martes, 10 de septiembre de 2019

¡QUÉ MAGNÍFICA DESOLACIÓN!

A la posteridad pasó la frase del astronauta norteamericano Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, ya saben, aquello de un pequeño paso para el hombre, pero gigante para la humanidad.
Nadie recuerda lo que dijo su compañero y segundo hombre en pisar el satélite de nuestro planeta, Edwin Aldrin, más conocido como Buzz Aldrin: "¡Qué magnífica desolación!". Sin que lo pretendiera, su expresión resume mejor lo que había significado la carrera espacial a la Luna; el logro había sido magnífico, combinando lo mejor de la investigación tecnológica, con la imaginación y el valor. Sin embargo, su resultado era un tanto desolador, aquello había sido más una carrera por el prestigio de las dos grandes potencias de entonces, que por el valor que en sí mismo podía albergar la llegada al vecino planeta, la Luna no era relevante para los terrestres, lo relevante era llegar primero. Económicamente no tenía mucho sentido, pero en la época de la Guerra Fría, el valor del dinero era relativo frente a la importancia de aventajar a los rusos. Tras la conquista, Estados Unidos perdió el interés en la carrera espacial y tras la misión Apolo 17 (a la que corresponde la fotografía del encabezamiento), en diciembre de 1972, ya no volvió a la Luna.



lunes, 9 de septiembre de 2019

TARDE DE PERROS

Sonny Wortzik (Al Pacino), busca dinero rápido para pagarle la operación de cambio de sexo a su novio Leon (Chris Sarandon), para conseguirlo planea un atraco que tendrá lugar en una calurosa tarde de verano neoyorkino. Él y su amigo Sal (John Cazale), atracarán un banco, el 22 de agosto de 1972, cuando la sucursal elegida del First Brooklyn Savings Bank, esté a punto de cerrar y todos los clientes se hayan ido, pensando en hacer un trabajo fácil y rápido.
Pero el robo no va de acuerdo con el plan de Sonny. Comienzan a sucederse un problema tras otro, que finalmente les llevarán a quedar encerrados en el interior con diez rehenes: el gerente del banco, el guardia de seguridad y ocho empleadas. Fuera está la policía, los medios de comunicación y un grupo de espectadores. A pesar de que Sonny y Sal tienen un pacto suicida si las cosas salen mal, Sonny trata de negociar una salida, imaginando que los rehenes son su única salvaguarda. Mientras Sonny trata con las autoridades, principalmente el sargento Moretti (Charles Durning) que parece dispuesto a darle lo que pida, y el detective Sheldon (James Broderick), un agente del FBI que se muestra más directo con Sonny. El público, cada vez más numeroso, observando las interacciones, tiene emociones encontradas sobre la persona de Sonny y lo que está haciendo. Sea como fuere, aquello se va convirtiendo poco a poco en una especie de circo mediático con las cámaras de televisión de por medio.


El guión, de Frank Pierson, que fue galardonado con el Oscar, se basa en un hecho real, el cual fue reflejado en un artículo escrito para la revista "Life" por P.F. Kluge y Thomas Moore, siendo llevado el suceso a las páginas de un libro escrito por Leslie Waller.
Ya en el artículo periodístico, Kluge y Moore, describieron al verdadero atracador como "un tipo moreno y delgado con la apariencia de un Al Pacino o un Dustin Hoffman". Cuando Al Pacino declinó, en un principio, aceptar el papel, le fue ofrecido, por supuesto, a Dustin Hoffman. Aunque al final, Pacino se retractó en su primera decisión en cuanto se enteró de que estaban considerando a Hoffman para el personaje.


