lunes, 12 de agosto de 2024

EL ORIGEN DEL MAL

 


Nathalie Cordier (Laure Calamy) trabaja en una fábrica de conservas como empaquetadora de pescado; vive de alquiler y en breve será desalojada; como quiera que Stéphane Marson (Suzanne Clément), su pareja lesbiana, está en la cárcel, Nathalie, para mejorar su situación económica, se hace pasar por su amante, con el fin de engañar y estafar a Serge (Jacques Weber), el padre de Stéphane, un hombre maduro en excelente situación económica, del que la madre de  Stéphane fue amante y a cuya familia ella nunca llegó a conocer. Nathalie se dirige a la isla de Porquerolles, en el sureste francés, donde su progenitor la aguarda y traslada a su fastuosa mansión; allí conoce a su esposa Stella (Dominique Blanc), a su hija George (Doria Tillier) y a la empleada doméstica Agnês (Veronique Ruggia).
El juego de intriga, celos, rechazo y sospechas, está servido.


Con un guion algo errático, entre otras cosas, el film contiene una reflexión sobre las difíciles relaciones familiares, sobre todo cuando hay otro tipo de intereses de por medio.


La parte de suspense es cierto que, de algún modo, mantiene el interés del espectador sobre cómo va a acabar aquello, pero tampoco es que logre enganchar especialmente, derivando al final en una película con muchas más pretensiones que resultados.




viernes, 9 de agosto de 2024

SYMPATHY FOR LADY VENGEANCE

 


La bella Geum-ja Lee (Lee Yeong-ae) ha pasado trece años en prisión acusada del secuestro y asesinato de un niño de 6 años. El crimen había conmocionado a la opinión pública tanto por su brutalidad como porque la asesina tenía tan solo 20 años cuando realizó un hecho tan horrible. Una vez cumplida la pena y en libertad, Geum-ja sólo desea vengarse del autor del crimen, para lo que ha trazado un plan con sus compañeras de celda. Geum-ja se debate entre su insaciable sed venganza y la necesidad de reconciliarse con la hija que se vio obligada a abandonar.


Última entrega de la trilogía de la venganza, tras Sympathy for Mr. Vengeance y Oldboy.


Original y llamativa puesta en escena del coreano Park Chan-wook en una historia que repite algunas de las constantes de los dos anteriores films de la serie y que quizá hace desaparecer la capacidad de sorprender al espectador, algo que, yo creo, no ocurre con la estética del film que no deja de ser notable, con encuadres y secuencias realmente sobresalientes.




jueves, 8 de agosto de 2024

SYMPATHY FOR MR. VENGEANCE

 


En Seúl, Ryu (Shin Ha-kyun), un trabajador sordomudo, tiene una hermana que necesita un trasplante de riñón. Intenta donar su propio riñón, pero su tipo de sangre no es compatible con el de ella. Cuando Ryu es despedido de Ilshin Electronics, se encuentra con traficantes ilegales de órganos y los delincuentes le proponen que les de su riñón a cambio de diez millones de wones para obtener un riñón adecuado para su hermana. Ryu acepta el intercambio, pero resulta que todo es una estafa y se queda sin riñón y sin dinero. Cuando aparece un donante adecuado, Ryu se encuentra sin dinero para la cirugía y su novia, Cha Yeong-mi (Bae Doona), una anarquista revolucionaria, lo convence para secuestrar a Yu-sun (Han Bo-bae), la hija de su antiguo empleador, Dong-jin Park (Song Kang-ho), propietario de Ilshin Electronics. Sin embargo, sucede una tragedia que genera venganza y una serie de actos de violencia.


Primera parte de la trilogía de la venganza de Park Chan-wook, que completan Oldboy (2003) y Sympathy For Lady Vengeance (2005).


Original y prometedor planteamiento del surcoreano Park Chan-wook, en el que personas aparentemente comunes y corrientes (salvo la discapacidad de uno de sus protagonistas), se ven empujados a un carrusel de venganzas fruto de la mala suerte, la casualidad o la imprevisión de los intervinientes. 
Es cierto que algunas de las situaciones resultan un tanto rebuscadas, pero no lo es menos que los giros de guion consiguen mantener el interés en un film cuyo ritmo no es uniforme. 
Hay un buen número de escenas y planos realmente logrados, incluso virtuosos, con una colocación de cámara muy llamativa que proporcionan al film un aire que va más allá del cine de acción para adentrarse en caminos que buscan el acompañamiento artístico y plástico a la trama de la historia.




miércoles, 7 de agosto de 2024

EL SILENCIO DEL AGUA

 


Década de 1990, ciudad de Banpo, China rural. El cadáver de una mujer aparece junto al río. Ma Zhe (Yilong Zhu), inspector de policía, dirige la investigación de un asesinato que rápidamente desemboca en una detención. Mientras sus superiores se afanan en comunicar su éxito, varias pistas empujan a Ma Zhe a profundizar en el comportamiento oculto de sus conciudadanos.


