sábado, 17 de marzo de 2012

LA VIDA EN (LA) COMPAÑÍA

Ian Lancaster Fleming dio carta de naturaleza al espía glamouroso, aventurero y que siempre sale bien de cuanta situación comprometida se le presenta.
Sabemos que ese es el verso, la prosa es muy otra y esos sueños que mueven a algunos a embarcarse en estas naves del espionaje, quedan pronto reducidos a eso, a puros y simples sueños que nunca van a hacerse realidad, esa realidad que es tan distinta y que, sin embargo, tiene ese magnetismo que hace muy difícil para algunos de ellos apartarse de esa vida y que para el resto de los mortales encierra el encanto de lo oculto.
Robert y Dayna Baer fueron agentes de la CIA, incluso reputados agentes, hasta que en un determinado momento decidieron anteponer su vida en común a esa otra vida entregada a la Agencia, una decisión que no deja de ser un tanto complicada, por cuanto, en el caso concreto de Dayna, acaban de ofrecerle un curso de adiestramiento en una instalación secreta que supone el primer paso para convertirse en agente secreto, podríamos decir, de élite.
La novela está escrita desde ambos puntos de vista, los capítulos están relatados alternativamente por uno y otra, aunque a partir de su vida en común, se cuenten las mismas o parecidas cosas con el matiz de sus respectivas visiones.
Sus periplos por el mundo, Croacia, Damasco, el Valle de la Bekka, Marruecos, Moscú, Tayikistán, Sarajevo, Beirut, Irak, All’awjah o Pakistán, entre otros y las personas que allí conocen, o los acontecimientos que presencian o incluso en los que intervienen, forman el eje de buena parte de la novela.
El resto nos habla de los problemas que supone esta vida para las relaciones familiares, el desarraigo, las dudas constantes ante las decisiones que deben tomarse para elegir entre vida personal o profesional, las relaciones con los compañeros y con los colegas, amigos o enemigos, las, a veces, difíciles relaciones con la empresa o los jefes, sobre todo cuando vas viendo que anteponen (no podría ser de otra forma) otro tipo de intereses antes que los humanos y eso puede llegar a ser difícil de aceptar cuando en medio hay personas con las que has trabado ciertas relaciones de amistad o simple simpatía y pueden verse atrapadas por la vorágine de la cruda realidad, pagando incluso con la vida o la ruina familiar la confianza que han depositado en ti.
La última parte del libro, nos relata los esfuerzos por adoptar a una niña de familia cristiana en el Pakistán asolado por las bandas talibanes y algunas de las iniciativas que toman para ganarse la vida trabajando para entidades privadas en las que poder aportar sus conocimientos adquiridos.
El libro no nos cuenta nada que no sepamos, ya nos advierte en el preámbulo que hay cosas que serían imposibles de publicar, el largo brazo de la CIA lo impediría, pues compromete algunos de los secretos mejor guardados de la Agencia. En otras ocasiones se trata de proteger a personas que están viviendo situaciones peligrosas por la situación política de sus países.
Cuando se nos relata la importancia que la CIA concede a la integridad personal, la lealtad a la nación y las investigaciones que hacen sobre familiares y amigos a fin de constatar su vida intachable. La mentira en la que viven constantemente, cuando la Agencia, paradójicamente, no admite a mentirosos, como si deseara ser ella quien les enseñara a mentir. Las relaciones extramatrimoniales que viven algunos de sus agentes entre ellos, conocidas y consentidas hasta cierto punto por los superiores. La monotonía de algunas misiones. Algunos hechos puntuales como la implicación del propio rey marroquí en el tráfico de drogas, la vigilancia a organizaciones relacionadas con el terrorismo (Hezbolá) o la colaboración con los antiguos agentes del KGB…
Cuando nos cuentan estas cosas, digo, no nos revelan nada que no conozcamos, así que por ese lado, que nadie vaya esperando aportaciones llamativas. Es la novela de dos ex-agentes que cuentan su experiencia hasta donde pueden, sin sorpresas para el lector en general y, quizá, algo decepcionante para los aficionados a este mundo, pues lo que realmente sería impactante es lo que no se dice.


viernes, 16 de marzo de 2012

LA BRIGADA DE SHARKY

Sharky (Burt Reynolds), es un policía que trabaja de forma encubierta con el fin de introducirse en el ambiente del tráfico de drogas.
En una de sus operaciones, sufre una encerrona, el traficante logra huir y secuestra un autobús, muriendo un civil (el conductor del vehículo), por lo que sus superiores culpan a Sharky del fracaso y le envían, como castigo, a la brigada antivicio, a vigilar prostitutas.
Sharky convence a su superior para efectuar un seguimiento continuo a una prostituta de lujo llamada Dominoe (Rachel Ward), que mantiene una relación con un candidato a gobernador y que trabaja para un capo de la mafia llamado Victor Scorelli (Vittorio Gassman).

