miércoles, 9 de octubre de 2019

HEAT

El ex convicto Neil McCauley (Robert De Niro), un astuto criminal marcado por su pasado en la cárcel, dirige una banda de ladrones profesionales que se dedican a cometer robos a gran escala. Su filosofía consiste en vivir sin ataduras ni vínculos que puedan constituir un obstáculo si las cosas se complican. Neil y su banda operan en el área de Los Ángeles y efectúan atracos millonarios principalmente a bancos, cámaras acorazadas y vehículos blindados que transportan dinero y valores. McCauley planea un último golpe millonario para retirarse de la vida criminal.
Tras un error en su último atraco, en el que mueren los tripulantes de un furgón blindado, Neil y su banda están en el objetivo del teniente Vincent Hanna (Al Pacino) de la división de Robos y Homicidios de la Policía de Los Ángeles, que ha sido encargado del caso. Hanna, ex marine, es un policía experimentado, tan obsesionado por su trabajo que incluso llega a poner en peligro su vida sentimental y que con anterioridad ha desmantelado peligrosas bandas del crimen organizado en ciudades como Nueva York y Chicago. Pero McCauley y su banda nunca dejan pistas tras de sí, e incluso parecen esfumarse tras cometer sus golpes. Hanna pone a trabajar a su red de informadores, que le ponen tras la pista de McCauley, detallándole la vida de cada uno de los miembros del equipo, incluidas sus mujeres, sus amantes, sus traiciones y sus venganzas.
Ahora Hanna se interpone en el camino de Neil y su último atraco. Hanna y Neil se encuentran en los lados opuestos de la ley, descubren que el uno desafía al otro, y que ambos representan el mayor peligro al que se hayan enfrentado jamás.


Promocionada en su momento como el desafío interpretativo entre dos de las máximas figuras del cine de Hollywood, sin embargo, apenas comparten tres secuencias en pantalla, si bien es cierto que dos de ellas, la final y el encuentro en la cafetería, resultado esta de la inmediatamente anterior, son emblemáticas del film.
De toda la película, lo más llamativo visualmente y por su planificación, es el tiroteo en las calles de Los Ángeles, para muchos la escena más conseguida de este tipo de acciones en un film, perfectamente planificada, muy difícil y arriesgada y muy bien filmada.


Quizá haya a quien se le hagan largas las casi tres horas de proyección, pero creo que Michael Mann, guionista y realizador del film, emplea muy bien este tiempo de más para dar chance al resto del elenco, poblado de actores de carácter de gran nivel y muy conocidos para el espectador aficionado al cine que reconocerá caras de grandes secundarios del cine reciente.
Es evidente que la presencia de Pacino y De Niro, casi justifica por si misma el interés de la película que, sin embargo, es algo más que ellos dos, con una historia que resulta atractiva y una gran calidad técnica.




martes, 8 de octubre de 2019

LA ÚNICA HISTORIA

El libro se cuenta en tres partes, cada una con una voz diferente. Comienza con la narración en primera persona de Paul, de 19 años, que conoce y se enamora de Susan, de 48 años, en un club de tenis. Paul vive en "The Village", un enclave de corredores de bolsa a "quince millas al sur de Londres". Susan está casada con el cómico y horrible Gordon, que eructa, bebe y mastica cebollas. Ella y Paul comienzan una aventura, que se presenta al lector desde dos perspectivas: tanto la experiencia ardiente e ingenua del joven de 19 años, como las amargas reflexiones del hombre mayor que mira hacia atrás medio siglo después.
La narración está llena de pequeños comentarios relacionados con el proceso de contar historias: "Además de esto, hay cosas que no puedo molestarme en decirte", dice Paul en un momento. El tiempo transcurre más deprisa al final de esta parte, mientras Paul y Susan se preparan para salir de los suburbios para establecerse juntos en Londres. El lector percibe que algo golpea con fuerza la relación, quizá debido a la propia frescura de la entrega. "Estuvimos juntos, bajo el mismo techo, es decir, durante 10 años o más... Cuando ella murió, hace unos años, reconocí que la parte más vital de mi vida finalmente había llegado a su fin".
En la segunda parte de la novela, la voz narrativa va pasando de primera a segunda persona, de modo que lo que fue una historia se convierte en una especie de acusación. Paul, apenas adulto, observa cómo Susan, ya bien entrada en la cincuentena, sucumbe al alcoholismo y la paranoia. El deslizamiento hacia abajo de Susan se traza con dolorosos detalles, donde el desprendimiento inútil y casi espeluznante de la narración sirve para acentuar el horror de Paul ante la degradación de ella.
Al final, la narración pasa a la tercera persona y transcurre después de que Paul haya terminado con Susan. Vive solo, reflexionando sobre el significado del amor, buscando historias que ayuden a dar sentido a lo que sucedió en su relación, para llegar a una conclusión que se va perdiendo en el silencio.
La novela es el recuerdo cariñoso de una relación diferente, vista con recelo, incluso repudiada por el entorno en que viven. Barnes nos ofrece retazos de otros tipos de amor, quizá menos románticos, más comunes, pero también más generosos, como por ejemplo la amabilidad que su amigo Eric ha tenido siempre con Paul, sin reprocharle jamás sus actos de cobardía para con él, o la paciencia de Marta, una de las dos hijas de Susan, que se hará cargo de su madre enferma cuando Paul rompe con ella, sin reprocharle jamás que se la haya entregado después de vivir su historia de amor.
Es más que una novela de amor, una novela que habla sobre el amor, quizá algo filosófica por momentos, con una prosa que no por reflexiva se torna menos brillante.



