenzando por la contraposición que hace entre el campo y la ciudad. La vida limpia y sin mentiras de aquel, con paisajes claros y abiertos y mucha luz. Y la turbiedad del día a día de la ciudad, engaños y mentiras, maldad y, por supuesto, la luz que se escapa entre las sombras de la noche y de los espacios interiores.

A ello unimos las historias de amor que vive el protagonista. La chica de pueblo, dulce y sin dobleces y la mujer fatal, codiciosa, ambigua y destructiva.
Magníficos los símbolos visuales que emplea para evocar las relaciones entre los personajes y lo que ha sido y será su vida: Las redes de pescador que ponen telón de fondo a los encuentros entre Mitchum y Greer; las puertas que se abren o se cierran en imágenes de lo más sugerente; o la elegancia con la que se describe el momento en que la pasión entre los dos protagonistas se desata, a base de una lámpara que cae y una puerta que se abre violentamente por culpa de la tormenta.

Diálogos de gran altura que acompañan las buenas actuaciones de todo el elenco, secundarios incluídos, ya que aquí, sus papeles también tienen mucha importancia.
Los protagonistas, aunque hoy nos resultan de sobra conocidos, no lo eran tanto en el momento, de hecho, sus carreras estaban despegando y saben aprovechar bien la oportunidad.
Los dos grandes actores masculinos, arrolladores, y con más de un problema en el rodaje a causa de la notoriedad que querían conseguir sobre el otro, lo que obligó a Tourneur a ponerlos en su sitio para que la cosa no llegara a mayores. Sin embargo el espectador se beneficía del magnífico duelo interpretativo.

Un film que en su momento fue calificado incluso de serie B y que hoy es considerado por algunos como uno de los paradigmas del cine negro.
De esas películas que cada vez que uno las ve, va descubriendo nuevos detalles. El no siempre reconocido Jacques Tourneur, a pesar del bajo presupuesto con el que contó, logra realizar uno de sus mejores trabajos, quizá su obra culminante.




