viernes, 26 de julio de 2013

EL LOCO DEL PELO ROJO

Vincent Van Gogh (Kirk Douglas) quiere seguir los pasos de su padre, pastor del Comité Belga de los Mensajeros de la Fe, sin embargo, los profesores que le han preparado para tal cometido, consideran que no es la persona adecuada para llevar a cabo esa labor. Ante la insistencia del interesado, le envían a Le Borinage, una región carbonífera de Bélgica, donde la mayoría de la población se dedica a la minería, viviendo en precarias condiciones. Tras un tiempo conviviendo con ellos, Vincent se da cuenta de la distancia entre la hipocresía de los métodos de quienes le han enviado allí y sus propósitos de pasar a la acción, por lo que abandona el lugar, regresa a la casa familiar y comienza a dedicarse a lo que de verdad le gusta, la pintura.
Empezará su largo proceso de aprendizaje y práctica con la ayuda inestimable de su hermano Theo (James Donald).



Vicente Minnelli, aunque rueda muchas de las escenas en estudio, el lugar en el que se encontró siempre más a gusto, saca su cámara a la calle y nos regala una colección de tomas exteriores sorprendentes por lo cuidado y medido de cada detalle que llega a nuestras retinas.


Con un trabajo inmenso de planificación primero y fotografía después, sabe ir dando vida a algunos de los paisajes y momentos de la vida cotidiana que el genial pintor nos legó en sus cuadros reconstruyendo hasta los más pequeños detalles.
El guión de film, basado en la novela del mismo nombre de Irving Stone, sabe mezclar sabiamente imágenes y recreaciones de sus más famosos cuadros con los retazos de la biografía del artista. Todo ello envuelto en una iluminación cálida que trata de acercarnos al mundo tal como él lo veía.


Hay que hablar del gran trabajo de Kirk Douglas. Él siempre estuvo convencido del parecido físico y pensaba que éste podía ser el papel de su vida. El caso es que nos ofrece una de esas interpretaciones sublimes en las que personaje y actor se funden hasta confundirse, transmitiendo al espectador toda la fuerza dramática y la angustia vital de su personaje.
Secundado por un Anthony Quinn que interpreta a Paul Gauguin con la eficacia y el buen hacer habituales en él y que con apenas diez minutos en pantalla, tuvo suficiente para llevarse el Oscar al mejor secundario.


Magníficamente retratada también la relación más que fraternal entre Vincent y Theo, como dice éste último en uno de los diálogos, somos más que hermanos, somos amigos.
Al final, este "Lust for Life" se convierte en algo más que una biografía sabiamente concebida, es todo un homenaje a las almas atormentadas, a tantos y tantos seres que día a día se estrellan contra el muro de la incomprensión que les rodea y que les impide llevar a cabo sus anhelos.
Además, estamos ante un film entretenido, agradable de ver, a pesar de lo angustioso del personaje central y técnicamente de gran nivel.




jueves, 25 de julio de 2013

CUENTOS (HANS CHRISTIAN ANDERSEN)

El soldadito de plomo, El patito feo, La pequeña cerillera, La princesa y el guisante, La sirenita, Las zapatillas rojas, Juan el de las habas... Todos hemos disfrutado alguna vez con los cuentos de hadas del danés inmortal, cuyos relatos ocupan un lugar en el imaginario de todos los que un día fueron niños. Además de los cuentos, Andersen escribió poesía y, como infatigable viajero, libros en los que reflejaba sus impresiones sobre los viajes que le llevaron a recorrer varios países de Europa, entre ellos España; en Málaga, una de las ciudades que visitó, tiene erigida una estatua.
Pero son sin duda sus cuentos infantiles los que le han dado fama imperecedera, adaptados una y otra vez al cine, el teatro, la música, los dibujos animados, el ballet...
He escogido retazos de dos de ellos, La espinosa senda del honor, por la crítica que plasma sobre la desconsideración y el desprecio social, pero sobre todo institucional a la obra o descubrimientos de algunos grandes hombres:

...El africano de toscos rasgos, gruesos labios y cabello negro y lanoso, mendiga en las gradas de mármol de palacio de la capital lusitana; es el fiel esclavo de Camoens; sin él y sin las limosnas que le arrojan, moriría de hambre su señor, el poeta de Las lusiadas.
Sobre la tumba de Camoens se levanta hoy un magnífico monumento...

