miércoles, 1 de diciembre de 2010

EL MONO DESNUDO

Este es un libro casi mítico, conocido por mucha gente, a quienes les suena el título, aunque algunos no lo hayan leído. Publicado en 1967, algo tendrá cuando a lo largo de sus sucesivas reediciones, suma ya 20 millones de ejemplares salidos de las imprentas.
El planteamiento es de lo más curioso y original: Somos primates.
Y desde esa perspectiva nos analiza Desmond Morris, su autor, quien apunta una serie de teorías sobre cómo ha podido ser nuestro viaje desde los bosques frondosos, hasta llegar a donde estamos en la actualidad.
Yo soy un zoólogo, dice y el mono desnudo es un animal. Por consiguiente éste es tema adecuado para mi pluma... El Homo sapiens, sigue siendo un mono desnudo... y no es fácil sacudirse rápidamente de encima la herencia genética acumulada durante su pasado evolutivo. Si quisiera enfrentarse con este hecho, sería un animal mucho más complejo y tendría menos preocupaciones. Tal vez en esto pueda ayudarle el zoólogo.
A través de los diversos capítulos del libro, el autor va desgranando cómo es la vida de la especie humana en distintas facetas, desde los orígenes, hasta la conducta sexual, social o la búsqueda del confort, pero siempre teniendo presente que se trata de un animal y de que sus comportamientos, a pesar de lo que pueda parecer, no están tan alejados de los de algunas otras especies, sobre todo de la de nuestros más cercanos parientes en la escala evolutiva.
Cierto que algunas de sus teorías pueden ser criticadas y algunas, con el transcurso de estos pocos años desde que público el libro, nos resultan un tanto obsoletas, por no decir chocantes, porque no reconocemos del todo que nuestros jóvenes se comporten así, sobre todo cuando nos cuenta lo relativo al cortejo y lo que podríamos llamar noviazgo, pero en general siguen vigentes (como teorías, claro, esto ha de ser tenido presente a lo largo de toda la obra) y algunas de ellas, son sorprendentemente modernas, teniendo en cuenta que fue escrito hace casi medio siglo.
Morris se enmarca con este libro en lo que llamaríamos ciencia divulgativa y eso lo consigue, ya hemos dicho la gran cantidad de ejemplares vendidos de su obra.
El autor se licenció en zoología en la Universidad de Birmingham, doctorándose en Oxford. Alcanzó cierto nombre también como pintor, habiendo llegado a exponer con Miró, sin embargo el matricularse en zoología, fue porque él se dio cuenta de que su faceta artística difícilmente le iba a servir de sustento principal en su vida.
Además ha escrito varios libros más, algunos en colaboración con su esposa, la historiadora Ramona Baulch y es muy conocido también por algunos programas y documentales de mucho éxito en televisión.
Sin embargo El mono desnudo, sigue siendo la obra que le ha dado fama.
Me ha llamado la atención que al principio del libro, entre una larga lista de personalidades a las que agradece su ayuda, figure gente tan conocida ahora como David Attemborough o Konrad Lorenz.
El libro, que como él mismo avisa, va dirigido al gran público, se hace ameno, entretenido y, en ocasiones, hasta divertido.


martes, 30 de noviembre de 2010

CURVAS PELIGROSAS (Mauvaise graine)

Con el encanto que tienen todos estos films de la primera época del sonoro, es evidente que la importancia primordial de esta peli es que está codirigida por un tal Samuel Wilder, en adelante Billy Wilder, como es y será conocido por los siglos de los siglos en este maravilloso mundo del celuloide.
"Mala semilla", que es en realidad la traducción que corresponde al título original y que refleja bastante mejor, a mi parecer el espíritu de la película, pero como tantas veces, su versión en castellano lleva uno que parece puesto para lucimiento de alguien que, en lugar de lucirse, ha derrapado.
A pesar de que el cine llamado sonoro llevaba ya bastante tiempo en las pantallas, aún conserva el film algunos de los tics de la época muda, pero con la probabilidad de que así sea, ya cuenta quien se dispone a ver una película fechada en estos años (esta es de 1934).


