martes, 6 de enero de 2026

BERLÍN

 


La capital de la economía más pujante de Europa, ha vuelto a recuperar buena parte de su esplendor desde la caída del Muro hasta ahora.



Sin embargo, precisamente El Muro, ha pasado a formar parte de la historia indeleble de la ciudad.


Presente en buena parte de los espacios urbanos, bien a través de los restos originales, o de la representación de su antiguo trazado mediante símbolos que indican dónde estaban situadas la torres de vigilancia, los túneles que cavaron los berlineses para intentar la fuga del este al oeste o los lugares más significativos en los que tuvo lugar alguna situación relevante.


Sea como fuere, El Muro es hoy otro más de los reclamos turísticos de la ciudad.










El Ayuntamiento de la capital (Rotes Rathaus, nombre que proviene del color rojo de los ladrillos de su fachada), que sufrió graves desperfectos durante la II Guerra Mundial, pero que, incluso en época de la influencia soviética, siguió siendo la sede del gobierno municipal del Berlín Este, fue reconstruído en sus partes dañadas en la década de 1950, siguiendo los planos originales.




El símbolo por excelencia de Berlín, la famosísima Puerta de Brandeburgo.




El Monumento del Holocausto, compuesto de 2711 bloques de hormigón en forma de prisma, de diferentes alturas, fue inaugurado el 10 de mayo de 2005.
Una construcción controvertida, ya que la compañía Degussa, la que fabrica la sustancia anti-grafiti con la que están recubiertos los bloques, tiene entre sus empresas subsidiarias a la que producía el Zyklon-B, el producto utilizado en las cámaras de gas de los campos de exterminio.
Es conocida la costumbre judía de colocar piedras en tumbas o monumentos que homenajean a personas fallecidas, igual que los cristianos colocan flores. Se ven piedras en las tumbas de cualquier cementerio judío, o en las lápidas que recuerdan a personas de esta religión o que ayudaron a los judíos en la época de la persecución nazi. Pues bien, ni encima, ni alrededor de estos bloques de hormigón encontraréis una sola piedra y es que los judíos siempre lo han repudiado a consecuencia de lo que queda relatado más arriba.





El antiguo Ministerio del Aire del Reich, hoy sede del Ministerio de Finanzas (lo que sería nuestro Ministerio de Hacienda), uno de los pocos edificios que quedó enteramente en pie tras los bombardeos de la II Guerra.
Hay quien dice que había un pacto entre caballeros entre entre los pilotos de la RAF y de la Luftwaffe paras mantener indemnes sus cuarteles generales, pero esto parece más una especie de leyenda urbana. La realidad es bastante más prosaica y es que los soviéticos (no olvidemos que Berlín fue tomada por ellos), mantuvieron fuera de tiro el edificio en la esperanza de hallar documentos relativos a la construcción de prototipos llevadas a cabo por el ejército alemán. Naturalmente, cuando entraron allí, no encontraron ni un solo papel y si lo había, no creo que les sirviera de mucho.






A pesar de la fama de eficientes que tienen los alemanes, Berlín es una ciudad salpicada de obras interminables que duran años y parece que nunca se acaban. El visitante extranjero, no digamos ya el español, con lo negativos que somos con nosotros mismos, se queda un tanto perplejo ante esta realidad bastante palpable. ¿Y la eficiencia alemana?, se preguntan. Respuesta sencilla: Berlín está en la antigua Alemania del Este, la más pobre, la menos desarrollada y, en opinión de los propios alemanes, la menos eficiente. Eso de la eficiencia queda para Colonia, Hamburgo, Frankfurt o Munich. Esta otra zona, se parece más a nosotros o a la opinión que tenemos de nosotros mismos.




El monumento que recuerda a las víctimas de la guerra y la dictadura, un homenaje al sufrimiento de los berlineses durante la II Gran Guerra, conocido también como La Pietá Kollwitz, una réplica ampliada de una escultura de la artista germana Käthe Kollwitz, colocada bajo un óculo en el techo que la deja expuesta al sol, la lluvia y la nieve.





















Ya se que en Berlín impera el kebab, pero yo soy más de la cocina tradicional, aunque en la ciudad es bastante difícil encontrar buenos establecimientos donde te sirvan la típica salchicha o el codillo a la manera de toda la vida. Afortunadamente tuve la suerte de encontrar uno de ellos.



El famoso Checkpoint Charlie. Ya se que hay fotos mejores, pero estaba un poco cansado de tanta instantánea.




4 comentarios:

  1. El muro ya no existe pero todavía se notan, sobre todo en las construcciones, las dos zonas que dividían. Con respecto a la eficiencia alemana existe, pero se ve muy contrastada por la burocracia alemana que también existe.
    Un saludo

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