martes, 8 de abril de 2014

LA ISLA MISTERIOSA

Esta novela tiene para mí el encanto de lo posible y lo soñado, es como si Verne creara un mundo ideal de la nada. De la mano del ingeniero Ciro Smith, los cinco náufragos (así se les puede llamar aunque hayan llegado en globo) de la isla Lincoln, van creando con sus manos, su inteligencia y sus habilidades, el lugar ideal para vivir, alejado de los egoísmos de la sociedad consumista. El autor pone en el pensamiento de los protagonistas la idea de lo difícil que les va a ser abandonar la isla, si la ocasión se presenta, pues han conseguido hacer de ella un hogar confortable y hospitalario.
No faltan las aventuras y los peligros, sobre todo cuando los sanguinarios piratas arriban allí, pero en esta ocasión, como en otras en las que se han visto apurados, una mano amiga y misteriosa, les salvará en el último momento.
Verne introduce en las páginas del libro, referencias a otras dos obras suyas: "Los hijos del Capitán Grant" y "20.000 leguas de viaje submarino", sobre todo de esta última. El lector que se quedara con la intriga de saber qué fue del capitán Nemo, hallará aquí la narración del final de este hombre y, además, conocerá la cara amable de aquel ser desquiciado y algo maligno.
Magnífica novela de aventuras en la que la solidaridad y la camaradería son puestas por encima de cualquier otra virtud humana y reconocidas como el mejor remedio para vencer las contrariedades de la vida.




lunes, 7 de abril de 2014

MASTER AND COMMANDER (The Far Side of the World)

1805, Napoleón domina Europa y solamente los ingleses con su potente flota, son capaces de plantarle cara, los océanos se han convertido en un campo de batalla más. La fragata inglesa HMS Surprise, comandada por el capitán Jack “El Afortunado” Aubrey (Russell Crowe), es uno de tantos barcos ingleses metidos en guerra con los franceses. Recibe la orden del Almirantazgo de perseguir y apresar o hundir al Acheron, un navío galo con mucha mayor potencia de fuego que navega hacia el Pacífico tratando de llevar hasta allí el conflicto. Aubrey emprenderá una búsqueda y caza que, con el tiempo, acabará considerando como algo personal, un duelo con el capitán francés, un enemigo al que no ha visto, pero al que respeta y admira por su astucia y audacia.
Como parte de la tripulación está, entre otros, el médico irlandés Stephen Maturin (Paul Bettany), amigo de Aubrey, naturalista aficionado, una persona muy ducha en su oficio, al que la tripulación admira, respeta y en el que confían por el arte y la pericia a la hora de atender a los heridos.


El guión se basa en la saga de libros de aventuras marineras escritos por Patrick O’Brian, una serie de 20 libros en los que basándose en la vida del capitán inglés Thomas Cochrane, Patrick O’Brian fue capaz de crear una de las más apasionantes sagas de novelas marítimas, combinando las batallas en alta mar, enredos amorosos, clases de botánica y zoología, y conciertos de violín,. La pretensión de la película era la de mostrar una amistad ya forjada entre el capitán y el médico, y no el inicio de la misma. Fue por ello que se eligió para su adaptación la décima novela de la serie, "La costa más lejana del mundo", y no la primera, "Capitán de mar y guerra", donde los protagonistas se conocen en Mahón. Aunque para hablar con más propiedad debería insistir en que esa novela es la base, pues escenas de otros libros de la serie aparecen en el film. Queriendo dar un tono tan claustrofóbico y de microcosmos, no cabe duda de que "La costa más lejana del mundo" encajaba a la perfección en el proyecto.


Peter Weir nos trae una gran película en la que demuestra su perfecto conocimiento del arte cinematográfico, máxime si tenemos en cuenta lo difícil que es rodar una película de época en alta mar. Con un trabajo de documentación espléndido en el que cada detalle ha sido estudiado al milímetro, los planos del océano son prodigiosos, siendo contadísimas las escenas en que se usan procedimientos digitales y cuando lo hace, se utilizan con corrección. Además, la música se une en armonía con el océano, y es un acompañamiento perfecto mientras la Surprise iza sus velas y surca los mares. Es muy acertado el apartado sonoro, pues a las piezas escritas para la B.S.O. del film, acompañan clásicos de la altura de Bach o Mozart, con lo que se consigue un ambiente muy adecuado.