...Detrás de una reja de hierro vemos a un hombre, pálido como la muerte, con larga barba hirsuta.
-¡He realizado un descubrimiento, el mayor desde hace siglos -grita-, y llevo más de veinte años encerrado aquí!
-¿Quién es?
-¡Un loco! -dice el guardián-. ¡A lo que puede llegar un hombre! ¡Está empeñado en que es posible avanzar al impulso del vapor!
Salomón de Caus, descubridor de la fuerza del vapor, cuyas imprecisas palabras de presentimiento no fueron comprendidas por Richelieu, murió en el manicomio...

...Ahí tenemos a Colón, burlado y perseguido un día por los golfos callejeros porque se había propuesto descubrir un nuevo mundo, ¡y lo descubrió! Las campanas de júbilo doblan a su regreso victorioso, pero las de la envidia no tardarán en ahogar los sones de aquellas. El descubridor de mundos, que levantó del mar la tierra americana y la ofreció a su rey, es recompensado con cadenas de hierro, que pedirá sean puestas en su ataúd, como testimonios del mundo y de la estima de su época...

...He aquí, en el seno de la noche y las tinieblas, aquel que calculó la altitud de las montañas de la Luna, que recorrió los espacios hasta las estrellas y los planetas, el coloso que vio y oyó el espíritu de la Naturaleza, y sintió que la Tierra se movía bajo sus pies: Galileo. Ciego y sordo está, un anciano, traspasado por la espina del sufrimiento en los tormentos del mentís, con fuerzas apenas para levantar el pie, que un día, en el dolor de su alma, golpeó el suelo al ser borradas las palabras de la verdad: «¡Y, sin embargo, se mueve!»...

...Ahí está una mujer de alma infantil, llena de entusiasmo y de fe, a la cabeza del ejército combatiente, empuñando la bandera y llevando a su patria a la victoria y la salvación. Estalla el júbilo... y se enciende la hoguera: Juana de Arco, la bruja, es quemada viva.
Peor aún, los siglos venideros escupirán sobre el blanco lirio: Voltaire, el sátiro de la razón, cantará La pucelle...

El otro fragmento que he escogido, pertenece al conocido cuento El Ruiseñor y me gusta porque siempre me pareció un paradigma de cómo se comienza un cuento para niños, con unas frases que a los adultos nos pueden parecer de lo más tonto, pero que perdurarán en nuestra memoria cuando lleguemos a la edad madura y, por un momento, volvamos a sentirnos el niño que fuimos:

En China, como sabes muy bien, el Emperador es chino, y chinos son todos los que lo rodean. Hace ya muchos años de lo que voy a contar, mas por eso precisamente vale la pena que lo oigan, antes de que la historia se haya olvidado.