Sidney Lumet da toda una lección de cómo hacer una película interesante y entretenida con un presupuesto bastante bajo para lo que se estila en las grandes producciones y, eso sí, con unos actores que están a la altura, encabezados por John Cazale, el inolvidable Fredo de El Padrino y, sobre todo, Al Pacino, un actor que, en ocasiones parece algo histriónico, pero que aquí consigue una actuación de gran nivel, seguramente una de las mejores de su carrera, transmitiendo al espectador toda la tensión, el desasosiego y la inseguridad del personaje que interpreta.
La película tiene sus momentos de crítica social (homofobia, papel de la prensa sensacionalista, inadaptación de los veteranos de Vietnam, brutalidad policial, sistema de protección social...) y algunas meritorias escenas y diálogos con una gran carga de humor, como cuando una de las empleadas recibe la llamada de su esposo y le comunica que están siendo víctimas de un atraco, diciéndole a Sonny, que su marido pregunta a qué hora tienen pensado acabar, una escena que parece sacada de los monólogos de Gila.
Quizá lo mejor del film es el atraco en sí mismo, lejos de los elaborados planes que vemos en otras películas, aquí vemos poco menos que una chapuza que, seguramente se acerca más a la realidad, con dos tipos que ni tienen plan de fuga, ni saben qué hacer cuando empiezan a torcerse las cosas y unos policías que no les van a la zaga. Aunque desde el inicio parece claro que aquellos dos no van a disparar a los rehenes, que acaban sintiendo por momentos el síndrome de Estocolmo, siempre estamos pendientes de que, con un arma en la mano y unos policías en tensión, en cualquier momento se puede desencadenar la tragedia.
Al parecer, Lumet tuvo bastante manga ancha con los actores a la hora de seguir el guión y hay mucho de improvisación buscada en las escenas. El resultado, una magnífica película, una de las mejores del género por el realismo que consigue, con dos atracadores que dan un poco de pena por lo mal que gestionan el caos en que se ven envueltos y porque consigue un efecto de cercanía con los acontecimientos muy difícil de lograr.
A destacar que durante las primeras tomas que se nos muestran sobre distintos aspectos de la ciudad de Nueva York, cuando van saliendo los títulos de crédito y hasta que los atracadores entran en el banco suena la maravillosa canción “Amoreena”, compuesta e interpretada por Elton John, la cual pertenece a uno de sus primeros albumes, el titulado “Tumbleweed connection” (1970).




viernes, 6 de septiembre de 2019

DELIVERANCE (DEFENSA)

El valle del río Cahulawassee en el norte de Georgia es una de las últimas áreas vírgenes naturales del estado, que pronto cambiará con la inminente construcción de una presa en el río, que a su vez inundará gran parte de las tierras circundantes, pues una compañía eléctrica tiene a las máquinas trabajando con el propósito de represar el río, convirtiéndolo en un gigantesco lago.
Cuatro hombres de negocios de Atlanta, se embarcan en un viaje en canoa por el río, en la que tal vez sea la última oportunidad de contemplar aquel paisaje tal como está ahora. A la cabeza, el fanático del aire libre Lewis Medlock (Burt Reynolds), junto a sus tres amigos Ed Gentry (Jon Voight), Bobby Trippe (Ned Beatty) y Drew Ballinger (Ronny Cox). Únicamente Medlock y Gentry tienen experiencia de la vida en la naturaleza.
Al viajar hasta allí saben de sobra que se encuentran en un área completamente aislada, en la que solo habitan los últimos montañeses, algunos de los cuales, jamás han pisado una gran ciudad.
Desde el primer momento la aventura toma un giro de irrealidad, cuando se encuentran con un peculiar muchacho que establece un duelo entre su banjo y la guitarra de Drew, una de las secuencias icónicas del film. Poco a poco las cosas comienzan a complicarse, su viaje río abajo se convierte en una odisea por una tierra que ya está muerta, asesinada por la civilización y poblada por criaturas que más parecen alienígenas que seres humanos.
Para salir indemnes de los rápidos del río y de la actitud hostil de los poco acogedores lugareños, el cuarteto deberá enfrentarse a situaciones y hacer cosas de las que jamás pensaron que fueran capaces.


El guión, de James Dickey, se basa en su novela del mismo título. Además el escritor y guionista, tiene un pequeño papel como sheriff en la película.
El presupuesto fue muy ajustado, hasta el punto de que John Boorman no pudo contar con algunos de los actores en los que había pensado por falta de fondos para pagar su caché. Sin embargo, los que están lo hacen bien e incluso, por ese presupuesto corto, hubieron de ser ellos mismos quienes realizaran muchas de las escenas arriesgadas que se ven en el film.