lunes, 7 de octubre de 2019

TESIS

Ambientada en el Madrid de los años 90, Ángela (Ana Torrent), estudiante de imagen en la universidad, prepara una tesis doctoral y escoge como tema la violencia audiovisual. Ángela encuentra muerto en la sala de cine de la facultad a Figueroa (Miguel Picazo), el profesor encargado de ayudarla con la tesis mientras visionaba una de las películas de la videoteca del centro como material para el trabajo de su alumna. Ella asustada, pero a la vez interesada, decide llevarse la cinta y descubre las películas violentas del subgénero conocido como snuff-movies que se esconden en un lugar medio oculto del archivo y que coinciden precisamente con el tema de su tesis. En la película que se ha llevado, como descubrirá más tarde, aparece torturada y asesinada Vanessa (Olga Margallo), una estudiante de la facultad que desapareció sin dejar rastro.
Ángela comienza a investigar el vídeo con Chema (Fele Martínez), un fanático compañero de clase al que conoce pidiéndole películas violentas y pornográficas para su tesis, también la ayudará a buscar al dueño de la cámara con que se rodó la película, un tal Bosco Herranz (Eduardo Noriega), un extraño chico, que resulta ser amigo íntimo de la joven asesinada en la snuff movie. Las pistas les llevan a la facultad, son conscientes de que alguien allí es el que lleva a cabo ese tipo de películas. De repente se verán involucrados en un nuevo mundo audiovisual, desconocido para ellos, donde la desconfianza y las dudas pueden hacerles dudar de ellos mismos.


Aún recuerdo el impacto que tuvo este film y la irrupción en el panorama cinematográfico español de un director entonces absolutamente desconocido, el hispano-chileno Alejandro Amenábar. En el se vio el heredero natural de los grandes nombres del cine nacional y, aunque el paso del tiempo ha ido consolidando su prestigio y su trabajo (su película "Mar adentro", ganó el Oscar en 2005), no se ha visto libre de críticas, algo normal, por otra lado.


El film, de innegable calidad y en el que Amenábar también es coautor de música y guión, se sostiene sobre una trama de intriga que, a su vez, realiza un ejercicio de profunda reflexión y cierta denuncia no sólo al cine snuff, sino a las película morbosas, a la llamada televisión-basura y, también y no necesariamente en último lugar, al espectador consumidor de este tipo de productos. Desde la escena de presentación ("hay un cadáver en la vía, por favor, no miren"), en la que muchos de los pasajeros hacen caso omiso de la advertencia que se escucha por los altavoces y se acercan a ver el cadáver mutilado, hasta la escena que cierra el film, en la que los pacientes del hospital están atentos y sin parpadear a las imágenes violentas y desagradables que va a servir la televisión, hay unas cuantas referencias a la parte que el espectador tiene (tenemos) en el auge de la violencia audiovisual.
Es cierto que el guión tiene varios defectos y que algunos afectan a la credibilidad de lo que vemos (la crítica en general los achaca a la inexperiencia), pero no lo es menos que a lo largo de la narración el espectador se ve involucrado en la historia y que nos hace llegar la crítica que subyace en la misma.
Una película muy interesante y más viniendo de un realizador nobel al que se le nota que ha visto mucho cine y que ha filtrado dentro de sí para darles forma propia, algunas de las historias que ha presenciado en la pantalla.