miércoles, 24 de julio de 2013

ANASTASIA

El triste final de los Romanov, el zar de rusia y su familia, los detentadores del poder en la corte más lujosa de la Europa del momento, es de todos conocido.
No obstante, durante muchos años, se creo una especie de mito alrededor de uno de sus miembros, la Gran Duquesa Anastasia Nicolaevna, de quien se decía que había sobrevivido al resto de sus parientes. Este affaire, no surgió de forma espontánea, ni fruto de una casualidad, sino que se fundamentó alrededor de la macabra, pero también chapucera, muerte de los Romanov.
Antes de que supieran lo que iba a ocurrir aquel día, se les ordenó que se pusieran sus mejores galas, de tal modo que creyeron que les iban a hacer una foto. El caso es que cuando les reunieron en una habitación, aparecieron los que iban a ser sus verdugos, completamente borrachos y comenzaron a disparar de forma indiscriminada y sin ton ni son. Ante la sorpresa general, algunas de las balas salían rebotadas, como si los miembros de la familia imperial tuvieran un escudo protector que les libraba del plomo asesino. La cosa era mucho más prosaica, bajo sus elegantes trajes de gala, habían escondido las joyas familiares, piedras preciosas, objetos de oro y otros metales lujosamente trabajados, eran los responsables de aquel aparente milagro. Tras reponerse de la sorpresa inicial, los guardias acabaron su trabajo de una manera cruel y chapucera, los que no habían muerto ya, fueron rematados a bayonetazos y golpes de fusil, todo un salvaje esperpento que originó el posterior barullo a la hora de recoger los cadáveres, cuyo lugar de enterramiento no estuvo del todo claro durante muchos años y dio lugar, entre otras historias más o menos fundadas, a esta leyenda de la salvación de Anastasia.
Hollywood aprovechó el asunto para adaptar una obra teatral de Marcelle Maurette y con ello mataba varios pájaros con un sólo disparo, por un lado, el regreso por la puerta grande de Ingrid Bergman después de su "escandalosa" (para Hollywood, claro) relación con Roberto Rossellini: Bienvenida a tu casa Ingrid, toma, el Oscar de premio para que no vuelvas a escaparte; por otro aprovechar el trasfondo político para elaborar el enésimo ataque contra los malos, malísimos bolcheviques y, por fin, lo más importante para los amantes del cine, realizar un producto de alta calidad artística, de factura exquisita y con una partitura de Alfred Newman que, evocando aires rusos, nos regala un primor para el oído.
Con una maravillosa puesta en escena, el film cuenta con un plantel de grandes actores, no sólo Bergman, sino un Yul Brynner en el cénit de su carrera y unos secundarios de lujo, Akim Tamiroff y una maravillosa Helen Hayes, con ese saber estar y esa distinción que la habían convertido en todo un mito.


El film retrata muy bien la vida de la clase dominante rusa que, tras la revolución, se refugió en París y en la capital danesa sobreviviendo como buenamente podía, tratando de guardar la prestancia aún en los casos en que la vida les había tirado a la alcantarilla y con la secreta esperanza de retornar a tiempos mejores.
Cuidada planificación para este drama romántico con sabor a cine clásico, con un final que desagrada a algunos, pero que a mí me pareció el mejor recurso para poner colofón a lo que plantea la historia narrada, plagada de verdades a medias, buscavidas que aprovechan la ocasión para sacar tajada y una especie de juego de adivinanzas con falsas pistas que conduce a que sea el espectador quien saque la conclusión que desee.
Por cierto, el desarrollo de las pruebas de ADN y la localización de los cuerpos de todos los Romanov, un proceso que comenzó allá en los 80 y se alargó a los primeros años del presente siglo, ha permitido corroborar que Anastasia murió, como el resto de la familia imperial y algunos de sus sirvientes, aquel fatídico 17 de julio de 1918 en la casa Ipátiev de Ekaterimburgo.




martes, 23 de julio de 2013

MITAD PAYO, MITAD GITANO


Esta es una historia sencilla, casi humilde. La de un hombre como tantos otros, con el que podríamos habernos cruzado en la calle en cualquier instante sin haber percibido un solo atisbo de su peripecia vital.

Eso es lo que más llamó mi atención al leer esta especie de biografía novelada de Jacques Leonard, alguien que no pretendía dejar memoria de su andadura porque tampoco le daba importancia y solo la casualidad hizo que un hijo del protagonista pusiera en manos del autor un manuscrito que había dejado su padre, una pocas páginas que han sido el germen de esta novela, la novela de una vida.

La andadura del pequeño Leonard comienza en un marco envidiable, la finca que su padre poseía en las afueras de Maisons-Laffitte, en los alrededores de París.

