jueves, 14 de octubre de 2010

PSICOSIS

Tercera y última película juntos del que yo llamo el trío maravillas: Bass, Herrmann y Hitchcock.
Si en su pequeño apartado, Saul Bass, vuelve a lucirse con los créditos a base de esas letras cuyas líneas no acaban nunca de encajar, como un retrato de la personalidad del protagonista del film, qué decir de la partitura de Bernard Herrmann, basada en instrumentos de cuerda y cuyos staccatos se han convertido en sinónimo de miedo, de terror cuando los escuchamos reproducidos, imitados o parodiados.
En cuanto al tercer vértice de este triángulo artístico, el amigo Hitch, no deja de sorprendernos el tipo. Cuando creemos que ya nos ha dado de sí todo lo que podía darnos, se saca de la manga un nuevo as y mete otra de sus películas en las antologías cinematográficas.
Como acostumbra, la labor de planificación es la base sobre la asienta la solidez de esta obra maravillosa, ni un sólo detalle ha quedado olvidado antes de plasmarlo en imágenes. Es paradigmática la conocidísima y superparodiada escena de la ducha, entre y cinco y siete días, según el autor que se consulte, se tardó en rodarla, en tomar los innumerables planos que en esta escena de apenas tres minutos se nos muestran. Ese tiempo para un rodaje que apenas sobrepasó los treinta días, hace que sobre cualquier comentario.


No he llegado a tener claro si Hitchcock utilizó a su equipo de televisión, en lugar de la gente que habitualmente le acompañaba en los rodajes de sus pelis, porque quería dar al film un aspecto televisivo o fue una más de las actuaciones a las que se vio forzado por el bajo presupuesto, he leído comentarios para todos los gustos al respecto y, en el fondo, me da igual, porque fuera buscado o fuera por pura casualidad, le salió redondo.
Como la elección de los actores, al parecer esta sí motivada por el asunto económico. Los dos protas, apenas eran conocidos en aquel momento, aunque por contra, cuenta con unos secundarios que se pueden considerar un lujo, encontrar nombres como John Gavin, Vera Miles, John McIntire o Martin Balsam, es tener un reparto de primera.
Al parecer, también fue para abaratar costes por lo que se recurrió al blanco y negro y no, como también se escrito por ahí, para que la sangre no llamara tanto la atención. De hecho el mayor problema de Hitch con la censura en este film, era porque aparecía un inodoro y eso se consideraba aberrante. ¡Bufff! Mentes retorcidas. Como si las estrellas de Hollywood no cagaran (con perdón) y mearan (mis disculpas).
Esto (lo del blanco y negro), fue otro acierto, para mí, contribuye a subrayar el ambiente opresivo que respiramos a lo largo de toda la peli.
Para acabar con el asunto económico, una curiosidad, el director renunció al sueldo (puede que fueran unos 250.000 dólares de 1.959, una pasta), a cambio de quedarse con el 60% de los derechos del film. Sí, salió ganando, pero en esos momentos no lo sabía nadie, una prueba de la fe que tenía Hitchcock en el buen resultado de su trabajo.


Con esta película, Hitchcock dio un vuelco a la manera de hacer cine de terror que imperaba hasta el momento, casi todas las pelis de este género eran de serie B y, casi todas ellas, basadas en la aparición en las mismas de seres sobrenaturales, tipo muertos vivientes o monstruos estilo Frankenstein.
Aquí, son personas de carne y hueso e introduce el factor psicológico para llevarnos al terreno del terror, del miedo. Todo ello sin renunciar al arma que tan bien dominaba: El suspense. Aquí alcanza grados sublimes, durante toda la primera parte del film, está jugando con ese suspense para mantenernos en vilo y vaya si lo logra, todo el viaje de Janet Leigh, perseguida por la poli, es suspense del mejor estilo.
Y todo esto, sin darnos ningún sobresalto de esos a los que tan aficionados son los directores actuales de este tipo de films, que parece que nos quisieran matar de un infarto.