martes, 15 de noviembre de 2011

EL PAJE DEL DUQUE DE SABOYA

Lo dijo el presidente francés Jacques Chirac: “…Con Vd. nosotros fuimos D’Artagnan, Monte Cristo o Balsamo; recorrimos las calles de Francia, participamos en batallas, visitamos palacios y castillos; con Vd. nosotros soñamos…”
No hablaba de otro que de Alejandro Dumas, el autor de “Los Tres Mosqueteros”, “El conde de Montecristo”, “El Tulipán Negro”, el escritor viajero y mujeriego, el amigo de Garibaldi, que hizo de su vida una aventura y que por ese mismo camino, por el de la aventura, supo llevar como nadie, a través de sus escritos, publicados hasta el mismo momento de su muerte, a tantos y tantos lectores de entonces y de siempre.
Me llamó poderosamente la atención no encontrar reseñas de esta novela que hoy traemos a este humilde blog, sobre todo porque en ella hay personas y lugares que son parte de la historia española, cuando España era el Imperio en que no se ponía el sol.
El personaje central es Manuel Filiberto de Saboya, que fuera general de los ejércitos imperiales y que continuó al servicio de la corona española durante el reinado de Felipe II, hasta que vio libres de la ocupación francesa sus posesiones.
A los hechos más o menos históricos, acompaña Dumas con una historia paralela, verdadero eje de la novela, en el que narra, por un lado la relación del Duque con su hermano de leche, escudero y amigo, Reinaldo apodado Scianca Ferro (Rompehierro), por su fuerza descomunal y con su paje, León, a quien había salvado la vida, cuando lo encontró en medio de la campiña junto al cadáver de su madre. De otra parte, lo que Dumas llama una compañía de aventureros y que traducido al román paladino y desprovisto de la épica novelesca, llamaríamos una banda de buscavidas, matones que venden su espada al que más pague y que no dudarían es coser a puñaladas a quien se tercie a cambio de algo que rapiñar, pero a los que el autor sabe dar un barniz de pícaros, entre simpáticos y honorables (a su manera, claro) y que le sirven para guiarnos a través de las filas francesas en las diversas batallas y escaramuzas que se relatan y para introducirnos entre la corte parisina para enterarnos por ellos de los planes primero de Francisco I y, más tarde de su hijo Enrique frente a las tropas españolas.
El paje de Manuel Filiberto guarda un secreto que sólo ellos conocen y que nos llevará por las sendas del romanticismo y la tragedia, tan del gusto de una parte de los lectores (y lectoras) de este tipo de literatura, al menos en la época en que fue escrita.
La parte histórica de la novela, se centra entre el final de los reinados de Carlos V y Francisco I, por un lado y el inicio de los de Felipe II y Enrique II, por otro y narra las luchas y disputas tanto armadas como diplomáticas entre España y Francia por conseguir la supremacía en el continente lo que, con permiso de Inglaterra y los otomanos, suponía decir de todo el orbe.
Una buena parte de los capítulos están dedicados al asedio y posterior toma de San Quintín y a la batalla que el 10 de agosto de 1557, libraron las tropas de Enrique II, al mando de los hermanos Montmorency y los tercios españoles, comandados por Manuel Filiberto de Saboya. La derrota puso a Francia contra las cuerdas y según Dumas pudo haber sido peor, pues achaca a la poca decisión de Felipe II (exceso de prudencia del Rey Prudente) que, contra lo deseado por Manuel Filiberto y otros generales del ejército español, decidió no avanzar sobre París que era fruta madura.
Tras esta batalla y la posterior recuperación por los franceses del importante puerto de Calais, cabeza de puente de Inglaterra en Francia, gracias a la acción del Duque de Guisa y cuando cobraban nuevos ánimos y parecía que levantaban cabeza, los franceses volvieron a ser derrotados por los españoles en Gravelinas, lo que obligó a la firma de la Paz de Cateau-Cambrésis que, entre otros acuerdos, establecía el matrimonio del Duque de Saboya con Margarita de Valois, hermana del rey francés y que le fuera restituido su ducado.
Dumas no es para nada chauvinista, al menos en general, al contarnos, a su manera, todos estos episodios y no se porta mal al hacer el retrato de los monarcas españoles, de sus generales y del conjunto de sus tropas.
De Felipe II, no dice nada que no se haya dicho aquí, en su propio país. Poco amante de las armas, inteligente, de carácter adusto, dice de la corte española que es la de etiqueta más rígida de todas las europeas y la pobre Isabel de Valois, con la que va a contraer matrimonio fruto del tratado antes mencionado, se prepara para aguantar como pueda a un hombre mayor que ella, pero también a una corte de la que presume una especie de encierro monacal. El negro será el color que la espera.
Un punto de admiración es lo que denota el autor cuando nos habla del César Carlos, a quien trata de tal, de príncipe poderoso, valiente, excelente guerrero y tiene un capítulo que me pareció de lo más entrañable, en el que después de habernos referido la abdicación del Emperador a favor de Felipe II, nos narra la situación en que queda este y lo hace de una manera casi poética, pues hace ver que Carlos se retira a sus aposentos y cuando llama a la servidumbre para que enciendan las lámparas y aviven el fuego, nadie acude, están celebrándolo con el nuevo rey y el que fuera el hombre más poderoso del mundo hace una serie de reflexiones sobre lo pronto que olvidan los siervos al señor que ha perdido su poder.
Una relato en el que asistimos a una serie de hechos que marcaron el destino de Europa y del mundo a partir de esa segunda mitad del siglo XVI, en los que España fue protagonista y algunos de los cuales se nos narran aquí de forma novelada, con altibajos en la narración, algunas veces un tanto lenta, sobre todo en los capítulos dedicados a los aventureros de los que antes hablé, que a los amantes de la historia les traerá un montón de nombres reconocibles y les permitirá, a través de sus conocimientos, desvelar las licencias narrativas que Dumas utiliza de cuando en cuando y quizá algún error que se deslice en sus páginas.
Al lector, en general, le permitirá acercarse a una obra poco conocida del padre de D’Artagnan y decidir si es de su gusto el estilo narrativo del hombre de quien Marie Cessette, la esclava dominicana que fue su madre dijo, tras hojear un cuaderno de caligrafía de su hijo, en sentencia que la incapacitaba del todo para ejercer de adivinadora: Todos los tontos tienen buena letra.