El guion adapta un relato del escritor chino Yu Hua, autor también de ¡Vivir!, que fue llevada al cine por Zhang Yimou en 1994. 


Historia policiaca al margen de los cánones que, en realidad, a mi modesto entender, sirve para que su realizador, el chino Wei Shujun, haga su particular retrato de una parte de la sociedad china que se enfrenta a los cambios que ya están llamando a la puerta de la mano de la entrada del país en el círculo de la sociedad de consumo. Es cierto que la manera en que la narración se desenvuelve da para variadas interpretaciones, la mía es que la aparente confusión del relato que, en realidad, no lleva a ninguna parte, es reflejo de la confusión real que vive el país y sus ciudadanos, aún acostumbrados a doblar la cerviz obedientemente. De hecho, lo que el inspector descubre cada vez que sigue una pista, no es la autoría del crimen, sino lo que algunos personajes esconden bajo la aparente rutina de sus vidas. 
Plagada de secuencias metafóricas, algunas difíciles de interpretar, incluso susceptibles de interpretaciones variadas y de algunos tramos en que realidad y ensoñación se mezclan, la película no carece de atractivo visual y contiene dentro de sí un cierto homenaje al propio cine, no en vano, la comisaría de policía es trasladada al viejo cinema que acaba de cerrar sus puertas por falta de rentabilidad (sí, en China también cerraron los cines) y el despacho del protagonista se instala nada menos que en la antigua sala de proyecciones.




martes, 6 de agosto de 2024

LA MARCHA DE LA LOCURA

 

El libro analiza en detalle cuatro acontecimientos diferentes separados en el tiempo, en los que, según Barbara W. Tuchman, un liderazgo nada inteligente, por decirlo de manera suave, produjo un desastre: La aceptación troyana del caballo de Troya; la negativa a la reforma eclesiástica, origen del protestantismo, por parte del papado a principios del siglo XVI; la política inglesa durante la Revolución americana y la conducta de Estados Unidos en Vietnam. Estos cuatro ejemplos están envueltos en un tratamiento teórico más general sobre el papel de la locura en la historia. Locura que la escritora define como “la aplicación de políticas [por parte de gobernantes y líderes] contrarias a los propios intereses del gobierno, a pesar de la disponibilidad y el conocimiento de alternativas factibles”. 
Los relatos de la Guerra de Troya, que se mueven entre la leyenda y la realidad, cuentan que se alzaron voces de personas respetables en contra de permitir que el caballo de madera de los griegos entrara dentro de los muros de Troya; sin embargo, se tomó la decisión de permitir la entrada del caballo, sin ni siquiera comprobar si había algo o alguien dentro, lo que provocó la pérdida de la ciudad. 
El primer caso que podríamos calificar como realmente histórico del libro, fue la división del cristianismo occidental bajo los papas del Renacimiento. Tras extendidas advertencias sobre el peligro de un cisma en el norte de Europa si las políticas de la corte papal y el comportamiento de los papas no cambiaba, estas advertencias no fueron atendidas. Como resultado de esta locura, la mitad de la Iglesia occidental rompió con Roma. 
El siguiente caso fue la pérdida de las colonias americanas por parte del rey Jorge III. Es evidente que la Revolución Americana podría haberse evitado si el rey hubiera seguido el consejo de los moderados de su gobierno, que estaban bien informados sobre las condiciones y los sentimientos en las colonias. Sus consejos fueron ignorados. 
El último caso que plantea fue la inútil guerra de Estados Unidos en Vietnam. Los presidentes Kennedy y Johnson disponían de una gran cantidad de información que demostraba la inviabilidad de la guerra y la más que improbable victoria, pero fue el consejo de los llamados halcones o el miedo a perder la reputación, lo que impulsó la guerra una y otra vez. 
Uno se pregunta cómo describiría Barbara Tuchman algunos de los conflictos de nuestros días: Los casi cien años de violencia intermitente y represalias entre Israel y los palestinos o la guerra entre Ucrania y Rusia.  ¿Son estos ejemplos de gobiernos que aplican políticas sensatas o contrarias a sus propios intereses a largo plazo, a pesar de la disponibilidad de alternativas? 
Aprender por experiencia es una facultad que casi nunca se practica. "Si los hombres pudieran aprender de la historia, ¡qué lecciones nos enseñaría!" dijo, en un lamento, Samuel Coleridge. "Pero la pasión y el partidismo nos ciega, y la luz que la experiencia nos da es una linterna en la popa que sólo brilla ante las olas que vamos dejando". La imagen es bella, pero el mensaje resulta engañoso, pues la luz de las olas que hemos pasado debiera capacitarnos a inferir la naturaleza de las olas que nos esperan.
Las conclusiones de Tuchman no son ni pesimistas, ni optimistas, a la luz de los hechos históricos, constata que nada hay más repugnante para un dirigente que admitir sus propios errores, algo que son incapaces de hacer, aunque confía en que, tal vez, florezcan hombres mejores en tiempos mejores, y un gobierno más sabio requiera el alimento de una sociedad dinámica y no de una sociedad desconcertada. Si John Adams tuvo razón y el gobierno es "poco mejor practicado hoy que hace tres mil o cuatro mil años", no podemos esperar, razonablemente, muchas mejoras. Tan sólo podremos seguir debatiéndonos como lo hemos hecho a lo largo de la historia, avanzando gracias a periodos brillantes y decadencia, de mayor esfuerzo y sombra.



