Charles Masson (Michel Bouquet), un ejecutivo de publicidad casado, estrangula durante una sesión de sadomasoquismo a su amante, una mujer que además era la esposa de su mejor amigo, el arquitecto François Tellier (François Périer). Presa de los remordimientos, Charles se lo confiesa a su mujer, Hélène (Stéphane Audran), pero ella, inexplicablemente, le quita importancia al asunto. Charles, sin embargo, no puede dejar de pensar en lo ocurrido.
Para el autor, la delgada línea es la que separa a la sociedad respetable del mundo del crimen.
Claude Chabrol retrata a la perfección esa burguesía a la que todo resbala, revelando los vicios y mentiras de los matrimonios de clase alta y lo hace mostrando un ambiente inquietante e incómodo sin tener que recurrir a giros argumentales, resultando siniestro contemplar cómo esos personajes pueden continuar sus vidas tan tranquilos, cuidando las apariencias y ocultando sus miserias
Tan desconcertante como bien realizada, en la línea de otros trabajos del maestro galo, que saca partido a unos diálogos muy bien escritos y a unas magníficas interpretaciones.
El film disecciona la vida y el entorno de un hombre corroído por la culpa, no es un asesino, sino una persona normal que parece el primer sorprendido de haber cometido su horrible delito. La profunda descripción psicológica que realiza de los personajes, queda por encima de la trama criminal que, como en otros de sus trabajos, parece que a Chabrol le importa menos, aún sabiendo crear una atmósfera densa y momentos llenos de tensión.




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