miércoles, 31 de agosto de 2016

BAILANDO CON LOBOS

Durante la Guerra de Secesión estadounidense, el teniente John Dunbar (Kevin Costner), resulta gravemente herido y está a punto de perder un pie. Recuperado de sus heridas, se le concede la oportunidad de escoger a donde desea ser enviado para servir, curiosamente escoge la frontera, tierra conocida por su salvajismo y estar habitada por algunas tribus indigenas.
El teniente tiene como misión llevar provisiones al puesto fronterizo de Fort Sedgewick pero al llegar se encuentra con que ha sido abandonado por su guarnición. Cumpliendo con las ordenes que recibió se queda por algún tiempo y luego, más por placer que por responsabilidad, lo convierte en su hogar.
Dunbar quedará aislado y olvidado en el fuerte, circunstancias que propiciarán su acercamiento hacia una tribu de nativos, a la naturaleza y a su propio ser.
Como es de prever, su curioso acercamiento inicial hacia sus "vecinos" acaba por derivar en simpatía y empatía por parte de los dos bandos y desemboca en un acercamiento entre ambas culturas.
Nuestro protagonista aprenderá a enfocar todo su mundo bajo un prisma totalmente distinto, donde una serie de nuevos valores florecerá en él.
Por supuesto, el amor en sus más diversas variantes y la aceptación entre diferentes, guiarán esta historia que depara un ritmo intenso y que consigue resultar relativamente fresca a pesar de cimentarse en torno a ideas ya vistas en multitud de ocasiones.


Basado en la novela del mismo título de Michael Blake, el propio autor lo es del guión.
La fotografía de Dean Semler se beneficia de los espléndidos paisajes naturales, componiendo estampas de gran belleza, mientras, por su parte, John Barry nos ofrece una de sus mejores bandas sonoras.


No fue sencillo llevar la novela de Blake a la pantalla, las productoras eran renuentes a poner su dinero para un western, un género bastante olvidado en aquellos momentos y al que se daba casi por fenecido. Así pues, Costner hubo de poner bastante dinero de su propio bolsillo, algo que a la larga le proporcionó suculentos beneficios.
Es de alabar el tremendo trabajo que se tomaron para dar más realismo al film, entre otras cosas, obligando a los actores a que se aprendieran sus diálogos en la lengua lakota que hablaban los nativos.


La belleza de los paisajes, la naturaleza casi idílica que se nos presenta y la buena relación que alcanza el protagonista con sus vecinos, puede hacer que nos dejemos llevar por un mundo casi paradisiaco, cuando la película realmente nos presenta a unos indios que tampoco es que fueran pacíficos, ni mucho menos, se mataban entre ellos para robarse los recursos de que disponían y su vida resultaba bastante dura y peligrosa, pero lo que sí hace el film es alejarlos de ese papel de salvajes asesinos con que se nos presentan en muchos westerns. Son personas civilizadas, mientras a los soldados blancos los vemos como los verdaderos salvajes de la historia.


El film pretende ser un canto a la convivencia entre culturas y al respeto mutuo, en convivencia pacífica con la naturaleza, explotando sus recursos de manera racional y no interesada.
En el fondo también pude tomarse como una forma de lavar la conciencia de quienes acabaron con aquellas civilizaciones de las llanuras, un mensaje de reconocimiento de culpa. Lo malo es que llega demasiado tarde, todos sabemos lo que ocurrió.




martes, 30 de agosto de 2016

HUMOR BRITISH

Tradicionalmente el servicio en el ejército británico ha sido voluntario, por otra parte, en Gran Bretaña, que era esencialmente una potencia naval, la Armada tenía prioridad.
Sin embargo, en 1916 (igual que ocurriría después en 1939), se estableció el servicio militar obligatorio para defender a la patria en peligro durante la I Guerra Mundial.
Los ingleses que jamás habían conocido el servicio militar obligatorio, se resignaron a adoptarlo, su gobierno creyó oportuno iniciar tan aborrecida reforma llamando sólo a los solteros. Durante aquel periodo, una caricatura presentaba a dos soldados ingleses en las trincheras de Flandes. "Y tú, ¿por qué viniste? ¿Voluntario?" "No. Había que escoger. O casarme o venir a la guerra. Y yo soy un hombre pacífico..."



lunes, 29 de agosto de 2016

¡AY, CARMELA!

