miércoles, 1 de abril de 2026

CAMPO DE THIAROYE

 


Un grupo expedicionario de fusileros senegaleses que había luchado en el ejército francés durante la II Guerra Mundial, regresa a Dakar. Reunidos en el campamento militar de Thiaroye, esperan el pago de los salarios y la indemnización prometida por la administración colonial francesa. Pronto, los soldados se dan cuenta de que son tratados con desprecio, alojados en condiciones degradantes y, sobre todo, privados de lo que les corresponde, ya que las autoridades intentan pagarles una suma irrisoria en comparación con la que reciben los soldados franceses. A pesar de sus demandas pacíficas y legítimas, el diálogo se deteriora. Las tensiones aumentan entre los fusileros y el ejército colonial. La situación se torna trágica cuando las autoridades francesas deciden reprimir violentamente las protestas. Treinta y cinco tirailleurs senegaleses fueron sacrificados y muchos más heridos cuando el ejército francés reprimió a sangre y fuego una revuelta pacifica.


Basada en hechos reales, el senegalés Ousmane Sembène, considerado el padre del cine africano, narra una de las mayores vergüenzas de los últimos años del periodo colonial francés en África. 
Tomados prisioneros después de la derrota de mayo-junio de 1940, los tirailleurs generalmente fueron encarcelados en Francia en Frontstalags, e inicialmente fueron custodiados por los nazis y más tarde, tras la prolongación del conflicto en el frente oriental, por sus propios oficiales franceses, hecho que muchas veces se vivió como una humillación. 


Tras la liberación del territorio metropolitano, los tirailleurs fueron desmovilizados y hubo que organizar su repatriación a África. Un primer barco saldría de Bretaña con un contingente de tirailleurs africanos a bordo. Sin embargo, más de 300 de ellos se negaron a embarcar hasta que recibieron parte de su salario atrasado. Esta negativa marcó la primera movilización de los tirailleurs contra lo que consideraban una injusticia. Las normas estipulaban que una cuarta parte del salario debía pagarse en el momento del embarque y el resto en Dakar en el momento de la desmovilización. Los tirailleurs que aceptaron embarcar, que los diversos informes estiman entre 1.200 y 1.600, llegaron a Dakar el 21 de noviembre, siendo llevados al campamento militar de Thiaroye, donde se suponía que esperarían su desmovilización antes de regresar a sus hogares en África Occidental. Más de 500 de ellos tenían que subir a un tren a Bamako el 27 de noviembre. Sin embargo, los pagos se retrasaron y se negaron a abandonar su campamento hasta que les pagaran, por temor a que nunca recibirían el dinero una vez que se dispersaran en sus pueblos. Al día siguiente, el comandante general de la División Sénégal-Mauritanie, Marcel Dagnan, el oficial de más alto rango presente ese día en Dakar, fue a Thiaroye. En su informe del 5 de diciembre, indicó que estuvo a punto de ser tomado como rehén por los tirailleurs del campamento. No existe en los archivos ningún documento que sustente esta afirmación y que pueda ser entendida como una justificación de la masacre.


Durante décadas, el Ejército francés justificó la matanza en esta excolonia francesa, alegando que fue en respuesta a un "motín". En 2012, el entonces mandatario francés, François Hollande, se refirió a una "sangrienta represión". Pero, finalmente, el 28 de noviembre de 2024, el presidente Emmanuel Macron reconoció en una carta a las autoridades senegalesas que el horrible suceso ocurrido en Thiaroye en 1944 fue, en efecto, una masacre. 
La película no se distribuyó en Francia, a pesar de que había sido preseleccionada para el Festival de Cine de Cannes y había ganado un premio especial en el Festival de Cine de Venecia. 
El film establece una comparación visual directa con los campos de internamiento nazis, precisamente contra lo que habían ido a luchar los senegaleses a Europa y, claramente, ilustra los vínculos intrínsecos del colonialismo con el racismo y el totalitarismo.