lunes, 19 de noviembre de 2012

EL ÚLTIMO VALS

Película documental alrededor del concierto de despedida del mítico grupo canadiense The Band.
Estrenada en 1978, alterna canciones del concierto de despedida y alguna grabada especialmente para el film y entrevistas o, más bien, conversaciones con los músicos que van desgranando a lo largo del metraje algunas anécdotas que les ocurrieron a lo largo de su carrera y que permiten a Martin Scorsese, trazar un lúcido retrato sobre las personalidades de estos personajes con apenas cuatro pinceladas.
Rick Danko, Levon Helm, Garth Hudson, Richard Manuel y Robbie Robertson, eran los componentes de The Band que nos acercan, de manera sutil, por medio de esos pequeños apuntes que apenas pueden llamarse entrevistas a las miserias y los éxitos que rodean a un artista.



El grupo comenzó su andadura allá en 1959, alrededor de la figura del cantante Ronnie Hawkins, al que se conocía como "El halcón", por eso la formación adoptó el nombre de The Hawks.
En 1965, Bob Dylan los contrató para que le acompañaran en sus actuaciones.


El grupo va intercalando canciones propias y acompañamientos a otros artista, desfilando por el escenario un buen elenco de ellos, figuras como Eric Clapton, Muddy Waters, Neil Diamond, Dr. John, Van Morrison (cantando una soberbia versión de "Caravan") o Bob Dylan, cuya presencia en el concierto de despedida, tiene una pequeña historia, ya que aunque el grupo había tocado con él y debería haber sido el primero en interesarse por participar, mostró sus reticencias por cuestiones un tanto egoistas (ya saben, cosas de artistas que diría el otro), aunque al final, después de haber asegurado que interpretaría un tema y nada más, algo debió tocar su corazoncito, quizá la emoción del momento y tras interpretar con el grup "Forever young", se lanzó con una portentosa interpretación de "Baby Let Me Follow You Down".
Desde luego, ver a dos gruñones como Van Morrison y Dylan compartiendo micrófono, es uno de los alicientes del film.
Por cierto, que Scorsese hizo la peli totalmente gratis.


El film, además, es el testimonio de una época, de una forma de hacer una música que supo aunar en el rok n'roll influencias del country, el jazz o el blues, con aquellas vestimentas un tanto horteras y el humo de los cigarrillos y las bebidas circulando por el escenario.




sábado, 17 de noviembre de 2012

EL PUENTE DE STIRLING

Si el otro día hablábamos de la prepotencia y chulería de los caballeros franceses en el sitio de Nicópolis, hoy traigo un asunto cuyo resultado, esta vez para las tropas inglesas, raya en la estupidez por parte de su comandate en jefe, John de Warrenne, conde de Surrey, quien había sido nombrado gobernador de Escocia por el rey Eduardo I.
Con el saqueo de Berwick, en marzo de 1296, podemos decir que empieza oficialmente la ocupación de Escocia por su vecino del sur, pero las cosas no habían hecho sino empezar en un conflicto que se extendería a lo largo de casi tres décadas. Para los ingleses aquello iba a ser un paseo militar y no menos optimista era el conde de Surrey que pensando que se las habría de ver con un hatajo de de salvajes que pelearían poco y se desbandarían, hizo avanzar a su ejército sin enviar exploradores por delante, al encuentro del comandante escocés, el después famoso William Wallace.
En su camino, Warrenne debía cruzar el río Forth, sobre el que discurría un puente de madera, por el que su caballería únicamente podría cruzar de dos en dos. Era el 11 de septiembre de 1297 y el inexperto conde de Surrey se empeñó en cruzar por allí, haciendo caso omiso a las indicaciones de soldados más veteranos y experimentados, como sir Ralph Lundy, que indicaron que no muy lejos había un vado totalmente seguro por el que podían pasar hasta treinta jinetes a la vez. Lo que tampoco sabía Warrenne era que al otro lado esperaban los escoceses, que se armaron de paciencia y contemplaron cómo el enemigo franqueaba el río a paso de tortuga, hasta que, cuando algo menos de la mitad había alcanzado la otra orilla, lanzaron un ataque en toda regla masacrando a los caballeros ingleses, que para colmo de males se veían dificultados a la hora de maniobrar, ya que la zona en la que acababa el puente era un terreno semipantanoso. El de Surrey, viendo que su ejército había quedado divido en dos y que a los que estaban al otro lado les estaban haciendo papilla, mandó que cruzaran más tropas al tiempo que los escoceses empujaban a los ingleses que habían alcanzado la otra orilla hacía el puente. El resultado fue que el puente se hundió llevándose a unos cuantos ingleses río abajo y completando una auténtica escabechina.
Tras esta victoria, William Wallace y sir Andrew Murray, fueron nombrados lores protectores de Escocia. Se adentraron en territorio Inglés y llegaron a Newcastle hasta que fueron derrotados, al año siguiente, por Eduardo I en la batalla de Falkrik, en la que los nobles escoceses traicionaron a Wallace.
 