Los padres de Jacques, Emilienne Tabary y Julien Leonard, formaban una pareja poco corriente. Ella llegó a tener una empresa de confección que aparte de satisfacer las demandas de su pequeñoburguesa clientela, trabajó para los estudios de Hollywood. Él, experto conocedor del mundo de los caballos, entrenador, criador y tratante.

Julien Leonard, tenía 34 años cuando estalló la I Gran Guerra y estaba en situación de reservista. Cuando se presentó a las autoridades para cumplir con sus obligaciones patrióticas, volvió a casa decepcionado, por no haber conseguido que se aprovecharan sus capacidades incorporándolo al arma de caballería, tuvo que resignarse con un destino de camillero y enviado al frente norte, en Lorena, donde a las seis semanas fue herido de gravedad, un proyectil alemán le perforó un pulmón que perdería para siempre y, presumiblemente, su vida activa habría de quedar marcada en adelante.

Los consejos médicos de buscar un ambiente climático favorable para ayudar a lo que sería una lenta recuperación del padre de nuestro protagonista, llevaron a la familia Leonard a buscar acomodo en el país vasco francés. Con el comienzo del curso escolar, el pequeño Jacques debía acudir a clases en una escuela pública y quedó al cargo de los abuelos paternos, a quienes no conocía de nada. Un hecho fortuito durante su estancia con ellos, el hallazgo de una amarillenta fotografía en la que se veía a la familia de su abuelo en una escena y con unos atuendos que mostraban a las claras su condición de gitanos, le hizo descubrir sus orígenes por vía paterna. En la foto aparecía, entre otros, su padre ataviado de aquella forma pintoresca que hacía difícil reconocer al gentleman cuidadoso en su indumentaria que era en la actualidad.

Jacques vuelve al hogar familiar, se trasladan a Hendaya y en la localidad fronteriza conoce a algunos niños españoles, hijos de la buena sociedad madrileña que solía pasar temporadas en la vecina Fuenterrabía. Entre aquellos jovenzuelos, con los que pescaba cangrejos en el Bidasoa, comía cucuruchos de pestiños o recorría la población en tranvía de mulas, había tres hermanos, ajenos como él a los dispares destinos que les esperaban. Se llamaban, Miguel, Pilar y José Antonio Primo de Rivera.

Su padre ha recibido algunos encargos por parte de la remonta militar, entre ellos, el encargo de negociar la compra de varias partidas de asnos y mulas y traerlas desde el sur de España. Por la poca alzada de los animales, el ejército francés esperaba poder usarlas como transporte a través del dédalo de trincheras en que se habían convertido los frentes de Verdún y Douaumont. Desde Andalucía hasta Somport, Julien Leonard condujo aquellos más de mil jumentos por caminos poco transitados a fin de no llamar la atención de las autoridades españolas.

Salvo estas peculiaridades derivadas de las actividades de sus padres, el resto de la infancia y primera juventud de Jacques, se desarrollaba con cierta tranquilidad en la finca de su padre, ayudando en el negocio de los caballos, hasta que el padre comenzó a manifestar un cierto desinterés por la yeguada y decidió embarcarse en nuevos negocios. Entre ellos, la puesta en marcha de la primera fábrica europea de helados americanos. El lugar elegido fue Praga y su padre, encargó a Jacques que hiciera el viaje hasta allí para poner en marcha el negocio. La aventura de Praga tuvo éxito, pero además, cuando Jacques regresó a Francia, pese a lo corto de su ausencia, había madurado.

Ciertas circunstancias que se dieron en su vida, le llevaron a frecuentar los estudios cinematográficos de Buttes-Chaumont y, sin proponérselo se encontró admitido como “chico para todo” en el rodaje de El país de los vascos, el primer documental sonoro que se rodaba en Francia, dirigido por Maurice Champreux, yerno del mítico realizador Luis Feuillade. Jacques siguió trabajando en el mundo del cine como auxiliar de producción primero y, más tarde, como montador a las órdenes de Jean Choux, algo que para Jacques fue como realizar un doctorado.