Las caracterizaciones e interpretaciones son muy buenas, con un Russell Crowe que parece estar en su ambiente y Bettany ofreciendo el contrapunto perfecto para esa relación tan particular entre ambos que se convierte en uno de los ejes del film. Caracteres tan diferentes unidos por su afición a la música. Pero es que el resto del casting está bien elegido, desde el marinero desdentado, hasta el último jovencito guardiamarina, lo que unido a la conseguida ambientación, traslada al espectador con credibilidad y realismo lo que debía ser la vida en un buque de guerra hallá a principios del XIX.


Aunque la acción no es lo más importante del film, las dos batallas que aparecen en la película están rodadas con oficio y sobriedad, y consiguen impresionar al espectador, mostrándonos a un grupo de personas con un fin común, obligados a luchar por las circunstancias, y que comparten orgullo, honor, valentía y compañerismo.
Los lectores y fans de las novelas, se encontrarán con numerosos guiños a cosas que se explican en títulos distintos al que sirve de soporte a este film y que quizá pasen desapercibidos al resto de los espectadores: La ya citada afición a la música clásica; la carta que Jack escribe a su querida Sophie; la conversación, en portugués, que Stephen mantiene con un comerciante en las costas brasileñas; la anécdota de Nelson y la sal; aparte de, por supuesto, otros personajes como Tom Pullings (James D'Arcy) o Mowett (Edward Woodall).
También muy interesante es la relación de Aubrey con sus guardiamarinas, niños y adolescentes enrolados en la armada inglesa. El capitán los ve como a sus discípulos, considerando a algunos como a auténticos hijos. Cuando uno de ellos resulta herido en combate, Aubrey siente su responsabilidad y se cree en la obligación de reparar en todo lo posible los daños ocasionados. Sin resultar escabrosa, es interesantísima la secuencia en la que Maturin se ve obligado a amputar el brazo a Blakeney (Max Pirkis), el niño rubito que se adueña de nuestros corazones.


Cuando la vi por primera vez tenía el pálpito de que esta película, con el tiempo, se convertiría en algo perdurable en nuestra memoria, hoy, una vez transcurrido ese tiempo, creo poder decir sin equivocarme que "Master and comannder", se ha convertido ya en un clásico.
Como queda dicho, siguiendo la estela de los libros de Patrick O'Brian, los personajes de Russell Crowe y Paul Bettany eran especialmente melómanos, y practicaban siempre que podían. En la película no se privaron de deleitar al espectador con piezas de Mozart, Bach, Corelli y "La musica notturna delle strade di Madrid" de Boccherini, que suena al final de la película, una de mis escenas favoritas que no puedo sustraerme a dejar como cierre.