 

viernes, 16 de noviembre de 2012

NEW YORK, NEW YORK

Japón ha firmado el armisticio y la II Guerra Mundial toca a su fin. La gente está exultante y Nueva York se convierte en el crisol que representa la alegría de todos los puntos de los EE.UU.
En este ambiente festivo, con los ciudadanos echados a la calle o llenando las salas de fiesta en busca de celebración, encontramos a Jimmy Doyle (Robert De Niro), un tipo que ha estado en el ejército y que ahora trata de reincorporarse a la vida civil, es músico, toca el saxofón y busca una orquesta donde poder expresar su arte y que le proporcione un medio de vida.
Su encuentro con Francine Evans (Liza Minnelli), no es precisamente afortunado, parece que sus caracteres no concuerdan, sin embargo, la casualida hace que se vuelvan a reunir más adelante, incluso compartiendo escenario.
Las personalidades divergentes, el éxito que no sonrie a ambos por igual, su prioridad por sus respectivas carreras profesionales, el hijo que van a tener en común... Estas y algunas otras razones, convierten su matrimonio en un callejón sin salida, acabarán cada uno por su lado y el éxito sonreirá a cada cual desde el momento en que deciden separar sus vidas.

 
Hay quien presenta esta película como un homenaje a los musicales de los 40 y 50, yo creo que más que a los musicales, el film homenajea a la música norteamericana de aquellos años, más concretamente a las pequeñas orquestas que recorrían el vasto país y entretenían a sus gentes en salas de fiesta y pequeños teatros. Y sobre todo es un homenaje al jazz de aquella época. Como sin querer, el recorrido que hace Scorsese por el jazz de ambas décadas se convierte en una completa antología.

 
El guión es una historia de desencuentros, con un personaje, el de Jimmy Doyle, de los más antipáticos que he podido ver nunca en una pantalla, parece un enfermo, pero no del cerebro, del mismo alma, un maltratador en potencia, egoísta, con tremendas dificultades de relación y que trata al resto del mundo con absoluto menosprecio, como si estuviera en guerra preventiva con la humanidad entera.

 
Magnífico el lenguaje visual, con una fotografía muy cuidada y algunas escenas que me han gustado sobremanera por la forma de contarlas a golpe de cámara, sin un sólo diálogo: Los desplazamientos por carretera de la banda, que se nos cuentan a base de enfoques a las ruedas del autobús o a las rayas de la carretera; el fracaso paulatino de Jimmy cuando su esposa se va a Nueva York para pasar un embarazo tranquilo, que Scorsese nos narra ofreciéndonos imágenes de las salas donde actua la orquesta, primero varias parejas deambulan por la pista, en la siguiente tres o cuatro y, por fin, aparece un cartel que anuncia la próxima actuación y cruzándolo el letrero de "cancelado". Y, sobre todas, la escena final, el desencuentro definitivo entre la pareja: De Niro esperando en la calle, Liza yendo a su encuentro y dándose la vuelta para pulsar el botón del ascensor que la devolverá a sus aposentos y él, en la calle, entendiendo que ella no vendrá, con una sonrisa entre irónica, resignada, comprensiva y, casi, cómplice. 
 
 
De todas maneras, para mí, la película es, además de jazz, la actuación soberbia de Liza Minnelli y la canción que ha pasado a la historia y se ha convertido en el himno oficioso de la ciudad, interpretada por Liza de manera sublime en una de las mejores escenas del film.