A partir de aquellos inicios, la vida de Jacques Leonard estuvo siempre muy ligada al cine y sus andanzas en este mundo merecen un capítulo aparte en sus biografía. Su relación con España vendría de la mano de este mundillo, pues le propusieron participar en un film sobre la vida de Cristóbal Colón, en el que tomarían parte, entre otros, el diseñador español Baldrich y el maestro Joaquín Rodrigo, exiliado en Francia en aquellos momentos. Leonard viajó a la Península con el fin de documentarse sobre los escenarios españoles de la película y halló un país que salía de la sangrienta contienda civil. En su viaje a Burgos se encontró con las infinitas reproducciones del rostro del Franco en paredes y pancartas, con militares que le solicitaban amablemente que llevara en su automóvil a heridos recién licenciados o soldados que volvía de permiso a sus hogares, inesperados compañeros de viaje que le ayudaron a practicar su rudimentario español. En sus periplos por Valladolid o Salamanca iba encontrando las heridas que la guerra había dejado, sus pruebas aún vivas y recientes, como cuando visitó Ávila, prácticamente aún tomada por los últimos efectivos de la Legión Cóndor. El caso es que después de completar su viaje con las etapas en Sevilla, Cádiz, Huelva, La Rábida o Granada (donde pudo encontrar a sus lejanos parientes de raza en el Sacromonte o el Albaicín), Jacques quedó definitivamente prendado de este país.

En 1940, Madrid, ciudad en la que recaló, no era una fiesta precisamente, aparte de los ciudadanos españoles que sobrevivían como podían a los desastres de la guerra y a la dureza del régimen, era un hervidero de agentes y dobles agentes de varios países. Jacques, pronto, formó parte de una red cuyo principal objetivo era ayudar a compatriotas que, huyendo de la ocupación, atravesaban clandestinamente los Pirineos para salvar la piel.

Al margen de las actividades más o menos clandestinas, la vida de Jacques en Madrid seguía y sus actividades profesionales le daban acceso a ambientes en los que se superponían personajes de lo más variopinto, desde toreros, políticos, flamencos o intelectuales a avispados empresarios que se acercaban al nuevo régimen. A veces se reunía con otros contertulios en los salones privados de Lhardy, donde coincidía esporádicamente con hombres como Zuloaga, Díaz Cañabate, el escultor Juan Cristóbal, Rafael Ortega o los hermanos Dominguín (Antonio, Pepe y Luis Miguel).

El proyecto de Colón se fue desinflando y Leonard aceptó un trabajo en la productora española Ulargui Films por mediación del entonces Jefe del Servicio de Cinematografía, Manuel García Viñolas. El negocio de Ulargui se sostenía en tres pilares: Miguel Ligero, Imperio Argentina y Estrellita Castro. Jacques trabajó en el montaje de películas como Carmen la de Triana o María de la O, después de cuyo visionado quedó fascinado por la fuerza y el talento para el baile de Carmen Amaya. Más tarde, a petición de García Viñolas, viajó a Portugal, donde estuvo un año trabajando en algunos proyectos. Sin embargo, sus días en el cine estaban contados. Su matrimonio acabó como el rosario de la aurora y como quiera que su ya exmujer, era hija de Jean Choux, todo un personaje en el ambiente, se dio cuenta de que France (así se llamaba ella) iba a sembrar todo tipo de comentarios malévolos sobre él, así que decidió abandonar aquel mundo.

En aquello momentos de desconcierto, la casualidad que tanto le había favorecido en el pasado, quiso que conociera a un austriaco, director de teatro exiliado en España y que no era otro que Arthur Kaps, propietario de la compañía de revista “Los Vieneses”, que había creado en París junto a su amigo Franz Johan. La compañía había recalado en Madrid huyendo de la invasión nazi, la condición de judíos de la mayoría de sus miembros así lo aconsejaba y Kaps contrató a Leonard como productor para el nuevo espectáculo que les iba a llevar a Barcelona, donde el éxito de “Los Vieneses” fue instantáneo.

