Jacek (Miroslaw Baka), un muchacho de veinte años, asesina a un taxista: el chico intenta estrangularlo y luego lo golpea hasta la muerte con una piedra. Capturado horas después del asesinato, Jacek es enviado a prisión y sometido a juicio por el Estado. El joven e idealista abogado Piotr (Krzysztof Globisz) decide defender al chico en el juicio, pero a pesar de sus esfuerzos no conseguirá librar a su defendido de la última pena.
La cinta de
Krzysztof Kieślowski, es una especie de versión extendida del quinto episodio de la serie Decálogo, emitido por la televisión polaca e inspirado en el quinto mandamiento: No matarás. La película contiene una de las escenas de asesinato más impactantes, detalladas y directas de la historia del cine.
La película de Kieślowski formó parte de un debate nacional sobre la pena de muerte y la representación que de ella hace el realizador polaco, conmovió tanto a las autoridades que, de momento, establecieron una moratoria de cinco años sobre la pena capital.
El director polaco se aparta de los parámetros de este tipo de films, ninguno de los dos muertos despertarán nuestra empatía. El taxista es un tipo desagradable que resulta bastante antipático y el joven asesino se comporta como un psicópata y no solo cuando comete el crimen.
El film constituye una crítica directa, tanto en el plano histórico como en el ideológico, contra la pena de muerte, pero también y con no menos contundencia, contra el asesinato. En ella vemos el sinsentido del primer acto de muerte, una chapuza violenta y casi fallida en su ejecución y, por otro lado, la muerte "legal", aplicada de manera fría y calculada, ejecutada con perfección. Queda al albedrío del espectador si el ajusticiamiento de un reo sirve para algo.