Ambientada en la España de 1938, la película, una tragicomedia musical, narra la historia de los artistas Carmela (Carmen Maura) y Paulino (Andrés Pajares), a los que el mando republicano les asigna la misión de entretener a la tropa en la primera línea del frente con su espectáculo 'Carmela y Paulino, varietés a lo fino' pero, hartos de pasar hambre, deciden regresar a Valencia. Por error extravían el camino y se adentran en la zona del bando contrario, donde son detenidos por las tropas franquistas y se ven obligados a improvisar una función teatral, en honor a las tropas vencedoras. Los fascistas italianos que dominan la zona les piden que amenicen una velada a la que asistirán altos mandos del ejército y los prisioneros de las Brigadas Internacionales, que serán fusilados al amanecer.
Paulino y Carmela forman una peculiar pareja, él un perfecto hombre apocado, servil, que busca fuerzas en la bebida, superado por la apasionada Carmela, impetuosa, algo vulgar, vehemente, simpática, cabezona y que se deja llevar por lo que siente sin pensar demasiado en las consecuencias.
Basada en la obra teatral de José Sanchís Sinisterra, estrenada en noviembre de 1987 en Madrid bajo la dirección de José Luis Gómez.


Saura supo dar el toque exacto de humor (casi negro en muchos instantes) a este drama en el que hace un compendio, interesado, eso sí, de la tragedia que supuso el enfrentamiento entre españoles de 1936-39, aprovechando además, muy bien, las posibilidades de abandonar el espacio escénico único del teatro para darle más amplitud a la obra de Sinisterra.
Estupendamente interpretada por Pajares, Carmen Maura y Gabino Diego, que logran sacar mucho partido a sus personajes, la película arrasó en los Goya de aquel año, además de contar con premios en el extranjero, siendo proyectada en cines de toda Europa y América.
Magnífica la escena inicial que logra captar absolutamente la atención de espectador para transitar por una historia triste pero muy entretenida.




viernes, 26 de agosto de 2016

SANGRE Y ARENA

Juan Gallardo (Christopher Rydell), vive con su madre, viuda, su hermana y su cuñado en una casa humilde, trabaja como mensajero, pero su verdadero anhelo es convertirse en figura del toreo, un camino que se presenta poco menos que imposible, pues carece de medios y contactos para introducirse en el mundillo y buscar una oportunidad. Entre tanto se dedica a visitar ganaderías durante la noche para tentar, de manera clandestina, alguna res de vez en cuando.
En una de esas ocasiones es sorprendido por los mayorales de un cortijo, uno de los cuales le propina una soberana paliza, mientras el otro, apidadado del muchacho, le encamina a Jerez de la Frontera, para que se ponga en contacto con El Nacional (Albert Vidal), un antiguo banderillero que regenta un bar y que, según le dice, puede ayudarle a conseguir su propósito.
Una vez en Jerez, Juan encuentra hospitalidad por parte del antiguo torero, que le entrena y se pone en contacto con Don José (José Luis de Vilallonga), un marqués que se convierte en apoderado del nuevo diestro.
En su debut en la Maestranza sevillana, Juan alcanza un éxito apoteósico y desde entonces cuenta con el favor del público.
Sin embargo, una mujer, Doña Sol (Sharon Stone), se cruza en la vida de Juan, es hija de un rico ganadero y la relación entre el torero y ella pone en peligro no sólo el matrimonio de Juan, sino su propia carrera y su futuro personal.



Enésima adaptación a la gran pantalla de la novela homónima de Vicente Blasco Ibáñez, en este caso modernizada en cuanto al contexto que se sitúa aproximadamente en los años 80 del pasado siglo.
Quiere ser una representación de la elevación a la cima de la fama y la posterior caída libre de una persona, un torero en este caso, que se deja llevar por el oropel y por los encantos de una mujer que, en el fondo, no ve en él sino un trofeo más en su colección de amantes. Juan es incapaz de ver que siempre será una persona de clase inferior para ella y se va aislando de quienes de veras le quieren, hasta quedarse totalmente sólo frente al toro.