Cuando acabó su relación con el austriaco, estuvo un tiempo trabajando como restaurador de muebles, hasta que otro encuentro casual, cruzó su vida con la de un ventrílocuo y showman muy famoso en aquella época, Robert Lamouret, que le propuso contratarle para que le llevara la gestión de la infraestructura que aparejaba su espectáculo. Leonard viajó a Inglaterra, Australia, Grecia e Italia. Una vez acabada la tourné, Lamoure le propuso viajar con él a EE.UU. (donde llegó a tener show propio en televisión y a actuar en las mejores salas de Nueva York y Las Vegas), pero Leonard declinó la invitación, había una ciudad que le llamaba con voz poderosa desde que llegó a ella por primera vez para el rodaje de María de la O y decidió que su vida nómada (quizá vestigio de su ascendencia), debía llegar a su fin, así que se instaló en Barcelona, estaba firmemente decidido a trabajar allí como fotógrafo free lance. Sus primeras fotos aparecieron en una publicación llamada “Revista”. Sin duda aquellas fotos hicieron que el director de la nueva revista “Gaceta Ilustrada” que iba a lanzar la empresa editora de “LaVanguardia”, se pusiera en contacto con él para proponerle colaborar en la misma.

A partir de aquel momento su vida permanecería unida a la Ciudad Condal. Conoció a una peculiar gitana, Rosario, una modelo muy cotizada, de las mejores de Barcelona, con la que compartiría el resto de su vida. No hubo “pedimiento”, pero la familia de Rosario aceptó con naturalidad a aquel “franchute” que ya era conocido entre los gitanos del Somorrostro, al igual que entre sus vecinos “gitanets” del barrio de Gracia, el “payo Chac” le apodaban.

Cuando la muerte le llamó (en 1994), aparte de su apasionante vida, dejaba tras de sí un inmenso testimonio gráfico sobre los gitanos, una raza a la que amó más allá de sus defectos.

El autor, Jesús Ulled, abogado y periodista, nos acerca la peripecia vital de este francés enamorado de Barcelona con una prosa ágil, sencilla y a la vez cuidada, en una novela bien estructurada y de lectura fácil y atractiva. Se nota toda su experiencia anterior, no en vano está muy unido al mundo periodístico y editorial. En su momento colaboró en el relanzamiento de “Fotogramas” y al nacimiento de las revistas “Qué Leer” y “Clío”.

En 2012, Ulled colaboró en el documental “El payo Chac”, de Yago Leonard, que contó con 6 candidaturas a los premios Goya y cuyo tráiler puede verse aquí:

Esta reseña fue publicada en su día en HISLIBRIS


lunes, 22 de julio de 2013

ALEJANDRO EL GRANDE

Filipo de Macedonia (Fredric March) recibe la noticia del nacimiento de su hijo, a quien su madre ha puesto por nombre Alejandro.
En lugar de la natural alegría por el nacimiento de un heredero, Filipo se debate en un mar de dudas, pues los presagios y los sueños que ha tenido últimamente, le han llenado de desasosiego y ve al recién nacido como una amenaza, un hombre que le disputará la gloria.
Alejandro (Richard Burton) crece preparándose para ser un día la persona que gobierne a todos los griegos, pues el sueño de su padre es unir a todas las ciudades estado de la península helena. Aristóteles (Barry Jones) será su maestro, pero tampoco descuida su preparación como soldado rodeado de un grupo de compañeros que se convertirán en sus más fieles amigos.
La relación de amor/odio con su padre, marcará el devenir de su futuro en su breve pero intensa vida.