Rodada en Francia, con un escaso presupuesto, lo que llevó a sus autores a suprimir prácticamente las escenas de estudio y rodar casi íntegramente por las calles de París y en un garaje, la historia es una mezcla de estilos, desde la comedia, hasta el romanticismo; con toques de drama social y cine negro y grandes dosis de mensaje moralizante.
Todo ello sin olvidarnos del valor documental que tiene, una vez que que han transcurrido tantos años, pues en ella hacemos un recorrido por el París del momento, igual que, aunque de forma fugaz, por algunos pueblos. Vemos las avenidas, las gentes que deambulan, la forma de vestir, los edificios..., todo tal cual era en aquella época.


Más si en algo se ve reflejada la época del rodaje, es en el desfile, casi a modo de catálogo, de automóviles, con variedad de marcas (Buick, Studebaker, Ford, Renault, Citröen, Hispano-Suiza....) y de utilidades, pues nos muestra autobuses y coches de reparto, además, claro está de lo que hoy llamaríamos turismos.
Es evidente el atractivo que suponían los automóviles para Wilder, de lo contrario hay cosas que no se explicarían del todo bien y no me refiero sólo a las persecuciones, que están muy logradas y transmiten sensaciones de emoción y verosimilitud, sino a algunos de los detalles considerados menores y que sólo alguien que sabe o a quien le gusta ese mundo, es capaz de retratar tal y como se hace en esta peli.


La cuestión social, de la que he hablado, queda reflejada tanto en el mundillo, divertido, por un lado, pero poblado por desheredados y rufianes en el que se mueve la banda de ladrones, empujados hasta donde están por la mala situación económica del momento.
La película nos los presenta como personas que roban sólo a los ricos para sacarse unos francos con los que ir tirando, pero dirigidos por un auténtico bellaco, un ganster en toda regla que además los tiene explotados. Precisamente el protagonsita hará de abogado de causas perdidas y conciencia social de estos pobres pelagatos, haciéndoles ver que se están aprovechando de ellos y saliendo en su defensa, lo que le acarreará los problemas que van a dar lugar a que se decida a cambiar de aires.


El señorito, vago y vividor, que disfruta de la vida a costa de papá, irá tomando conciencia de que su futuro ha de ir por otros derroteros cuando choca con esa realidad representada por esta pobre gente y cuando se enamora. Ambas situaciones darán lugar a un cambio en su actitud y a un final melodramático, con mensaje moralizante de que hay que ser bueno y que los malos lo acaban pagando y, por otro lado, la búsqueda de nuevos horizontes, lejos de su país, en compañía de su amada.


A esta situación, se le pueden encontrar todos los paralelismos que se quieran (y más), con la del propio Wilder, que había salido por pies hacía Francia, huyendo de la barbarie nazi y que se encontraba en París en unos momentos de transición de su propia vida, hasta que acabó dando el salto a Hollywood, donde se labraría la brillante carrera que todos conocemos.


Interesante film que, a pesar de los años, se ve sin que resulte pesado, pues tiene bastantes dosis de modernidad, acompañado de una buena banda sonora, con una historia que resulta entretenida y con detalles técnicos de gran altura. No sólo las persecuciones, sino los simples paseos en automóvil están magníficamente conseguidos. Lo mismo cabe decir de algunos de los encuadres, tanto en el garaje en el que se rodó parte del film, como las escenas de baño o el precioso plano que se ve en la imagen de más arriba, en el que la pareja protagonista va en un camión de paja y cuando el encuadre se abre, va apareciendo el mar que les llevará a su nueva vida.