Hay escenas de la peli que forman parte del imaginario colectivo, sobre todo la de la ducha, con esos miles de detalles en los que el maestro se recreó.
Yo quiero destacar, precisamente esos detalles, no sólo en esta escena, sino a lo largo de todo el metraje, con muchos primeros planos de todo tipo.
Y una escena, además de la mencionada, la final, ese solitario Anthony Perkins, en la habitación desnuda y con ese rostro que lo dice todo.
Poco antes de esa escena, está la larga explicación del psiquiatra, quizá el único "pero" que se puede poner a la obra.



Película de culto donde las haya, no me extraña que en los Universal Studios de Los Ángeles, se conserven el Motel y al fondo la casa en la que Norman Bates vive con su madre, siendo uno de los lugares de visita obligada no sólo para cinéfilos, sino para el público en general, porque escenas de esta peli les suenan incluso a gente que no la ha visto ni sabe de qué va.



miércoles, 13 de octubre de 2010

MUNDO FICCIÓN


Mundo Ficción es una productora, supongo que de las llamadas independientes, que se dedica, como dicen ellos a crear contenidos nuevos, divertidos, de calidad y, sobre todo, con mucho enterismo...
Llevo un tiempo con ganas de meter aquí algo de lo suyo y me he ido liando viendo vídeos y más vídeos de ellos, claro, al final hay que elegir algo, así que me he decidido por estos tres, como podrían haber sido otros, pero es que me estaba dando cuenta de que corría el peligro de que perdieran un poco de actualidad algunas de las cosas que sirven de base a sus sketchs. Supongo que mucha gente ya los conoce, pero bueno. El que quiera y tenga tiempo y ganas, puede ver más cosas de ellos por su cuenta, eso ya es cosa de cada cual.

ESO_ES_ASÍ

martes, 12 de octubre de 2010

CON LA MUERTE EN LOS TALONES

Siempre habrá alguien a quien no le guste, pero esta es una de esas películas redondas, no porque sea una obra maestra, ni porque haya entrado en los anales de la cinematografía, ni porque su protagonista sea Cary Grant o su director quien es. Me refiero a que es de las que agrada a un amplio abanico de público.
Y es que "Con la muerte en los talones", es sobre todo, una peli entretenida y uno va al cine, principalmente para eso, para pasar un rato agradable, entretenido, es parte del tiempo de ocio y el ocio, cuando se puede elegir, uno procura llenarlo con momentos que le resulten agradables y entretenidos.
Todo ello en base a un guión en el que Ernest Lehman y el propio Sir Alfred, le dieron la vuelta al relato original (la novela "The Wreck of the Marie Deare"), para adecuarlo a su gusto particular y debieron convencer a la productora, que cuando vio las primeras páginas, puso encima una pasta gansa, todo ello a pesar del batacazo de "Vértigo", la anterior película del gordito.


¿Qué es esta película? Mucho se hablado, escrito y discutido sobre donde encasillarla: Comedia, thriller, espionaje, suspense...
Es todo un poco, un cóctel de géneros, con el riesgo que eso implica de que sea nada por querer ser todo. En este caso el experimento salió perfecto. Una comedia con una historia de suspense que te pega a la butaca, eso es para mí.


Un guión, no diré disparatado, pero sí increíble; si te pones a analizarla, te rechinan los dientes.
¿Qué tipo que se ve envuelto en un malentendido que no le cuesta la vida de pura casualidad, cuando se ve libre de él, se vuelve a meter en la boca del lobo?
¿A quién se le ocurre emprenderla a tiros desde una avioneta fumigadora con la persona a la que quieres matar, cuando has conseguido llevarla hasta un lugar desolado, sin un árbol en 100 Km.? Lo normal es pasar por allí en un coche y despacharla con cuatro tiros.
Y así podríamos seguir.
Hitchcock se salta todo intento de verosimilitud, nos mete lo que quiere meternos, sin importarle un comino que sea creible o no y consigue que, después de cuestionarnos la primera o, como mucho, las dos primeras incongruencias, las demás, no sólo las pasemos por alto, es que ni nos enteramos de ellas, porque ya estamos tan metidos en la historia que nos cuenta, que encima, aplaudimos algunas de las secuencias derivadas de esa especie de cine del absurdo, como algunas de las mejores de la cinematografía de todos los tiempos.