Retrato cruel, por realista, de la naturaleza el que nos presenta este film. Por un lado, las tierras vírgenes en las que lo salvaje e inexplorado se impone y, por otro, la naturaleza del hombre, que parece que siempre tiende a estropear todo aquello que toca.
El río discurre salvaje, con sus rápidos y sus traicioneros recodos, pero también con su agua cristalina, incontaminada y la belleza del paisaje que le rodea. El hombre lo desafía, pero como dice Lewis, "a este no le vence nadie". Y en medio, el ser humano, con sus disparates, su maldad y el desatino casi infantil de algunos de sus actos.
El río que se resiste a que la mano del hombre excavando sus márgenes, volando las rocas, emponzoñando sus aguas, desfigure el paisaje tallado por el paso de los milenios y el hombre que se enfrenta a lo peor de sí mismo y es puesto a prueba, llevado al extremo para que descubra lo que es capaz de hacer cuando se halla en situaciones límite.
Magnífica película de aventuras en la que el ambiente plácido y festivo de una excursión, toma un giro inesperado que nos mantiene en vilo hasta su final y que nos da mucho para pensar.
Todo ello, envuelto en imágenes preciosas, en secuencias arriesgadas y mantenido por una realización que sabe sostener el pulso narrativo requerido para que la película no pierda fuerza ni interés un solo instante.
A propósito del título en castellano, señalar que "deliverance" no es "defensa", ni siquiera "deliberación", la traducción de la palabra inglesa sería "liberación".




jueves, 5 de septiembre de 2019

LA CARRETA FANTASMA

La hermana Edit (Astrid Holm), miembro del Ejército de Salvación, se está muriendo tras haber contraído una grave tuberculosis. En su lecho de muerte, les pide a su madre y a la hermana María (Lisa Lundholm), que avisen a David Holm (Victor Sjöström) para que venga a visitarla.
Mientras tanto, David, que es alcohólico, relata a otros dos compañeros de borrachera, la leyenda de la Carreta Fantasma y sus cocheros, según la cual si un gran pecador es la última persona que muere al terminar el año, entonces tendrá que conducir durante un año entero la Carreta Fantasma que recoge las almas de los muertos.
Estamos precisamente en la última noche del año y cuando David se niega a visitar Edit, sus amigos tienen una discusión con él, pelean y David muere justo antes de que el reloj de las últimas campanadas del año que concluye. Cuando llega el cochero a recoger su alma, reconoce a su amigo Georges (Tore Svennberg), quien murió a fines del año pasado. Georges rememora partes de la odiosa vida de David y, en flashbacks, le muestra cuan malo y egoista fue en vida.
El guión adapta la novela Körkarlen, de Selma Lagerlöf, la gran escritora sueca de fama universal que recibió el Premio Nobel de literatura en 1909. La autora de El maravilloso viaje de Nils Holguersson creó para El carretero un universo que combinaba sueño y vigilia, buscando difuminar los límites entre lo espectral y la realidad, aderezado con cierto toque de crítica social.


Esta es probablemente la cinta más importante del director, guionista y actor sueco Victor Sjöström que dirige y protagoniza el film, en el que se mezclan géneros narrativos como el terror y la reconstrucción naturalista de la realidad sueca del momento. La película destaca por el uso de un lenguaje atrevido para la época, tanto desde el punto de vista de la narrativa fílmica como de los efectos especiales, muy innovadores en aquel momento, que contribuyen de manera determinante a hacer creíble un relato sobrenatural.
El empleo de recursos como el flashback era bastante inusual y resultaba ser una técnica sofisticada para el público del cine mudo en 1921. Sjöström demuestra una habilidad pasmosa para contar historias dentro de historias, para desdoblar relatos e introducir interferencias que componen una narración compleja en espiral.
Por otro lado, cabe destacar los efectos especiales de superposición de imágenes para representar a los vivos y los muertos. El solapamiento de fotogramas responde metafóricamente a la superposición de realidad y fantasía, buscando ese efecto que comentábamos que la autora de la novela buscaba de querer difuminar realidad e irrealidad.
Sjöström era lector de Freud, y —tal y como explicó a la propia Selma Lagerlöf— tenía interés en visibilizar sueños y visiones en pantalla, a sabiendas de que se enfrentaba a un reto técnico. El realizador sueco deseaba así apelar al territorio del subconsciente, el lugar donde se aloja la culpa.
Como señaló el historiador cinematográfico David Parkinson: "El sermón sobre el poder demoníaco de la bebida podría haber salido de un corto de Griffith. Pero el uso inspirado que hace Sjöström de la superposición y el tiempo es infinitamente más sofisticado".