La película no aporta nada nuevo, al contrario, en muchos casos desmerece de la novela en que se inspira, con un elenco de actores que tampoco es que hagan un gran trabajo y una dirección bastante errática. Ni siquiera queda el recurso de acudir a la fotografía o a la banda sonora para salvar algo.




jueves, 25 de agosto de 2016

LA XV BANDERA (VOLUNTARIOS IRLANDESES EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA)

Ya hemos hablado alguna vez de los voluntarios extranjeros que combatieron en la Guerra Civil Española, hoy lo vamos a hacer de los irlandeses encuadrados en la XV Bandera de la Legión.
Voluntarios irlandeses hubo en ambos bandos, en el republicano, integrados en las Brigadas Internacionales, una de las tres compañías del famoso Batallón Lincoln, estaba compuesta por combatientes irlandeses y cubanos. En el bando nacional, formaron su propia unidad y vamos a contar someramente la historia de su aventura española que comenzó a fraguarse en agosto de 1936, apenas un mes después del llamado Alzamiento.
El general Eoin O'Duffy, es un veterano de la guerra de la independencia, durante la cual se destacó al lado del legendario Michael Collins, atraído por la idea de contribuir directamente a la lucha contra el comunismo, O'Duffy escribe a varios periódicos para expresar su convicción de que Franco "está defendiendo las trincheras de la Cristiandad" y, de paso, sugiere la posibilidad de reclutar un cuerpo de voluntarios. El eco es inmediato y de todos los condados afluyen cartas de aprobación por centenares. Muchos jóvenes se declaran dispuestos a marchar. Al general le gusta referirse a los soldados de la Invencible que vinieron a prestar socorro a Irlanda y también a los innumerables irlandeses que sirvieron al Reino de España, así los generales O'Donnell, O'Shea y O'Reilly, sin olvidar al arzobispo de Cashel, el Colegio irlandés de Salamanca y la Iglesia de los Irlandeses en Madrid. Por estereotipado y sentimental que pueda parecernos hoy, este lenguaje no deja al público irlandés indiferente.
Sin embargo, el empeño, no va a resultar fácil, el parlamento irlandés vota una ley que prohíbe a todo ciudadano irlandés que se aliste en España bajo pena de una multa (hasta 500 libras) y de encarcelamiento (hasta dos años). En Gran Bretaña el asunto también causa revuelo: invocando el Pacto de no-intervención, algunos diputados -los señores Manders, Roberts y Gallacher- exigen resueltamente que se impida a los voluntarios que salgan desde puertos ingleses. Estas dificultades no impresionan al general O'Duffy. Seis mil personas ya han respondido a su llamamiento y la Iglesia Católica le apoya casi oficialmente. Se sabe que miembros del IRA ya combaten con los rojos y, por eso, el argumento de la no-intervención resulta poco convincente. Lo que se conoce del bando republicano más bien sirve a la causa del general O'Duffy. Según el parecer del capitán McGuinness, quien desertó del bando republicano y volvió a Irlanda, "el gobierno de Madrid es 100% rojo y violentamente hostil a la Iglesia Católica" y "cada irlandés que combate o defiende este régimen, defiende al enemigo de su Fe" . Por el contrario, la iniciativa de O'Duffy parece estar en armonía con las convicciones profundas del católico pueblo de Irlanda y las aspiraciones de su clero.
Ante las dificultades para hacerse con un transporte, será finalmente Juan de la Cierva, uno de los hombres de Franco en Londres, quien con la ayuda de Nicolás Franco, solventará el asunto alquilando el barco "Domino". El día 16 de octubre de 1936, cerca de Waterford, el primer contingente deberá embarcar con destino a España. Sin embargo, una contraorden del propio Franco, aplaza sine die la operación. Contrariado, pero no desanimado, O'Duffy viaja a España para conocer los motivos de esta decisión y Franco, con el que se entrevista en Salamanca, le dice que los soviéticos están buscando una disculpa para denunciar el pacto de no intervención e intensificar su ayuda a los rojos. Invitado por Franco, visita varias posiciones del frente de Madrid y en Toledo se entrevista con cardenal Gomá. A su regreso a Salamanca, se le comunica que dada la afluencia continua de franceses y rusos a la zona republicana, el general Franco autoriza la venida de los voluntarios irlandeses.
