Ali (Abdelhak Zhayra), Kwita (Mounïm Kbab), Omar (Mustapha Hansali) y Boubker (Hicham Moussoune) son niños de la calle. La dosis diaria de pegamento que inhalan representa su única forma de escapar de la realidad. Desde que dejaron a Dib (Saïd Taghmaoui) y su banda, han estado viviendo en el puerto de Casablanca. Viven con el miedo constante de la venganza de Dib. Ali quiere ser marinero. Cuando vivía con su madre, una prostituta, solía escuchar un cuento sobre el marinero que descubrió la isla milagrosa con dos soles. En lugar de encontrar su isla en el sueño, Ali y sus amigos se enfrentan a la banda de Dib y la cosa acabará en tragedia.
Dirigida por el francés de ascendencia marroquí Nabil Ayouch, co-autor, entre otras muchos, del guion de Calle Málaga, junto a su esposa y realizadora de esta última, Maryam Touzani.
Casi al principio de la película, vemos morir a Ali a manos de la pandilla a la que perteneció y a sus amigos dispuestos a ofrecerle un funeral que, de algún modo, pueda hacer cumplir el sueño de Ali. La dureza del relato queda suavizada por la imaginación de los amigos de Ali, cargada de ingenuidad infantil.
La historia reflexiona sobre las míseras vidas de los niños de la calle, con un norte marcado hacia una esperanza falta de malicia y un tanto cándida, en medio de ese entorno violento en el que viven y en el que su propia existencia apenas vale nada, del que ven en su en su ideal infantil, la única forma de salir del deprimente mundo que los rodea.




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