 
 
 

jueves, 15 de noviembre de 2012

EL DESASTRE DE NICÓPOLIS



A finales del siglo XIV, la expansión del imperio otomano estaba en pleno auge, amenazando las fronteras de los paises europeos. Ante la más que fundada amenaza que significaba el avance de las tropas del sultán Bayaceto, Segismundo de Hungría pidió ayuda al resto de monarcas cristianos en lo que se considera como la última cruzada, pero esta vez en territorio europeo.
Un conglomerado de tropas de varios paises que habían respondido a la llamada de auxilio se concentró en torno a Nicópolis, importante plaza fuerte a orillas del Danubio que había sido tomada por los otomanos.
Segismundo ya había desaconsejado que las tropas cristianas llegaran hasta allí, ya que opinaba que la incursión en terreno búlgaro, forzaría a servios y búlgaros a intervenir a favor de los turcos. Pero fue desoído, y la expedición partió hacia Nicópolis. El caso es que allí estaban, a las puertas de la ciudad, sin ningún apoyo de asedio ni nada que se le pareciese. Para chulos ellos y estaban convencidos de que con su fe irreductible tomarían la ciudad a base de "echarse p'alante". Pero resultó que una y otra vez, tan pronto llegaban arriba de la muralla, besaban de nuevo el suelo. Y como a cabezazos tampoco habrían brecha, dieron la posibilidad al sultán Bayaceto de acudir a la zona, escoger el mejor terreno y montar su estrategia.
Las tropas cristianas, ante la llegada del ejército otomano, quisieron echarse encima del infiel, y planificaron un ataque frontal. El sufrido Segismundo, de nuevo aconseja una táctica prudente y conocedor como era de la forma de combatir del enemigo que ponía en primera línea a tropas de los paises ocupados, normalmente soldados inexpertos, pura carne de cañón, para que detuviesen las primeras acometidas del oponente y permitieran después entrar en combate a tropas veteranas y leales. Así que Segismundo propuso poner en vanguardia a tropas de Valaquia y de Transilvania, pues en absoluto confiaba en ellas y así serían empujadas a la batalla por los flancos de la caballería pesada cruzada y por la retaguardia húngara.
Era una estupenda idea, pero los franceses decidieron ignorarla. El condestable d'Eu dijo: "Ocuparnos en la retaguardia es un deshonor y nos expondría al desprecio de todos". Además, consideraría como un insulto personal que él, todo un condestable, fuera precedido por otra persona.
Y así ocurrió lo que tenía que ocurrir, el día 25 de septiembre de 1396, el condestable lanzó a sus tropas a una carga cerrada apenas vio al enemigo turco. Batieron sin problemas a la primera fila de infantes otomanos, sólo para encontrarse con un muro de estacas, que servían de parapeto a los arqueros otomanos. Los caballeros franceses, acorralados, fueron acribillados a flechazos. La caballería ligera turca los rodeó, y aquello pasó de batalla a masacre. Cuando llegaron los húngaros a la batalla, fueron alegremente saludados por las tropas vasallas de los otomanos, los serbios, y rodeados por el resto de la caballería. Ante la imposibilidad de triunfo emprendieron una huida desordenada. Miles de cristianos fueron apresados en el campo de batalla, Segismundo logró huir por el Danubio en una barca.
Las consecuencias de esta derrota fueron enormes. La cristiandad no volvería a reunir a ninguna cruzada para liberar los lugares sagrados, ahora la lucha se había trasladado definitivamente a Europa, quedando los turcos a las puertas de Hungría, que durante siglos estuvo batallando y Constantinopla quedó definitivamente aislada como una ciudad estado. Los musulmanes se quedarían en los Balcanes amenazando el resto de Europa central durante más de cinco siglos.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

FIEBRE DEL SÁBADO NOCHE

Tony Manero (John Travolta) es un joven de Brooklyn (New York city) que trabaja en una tienda de pinturas y uno de cuyos alicientes en la vida es disfrutar las noches de los sábados en la discoteca donde, además de bailar, poniendo en práctica una de sus grandes aficiones, se siente como una persona reconocida.
Allí es el rey de la pista, las chicas le adoran y sus amigos se sienten orgullosos de él, dispuestos a seguirle donde les lleve.
La vida del joven, sin embargo, no está exenta de conflictos, en casa de su familia las noches van de pelea en pelea, con su madre quien parece solo enorgullecerse de su otro hijo, y su padre un tipo desempleado que se pasa los días en plan gruñón.
Los sueños de Tony siempre giran en torno al baile, disfrutando como ninguno cuando está en la pista, una noche conoce a Stephanie (Karen Lynn Gorney) por quien se siente cautivado por su habilidad para bailar, viendo en ella la mejor pareja que podría tener para el esperado concurso de baile.