sábado, 5 de abril de 2014

ESPARTANOS

Es proverbial la dureza del entrenamiento al que eran sometidos los futuros soldados de Esparta, hasta el punto de haber tomado sentido propio cuando nos referimos a algo con el adjetivo de "espartano".
Hay una anécdota recogida por Herodoto, que refleja hasta qué punto, aquel pueblo estaba imbuido de los valores de austeridad y desprecio por la vida en pro de la patria.
A pesar de lo que nos cuente el cine, en la batalla de las Termópilas no murieron los 300 que acompañaban a Leónidas, que se sepa, hubo, al menos, dos supervivientes y conocemos hasta sus nombres: Pantites y Aristodemo.
A Pantites le había enviado Leónidas a Tesalia como embajador, probablemente para conseguir refuerzos. Cuando regresó a las Termópilas, la batalla había concluido con el resultado que conocemos, y el se volvió tranquilamente a Esparta, donde sus compatriotas pusieron en tela de juicio su historia, suponiendo que había retrasado intencionadamente su regreso, por lo que fue sometido a una especie de ostracismo con el que castigaban a los cobardes. Pantites, acabó suicidándose incapaz de soportar la deshonra de que era acusado.
En cuanto a Aristodemo, tuvo la mala suerte de que otro compañero de desdichas, un tal Eurito, aquejado como él de una enfermedad ocular que les había dejado casi ciegos, estando dispensado del combate, cuando el choque dio comienzo, pidió a su esclavo ilota que le condujera al campo de batalla, donde murió arrollado por los persas.
Así que el pobre Aristodemo, cuando regreso vivo a Esparta, se encontró con que el estricto código militar de sus paisanos le condenaba a la deshonra por volver con vida, ya saben lo que decía aquella célebre máxima: Vuelve con tu escudo en la victoria, o sobre él en la muerte. Tanta fue la humillación, que un año después, cuando los espartanos plantaron cara al ejército persa en Platea, Aristodemo iba de los primeros y se lanzó con furia ciega a lo más denso de las filas persas, muriendo en combate.
Pero la desgracia persiguió a Aristodemo más allá de muerte, pues este proceder, no fue valorado por sus compañeros, por haber abandonado la formación sin autorización, por lo tanto, desobedeciendo, pues lo que hizo fue un suicidio enfrentándose él solo contra todo el contingente persa. En esta batalla ganada por los griegos y que fue prácticamente definitiva en la derrota del Imperio Persa, en este, su segundo intento de conquistar Grecia, nos cuenta Herodoto en su libro noveno de Historia, que los combatientes espartanos fueron los mejores de entre los griegos. Y con mucho, en opinión de Herodoto, el mejor de todos había sido Aristodemo. Sin embargo, los espartanos no lo consideraron así, cuando se abrió la discusión sobre cuál había sido el más bravo, los espartanos presentes reconocieron que Aristodemo, que quería morir por la imputación que le perseguía, había ejecutado grandes proezas, pero había otro soldado llamado Posidonio, que no quería morir, y que se había mostrado valiente, por lo cual, éste último era el mejor.
El caso es que el desgraciado Aristodemo, en buena parte por culpa de aquella imputación de cobardía anterior, fue el único de los muertos que no recibió honores. Claro que, supongo que a él le daba igual, ya estaba muerto.
 
 
 

viernes, 4 de abril de 2014

LA JOVEN DE LA PERLA

La joven Griet (Scarlett Johansson), entra a formar parte del servicio del afamado pintor Johannes Vermeer (Colin Firth), para ayudar económicamente a su familia después del accidente que dejó ciego a su padre, de cuyos ingresos dependían.
Allí, unos niños malcriados campan por sus respetos bajo la mirada indiferente de Catharina (Essie Davis), la mujer del pintor que se siente frustrada ante su incapacidad para comprender a su esposo; la madre de esta, Maria Thins (Judy Parfitt), una mujer inteligente y manipuladora que ha tenido que asumir los roles de los que su yerno y su propia hija, reniegan por egoísmo y orgullo; y una especie de ama de llaves, Tanneke (Joanna Scanlan), leal a las dos mujeres que regentan la casa, que percibe a Griet como una amenaza, no por su belleza o juventud, sino por su inteligencia.
Una de las hijas del pintor, Cornelia (Alakina Mann), es especialmente cruel y malvada con Griet, que además ha de enfrentarse a las maledicencias y turbias maquinaciones de Pieter Van Ruijven (Tom Wilkinson), mecenas del pintor, de comportamiento lujurioso, que trata de de obtener ventaja de su posición para poner en práctica sus más inconfesables deseos.