O'Duffy regresa a Irlanda y el 8 de noviembre reúne a sus coordinadores a quienes pide que movilicen de nuevo a los que todavía quieren salir. Alistados por la duración de la guerra o por seis meses, los voluntarios formarán una o más banderas del Tercio; cada bandera se compondrá de unos 800 hombres, o sea 4 compañías; con excepción de los oficiales de enlace, los mandos serán irlandeses. Según el acuerdo firmado con Franco, los irlandeses nunca tendrán que enfrentarse con los vascos, y podrán conservar sus normas propias. Médicos, capellanes, incluso cocineros serán irlandeses
Para el traslado en España, O'Duffy decide que se utilizarán las líneas existentes. Los voluntarios saldrán de Dublín para Liverpool y de ahí proseguirán hasta Lisboa con enlace semanal. El resto del viaje se hará por carretera. Los hombres viajarán de paisano, cada uno comprará su billete, y sólo en España se alistarán de manera individual. El 13 de noviembre de 1936, una primera decena de voluntarios sale de Dublín, una semana más tarde, el general O'Duffy acompaña a un segundo grupo; el 27 de noviembre, un tercer grupo de 84 voluntarios sale de Dublín; antes de que su barco zarpe del puerto, Monseñor Byrne, deán de Waterford, les ha remitido rosarios y Agnusdei. Evocando la partida en su homilía dominical, Monseñor Ryan declara: "Han salido para tomar parte en la batalla de la Cristiandad contra el comunismo. Muchas dificultades les esperan y sólo los héroes pueden emprender tal combate". El 4 de diciembre, 100 hombres más salen de Dublín y dos días después, otros 500 se embarcan de noche en un buque que ha venido de España, secretamente reunidos en Galway y llevados a alta mar por un barco irlandés (el "Dun Aengus"), estos hombres atraviesan un temporal antes de acceder al buque español. Desembarcados en El Ferrol y llevados a Salamanca, siguen hasta Cáceres, donde radica el cuartel de la tropa irlandesa que se somete a una preparación intensiva bajo mando del capitán Capablanca. La unidad que conforman se llama "XV Bandera de la Legión" y recibió el apodo de "La católica". Lleva el uniforme del Tercio (con arpas célticas en las solapas).
Prevista para la noche del 6 al 7 de enero de 1937, la travesía siguiente no tendrá lugar. A la hora fijada, más de 700 voluntarios, que deberían formar la bandera de relevo, se presentan en Passage East y esperan en vano al buque español que debía transportarles. Requerido en el último momento para tomar parte en una operación naval cerca de Málaga, el navío no arribará.
En Cáceres, los irlandeses son objeto de innumerable atenciones: El coronel Luis de Martín Pinillos, gobernador militar, manda izar la enseña irlandesa sobre todos los edificios públicos de la provincia, e interpretar el himno irlandés en las ceremonias oficiales. El Obispo permite que durante los oficios, a los que asisten regularmente, se despliegue el estandarte de la brigada. El 3 de enero, el coronel Pinillos invita a todos los oficiales a visitar el monasterio de Guadalupe. Enarbolando banderas irlandesas, la pequeña localidad cacereña acoge de manera triunfal a los irlandeses y el Prior del monasterio les habla con mucho afecto. Algunos días después, la Bandera desfila para celebrar la toma de Málaga, y el 6 de enero, el mismo general Franco viene a pasar revista.
El 16 de febrero de 1937, la Bandera irlandesa recibe la orden de marchar que tanto esperaba. El destino es Ciempozuelos, donde 635 hombres de la Bandera irlandesa participarán en la Batalla del Jarama.
El 17 de junio de 1937 a las 10 de la tarde, el "Mozambique" se hace a la mar en Lisboa, a bordo viajan los supervivientes de la XV bandera, solo se quedan en Cáceres 8 heridos intransportables y dos enfermeras (MacGorisk y Mulvaney): para los irlandeses, la expedición a España ha terminado.
Constituida por personas privadas, desprovista de dinero y desaprobada por su gobierno, la brigada irlandesa no desempeñó un gran papel militar durante la guerra. Su presencia fue sobre todo simbólica. Como ha escrito O'Duffy: "Diez mil irlandeses habían contestado a mi llamamiento, pero no pudimos llevarles a España. No teníamos buques. A la inversa de lo que ocurría en Italia, en Alemania, en Francia y en Rusia, no teníamos ningún apoyo del gobierno; y a España le faltaban navíos". 15 muertos y decenas de heridos, dan fe de la presencia de estos hombres que, en palabras de nuevo del propio O'Duffy "eran verdaderos cruzados que dejaban casas confortables… No eran mercenarios sino idealistas. Para cada uno de ellos, ir a España era un verdadero sacrificio, y todos volvieron más pobres que antes"