Cuando decimos que en el cine todo está inventado, es porque hace cien años personajes como Murnau, Griffith, Von Stroheim o este casi olvidado hoy, salvo para los cinéfilos, Victor Sjöström, ya habían plasmado en el celuloide un montón de escenas que hoy nos parecen modernas, innovadoras, pero que ellos ya habían fabricado, quizá con menos elaboración. Después vendrían las innovaciones técnicas, el sonoro, el color, el cinemascope, los efectos digitales, pero aquellos artistas/artesanos se habían adelantado a cuanto después llegó.
Hay una escena que es paradigmática, aquella en que David Holm armado con un hacha, destroza la puerta del baño en que le ha encerrado su mujer y asoma la cabeza entre las astillas ante el horror de su esposa y sus dos pequeños. Después vendría Kubrick y la haría famosa cuando Nicholson hace exactamente lo mismo con la puerta del baño del hotel Overlook en El resplandor. Pero muchos de los que descubren, al ver la película de Sjöström, que la escena no es nueva, no saben que a su vez, Griffith ya había hecho algo parecido en un film anterior.
En cuanto al film, aunque la historia parezca muy original, para mí no lo es tanto, me recuerda a algunas de las leyendas de Becquer, incluso al Tenorio de Zorrilla en que Don Juan presencia su propio entierro, o a los relatos de la Santa Compaña. Lo verdaderamente interesante es cómo lo cuenta Sjöström y todas las innovaciones que introduce en el film que lo hacen muy moderno y se ve con bastante interés aún hoy en día. La película no deja de tener ese toque filosófico existencialista que continuaría con Bergman.
A algunos les decepciona un tanto el afán moralizante de la historia, el radicalismo de las personalidades de los protagonistas, el malo es, más que malo, perverso y la chica, Edit, se pasa de buena hasta hacerse casi repelente, como si quisiera coger con la palma de su mano el hierro, aún cuando ve que está al rojo vivo, te dan ganas de decir: Chica, eres tonta, te vas a abrasar, es que no lo ves.
Sin embargo, no debemos olvidar que el relato original es de quien es y Selma Lagerlöf era profundamente cristiana, como se refleja en muchos de sus escritos, entre ellos, uno de los más conocidos, Leyendas de Cristo, publicado en 1904, tras haber viajado en 1900 a Tierra Santa para visitar a un grupo religioso de suecos que, en uno de esos arrebatos colectivos de religiosidad, se habían desarraigado de su país natal para ir a vivir a Palestina.
Sea como fuere, a mi modo de ver, estamos ante una de las mejores películas del cine mudo en particular y del cine en todos sus ámbitos, en general.