jueves, 25 de noviembre de 2010

MAESTRO




























Hace unos años me encontré con una antigua profesora de mi época del instituto, catedrática de Lengua y Literatura.
Tras los consabidos intercambios de parabienes y preguntas (hacía mucho que no nos veíamos), me dijo que para ella, ni profesora, ni catedrática, ni nada de esos apelativos que estaban muy bien, pero que a ella le hubiera gustado que la llamaran maestra.
Y es que esa palabra encierra tanto contenido y significado, que no me extraña que fuera su preferida para poner nombre a lo que ella había estado haciendo durante tantos años.
Lo que ocurre es que a veces, ese contenido o se vacía o pierde su significado primero.
Maestro no sólo es el que enseña, sino el que sabe enseñar y esto es precisamente lo más difícil. Igual que hay gente que tiene dotes para pintar, componer música, escribir o correr más que nadie, hay personas que tienen el don de enseñar, que saben transmitir.
Tienen cultura, o saben pintar, tocar un instrumento, cantar o jugar al baloncesto, claro que saben, pero seguramente no son los mejores, es más, casi nunca son los mejores o de los mejores, pero saben transmitir su conocimiento y hacer que otras personas que tienen esa predisposición, saquen lo mejor de sí mismas.
Todos tenemos el recuerdo de algún profesor que sabía mucho pero que era insoportable dando clase y de lo contrario, hombres y mujeres que hicieron que adoráramos tal o cual asignatura, porque sabían empaparnos del amor que ellos sentían por aquella materia.
Alguna vez oí esta historia, que seguramente será una leyenda:

El maestro de Demóstenes, el orador griego, era un orador mediocre. Alguien le dijo que cómo podía él ser un buen maestro de oratoria si no era capaz de dar un buen discurso. A esto, el maestro le contestó con la siguiente frase:

“La piedra de afilar, ¿corta?”


Y es que a veces se olvida uno de que afilar y cortar son cosas muy distintas.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

NINOTCHKA

El otro día, cuando veía esta peli, nadie estaba sentado conmigo y, sin embargo, no estaba solo.
No puedo menos que recordar a mi padre, para quien este film era sinónimo de entretenimiento y humor de altura.
Quiero ver en lo que él veía, a toda aquella gente que en la España del momento con la situación tan dura que les tocó vivir iba al cine, sobre todo, a divertirse, a sumergirse en el mundo al que sólo el celuloide es capaz de llevarte y si además veían una buena peli, mejor que mejor.
Y sin duda, lo debieron pasar bien con esta cinta, hasta el punto de que él y supongo que mucha más gente, no la había olvidado por más tiempo que pasara.


Y es que el film lo tiene todo dentro de lo que pretende ser, con una maravillosa puesta en escena, un guión brillante y unas interpretaciones de altura, no sólo las de los dos protagonistas que además están guapísimos, sino la del elenco de secundarios, algunos de ellos con personajes y situaciones que siempre serán recordados, como los de los tres camaradas soviéticos (Iranoff, Buljanoff y Kopalski), o el de la gran duquesa Swana, personajes arquetípicos y verdaderos hallazgos, sin los cuales la dosis de humor quedaría bastante rebajada.


La peli, anunciada por la propaganda del momento como aquella en la que Greta Garbo se ríe, como contrapunto a los papeles de corte dramático que solía llevar a la pantalla, no sólo hace que se ría la superestrella, sino que consigue que cualquiera que la vea la recuerde para siempre como una gran comedia, de esas que no defraudan y que consiguen, a base de sus magníficos diálogos que pasemos de la sonrisa a la risa y que no paremos hasta llegar a la franca carcajada.


Todo ello a pesar de que desde el principio vemos venir todo lo que va a suceder, de la sencillez del planteamiento que de sencillo pasa por ser casi pueril, una critica descarada al comunismo en general y al estalinismo en particular en la inmediata antesala de la II Guerra Mundial, pero que no por ello deja de ridiculizar ciertas actitudes del mundo capitalista en que vivimos, retratándonos un París que más que divertido es vacuo.