viernes, 4 de octubre de 2019

DÍAS EXTRAÑOS


Ambientada en los últimos días de diciembre de 1999, en medio de unos caóticos festejos por el fin del milenio y de un trasfondo de altercados civiles y opresión de las fuerzas del orden, que están enfrentadas con los afroamericanos, el inoportuno asesinato de «Jeriko One», un rapero que predicaba la rebelión civil, amenaza con llevar las calles al colapso.
Todo el mundo parece haber sucumbido a los febriles festejos del fin del milenio y los que no lo hacen andan enganchados a una tecnología ilegal (SQUID) que permite experimentar como propios los recuerdos y sensaciones grabados por otros. Lenny Nero (Ralph Fiennes), un antiguo policía, expulsado de la brigada antivicio y reconvertido en traficante de estos discos de experiencias, es un fracasado incapaz de superar la relación que mantuvo con su antigua novia Faith Justin (Juliette Lewis), una antigua prostituta que ahora es cantante, aferrándose a sus propias grabaciones pasadas para huir de la realidad. Sin embargo, Lenny se verá arrastrado de vuelta a esta cuando comienza a recibir una serie de discos grabados por un retorcido asesino que podría andar detrás de su ex novia.
Ayudado por una amiga que trabaja de chófer de limusinas, Lornette 'Mace' Mason (Angela Bassett), enamorada de Lenny que no la corresponde, y su mejor amigo, un detective llamado Max Peltier (Tom Sizemore), intentarán dar con el asesino. Mientras tanto, la ciudad explota ante la tremenda represión a la que se ve sometida por la policía.


Una película poco convencional ambientada en un mundo distópico pero cercano, en el que los adelantos tecnológicos, o están superados (es de 1995), o no nos causaría demasiada sorpresa que cualquier día estuvieran disponibles.
El ejército y la policía tienen tomadas las calles debido a un ambiente de enfrentamiento civil que, en apariencia, en nada contribuyen a normalizar, sino a crear una situación de opresión.
Los créditos finales están acompañados de música de Peter Gabriel y Deep Forest.
El guión es, nada menos, que de James Cameron y de Jay Cocks. Cameron, que también produce la película, estaba casado en aquel entonces con la realizadora del film Kathryn Bigelow.


Aunque por ese afán que tenemos de buscar un acomodo a cualquier cosa que se nos ofrece, de colgarle una etiqueta, a esta película se la encuadra en el género de ciencia ficción, lo cierto es que podría suceder en cualquier tiempo y los asuntos relativos a ese género, quedan desdibujados y se van perdiendo en el conjunto de la trama que se convierte más en una especie de thriller que hace mucho hincapié en el retrato y evolución de los personajes para dejar de lado otros aspectos.
También adolece de una duración que a mí me ha resultado excesiva (casi dos horas y media), con escenas que aportan poco al desarrollo de la historia.
La película fue un absoluto fracaso comercial a pesar de las correctas interpretaciones, yo creo que el discurrir de la misma, sobre todo en su primera mitad resulta algo confuso y contribuye a que el espectador pierda interés por seguir su curso. Resultan interesantes los intentos de su realizadora, por explorar algunos nuevos caminos visuales y narrativos, no siempre con acierto, aunque técnica y artísticamente está ejecutada de manera casi impecable.




jueves, 3 de octubre de 2019

BARBARROJA

El joven doctor Noboru Yasuoto (Yûzô Kayama) regresa a su pueblo después de estudiar en la escuela holandesa de Nagasaki, pero, en cuanto llega, sufre una gran desilusión: el arrogante médico, en lugar de ser nombrado médico del Shogun, como él esperaba, es enviado para sus prácticas de postgrado, a una clínica que cuenta con muy pocos recursos y está dirigida por el Dr. Kyojô Niide apodado "Barbarroja" (Toshirô Mifune), que tiene una reputación de maestro tirano, pero en realidad, como veremos durante el desarrollo de la historia, demuestra ser más bien un médico compasivo preocupado por sus semejantes. Inicialmente, Yasumoto, furioso creyendo que tiene poco que aprender de Barbarroja, piensa que el Dr. Niide sólo está interesado en sus apuntes sobre medicina.
Mientras Yasumoto intenta aceptar la situación en la que se encuentra, nos enteramos de la historia de algunos de los pacientes de la clínica. Uno de ellos es Rokusuke (Kamatari Fujiwara), un hombre moribundo preocupado por un secreto del pasado que sólo se revela cuando su hija finalmente aparece. Otra es la historia de Sahachi (Tsutomu Yamazaki), un hombre muy querido de la ciudad conocido por su generosidad hacia sus vecinos, que tiene una conexión trágica con una mujer cuyo cadáver es descubierto después de un deslizamiento de tierra. El Dr. Niide rescata de un prostíbulo (después de luchar contra una banda de matones locales para hacerlo) a una niña de doce años enferma, Otoyo (Terumi Niki), y se la asigna a Yasumoto como su primer paciente.