La película, dirigida por el propio Reynolds, se basa en una novela de William Diehl y narra de forma paralela un asunto policial y la relación que se establece entre el duro policía y la joven prostituta que, a lo largo del film, descubrimos que ha sido una esclava sexual desde que era niña.

Lo que al principio es una relación voyeurista, a través de las cámaras de vigilancia, se convierte en algo más intenso y personal, pero tratado por Reynolds de una manera elegante y romántica.
Por su parte, la otra cuestión, la policial, que tarda un tanto en despegar, va cogiendo ritmo poco a poco, convirtiéndose, en la última parte, en un crescendo violento de peleas y muertes, con algún toque de humor muy de los papeles que interpreta habitualmente Burt Reynolds, si bien él parece que pretendiera darle un plus a su personaje, como si quisiera demostrar que sabe hace algo más de lo que le encargan en otros films.

La peli no es nada del otro mundo y se beneficia claramente de un gran plantel de secundarios, cuyos nombres quizá no nos suenan mucho, pero en cuanto vemos sus caras, nos damos cuenta de que los hemos visto en un montón de películas: Brian Keith, Charles Durning, Henry Silva o Bernie Casey, son algunos de ellos.
Como curiosidad decir que en una de las escenas, una caida desde 16 metros de altura, murió uno de los especialistas que trabajaba en el film.




jueves, 15 de marzo de 2012

LOS DUENDES DE LA CAMARILLA

La novela cuenta la historia del capitán Bartolomé "Tolomín" Gracián, militar revolucionario y en rebeldía, condenado a muerte en consejo de guerra y prófugo de la justicia, y la tan bella como pobre Lucila Ansúrez. Sobre la suerte de esta pareja de enamorados actuarán y conspirarán oscuras y misteriosas fuerzas, algunas de las cuales parecen tender sus tentáculos incluso desde determinadas habitaciones del palacio real.
Entre los personajes secundarios destaca uno sobre todos: Domiciana, la monja exclaustrada. En los capítulos iniciales cuenta su historia en el convento y el conocimiento trabado con Sor Patrocinio, la monja de las llagas y nos relata que ésta se fabricaba los estigmas ella misma.


miércoles, 14 de marzo de 2012

EL CRACK

Germán Areta (Alfredo Landa) un expolicía que trabaja como detective privado, recibe el encargo de buscar a una chica que desapareció hace años sin dejar rastro. Areta descubre que el padre (que es quien le ha encargado el trabajo) la obligó a abortar en Londres y que, posteriormente, la joven trabajó como prostituta de lujo. Al tiempo, alguien desde arriba, mueve los hilos para obligar al detective a dejar el caso.
Un argumento del más clásico cine negro, género al que Garci rinde homenaje y algo más (la peli está dedicada a Dashiell Hammett, toda una declaración de intenciones y una pista de las fuentes y gustos del realizador), pero mirando a través de un prisma costumbrista que le sirve para dar una pátina local a aquellos clásicos norteamericanos con los que Garci creció en las salas de cine.

Muchas de las constantes del cine de José Luis García Muñoz están en este film: Su manera pausada, el regusto literario y esa mirada melancólica y agridulce que está presente en muchos de sus films. Además, como también ocurre en otros, con un buen retrato social del momento, en este caso, de los primeros años de la llamada transición española.
Garci, además de director y guionista, es un aficionado al cine, como podamos serlo cualquiera de nosotros (salvando las posibles distancias) y a otras cosas, algo que suele reflejar en sus pelis (el fútbol, por ejemplo). En este film, el realizador madrileño nos muestra algunos de estos gustos personales: El boxeo (tan ligado al noir), la radio y el propio cine, al que rinde homenaje retratando algunas de las salas madrileñas, todas ellas historia pasada (por desgracia), cuyos nombres inolvidables desfilan en la pantalla: Royal, Rialto, Ideal, Rex (junto al hotel, de entrañables recuerdos para mí), Capitol (donde creo que estuve alguna vez), Imperial (junto a los Almacenes SEPU)... Las imágenes forman parte de una serie de planos del Madrid de los primero ochenta que Garci retrata con cariño y delicadeza en una maravillosa serie fotográfica que va salpicando a lo largo del metraje.
Y el boxeo, como decía. Muchas escenas están rodadas en el Frontón Madrid, en uno de cuyos espacios comerciales, Garci situa a un barbero a la antigua usanza, permitiéndose una licencia con la que homenajea de verdad a las pelis de ganster, haciendo que el protagonista vaya allí a afeitarse a navaja, cuando en aquellos años, aquello ya era historia. El peluquero larga monólogos interminables sobre sus años en Nueva York y los combates que presenciaba en el Madison.