Aunque la película se ambienta en una determinada época, en una ciudad concreta (la holandesa Delft) y alrededor de una figura conocida (el pintor Johannes Vermeer), la historia es pura ficción basada en el libro del mismo título de la norteamericana Tracy Chevalier, libro que, por cierto, respeta bastante fielmente el guión, en el que Chevalier no quiso participar, aunque se ha mostrado satisfecha con el resultado.
La identidad de la modelo del cuadro, protagonista real de la historia, siempre ha sido un misterio y, calidad artística aparte (innegable), esta incógnita siempre ha dado un valor añadido a la obra, algo similar a lo que ocurre con La Gioconda. Expertos y simples admiradores del cuadro, han especulado sobre quién puede ser, atribuyendo identidades varias a esta mujer a cuyo interior parece penetrar el artista a través de su mirada y que parece dialogar con nosotros con esa boca ligeramente entreabierta (un gesto que se consideraba algo obsceno en la época), sin que seamos capaces de definir exactamente la expresión de ese rostro sobre fondo neutro y ojos ligeramente saltones.


Pienso que quien vea la película se perderá muchos detalles de la historia que nos están contando, que la prosa de Tracy Chevalier detalla de maravilla en su novela y que en las imágenes queda muy bien retratado cuando sabes de qué va aquello. Cosas como lo que significa el orden escrupuloso del estudio del pintor frente al desordenado mundo de su familia; la confrontación entre católicos y calvinistas, expresada en escenas como la de Griet negándose a quitarse la cofia; o la escena del principio en la que vemos a Griet cortando con delicadeza las verduras en rodajas del mismo tamaño y colocándolas por colores y texturas en el plato, detalle que tiene mucha importancia en su relación con el pintor, que percibe en detalles como ese la sensiblidad de la muchacha y muchas otras cosas, que cobran especial relevancia y que al espectador poco avisado, o que no conozca con cierto detalle el ambiente de la época en Holanda, o no haya leído el libro, seguramente se le escaparán.

Magníficamente ambientada, compuesta a base de planos que son verdaderos cuadros, como esa especie de bodegones que son las escenas en el mercado de Delft, o cuando están preparando el banquete del bautizo; la fotografía del portugués Eduardo Sierra es simplemente deslumbrante y ayuda a darle ese toque pictórico. El realizador, Peter Webber, ha logrado recrear en la pantalla el universo del pintor holandés, su mundo de interiores sigilosos y de luces matizadas, así como la animación de las calles de Delf y de sus canales.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención, es la delicadeza con la que está tratada la relación del pintor y su modelo, la sensualidad latente, para la que no le hace falta recurrir a un sólo centímetro de piel de más. Esta pasión contenida, explota a través de escenas concretas: Cuando el pintor perfora la oreja de Griet para ponerle el pendiente; cuando ésta se deshace de la cofia y su melena brota como una llamarada de pasión; o cuando Griet se humedece los labios repetidamente y deja su boca entreabierta a requerimiento del maestro. Sensualidad de alto voltaje, sin recurrir a nada explicito.


La película es un espectáculo de luz y color, todas y cada una de las escenas están compuestas como si de cuadros vivos se tratara, con escasos diálogos, lo que da aún mayor relevancia a la imagen.
Las relaciones entre los personajes, tratan de explicar la tela de araña en la que están atrapados, todos ellos, de un modo u otro, son manipulados por el lujurioso Van Ruijven que les hace bailar a su son, el son del dinero del que viven.
Una delicia para los sentidos, acompañada de una bellísima banda sonora, una estupenda muestra de la delicadeza y buen gusto del francés Alexandre Desplat.
La historia que se nos narra no es nada extraordinario, pero la película está llena de matices y sensibilidad y son precisamente esos pequeños detalles los que terminan atrayendo al espectador y nos hacen cómplices de la protagonista y sus circunstancias.




