viernes, 2 de octubre de 2026

HISTORIA DE UN VECINDARIO (MEMORIAS DE UN INQUILINO)

 


En el Japón de la postguerra, un hombre encuentra en la calle a un niño perdido y lo lleva a su casa, pero su compañero de habitación se niega en redondo, ya que no le gustan los niños. El problema es que nadie quiere acogerlo, ni siquiera por una noche. Finalmente, lo deja al cuidado de su vecina, la viuda Tane (Chōko Iida), que tampoco quiere involucrarse y trata al niño con desdén. Al día siguiente, la mujer lleva al niño a su pueblo y averigua que el padre se ha marchado de la ciudad y lo ha abandonando. A medida que transcurren los días nada cambia en la relación entre el pequeño y la viuda, hasta que ésta vislumbra que puede que nunca vuelva a ver al niño y la situación da un completo giro.


La primera película rodada por Yasujirō Ozu tras su regreso de la guerra en la que sirvió como soldado. Tras la capitulación, estuvo recluido durante medio año en un campo de prisioneros de guerra británico cerca de Singapur. 
Con un tratamiento sutil y hábil de la historia, Ozu trata de atenuar el sentimentalismo de la narración en la que un niño perdido, poco a poco ablanda la actitud de una mujer de corazón duro, al tiempo que en algunos de sus planos muestra la profunda huella que la guerra ha dejado en su país.


La película resulta conmovedora, con ese estilo poético, con tintes de comedia y siempre agridulce tan propio del gran maestro japonés. 
El reconocido historiador y teórico del cine, el norteamericano David Bordwell, comentó al hablar de esta película poco conocida que, aunque Ozu hubiera hecho solo está película en toda su vida, tendría que ser reconocido como uno de los grandes directores de todos los tiempos. 
Un film engañosamente simple en su argumento hasta que uno se da cuenta de su singularidad, con un explícito mensaje final, moralizante si se quiere, contra el egoísmo humano y en pro de la solidaridad entre personas.




jueves, 1 de octubre de 2026

HABÍA UN PADRE

 


En una ciudad provinciana, un profesor viudo lleva una vida modesta en compañía de su único hijo. Cuando en un viaje escolar, un alumno se ahoga en un lago, él asume la responsabilidad del accidente y dimite. Decide entonces abandonar la ciudad y trasladarse a su pueblo natal. Durante el viaje, padre e hijo discuten sobre el futuro y entre ellos se establece una relación al mismo tiempo cercana y distante. Un día el padre le anuncia que tiene la intención de mandarlo a estudiar a un internado. Años más tarde, el padre trabaja en Tokio y el hijo es maestro, pasarán unos días juntos que para el hijo serán los más felices de su vida.


Con una narrativa muy simple, la película gira alrededor de uno de los temas recurrentes en el cine de Yasujirō Ozu: La comunicación, a veces complicada, en este caso entre un padre y un hijo.


El film cuenta con una cierta abundancia de tomas estáticas, prácticamente verdaderas postales, con escenas muy expresivas que muestran matices de amor y respeto, no solo del hijo al padre, sino de los alumnos hacia los maestros. De discurrir tranquilo y sutil, todas las características del cine de Ozu, están ya presentes en este film de 1942.