La peli tiene un comienzo impactante (el realizador sabe cómo atraparnos), con una escena que parece calcada de Harry el Sucio, pero que está muy bien adaptada, no como en esas ocasiones en las que sientes vergüenza ajena.
En general, el ejercicio de estilo que lleva a cabo el realizador, alcanza gran nivel. Los diálogos están muy bien, sirviendo a veces para carectizar a los personajes y, en más de una ocasión, a darle al film un tono humorístico muy logrado, como esa escena en la que el gran José Bódalo les pregunta a los polis que le acompañan (uno de ellos Rafael Álvarez "El Brujo") si han oído hablar de Kipling y ellos responden: ¿Es uno de estupefacientes?
La historia, en general está muy bien narrada, sabiendo mezclar a la perfección las dos partes que se entrecruzan, la sentimental (por llamarla de algún modo) y el relato policiaco.

Un gran trabajo de Alfredo Landa y de Miguel Rellán y un desfile de maravillosos secundarios. Muy buena también la música de Jesús Glück.
Una última parte, que se corresponde con el viaje de Areta a EE.UU., en la que el film alcanza su climax y se atan todos los cabos de lo que hemos ido viendo anteriormente, que está muy bien resuelta.
Para mi gusto, una de las mejores (si no la mejor) cintas de Garci y entre lo mejorcito del cine español de todos los tiempos.




martes, 13 de marzo de 2012

NIKOLA TESLA

Si existe un caso paradigmático que represente la diferencia entre "saber" y "saber vender" o "saber venderse", es el de este inventor serbio nacido en Similjan, Croacia (entonces Austria-Hungría), en el seno de una familia ortodoxa serbia, el 10 de julio de 1856 y fallecido en Nueva York, el 17 de enero de 1943.
Tras acabar sus estudios de ingeniería eléctrica, viaja a Budapest para trabajar en una compañía de telégrafos norteamericana. Al año siguiente se traslada a París para trabajar en una de las compañías de Thomas Alva Edison, donde realizó su mayor aporte: La teoría de la corriente alterna en electricidad.
El director de la planta parisina, Charles Batchelor, lo ve claro y piensa que entre su jefe, Edison y su empleado, Tesla, serán capaces de revolucionar el mundo, así que le envía a EE.UU. con una carta de recomendación para Thomas Edison. El determinado Tesla no solo está decidido a trabajar con Edison sino que además pretende persuadir a éste de experimentar con la corriente alterna que él considera la mejor opción para dotar de electricidad a las ciudades en vez de emplear la corriente continua, favorita de Edison y que se utilizaba por aquellos tiempos.
Se ha dicho que Edison fue sobre todo un hombre de negocios que supo sacar rentabilidad a los descubrimientos de otros que trabajaban para él y que su empresa patentaba, y que sus inventos van en oposición a la naturaleza, mientras que la filosofía de Tesla era la de acompañar a esa naturaleza y sacarle rendimiento sin tratar de ir contra ella. Sus arranques de ingenuidad, al querer compartir con otros sus conocimientos o sus ideas como la de suministrar energía eléctrica gratuita, le hacían poco compatible con las ideas representadas por Edison.
Tesla veía primero la urgencia del avance, de la mejora necesaria que cambiaría definitivamente el presente y el futuro de la humanidad, y después, y como inevitable consecuencia, el rédito económico y el reconocimiento social. Edison veía exactamente al revés, su principal objetivo era el de mantener contentos a sus inversores que justamente se encontraban un tanto descontentos con respecto a la seguridad que brindaban sus líneas de distribución de corriente continua, y para tal fin contrata a Tesla para que mejore y perfeccione sus motores de corriente continua. Prometió pagarle 50.000 dólares, si efectivamente lograba la mejora. Aun cuando Tesla prefiere sin duda alguna la corriente alterna, trabaja horas sin descanso. Como era de esperar Tesla cumple con su cometido y Edison no cumple con su palabra aduciendo que el pago de los 50.000 dólares, se trataba de una “broma americana” ( después de pensarlo, no logro comprender el “sutil” estilo humorístico/económico de los americanos ). Por si esto no hubiera sido suficiente, Edison también se negó a un aumento de sueldo de 25 dólares semanales ( ¿sería otra vez una broma americana? ). Ante tanto sentido del humor incomprendido, Tesla no tuvo más remedio que renunciar y terminar así esta relación.
En 1887, Tesla conoce al inventor y magnate estadounidense George Westinghouse, que compra a Tesla la patente del motor eléctrico en 60.000 dólares (5.000 en efectivo y el resto en acciones) y le asegura que además ganaría 2,50 dólares por cada HP de electricidad vendido, pero nunca cumplió (¿más humor americano?). Westinghouse buscaba la manera de llevar electricidad a todo Estados Unidos y ve en en el descubrimiento de Tesla el medio para librar una sangrienta batalla contra Edison. Entablada queda la pelea de las corrientes: Westinghouse (alterna) y Edison (continua), no se guardan nada y como en toda guerra que se precie de tal, todos juegan sucio, pero la empresa Westinghouse consigue ganar la partida, presentando un presupuesto por la mitad de precio de lo que pedía Edison para iluminar las ciudades.
A pesar de ello, el nombre de Edison quedará grabado para siempre como el arquetipo de inventor, en tanto que el nombre Tesla parece siempre estar tras una neblina espesa en la historia de los inventos tecnológicos de la raza humana.
No solo la corriente alterna y la radio son de su autoría (Marconi empleaba en su invento hasta diecisiete patentes de Tesla, un detalle "irrelevante"), también lo son las redes de alta tensión y la transmisión sin cables a corta distancia, fue un precursor del radar, el fax, las telecomunicaciones, el aire acondicionado, el velocímetro de los automóviles, la manta eléctrica, la luz fluorescente, los misiles teleguiados y hasta un arma de partículas de rayos para destruír una armada de 10.000 aeronaves a 400 kilómetros de distancia.
Los trabajos y documentos de Tesla fueron confiscados a su muerte por el gobierno americano y aún no han sido desclasificados.


