Belinda (Jane Wyman), una joven sordomuda, cuya desgracia se confunde con discapacidad mental, vive en una granja en una remota localidad de Nueva Escocia (Canadá). El nuevo médico de la ciudad muestra interés en ayudarla a salir de su silenciosa cárcel.
El drama que vive Belinda, tenida literalmente por tonta hasta que el Dr. Richardson (Lew Ayres) se interesa por ella y la enseña el lenguaje de signos y a leer los labios. Unos progresos que se ven interrumpidos cuando Belinda es víctima de una violación, quedando embarazada. Las maledicencias se extienden entre la población que acusan al médico de ser el padre.
Una historia desgarradora y tremendamente emotiva, que aboga por la integración de los discapacitados, potenciando sus habilidades, en la que Wyman realiza un gran trabajo por el que fue premiada con el Oscar.
Por cierto, hay una anécdota alrededor de este premio, mejor dicho, de la ceremonia de entrega, en la que el discurso de aceptación de Jane Wyman, es tenido por el más corto de la historia. Sus palabras fueron, más o menos: «Gané este premio manteniendo la boca cerrada y creo que lo volveré a hacer».




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