Con una dirección desigual, que da la impresión de que, en ocasiones, acaba las escenas de cualquier manera, algo que se nota también en las coreografías.


Actuaciones a las que parece que también les falta algo de chispa, quedándose todos a la sombra de Travolta, alrededor de cuya figura gira todo el film y que con su presencia parece llenarlo todo, incluso los vacios que el resto del film nos deja.


La película está concebida como algo más que un simple musical, sin embargo esa parte de estudio psicosocial de la juventud de la época y de la sociedad que les rodea, tampoco profundiza demasiado, pasando por algunos asuntos como sin pena ni gloria.


Así los problemas y discusiones que plantea, las drogas, el aborto, el paro, las diferencias generacionales, los conflictos raciales..., quedan apenas esbozados algunos de ellos y otros tratados de manera liviana.


Al final las sensaciones que nos quedan son las de estar ante un film con una banda sonora archifamosa (las canciones de los Bee Gees, perduran a lo largo de los años), una actuación del protagonista en su línea, encarnando al presumido chuleta que se nos torna encantador por la sencillez y honestidad que demuestra. Un clásico (con salvedades), con unas canciones muy pegadizas, algunos bailes que no están mal y un planteamiento de los dramas y frustaciones juveniles que se queda a medio camino, con el carisma de John Travolta que, este sí, además de sus dotes para el baile, logra una convincente actuación dramática.




martes, 13 de noviembre de 2012

LA VÍCTIMA ES CULPABLE

Es tan viejo como la humanidad eso de cargar el muerto a otro, aunque en esta sociedad nuestra en la que nos empeñamos en buscar culpables para todo, hay situaciones que de no ser por el dolor y la injusticia que crean, serían puramente grotescas.
Desde hace un tiempo se nos bombardea cada día con el sonsonete de que los culpables de la crisis somos los ciudadanos porque hemos vivido dilapidando.
Ahora que, tras unos casos con muerto de por medio, parece que se han puesto a trabajar los legisladores para aliviar la situación de los que se quedan sin techo por no poder pagar la hipoteca, las televisiones amaestradas (alguna lo había hecho antes, que conste) nos muestran imágenes (ahora sí toca) de algunos desalojos que ponen los pelos de punta, con la poli (que cumple mal que le pese) repartiendo porrazos a los culpables de no poder pagar a quien está siendo rescatado con el dinero de todos, incluso el de quien recibe el maporro.
Qué decir de los parados, ya saben, ellos son los culpables del paro, por vagos, porque no quieren trabajar, al menos ese es el mensaje que nos llega desde nuestros gobernantes cada vez que hablan de que van a endurecer las condiciones para percibir la prestación por desempleo.
Y, por supuesto, el problema del gasto sanitario se ataja eliminado al culpable, que no es otro que el tipo aquel que decidió un buen día ponerse enfermo. ¡Habrase visto desfachatez!
Pero ejemplos de estos tenemos muchos, incluso en temas que van más allá de nuestras fronteras, como en esos paises (occidentales, por supuesto) que han ido legislando para perseguir a la mujer que lleve velo por el único delito de seguir la tradición y ser fiel a su credo. Por ello, se la detiene y se la expone ante el sensacionalismo mediático que señala con el dedo al género más desdichado a lo largo de todos los siglos de la historia.
Recuerdo cuando no ha muchos años (incluso ahora lo escuchamos de vez en cuando), si un hombre pegaba, incluso mataba a una mujer, alguien se descolgaba con aquello de "por algo sería".
Viene a mi memoria el relato que cuenta la historia de aquel hombre acusado de asesinar a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona influyente y por eso buscaron a un "chivo expiatorio" para encubrir al verdadero culpable. El hombre fue llevado a juicio, conociendo que tendría poca oportunidad de escapar al veredicto: ¡LA HORCA!
El Juez, también cómplice, cuidó de que pareciera un juicio justo y le dijo al acusado:

- "Conociendo tu fama de hombre devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino"
Por supuesto, el juez corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: "CULPABLE" y la pobre víctima se dio cuenta que era una trampa. No había escapatoria.
El hombre inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y, llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.
Sorprendidos e indignados, los presentes le reprocharon airadamente.
- "Pero… ¿qué hizo?… ¿Y ahora?… ¿Cómo vamos a saber el veredicto?"
- "Es muy sencillo" respondió el acusado, "Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos qué decía el que yo escogí"
La moraleja que a mí me enseñaron de esta historia es otra, pero yo me he inventado una: Si quieres librarte, tienes que tragar.



lunes, 12 de noviembre de 2012

GREASE

Sandy Olsen (Olivia Newton-John) y Danny Zuko (John Travolta), han vivido su amor de verano, pero con el final de la estación llega el de su aventura, porque Sandy debe regresar a Australia.
Sin embargo, la familia de la chica decide a última hora permanecer otro año más en Norteamérica y Sandy comenzará el curso escolar en el instituto Rydell, donde estudia su amiga Frenchy (Didi Conn), miembro de una pandilla llamada las Damas Rosas (The Pink Ladies).
Lo que Sandy no sabe es que en ese mismo lugar estudia su amado Danny, lider de una pandilla de chicos llamada los T-Birds (Thunder Birds). Betty Rizzo (Stockard Channing), una de las Pink Ladies, prepara un encuentro "casual" entre Danny y Sandy, en el que ésta descubrirá que el muchacho se comporta de manera bien distinta al Danny del que se enamoró en el verano.



El film se basa en un musical creado por Jim Jacobs y Warner Casey que había sido estrenado en los escenarios teatrales en 1972, con gran éxito.


Siempre que veo esta peli, se me vienen a la mente dos palabras para definirla: Entrañable y divertida. Y no es poco, conseguir con un film que tampoco debía tener muchas pretensiones (lo digo por el presupuesto que le destinó la productora), entretener a la gente que vaya a verla.


La historia de Sandy y Danny se ha convertido en un clásico y ya no es sólo uno de esos films que se convierten en una especie de bandera de una generación (la de los 70), sino que quien la ve ahora, la sigue disfrutando yo creo que porque supieron hacer virtud de la simpleza de su argumento y de la innegable calidad de algunas de sus canciones que seguimos cantando ahora y que forman parte de las antologías de la música.


Grease destila horterismo (perdón por el palabro) por todos los lados, pero como es algo premeditado nos gusta, la actitud de macarra de Danny Zuko, es impagable y las escenas en las que el entrenador está tratando de buscarle un deporte para que practique, son de las más divertidas del film.

 

La música está muy bien integrada en la historia, las canciones no dan esa sensación que tenemos en algunos musicales de estar metidas con calzador, sino todo lo contrario, son cosas que los personajes podrían haber dicho hablando y el director prefiere que las digan cantando.


No quiero dejar de mencionar las animaciones que acompañan a los títulos de crédito iniciales, siempre me gustaron, pero se aprecian aún más cuando ves la película por segunda o posteriores veces, porque los personajes principales están descritos en los dibujos de manera maravillosa y muy divertida. Las animaciones se deben a la mano del británico John Wilson, que había llegado a U.S.A. en aquellos años setenta y que trabajó, entre otras empresas, para la Disney.

 

La pareja protagonista ha devenido en una de las más famosas de la historia del cine, y los secundarios, la mayoría de ellos, están maravillosos, con una Stockard Channing que, para mi gusto, es de lo mejorcito del film.
Y qué decir de las coreografías, muy conseguidas, con un actor que se presta tan bien a este tipo de bailes como es Travolta.


Grease es sobre todo entretenimiento y espectáculo, con esa canción "You are the one that I want" (número 1 una semana antes de estrenarse el film) y el correspondiente baile con una Sandy transformada, que marca el climax del film y que forma parte de la historia del cine.