lunes, 12 de marzo de 2012

EL CARTERO SIEMPRE LLAMA DOS VECES

Nick Papadakis (John Colicos), es un inmigrante griego que tiene un negocio de gasolinera con un restaurant al borde de una carretera en algún pueblo de California. Hasta ahí llega Frank Chambers (Jack Nicholson), un vagabundo que finge estar a la espera de alguien. Nick le dice que coma mientras tanto y se muestra muy amable con él, pese a que se ha dado cuenta que está mintiendo; lo que quiere el griego es convencerlo para que se quede como su ayudante en el negocio, ya que Frank asegura que sabe algo de mecánica.
Frank de ninguna manera piensa aceptar. Pero ve a Cora (Jessica Lange), la mujer de Nick, y queda impactado por ella.
El sentimiento que esta mujer le despierta, al principio es un atractivo físico casi animal, pero a medida que pasa el tiempo siente que algo más profundo va naciendo en él.
La necesidad que siente de ella es lo que le lleva a aceptar eliminar al marido.

Ya de entrada, manifiesto mi preferencia por la adaptación que hizo Tay Garnett de la novela homónima de James M Cain.
Dicho lo cual, reconozco algunos valores que me hacen apreciar este remake, sobre todo por la interpretación que hacen los dos protagonístas, con un Nicholson dando lo mejor de lo que tiene y una Jessica Lange que alcanzó la cima de su carrera.

Muy buena imágenes de un gran talento de la fotografía, como es Sven Nykvist, el preferido de Ingmar Bergman, en esta adaptación un tanto particular, en la que David Mamet da mucho espacio a su propia inventiva.

Si la peli de Garnett mantenía el sello noir que la novela ofrecía, Bob Rafelson parece que lo que pretende, por encima de cualquier cosa, es poner en primer plano las escenas de sexo y, con ello, ahoga bastante la trama.
Bien es cierto que consigue transmitir al espectador un alto voltaje erótico ayudado por la perfecta química de ambos protagonistas, cuyo lenguaje gestual es, sobre todo en la primera parte del film, una verdadera gozada.



domingo, 11 de marzo de 2012

NARVÁEZ

Este hombre, personaje clave en la política española del XIX, a quien la reina entregó amplias prerrogativas de poder que él ejerció con mano firme.
Asistimos aquí a algunos de los hechos curiosos que tuvieron lugar durante estos años en los que el Espadón de Loja dirigió los detinos de nuestra nación: El breve intento de gobierno de Cleonard; la entrada en escena de Sor Patrocinio, la monja de las llagas...
También encontramos entre la gran variedad de personajes del momento que se dan cita en las líneas escritas por Galdós, al zamorano Claudio Moyano, por entonces Rector de la Universidad y a quién en un breve apunte, presenta como un hombre "...de tenebroso entrecejo y desapacible rostro..."
Muy sabrosos los diálogos del protagonista, José García Fajardo con su esposa, Mª Ignacia Emparán, sobre todo durante su viaje de novios en Atienza, en los que sale a relucir el anticlericalismo del autor y su crítica a la hipocresía cristiana.