miércoles, 4 de septiembre de 2019

THE FRENCH CONNECTION, CONTRA EL IMPERIO DE LA DROGA

Jimmy "Popeye" Dolyle (Gene Hackman) y Buddy Russo (Roy Scheider), dos detectives de narcóticos de la Policía de Nueva York de la comisaría de Brooklyn, se dedican a trabajar a menudo de manera encubierta y aunque realizan constantes arrestos, se trata casi siempre de delincuentes que pasan poco tiempo detenidos y que son peones menores en el tráfico de drogas de la gran ciudad.
Mientras están tomando una copa en un club, Popeye ve en una mesa a un grupo de personas que le resultan sospechosas, incluído un tipo que gasta más de la cuenta, desconocido dentro del mundo de la delincuencia organizada en que operan normalmente. Por entretenimiento deciden seguir a este tipo y a su chica y, más allá de la evidente actividad sospechosa de la pareja, descubren que se trata de Sal (Tony Lo Bianco) y Angie Boca (Arlene Farber), pequeños delincuentes que poseen y operan desde un puesto de venta de periódicos y almuerzos en Brooklyn.
Basándose en la información de uno de sus soplones que les habla del rumor de un importante envío de drogas, continúan su vigilancia y obtienen autorización para establecer escuchas, ante la sospecha de que Sal les puede conducir al alijo de drogas, descubriendo que las personas que se encuentran tras la operación, son dos franceses que llegaron recientemente a la ciudad.
Cuando ambos tipos, Alain Charner (Fernando Rey) y Pierre Nicoli (Marcel Bozzuffi), son conscientes de que están siendo seguidos, comienza una especie de juego del gato y el ratón, en el que los franceses están dispuestos a hacer todo lo posible para proteger su inversión de 32 millones de dólares puesta en el mercado. Popeye y Buddy, trabajan con Mulderig (Bill Hickman), que mantiene una difícil relación con el primero, debido a que Mulderig responsabiliza a Popeye de la muerte de un colega.


El guión desarrolla la novela “French Connection: A True Account of Cops, Narcotics and International Conspiracy”, de Robin Moore que contó con la colaboración de la Oficina Federal de Narcóticos, de la Oficina de Narcóticos de la ciudad de Nueva York, y de la Oficina del Fiscal del Distrito de Kings (Brooklyn), Nueva York, además del minucioso diario de uno de los sospechosos, que brindó informaciones muy valiosas que añadir a los más de mil metros de cintas grabadas y más de mil doscientas páginas que se obtuvieron de los citados organismos oficiales.
Estamos, por tanto ante un film basado en acontecimientos que ocurrieron realmente, un auténtico caso de tráfico de drogas considerado en los anales de la policiales y judiciales, como una de las investigaciones más minuciosas y brillantes.
El film obtuvo cinco premios Oscar en la edición de 1971.


La que, en opinión de muchos, es la más brillante persecución jamás rodada en el cine, hace empequeñecer al resto del film, pues es principalmente lo que ha pasado a la historia de esta película que, a mi particular modo de ver, ha superado con éxito el transcurso del tiempo, pues se sigue viendo con agrado y despertando la tensión y el interés en el espectador.
Ritmo trepidante y un montaje de Oscar (fue uno de los cinco que se llevó), algunas de las escenas contienen tomas realmente innovadoras, seguramente fruto, en más de una ocasión, del ingenio que se vieron obligados a desarrollar por el no demasiado espléndido presupuesto. Por ejemplo, algunos de los seguimientos de personajes, que se realizaron con el operador en una silla de ruedas, lo que hace que el espectador se sienta más cercano a la acción, fueron debidos a esta escasez de medios.
Los personajes son maravillosos y están muy bien definidos en pocos trazos, con un protagonista intolerante, pretencioso, cínico e irascible, de reacciones muy primarias y nuestro Fernando Rey, que parece representar el glamour europeo, componiendo el personaje de un delincuente elegante, astuto e inteligente, pero tremendamente frío y peligroso.
Como anécdota, contar que el realizador, William Friedkin, quería contratar a un actor que había visto en la película de Buñuel "Belle de jour". Los encargados de llevar a efecto la contratación se confundieron, sabían que era un actor español y creyeron que Friedkin se refería a Fernando Rey, cuando en realidad, al que deseaba para su película era a Francisco Rabal. El director norteamericano, se mostró francamente molesto al enterarse de que Rey no hablaba francés, pero cuando supo que Rabal tampoco sabía hablarlo, dejó las cosas como estaban.