¿Y de la historia en sí, qué me decís?
Pues volvemos a lo mismo, igual podemos entenderla como una historia romántica aderezada con secuencias de espías y de suspense; que como una película de suspense en la que se nos cuela una historia de amor.
De verdad que no es nada fácil hacer esto, cuántas veces hemos salido defraudados de un film que, como decía antes, se queda en nada por querer abarcar varias cosas.


Como no podía ser menos, con el prestigio y el tirón que tenía ya a estas alturas Hitch, la peli, su rodaje, está repleto de anécdotas.
La prohibición de rodar en el edificio de Naciones Unidas, por motivos de seguridad, la solventaron grabando con cámara oculta los exteriores y sacando fotos del interior a hurtadillas, que les sirvieron para recrear los escenarios en el estudio.
Otra tanto en el Monte Rushmore, que hubieron también de reconstruír en estudio ante la prohibición de rodar allí, en unas escenas que para Hitchcock tenían mucha importancia, ya que como revela Lehman, para escribir el guión, sólo le puso una condición inexcusable: Que incluyera una persecución en los rostros presidenciales.
El último chascarrillo, aunque hay muchos más: Para el papel de malo, que interpreta aquí James Mason, el primer elegido había sido Yul Brynner. Por cierto que con la figura del ayudante de este malo, que interpreta Martin Landau, tuvieron un problema con la censura norteamericana, ya que el tipo, una especie de secretario para todo, coge una manía horrible a Eva Marie Saint, porque sospecha que engaña a su jefe y a pesar de ello este sigue enamoradísimo de ella. Los retorcidos censores, viendo en toda esta actitud un signo de homosexualidad, pidieron explicaciones.
Para que después nos quejemos de nuestra censura. En todos los sitios cuecen habas.


Son famosísimas algunas escenas de la película (la de la avioneta, la ya mencionada del Monte Rushmore...) Yo me quedo (además de esas míticas), con dos, por citar alguna: Los títulos de crédito, maravillosos, obra de Saul Bass y todos los planos que se desarrollan en la mansión que Phillip Vandamme tiene en los alrededores del Monte Rushmore, una sensacional conjunción entre cine y arquitectura, mostrando algunos planos verdaderamente sublimes.
En cuanto a la banda sonora, una maravilla. Con los primeros compases, uno ya se siente subyugado y ganado por la increíble partitura de Bernard Herrmann.
Y dos cosicas quizá menores, pero que a mí me llamaron la atención: En la escena en la que Cary Grant finge que se está duchando, silba la melodía de "Singin' in the Rain" ("Cantando bajo la lluvia") y la otra, el llamativo vestido negro con estampados en rojo de Eva Marie Saint, otra muestra de la intervención de Hitchcock en todos los detalles de sus pelis, ya que, al parecer, no le gustaron los modelos que le habían presentado para la peli y se fue de compras con su actriz protagonista, gastándose lo que les vino en gana en trapitos.


Una peli, que se puede recomendar sin temor a equivocarse, es una apuesta segura. Ya con los títulos de crédito, uno olfatea que allí va a ver algo grande y a partir del minuto dos, quedamos atrapados por un film que nos mantendrá embelesados hasta el mismísimo final.