Esta reseña fue publicada, también, en HISLIBRIS 




lunes, 14 de noviembre de 2011

LA DAMA DE SHANGAI

Un solitario marinero irlandés, Michael O'Hara (Orson Welles), que luchó en la Guerra Civil Española contra los fascistas, mientras pasea en la noche neoyorkina, conoce por casualidad a una hermosa y misteriosa mujer. Ella, Elsa Bannister (Rita Hayworth, desaparecida su pelirroja melena, recortada y convertida en pelo rubio hielo), se encuentra atrapada en un matrimonio infeliz con un hombre mayor (Everett Sloane, fantástico, alternativamente siniestro y divertido). Su marido, es un rico abogado, brillante criminalista, tiene algún tipo de control sobre ella y, al parecer, la ha chantajeado para contraer matrimonio. Ella cree que está en peligro y busca la protección de O'Hara, mientras que al mismo tiempo, trata de seducirlo.
Al principio se resiste a sus avances luego se ve inducido a enrolarse como marinero en el yate (revelador el nombre: Circe) en el que ella y su marido están navegando desde Nueva York hasta San Francisco en viaje de placer.


Pronto no sólo es su protector, sino su amante. Para conseguir dinero para huir con ella, él se muestra conforme en participar en un plan totalmente increíble propuesto por el socio del marido (Glenn Anders, quien con su actuación extravagante logra algunas buenas escenas) que implica a O'Hara para que le ayude a fingir su asesinato. Por supuesto, nada en la situación es lo que parece: El verdadero propósito del plan es completamente diferente de lo que a O'Hara se le ha dicho. De Elsa no sabemos claramente si es una oportunista manipuladora o una víctima indefensa, mientras que de O'Hara, pronto sabemos que es un chivo expiatorio y un juguete en manos perversas.


Se me ocurren un montón de símiles deportivos para catalogar esta película. Como un encuentro de fútbol aburrido en el que las jugadas a balón parado son magistrales; una carrera de Fórmula 1 en la que toda la emoción está es los pasos por el pit stop; o un partido de tenis con juego soporífero y en el que los jugadores nos deleitan sólo en los tie-break.
¿Merece la pena soportar 90 minutos de fútbol en el centro del campo, para ver cuatro lanzamientos magistrales?
Pues lo mismo pueden trasladar a este film, algunos dirán que sí y otros no estarán dispuestos, con la salvedad de que los momentos magistrales son más de cuatro.


Y es que La dama de Sanghai es una historia convencional, con un guion por momentos enmarañado, incluso incoherente en su conjunto, pero que contiene escenas del mejor cine que puede verse.


El guion, del propio Welles, toma como base una novela mediocre de Sherwood King, titulada If i die Before i Wake. Añadir que que Welles además, participó en la producción del film, fue el director y el protagonista.


Como ocurre tantas veces en el cine de Welles, hay que rascar el barniz para encontrar la película. Porque aquí, lo de menos es la historia que aparentemente se nos narra, como ya he dicho, un relato convencional. ¿Pero qué hay debajo?
Pues escondido en un envoltorio de simbolismo, está el verdadero mensaje, en este casos, mensajes en plural.


Crítica sin contemplaciones al modo de vida de la clase acomodada, a su infelicidad a pesar del estatus económico, al desprecio y el aire de superioridad con el que tratan a quienes trabajan para ellos, como si el dinero que reciben por sus servicios fuera una dádiva magnánima y no una contraprestación.
Crítica al sistema legal, con esa prevención que el protagonista demuestra hacia la policía y la más explícita y abierta crítica contra el mundo judicial.
Dos abogados despreciables, capaces, a pesar del prestigio de su bufete, de burlar a la justicia a base de artimañas y argucias ignominiosas.
Las escenas del juicio son aleccionadoras, con el fiscal y el defensor como dos fieras violentas; el esperpéntico autointerrogatorio de un Arthur Bannister prepotente y pagado de sí mismo; y, una de las mejores escenas simbólicas: El juez, que aparece como una sombra reflejada en la ventana, jugando consigo mismo al ajedrez mientras espera la sentencia, moviendo las fichas cuyo destino está en sus manos.


En descarga del pobre resultado general de la peli, que fue un fracaso de crítica y público, decir que Welles se las tuvo tiesas con la productora (Columbia), que le hizo reescribir parte del guion porque quería que las cosas estuvieran más claras, mejor explicadas para el espectador. Resultado: Metió la voz en off (la del propio Welles) que a veces resulta ya cansina de tanta explicación. La escena final, en el parque de atracciones, con la memorable escena de los espejos, iba a ser mucho más larga, pero la peli fue reducida en, al menos, una hora de metraje. No sabemos cómo hubiera sido la peli que Welles tenía en su cabeza.
La música fue despreciada, de modo que quien figura en los créditos (Heinz Roemheld) actuó más como arreglista de los temas que ya había preparado uno de los músicos en nómina de la Columbia, que como compositor.
El propio Welles, hace un comentario al respecto, y dice que no mereció la pena rodar escenas enteras a bordo de un barco para que parecieran meras transparencias, ya que se hubiera agradecido algún efecto sonoro, aunque fuera el soplo del viento o la caricia de las olas contra el casco.