martes, 3 de septiembre de 2019

EL ÁNGEL QUE NOS MIRA

La novela sigue la trayectoria de Eugene Gant, un joven brillante e inquieto cuya pasión por los viajes dan forma a sus años de adolescencia en la zona rural de Carolina del Norte. Wolfe dijo que El ángel que nos mira es "un libro hecho de mi vida", y su historia, en gran parte autobiográfica, sobre la búsqueda de una vida intelectual más intensa, ha resonado e influido en generaciones de lectores, incluidos algunos de los novelistas más importantes de la actualidad. Rico en prosa lírica y caracterizaciones vívidas, este clásico estadounidense del siglo XX consigue atraparte, siempre estás esperando que algo va a ocurrir, aunque al final, nada especial sucede y uno siente que hay una cierta distancia entre la prosa, a veces es cierto que algo pretenciosa, pero siempre seductora, y la historia que no responde a las expectativas que esa riqueza del lenguaje ha conseguido despertar.
Contemporáneo de Steinbeck, Hemingway y Faulkner, Wolfe fue considerado como un escritor de gran futuro; sus libros se vendieron bien, tanto en Norteamérica como en el extranjero, y se ganó la aclamación de críticos y figuras literarias notables, sin embargo, hoy, su reputación literaria ha decaído bastante.



viernes, 30 de agosto de 2019

KLUTE

Seis meses después de la desaparición en Tuscarora del empresario de Pensilvania Tom Gruneman (Robert Milli), su jefe, Peter Cable (Charles Cioffi), y su esposa, Holly Gruneman (Betty Murray), contratan al amigo de Tom, el detective privado John Klute (Donald Sutherland), para averiguar qué le sucedió a Tom, ya que la policía no ha podido hacerlo, a pesar de que John no tiene experiencia en casos de personas desaparecidas.
La única pista es una carta obscena mecanografiada que Tom supuestamente escribió a una aspirante a actriz y modelo que ejerce como prostituta en Manhattan, llamada Bree Daniel (Jane Fonda), quien admite haber recibido esas cartas de alguien, y que también recibió varias llamadas telefónicas misteriosas. La sospecha generalizada es que Tom fue uno de los últimos acompañantes de Bree, aunque ella dice no recordarlo cuando le muestran su fotografía. La actitud de Bree es la de ir contando verdades a medias, en parte como una necesidad financiera. En sus primeros encuentros, John y Bree hacen todo lo posible para ejercer su dominio psicológico sobre el otro, especialmente porque Bree inicialmente se negó a hablar con él. A pesar de su comienzo poco amistoso, se embarcan en una relación personal basada en la necesidad emocional, pero es una relación que Bree intenta sabotear debido a esos mismos problemas que la hacen recurrir a trucos. Mientras Klute sigue los pasos de Bree a través del mundo de la prostitución, sabe que se está acercando a encontrar la verdad cuando alguien continúa amenazando a la joven. Cree que la clave de la desaparición de Tom es un tipo violento que le propinó una paliza a la chica hace un par de años, antes de que Tom desapareciera, pero a quien ella no recuerda. Ambos se preguntan si serán capaces de descubrir su identidad y detenerlo antes de que intente matar a Bree, y si hay un futuro para ellos juntos.


Klute es un investigador que se aleja de los estereotipos del género, no hay acciones espectaculares, ni se ve sometido a peligros desmesurados, ni se dedica a alternar con chicas glamourosas. Es más bien un retrato de lo monótona que puede resultar esta profesión, siempre más cerca de la realidad que de la emoción y el misterio con que nos es presentada en otros films.
Bree es una mujer de su tiempo que, obviando la profesión que ejerce, intenta encontrar su propio camino, amante de su independencia, desconfiada con los hombres, en el fondo es un ser frágil con apariencia de fortaleza que cuando se relaciona con sus clientes, intenta llevar el control para evitar situaciones indeseadas.


Al final, la investigación se convierte casi en una excusa y la verdadera fuerza de la película se halla en el retrato de los personajes, en la introspección sobre sus psicologías y en un retrato de la ciudad de Nueva York en un momento de cambios políticos y sociales.
Es una película atípica dentro del género, hábilmente dirigida por Alan J. Pakula que se toma su tiempo en las descripciones y diálogos llegando, en algunos momentos a rozar el minimalismo.
Los amantes del género encontrarán un producto distinto a lo que se nos ofrece normalmente y ese es uno de los atractivos. Otro es ver la sensacional interpretación de Jane Fonda, que se llevó el primero de sus dos Oscar, con una réplica convincente y adecuada por parte de Donald Sutherland.