sábado, 2 de octubre de 2010

YO TE DIRÉ

El otro día, una colega de la globosfera, Vir, cuyo blog (consuertehaciadelante) recomiendo vívamente, publicaba una entrada sobre "Los últimos de Filipinas" y yo hacía un comentario referido a la canción "Yo te diré". En fin, es lo que tiene haber nacido dos días después de que acabara el diluvio universal, que uno habla de cosas que el que te escucha no conoce muy bien, porque podría ser tu hijo o tu nieto. El caso es que Vir no había oído hablar de la peli y tampoco le sonaba de nada la canción. Eso fue lo que me impulsó a hacer esta entrada, el pensamiento de que uno sabe cosas que son un poco antiguas y que, quizá, no conviene que desaparezcan del imaginario colectivo.
No voy a hablar aquí de los Héroes de Baler, quien quiera saber todo sobre aquel episodio de la Historia, tiene en esta_página, prácticamente todos los datos y curiosidades.
De la peli, decir que hay que ponerse en el momento (1945), para le época, quedó un producto digno, dada la precariedad con que se rodó. Lógicamente hace hincapié en los valores del ejército, el patriotismo, etc. y, sobre todo, está sustentada en un cuadro de actores que cualquier aficionado al cine o al teatro, que sepa un poco de la historia de la escena española del pasado siglo, reconoce enseguida como integrantes de lo mejor del panorama español de aquellas décadas: Armando Calvo, José Nieto, Guillermo Marín, Fernando Rey, Juan Calvo, Manuel Morán, Tony Leblanc...
En cuanto a la canción, el tema que hoy me trae aquí, supuso todo un éxito en su época, pero también en años posteriores y toda una generación creció oyendo sus acordes por la radio. La música era de Jorge Halpern y la letra se debe al escritor y poeta Enrique Llovet (en la foto de la derecha), que también había participado en el guión de la película.
Este film a mí siempre me pareció muy triste, porque en definitiva nos narra un episodio que más que heroico, a mí me parece un tanto vergonzoso, retrato de un olvido de la nación para con hijos suyos que han sido enviados a morir en su nombre. Una historia de perdedores donde las haya.
De la canción, ha habido muchas versiones, desde la primera, popularizada por Antonio Machín, a otras más modernas en las voces de El Consorcio o Paloma San Basilio.
El caso es que Enrique Llovet escribió una de las habaneras más hermosa compuesta nunca y cuando escucho sus primeros versos: «Yo te diré por qué mi canción/ te llama sin cesar,/ me falta tu risa, me faltan tus besos,/ me falta tu despertar,/ mi sangre latiendo, mi vida pidiendo/ que no te alejes más», recuerdo con esa tristeza de la que hablaba a los Héroes de Baler.
Llovet escribió otras canciones, alguna de ellas también muy conocida, que tampoco recuerda nadie quién la escribió, porque ya se ha vuelto un poco de todos. Era para la revista "Hoy como ayer", de Celia Gámez, con música de Fernando Moraleda. Quizá si digo su título, no acabéis de caer en la cuenta: "Luna de España". Pero si cito sus primeros versos, ya habrá más gente que la recuerde, incluso que sea capaz de tararearla: «La luna es una mujer/ y por eso el sol de España/ anda que bebe los vientos/ por si la luna lo engaña»
Como dice un verso inolvidable de la canción "Yo te diré", «cada vez que el viento pasa se lleva una flor», para que esa flor quede en nuesta memoria sentimental, dejo aquí abajo, un trocito de la película "Los últimos de Filipinas", aquel en el que Nani Fernández canta "Yo te diré", en la que, para mí, sin desmerecer a nadie, es la mejor version.


jueves, 30 de septiembre de 2010

VÉRTIGO

Casi que estoy por no decir nada. ¿Qué voy a decir que no se haya dicho ya sobre este film? Nada.
Esta es una de esas películas que ha sido desmenuzada en todo su metraje por voces de todo tipo. Si buceáis por ahí encontraréis desde desencantos de lo más desencantado, hasta alabanzas, incluso desmesuradas. Y entre ambos extremos, de todo.
Para quienes vayan buscando la magia del suspense, de la tensión, de los giros inesperados que te dejan boquiabierto, decirles que se lo tomen de dos veces, porque probablemente no encuentren lo que buscan.
Esta peli es, seguramente, si no la que más, una de las más personales de Hitchcock. Cuando queda casi un cuarto de film, ya nos ha desvelado todas las claves del misterio, de la sorpresa, de la historia que podríamos llamar puramente policiaca.
¿Y entonces que hace Hitchcock durante más de un cuarto de hora? ¿A qué se dedica durante todo ese tramo final de la cinta?
Pues a la "otra historia", a la que hace a esta película diferente. Se centra en la resolución de todos los miedos, las frustraciones y los sueños del protagonista. A la parte psicológica, a lo que quizá era lo que de veras le interesaba al director a la hora de llevar a la pantalla el proyecto.