Robert Rossen se vio inmerso en aquel desgraciado episodio de la caza de brujas macartista y fue investigado por el Comité de Actividades Antiamericanas. Eso le empujó, como a otros, a venirse a Europa, donde se embarcó en este proyecto, para el que contó con un plantel de buenos actores encabezado por un joven Richard Burton, pero en el que también encontramos nombre conocidos como Claire Bloom, Fredric March o el inolvidable Peter Cushing.


El film está está estructurado en dos partes, la primera se centra en las tormentosas relaciones entre Filipo y Alejandro, guarda formas teatrales, con muchas escenas rodadas en decorados y diálogos entre Alejandro y su madre, o con su preceptor o su padre. Quizá a personas que vean el film y vayan buscando una peli de batallas y conquistas se les haga un tanto pesada, pero desde luego no lo es, todo lo contrario, resulta de lo más interesante.
En la última parte, que arranca con la victoria definitiva de Filipo sobre los atenienses y su posterior asesinato, la acción se vuelve mucho más dinámica y más épica. Sin abandonar esa estructura teatral, se incluyen algunos combates, los correspondientes a las batallas de Queronea e Issos, es decir, las victorias sobre los atenienses y sobre Dario (Harry Andrews), rey de Persia.
No tiene el corte clásico de otros peplums de aquellos años en que estaba tan de moda el género, pero sin embargo si que tiene cierta grandiosidad en la puesta en escena y en la aparición de grupos numerosos de extras. Las batallas que se nos muestran, dejan un sabor agridulce, por un lado es de agradecer su rodaje en escenarios naturales, pero en algún caso parecen más pequeñas escaramuzas que los grandes enfrentamientos que debieron ser a juzgar por el número de combatientes que narran las crónicas e incluso el mismo film cuando nos da noticias de ejércitos de cientos de miles de efectivos.


Si Brad Pitt en Troya, con su faldita, levantó pasiones entre ellas (y ellos), me imagino que el bueno de Richard Burton, joven y guapo, con un modelito que nada tiene que envidiar al de Pitt, pondría en marcha los motores de más de una (y de uno), lo que ocurre es que estamos en 1956 y, claro, los tiempos eran otros.
A mi me ha parecido un trabajo muy digno en el que quizá Robert Rossen (autor también del guión), naufraga un poco por haber querido abarcar mucho y, en el caso de Alejandro Magno, ese mucho es demasiado para un film. Al final ni profundiza en la personalidad de Alejandro, ni en sus conquistas bélicas, queda todo en un apunte y, de repente, el metraje no da para más, ¡zas, se acabó!, cuando realmente sólo intuímos el cambio de personalidad del joven aprendiz, al megalómano conquistador y en cuanto a sus triunfos en el campo de batalla, se pasa por ellos bastante deprisa a base de tirar de la consabida imagen con el mapa por el que va discurriendo la rayita que nos muestra el avance hasta el Indo.
La película se rodó en España, con exteriores en Manzanares el Real, El Molar, Rascafría y Málaga. Se reconocen perfectamente los pueblos de la sierra madrileña, con sus estrechas y empinadas calles, sus casas y cercas de piedra, los campos sembrados, los portones de madera de los corrales, etc.
También hubo actores españoles en el reparto, quizá la más conocida sea Marisa de Leza que interpretó el papel de Eurydice.
Peli entretenida y con más interés de lo que pueda parecer por el olvido al que ha quedado relegada.




sábado, 20 de julio de 2013

EN BUSCA DE LA CIUDAD DEL SOL PONIENTE




Randolph Carter es un soñador empecinado en encontrar la mítica ciudad oculta de Kadath que ha vislumbrado en sus sueños. Ningún humano que se acerca a ella vuelve, y si lo hace, no estará en su sano juicio.
Carter suplica a las divinidades que habitan allí para que le permitan acceder a la ciudad soñada. Para ello, el protagonista habrá de enfrentarse a cultos extraños, maldiciones, mitos y seres terribles.
Esos mitos, las divinidades benignas y malignas, los horrores intangibles que no caben en el raciocinio humano y otras constantes de la obra de Howard Phillips Lovecraft, los hallaremos en esta narración, en la que el escritor de Providence, utilizando ese lenguaje tan característico, nos describe, seres, emociones y lugares fantásticos, recurriendo a ese elemento tan peculiar y que tan bien llegó a dominar: Un terror psicológico fundado en acontecimientos y entidades que desbordan la comprensión.