miércoles, 24 de agosto de 2016

SI TE DICEN QUE CAÍ

En 1970, dos amigos de la infancia y compañeros de trabajo en un hospital, Ñito (Cesáreo Estébanez), un celador, y sor Paulina (Mercè Sans), una monja que presta servicio como enfermera, identifican el cadáver de una pareja que se ha ahogado en un accidente de coche. El muerto es Daniel Javaloyes (Jorge Sanz), conocido como 'Java', compañero de correrías durante la niñez.
Ante su cadáver, ambos rememoran recuerdos de infancia en el barrio barcelonés de El Guinardó, en los tristes años de la posguerra española. Allí aparecen sus primeras experiencias sexuales, sus fantasías y sus miserias. En un ambiente degradado y oscuro, los protagonistas cuentan sus “aventis” –historias inventadas por niños nacidos de la violencia y criados en la calle– que les permiten ir tejiendo una realidad fantástica y extrañamente cotidiana.
Basado en la novela del mismo título de Juan Marsé, el autor señaló que no era la peor adaptación que habían hecho de sus libros, lo que es decirlo todo sin decir nada.
Para mi gusto no es una buena adaptación, aunque tiene sus claroscuros. Por un lado refleja con acierto una parte de lo que fue la Barcelona de postguerra, la de las familias de los vencidos, pobreza, miseria e ingenio para salir adelante, pero se deja llevar por el ambiente prostibulario, que también existió (nadie lo duda), pero ahí encuentra Vicente Aranda su espacio para desarrollar ese particular manual de estilo tan propio de él, en que desata el voyeur que lleva dentro (al menos eso parece viendo algunas de sus películas).
Mal diferenciados los "aventis" de lo que pudiéramos llamar narración real, de manera que a medida que avanza el film, hay muchos momentos en los que uno no sabe si está viviendo una de las historias que cuentan los muchachos o pertenece a lo que de verdad ocurrió en sus vidas.
Hay algunas cosas curiosas, por ejemplo el papel de Javier Gurruchaga, que parece hecho a medida de este iconoclasta y carismático showman o el debut en el cine de algunos actores que más adelante serán muy conocidos en nuestra escena y aquí son apenas unos niños (Carlos Trsitancho, Juan Diego Botto...).
Tiene momentos interesantes, pero en general yo creo que no es una buena adaptación de la novela de Marsé, de la que se podría haber sacada más partido.




martes, 23 de agosto de 2016

HERIDAS ABIERTAS

Ann Nash y Natalie Jane Keen, dos niñas de apenas 10 años, aparecen muertas, con unos meses de diferencia, en la tranquila localidad de Wind Gap, en Missouri. Ambas han sido estranguladas y les han extraído todos los dientes, en ninguno de los dos casos hay evidencias de abusos sexuales.
Camille Preaker, reportera del Chicago Daily Post, es enviada por el director del diario para cubrir la noticia. Camille nació y vivió en Wind Gap y lo que su jefe piensa que va a ser una ventaja, se convertirá para la joven periodista en un problema. En su pueblo ha de enfrentarse a su pasado, una madre con un temible complejo que la lleva a tratar de alargar la dependencia de sus hijas hacia ella, hasta extremos peligrosos.
Al hospedarse en casa de su madre, Camille abrirá viejas heridas que ya creía cerradas y tendrá que convivir con Amma, su hermanastra, una lolita de 13 años muy inteligente y que gobierna a las adolescentes más populares de la pequeña ciudad.
Gillian Flynn nos ofrece un relato policiaco repleto de detalles, con diálogos bien construídos, pistas disimuladas, al tiempo que nos acerca a la desgarradora vida de las mujeres que lo pueblan, amas de casa desesperadas, aburridas, frustradas, en la mayoría de los casos por la falta de afecto que arrastran desde la infancia.
Un relato penetrante y efectivo, de esos que te atrapan desde el inicio, cuyo mensaje final, si lo piensas bien, resulta aterrador aunque con un resquicio a la esperanza.