jueves, 3 de abril de 2014

FUGA DE EMPRENDEDORES

Aunque hasta el momento, no hay estadísticas oficiales, al parecer crece el número de emprendedores que se plantea la posibilidad de montar sus empresas fuera de España. Reitero y remarco lo de emprendedores en su genuino sentido, no se trata de autónomos o de gente que monta un negocio de los llamados tradicionales.
Y es que este matiz tiene su importancia porque en principio, y a diferencia de lo que ocurre con los profesionales y autónomos, el emprendedor que se marcha no lo hace tanto por necesidad como por oportunidad. No busca un futuro que aquí se le niega, sino que entiende que está en un mercado global y que cuanto más cerca esté de todos sus clientes y sus stakeholders más fácil lo tendrá para detectar nuevos campos y para crecer.
¿Entonces, por qué se van? Las causas son varias y no voy a entrar a hacer un análisis exhaustivo, entre otras razones, porque hay cosas que se me escapan, no soy economista y no domino mucho el asunto, pero entre esas varias causas, hay una que me ha llamado la atención y de la que sí quiero dejar constancia porque me parece un tanto vergonzosa. Que a estas alturas, según está el panorama económico, cuando desde el príncipe Felipe hasta el último especialista de cualquier tertulia medianamente seria, animan a la gente a romper barreras y a emprender para tratar de buscar salidas en medio de este desastre económico y social en el que estamos, el Doing Business 2013 (un medidor de normas que regulan la actividad empresarial), sitúe a España al nivel de Uganda en complejidad burocrática, es para sonrojarse. En la media general de los indicadores, nuestro país, se sitúa en el puesto número 38 de los 182 países analizados; sin embargo, en el barómetro específico de abrir un negocio está en el número 136, ¡dos puestos más abajo que en 2012 y casi en la cola!




miércoles, 2 de abril de 2014

EL ÚLTIMO SAMURAI

El capitán Nathan Algren (Tom Cruise), tenido por un héroe de las guerras contra los indios, recorre el territorio de los EE.UU. contratado por la Winchester Repeating Arms Company, como reclamo para vender rifles. Algren se pasa el día bebiendo para olvidar, los fantasmas del pasado le persiguen y no puede quitarse de la cabeza la matanza de mujeres, niños y ancianos en la que participó.
A través de su antiguo superior, el coronel Bagley (Tony Goldwyn), el gobierno japonés le ofrece trabajo como asesor militar para que entrene a las tropas niponas en el manejo de las armas de fuego, pues el emperador está decidido a occidentalizar el país, pero antes ha de vencer la oposición de algunos sectores al abandono de la seculares tradiciones japonesas. Entre estos grupos está el de los samurais, capitaneados por Katsumoto (Ken Watanabe) que, entre otras cosas, no quieren adoptar los nuevos métodos de lucha y se aferran a sus milenarias costumbres en el arte de la guerra.
Tras el primer enfrentamiento con los samurais, el capitán Algren es capturado y convive todo el invierno en la aldea de Katsumoto, hospedado en la casa de su cuñada, Taka (Koyuki). Su visión sobre estos peculiares guerreros y su filosofía de vida, cambiará radicalmente.


El cine de Hollywood siempre ha sentido atracción por las exóticas culturas del oriente lejano. En este caso, el guión es ficción con base histórica. Los realizadores del “Ultimo Samurai” se inspiraron en hechos reales ocurridos en Japón, conocidos históricamente como la Rebelión de Satsuma, en contra el gobierno Meiji, liderada por Saigō Takamori y que tuvo lugar del 29 de enero al 24 de septiembre de 1877.


Aunque ya queda dicho que toma como base hechos reales, el guión acomoda los acontecimientos y no sólo toma el camino de la ficción, algo tan legítimo que ni siquiera voy a entrar a valorar, sino que muchas de las cosas que trata, están metidas de manera forzada en el mismo, resultando totalmente increíbles en una historia que pretende tener visos de realidad, aunque los hechos están alterados de manera un tanto maniquea, tomando sólo la parte que interesa. Son esas cosas tan del gusto de cine norteamericano, como que el héroe sobreviva o añadir escenas explicativas al final, que aquí están metidas de manera harto forzada.