Quiero mencionar dos cosas del film, para no meterme en demasiadas honduras sobre el mismo.
Una es la música, un trabajo sencillamente magistral de Bernard Hermann. Algunos pasajes han sido recreados, reproducidos y homenajeados en multitud de ocasiones. El cuidado que ha puesto en la partitura, llega a extremos de ofrecernos música de Mozart (relajada y divertida) cuando está con Barbara Bel Geddes y los fabulosos episodios de música de inspiración wagneriana (pasión, drama, tragedia...), cuando aparece con Kim Novak.
La otra es la fotografía de Robert Burks, en general, muy buena, pero concretamente, el magnífico trabajo de iluminación que hay detrás de la aparición de Kim Novak en el film, es sencillamente maravilloso.


La novela en la que está basada la peli ("De entre los muertos"), transcurre en Francia y Hitch traslada la acción a San Francisco y en ella (en la novela), el protagonista es explícitamente impotente, algo que Hitchcock nos revela a través de una parábola al inicio del film, cuando está en el apartamento de su antigua novia.
La película, no tuvo gran acogida en su momento y se ha ido convirtiendo en lo que es, con el paso de los años. Sin embargo, en España, podemos vanagloriarnos de que el Festival de San Sebastián le otorgó la Concha de Oro, como mejor película y también la de Plata a James Stewart como mejor actor.
Como curiosidad, decir que para el personaje de Madeleine, Hitchcock quería a Vera Miles, pero estaba embarazada y la segunda opción, Grace Kelly, tampoco era viable, acababa de convertirse en Princesa de Mónaco.
Yo creo que el aire de frialdad que le da Kim Novak al personaje, le vino que ni pintado.
Y no voy a añadir ni una coma porque, como en tantas ocasiones con Hitchcock, esto podría convertirse en el cuento sin fin.