La inteligencia con que critica la sociedad soviética del momento, con su pobreza, sus purgas, sus deportaciones a Siberia, las desapariciones de los disidentes, el adoctrinamiento sistemático y el aplastamiento de cualquier disidencia siquiera sea de pensamiento, es demoledora, precisamente por estar tratada con humor y no cualquier humor, sino con el más brillante de ellos. Frases como "No me extraña que las aves emigren desde la vieja Rusia hasta aquí. Nosotros tenemos los ideales, pero ellos tienen el clima" y otras muchas, tantas que podría estar un mes haciendo entradas en el blog con ellas, no me extraña que William Randolph Hearst, diejese aquello de "Jamás se había proyectado sobre las pantallas ninguna otra cosa que igualara la efectividad de aquella burla, ni que ofreciera una muestra más devastadora del funcionamiento tan poco práctico de aquella forma concreta de locura criminal...". A pesar de que Walter Reisch escribió el guión, hubo que esperar a la incorporación de Charles Bracket y Billy Wilder, para que este tuviera los diálogos chispeantes y el talento que rezuma.


El toque Lubitsch está presente y como alguien dijo, él es capaz de hacer más con una puerta que gira que con una bragueta que se abre (o algo parecido).
Una magnífica comedia, en la que la Garbo con su personaje de Nina Ivanovna Yakushova "Ninotchka", realizó su última gran interpretación antes de su definitiva retirada.




martes, 23 de noviembre de 2010

TAKE ON ME





















No cabe duda de que el acierto en la estética y lo pegadizo de la melodía, hizo de este videoclip una joya en su género, hasta el punto de ser considerado por muchos como el mejor clip musical de los 80.
Yo no sé si será así, pero desde luego está entre los mejores, no sólo de los 80, sino de todos los tiempos y los años que, al transcurrir, ponen a cada cual en su sitio, han pasado ya lo suficiente como para que podamos asegurar que es un clásico, como lo pueden ser "Triller", "All is full of love", "What it feels like for a girl" y algunos otros, dependiendo de los gustos de cada cual.
Al contrario de otros, acapara una buena dosis de aceptación por parte de todo tipo de público, quizá porque aunque la historia tiene su punto de romanticismo, no es ñoña, ni encontramos personajes repulsivos, sexo explícito, escenas gore u otro tipo de situaciones que dependiendo quién las vea, pueden resultar repulsivas, desagradables o como poco, incómodas.
Para los noruegos A Ha, fue su primer y más grande éxito y la canción está incluída en su disco "Hunting High and Low", publicado en 1984, aunque el videoclip, creo que no salió hasta el año siguiente y su director fue Steve Barron.




lunes, 22 de noviembre de 2010

EL TOPO

¿Western alucinógeno? ¿Western Zen? ¿Metáfora del Antiguo Testamento? ¿Surrealismo Buñuelesco?... A ver quién clasífica este film, sin ponerle un montón de apellidos. Quizá lo mejor sea eso de "inclasificable". Algo que por otra parte a mí tampoco me ha importado nunca demasiado, cada cual que le ponga la etiqueta que desee a esta rara cinta en la que el multifacético artista chileno saca a relucir todo aquello que a él le da la real gana.
Por la ambientación paisajística y por las características de los personajes, es un western, pero, como mínimo, irreal. Un oeste que nos rememora algunas escenas típicas del tandem Leone/Eastwood, incluso calcadas, como el duelo en el círculo empedrado, pero también por ese ambiente desolado y por la pobreza de medios que se traslada a la propia peli, traduciéndola en una pobreza que se masca, que se vive, que se nos transmite: Polvo y suciedad.