La película presenta la confrontación entre los valores morales de justicia, protección al débil, respeto al enemigo y amor por las tradiciones, frente a la introducción de principios occidentales que se presentan como egoístas, mercantiles y con desprecio al hombre, aunque bajo la capa del progreso.
De fondo, una historia de amor, escrita sin palabras, con la turbadora belleza de Koyuki y el atractivo de Cruise como protagonistas.
Estupenda fotografía y una puesta en escena donde sobresalen el vestuario y los magníficos planos de las escenas de guerra, muy bien coreografiadas y en los que Edward Zwick se luce.
Hay dos duelos interpretativos que resultan muy interesantes, el ya mencionado, de Koyuki y Cruise y el de éste con Watanabe. El primero a base de diálogos de miradas y gestos y el segundo por la profundidad de algunos de los pensamientos vertidos en los intercambios de palabras.


Mención aparte merece la banda sonora, el maestro Hans Zimmer, regresa por todo la alto tras varios intentos desalentadores, después de Gladiator .Meclando orquesta, algunos sonidos orientales y sus clásicas percusiones y distorsiones de sintetizador para envolver a los samurais, Zimmer le da a la película el toque épico que necesita.
La película tiene un componente pedagógico, es cierto que contiene escenas violentas, pero trata de transmitirnos principios positivos y valores morales que parecen olvidados en nuestra sociedad actual y, sobre todo, la gran lección representada en el cambio de actitud del emperador que cayó en la creencia que lo referente a la tecnología, ciencia, capitalismo, trae progreso y desarrollo a un país. Esto, es cierto a medias... como lo estamos alcanzando a comprender en carne propia.

                          



martes, 1 de abril de 2014

CAMINO A LA PERDICIÓN

Cuatro años tardó Richard Piers Rayner, el dibujante del cómic, en acabar el trabajo para el que se había puesto de acuerdo con Max Allan Collins, que iba escribiendo la historia y enviándole, esporádicamente, cuando el ilustrador se lo iba pidiendo, bloques de 25 o 30 páginas. Un trabajo, como se ve, lento, sosegado, calmado, algo totalmente inusual en este loco mundo de las prisas en el que vivimos.
"Camino a la perdición" ("Road to perdition"), es una novela negra, una novela gráfica de gansters, en la que se narra el tortuoso camino que Michael O'Sullivan y su hijo mayor, Michael Jr., recorren huyendo de la persecución de los Looney, una familia de mafiosos irlandeses que ha asesinado a la esposa y al hijo menor de O'Sullivan, con el que también pretenden acabar, pues Michael Jr., se coló de rondón en el asiento de atrás del automóvil de su padre cuando este realizó el último trabajo que le encargaron los Looney y presenció los asesinatos de Gabel (un expolicía corrupto que ha decidido desafiar a los Looney haciendo negocios por su cuenta) y sus hombres.
Pero Michael O'Sullivan no es un pistolero cualquiera, apodado El Arcángel de la Muerte, es un tipo inteligente y escurridizo. Su lealtad a los Looney ha concluído desde el momento en que estos ordenaron su muerte y la de su familia, su venganza será terrible... y sangrienta.
La novela sigue los cánones del género, mezclando cosas tomadas de la realidad con elementos de ficción, pero además bebe en las fuentes de las novelas de carretera y del manga y las películas basadas en estos cómics rodadas en los 70, escritas por Kazuo Koike y protagonizadas por Tomisabyuro Wakayana y el precoz Akihiro Tamikawa, con un argumento muy parecido al de esta novela, pues en ellas se narran la aventuras de un samurai traicionado por su shogun. Otra influencia asiática fue el cine de Hong Kong, en particular los "heroicos" derramamientos de sangre del director/guionista John Woo.
Las ilustraciones de Richard Piers Rayner, son el complemento perfecto para la historia, quizá el ilustrador que mejor ha sabido reflejar la época de la gran depresión y los gángsters, un tipo al que Max Allan Collins no había conocido en persona cuando se publicó el libro.
Después de 15 años escrbiendo la tira de Dick Tracy, los editores decidieron rescindir el contrato de Collins, que se encontró en la calle de buenas a primeras, pero él, que es un tipo positivo, dice que si las cosas le hubieran ido mejor en aquellos momentos (pincipios de los 90), nunca habría escrito los guiones de En la línea de fuego, o Air Force One, ni mucho menos esta novela, una de las mejores del género que yo haya leído.