domingo, 19 de septiembre de 2010

LA NOCHE QUEDÓ ATRÁS

¿Qué impulsa a una persona a dejar a su hijo, aún bebé, con unos familiares para ponerlo a salvo y a despedirse de su mujer sin saber si volverá a verla, cuando tenía la posibilidad de refugiarse con ambos en un país que les acogiera?
¿Qué hace que un hombre reciba de sus superiores y transmita a los hombres bajo sus órdenes, consignas como esta: "¡No concentren sus esfuerzos sobre Hitler; obedeced la consigna; tenemos que dar nuestros golpes más fuertes contra los 'socialfascitas', el partido socialdemócrata! Ellos y sus sindicatos tienen que ser destruídos si queremos ganar a la mayoría de los obreros para la dictadura del proletariado"?
¿Cómo es posible que, con el objetivo de que la gran huelga de transportes de Berlín del año 32 triunfe, vea como inevitables situaciones como esta: "Comunistas y nazis formaron hombro con hombro en las líneas seleccionadas, en los grupos de choque y en los comités de acción. El canciller Von Papen amenazó con la ley marcial y con recurrir a la Reichswehr. Los nacionalsocialistas y comunistas contestaron con la concentración de sus grupos armados en los alrededores y suburbios de Berlín"?
¿Cómo es posible todo esto y cosas aún peores, que repugnan a cualquier conciencia normal?
Todo se debe a una sóla razón: "La causa"
Esa era la consigna, todo por la causa, todo por conseguir la dictadura del proletariado, todo por el triunfo del socialismo internacional. Lo demás no tiene importancia, las personas pasan, la causa permanece y si hay que sacrificar ideas, incluso personas, se sacrifican. Y a quien se oponga se le acusa de traidor, de cobarde, de enemigo del proletariado.
Jan Valtin, seudónimo de Richard Krebs, era hijo de un empleado socialdemócrata de la marina mercante alemana, con 14 años se afilia a la Liga de los Jóvenes Espartaquistas y participa en las revueltas que acompañaron y siguieron a la derrota alemana en la I Guerra Mundial, se embarca poco después para América (nos relata sus andanzas por Panamá, Chile, Argentina y EE.UU.). Vuelve a la inestable Alemania de 1923, se afilia al Partido Comunista Alemán y participa en acciones de contrabando, huelgas y, finalmente, en la insurrección de Hamburgo. Como correo del Komintern viajará, a veces como polizón, por el Extremo Oriente, que conocía de la niñez, y por América, donde participa en un intento frustrado de asesinato, ordenado por la GPU (la antecesora de la temible KGB), que le llevará a San Quintín durante mil días, tiempo que le sirvió, entre otras cosas, para adquirir o, al menos, aumentar considerablemente, una sólida formación, gracias a que dedicó el tiempo de prisión al estudio y la lectura, cuando se lo permitían sus obligaciones penitenciarias. Y así una constante agitación a lo largo de aquellos años, hasta la plena irrupción en escena del partido nazi y la rivalidad con él, que no excluía la colaboración para destruir la democracia burguesa, como ya queda dicho en los primeros párrafos de esta entrada.
El tono más sombrío, lo alcanza el libro al narrar la feroz lucha clandestina después de la llegada de Hitler al poder, las maniobras de los jefes comunistas y finalmente la caída del autor en manos de la Gestapo. Se salva por poco de la condena a muerte, y por orden de la GPU consigue engañar a los nazis ofreciéndose como agente suyo, si bien la Gestapo retiene como rehenes a su mujer, Firelei, y a su hijo, Jan. Una creciente desconfianza, ligada a la negativa de sus jefes (sobremanera, Ernst Wollweber, que dirigirá años después los servicios secretos de Alemania Oriental) a rescatar a su esposa e hijo, le llevará a la ruptura definitiva, tras lograr escapar del secuestro por la GPU en Dinamarca y del envío a la URSS, donde le esperaba una muerte más que probable.
El libro narra, además de los acontecimientos políticos de estos años de entreguerras, la particular historia de amor del autor y su esposa a quien él llama Firelei. Ella no es comunista, pero abraza la causa del partido para no perderle. Llegó a ser fiel hasta tal punto, que le costó la vida, aunque por su caracter de buena persona y su inteligencia, sabía muy bien las arenas que pisaba. Hay un párrafo en el libro, que nos ilustra magníficamente de cual era la idea de esta mujer sobre los tejemanejes comunistas:
"Firelei se dio cuenta de todo.
-Somos tan leales como discos de un fonógrafo, me dijo en una ocasión hablando con franqueza.
-En eso radica nuestra fuerza, contesté. Para conquistar la tierra debe haber un partido mundial sin división de opiniones en sus filas.
-Una torre Eiffel de discos fonográficos, tocando La Internacional, dijo sonriendo Firelei
".
Un libro que se lee como una novela, en la que el protagonista, como un moderno Miguel Strogoff, en vez de correo del Zar, correo del Komintern, está dispuesto a darlo todo por cumplir su misión, no sólo su vida, sino la de los seres que ama.
Desde algunos sectores se ha criticado la poca verosimilitud de esta obra y de que lo que cuenta Krebs, le ocurriera en realidad.
Para mí, lo realmente importante es que aquellas cosas ocurrieron, hubo gente que lo pagó con su vida, o con vivir tullidos o mentalmente desequilibrados lo que les quedó de ella.
Tanto los contrasentidos, las traiciones, las purgas y las mentiras del estalinismo; como los horrores, las venganzas, los sadismos y las brutalidades del nazismo en general y de la Gestapo en particular, sucedieron, están ahí y bien documentados. El caso es que Richard Krebs publicó su obra en 1941 y nadie de los que entonces tenían poder y son nombrados en el libro, lo desmintió.
Una obra que, además de otras cosas, nos hace reflexionar sobre la podredumbre de las ideologías, cuando estas son sometidas al dominio de un partido que se convierte en un rodillo infernal. Al final es lo de siempre, los que llegan arriba se olvidan de qué es aquello por lo que luchaban y se acomodan en el poder, dándose la gran vida, mientras abajo, aún quedan románticos e idealistas que siguen luchando por aquellos principios y que pagarán el pato si las cosas vienen mal dadas.