viernes, 19 de julio de 2013

TIERRA DE FARAONES

Hamar (Alexis Minotis), es el sumo sacerdote de Egipto y está preparando una crónica sobre el faraón Keops (Jack Hawkins) que, en esos momentos, regresa triunfante de su última campaña militar, en la que ha conseguido numerosos tesoros y un buen número de esclavos.
Entre ellos está Vashtar (James Robertson Justice), el arquitecto que había diseñado las defensas de la ciudad que acaba de conquistar, un trabajo que ha impresionado al faraón, lo que le lleva a pensar en él para encargarle el proyecto y construcción de lo que será su última morada, una pirámide que, además de su cuerpo, debe contener su tesoro personal que deberá acompañarle en su viaje a la otra vida. Para evitar que los saqueadores se apropien del mismo, el arquitecto debe pensar en un sistema que haga imposible el hurto del tesoro. El faraón le dará lo que quiera, pero sabe que ese trabajo lleva aparejada la muerte cuando las obras concluyan, para que no pueda revelar el secreto.



Dicen las crónicas que Howard Hawks quería hacer un western, pero la Warner (money is money) le puso al frente de este proyecto y, afortunadamente (eso creo yo, al menos), no atendió a su petición de que John Wayne hiciera el papel del faraón Keops.
Si es verdad que Hawks no tenía demasiado entusiasmo por esta película, la conclusión que yo saco es que el tío era un crack, porque le salió un film de primera.


Con guión de William Faulkner (ahí es nada), música de Dimitri Tiomkim (otro clásico) y vestuario del magnífico diseñador y excelente pintor Antoine Mayo, la verdad es que tenía unos buenos mimbres para sacar adelante el proyecto.
Y, como he dicho, lo hizo muy bien, en este film de ambiente colosalista, pero sin caer en las extravagancias y exageraciones de otras películas de este tipo. Hawks sabe dosificar con talento las escenas de masas (a las que por cierto dirige muy bien), con aquellas que podríamos calificar de más intimistas, logrando un buen equilibrio entre ambas.


Dos historias paralelas se simultanean en el film: La construcción de la pirámide y el amor ciego de Keops por Nellifer (Joan Collins), la enviada de los chipriotas, vasallos de Egipto para ver si se la cuelan al faraón y acepta a la bella mujer en lugar del costoso tributo que les pide.
Por supuesto el faraón traga, les perdona la pasta y cae rendido a los encantos de Nellifer, una tipeja de cuidado, ambiciosa y manipuladora que quiere sacar el máximo partido de la nueva situación de segunda esposa del rey de reyes.
Mientras, la otra historia a la que nos referíamos, la de la construcción de la pirámide, resulta muy atractiva y esta bien narrada, con bastante respeto a lo que pudo ser la verdadera historia, sin caer en esos desvaríos tan propios de Hollywood que, a veces, sacrifican el rigor histórico por lo que ellos entienden como espectáculo. La verdad es que el film, en ese aspecto resulta bastante correcto.


Magnífica actuación de Joan Collins en su papel de mujer malvada.
Un film muy entretenido, en el que nos adentramos en los misterios de la construcción de esa maravilla del arte que fueron y son las pirámides egipcias, con toda la fascinación que siguen ejerciendo. Un relato de ambiciones llevadas al último extremo, de intrigas y de lucha por la supervivencia, con el que también aprendemos un poco de historia, no está mal y como espectáculo es de primera calidad.