La película se basa en una colección de relatos cortos de Shūgorō Yamamoto titulada, Akahige shinryotan. La historia de Otoyo, está inspirada en la novela Humillados y ofendidos de Fyodor Dostoevsky.
Está ambientada en el siglo XIX en Koishikawa, un barrio de Edo (el nombre antiguo de la ciudad de Tokio).


Cuando uno ve películas como esta, se explica por qué su realizador y coguionista, en este caso Akira Kurosawa, es tenido por un genio y por un maestro de manera casi unánime. Y es que aunque no entiendas nada de cine, aunque no sepas apreciar el valor del montaje, de la melodía que acompaña algunas secuencias, de la magnífica fotografía y de las espléndidas actuaciones, eres consciente de que has estado viendo una gran película.
El realizador japonés nos acerca a algunos de los asuntos que han sido preocupación constante en su filmografía y lo hace de una manera algo más optimista que en otras ocasiones, pues aquí hay una inmensa ventana abierta al optimismo a través del ejemplo de algunos de los personajes. Como le dice Yasuoto a la desgraciada niña: "También hay personas buenas, aunque tú no hayas conocido a ninguna".
El film es un retrato de la medicina humanista, esa que está en peligro de extinción, si no se ha perdido ya del todo. Ahora los médicos (no todos, claro), ya no acompañan, no velan, no hay tiempo para dialogar, no escuchan al paciente; en la mayoría de los casos, leen los resultados de las pruebas y recetan. Y ya no digamos nada de preocuparse por las circunstancias y el entorno en que vive el enfermo, no hablo de solucionarle la vida, no es su tarea, sino sencillamente de conocer qué hay detrás de aquella persona que entra en el consultorio o a la que van a visitar a su casa. Los sistemas sanitarios de occidente no permiten esas "alegrías".
Y alrededor de esto, de la actitud de servicio de Niide, de su desazón y desconfianza hacia los políticos ("¿cuándo han hecho los políticos algo por los pobres? Nunca.", dice Niide en una de sus reflexiones en voz alta), Kurosawa echa mano (una vez más) del recurso de contar historias paralelas para que la historia central resulte más amena. La diferencia con otros films es que todas y cada una de ellas que, efectivamente, serían prescindible, encajan perfectamente en el relato general y son, por separado, auténticas maravillas y hasta se agradece que un realizador se tome su tiempo para contar las cosas con calma y profundidad.
Claro que se podría haber hecho una película de menos duración, claro que se podrían haber suprimido los relatos de algunos de los personajes, pero la película no habría sido la misma, la poesía visual que es este film, sencillamente, desaparecería sin la sensacional manera de contarnos la historia de Sahachi, por ejemplo. Y la altura moral del personaje del Dr. Niide o la conversión o redención de Yasuoto, no alcanzaría las cotas que alcanza, no sería tan impresionante, sin la dramática y bellísima historia de Otoyo.
Magistral narración y absoluto dominio de la técnica para acercarnos un mensaje de alto contenido moral sin que nos suene a lección vana y hueca, sino a la manera cargada de belleza con que un genio, un humanista, nos hace partícipes, de forma sincera y convencida, de su manera de pensar.




