Marianne (Lena Endre) es una actriz de teatro casada con Markus (Thomas Hanzon), director de orquesta de gran prestigio y muy solicitado por orquestas de todo el mundo. Se involucra en una aventura con el amigo de la familia, director de cine y teatro, David (Krister Henriksson), lo que lleva a un doloroso divorcio y a una batalla por la custodia de su hija, Isabelle (Michelle Gylemo).
Con guion de Ingmar Bergman, aunque los personajes son ficticios, vuelca en el mismo algunas experiencias personales que devienen en una historia en la que nadie es inocente, se manipula a quien se quiere, los secretos salen a la luz y el resultado es que todos son infieles.
La gran actriz sueca Liv Ullman, se pone en esta ocasión tras la cámara, para acercarnos esta historia compleja, narrada con calma, con una llamativa fotografía, que disecciona los resultados de la infidelidad de la protagonista, una espléndida Lena Endre. Y es que esta no es la historia de un enamoramiento, algo de lo que nadie estamos libres, puede aparecer otra persona en tu vida y encontrarte atrapado en el amor, aunque lo controles y sigas con tu pareja. No, esta, como dice Marianne, es una infidelidad programada que cuando queda al descubierto produce dolor, decepción y angustia a otras personas. Ullman nos hace participes de una amarga reflexión sobre las terribles consecuencias que nuestras decisiones pueden tener entre quienes nos rodean, asuntos que forman parte del universo de Bergman, autor del guion, en que la fragilidad de las relaciones humanas suele estar muy presente.
El film no realiza valoraciones morales, expone situaciones y consecuencias dejando que sea el espectador quien juzgue, si es que lo hace. Asuntos, por otra parte, muy de las sociedades llamadas avanzadas, que parece como si al tener la vida resuelta, nos buscáramos nosotros mismos los problemas.