Para quien haya visto algo de cine, imposible que no se le vengan a la memoria ciertos autores, porque en algunas escenas, como esa del círculo de piedras, uno ve pasar por su cabeza imágenes que ya ha visto, no tan calcadas como esa, pero muy parecidas.
Los conejos y los cerdos, me recordaron la famosa escena del rebaño de ovejas de Buñuel, igual que me pasó con la galería de tullidos y seres grotescos que pueblan la cueva de la que serán rescatados.
Incluso habrá quien no se resista a decir que los franciscanos que salen en la primera parte, son calcados de la banda de gamberros de "La naranja mecánica", claro, aquí hay un problema, Kubrick rodó su película un año después, en todo caso el parecido sería a la inversa.


La historia de la peli, no es lineal, es como una mezcla de relatos, en los que pasamos de una aplicación de la justicia al estilo de Leone, a una serie de desafíos tipo peli de Kung-fu, para acabar en una delirante historia en la que se mezcla la liberación de unos seres marginados y recluídos que les conducirá a una muerte segura, junto a una crítica a la (a las, diría yo) iglesia y un último ajuste de cuentas.


Todo ello aderezado con una panoplia de historias paralelas, pequeñas historias que le sirven al autor para hacer una especie de psicoterapia.
La verdad es que no se corta un pelo y mezcla la blasfemia con toda suerte de fetichismos, que a mí se me llegan a hacer un tanto pedantes, aunque eso es visto ahora, me imagino que en 1970, año del estreno, aquello fue una bofetada para muchos, piedra de escándalo y, sobre todo, sorpresa.


No es extraño que para aquella generación que protestaba por la Guerra de Vietnam, se convirtiera rápidamente en una película de culto y más cuando recibió el espaldarazo del gurú por excelencia del movimiento del LSD y el amor libre: Lennon la calificó de obra maestra e hizo que su manager comprara los derechos.


La película está llena de simbolismos de todo tipo, ya que, como queda apuntado, mezcla temas como el Antiguo Testamento, la filosofía Zen, el sexo...
El propio título de la obra es un símbolo, aunque Jodorowsky, llegó a decir que él se había enterado de lo que significaba lo del topo, cuando leyó las interpretaciones de la crítica.


Alejandro Jodorowsky, es director, guionista, autor de la música, diseñador de vestuario, protagonista y, para acabar de redondearlo, dirige a su propio hijo, Brontis Jodorowsky.


La película tiene un montón de escenas y planos "diferentes", por calificarlos de algún modo y unas cuantas perlas repartidas por el guión que comienzan nada más empezar el film, cuando El Topo, cabalga con su hijo (como dios le trajo al mundo) a la grupa, le baja del caballo, le da un osito y un retrato y le dice algo así como: "Hoy cumples 7 años, ya eres mayor, entierra tu primer juguete y el retrato de tu madre" De ahí en adelante, los símbolos se suceden sin solución de continuidad y, en algún momento, dando la impresión de "aquí meto yo esto, porque lo tengo en mi cabeza y necesito ponerlo".


Una peli irreverente donde las haya, con muchos toques gore y que, como dicen algunos, es mejor ver sin pretender catalogarla, ni sacar una consecuencia determinada.