miércoles, 2 de octubre de 2019

EL FUGITIVO

La vida del doctor Richard Kimble (Harrison Ford), un reputado cirujano con una bella esposa y una lujosa casa en un elegante barrio de Chicago, se desmorona el día en que su mujer es brutalmente asesinada por un misterioso hombre al que le falta un brazo.
Por la grabación telefónica efectuada por el Departamento de Emergencia de la Policía, donde ella menciona su nombre, asumen que Kimble es el culpable. En el juicio Richard Kimble es condenado a la pena capital aún siendo inocente, para ser ejecutada meses más tarde. El autobús en el que es trasladado desde la ciudad de Chicago rumbo a la prisión junto a otros reclusos, sufre un accidente provocado por uno de los convictos y cae por una ladera.
Mientras los ocupantes del autobús tratan de recuperarse después del accidente, se acerca un tren de carga, el cual se dirige velozmente al autobús accidentado. En ese instante uno de los guardias escapa mientras otro queda herido dentro del autobús. Kimble, antes de escapar, logra sacar a este guardia segundos antes de que el tren impacte contra el autobús. El doctor Richard Kimble, aún conmocionado por los hechos, huye del lugar.
A partir de ahí los agentes de la autoridad del Estado de Illinois perseguirán de forma implacable al prófugo, entre ellos se encuentra un persistente y vanidoso alguacil federal, Samuel "Big Dog" Gerard (Tommy Lee Jones), quien en más de una ocasión logra encontrar al prófugo Richard Kimble que de forma astuta consigue escapar y seguir adelante con su propia investigación en la ciudad de Chicago para encontrar al asesino de su esposa, único modo que tiene de probar su inocencia.


Adaptación de una famosa serie televisiva de los años 60 del mismo título, escrita por Quinn Martin y protagonizada por David Janssen.


Este tipo de películas que incluyen persecuciones, como ocurre en otros subgéneros, suele seguir un patrón en el que, para alargar la historia, se van incluyendo pequeños episodios paralelos y subtramas que le dan más empaque y consistencia al relato. Y ahí es donde radica la dificultad, porque en muchas ocasiones, la idea es buena y atractiva, pero el guión se pierde, se va por las ramas o, sencillamente, fracasa a la hora de encajar las piezas.
No es el caso y la virtud principal del film es que consigue hilvanar con solvencia el puzle.
El ritmo es dinámico y constante, sin apenas altibajos, está bien rodada y con una planificación muy cuidada. El protagonista persigue y, a su vez, es perseguido, ahí radica el arma principal con la que juega la historia, porque el cerco se va estrechando y el tiempo apremia, con lo que la tensión dramática está garantizada.
Cine de acción entretenido y de calidad.




martes, 1 de octubre de 2019

CRUZ NOVILLO

Seguramente los versados en arte contemporáneo español conozcan el nombre de Cruz Novillo, pero para muchos, como me ocurría a mí hasta no hace mucho, hablar de José María Cruz Novillo, era citar a alguien desconocido.
He tenido la suerte de estar pasando unos día en Cuenca y además de disfrutar del encanto de la capital manchega y sus alrededores, me cupo la fortuna de visitar la exposición con que la ciudad rinde homenaje a uno de sus hijos más ilustres, ya que Cruz Novillo nació en Cuenca en 1936.
Estamos hablando de uno de los grandes del diseño español y aunque mucha gente no sepa quien es este artista y jamás haya oído hablar de él, sus diseños nos acompañan en nuestra vida diaria y, muchos de ellos, en cuanto los vemos, sabemos reconocerlos inmediatamente y reconocemos en ellos a las corporaciones y empresas que representan.
Yo tuve las primeras noticias de este hombre por su faceta de diseñador de carteles de películas, algunas muy conocidas, como El Sur, El espíritu de la colmena, Pascual Duarte, La escopeta nacional, Barrio, Los lunes al sol, Historias del Kronen, El año de las luces, Mamá cumple cien años y muchas más.
Aunque algunos de estos carteles son muy conocidos, sin duda son sus diseños de imágenes corporativas lo más reconocible para el gran público. Entre los cientos que llevan su firma, todas ellas muy conocidas, por citar alguna señalar el logotipo de Correos, el del Cuerpo Nacional de Policía, el escudo y la bandera de la Comunidad de Madrid, el logo del PSOE, el del diario El Mundo,  el de RENFE, el de Repsol, los del Tesoro Público y, como digo, cientos de ellos.





La exposición se puede visitar en la Casa Zabala, de Cuenca y, aunque en los folletos figura que permanece abierta desde el 29 de mayo al 29 de septiembre de 2019, si alguien tiene la oportunidad de acercarse, cosa que recomiendo, aún está a tiempo, ya que el Ayuntamiento de Cuenca ha decido prorrogarla, al menos, hasta del 4 de noviembre.
Merece la pena.