Interpretaciones correctas y una buena fotografía de Charles Lawton Jr., con algunos primeros planos de la Hayworth y, sobre todo, un plano picado con ella tumbada en la cubierta del barco, maravillosos.
Una peli hecha de momentos, con poca claridad y una buena dosis de confusión. Una hermosa confusión.



domingo, 13 de noviembre de 2011

EL CORAZÓN NEGRO DE EUROPA

Un encargo recibido en el bufete para el que trabaja, llevan a Mila Danieli, una abogada italiana, hasta el corazón de Europa, la localidad eslovaca de Zilina.
Desde allí se propone seguir la pista de Armando Macrì, un compatriota que pretendía abrir una pizzería en Zilina y que ha desaparecido sin dejar el menor rastro. Su mujer desea saber qué ha sido de él, si le ha ocurrido algún percance o si ha decido (cosa que ella duda) desaparecer con su amante eslovaca.
En la cuenta corriente de Macrì se ha recibido hace poco, un ingreso por valor de 1.500.000 $ y ese será el punto de partida para que Mila localice a un descendiente de Moishè Ulican, un judío eslovaco con raíces italianas, desaparecido, como tantos otros, durante las persecuciones nazis.
Un hecho fortuito, mientras Mila hace trekking, con una pareja de recién casados alemanes, hace que se encuentren en pleno monte unos cadáveres extrañamente mutilados, justo bajo el castillo de Erzsébet Báthory, una noble que vivió a finales de siglo XVI, en cuya biografía, plagada de hechos violentos, se mezclan historia y leyenda.
Así que la novela, compone una sabia mezcla de nazis y judíos; sectas satánicas y seudovampiros; mafiosos de la antigua URSS y ricos negociantes árabes que son peces gordos de Al Qaeda.
Como se ve, todos los ingredientes que conforman la mejor línea de lo que se conoce como novela comercial.
Desde su llegada a Eslovaquia, siempre ocurre algo que empuja a Mila hacia el pasado, un pasado que permanece oculto, pero que no está enterrado. Así, de su mano, íremos conociendo detalles de la biografía y el entorno de esa princesa del renacimiento que hemos mencionado, pero también de cosas que están más cercanas en el tiempo, tan cercanas que algunos de sus protagonistas aún están vivos y de ese modo, tendremos una idea de qué fue la Guardia Hlinka, una especie de SS eslovaca, que toma su nombre de Andrej Hlinka, considerado el padre de la patria. Los jóvenes no han oído hablar de este brazo armado y violento del nacionalismo, de sus asaltos a tiendas y sinagogas y del poder que tuvieron bajo la protección de Hitler, cuando el país obtuvo la independencia.
El trabajo de la abogada la lleva a verse mezclada en los manejos de una organización mafiosa ucraniana, con negocios en el tráfico de armas, la pornografía y películas snuff, así como en el trasplante ilegal de órganos. A través de ellos llegaremos hasta un importante dirigente de Al Qaeda, El Wafasi, rico comerciante y banquero árabe que financia y dirige la Jihad lanzada contra EE.UU., Israel y occidente.
Los días de la aventura eslovaca marcarán un punto de inflexión en la vida de Mila y al lector le proporcionan la oportunidad de embarcarse en esta especie thriller escrito con buen ritmo narrativo, pero en el que la sorpresa y la intriga no acaban de estar del todo conseguidos. Tampoco la traducción es demasiado brillante, empleando algunos giros que, como poco, resultan inadecuados.
La novela está bien documentada, tanto en los aspectos históricos, como en los geográficos o en detalles que pueden parecer menores, como cuando habla de algunos tipos de armas o transportes, pero que son de agradecer. No es mala elección si se desea poder disfrutar de un entretenimiento de carácter ligero y un acercamiento a una zona de nuestro continente que nos resulta poco conocida.

Esta reseña también ha aparecido publicada en Novedades con Historia