jueves, 18 de noviembre de 2010

1280 ALMAS

Una novela que nos engancha en su primera mitad y que va decayendo, hasta llegar a un final bastante decepcionante.
Para algunos, ese final es el que es porque así lo quiso el autor y porque desea que cada cual se imagine por donde seguirá el devenir de las cosas, o porque quiere dar a entender que todo seguirá igual.
Yo no lo sé, pero a mí me da la impresión de que Jim Thompson, se cansó de escribir, o dejó de interesarse por la novela que estaba escribiendo y la acabó de cualquier manera.
Pero "1280 almas", es algo más que una novela negra, es un retrato de un tipo de sociedad, en este caso la de la norteámerica llamada profunda, de la primera mitad del siglo pasado, pero que puede ser trasplantada a cualquier otro lugar, de hecho "Coup de Torchon", la adaptación cinematográfica que Bertrand Tavernier llevó al cine en 1981, está ambientada en una colonia francesa.
La novela está salpicada de frases y reflexiones que podrían incluírse en un libro de citas y que son reflejo de aquella, de esta y de muchas otras sociedades humanas a lo largo del tiempo.
Párrafos como "Niñas indefensas que gritaban cuando sus propios padres se metían en la cama con ellas. Hombres que maltrataban a sus mujeres, mujeres que suplicaban piedad. Niños que se meaban en la cama de miedo y angustia, y madres que los castigaban dándoles a comer pimienta roja. Caras ojerosas, pálidas a causa de los parásitos intestinales, manchadas a causa del escorbuto. El hambre, la insatisfacción continua, las deudas que traen siempre los plazos. El cómo-comeremos, el cómo-dormiremos, el cómo-nos-taparemos-el-roñoso-culo. El tipo de ideas que persiguen y acosan cuando no se tiene más que eso y cuando se está mucho mejor muerto, porque es el vacío el que piensa, y uno se encuentra ya muerto interiormente; y lo único que se hace es propagar el hedor y el hastío, las lágrimas, los gemidos, la tortura, el hambre, la vergüenza de la propia mortalidad. El propio vacio.", que definen mejor que nada esa sociedad que hemos visto algunas veces en las pelis sobre la Gran Depresión, pero que aquí, entre nosotros, estaba también presente.
El protagonista, Nick Corey, es comisario de la pequeña ciudad de Pottsville y se nos presenta como un verdadero lerdo, aunque en realidad es un listo que se hace pasar por tonto como retrata una de sus frases: "Bueno, en eso consiste mi deber. En no hacer nada. Por eso me votan los electores." Su inteligencia es un verdadero peligro para los que están cerca de él, pues sus reacciones resultan impredecibles y siempre van encaminadas a sacar algún beneficio para sí mismo, sin importarle en absoluto las consecuencias para quienes se vean atrapados en sus planes.
Nick es un tipo que nos acaba cayendo bien, a pesar de ser un desalmado y un auténtico canalla. Dentro de poco se celebrarán elecciones para comisario y tiene un rival de cuidado un tipo íntegro, Sam Gaddys. Thompson nos da, con ese pretexto, una verdadera lección de lo que es una campaña electoral: Infundios, promesas, trabajo sucio, todo para que salga elegido ese tipo sinvergüenza, que se dedica a llevarse todo lo que puede, a proteger al fuerte y machacar al débil, pero que nos cae bien y que, incomprensiblemente, renueva en el cargo una y otra vez ¿Les suena? Pues eso, en política está todo inventado desde hace mucho.
Jim Thompson ingresó en el Partido Comunista en Oklahoma en 1936 (más que nada porque con los comunistas de allí tenía temas interesantes de conversación), lo que le llevó a los previsibles problemas en la época de la caza de brujas. Escribió, bebió y fornicó a destajo (su mujer le obligó a hacerse una vasectomía), hasta que arruinó su salud y acabó en la miseria, incapaz de escribir una línea. Fue co-guionista de un par de películas de Kubrick (Atraco perfecto y Senderos de gloria). Algunas de sus novelas también se convirtieron en películas, como La Huida, dirigida por Sam Peckinpah y Los Timadores de Stephen Frears. Víctima de una infancia desgraciada, con un padre también alcohólico que se suicidó tragándose la borra de su propio colchón cuando estaba en la cárcel, Jim Thompson conocía muy bien el paisaje (y no me refiero sólo al geográfico) del que nos habla en su novela.
Como curiosidad comentar que la edición francesa se tituló "1275 âmes" y aunque he leído varias explicaciones sobre la desaparición de esas 5 almas, ninguna es concluyente. La obra original se llama "Pop. 1280" (Pop. de population, habitantes).
Una novela, donde lo más interesante es su protagonista, con una frase que repite como muletilla con variantes diversas y que no me resisto a reproducir para finalizar: “No me atrevería a decir que te equivocas, aunque tampoco podría darte la razón”.