lunes, 5 de agosto de 2024

LA VIDA SECRETA DE WALTER MITTY

 


Walter (Danny Kaye) vive con su madre, Eunice (Fay Bainter), que controla su vida absolutamente: Qué viste, con quién sale, qué come, cuándo se acuesta, cómo conduce, etc. El hombre ni siquiera puede respirar sin que su madre tenga una opinión al respecto. Y por si fuera poco, todos los días Eunice le da una larga lista de la compra. El pobre Walter vive atrapado entre su autoritaria madre y Gertrude (Ann Rutherford), su irritante prometida con su igualmente molesto perro, "Queenie". Trabaja como corrector de pruebas en Pierce Publishing Company en la ciudad de Nueva York y lee revistas de ficción pulp como parte de su trabajo. Sus amigos y su novia se ríen de él y su jefe se apropia de sus ideas. Propenso a soñar despierto, Walter se imagina como un héroe de esas revistas, soñando historias en las que aparece un linda damisela rubia, interpretada en cada ocasión por Virginia Mayo. Un día en que va en el tren a trabajar, una mujer que se parece mucho a la de sus sueños, se sienta a su lado, haciéndose pasar por su novia, para escapar de un hombre que la persigue. A partir de ese encuentro, una serie de aventuras y peligros acecharán la, hasta entonces, tranquila y anodina vida de Walter.


La película adapta un relato breve del norteamericano James Thurber, aunque hay que señalar que el autor de la obra literaria manifestó que odiaba la película y que el personaje de Danny Kaye no se parecía en nada a lo que él pretendía con el protagonista de su novela. 


Película muy desigual que, en algunos momentos, resulta divertida, sobre todo cuando a asistimos a los episodios de ensoñación del protagonista o con los padecimientos de Walter en casa con su madre o en su trabajo, pero que decae bastante con la trama de persecución a que se ve sometido Walter por una organización que pretende hacerse con el cuaderno de notas donde se indican los lugares en que están escondidas unas joyas y que ha caído en manos de Mitty sin que este, al principio, lo sepa. Parte de la culpa de que el film vaya perdiendo interés la tiene, a mi juicio, que la película se alarga más de la cuenta. 
Por cierto, no creo que exista un film en que aparezca mayor variedad de sombreros de señora que en este, apuesto a que desfilan por pantalla más de cien de estos complementos. 
En 2013 se estrenó una nueva versión de la historia, protagonizada y dirigida por Ben Stiller.




viernes, 2 de agosto de 2024

AFTER LIFE

 


A mitad de camino entre el Cielo y la Tierra, los que acaban de morir son recibidos por unos guías que les ayudan a examinar sus recuerdos con el fin de rememorar un momento decisivo de sus vidas. Cada uno de los muertos debe escoger un único recuerdo para que sea plasmado en una película y poder llevarlo con ellos cuando vayan al Cielo. Pasado este trámite, partirán a la eternidad con un solo recuerdo en su memoria.


Aunque hemos hablado de cielo, lo cierto es que la información que reciben cuando llegan al lugar es que no hay cielo, al menos tal como lo entendemos en nuestra cultura, tampoco infierno, ni juicio, sino un lugar indeterminado donde pasarán la eternidad.


A pesar del toque fantástico, la película se mueve en un cierto realismo alrededor del mundo de la memoria y los recuerdos, conformando cada una de las historias individuales una especie de breve documental que será llevado al celuloide en lo que constituye también un pequeño homenaje al cine, desde su concepción (al fin y al cabo qué es el cine sino la plasmación en imágenes de los sueños de un autor que ha imaginado en su cabeza una historia), hasta su realización, pues nos muestran trucos y decorados con los que tratarán de reproducir el recuerdo que cada cual quiere llevarse consigo. 
La película tiene algo de cine experimental sobre esta idea que, en cierto modo, deriva del viejo género narrativo japonés de los «kwaidan» o cuentos sobre fantasmas. La eficacia de su belleza narrativa hace que contemplemos con agrado lo que estamos viendo y, si tienen ocasión de verla, díganme si son capaces de sustraerse a indagar en su memoria para llevar a cabo el ejercicio de elegir un solo recuerdo de su vida que se llevarían al más allá.